Capítulo 1 Impotencia
12 de julio de 2026, 15:26
"Sintiendo una opresión en mi pecho, por primera vez y como nunca antes, lo único en lo que podía pensar era…
¡QUIERO VERTE!
¡QUIERO VERTE… !
¡¿DÓNDE ESTÁS?!
“¡¿No estás muerto?! ¡Verdad que no!… -contuve la respiración. -Kyou…”
“No pude ni terminar de decir tu nombre. Las piernas flaqueantes como gelatina. Me sentía sin fuerza, mi corazón agonizando y la incertidumbre de no saber que hacer era lo único seguro que tenía.”
“Quería correr y a la vez romperme ahí mismo.”
“No entendía como podía seguir de pie… caminando. No contestaste el celular y eso solo me ahogaba más. Por instinto y con lo único que me quedaba de racionalidad, corrí y corrí hasta llegar como autómata a un local donde sabía estarían reunidos tus hermanos, los Yakuza. “Bar Katsukio” leí, y haciendo aplomo de todo mi ser, jale la manija y entre.
Como pude me escabullí hasta ahí, el lugar por demás viciado e infestado de humo de cigarro terminó por asfixiarme, y por primera vez, me dio algo de añoranza, pero esta se fué muy rápido al ver que nadie reparaba en lo que estaba sucediendo.
¡¿No lo sabían… aún?! -Quería pensar.
Y todo parecía desarrollarse en una incómoda normalidad para mí.
Demasiado tranquilo para la batalla a raudales en la que se encontraba retumbando mi corazón.
Los muy estúpidos o fingían demencia o en verdad estaban tan rotos que ya no tenían humanidad.
En mi impotencia me vi gritando tan fuerte como un loco. Tanto, que el salón quedo en silencio con la vista de todos puesta en mí."
-AAAAAAA.
-Satomi?!
,
,-Oooh. -Lo Lo siento… -digo controlando mi respiración y observando el lugar.
-De nuevo soñando con lo mismo. -Aseguró su compañero de trabajo con media sonrisa.
-Perdón. No quise hacerlo. Es solo…
-Es solo que no puedes sacarlo de tu mente. No? Satomi. -Afirmó Morita dejando de leer su manga y lo deposito a un lado.
-Mmm -La vergüenza cubrió mis mejillas y decidido me levanté de mi silla. Apenas me había recostado un poco en la mesa y la pesadilla llegaba como si nada. Lo bueno que sabia que esa pesadilla había tenido un buen final, no feliz, pero al menos estaba todo bien. Al menos Kyouji no había muerto, aunque no estaba con él. Y no es que no quisiera, como se lo dejé en claro la última vez que nos vimos y que ni un abrazo de despedida pudo regalarme, creo que ese fue el detonante de mi obsesión.
Lo había pensado demasiado por varios meses, y si que lo había hecho, pero al final, saqué la valentía y decidí decírselo nuevamente, eso fue lo mejor. Ahora el maldito yakuza, sabía de mi interés por él, y porque no decirlo, en lo que éste podía ofrecerme en todos los aspectos. ¡Lo había aceptado y me quedaría con él!
Estos eran los pensamientos restrocpetivos que tenía el joven universitario Oka Satomi .
Pronto escuchó entrar una persona al establecimiento y se despabilo para atender al cliente que acababa de llegar. Consultó el reloj y solo quedaba media hora para salir. Suspiró y se auto animo para concluir “bien” aquel turno.
Pasando la media hora, terminó de arreglarse su ropa de salida y agradeció a su amigo por todo, dando paso a los nuevos chicos del turno matutino para que tomaran sus puestos en el restaurante.
Al salir, se estiró un poco y siguió su camino rumbo a su apartamento. Aunque no quisiera, Él siempre venía a su mente, sobre todo ahora que su vida daría un giro por demás incierto. Bien sabía lo que quería. Y obviamente había repensado los pros y los contras que tendría que enfrentar debido a su decisión, pero, o tenía un bloqueo en su cabeza o estaba pensando con "otra cosa”... digamos… su corazón, que le impedía seguir su plan original.
Ser un joven universitario “normal” con problemas normales, sacando sus días adelante como los demás, y como lo venía haciendo, pero, desde que atrevidamente “según él” quiso comprobar con su abrazo lo que el Yakuza le hacía sentir, fue que todo se disparó. Su cuerpo, al igual que sus hormonas, sentimientos y mente, se sentían atrapados en aquel calor que desprendía el mas alto.
No le importaba la diferencia de edad, y para qué negarlo, aunque si se quebró la cabeza al descubrirse gustando de un hombre al igual que él lo era, pudo aceptarlo y enfrentarlo; la verdad, parecía como embrujado por el otro, nadie podía negar lo atractivo que era y sobre todo aquella personalidad avasalladora que lo había atrapado desde el inicio. Pero había algo más que lo había cautivado, y era esa generosidad y cortesía que mostraba hacia su persona, siempre tan atento a sus necesidades, últimamente ni siquiera pedía las cosas cuando ya las tenía casi en bandeja de plata de manos de Kyouji.
Por otro lado, no soportaba que de la nada aquella sonrisa amplia apareciera, con quien fuera y en el momento que fuera. La quería reservar solo para él, quería decírselo, pero no se sentía con tal derecho. Kyouji Narita era así, sencillo y espontáneo. Y, aunque no quería parecer un posesivo, cada vez lo estaba siendo más. Las mujeres en varias ocasiones se le quedaban viendo cuando salían juntos y eso le desagradaba sobre manera, y a pesar de sus años, Kyouji irradiaba jovialidad y las mujeres no lo pasaban por alto y había atrapado a una que otra mirándole coquetamente.
-Que descaro-. Pero debía aprender a sentirse más seguro, ya que sabía la lealtad que poseía el mayor hacia él, por lo que suspiró resignado. Aun tendría que esperar un poco a que el viejo jefe le entregara la carta soliciatada de renuncia de su clan, para quedarse con Kyouji solo para él. -Soy un migajero. -se dijo algo irritado y resignado pero convencido de que el tonto yakuza ya había dado el difícil paso de renunciar. Y hablando del rey de Roma. Ahí estaba el primer mensaje de la mañana.
“Espero que descanses del día agotador de trabajo que tuviste. Buenos días querido Satomi.”
Si, desde aquella conversación donde decidieron quedarse el uno con el otro. Se enviaban mensajes varias veces al día ya que no podían verse. Algo normal en las parejas. -Sonrió, abriendo la puerta y yendo directo a la cama para descansar un poco antes de ir a la universidad.
“Gracias, lo haré y tú también ten un buen día… ¡Cuídate mucho!” -Respondió casi atragantado por un suspiro traicionero que casi se le escapaba para vergüenza suya. Sonrió nuevamente y se quedó dormido abrazando el celular. Más tarde le mandaría otro mensaje.
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Hola, mucho gusto, espero que les haya gustado este primer capitulo, con pesadillas y la realidad de Satomi. Estaré subiendo el segundo chap en dos días. Gracias por estar aquí, te lo dedico con mucho cariño a ti que lo lees!!