Llamaradas

Slash
NC-21
En progreso
0
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 72 páginas, 29.471 palabras, 11 capítulos
Descripción:
Notas:
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La magnate

Ajustes
A pesar de la preocupación que siente, Bennett se apresura a seguir el camino que Xiao le señala. Hay una especie de montículo a la distancia en el que, si toca la tonada correcta, un aranara melómano se aparecerá frente a él. Si todo sale bien, Bennett será guiado por los aranara en su travesía por la mitad de Sumeru, y una mitad es mejor que nada. Además, en el último mes Xiao le ha enseñado algo que Bennett nunca había experimentado hasta ese momento: usar un planeador. Un día llegó de pronto con un planeador nuevecito, inspirado en las colinas nevadas de Espinadragón. A Bennett no le combinaba nada con la ropa, pero eso era lo de menos. Gracias a las instrucciones y enseñanzas de Xiao, Bennett ya puede ir por ahí planeando. No puede decir lo mismo de escalar. Aunque no estuviera embarazado, Bennett es incapaz de sostenerse por mucho tiempo sobre una pared escabrosa. Duda que incluso pueda subir tantas escaleras sin terminarse cayendo. Así que Xiao siempre le dice—: Evita tener que escalar. En serio. Evítalo —incluso cuando están a unos segundos de despedirse. Y cuando Bennett le dice adiós y gracias, Xiao se cruza de brazos y se queda en su lugar—. Me quedaré aquí hasta que te pierda de vista. Cuando llegues a esa joroba en el camino y ya no te vea el cabello, entonces me iré. Bennett traga saliva. Asiente, agradecido con la consideración de Xiao. Comprueba su equipaje una vez más, sus botas, sus googles y despliega el planeador. Toma impulso, salta y planea con éxito… pasando por encima dos enormes asentamientos llenos a reventar de hilichurls, mitachurls, samachurls y hongos. Para su buena fortuna, Bennett cae justo en un enorme promontorio lejos de los enemigos, pero no se confía. Busca el camino, que se puede ver a la perfección porque todo el lugar se ilumina como estuviera hecho de una luz fosforescente y azul. Cuando aterriza en el nuevo sitio, Bennett voltea hacia atrás pero ya no puede ver a Xiao. Se siente inquieto por un momento, luego piensa en que, desde su posición, se puede ver con claridad el camino, así que saluda con las dos manos alzadas y vuelve a encarar el camino, de espaldas a donde debería estar Xiao. Continúa caminando, ya sin la esperanza de que el Adeptus siga respaldándolo. Se agarra a su mochila y a su cuchillo de caza, entonces comienza a caminar de nuevo con cautela. Unos minutos después escucha algo y se detiene, pero es solo su cabeza que lo sugestiona. Continúa ya no con las instrucciones de Xiao, sino con el Manual del Aventurero de Stanley. Según el Manual, Bennett debe seguir el camino, sin desviarse a izquierda ni derecha hasta llegar a una bifurcación en la que verá la pequeña estatua de un seelie a su derecha. Tal como afirma el Manual, Bennett se encuentra con la estatua de seelie a su derecha justo a un metro de la bifurcación. A la izquierda puede ver la vereda que lleva a la Estatua de los Siete donde descansa Rukkhadevata, la Arconte Dendro. Bennett ahora sabe también que existen siete Arcontes, quienes gobiernan a las siete naciones de Teyvat. El arconte Barbatos, quien gobierna Mondstadt, la nación anemo. Morax o Rex Lapis que gobierna Liyue, la nación geo. Y ahora Rukkhadevata o Buer, la arconte de Sumeru, la nación dendro. Al paso que va, Bennett terminará conociendo las otras cuatro naciones: Fontaine, Inazuma, Natlan y Snezhnaya. Aunque no está muy seguro sobre querer conocer la última nación, pues Xiao afirma que es el lugar de origen de los Fatui. Sea como fuere, el Manual sugiere ir hacia la derecha de la bifurcación si se necesita llegar a la ciudad. Mientras recorre este sendero desierto y sereno, el muchacho recoge todo lo que llama su atención. Flores, setas (que por fortuna no se mueven), algunas ramas y una que otra roca interesante. Se encuentra por primera vez con los frutos harra, así que muerde uno tan pronto como lo huele. No sabe tan bien. Vuelve a caminar hasta que ve a la distancia uno de esos artefactos rojos que brillan con luz roja. Bennett ha visto muchos de esos, incluso en medio de la ciudad de Mondstadt. Se supone que solo los viajeros de otro mundo pueden usarlos como medio de transporte, pero nunca se ha visto uno que sea capaz de semejante proeza. Al acercarse, Bennett voltea a la izquierda y ve a dos individuos vigilando en la distancia. Visten ropa ligera y bufandas rojas. Uno lleva una lanza y el otro una ballesta. Bennett siente un profundo terror al ver que el ballestero prepara una flecha. El lancero se acerca corriendo a él, el arma en ristre, mientras grita—: ¡Hey! ¡Hey tú! —¡No! —grita Bennett—. ¡Perdón! ¡No! No sabe si darles la espalda y correr o echarse a llorar ahí mismo. Escoge lo primero, con flechas silbando por todos lados. El problema es que toma un camino que no debía haber tomado. En lugar de dirigirse a la ciudad, puede ver a la distancia un enorme y majestuoso palacio. A lo mejor Rukkhadevata vive ahí. Hay un hombre parado justo en donde comienza el camino empedrado del palacio. Parece pensativo (e inofensivo), así que Bennett se arma de valor y se acerca con cautela a él. No tiene armas, por lo que el muchacho piensa que hasta él podría lidiar con un sujeto así. El sujeto se llama Rajavi y lleva semanas acampando cerca de ahí, esperando que la dueña del palacio lo atienda. No es de Rukkhadevata, sino de una supuesta magnate. Rajavi no conoce su identidad, pero se aferra a la idea de que podrá hacer negocios con ella. Como sea, parece que es posible subir por la vereda, así que Bennett lo hace. Al final de esta, otro hombre está apostado. Parece todavía más inofensivo que Rajavi, así que Bennett se le acerca. Se llama Ehsan. Bennett habla por un buen rato con él y hace buenas migas. Cuando le pregunta—: ¿Puedo ayudarlo con su equipaje? Bennett responde—: No te preocupes —porque Xiao le advirtió de los desconocidos demasiado amables. Podrían robarle. Cuando Ehsan pregunta por fin—: ¿Viene a ver a la magnate? Bennett responde, arriesgándose—: Sí, soy su invitado, ¿sabe? Pero Ehsan dice—: Ah, bueno, puede preguntarle al mayordomo. Yo solo soy un ayudante que mueve cosas. Ni siquiera conozco a la magnate. Bennett se desinfla como globo viejo, porque había pensado que estaba frente al mayordomo. Se despide de Ehsan tratando de no ser grosero y sigue caminando hasta que se encuentra con una chica que parece distraída. —Disculpa… —¡Ay! —grita ella, respingando—. Justo estaba pensando en algo. ¡Me diste un buen susto! Se llama Zhila y también es una comerciante, tal como Rajavi. ¿Por qué hay tantos comerciantes rondando a la magnate? ¿De verdad es tan importante? Por fortuna, tan pronto como termina de hablar con Zhila, Bennett ve a la distancia la entrada lateral del palacio. A la izquierda el camino lleva a la entrada principal, pero Bennett no sabe si puede husmear por ahí, así que va directamente a la mujer que parece vigilar la entrada lateral. Se presenta como Shaghayeh y le presenta a Bennett el lugar. Fue diseñado por un arquitecto muy famoso, pero es solo una residencia privada que no se puede visitar por dentro. Al parecer, el palacio donde habita la Arconte Dendro es mucho más majestuoso y se encuentra en el centro de la ciudad. Así que Bennett decide que, ya que está ahí, verá el jardín de la magnate. El lugar es inmenso, podría decirse que mide la mitad o casi dos terceras partes de lo que mide Aguaclara, el pequeño pueblo en el que creció. Al recordar Aguaclara, Bennett recuerda a sus padres. A su padre. El recuerdo le provoca un sentimiento de desagrado. Quiere vomitar, pero está seguro de que lo echarán si arruina los jardines de la magnate, así que Bennett corre hacia el quiosco al fondo del jardín, se sienta a la sombra en una de las bancas y echa la cabeza hacia atrás, respirando profundamente. —Disculpe, ¿se encuentra bien? —una chica con uniforme largo y boina se le acerca. Tiene voz dulce y huele a fresas—. Se ve muy pálido… —Creo que voy a vomitar —admite. —¡Oh! La chica se aleja corriendo. Claro, tal vez nadie quiere lidiar con un desconocido que está a punto de provocar un desastre. Bennett se lamenta por un segundo de ser tan patético, pero dos guardias y un hombre con monóculo se acercan unos segundos después. —¿Está bien, invitado? —pregunta uno de los guardias—. ¿Puede responder? —Me siento mal, lo siento. —Llévenlo adentro, que lo atienda el enfermero —ordena el hombre con monóculo—. La magnate acaba de arribar hace un minuto y recibirá a todos los invitados que se encuentren en el sitio. En cuanto se recupere podrá verla, no se preocupe, invitado. Bennett quiere hablarles sobre Rajavi, el comerciante que ha esperado durante semanas en la entrada del camino, pero siente el vómito en la garganta y prefiere guardar silencio. Los dos guardias lo ayudan a caminar con torpeza, pero pronto se dan cuenta de que aquello es difícil porque Bennett es pequeño y lleva un equipaje voluminoso, mientras que los hombres son grandes y altos. Ambos se miran, se ponen de acuerdo y se dividen el trabajo. Uno carga a Bennett en brazos, mientras que el otro carga su equipaje. —¡Por los Siete! ¡Este equipaje pesa como un hombre adulto! —¡Apúrense, carajo! ¡Ese chico parece a punto de desmayarse! Y Bennett, en efecto, se desmaya, no sin antes derramar todo su vómito sobre el guardia que lo lleva cargado. Cuando Bennett despierta ya es de noche. Está acostado sobre una cama mullida, lo que ha extrañado con creces desde que conoció las camas de la enfermería de Favonius y la cama de Xiao. No quiere levantarse, pero una voz de chica lo alerta: —Ju, ju, ju, ¿ya despertó el omega durmiente? Bennett salta sobre la cama, alarmado. Tiene frente a él a una chica menudita y pequeña con pantalones bombachos, cabello rosa y un enorme sombrero. Lleva muchos anillos y adornos de oro, además de unos anteojos ostentosos con armazón dorado. —No te asustes, amiguito. ¿Sabes quién soy yo? Bennett no sabe qué pensar. Una chica que mide la mitad de lo que mide él lo está llamando “amiguito”. Habla con un tono rimbombante, como si estuviese en medio de una puesta en escena y no supiera actuar su personaje. Tal vez en eso consiste su personaje, en ser ostentosa, impertinente y creída. —¿Eres… “la magnate”? —¡Ding, ding, ding! ¡Cooorrecto! —aplaude la chica—. Soy Sangemah Bay, la grandiosa dueña de este lugar. ¡Oh! Me corrijo: la dueña de este grandioso lugar. Iba a echarte tan pronto como despertaras porque te atreviste a entrar a mis aposentos, oh sí, pero resultaste ser un pequeño omega y… bueeeno… ¡yo soy amiga de todos los omegas del mundo! —Pero tú eres una beta —responde Bennett, categórico—. No tienes feromonas ni aroma, ¿por qué te haces amiga de los omegas? —Eso, amiguito, te lo responderé cuando me digas cuál es tu nombre. El muchacho piensa que no tiene de otra, así que decide seguirle la corriente mientras tanto—: Mi nombre es Bennett. Solo Bennett. Vengo de Mondstadt. —¿Y qué tal, Solo Bennett de Mondstadt? ¿Por qué vienes tan lejos? —Eh, yo… —Así que estás escapando —concluye la chica. Bennett sabe que se ha puesto pálido—. Un homicidio, quemaduras de tercer grado, lograr que un alto oficial de los Fatui falte a sus deberes frente a las narices de todo mundo… No deberías dar tu nombre con tanta facilidad si se supone que te estás ocultando, Solo Bennett de Mondstadt. El Regimiento de los Treinta está en camino en este momento, listos para apresarte. Bennett vuelve a sentir el sabor de la bilis en la garganta. Sangemah Bay se ríe a su costa, aunque aquello no tiene nada de gracioso.
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