Come With Me, Fortune

Slash
NC-17
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 306 páginas, 117.989 palabras, 75 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
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Capítulo 5

Ajustes
—Razor oler sangre. —¿Ese idiota estaba sangrando? —se escandalizó Kaeya, nervioso. Lo último que querían era que una nación pacífica como Mondstadt cruzara espadas con Snezhnaya. —No. Razor oler sangre en garras de arriba —se señaló las manos—. Razor oler sangre como olor de lupical ser de lupical, como olor de Diluc ser uva. Diluc y Kaeya se miraron entre sí, comprendiendo. Luego Kaeya se acercó a Razor para distraerlos a él y a Amy, que no paraba de hablar sobre la magnificencia del cielo o alguna cosa así. —¿Ah, sí? ¿Y a qué huelo yo, Razor? —Capitán oler igual que bardo verde. Oler a borracho. Kaeya rio. —¿Puedes quitarte la camisa? —preguntó Bennett. Estaban en su habitación: un lugar en el que Bennett entraba una o dos veces al año y que se mantenía casi intacto porque al muchacho no le gustaba abusar de la hospitalidad de sus hermanos. Tartaglia se retiró la casaca gris, debajo iba desnudo. Parecía preparado para ir y arruinarse la ropa en cualquier momento. En el torso, la espalda y los brazos tenía múltiples cicatrices, algunas ya casi borradas, otras que parecían muy recientes. —Eres el que aparece en las fotos de Aether, ¿cierto? ¿El que tiene mala suerte? —¡Oh! Ja, ja, ja, sí, tengo una suerte extraordinaria para… meterme en problemas. Por alguna razón siempre me encuentro de frente con dominios extraños, o con campamentos peligrosos. Es una maldición. —¡Es un don! —exclamó Tartaglia. Aunque la cara le brillaba de emoción, esta no llegaba a sus ojos. Era como si estuvieran apagados. Bennett tuvo un escalofrío—. Solo piénsalo, eres un buscador de peleas natural. ¡Es fantástico! Camarada, vámonos en una expedición. Tengo dinero y tiempo, podemos ir a donde tú quieras. El Mare Jivari, o Enkanomiya… —Aether me llevó a Enkanomiya. Es un lugar deprimente. —Y lleno de acción. —Y lleno de acción —concordó Bennett, entre triste y nostálgico. Puso su mano contra la piel de Tartaglia y un sonido de chisporroteo rompió el silencio. Las cicatrices recientes y también las antiguas se atenuaron en instantes, aunque seguían quedando marcas ligeras. Era como si Bennett pudiese curar cualquier clase de cicatriz, pero no pudiera hacerlo del todo. Cuando Bennett puso su mano en el pecho de Tartaglia este sonrió. El muchacho retiró la mano, como si se hubiera quemado, y Tartaglia asumió, con una risita, que habían terminado. —¿Qué dices camarada? Puedes traer a tus amigos electro contigo. No tienen que poner un solo mora. —Yo… no sé si pueda. Hermano Diluc ha sido tan bueno conmigo todo este tiempo… —¡Oye! No planeo adoptarte como mi hermano. Suficiente tengo con Teucer y los otros que me esperan en casa. —¿T-tienes hermanos? —Bennett no creía que este tipo bélico conociese el concepto de familia. —¡Claro! Tres mayores y tres menores. Somos siete, como los Arcontes. —¿Y cómo se siente? Eso de tener hermanos… Hermano Diluc y hermano Kaeya me han cuidado muy bien pero… —No creciste con ellos, ¿no? A pesar de eso, su relación fraternal es maravillosa. Yo hubiera tirado a matar si viera a Teucer en brazos de un desconocido. No te sientas avergonzado de su reacción. —¿Ya, eh, ya estás mejor? —Gracias a ti me siento mucho mejor, camarada. ¿Quieres estar presente en mi reunión con el señor Diluc? —No hace falta —una risa nerviosa—. Ustedes tienen cosas que tratar. Será mejor que vaya con Amy y Razor. Puedes usar esta habitación como te guste. Yo… yo voy abajo. Nos vemos luego. Bennett se tropezó con un taburete antes de salir de la habitación, apresurado. En el barandal, a un metro de la puerta, Diluc esperaba con paciencia. El muchacho se detuvo en seco cuando lo vio. —¿Por qué sales corriendo? ¿Te hizo algo? —¡No! Nada de eso, Diluc… hermano. Gracias por darle privacidad. Tartaglia es algo raro, pero… no creo que, eh, que debas desconfiar de él. Creo que es un buen tipo. Y eso es todo. Voy con Razor, si no lo cuido se irá encima de la mesa de banquetes. Como si lo último fuera una predicción, el rugido de Razor se pudo escuchar en toda la mansión—: ¡Carneee! —seguido de gritos de sorpresa. La puerta entreabierta dejaba ver a un hombre desnudo de la cintura hacia arriba, sentado con comodidad en el filo de la cama. Sonreía como si aquella fuera su mansión y Diluc un invitado no deseado.
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