ID de la obra: 579

Pollo de Chocolate Amargo

Slash
G
Finalizada
0
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20 páginas, 10.851 palabras, 3 capítulos
Descripción:
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Dos

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—Los veo en la cafetería —les dice Su-hyeok después de abandonar su asiento. Todos aceptan sin preguntar, ocupados con sus propios asuntos, excepto Cheong-san, pero se ve obligado a tragarse la curiosidad, puesto que Su-hyeok sale del lugar antes de que tenga tiempo de decir cualquier cosa. —Parece que Bare-su tendrá un día ocupado. Cheong-san desconoce la mirada que le está ofreciendo a su mejor amigo, pero supone que no es buena el observar la sorpresa brillar en el rostro ajeno. Para su mala suerte, Gyeong-su no tiene tiempo de hablar, pues es interrumpido por un pequeño cuerpo que pasa junto a ellos y empuja a Cheong-san en el proceso. Este acontecimiento lo hace llegar a una contundente conclusión; On-jo parece más enojada cada vez que pone su atención en ella. Una vez han llegado a la cafetería y abandonado la fila para recibir su comida, cada integrante del grupo empieza a sentarse en una de las tantas mesas dentro del lugar, y sin tiempo para esperar, sus habituales conversaciones de temas triviales como eje principal dan inicio. Aunque han entrado en confianza con facilidad, el único incapaz de prestar atención a las palabras de sus amigos es Cheong-san. En su lugar, parece empeñado en mantener su atención sobre una de las entradas de la cafetería como si su vida dependiera de quién entra y quién no. Gyeong-su parece darse cuenta, pero, por algún motivo, decide no mencionarlo. Un par de minutos después, excesivamente largos si le preguntan a Cheong-san, la calidez de una gran mano se extiende por su hombro derecho y las miradas de las personas sentadas alrededor de la mesa se dirigen al dueño de dicha mano. —Eso fue rápido —menciona Gyeong-su mientras Su-hyeok se sienta entre él y Cheong-san. —¿Por qué no lo sería? —interroga Su-hyeok una vez está cómodo en su lugar; una mano sobre la mesa, junto a la bandeja llena de comida, la otra aún puesta sobre la espalda de Cheong-san. Los ojos de este último están puestos sobre Su-hyeok en busca de algo que ni siquiera él conoce. Incluso siente la necesidad de acercarse un poco más hacia el cuerpo de su amigo con el propósito de olfatear algo diferente a su aroma natural; chocolate, por ejemplo. Eso en caso de que, si hubo alguna propuesta que Su-hyeok aceptó, ésta no terminara en su bolso antes que en su boca. En momentos así, Cheong-san desearía tener el buen olfato de Na-yeon. —¿Qué pasa? —pregunta Su-hyeok al darse cuenta de la excesiva atención que Cheong-san tiene puesta sobre él. —No hueles a chocolate —responde con extrañeza asomándose en el extremo de su oración, quizás un poco de alivio también, pero no llega a reconocerlo. —¿Por qué lo haría? —Es el turno de Su-hyeok de sentirse confundido. —Entonces, ¿no aceptaste ni uno solo? —interroga un muy sorprendido Gyeong-su, como si no pudiese creer que algo así sea posible—. Pensé que llegarías repleto. —Stop, stop. ¿Qué está pasando? —Dae-su recalca su presencia en la mesa. —Qué no está pasando. Hoy, en la clase de la profesora Park, nuestro pobre Cheong-san fue utilizado como mensajero por todas nuestras compañeras que querían, desesperadamente, reunirse con Bare-su para entregarle sus senti... ¡Auch! Gyeong-su es silenciado de un codazo en sus costillas proveniente de Su-hyeok. —Ya cállate, ¿quieres? —No tienes porqué avergonzarte, Su-hyeokie. Dicho esto, una inocente pelea de manotazos y codazos entre Su-hyeok y Gyeong-su se desata, sirviendo de entretenimiento para sus amigos. De algún modo, eso aligera la carga sobre los hombros de Cheong-san, una que ni siquiera sabía que llevaba encima. Pero en el momento que su atención se desvía momentáneamente hacia otro lugar, la preocupación regresa para molestarlo; On-jo ha entrado a la cafetería en compañía de I-sak. Ya no parece enojada, en su lugar, luce decepcionada, con sus hombros caídos y una expresión poco agradable. Esto hace que Cheong-san se pregunte qué estará pasando con su mejor amiga el día de hoy, y antes de que pueda preguntárselo, Dae-su habla. —¿On-jo aún no te ha dado chocolates? ¿Es por eso que pareces desanimado? La batalla junto a él se detiene, los ojos de sus amigos regresan a él, y Cheong-san no podría sentirse más confundido. Quizá por eso se le ocurre preguntar—: ¿Me hablas a mí? —¿A quién más? ¿Bare-su? —responde Dae-su como si la sola idea fuese absurda. —¿Por qué lo haría? Curiosamente, quien pregunta no es Cheong-san, sino Su-hyeok. No obstante, el adolescente más bajo entre los dos parece estar de acuerdo con su interrogante. Aun así, ninguno de sus amigos se atreve a responder, dejando a los dos idiotas confundidos y preguntándose qué saben ellos que Su-hyeok y Cheong-san no. Incluso Gyeong-su parece estar involucrado, pero está de acuerdo con el resto y deja el tema en el olvido. Todos se preguntan si sus amigos son así de idiotas o sólo fingen que lo son. Definitivamente son así de idiotas. En cualquier caso, lo que resta de su tiempo libre en la cafetería se diluye entre conversaciones triviales y bromas sin gracia, tan comunes entre ellos, tan agradables e invaluables hasta el punto de permanecer en sus memorias durante mucho tiempo. Otra cosa que permanece impresa en ellos son las marcas dejadas por sus amigos gracias a las “inocentes” peleas físicas que suelen desatarse por razones que, muchas veces, son consideradas irracionales. Sin embargo, Cheong-san cree que, justo ahora, lo que más quema sobre su piel es el constante contacto físico de Su-hyeok sobre él. Puede que se esté equivocando, pero existen ocasiones de tranquilidad mental que le permiten detallar su entorno sin mayores obstáculos hasta el punto de hacerlo consciente de muchas cosas, por ejemplo, la manía que tiene Su-hyeok por tocar la cintura de Cheong-san siempre que la oportunidad se presenta. Cuando no puede hacerlo, se asegura de rodear los hombros del más bajo. En realidad, sólo pensó en eso cuando On-jo le preguntó por su relación con el más alto y I-sak le comentó lo inusual que le parecía ver a Su-hyeok tocar a Cheong-san mucho más que al resto de sus amigos. Aunque, si es honesto consigo mismo, Cheong-san nunca ha considerado que el comportamiento de Su-hyeok con él sea anormal; desde el primer momento, poco después de separarlo de Myeong-hwan y sus secuaces, Su-hyeok mostró una actitud amigable, con facilidad para socializar y alegrar el ambiente, siendo cariñoso con sus allegados más íntimos, no especialmente con Cheong-san. Él supone que Su-hyeok se siente agradecido y cómodo. Sin embargo, si bien es cierto que, si se esfuerza un poco, puede notar la diferencia entre el trato que recibe de Su-hyeok al trato que reciben sus amigos, pero aún no logra entender qué es esa diferencia. Entonces, ¿por qué no preguntar? Cheong-san no lo admite, pero teme provocar una reacción negativa en Su-hyeok y lograr que éste aparte sus manos de él. Después de todo, las cosas están bien así, ¿por qué molestarse? Los amigos cercanos suelen ser así; Su-hyeok gusta de tocar afectivamente a sus amigos, y ellos están cómodos con eso. —¿Cheong-san? La mano de Woo-jin agitándose frente a sus ojos sacan al adolescente de sus pensamientos. —¿Qué? Las miradas de sus amigos están puestas sobre él, pero la más inquietante es la de Su-hyeok, quien lo observa con el entrecejo ligeramente fruncido, como si estuviera preocupado por algo que Cheong-san desconoce. Y antes de que cualquiera pueda comentar algo al respecto, el sonido de una poderosa vibración se roba su atención; es la alarma de Su-hyeok que le recuerda su entrenamiento de baloncesto. —Mierda, el entrenador me va a matar. Como es costumbre ya, su bandeja de comida, ahora vacía, es agarrada por Cheong-san y puesta sobre la propia con la promesa tácita de ser él quien haga fila para regresar ambas bandejas. Su-hyeok le agradece apretando su hombro y sale a toda velocidad de la cafetería, rumbo al gimnasio. Curiosamente, cuando Gyeong-su trata de colocar su bandeja sobre las otras dos que tiene Cheong-san, éste se aparta con toda naturalidad para dirigirse a la fila de estudiantes, ignorando por completo las acciones de su mejor amigo y la súplica silenciosa en su rostro. Para fortuna de Cheong-san, On-jo está en buena posición dentro de la fila junto a I-sak, por lo que, haciendo uso de su ventaja sobre ella por el día de hoy, se acerca al par de amigas y deja caer ambas bandejas sobre la que sostiene su mejor amiga. Su sonrisa es amplia, contraria a la mueca molesta de On-jo. —Entrega eso por mí y Bare-su. Cheong-san ignora por completo el cambio de expresión en su mejor amiga cuando menciona aquello, mas supone que, después de tanto esfuerzo, ella se ha cansado de permanecer enojada con él todo el día. Dispuesto a salir de la cafetería en la misma dirección que Su-hyeok, pues ambos tienen entrenamiento de baloncesto, aunque Cheong-san es más prescindible que Su-hyeok, el más bajo de los dos inicia un andar relajado; ambas manos dentro de sus bolsillos, silbidos que suenan casualmente y una sutil sonrisa que ilumina su joven rostro. La situación actual es que, aparentemente, el destino se divierte con la incomodidad de Cheong-san; un segundo después de que la suela de su zapato toca el pavimento del camino fuera de la cafetería, la imagen de Su-hyeok, quien se supone estaba apresurado, sosteniendo una pequeña caja rectangular de color rojo entre sus manos, mientras una desconocida señorita huye lejos de él, es lo primero que captan sus ojos. El cerebro de Cheong-san ignora por completo la expresión confundida dibujada en el rostro de su amigo, una que pasa a verse fastidiada en menos de un segundo. En este momento, lo único dentro de su mira es la pequeña caja adornada por un gran moño del mismo color en la parte superior que es sostenida por las manos de Su-hyeok. En pocas palabras, Su-hyeok no la rechazó; aceptó ese regalo, la aceptó a ella, aceptó sus sentimientos. Cheong-san retrocede varios pasos atrás en el momento que Su-hyeok se da la vuelta en su dirección, y no entiende por qué lo hace, no entiendo por qué no desea que Su-hyeok sepa lo que presenció ni porqué la zona de su pecho se siente extraña, como si un gran objeto pesado la estuviese aplastando mientras un gigantesco cactus se frota contra él. Es desagradable. Tan perdido dentro de su incómoda extrañeza, Cheong-san ignora el llamado de su mejor amigo, da media vuelta y sale de la cafetería por otro lado sin que le importe si eso significa caminar más para llegar al gimnasio. -×- De acuerdo, quizás está siendo un poco (bastante) inmaduro, pero no pretende disculparse; Cheong-san se niega a hablar con Su-hyeok más de lo estrictamente necesario durante la práctica. Incluso en los casilleros, al finalizar el entretenimiento, Cheong-san es el primero en apresurarse para salir antes que todos los demás, y así no verse obligado a compartir tiempo con el resto del equipo, incluyendo a Su-hyeok. Y de no ser por su responsabilidad con el salón de artes, él hubiese tratado de escapar justo al finalizar su día escolar, porque no se cree capaz de fingir frente a Su-hyeok, de aparentar que no… le importa. El propio Cheong-san no entiende su comportamiento, tampoco quiere hacerlo. De alguna manera, considera que su conclusión es la respuesta a todo lo que está pasando dentro de su cabeza, por eso se niega a indagar más en algo que ya tiene respuesta; Cheong-san está molesto con Su-hyeok por no contarle que aceptó la propuesta de alguien, ¡ni siquiera le compartió un poco de ese chocolate cuando Cheong-san se quedó un poco más en la cafetería para entregar la bandeja de Su-hyeok y que éste no fuese regañado por el entrenador! Así es, el desagradable hormigueo presente dentro del pecho de Cheong-san es el resultado de haber sido despreciado por Su-hyeok, quien, en lugar de aprovechar el valioso tiempo de su amigo, lo desperdició aceptando una estúpida propuesta. Y, para empezar, ¿desde cuándo a Su-hyeok le gusta ella? Cheong-san ni siquiera sabe quién es. —La vas a desgastar si sigues así, Cheong-san. La reprimenda suave de Gyeong-su absorbe toda su atención. —¿De qué hablas? —¿Cómo que de qué hablo? Amigo, has estado limpiando la misma ventana por casi quince minutos. No, ni siquiera la ventana completa; sólo un pedazo del cristal. Su mejor amigo tiene razón, y Cheong-san lo reconoce cuando es consciente del movimiento repetitivo que su mano derecha, la encargada de realizar dicha tarea, aún mantiene. Así que se detiene de inmediato, dispuesto a retomar su labor, esta vez como debería ser, pero Gyeong-su no se lo permite. —No, no, no, no, no. Primero dime qué está pasando. —¿De qué hablas? —repite Cheong-san. Los ojos de Gyeong-su ruedan hacia atrás como un gesto de evidente fastidio, mas no se le permite seguir interrogando a su estúpido mejor amigo, porque el ruido de la puerta del salón siendo deslizada con fuerza se roba la atención de todos los estudiantes presentes. —¡Siento llegar tarde! —expresa Su-hyeok viéndose agitado y genuinamente arrepentido de no cumplir con su responsabilidad a la hora requerida—. Prometo que no sucederá otra vez. Dicho esto, ofrece una reverencia a todos sus compañeros de clase, logrando acaparar toda la atención, incluida la que debería caer en el pequeño cuerpo de hombros decaídos y aburrida expresión que pasa junto a él e ingresa silenciosamente al salón. Si Cheong-san hubiese visto la escena, habría reconocido a On-jo, pero al haber apartado la vista de la entrada en el momento que supo que era Su-hyeok quien había llegado, no pudo hacerlo. —¿Por qué viniste? Ya casi vamos a terminar —sentencia una de sus compañeras. —Lo siento mucho —repite Su-hyeok con una segunda reverencia. —Como sea, ve y termina de limpiar las ventanas junto a Cheong-san. El idiota ni siquiera ha podido con uno de los cristales —indica Woo-jin lanzándole un paño húmedo. El nombrado carraspea incómodo, mas no se gira ni defiende, sólo sigue con su tarea asignada, esta vez con intención de hacerla bien. Cheong-san escucha a Su-hyeok responder con un suave “Gracias” antes de sentir la presencia del otro cerca de su propio cuerpo mientras el resto de estudiantes retoman sus correspondientes labores. Entre ambos adolescentes se instala un extraño silencio, ya que Gyeong-su ha decidido apartarse por razones que sólo él y los cielos conocen. Su-hyeok tiene la firme intención de hablar con su amigo; es idiota, pero no tanto. Desde su entrenamiento de baloncesto, pudo notar el extraño cambio de comportamiento en el más bajo, y sabe, o sospecha, que está involucrado de alguna forma, aunque no sabe cómo ni porqué. Es decir, en la cafetería todo parecía ir bien, pero de un momento a otro, Cheong-san empezó a actuar diferente, más distante y silencioso, ni siquiera permitiendo que Su-hyeok lo abrazara en su habitual saludo cuando llegó al gimnasio. —¿Sabían bien? —pregunta Cheong-san. —¿Qué? —responde Su-hyeok después de varios segundos. —¿Sabían bien? —repite Cheong-san sin mirarlo, aún con sus ojos puestos sobre el paño húmedo entre los dedos de su mano derecha que utiliza para, supuestamente, limpiar el cristal de la ventana. —¿A qué te refieres? Su-hyeok desconoce si se siente confundido por la pregunta de Cheong-san, por su comportamiento o por el hecho de que se niega a mirarlo y prefiere observar ese maldito paño como si su vida dependiera de ello. —Los chocolates —responde Cheong-san después de casi dos minutos, aún sin enfrentar a Su-hyeok—, los que aceptaste fuera de la cafetería. Cheong-san hizo su mayor esfuerzo por parecer neutral al respecto, aunque no pudo evitar el ligero fruncir de cejas que todavía permanece en su rostro. Para su buena —o mala— suerte, Su-hyeok parece prestar más atención a sus palabras que a su lenguaje corporal; éste se ve a sí mismo perdido dentro de sus pensamientos en medio de un análisis de las palabras dichas por su pequeño amigo de sedoso cabello castaño. —¿En serio lo hizo? —pregunta un entrometido e incrédulo Gyeong-su, quien parece que sólo fingió retomar su tarea para darle espacio al par de idiotas. —Sí... —¡No! —corrige Su-hyeok con la frustración mojando su grito involuntario que llama las miradas de todos los presentes. Con la repentina atención de sus compañeros puesta sobre él, Su-hyeok se siente un poco avergonzado y, silenciosamente, se disculpa con una segunda reverencia. Es hasta que sus compañeros lo vuelven a ignorar que Su-hyeok se regresa para mirar a Cheong-san e ignorar al entrometido de Gyeong-su. —Cheong-san. El nombrado traga saliva de forma inconsciente; su nombre entre los labios de Su-hyeok siempre se ha escuchado diferente, pero hoy… suena todavía más distinto. Hay una gran diferencia entre el llamado de Su-hyeok y el llamado de personas como Gyeong-su, On-jo, incluso su madre. De alguna manera, le gustaría seguir escuchando su nombre salir de los labios de su amigo durante mucho tiempo; sabe que no podría cansarse, sabe que no puede ignorarlo, sabe que no quiere dejar de escucharlo. —¿Qué? —Los chocolates... —Está bien —interrumpe el adolescente más bajo—. Sólo tenía curiosidad al respecto. Quiero decir, hubiese sido bueno probar un poco de esos chocolates, ¿sabes? Pero entiendo que no... —No eran para mí. La cabeza de Cheong-san gira tan rápido que le provoca un ligero dolor en el cuello. —¿Qué? Su-hyeok parece pensarlo antes de hablar, como si no estuviese seguro que lo debe o quiere (no) decir. —Los chocolates… no eran... No son para mí —corrige—. Ella quería que se los entregara a otra persona —continúa antes de permitir que Cheong-san haga más preguntas. El silencio entre los dos es el siguiente ingrediente que decide involucrarse en su ensalada de extraña confusión. Cheong-san parece pensar en algo, todavía sin entender la lógica del asunto; Su-hyeok simplemente se niega a continuar con la conversación, pues teme llegar al punto que ha querido evitar durante todo el día. El verdadero “dueño” de la dichosa caja es Cheong-san. Si mal no recuerda las apresuradas palabras de su compañera, dichas entre movimientos nerviosos, la caja está dentro de su mochila, porque él parece la persona más cercana a Cheong-san después de Gyeong-su y On-jo, y el más fácil de atrapar sin otras personas a su alrededor. Al parecer, la chica estaba tan avergonzada que no se creyó capaz de hablar con Cheong-san cara a cara, por lo que aprovechó la prisa de Su-hyeok para entregarle la caja y salir corriendo antes de permitirle decir o hacer cualquier cosa. —Ah, ya veo —Cheong-san es quien decide romper el incómodo silencio—. Entonces... supongo que ya los entregaste. En realidad, Cheong-san no tenía la intención de agregar más palabras, pero su lengua siempre ha sido más rápida que su razón. Lo más curioso es que, esas palabras dichas sin pensar, se transforman en la condena de Su-hyeok; no, el paquete no ha sido entregado, porque no quiere entregarlo. Cuando Su-hyeok piensa en hacerlo, hay algo dentro de su pecho que pica. La sola idea de acercarse a su amigo para ofrecerle el regalo de otra persona con evidentes intenciones románticas lo incomoda, y no sabe por qué, o sólo finge no saberlo. Él tuvo la intención de cumplir con su mandato al finalizar la práctica de baloncesto, pues era uno de esos pocos momentos que compartía a solas con Cheong-san, pero su cuerpo se negó a responder cuando la práctica terminó. Después de eso, cada intento se quedó en pensamientos; cuando tenía la oportunidad, su pecho ardía y su mente se quedaba en blanco. Por algún motivo, parecía no querer entregar el regalo, parecía no estar dispuesto a descubrir la respuesta de Cheong-san cuando la caja estuviese frente a sus ojos. —Claro… —Genial. Su-hyeok cree que la conversación ha terminado, que se ha salvado de continuar con algo que prefiere evitar, pero la vida no parece dejarlo tranquilo. —¿Y para quién era? —preguntan Dae-su y Gyeong-su al unísono, robándose la atención de los dos adolescentes que, al parecer, nunca terminaran de limpiar la ventana del salón de artes. Su-hyeok planea ignorarlos, regresar a su labor y salir más pronto que tarde, pero Cheong-san no se lo permite. Al parecer, esta motivado por la curiosidad de sus amigos. —Es cierto. ¿Por qué dártelos a ti en lugar de entregarlos directamente? —¿Y eso qué importa? —¿Cómo que qué importa? Si te lo entregó para que se lo entregaras a esa persona, significa que ese alguien es cercano a ti, ¿no? —menciona Gyeong-su, y Dae-su asiente de acuerdo. —¿Por qué no quieres…? —Dae-su se detiene antes de terminar su pregunta, como si le hubiese llegado de una revelación—. Ya entiendo ¡Ese regalo era para Gwi-nam! —¿Qué? ¡No! ¿Quién querría a ese imbécil?  Eran para Cheong-san —dice Su-hyeok sin pensar. Los tres pares de ojos regresan a él, pero Su-hyeok sólo es consciente de la mirada sorprendida que Cheong-san le está dando e ignora por completo las miradas cómplices que Gyeong-su y Dae-su se lanzan entre sí detrás de ellos, junto a Woo-jin y Joon-Yeong. Afortunadamente, nadie continúa con las preguntas. Nadie pregunta por qué no ha entregado el regalo, tampoco interrogan si él lo regresó o no. Nadie habla, ni siquiera Cheong-san. Después de esa pequeña —gran— revelación, cada estudiante continua con su respectiva responsabilidad dentro del salón. Poco o nada les falta para terminar de limpiar y así poder regresar a sus hogares. Los primeros en marcharse son Woo-jin y Dae-su, quienes observan a Gyeong-su de una manera extraña que Cheong-san y Su-hyeok ignoran. Un par de estudiantes más los siguen poco después y minutos más tarde, los únicos dentro del lugar son el trío cercano de amigos. Cheong-san no sabe en qué momento se fue On-jo, tampoco recuerda cuánto tiempo estuvo ella limpiando; su intención era invitarla a comer pollo en el restaurante de sus padres como de costumbre. —Bare-su, ven a comer pollo con nosotros. La madre de Cheong-san hace el mejor pollo de toda Corea. Gyeong-su se roba la atención de sus dos amigos restantes; Su-hyeok está terminando de guardar las últimas cajas de pintura mientras Cheong-san termina de limpiar la mesa de maestros. El nombrado dirige su mirada hacia este último, pero no es correspondido, y antes de permitirle negarse o inventar cualquier excusa, Gyeong-su vuelve a intervenir. —No seas tímido, Su-hyeokie. ¿Desde cuándo lo eres? Hay un descuento especial para amigos y familiares, especialmente hoy. Vamos, vamos, está decidido. Hoy vas a probar el mejor pollo del mundo. Los otros dos acceden en silencio a continuar con los planes de su amigo, todavía sin mirarse mutuamente. Cheong-san agradece a los cielos que su mejor amigo sea la personificación de la diversión, pues les ha servido como ingrediente dulce para aligerar la tensión instalada entre él y Su-hyeok con sus bromas sinsentido, gestos absurdos y anécdotas divertidas. En algún punto, Cheong-san y Su-hyeok se encuentran haciendo equipo para perseguir a Gyeong-su por una boba competencia de quién era el más atractivo de los tres. Su-hyeok sabe que es Cheong-san. Cheong-san sabe que es Su-hyeok. Ninguno lo menciona.
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