Todas las noches

PG-13
Finalizada
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9 páginas, 2.672 palabras, 2 capítulos
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Capítulo 1

Ajustes
La luz entraba por la rendija de la cortina como una cuchilla gris. Naruto parpadeó, confundido por un segundo, hasta que el techo blanco y minimalista le devolvió la memoria con la fuerza de un puñetazo. No necesitó girarse para saber quién estaba a su lado. El calor de ese cuerpo contra su espalda era tan familiar como el olor a sándalo y café que impregnaba las sábanas. El peso de un brazo cruzado sobre su cintura, la curva de una rodilla encajada detrás de la suya. Dormían enredados como si lo hubieran hecho toda la vida. Naruto contuvo la respiración. Su mente ya corría, haciendo el inventario: Llegué al bar. Lo vi. Discutimos. Su apartamento. Su cama... Sintió las marcas en su hombro, el cansancio que no era solo físico, y apretó los párpados. Se movió con el sigilo de un ladrón, deslizándose fuera del agarre. El brazo de Sasuke cayó pesadamente sobre la cama vacía. Ni se inmutó. Siempre dormía como un muerto después de estas noches, como si el sexo lo vaciara. Naruto se vistió en silencio, recogiendo la camisa de la mesita, los pantalones de la sábana, los calzoncillos del marco de la puerta del baño. Al pasar frente al espejo del recibidor, se detuvo. Se veía terrible. El pelo más alborotado de lo normal, las ojeras más profundas. Pero lo peor era la sonrisa. Esa sonrisa tonta y satisfecha que asomaba en sus labios. Se obligó a fruncir el ceño, a borrarla. Era como tratar de contener la marea. —¿Ya te vas? La voz ronca de Sasuke lo paralizó con la mano en la manija. Se giró. Sasuke estaba medio incorporado, el pelo negro sobre los ojos, el pecho desnudo con marcas que Naruto reconoció como suyas. Lo miraba con su habitual expresión indescifrable. —Tengo trabajo —dijo Naruto. —A las seis de la mañana. Tu local abre a las diez. Maldito. Siempre se acuerda de todo. —Hay que preparar el caldo. —Mmm. Sasuke se recostó, pero sus ojos no se cerraban. Evaluaban. Naruto sintió el peso de esa mirada. —Esto no significa nada —soltó, como un reflejo. Sasuke se incorporó con la parsimonia de quien tiene el control. La sábana cayó. Caminó hacia él y se detuvo a pocos centímetros. Naruto sintió su olor, su calor, la tentación de dejarse llevar. —Nunca significa nada —dijo Sasuke—. Pero siempre vuelves. Naruto abrió la puerta. Salió. Cerró detrás de él. Apoyó la frente contra la madera fría y cerró los ojos. Mientras el frío del amanecer le golpeaba el rostro, se repitió la mentira de costumbre. Esta había sido la última vez. --- Tres horas después, el olor a caldo y soba del Ramen Ichiraku II lo recibió como un abrazo. Aquí, al menos, las cosas tenían sentido. Puso agua a hervir, cortó verduras, preparó la masa. Movimientos automáticos que permitían vagar a su mente. Sasuke. Apretó el cuchillo con más fuerza y rebanó la cebolla de un golpe seco. Tres semanas. Había durado tres semanas desde la última pelea. Esa noche, en el apartamento de Sasuke, después del sexo, él había intentado quedarse a dormir. —No te quedes —le había dicho Sasuke, con voz plana. —¿Por qué no? Si dejaras de ser un cobarde, podría ser tu novio. —¿Cobarde? Yo no soy el que viene suplicando cada dos semanas. —¡Porque tú me llamas! ¡Siempre me llamas! —No te llamo. Apareces. Y luego te quejas. Naruto había estrellado la lámpara de la mesita contra la pared. Sasuke ni siquiera parpadeó. —Contéstame —le tembló la voz a Naruto—. ¿Por qué no puedes decir lo que sientes? —No siento nada —cada palabra de Sasuke fue un clavo—. Tú eres el que siente. El que necesita. Tú solo eres un pasatiempo. Tres semanas sin verlo. Tres semanas diciéndose que esa vez era de verdad. Y luego, anoche, Sasuke estaba en el bar y todo el odio se desvaneció. —¡Naruto! La voz de Sakura lo sacó de sus pensamientos. Estaba en la puerta, con su bata de médica y el ceño fruncido. —¡Sakura-chan! —forzó una sonrisa—. ¿Café? —Tienes ojeras hasta la barbilla y estás cortando con la mano izquierda. Naruto miró su mano, la cebolla en pedazos irregulares. Soltó el cuchillo. Sakura se acercó y puso una mano en su brazo. No dijo nada más. No hizo falta. Su mirada triste lo decía todo. Naruto no pudo sostenerla. --- Dos semanas después, seguía sin verlo. Y se estaba volviendo loco. En el bar Hokage's Hideout, Kiba le daba un codazo. —Necesitas conocer a alguien que no sea un Uchiha con problemas de actitud. Estás mirando la puerta cada cinco segundos. —Voy a por otro trago —masculló Naruto, levantándose. Caminó hacia la barra esquivando cuerpos. La música retumbaba y por un momento, logró olvidar. Hasta que lo vio. Sasuke estaba al final de la barra, solo, con un whisky. Traje negro impecable, camisa blanca desabrochada, el pelo cayéndole sobre los ojos. No miraba a nadie. Bebía con la elegancia de un gato. Naruto se clavó en el suelo. Se obligó a respirar. Pidió un whisky a tres taburetes de distancia y se quedó mirando el vaso. —¿No me saludas? La voz de Sasuke llegó como un cuchillo. Baja, con ese dejo de burla. —No sabía que estabas aquí. —Mentira. Me viste en cuanto entraste. Naruto sintió la sangre subirle a las mejillas. —Siempre haces esto —bajó la voz—. Apareces donde estoy y actúas como si no te importara. —Porque no me importa. —Mientes. Sasuke se inclinó ligeramente hacia él. —Entonces, ¿por qué estás aquí hablando conmigo? ¿No deberías estar con tus amigos, conociendo a alguien... opuesto a mí? Naruto se quedó sin aire. —Eres un maldito imán para desgracias —murmuró. —Y tú no puedes dejar de acercarte a mi. Se levantó. Caminó hacia la salida con pasos decididos, sin mirar atrás. Pero al llegar a la puerta, una mano cálida y firme se cerró sobre su muñeca. —Naruto. —Déjame en paz. El aliento caliente de Sasuke le rozó la nuca. —Solo una noche más. Naruto cerró los ojos. Luego se giró, lo agarró del cuello de la camisa y lo besó con furia desesperada. —Mi apartamento —susurró Sasuke, sin separarse apenas. --- El brazo de Sasuke en su cintura. Su rodilla detrás de la suya. La maldita sonrisa en el espejo. El cansancio y las marcas en la piel. Otra vez. Naruto se lavó la cara con agua fría. Al salir del baño, Sasuke estaba despierto, sentado en la cama. —¿Ya te vas? Una punzada de rabia. ¿Otra vez la misma pregunta? —No es asunto tuyo. Sasuke se levantó y caminó hacia él. —¿Quieres irte, Naruto? ¿O quieres quedarte? —No puedo —la rabia burbujeó en su pecho—. ¿Qué quieres de mí, Sasuke? ¿Un juego? ¿Sexo? ¿Qué soy para ti? Hubo un largo silencio hasta que Sasuke se atrevió a hablar nuevamente. —No sé lo que quiero. —¡Pues descúbrelo! —gritó Naruto—. ¡No puedo seguir despertándome y odiándome! ¡Esto es una tortura! —¿Por qué vuelves, entonces? —¡Porque tú me dices "solo una noche más" y yo soy lo suficientemente estúpido! —No soy yo quien cree —la voz de Sasuke era plana—. Soy yo quien sabe. Algo se rompió dentro de Naruto. —Eres un cobarde. Un maldito cobarde que no puede dejar que nadie se acerque. Por eso tu familia se fue. El rostro de Sasuke se cerró como una puerta de acero. Sus ojos se volvieron hielo. —Vete —susurró—. Y no vuelvas. Naruto sintió el vértigo del abismo. Quiso pedir disculpas, pero el orgullo lo mantuvo en pie. Salió del apartamento. Esta vez, mientras caminaba por la calle, no sonrió. --- Los días siguientes fueron un infierno. El caldo no sabía igual. Iruka lo llamó preocupado. Sakura aparecía con café y una mirada que decía "habla conmigo", pero él no quería hablar. Quería olvidar. "Vete. Y no vuelvas." Su propia voz, la que lo llamaba idiota, le recordaba que él había usado el arma más baja. Y, sin embargo, no podía evitar la rabia contra Sasuke. Contra su maldito silencio. ¿Por qué nunca lo retenía? Lo dejaba ir, una y otra vez, como si no importara. Y esa era la parte más dolorosa. Saber que Sasuke podía vivir sin él. Esa noche, solo en su apartamento, Naruto se cubrió la cara con las manos. Recordó la mirada de Sasuke al decir "vete". No era fría. Estaba rota, como si él hubiera tocado algo que Sasuke mantenía escondido. Somos iguales. Los dos tenemos miedo.
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