ID de la obra: 579

Pollo de Chocolate Amargo

Slash
G
Finalizada
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20 páginas, 10.851 palabras, 3 capítulos
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Tres

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Frente a ellos se extienden varios platos llenos de jugosas porciones de pollo, viéndose apetitosas y desprendiendo un exquisito aroma, aguando las bocas de los adolescentes alrededor de la mesa. Sus iris brillan con hambre voraz, como si no hubiesen probado bocado en todo el día. Sin embargo, el más afectado de los tres es Gyeong-su, quien mueve ansiosamente una de sus piernas bajo la mesa, incapaz de controlar su ferviente deseo de saborear la suave textura del muslo frente a él. —Coman mucho pollo. Si quieren más, sólo avísenme —indica la señora Lee, madre de Cheong-san—. Esta es nuestra receta más popular. —Muchas gracias, señora Lee —agradecen Su-hyeok y Gyeong-su al unísono mientras inclinan ligeramente sus cabezas. Ella se retira a la cocina, entusiasmada de compartir sus recetas más especiales con los amigos de su hijo, y le solicita a su esposo algunas bebidas azucaradas para ofrecerle a los adolescentes. Por otro lado, Gyeong-su es el primero en lanzarse sobre las indefensas piezas de pollo. Cuando por fin el jugoso muslo es desgarrado por sus dientes como si de una bestia hambrienta se tratase, él suspira lleno de satisfacción, con sus papilas gustativas danzando de felicidad dentro de su boca. Sólo la señora Lee puede convertir un pedazo de pollo en un manjar digno de alabanza. En respuesta, el más alto de los tres deja escapar una risa divertida por el actuar irracional de su amigo, mientras que Cheong-san se esfuerza por ignorarlo, aunque le resulte difícil al tenerlo sentado junto él. —Aquí tienen —dice la madre de Cheong-san al regresar de la cocina con tres vasos llenos de jugo, junto a una jarra igualmente llena—. Si se acaba, no olviden llamarme. Aún tenemos bastante. En esta ocasión, son los tres muchachos quienes inclinan su cabeza como un gesto de agradecimiento en dirección a la señora Lee. Después, la mujer se sienta en el espacio libre junto a Su-hyeok, y sin necesidad de preguntar, Cheong-san ya supone lo que la emocionada expresión de su madre indica. Ya ha visto ese brillo en sus ojos antes. —¿Recibieron muchos chocolates? —pregunta ella con su rostro entre las palmas de sus manos, sus codos sirviéndole de apoyo sobre la mesa y emoción derramada sobre sus palabras—. Tú, Su-hyeokie, estoy segura de que recibiste muchos chocolates con lo guapo y alto que eres. Cheong-san me ha dicho que eres atlético, seguramente tienes muchas seguidoras que ven tus partidos. Aunque veo que estás muy flaco. Vamos, come, come. Es bueno para tu salud comer bien. Dicho esto, coloca sobre el plato de Su-hyeok una alita de pollo. Éste le agradece por tercera vez en la noche con una sonrisa avergonzada y un sonrojo imperceptible que se extiende sobre sus acaramelados pómulos. —En realidad... no fue así. —Más o menos, se dice mentalmente. El rostro de la mujer se transforma en una cómica expresión de sorpresa, pero Su-hyeok interviene antes de que le hagan más preguntas. —O sea, sí hubo algunas propuestas, pero no las acepté, porque… Bueno, no pensé que fuera lo correcto si no me interesaban. Así que realmente no recibí ningún chocolate hoy. Dicho esto, el rostro de la señora Lee parece iluminarse; su sonrisa ha regresado, esta vez más amplia y llena de satisfacción. Una de sus manos cae sobre el hombro de Su-hyeok; ella le transmite calidez y seguridad, ese gesto hace que Su-hyeok reafirme su opinión sobre el parecido que comparte ella con su adorable hijo. —¡Eres un muchacho encantador! No sólo eres guapo, también eres responsable y atento —dice ella con entusiasmo—. Si tuviera tu edad, seguramente también habría querido darte chocolates. —¡Mamá! —¿Qué? ¿Qué pasa? —Le pregunta a su hijo—. Es verdad. Además, ¿qué hay de ti, Cheong-san? ¿Recibiste algunas propuestas hoy? Siento decir esto, Su-hyeokie, tú eres guapo, pero mi Cheong-sannie es mucho más guapo. —¡Mamá! Su-hyeok reacciona con una risa alegre y de manera dulce responde a los comentarios de la mujer—: No se preocupe, señora Lee, estoy de acuerdo con usted. Cheong-san es realmente guapo. El nombrado intercambia miradas con Su-hyeok por un breve instante en el que ambos sonríen cómplices, y Cheong-san no sabe por qué no golpea a Su-hyeok en lugar de sentir una extraña calidez dentro de su pecho. —¡Así es! Cheong-san es igual a su padre, por eso salió tan guapo. ¿Entonces? ¿Recibiste muchos chocolates? ¿Alguna dulce jovencita en especial? La sugerencia en el tono de su madre se refiere a otra persona cercana a la familia, mas Cheong-san la reconoce por otro camino que lo hace intercambiar una segunda mirada con Su-hyeok, esta vez de tan sólo un segundo, antes de regresar su atención al pollo sobre su plato. No responde de inmediato, porque no está seguro de lo que debería contarle a su madre ni de lo que debería decirse a sí mismo, puesto que ha estado ignorando deliberadamente lo sucedido en el salón de artes todo este tiempo. Es más, Cheong-san se ha estado ignorando a sí mismo durante todo el día; no es sólo el incidente al finalizar su día escolar, sino todo lo que sucedió desde que Hye-jin interceptó a su amigo por la mañana, todo lo que sintió, lo que llegó a pensar, decir y hacer por el simple hecho de barajar la posibilidad de que Su-hyeok aceptara alguna propuesta en cualquier momento. Y todo por cobardía, porque cree conocer lo que está pasando, pero se niega a aceptarlo; el riesgo de arrastrar al fango los años de amistad con Su-hyeok y los demás por un estúpido y confuso capricho que ni siquiera está seguro de entender, lo supera. La idea de echar a la basura sus buenos recuerdos y tener miradas de odio sobre él mientras lo juzgan como si fuesen dueños de su vida es… aterradora. —En realidad, me pasó lo mismo que a… Su-hyeok —quiere morderse la lengua después de pronunciar el nombre de su amigo con un tinte extraño que no sabe describir, pero se resiste. —¡Ya veo! Mi hijo es el mejor, sin duda. Quizá la buena influencia de Su-hyeokie ha sido de gran ayuda. Dicho adolescente se obliga a sí mismo a salir de su pequeño debate mental después de recordar que la caja roja sigue dentro de su bolso, todavía lejos de quien debería ser su dueño, de quien no sabe qué opina al respecto… y no quiere saberlo. Por alguna razón, pensar en escuchar a Cheong-san aceptar el regalo es aterrador. —Hombres guapos y responsables. Que orgullosa me siento de ustedes. La señora Lee se dirige a Cheong-san y Su-hyeok mientras aprieta con suavidad las mejillas de ambos muchachos, ignorando por completo el carraspeo incómodo de Gyeong-su. Al parecer, el discurso que había preparado para el momento en que la mujer le hiciera la misma pregunta que a sus amigos no es necesario. —Aunque sigue siendo una lástima —continua ella—; hubiera sido agradable que mi Cheong-sannie trajera a alguien que le gustara para comer. Incluso preparamos este pollo especialmente para compartirlo con nuestra futura nuera o nuestro futuro yerno. Sé que hoy... Cheong-san escupe la bebida, mojando el uniforme de su mejor amigo; Su-hyeok no puede respirar debido al pequeño trozo de comida que se atraviesa dentro de su garganta; Gyeong-su ignora el desastre húmedo sobre él para mirar con asombro a la señora Lee. Por su parte, ella da rápidas palmaditas sobre la espalda del más alto, alarmada por su bienestar, y le ofrece un poco de jugo para que pueda aliviar la tos que lo molesta. —¡Por Dios! ¡¿Estás bien?! —le pregunta a Su-hyeok, pero no recibe respuesta. En lugar de eso, los tres adolescentes dirigen sus miradas sorprendidas a la mujer después de calmarse—. ¿Sucede algo? —Tú-tú dijiste… —¿Qué dije? —Yerno y eso —continua Cheong-san, inseguro de lo que escuchó. —Sí, ¿qué pasa con eso? Ninguno se atreve a responder, pues prefieren guardar silencio, aún sin apartar sus asombradas miradas de la mujer mayor. El problema es que ella tampoco dice otra cosa, dejándolos en un estado desprotegido. Entonces, Cheong-san decide aventurarse. —¿E-estás bien con eso? —¿Con qué? —La idea de… de que yo salga con, am, ¿un hombre? —Cheong-san, te guste quien te guste, sigues siendo mi hijo, sigues siendo tú y sigue siendo amor. El amor joven es el más lindo de todos. Si alguno de ustedes tiene la oportunidad de vivir uno así, no la desperdicien; es una experiencia realmente bonita y única en la vida. ¿Por qué te sorprende tanto? Oh —ella hace una pausa—, no me digan que ustedes sí tienen proble... —¡No! —la increíble coordinación entre Cheong-san y Su-hyeok al casi gritar su negativa debería ser premiada. —Ejem, o sea… tiene razón, señora Lee. O sea, pienso lo mismo que usted. Y tampoco es que sea asunto mío. O sea, cada quien con lo suyo, ¿no? —Su-hyeok es el primero en hablar entre sonrisas nerviosas y miradas que pretenden evadir o encontrar a Cheong-san; aún no está seguro. —Sí-sí, estoy de acuerdo con Su-hyeok. La mirada que ambos adolescentes finalmente comparten no pasa desapercibida para la mujer, pero no pretende presionar lo que no debe ser apurado. Cuando ella observa a Gyeong-su estar de acuerdo con su discurso, además de hacer un gesto de conocimiento sobre la situación del otro par, ella sonríe y guarda silencio al respecto. —¡Cariño, no encuentro el pedido de condimento! —grita el señor Lee desde la cocina, robando la atención de su esposa. —¡Está junto a la sal! —responde ella antes de dirigirse al trío de adolescentes—. Disfruten su comida. El silencio vuelve a reinar en el ambiente que los acoge; Gyeong-su devora sus porciones de pollo sin un poco de vergüenza mientras Cheong-san y Su-hyeok se mantienen en la misma rígida posición que los ayuda a evitar encontrar los ojos del otro. Por fortuna, el más alto de los tres parece tener problemas con desprender las partes de su alita de pollo. Cheong-san utiliza esto como excusa para tratar de aligerar la tensión entre ambos, pues estira sus manos hacia adelante y separa la porción en dos mitades más pequeñas que deposita sobre el plato de Su-hyeok. —Te será más fácil si giras ambos huesos en sentido contrario —Cheong-san decide comentar con un tono que busca ser desinteresado, aunque todavía no se permita enfrentar la mirada de su amigo. —Oh, ya veo —es la única respuesta que recibe—. Gracias. Es un alivio para los tres adolescentes reconocer este nuevo silencio como un acompañante menos incómodo, sin embargo, Gyeong-su aún no se siente satisfecho con los resultados. —Entonces —inicia Gyeong-su alargando las sílabas—, ¿cuándo planeas entregarle su regalo a Cheong-san? Ahí va de nuevo. Su-hyeok necesita desesperadamente beber un poco más de jugo después de casi ahogarse con una porción de pollo atrapada entre su garganta. En esta ocasión, es Cheong-san quien lo asiste, ofreciéndole la bebida mientras le da algunas palmaditas menos suaves sobre la espalda, y no le importa si eso significa tener que levantarse de su silla para alcanzar al otro. —¿Eso es un “nunca”? —pregunta Gyeong-su después de ver que la cara de Su-hyeok ha regresado a su color natural. —¿De qué regalo estás hablando? —¿Cómo que de cuál? El que te dio no sé quién para Cheong-san. —Ah, te refieres a eso —Su-hyeok parece aliviado al responder. —¿Hay más? —No, ¿por qué habría más? —No sé, tú dime. La mirada de Su-hyeok recae sobre el bolso que descansa junto a sus piernas. Lo único que debe hacer es entregar el paquete, descubrir lo qué piensa Cheong-san al respecto y terminar con esto, pero no se siente capaz. Dar un regalo de amor de otra persona a su amigo es extraño; su corazón no soporta la idea de pensar que puede convertirse en el puente que conecta a dos posibles amantes. Saber que, gracias a su buena labor, Cheong-san posiblemente inicie una relación amorosa con alguien, remueve algo dentro de su estómago, algo desagradable. Sin embargo, reconoce de mala gana que la decisión está fuera de sus manos. Él no tiene por qué negarse, aunque la idea de hacerlo le parezca tentadora. —Dame tu bolso —ordena Cheong-san cuando por fin tiene la fuerza para mirar a Su-hyeok. —¿Qué? —responde su amigo al regresar de golpe su atención sobre él. Sin intenciones de continuar con algo que puede alargarse hasta lo insufrible, Cheong-san decide levantarse de su silla, rodear la mesa y alcanzar el bolso de Su-hyeok sin solicitar ningún permiso. Al ponerlo sobre la mesa y extraer la caja de regalo adornada por un moño, regresa el bolso a su dueño. Después, desaparece por un breve instante de las vistas de sus amigos, perdiéndose dentro del local, y al regresar, sus manos están vacías. —Mañana debo regresarlos a su dueña, y si se quedan más tiempo dentro de tu bolso, se van a derretir —explica Cheong-san al ver la mirada confusa de Su-hyeok, la cual nunca dejó de seguirlo desde que abandonó su asiento, y regresa a su lugar junto a un, sospechosamente silencioso, Gyeong-su. Es curioso para Cheong-san descubrir que ninguno de sus amigos decide mencionar algo más al respecto, aunque lo agradece. Lo negativo de todo eso es que sus acciones parecen no tener el efecto deseado, pues la tensión permanece a su alrededor, y sabe que, de alguna u otra forma, ni Su-hyeok ni Gyeong-su tratarán de hacer algo para resolverlo. —Así que… no te importa que a un hombre le guste otro hombre ni que a una chica le guste otra chica —inicia con cautela mientras sus manos juegan a desmenuzar su presa de pollo. —No, no realmente —responde Su-hyeok con más entusiasmo de lo que hubiese querido, pero sin apartar su atención del pollo entre su plato—. Es decir… dudo que sea lo más importante, ¿sabes? —Entiendo. Cool —Cheong-san parece masticar sus próximas palabras antes de considerar que son adecuadas—. ¿Y si fuera tu caso? —¿A qué te refieres? Cheong-san duda de lo que quiere decir, como si se estuviese desatando una batalla de ideas dentro de su cabeza. Aun así, logra decidirse antes de responder—: Si a ti te gustara un hombre… ¿cómo sería? La expresión de Su-hyeok es desconocida para Cheong-san, mas no para Gyeong-su, quien sí puede ver la sorpresa bañar el rostro de su amigo. Luce como si nunca hubiese esperado una pregunta así, sin embargo, también luce libre de toda incomodidad, asco o molestia. Aun así, el tiempo que tarda en dar una respuesta es largo en exceso. Por poco logra que Cheong-san quiera desertar. —También estaría bien. El alma de Cheong-san regresa a su cuerpo al escuchar la tardía respuesta, pero se congela por las siguientes palabras de Su-hyeok. —¿Y si fuera tu caso? La misma pregunta, la misma intensidad, pero ¿las mismas intenciones? Cheong-san estaría encantado de conocer la respuesta. —También estaría bien —decide responder después de meditarlo durante un par de segundos, encontrándose con la mirada de Su-hyeok. —Genial. —Sí, genial. Gyeong-su sólo se pregunta a qué están jugando ese par de idiotas mientras él se siente igual que la tercera rueda de una bicicleta mal ensamblada a la cual ignoran como si no estuviese presente. Bueno, al menos tiene al pollo como deliciosa compañía. —Tengo algo para ustedes. No sólo Gyeong-su cree que la madre de Cheong-san es un ángel que ha venido a rescatarlos de su inquietante situación; los otros dos también agradecen su oportuna aparición. Ella sostiene dos pares de bolsas semitransparentes que brillan bajo la luz con tonalidades arcoíris, las cuales vienen adornadas con una etiqueta circular de color blanco atada a una delgada cinta roja que envuelve su apertura. Su contenido es dulce, aunque gracioso para los amigos de su hijo, mas ninguno hace comentarios fuera de lugar. —On-jo y Cheong-san me ayudaron a prepararlos la noche de ayer. Quedaron un par de bolsitas que no quisiera desperdiciar, así que me gustaría que los aceptaran. Dicho esto, la mujer deposita las cuatro bolsitas rellenas de chocolates caseros en medio de la mesa. La razón de la risa oculta que Gyeong-su y Su-hyeok deben aguantar es la forma que tienen los dulces frente a ellos. Por lo general, el chocolate que se prepara con el fin de venderse en San Valentín tiene formas románticas o simples, mas no lo que ellos están observando. Y Cheong-san parece darse cuenta de esto, pues los pies de ambos adolescentes son aplastados discretamente bajo la mesa por sus zapatos. —Muchas gracias, señora Lee —agradecen ellos después de calmar sus ganas de reír. La mujer les sonríe de vuelta y acaricia la cabeza de Su-hyeok mientras asiente hacia Gyeong-su. Al retirarse de regreso a la cocina, Gyeong-su es el primero en secuestrar dos de las bolsas arcoíris. Su-hyeok cree que las otras dos son para él, pero Cheong-san se adelanta y agarra una de ellas. Nadie menciona algo al respecto, y deciden terminar de comer antes de que se haga más tarde. De alguna forma, la aparición de la señora Lee con esas bolsitas llenas de chocolates caseros sirvió para aliviar gran parte de la tensión acumulada entre ellos, de este modo, el tiempo restante de su comida resulta ser más ameno. - × - —Su comida es realmente deliciosa, señora Lee —dice Su-hyeok en la entrada del restaurante—. Gracias por recibirnos hoy. —Está bien —responde ella, sonriente—. Tengan cuidado al regresar a casa, ¿sí? Tanto Su-hyeok como Gyeong-su asienten con sus cabezas para responder afirmativamente las indicaciones de la mujer. Cuando ella regresa el interior del local, el trío de amigos emprende un ligero andar hacia la parada de autobús más próxima. —Gallinas, ¿eh? Cheong-san sabe a qué se refiere Su-hyeok, quien camina junto a él sin guardar el más mínimo espacio entre ellos. No es que le resulte molesto, en realidad, está bastante cómodo con el contacto que mantienen, aun si sólo están caminando. —On-jo pensó que sería una buena idea para promocionar el restaurante y a mis padres les pareció bien, así que compraron moldes con formas de gallinas y mandaron a imprimir algunas etiquetas con el nombre del restaurante. Su-hyeok mueve su cabeza como si le estuviese diciendo “Entiendo”. A pocos metros de la parada de autobús al otro lado de la calle, Gyeong-su rodea el cuerpo de su amigo en un fraternal abrazo, le da un par de palmadas sobre la espalda y se aleja sonriente de él, feliz con sus bolsitas de chocolate con forma de gallina entre una de sus manos. Es el primero en cruzar la calle para esperar la llegada de su transporte, esto deja al par de idiotas relativamente solos, y cuando Cheong-san se detiene, Su-hyeok se para frente a él. Están cerca el uno al otro, pero se sienten alejados. —Entonces —inicia Su-hyeok, vacilante—, supongo que nos veremos mañana, ¿no? —Sí, por supuesto… —Genial. —Sí, genial. De nuevo, el silencio los consume, pero Su-hyeok es quien piensa dar el primer paso en esta ocasión, aunque Cheong-san no se lo permite por quincuagésima vez en el día; el adolescente más bajo extiende su mano hacia el cuerpo de su amigo, revelando la bolsita arcoíris que había tomado en el restaurante. —On-jo y yo comimos mucho chocolate mientras los hacíamos, así que no tengo ganas de comer más —explica con sus ojos puestos en el rostro de Su-hyeok—. Creo que estos son los únicos chocolates que aceptaste el día de hoy, ¿no? Cheong-san trata de parecer jovial al respecto, pero los nervios que parecen querer comérselo vivo no le ofrecen tregua alguna, Su-hyeok puede verlo. Mas la respuesta tardía de éste provoca un gran arrepentimiento en el más bajo. ¿Y si Su-hyeok no entiende lo que quiere decir? ¿Y si se apresuró con esto? Haberse motivado por una simple charla mientras comían pollo ahora le parece una idea absurda, pero no puede retroceder cuando su jugada está hecha, o quizá sí. Al pensar en los resultados más desastrosos, Cheong-san aleja la mano que sostiene la bolsita, listo para soltar cualquier broma estúpida que los haga olvidar este patético intento de lo que sea, pero la gran mano acaramelada de Su-hyeok rodeando su propia muñeca lo detiene. —Tienes razón. De hecho, estos son los únicos chocolates que quiero aceptar en un día como hoy. Las palabras se deslizan fuera de sus labios como una dulce melodía que calienta el pecho de Cheong-san, mas la sonrisa de Su-hyeok es el complemento perfecto para acelerar el latir de su corazón. Ambos adolescentes se regalan sonrisas tímidas que se pierden bajo el sonrojo de sus mejillas. —Nos vemos mañana. —Por supuesto —repiten sin la misma rigidez. Aunque tratan de imitar el gesto amistoso que tuvo Gyeong-su con Cheong-san, su abrazo se queda en algo extraño que provoca un picor sin nombre dentro de sus corazones. Sin embargo, Su-hyeok no se permite desperdiciar la oportunidad de apretar el cuerpo de su amigo contra el suyo, aprovechando la cercanía para depositar la marca fugaz de un beso sobre la coronilla de Cheong-san, y éste parece darse cuenta, pero decide permanecer en silencio; la cercanía le permite escuchar el desenfrenado ritmo que marca el corazón de Su-hyeok, uno no muy diferente al suyo. Por otro lado, el devorador de chocolate y pollo observa la escena, con orgullo marcado en su rostro, desde la parada de autobús. Piensa en lo innecesario que sería mencionarles a sus amigos que la chica enamorada de Cheong-san se aceró a él primero, pero la rechazó diciéndole que Su-hyeok era el más indicado para esa tarea. Incluso le ofreció indicaciones para evitar que su objetivo escapara. —Aparte de guapo, eres el mejor amigo de todos los tiempos. ¿No te cansas de ser tan perfecto, gran Han Gyeong-su? —se dice a sí mismo sin apartar sus ojos de la cursi escena.
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