Come With Me, Fortune

Slash
NC-17
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 306 páginas, 117.989 palabras, 75 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Capítulo 4

Ajustes
Pero la quemadura nunca llegó. Cuando Bennett abrió los ojos, fue recibido por la espalda de un desconocido. Este apuntó a la megaflora con un arco, soltó una flecha de agua que hizo añicos al monstruo en un instante y luego tiró una carcajada al aire, satisfecho. —Ahh, había estado tan aburrido. Mondstadt es tan aburrido, hay demasiada seguridad en los caminos… —se quejó, guardando su arco. Giró para encontrarse cara a cara con Bennett. Era alto, de sonrisa fácil y ojos azules. Llevaba un traje gris a la usanza de Snezhnaya y botas de caña alta. Era pelirrojo—. ¡Camarada! ¿Cuál es tu nombre? —¡Bennett… Ragnvindr! ¡Gracias por salvarme! —No es nada. No es nada. Hay muy poco por hacer en Mondstadt, ¿lo ves? Tuve que meterme en una pelea ajena para tener un poco de acción, espero que no te importe. —¡Para nada! ¿Cómo se llama… señor? —¿Señor? —preguntó él, largándose a reír—. Puedes llamarme Tartaglia. Nada de señor, no soy tan viejo. —Bien, eh, ¿Tartaglia? ¿Vienes… vienes a la fiesta del Viñedo? —preguntó Bennett. —¡Ohh! ¡El elixir de las megafloras es exquisito! ¿Les importa si me lo quedo? —preguntó uno de los trabajadores. Bennett ni le hizo caso. Y como ninguno de los otros tres estaba realmente interesado en los materiales que habían soltado los monstruos, el trabajador se puso a recoger el desastre contento, porque acababa de obtener material gratis. —Yo voy, sí, pero no a la fiesta. Los de mi clase no somos bienvenidos en este lugar. —¿Los de tu clase? Si te refieres a los arqueros, ¿ya viste a mi amiga Amy? Es maravillosa. Incluso se puede convertir en un cuervo… Tartaglia dejó que Bennett hablara sin parar sobre sus amigos de camino a la mansión. El muchacho no sabía de donde había salido Tartaglia, ni si de verdad se dirigía al Viñedo, pero como no lo corregía y ya estaban por llegar, Bennett asumió que era correcto conducirlo hasta ahí. —¡Mire quién llega ahí! ¡Amo Bennett! —exclamó Tunner. Diluc se giró. Vio a Razor y a Amy, después a Bennett. Su cara pasó de la serenidad a la acidez cuando tuvo a Tartaglia en su campo de visión. —¡¿Cómo te atreves, perro de Snezhnaya?! —gritó. Sacó su mandoble, cosa que no hacía nunca cerca de las vides, y lanzó un ataque certero a Tartaglia. Bennett se atravesó, confundido—. ¡Quítate, Bennett! —¡Basta, hermano Diluc! ¡Para! ¡Tartaglia acaba de salvarme! Una vez más, Tartaglia se puso entre el peligro y Bennett para protegerlo. Esta vez, recibió el ataque de fuego de Diluc. El hombre, confundido, bajó su arma al instante y miró alternativamente entre su hermano adoptivo y el recién llegado, quien lo abrazaba, haciendo un escudo entre ambos. —Solo vine a hablar, señor Diluc, es todo. No tengo intenciones ocultas —alzó las manos al decir esto—. Y te agradecería que no atacaras a tu propio hermano solo para eliminar a alguien que no tiene nada que ver con esta nación. —¿Qué sucede? —Kaeya se acercó, presto a ver la conmoción de cerca. —Manda a traer a la diaconisa Bárbara o a la capitana Jean. Tenemos a un herido. Me disculpo, Onceavo de los Fatui —Diluc se inclinó frente a Tartaglia. La mirada de Kaeya se volvió acerada por un momento. —Ya, ya, calmemos los ánimos. Unas vendas bastarán, no es tan grave. ¿Estás bien, camarada? —Tartaglia se dirigió a Bennett en un tono amistoso. —Yo sí, pero esas quemaduras… si quieres puedo cauterizarlas, aunque creo que es mejor dejárselo a Bárbara… —Guíame, no sabía que los usuarios pyro podían curar heridas. Diluc, de mala gana, les dejó el paso libre a Bennett y a Tartaglia, que fueron dirigidos a una habitación de la planta alta. Amy y Razor, manteniéndose al margen, se quedaron junto a los adultos en la entrada de la mansión.
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección