Capítulo 2 Cicatrices y Promesas
Inicio Flas back. El zumbido del aeropuerto de Haneda era insoportable, pero a Kyouji Narita solo le zumbaban los oídos con las últimas palabras que Satomi le había dicho en persona. "No podemos seguir haciendo esto, Kyouji-san". Había sido una confesión extraña. Una declaración de sentimientos envuelta en un adiós definitivo. Kyouji, con su traje impecable y su vida sumergida en el bajo mundo yakuza, creía entenderlo. Satomi Oka era un chico brillante, con un futuro limpio por delante. Kyouji se había convencido a sí mismo de que su afecto por el joven era casi familiar; quería cuidarlo, consentirlo y ofrecerle el apoyo que nunca pudo darle a su propio sobrino de sangre. Si Satomi necesitaba sacarlo de su vida para proteger su futuro, Kyouji lo aceptaría. Se marcharía sin pedir explicaciones, fingiendo que no le dolía. Con el boleto de avión en la mano y a solo minutos de abordar, el celular de Kyouji vibró en el bolsillo de su saco. Lo sacó esperando un mensaje de su clan, pero el nombre en la pantalla lo hizo detenerse en seco: Satomi-kun. “Espero que esta no sea la última vez que nos veamos. Y cuando ocurra el próximo encuentro, espero que ya no tengas ese tatuaje con mi nombre en tu brazo”. Kyouji parpadeó, completamente descolocado. Sintió un vuelco en el estómago. ¿Un ultimátum? ¿Una promesa? Pensó que Satomi lo estaba borrando de su existencia para siempre, pero ese mensaje demostraba todo lo contrario. Satomi no podía—o no quería—irse de su lado. Exigirle que se quitara el tatuaje con su nombre, el símbolo que dejaría de atarle a su recuerdo, era pedirle que vieran la relación entre ellos de otra forma, sin ataduras o recuerdos, era ahora, más serio de lo que pensaba. -¡Ese chico! -¿Qué quería realmente de él?. Una sonrisa ladeada, mezcla de incredulidad y una calidez que no pudo contener, apareció en su rostro. Kyouji se rascó la nuca con fastidio fingido antes de teclear la respuesta: Kyouji: “Está bien. Tú decides el día y la hora, Satomi-kun”. A kilómetros de ahí, en su pequeña habitación, Satomi Oka arrojó el teléfono sobre la cama y se cubrió la cara con ambas manos, soltando un gemido de pura frustración. Estaba furioso consigo mismo. Se sentía patético. Había planeado ese corte final durante semanas, convenciéndose de que alejarse de un yakuza era lo único lógico y saludable. Y sin embargo, la sola idea de que Kyouji abordara ese avión y desapareciera de su mapa lo había asfixiado. A la rabia la acompañó, de inmediato, un pesado pero reconfortante alivio. Su interés amoroso, su mente y sus noches de insomnio le pertenecían a ese granuja maduro que lo tenía completamente obsesionado. Sabía que era una relación rara, casi disfuncional. Kyouji seguía jugándole el juego, actuando con esa ligereza exasperante, pero ahora la pelota estaba en la cancha de Satomi. Solo quedaba esperar que el tiempo resolviera las cosas de la mejor manera entre los dos. Fin del Flash back.. Cerró con fuerza su libros de leyes y se recostó sobre su pupitre suspirando. Quería mandarle un nuevo mensaje a Kyouji pero ahora con qué pretexto, era demasiado fácil, decirle, “Te extraño, veámonos mañana por la mañana, aprovechando que tengo el día libre” y ya veía a Kyouji corriendo con comida para comer con él. -Solo un tonto haría eso. -dijo en voz alta. -Qué es lo dices que solo un tonto haría, Oka? La voz de su compañero de facultad rompió el hilo de sus pensamientos. Satomi se enderezó de golpe, sintiendo cómo el calor subía a sus mejillas. Frente a su pupitre estaba un grupo de tres chicos de su carrera con los que solía salir a comer o estudiar de vez en cuando. Todos lo miraban con curiosidad. —Nada —respondió Satomi de inmediato, recuperando su habitual expresión seria y acomodándose las gafas—. Solo pensaba en voz alta sobre un caso de derecho civil del libro. Una estrategia legal muy absurda. —Ah, ya me habías asustado. Pensé que estabas hablando de ti mismo, porque últimamente andas en las nubes —bromeó la chica del grupo, apoyándose en el borde del escritorio—. Oye, vamos a ir a las canchas un rato y luego a cenar algo cerca de la estación. ¿Vienes? Tienes el día libre mañana, no hay excusa para quedarte encerrado a estudiar. Satomi miró el libro de leyes cerrado sobre la mesa. La oferta de sus compañeros era la definición perfecta de una vida universitaria normal, sana y lejos de los problemas del bajo mundo. Era exactamente lo que se suponía que debía estar haciendo. Sin embargo, el teléfono seguía pesado dentro de su bolsillo. La idea de pasar la tarde fingiendo interés en las conversaciones de la universidad le pareció de pronto agotadora. Su mente ya estaba en otra parte, calculando rutas, horarios y la probabilidad de que cierto yakuza testarudo dejara todo lo que estaba haciendo solo por un mensaje suyo. —Gracias, pero paso esta vez —dijo Satomi, guardando el libro en su mochila con movimientos rápidos y precisos—. Recordé que tengo un asunto pendiente que resolver hoy mismo. —¿Un asunto? Qué misterioso te has vuelto, Oka. Bueno, te lo pierdes. ¡Nos vemos el lunes! El grupo se despidió entre risas y salió del aula. Satomi se quedó solo en el salón, escuchando el eco de sus propios pasos mientras caminaba hacia la salida del edificio. Ya afuera, bajo el cielo de la tarde, sacó el celular. Sus dedos flotaron sobre el teclado durante un minuto entero. La frustración del recuerdo de su despedida seguía ahí, con la ansiedad de haber dado un último abrazo al mas alto y que este lo reconfortara con sus brazos, pero nunca sucedió, el tonto yakuza lo exasperaba, acaso, lo que quería en realidad era ese abrazo y por eso no podía cerrar el círculo, si dijera que quería comprobarlo, ¿sería… estúpido de nuevo? pero el aliento de saber que Kyouji estaba esperando su señal era más fuerte. Al diablo el orgullo. Al diablo los pretextos elaborados. Si Kyouji iba a seguirle el juego, él iba a poner las reglas. Tecleó rápido, antes de arrepentirse: Satomi: “Mañana tengo el día libre. Mañana a las 10:00 AM en la cafetería frente a la estación central. No desayunes”. Bloqueó la pantalla de inmediato, con el corazón latiéndole a un ritmo ridículo en el pecho. Sabía que era un capricho. Sabía que Kyouji probablemente se reiría de su falta de sutileza, y creyendo obviamente que el otro si tenía cosas más importantes por hacer. Pero mientras caminaba hacia la estación, una pequeña parte de Satomi no podía evitar sentirse aliviada por haber dado el paso. Esa misma noche, Satomi estaba en su escritorio intentando concentrarse en unos apuntes cuando el teléfono vibró sobre la madera. Sabía perfectamente quién era antes de mirar la pantalla. El mensaje de Kyouji llegó con el tono ligero y exasperante de siempre: Kyouji: “¿A las 10:00 AM? Qué madrugador, Satomi-kun. ¿Tanto me extrañas que no puedes esperar al almuerzo? Pensé que los universitarios dormían hasta tarde”. Satomi apretó los dientes, sintiendo cómo el calor de la indignación le subía por el cuello. ¡Era un granuja insoportable! Después de todo el drama en el aeropuerto, después de haber dejado a sus amigos de la facultad solo por escribirle, Kyouji se tomaba el atrevimiento de burlarse de él. Sin pensarlo dos veces, Satomi tecleó una respuesta cortante, intentando sonar lo más indiferente posible: Satomi: “Si te parece muy temprano, mejor déjalo así. Puedo ir a estudiar a la biblioteca solo. Olvida el mensaje”. Dejó el teléfono boca abajo sobre la mesa con fuerza, decidido a ignorarlo el resto de la noche. Se cruzó de brazos, enojado consigo mismo por haber caído en su juego tan rápido. No pasó ni un minuto completo cuando el celular volvió a vibrar dos veces seguidas. Satomi juró que no iba a revisar, pero la curiosidad y esa terca obsesión ganaron la batalla. Volteó el aparato. Kyouji ya no estaba bromeando. El nuevo mensaje cortó toda su molestia de golpe: Kyouji: “No desayunaré. Kyouji: "Llega temprano”. Satomi se quedó mirando la pantalla en silencio, con el corazón dándole un vuelco extraño. El tono juguetón de Kyouji se había esfumado en ese segundo texto, dejando claro que, a pesar de las provocaciones, no tenía la más mínima intención de perderse esa cita. El "llega temprano" resonó en su mente no como una orden, sino como una confirmación de que Kyouji también había estado contando las horas, ¡O era lo que quería pensar! ::::::::::::::::::::::::::......::::::::::::::::::::::::::::Capítulo 2 Cicatrices y Promesas
12 de julio de 2026, 17:40
Notas:
Disclaimer: Toda la obra pertenece a Yama Wayama, yo solo tome el último cap del manga para no sentirme mal con el final, perdón.
Notas:
Espero lo disfruten y gacias por seguir leyendo!!