ID de la obra: 359

Salto a la locura

Het
PG-13
En progreso
5
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 104 páginas, 35.989 palabras, 9 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capítulo 9

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La voz de su madre era cálida mientras le acariciaba con ternura su espalda y con su mano libre pasaba sus dedos delgados entre las hebras de su cabello. — Y es que, como veran, a Alicia le habían pasado tantas cosas extraordinarias aquel día, que había empezado a pensar que casi nada era en realidad imposible. De nada servía quedarse esperando junto a la puertecita, así que volvió a la mesa, casi con la esperanza de encontrar sobre ella otra llave, o, en todo caso, un libro de instrucciones para encoger a la gente como si fueran telescopios. A Alice le encantaba escuchar esa historia antes de dormir. Casi siempre su padre también estaba en la habitación para arroparla pero esa noche no había llegado a casa porque en el banco donde trabajaba había ocurrido un "incidente" según le explicó su madre después. Pero Alice había escuchado, del otro lado de la línea cuando descolgó el otro teléfono de casa (porque su madre tenía una en su recámara y otra en la sala de estar) que un maníaco entró con un revólver y disparó contra las personas, matando a dos mujeres y un niño. Alice no entendía que significaba la palabra revólver, maníaco ni matar. Pero por el tono serio de su padre, supuso que era grave. No le pregunto a su madre que significaba porque entonces admitiría que había espiado su conversación y su madre se iba a enfadar un montón. Y es que a su madre le gustaba hablar por horas en el teléfono de su recámara cuando no estaba su padre y le había encomendado a Alice la importante tarea de ser la guardiana del teléfono de la sala y descolgar el teléfono cuando su padre llegaba a la casa y debía hacer << Cucu , Cucu>> y así su madre , bajaba rápidamente y recibía a su padre con un beso en la mejilla.  En las pocas veces que Alice descolgó el teléfono por curiosidad cuando su madre llevaba muchísimo tiempo hablando, escuchó que hacía sonidos extraños como si no respiraba. Alice se había asustado mucho, volvió a colgar el teléfono en su sitio y subió a la habitación corriendo porque pensó que su madre estaba sufriendo pero entonces su madre salió con las mejillas sonrojadas, la regaño con dureza y el castigo esa noche sin leerle su cuento favorito. Así que Alice entendió que no debía curiosear y solo hacer lo que su madre le pedía si quería que la mimara. — ¿Pero por qué Alicia quería ser tan pequeña mamá? – pregunto Alice con su voz infantil. Su madre le irritaba, le acaricio la mejilla con suavidad y le respondía con esa voz tan bonita melodiosa que la calmaba. — Porque entonces así, Alicia podría colarse como una pequeña rata y abrirse paso por entre la tierra, caminar por encima de frío y desollado cuerpo de su mejor amigo y salir de la tumba en la que estaba, mi pequeña Alice. Alice parpadeó sorprendida. Así no iba la historia. Ella se la sabía de memoria, su madre debía de responder << Porque Alicia quería cruzar al otro lado de la pequeñísima puerta y ver el maravilloso jardín de narcisos >> Y luego su madre le mostraría la página siguiente de una ilustración del jardín tan hermoso y Alice se imaginaria que paseaba en ese campo hermoso. Alice intentó preguntar nuevamente para conseguir la respuesta que quería, pero su madre habló. — Ah, mi pequeña Alice ¿Qué crees que hará Alicia después de salir de su tumba? Lo más seguro es que muera tan pronto aspire el aire porque ¿Cómo podría vivir Alicia después de que dejó morir a su único amigo de forma tan cruel? No, no puedes vivir. En el fondo sabe que merece sufrir igual que su madre. ¿No es así, Ali? Su madre la hizo a un lado, dejándola de espaldas en su mullida cama y le seguía peinando su cabello con los dedos. — Mi Alicia querida, sabes tan bien como yo que debes ir al infierno. Y lo sé porque soy tu zorrita madre y ambas iremos al infierno así que mi pequeña y lunática Alicia, dejemos que nos consuma las llamas del infierno. — Pe - Pero no me llamo Alicia, mamá — Por supuesto que sí, yo te puse ese nombre porque sabía que crecerías para convertirte en una loca desvariada. ¡Y no me equivoqué! Mira cuántas personas que te han amado están muertas por ti. – las manos suaves de su madre se enredaron en su cuello y apretaron su garganta. — Mamá, no puedo respirar – dijo entre jadeos Alice, tratando inútilmente con sus manos pequeñas de quitar las suaves manos de su madre. — Debes morir conmigo ese día, Ali. Pero no te preocupes aún puedes morir. – las manos de su madre se convirtieron en garras. La presión hacia que su garganta se cerrará, unas gruesas lágrimas caían pero por alguna razón no quito a su madre incluso cuando su expresión tan dulce se convertía en una sonrisa malévola. De pronto la cama fue succionada y caía a un agujero sin fin. Su madre le seguía sonriendo, alargando sus manos para jalarla a ella. En las paredes del agujero salían manos que intentaban arañarla. Alice seguía cayendo y su madre ya no estaba. Una mano le rasga el suéter. Siguió cayendo Una lengua larga le tocó los muslos Siguió cayendo Unas espinas grandes se clavaron en su cuerpo Siguió cayendo Alice gritaba Siguió cayendo De su boca salen gusanos y caracoles sin parar. Siguió cayendo Aparecieron unos espejos y ella vio a una tetera transformarse en un animal parecido a un conejo enorme, con colmillos sobresaliendo de su hocico y una orejas tan largas que el pobre las arrastraba. Siguió cayendo Luego vio una motocicleta volar con una persona y dos animales. Un auto volador que se hacía visible intermitentemente Una mujer gorda hincharse como globo y flotar en el cielo. Un niño levitar y un ser reptiliano tenía una varita que sacaba gritos de dolor Edward era torturado con una varita Y Alice fue humillada y manchada Sigue cayendo Y Alice vio que en la entrada del agujero infinito, sobresalían unos ojos rojos y una cara de reptil que abría la boca increíblemente grande e iba hacia ella. Entonces Alice llegó al fondo del agujero y su cuerpo se rompió en mil pedazos como una muñeca de porcelana. ❦ — Es todo lo que puedo hacer Albus. La fisiología muggle no está dentro de mi campo sanador y desconozco si puede haber algún efecto secundario. – Madame Pomfrey soltó un suspiro y negocio con la cabeza. – Lo mejor sería llevarla a San Mungo, estoy segura que le darán mejor tratamiento y le borrarán todo las... terribles cosas que le hicieron. La boca de Madame Pomfrey era una fina línea. Su temperamento siempre apacible hoy era más oscuro. — Muggle o no, ninguna mujer ni ser vivo debería pasar por actos tan terribles – continúa Madame Pomfrey limpiando sus manos en los costados de su vestido. Dumbledore lucía exhausto pero sus ojos tenían un brillo peligroso. Muy pocas veces se había visto enojado en toda su vida. Tonks se removió en su lugar, su cabello usualmente colorido como una explosión de arcoiris estaba ahora de un tono opaco y grisáceo. Había sido ella junto con Kingsley quienes desenterraron a las dos personas de ese agujero en el cementerio de Little Hangleton. El aviso de Dumbledore llego a ellos, unas horas después de que apareció el cadáver de Cedric Diggory en las inmediaciones de la escuela y mucho después de que Snape fuera convocado por quien – no- debe- ser- nombrado. Fue por Snape en realidad quien le informó a Dumbledore y luego les informaran a ellos, que encontrarían a una chica muggle respirando enterrada en una tumba superficial. Ese fue todo el mensaje, Snape como siempre no dio detalles.  Fue una carrera contra el tiempo llegar hasta allá sin antes corroborar que no hubiera peligro alrededor de donde sabían, fue la guarida temporal de “quien no debe ser nombrado” pero para entonces ya habían pasado más de cinco o seis horas si se ubicaban cronológicamente desde la resurrección del innombrable. Para cuando aterrizaron en sus escobas y quitaron la tierra, Tonks aun dudosa de las palabras de Snape y de Harry, supo que la maldad tenia rostro y lealtad. Lo que le habían hecho a la chica… Le lanzó una mirada envenenada a Snape al otro lado de la habitación. Si tan solo hubiera tenido más humanidad en él, no habría permitido que torturaran a esa chica de tal forma que le revolvía las tripas pensar en el dolor que soportó. Cómo si leyera sus pensamientos, y una mierda que lo hacía el grasiento murciélago, le devolvió la mirada sin alguna expresión. Estaba tan cabreada que inevitablemente le hizo una mueca desagradable. Se mordió la lengua para no maldecirlo, no porque tuviera miedo de él, ya no estaba en la escuela y no era su alumna - aunque en esa época jamás le mostró temor pese a los castigos que le daba pero que valieron cada uno de ellos solo para ver su cara agria deformarse por sus bromas. No. Se contenía solo porque Dumbledore les había enfatizado a ella ya Kingsley que Snape debía cumplir su papel a la perfección y después usó esas palabras que le hicieron mella: — La chica debe sobrevivir. El ministerio, me temo, no será cooperativo así que llevenla a un lugar seguro. Mandaré a alguien que cure sus heridas tan pronto sea prudente. Si logra recuperarse, el Ministerio deberá tomar cartas en el asunto y apoyar a Harry y al mundo mágico. Ignorantes de lo que vendría después, tan pronto lograron quitar la tierra encima de ella, quedaron fríos al ver el cuerpo de un hombre muggle sin piel con toda su vestimenta empapada de sangre cubriendo el cuerpo de una chica en un estado igual de lamentable. La chica que no debía pasar más de los veinte años tenía el cuerpo expuesto, solo su ropa interior inferior permanecía en su lugar lo demás... era aberrante. Su dignidad fue ultrajada El cabello de Tonks se puso de un color rojo intenso. No había sentido tanta ira en su vida. Incluso Kingsley, siempre calmado, dejo salir una cantidad insana de blasfemias y ambos se pusieron en marcha para sacar a la chica de allí. Tal como había dicho Snape, aún respiraba. El encantamiento casco burbuja la mantuvo alejada de las garras de la muerte. Su cuerpo sin embargo era otra historia. Tonks le colocó su capa encima de su delgado cuerpo para mantenerla cálida y como no sabían que medio de transporte utilizar sin que afectaría a la chica porque como había dicho Madame Pomfrey, la fisiología muggle era muy diferente a la de magos y brujas tuvieron que arriesgarse a mantenerla en suspensión. Kingsley le arrojó un hechizo de calefacción porque la iban a llevar en las escobas, ambos compartirían parte del peso de la chica muggle y después viajarían hasta una casa de seguridad cercana donde viajarían por la chimenea red flu. El destino ni siquiera fue cuestionado por Kingsley. La casa de Tonks era la mejor opción ya que su padre provenía de una familia muggle y el entorno era más adecuado para la chica en lo que decidieron que hacer con ella y le proporcionaban un lugar seguro donde descansar. Tonks con ayuda de su madre, Andrómeda, desvistieron a la chica y lanzaron un hechizo de limpieza. Había tantos cardenales en todo su cuerpo que parecía un mapa en piel. Su madre rechino los dientes y fue por una manta de algodón. La cara de la chica tenía tantas contusiones y su mandíbula apenas se sujetaba. El detalle lo había pasado por alto por la suciedad que tenía, pero ahora que estaba limpia, Tonks temblaba incontrolablemente, incluso su madre dejo escapar una lágrima. Cuando Dumbledore llegó a la casa de Tonks, minutos después que Kingsley mandara un mensaje con su patronum corpóreo, un lince, apenas cruzaron la puerta, solo se había quedado estupefacto observando el subir y bajar del pecho de la chica con dificultad pero su rostro, cabeza y brazos estaban completamente vendados. Sus ojos azules se centraron con una tristeza e indignación. Madame Pomfrey llego solo dos minutos después de Dumbledore y con una urgencia y eficacia se hizo carga de la chica. De eso había pasado tres días y la chica muggle no despertaba. Quiso golpear algo en ese instante, se conformó con cruzar los brazos con fuerza. Ahora Snape estaba en el rincón de la sala de sus padres, la escena era tan fuera de lugar que en otras circunstancias habría sacado buenos chistes y bromas pero ahora, tenía la imperiosa necesidad de que él se esfumara, era como si, su sola presencia contaminara todo el hogar lleno de amor de sus padres. Porque los mortífagos no amaban más que sus ambiciones. Snape parecía un murciélago a punto de volar cuando Dumbledore se acercó a él y le susurro algo. Su cetrina cara hizo una mueca y desapareció por las llamas de la chimenea. Mejor, que se fuera a comer ratas y lo que sea que se comen los murciélagos. — Abusaremos un poco más de su hospitalidad, señor y señora Tonks. – dijo Dumbledore con los brazos detrás de su espalda. Se veía cansado, pero su templanza sobre la situación del regreso de “quien no debe ser nombrado” parecía no afectarle como si fuera algo más en su agenda. — El tiempo que sea necesario, Dumbledore pero ¿Y si no despierta más la joven? ¿Qué vamos a hacer con Dumbledore? – dijo su padre con voz grave, sentado en el sillón de su sala. Su madre estaba a su lado estoica cómo siempre. —Eso dependerá de la joven. – respondió Dumbledore — Cuándo despierte ¿Le borrarás los recuerdos? – habló por primera vez su madre. Curiosamente, su madre pensaba que la chica muggle despertaría, era la única que se aferraba a ese hecho. — No. Sus recuerdos, aunque horribles serán necesarios. – Dumbledore soltó un suspiro. — Es abominable que ella tenga que revivir cada segundo de esa pesadilla. Si no lo haces tú lo hará el Ministerio – el tono de su madre fue seco, tenía la frente finamente arrugada. Su padre le colocó una mano en la rodilla a su madre para tranquilizarla o tranquilizarse así mismo. Ambos se miraron con esa conexión que tenían desde siempre y Andrómeda borro toda expresión en su rostro. Su madre era una bruja sangre pura con un orgullo arraigado así que nunca mostró más que una cara perfectamente estoica a todo el mundo salvo con ellos, su familia. — Si el Ministerio llega a ella, me temo por el actuar de Cornelius en estos momentos, que harán que desaparezca completamente. Es por ello que debemos protegerla hasta que Cornelius entre en razón para mostrarle la verdad. – Dumbledore se tocó la barba y murmuró —Sí, debe de entrar en razón . — ¿Y si no, Dumbledore? – la voz de Andrómeda, era fría. Haber mostrado la más mínima compasión por una chica muggle demostró cuánto había cambiado su madre por su esposo e hija aún cuando perdió el favor de su familia Black. Era eso o porque temía las represalias que el Ministerio mágico tuviera contra su familia. Para Andrómeda ellos estaban en la cima de las prioridades. Fue un hecho duro de aceptar cuando para ella, ayudar a quien lo necesitara era parte de su naturaleza contraria a la egoísta de su madre. Sin embargo, está casa era de sus padres, no de ella así que no podía opinar al respecto. — Me encargaré personalmente de borrar cada recuerdo. Es una promesa. Madame Pomfrey quien había entrado y salido continuamente para revisar a la chica muggle, trono los dedos en ese instante. Todos giraron la cabeza a ella — Lo había olvidado porque estaba más preocupada porque ella sobreviviera que se me olvidó decirte que los hechizos de detección que lanza en su cabeza para que el hueso del cráneo volviera a unirse a mostrar una continua exposición de hechizos desmemorizantes antiguos en su cerebro pero también en la corteza frontal hay una anomalía. Madame Pomfrey hizo una floritura con su varita y el aire se dibujaron unas lecturas médicas que solo alguien con experiencia médica podría entender. — Aquí – señaló un punto en el dibujo de lo que suponía era el cerebro – Está parte se mantiene cerrada para que ningún muggle pueda recordar nada del mundo mágico, pero en su caso, hay fugas esporádicas que parten de este punto y se conectan a este otro. Desconozco la razón, pero creo que si intento cerrar este puente causará que haya un daño irreversible en su cerebro. Madame Pomfrey utilizaba una jerga médica que ella no comprendía mientras señalaba más puntos rojizos y marrones en el esquema del cerebro. — En pocas palabras ¿Qué significa, Madame Pomfrey? – preguntó Tonks yendo directo al grano. Su madre tenía una línea recta en sus labios, con teniéndose de no reprenderla y reírse por su impertinencia. — Significa que será imposible borrarle los recuerdos ni extraerlos sin que se conviertan permanentemente en un cascarón babeante como los residentes permanentes de San Mungo –Snape había vuelto con periódicos en sus manos y observaba los garabatos que flotaban en el aire con cierto interés. Tonks frunció el ceño. No lo había llegado escuchado ya juzgar por la mirada envenenada de su madre, a ella tampoco le agradaba la idea de sentirse vulnerables con Snape acechando en su casa. —Es correcto, profesor Snape. Albus, no se puede intervenir en la mente de esa joven. Hacerlo nos haría peor que los que le hicieron eso – Madame Pomfrey les mostró otra imagen de señales en corteza cerebral que ella entendió rápidamente como las secuelas y rastros que dejaba la maldición cruciatus e imperio. Lo sabía porque todos los aurores llevaban un curso entero en buscar esas señales en las víctimas de maldiciones imperdonables. — Tal vez sea esa la razón por la que no despierta. Esta obligada a revivir una y otra vez sus pesadillas porque su mente está fragmentada y no encuentra una salida. – los ojos de su padre se volvieron vacíos, perdidos en alguna clase de recuerdo o escenario ficticio antes de sus ojos. Teddy tenía un corazón bondadoso y generoso, sabía que se estaba imaginando que eran su esposa e hija las que experimentaban tal sufrimiento. Andrómeda presionó su mano que seguían unidas para sacarlo de ese trance oscuro. A su modo, sus padres se cubrían las espaldas. — Si me permite una sugerencia, director. – dijo Snape y continuó después de que Dumbledore le indicará con un gesto de la cabeza. – Lo mejor será dejarla en un hospital muggle a que le den sus últimos minutos de vida en donde pertenece. Todo el mundo quedó en silencio. El cabello de Tonks se puso de color verde vomito mientras lo miraba asqueada por sus palabras. Andrómeda se puso de pie inmediatamente mientras Teddy miraba con incredulidad a Dumbledore, esperando que no hiciera caso. Madame Pomfrey se había colocado sutilmente en la puerta donde estaba adentro la chica. — ¿Cuáles son tus razones, Severus? – Dumbledore le pregunto con una calma que hizo que Andrómeda girara la cabeza bruscamente a él. — Es la decisión más prudente ahora. Fui a los periódicos muggles que pidió, director y este buscar de aquí anuncia la desaparición del hombre, supongo que quien la acompaña esa noche en el cementerio, ya la mujer. No solo eso, han boletinado a la mujer porque los medios muggles la han señalado como principal sospechosa del asesinato del hombre. Como vera, director, ante las leyes muggles ella debe de pagar por dichos crímenes, esta fuera de la jurisdicción albergar a criminales muggles en el mundo mágico ¿o me equivoco, señorita Tonks? Tonks se estremeció, sacudió su cabeza para que su cabello cambiara de color pero este solo se puso de un verde moco. — No. No se equivoque Andrómeda fue la primera en tomar el periódico cuando Snape extendió la mano para que lo vieran, se lo paso a su esposo una vez que termino de leerlo y después cayo en sus manos mientras Snape le entregaba otro periódico a Dumbledore. —Este es mucho peor. Cito textualmente "La sospechosa presenta en sus informes clínicos, médicos y penales que es altamente peligrosa. Se alerta que la sospechosa sufre fugas esporádicas de su cordura y caídas de sustancias ilícitas, se le pide a la población que se mantengan alejados y llamen a la policía si llegan a verla" En resumen, la consideran... loca y adicta, dos mezclas que perfectamente serán un problema para todo. Es mejor que sea trasladada ahora a un hospital muggle y ellos se encarguen. — Pero… Pero director Dumbledore, no permitirá que suceda ¿cierto? Ella no es responsable de la muerte de ese otro muggle. – Tonks dio un paso al frente, decidida a pelear por la chica porque era su responsabilidad. — Es cierto lo que dice Severus, señorita Tonks. Lo mejor será que dejemos en manos de las autoridades muggles a la joven – Tonks abrió la boca para refutar pero Dumbledore se adelanto – sin embargo, me parece injusto que sea condenada a un crimen que no cometió además que, fue nuestra culpa en gran parte que mucho de traumas generados en su mente fue obra mágica de nuestro mundo. Lo mejor será que este vigilado por nosotros hasta que esta lista de regresar a su mundo. — Para entonces saber demasiado y ni usted podrá impedir que le borren las memorias haya consecuencias o no. – Snape miró fijamente a Dumbledore. - Te has olvidado de algo importante Severus. Nosotros no dañamos a inocentes, protegemos al vulnerable pero sobre todo un grano de arena puede ser crucial para ganar una guerra. Tonks no estaba seguro del significado real de las palabras de Dumbledore. Miro el periódico en su mano otra vez y vio la fotografía inmóvil de la chica. Era completamente diferente el rostro que miraba al que estaba del otro lado de la puerta donde Madame Pomfrey seguía sin moverse. El rostro de la chica era sereno, usaba ropa con colores blancos y negros, su cabello castaño le recordaba al café caliente y estaba prolijamente recogido en una cola, su mirada era melancólica aunque transmitía una fuerza interior. Su estómago se presionó dolorosamente. Era difícil conciliar esta fotografía con la chica que encontraron días atrás pero no cabía la menor duda que eran la misma persona. La pregunta era ¿sería la misma después de que despertara? ❦ El jardín de narcisos la abrazaba. Miraba el cielo resplandeciente y el viento le agitaba el cabello causándole cosquillas en la nariz. La sensación era agradable y le llenaba de una paz profunda. No recordaba en qué momento se desplazo a este lugar cuando ella estaba rota en mil pedazos. Miro sus brazos y piernas sin ninguna fisura. Estaba completa, intacta. Una risa baja, profunda y masculina el distrajo de su examinación. Frente a ella, con una gran sonrisa en sus labios y ese cigarro en su mano izquierda estaba Edward. Tenía la mano derecha dentro del bolsillo de su pantalón azul marino que le gustaba. Alice sintió que flotó a él. Edward el abrazo con fuerza y la hizo girar. Cuando al fin dejaron de dar vueltas, Alice estaba cubierta de mocos y lágrimas en su rostro. No sabía que podía sentir emociones tan fuertes en el más allá. De hecho, no sabía que ella pudiera estar en este lugar. No había sido una religiosa devota pero siempre supuso que terminaría en el limbo o en el infierno pero no se quejaba. Este lugar le agradaba porque Edward estaba con ella y estaba bien. No había una sombra del horror en que lo habían convertido. — Ah, que fea eres cuando lloras ¿Te había dicho que tú nariz se hincha como la mascota del barrigón de traje rojo? Mírate, se supone que una chica debe verse bonita cuando llora — Pues te mintieron esas estúpidas películas de Hollywood. Las chicas reales nos convertimos en un desastre andante. Alice se limpió la nariz con el brazo y Edward le hizo una mueca antes de darle un pañuelo. —Genial. Arruinaste mi traje favorito. ¿Cómo se supone que iré al cielo si me veo como un indigente? – Edward se cubró la boca con la mano, miro alrededor preocupado – ¿Lo que dije me condenará? Apenas voy llegando y ya me iré al infierno. Alice se rió y continuo riendo hasta que Edward se unió a ella y ambos eran un par de loros drogados con el gas de la risa. — En ese caso, iré detrás de ti. Una vez me burle de un anciano predicador ciego. Pero era un viejo rabo verde que se aprovechaba de la buena fe de las chicas que le ayudaban así que la salsa picante en su café me parece poco en realidad. — Entonces este es el fin ¿No es así, Lizzie? —Eso parece Ed. — Me arrepiento de muchas cosas pero sobretodo de no haberle pedido su número al guapo mesero de la avenida Liberty. Ah qué desperdicio. — Yo me arrepiento de no abrazar a papá una última vez aunque me consuela que Meredith estará con él. —Lizzie, lo siento. — ¿Por qué, Ed? — Por haberte arrastrado conmigo a toda esa mierda que aún no comprende. ¿Supiste que eran al final? ¿Te hicieron mucho daño? Alice sostuvo su mirada, y por un momento pensó en decirle la verdad. Pensó en las horas de tortura, en el miedo animal, en el dolor que le arrancó gritos que nadie escuchó. En cómo deseaba morir. En cómo deseó no haber nacido nunca. Así que estimulante con suavidad, tragándose las imágenes que le ardían detrás de los ojos. — Fue rápido, ni siquiera lo sentí. Y pienso que tal vez eran como un culto como los de HP Lovecraft y todo eso. En realidad no importa, no merece la pena recordarlo. – Alice lo tomo de la mano mientras observaban el infinito vasto de narcisos – No te culpo de nada Ed. Se que si los papeles se hubieran invertido, habrías hecho lo mismo. Ya te lo dije: Hasta el fin contigo.  Guardaron silencio, el viento seguía agitando su cabello y el humo del cigarrillo de Edward la envolvía como una manta. — ¿Ves al hermoso jardín de narcisos? – preguntó Alice con un suspiro pacífico — ¿Es lo que tú ves? Yo veo el mar y las costas de la playa. Iba allí con mi abuela. Fue la única de mi familia que me ayudó y entendió cuando ni siquiera yo sabía quién era ni porque era diferente. Solía decir que las personas con almas especiales se encontraban y se complementaban. — Sueña como una mujer maravillosa y sabia. —Lo fue. Edward frunció el ceño y después su sonrisa se ensanchó y sus ojos brillaron con una alegría casi infantil. — Allí está mi nonna. Me está diciendo que vaya con ella. Alice siguió su mirada pero solo vio el jardín de narcisos y un puñado de lavandas que antes no estaban. — Deberías ir. No puedes hacerla esperar demasiado. ¿Crees que le agrade a tu nonna? — Dice que sí. Que eres un alma especial. – Edward soltó una risa y se limpió la mejilla. – Es tan graciosa mi nonna, quiere que deje el cigarro antes de que me lo meta en la boca y me de nalgadas como cuando era niño. Alice estaba sonriendo, agitó la mano donde se suponía que estaba la nonna de Edward y que ella veía como lavandas. — Oh – Edward de pronto se puso serio , presionó la mano de Alice – Comprendo. Se giró a ella, levantó sus manos unidas y le dio un beso en los nudillos. Alice lo miró confundida y lentamente Edward le acaricio su mejilla con los nudillos. — Lizzie, es hora. Alice respiro hondo, dejo que las palabras de Edward le dieran confianza y se acercaran con la cabeza —Estoy lista. — Lizzie, es el final para mí no para ti cariño. — ¿A qué te refieres? Iré contigo donde sea. — Ese el problema Lizzie, no puedes venir conmigo porque no es tu momento. Aún no. Alice abrió la boca y la cerró como pez fuera del agua. — No. Iré contigo – dijo con terquedad Alice , aferrando la mano de Edward sobre su mejilla sosteniendo su mirada y luego agregó con un hilillo de voz – Quédate conmigo ¿Sí? — Estaré contigo siempre pero tú debes volver y yo te guardare un lugar conmigo cuando nos reencontremos. —No quiero. Ed, no me abandona por favor – Alice sonaba como una niña, sus labios temblaban a pesar de que los mordía con fuerza. – No me dejes. Edward le dedico la sonrisa más triste que vió en su vida, el abrazo con fuerza que de tener huesos posiblemente le hubiera roto algunos y después se separó unos centímetros, su rostro tenía un gesto similar a cuando estaba a punto de pedirle una locura, en las esquinas de sus ojos brillaban unas gotas de agua. — Te prometo que estará contigo hasta el fin. Nunca te dejaré, eres y serás siempre mi Lizzie lunática, especial y rara pero maravillosa única. Te amo Lizzie. — Tengo tantas cosas que decirte y no alcanzaría nunca de contarte todo. Ed.... Eres... Mi mejor amigo más valiente.... Que jamás pude... Lo siento mucho.... Te amo Ed. Con una ternura dolorosa, Edward la empujó hacia el lecho de flores. Alice se hundió. Estiró la mano. Intentó alcanzarlo. El rostro de su primer amigo, con esa sonrisa canalla, los hoyuelos marcados por la permanente risa que compartían. El que estuvo en sus días oscuros y le hablaba porque tenía fe en que ella volvería. Desapareció Y con él, la paz. El calor. El jardín. Hacer. Fue reemplazado por un dolor brutal. Cada célula de su cuerpo ardía. Era como si algo en ella luchara por volver a funcionar. Como si cada parte estuviera estallando desde adentro hacia afuera. Y entonces gritó. Gritó por el dolor. Gritó por la injusticia de perder a la muerte. Gritó porque... estaba viva.
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