El camino hacia Sumeru
12 horas y 0 minutos hace
Bennett recordaría la estancia en la Montaña Aozang como lo más pacífico y dulce de su vida. Aunque está solo la mayor parte del tiempo y solo hay nubes a su alrededor, la comida no falta y el descanso es reparador.
Bennett aprende unos cuantos trucos de Xiao. Aprende a hacer un fuego que no se descontrola y a preparar guisos y pescados. Aprende a levantar una tienda y a apisonar el suelo para que no hubiese protuberancias molestándolo cuando se acuesta. También aprende a usar y a contar dinero.
Xiao le enseña muchas cosas. A leer e interpretar el mapa de Teyvat, a ubicar en él las locaciones que Stanley detalla en su Manual de Aventurero, y también a marcar en rojo los lugares a los que Bennett no se debe acercar por ningún motivo.
Poco a poco, Bennett se va relajando. Sus heridas se curan, así como las magulladuras y los moretones. Cada vez huele menos a las feromonas de Tartaglia hasta que un día, dos semanas después de llegar a la Montaña Aozang, el único olor que despide es el suyo propio.
Entonces, por fin, Bennett se da cuenta de que ha pasado un mes desde que la casa en Aguaclara explotó. Observa su reflejo en el agua, pero nada ha cambiado mucho. Ahora parece más sano y moreno, con la piel lozana y las mejillas sonrosadas, pero no ha habido otro gran cambio en su apariencia.
El otro gran cambio, que resiente un poco a Bennett, es que tan pronto como amanece, cada día, vomita tanto que parece que está a punto de expulsar los órganos por la boca. Ni siquiera puede pasar tanto tiempo resentido, porque a la media hora tiene tanto antojo de frutas que parece no haber comido en días.
La carne y el pescado le provocan un desagrado tal que durante unos días se sostiene solo con agua y frutas, por lo que hasta el vómito de las mañanas comienza a saberle dulce. Ambos, Xiao y él, saben de lo que se trata, pero ninguno de los dos quiere hablar al respecto. El Yaksha solo se esfuerza en llevarle comida y frutas de su agrado para que Bennett pueda pasar sus semanas de náuseas matutinas a salvo.
Y así, cuando Bennett está seguro de que está cumpliendo cinco semanas de embarazo, Xiao se le acerca y le dice—: Es tiempo, Bennett. Los Fatui han cesado la búsqueda en Liyue. Están buscando a un chico albino en las fronteras de Liyue y Mondstadt.
—Supongo que mi cabello no va a ayudarme mucho.
—Por eso he traído algo —Xiao acerca a Bennett una bolsa de arpillera de unos dos kilos con un polvo café que huele fuerte y amargo. Bennett lo olfatea de cerca, impresionado con el olor desconocido—. Esto es café, se toma en todo el mundo, pero en Fontaine es particularmente popular. Se agrega una cucharada a una taza de agua hirviendo y se endulza al gusto.
—¡Huele muy bien! —Bennett toma una pizca entre los dedos y la prueba—. ¡Pero sabe horrible! ¡Puaj!
—No es para consumo —lo regaña Xiao—. Ni siquiera sé si se pueda comer de esa forma. Voy a hacer un tinte natural para ponértelo en el cabello.
—¿Sabes hacer cosas como esas?
—En realidad no sabía que se podía hacer hasta esta mañana.
Xiao sigue la receta que una abuelita le enseñó. Dos cucharadas de café con una taza de agua, dejarlo enfriar, agregar otras dos cucharadas, dos de canela y volver a hervir. Colar, agregar dos cucharadas de aceite, otras dos de café y llevarlo al fuego hasta que espese. Dejar reposar durante un día, aplicar en el cabello limpio y seco y esperar dos horas.
Bennett lo tiene realmente difícil, porque la noche entera sufre por querer comerse la mezcla. Al final, cuando Xiao se descuida, Bennett toma una cucharada, se la lleva a la boca y la saborea con tanta fruición que Xiao se pregunta si de verdad sabe tan bien.
El Yaksha toma un poco en su dedo y lo prueba. Compone una cara de desagrado y Bennett se ríe tanto que le duele el estómago.
—Deja de comer cosas extrañas, por todos los cielos.
Bennett sí que ha comido cosas extrañas. Corteza de abedul, pasto, hojas, cera de vela e incluso ceniza de las fogatas. Hace unos días, Xiao le tuvo que arrebatar un cuenco de bayas y chocolate mezclados con chile Jueyun. Bennett se lamentó, porque la verdad era que sabía maravilloso.
Así que Xiao le vacía la mezcla entera a Bennett en la cabeza, cuidando que no se la coma. Lo masajea desde la nuca hasta las orejas, la coronilla y la frente. Coloca un paño en su cabeza y, mientras cuida que no haya lugares por donde los dedos de Bennett se puedan colar para comerse la mezcla, le dice:
—Es tiempo de recoger. Dentro de dos horas tienes que lavarte el cabello con normalidad y entonces veremos si el truco funciona.
El esfuerzo de Xiao da resultado, porque dos horas después Bennett es castaño. Lo único albino en él son sus cejas, así que Xiao prepara más tinte para usarlo en Bennett durante el siguiente día.
—Cada tres a cinco días debes decolorarte el cabello con esto. ¿Crees que puedas hacerlo?
—Prefiero eso a ser perseguido en cuanto me reconozcan.
—Una cosa más, Bennett —Xiao mira la bolsa de café, a la que apenas se le han quitado seis cucharadas—. Esta bolsa debería durar de 280 a 400 cucharadas. Pero… si quieres tomar un poco, puedes tomar solo una taza de café al día.
—¿Por qué solo una?
—La cafeína es un estimulante muy poderoso para un ser vivo tan pequeño —dice, mirando alternativamente entre el abdomen de Bennett y sus ojos—. Si consumes demasiado café corres el riesgo de abortar.
La mirada de Bennett se ilumina por un momento mientras Xiao le entrega la bolsa de arpillera. Bennett se aferra a la bolsa, considerando la idea de meterse el café en la boca y tragar.
Sin embargo, Bennett está harto del dolor. Toda su vida, desde que tiene memoria, ha sido un infierno completo, lleno de golpes, maltratos y violaciones. Nunca comió, durmió ni vivió bien. Y, además, tiene un miedo irracional a lo que puede pasar si le hace daño al ser vivo que lleva en su vientre. Él no sabe qué clase de karma pasado está pagando para que su vida entera sea un asco, pero no quiere que la situación empeore si intenta deshacerse del fruto de Tartaglia.
Más decidido después de pensarlo, asiente para sí mismo, guarda la bolsa de café al fondo de la mochila y Xiao suspira. Puede que Bennett no haya sido el único teniendo pensamientos intrusivos.
—¿Nos vamos?
El camino hacia la arboleda Moutiyima es accidentado, largo y pesado, pero nada que Bennett no pueda soportar. Sus habilidades recién aprendidas lo ayudan mucho, porque Xiao actúa más como un guía esporádico que como un acompañante.
Al principio Bennett se siente solo y desamparado, pero pronto se da cuenta del plan de Xiao. El Adeptus lo va soltando a su suerte poco a poco, porque Bennett debe valerse por sí mismo en cuanto llegue a Sumeru. Ninguno de los dos está seguro de poder contactar con los dichosos aranaras, así que eso significa una sola cosa: que Bennett tendría que cruzar todo Sumeru, incluyendo un desquiciante desierto, antes de poder llegar a una playa que va a dar a Fontaine.
Para cuando el terreno agreste de Liyue da paso al verdor luminoso de Moutiyima y se pueden ver a la distancia algunos hongos del tamaño de perros, saltando como cualquiera animal, Bennett se queda boquiabierto durante unos segundos. Nunca ha soportado estar cerca de los slimes porque son viscosos y raros, ¿cómo va a cruzar todo un territorio infestado de hongos saltarines que además atacan a cualquiera que se acerque a ellos?
Pero Xiao le dice—: No llores por nada, solo tienes que mantenerte lejos de ellos.
Claramente, Xiao no comprende. Incluso parece que se ha olvidado que Bennett es capaz de provocar incendios con su sola presencia.
A este punto, Bennett está muy preocupado. No solo tendrá que lidiar con un terreno accidentado, lleno de hilichurls y hongos, sino que también tendrá que moverse lejos de los enemigos, esconderse de los Fatui, levantar campamentos lejos de los peligros, buscar comida y no perderse en terreno desconocido para llegar a Fontaine a buscar a un tipo del que solo sabe el apellido y que es el juez más famoso de todo Teyvat. Todo esto mientras lidia con un embarazo no deseado y es perseguido por un alfa loco que tan pronto como lo huele cerca se pone como un maldito animal.
Y a pesar de todo…
Bennett no puede sentirse más feliz en ese momento.
Respira el aire cargado de olores. Flores, agua, árboles. Huele a bosque. Por fin está en Sumeru.