Jardín de los Recuerdos Olvidados

Het
R
En progreso
1
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 276 páginas, 92.685 palabras, 13 capítulos
Descripción:
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Capítulo 13

Ajustes
"La muerte no nos roba a los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente." — François Mauriac Chilli estaba en la cocina, descalza, con la ventana entreabierta para dejar entrar el aire fresco de la mañana. Había decidido preparar café. Sostenía la taza entre las patas cuando su teléfono vibró sobre la encimera. No era raro que Trixie llamara a esas horas, pero algo en el zumbido insistente hizo que el corazón de Chilli se acelerara antes de que siquiera mirara la pantalla. Trixie. El vapor del agua le empañó la vista por un segundo. "Hola, Trix…" dijo, intentando sonar normal. Del otro lado no hubo respuesta inmediata. Solo respiración. Irregular. Entre cortada. "Chilli…" Susurró la voz, rota. "Chilli, yo…" "El monitor empezó a…" Trixie inhaló con fuerza. "Empezó a pitar muy fuerte. No como antes. Era… Los doctores corrieron. Yo estaba ahí, podía sentir el frío del piso a través de mis patas… y… y yo… desperté" El agua de la tetera comenzó a hervir con más fuerza. Un burbujeo agresivo. "Trixie, dime" Pidió Chilli, sin darse cuenta de que ya estaba apretando la taza con demasiada fuerza. "Stripe…" La voz se quebró por completo. "Stripe murió." La palabra no entró de inmediato. Murió. Chilli soltó la taza. El líquido caliente se derramó sobre la encimera, goteando hasta el suelo. No sintió el calor. No sintió nada. Sus patas quedaron inmóviles, su cuerpo entero congelado, como si alguien hubiera presionado pausa. Murió. El pitido de la tetera seguía sonando. Agudo. Insistente. Como un monitor cardíaco. Chilli se apoyó en la encimera para no caer. "Lo siento…" Murmuró, sin saber por qué. "Lo siento tanto…" No supo cuánto tiempo pasó antes de colgar. Cuando lo hizo, la cocina ya no parecía su cocina. Todo era demasiado silencioso. Demasiado quieto. Giró lentamente. Bandit estaba en la sala, sentado en el sillón, revisando una de sus libretas. Tenía el ceño fruncido, concentrado, como si cada palabra que escribía fuera una batalla ganada. Chilli dio un paso. Luego otro. "Bandit…" dijo, pero su voz no sonó como suya. Él levantó la cabeza. "¿Sí, amor?" Chilli caminó hacia él, pero cuando estuvo frente a frente, las palabras se atascaron en su garganta. Lo miró. Lo miró como si nunca lo hubiera visto antes. Como si quisiera memorizarlo. "Bandit…" Repitió, y ahora sí su voz tembló. "¿Qué pasa?" Preguntó él, levantándose lentamente. "¿Se te quemó el té?" Ella negó con la cabeza. "No es eso… Si se me quemó, pero eso no es lo que te quiero decir." Bandit ladeó la cabeza, confundido. "Entonces… ¿Qué?" Chilli tragó saliva. "Es… es Stripe." Bandit parpadeó. "¿Stripe?" Repitió. "¿Mi hermano?" Esepequeñole rompió algo dentro. Parecía un niño a veces. "Sí" Susurró ella. "Stripe." Bandit sonrió un poco. "¿Qué hizo ahora? ¿Volvió a emborracharse? Pensé que había dicho que ya no iba a tomar." Chilli cerró los ojos. "Bandit…" Dijo, y esta vez, su voz se quebró por completo. "Stripe tuvo un accidente. Estaba en el hospital." Bandit frunció el ceño. "¿Hospital?" Repitió. "¿Por qué no me dijiste?" "Porque…" Chilli respiró hondo. "Porque estabas en tus exámenes. Porque pensé que era mejor esperar." Mentirle a Bandit cada vez se iba a hacer más cotidiano. Y acostarse era… lo peor que tenía que hacer. Él asintió lentamente. "Ah. Tiene sentido. Por culpa del alzheimer no puedo…" Bandit hizo un pequeña pausa para pensar. "¿Segura que no me dijiste? Estás diciendo eso simplemente porque me olvidé. Si me olvidé, dime. No es tu culpa que el alzheimer…” "¡Bandit, no es eso!" Exclamó Chilli, mirandolo seriamente. “Entonces, ¿Que pasa con Stripe? Ella lo miró, buscando algo en su expresión. Confusión. Negación. Algo. "Stripe murió." El silencio cayó como una losa. Bandit parpadeó. "¿Murió?" Repitió, probando la palabra. "¿Qué quieres decir con… murió?" Chilli se acercó y le tomó las patas. "Que ya no… ya no está." Bandit la miró fijamente, como si esperara que ella se riera y dijera que era una broma. "Pero…" Dijo lentamente. "Stripe no muere. Stripe siempre llega tarde, siempre quema la comida, siempre se ríe demasiado fuerte…" Y entonces, sin querer, algo se abrió en la mente de Chilli. Un recuerdo. Una cena familiar. No hacía mucho. Stripe estaba de pie junto a la mesa, sosteniendo un plato de pastel. "Bandit, si olvidas el postre, te juro que me ofendo" Había dicho, sonriendo. "Porque eso ya no sería Alzheimer, sería crimen." Bandit había rodado los ojos. "Anótalo en mi libreta:no olvidar el pastel o Stripe me demanda." Todos habían reído. Bandit bajó la mirada. Aguantando las ganas de llorar. "¿Cuándo fue la última vez que hablé con él?" preguntó de pronto. Chilli no respondió. "Chilli…" insistió. "¿Cuándo fue?" Ella apretó sus patas. "No lo sé." Eso lo desarmó. Bandit se sentó lentamente. "¿Fui yo un buen hermano?" preguntó, casi en un susurro. Chilli se arrodilló frente a él. "Fuiste el mejor." Él negó con la cabeza. "Pero si no lo recuerdo… ¿cómo puedo estar seguro?" Las lágrimas comenzaron a caerle sin aviso. "¿Y si ya lo olvidé, Chilli? ¿Y si ya lo olvidé y no me di cuenta?" Ella lo abrazó con fuerza. "No lo olvidaste" dijo. "Lo llevas aquí." Le tocó el pecho. Bandit se aferró a ella como si fuera lo único real. "Tenemos que ir con Trixie" dijo Chilli, cuando pudo respirar de nuevo. "Ahora." Bandit asintió, aturdido. "Sí… sí, claro." Se levantaron lentamente. Chilli tomó su bolso. Bandit buscó sus llaves. "¿A dónde vamos?" preguntó él. Chilli se detuvo un segundo. "A casa de Trixie." "Ah." Pausa. "¿Por qué?" Ella lo miró. "Porque nos necesita." Bandit asintió, aunque no parecía entender del todo. Mientras salían, Chilli miró la taza rota en el suelo. Nada iba a volver a ser igual. Y ambos lo sabían. El hospital estaba en silencio. No un silencio real, las máquinas seguían pitando, los pasos de los enfermeros resonaban en el pasillo, alguien tosía detrás de una puerta cerrada, sino ese tipo de silencio que se instala dentro del pecho cuando algo se rompe para siempre. Trixie estaba sentada al borde de la camilla. No recordaba cuánto tiempo llevaba ahí. Stripe estaba frente a ella, inmóvil, con la piel cubierta por una sábana blanca hasta el pecho. Su rostro estaba limpio, al menos ya no tenía sangre en el. Estaba tranquilo, casi como si estuviera dormido después de un día agotador. Tenía esa misma expresión relajada que ponía cuando se quedaba dormido en el sillón, con la televisión encendida y una taza de café olvidada sobre la mesa. Trixie no podía dejar de mirarlo. Como si, si lo miraba lo suficiente, él fuera a abrir los ojos. Como si fuera una broma cruel. Como si en cualquier momento fuera a decirle:“Ey, ¿por qué lloras así? ¿Qué pasó?” Tenía una pata apoyada sobre su pecho, sintiendo… nada. Nada. Y eso era lo peor. "Stripe…" Susurró. Su voz sonó pequeña. Se inclinó lentamente sobre él, apoyando la frente contra la suya. Su cuerpo temblaba. No era un llanto escandaloso. Era un llanto silencioso, profundo, como si cada sollozo le arrancara algo desde adentro. "No me hagas esto…" Murmuró. "No me dejes sola…" Le besó la frente con delicadeza, como lo hacía cada mañana antes de que él se fuera a trabajar. "Te amo," Susurró. "Siempre te voy a amar." Las palabras se quedaron suspendidas en el aire, sin respuesta. Los paramédicos esperaban a unos pasos de distancia, respetuosos, con las manos cruzadas al frente. Uno de ellos carraspeó suavemente. "Señora…" Dijo con cuidado. "Tenemos que…" Trixie negó con la cabeza. "Solo un segundo más," Pidió. Se aferró a Stripe, rodeándolo con ambos brazos, como si pudiera sujetarlo al mundo con pura voluntad. "Prometiste que íbamos a envejecer juntos," Susurró. "Prometiste que íbamos a ver a las niñas crecer…" Su voz se quebró por completo. "Prometiste…" No pudo seguir. Lo besó una última vez en la frente. Luego, lentamente, se apartó. Uno de los paramédicos se acercó y comenzó a subir la sábana, cubriendo su cuerpo con suavidad, como si ese gesto pudiera hacer menos real lo irreversible. Cuando la tela cubrió su rostro, algo dentro de Trixie se rompió definitivamente. Se llevó ambas patas a la boca para ahogar un grito. La casa de Trixie se sentía… extraña. Demasiado grande. Demasiado silenciosa. Como si faltara algo esencial en el aire. Chilli estacionó el auto frente a la entrada. Bluey y Bingo venían en el asiento trasero, calladas, más quietas de lo normal. Sabían que algo estaba mal, aunque nadie se los hubiera dicho directamente. Muffin fue la primera en bajar. "¡Mamá!" Gritó al ver a Trixie parada en la puerta. Corrió hacia ella, pero se detuvo de golpe cuando la vio bien. Los ojos de Trixie estaban hinchados, rojos. Su pelaje desordenado. Su postura encorvada, como si le pesara el cuerpo entero. Muffin frunció el ceño. "¿Por qué lloras?" Preguntó. "¿Papá ya llegó?" Socks bajó detrás de ella, abrazando un peluche viejo. uno que Stripe había ganado en una feria años atrás. "¿Papá está por llegar?" Preguntó con su vocecita suave. Trixie sintió cómo el pecho se le cerraba. Se agachó lentamente frente a ellas. "Mis amores…" Dijo. Muffin cruzó los brazos. "Papá prometió que jugaría rugby cuando se repusiera." Dijo con enojo. "Y me dijo que iba a traer pizza." Trixie cerró los ojos. "Muffin…" Susurró. "¡No es justo!" Gritó. "¡Siempre cumple sus promesas!" Socks apretó el peluche contra su pecho. Sentía que algo no estaba bien "¿Papá?" Preguntó. "¿Cómo está?" Trixie se arrodilló por completo. "Escúchenme…" Dijo, con la voz temblando. "Papá… tuvo un accidente." Muffin frunció el ceño. "Eso ya lo sabemos" Respondió Muffin. Trixie miró a Chilli. “Era cuestión de tiempo para que se enterarán.” Trixie volteo a ver a a Socks y le susurró. "No, cariño…". Socks ladeó la cabeza. "¿Sigue lastimado?" Trixie respiró hondo. "Papá…" Dijo lentamente. "Papá ya no va a volver." Hubo un silencio. Un silencio que parecía no pertenecer a un hogar con niños. "Eso no es verdad," Dijo Muffin de inmediato. Su voz no sonaba triste. Sonaba furiosa. "Eso no es verdad," repitió. "Él me lo prometió." "Muffin…" Intentó Chilli suavemente. "¡No!" Gritó Muffin. "¡No está muerto!" Pateó una de las sillas del comedor con fuerza. La silla cayó al suelo con estruendo. "¡No es justo!" Gritó. "¡NO ES JUSTO!" Socks empezó a llorar. "Quiero a mi papá…" sollozó, abrazando el peluche. Trixie intentó abrazarlas, pero Muffin se apartó. "¡No me toques!" Gritó. "¡Dijiste que él siempre iba a estar!" Trixie se quebró. Cayó de rodillas y comenzó a llorar de verdad. No un llanto silencioso. Un llanto abierto, desesperado. "Yo también lo quiero…" Sollozó. "Yo también…" Bluey se acercó despacio. "Muffin…" Dijo con cuidado. Muffin la miró. "¡Aléjate!" Comenzó a retroceder. El pecho le dolió. No sabía que ese tipo de dolor existía. No quería sentirlo. No quería que la vieran así. Dio la media vuelta y salió corriendo a su cuarto. La puerta de su cuarto se cerró de un portazo tan fuerte que hizo vibrar los marcos de las fotos familiares colgadas en la pared. Bluey se quedó quieta, sin saber si avanzar o retroceder. Chilli apretó los labios, conteniendo sus propias lágrimas mientras observaba la puerta cerrada del cuarto de Muffin. “Déjala,” Murmuró Trixie con la voz rota. “Por favor… déjenla.” Nadie discutió. Bingo se sentó junto a Socks y la abrazó. Socks apoyó la cabeza en el hombro de Bingo. "¿Papá está en el cielo?" Bingo se secó las lágrimas. “No tengo duda de ello." Muffin se había sentado en el suelo, con los brazos cruzados y la mandíbula apretada. No lloraba. No quería llorar. Llorar significaba aceptar. Y ella no iba a aceptar. Socks estaba acurrucada junto a Bingo, abrazando el peluche de Stripe. No lo soltaba. Lo presionaba contra su pecho como si fuera lo único sólido que quedaba. "Papito." Bingo le acariciaba el brazo en silencio. Bluey observaba todo desde un rincón, sin saber muy bien qué hacer. Nunca había visto a Muffin así. Nunca había visto a un adulto llorar como lo hacía Trixie ahora. Trixie estaba sentada en el sillón, con la cabeza entre las manos. Chilli se sentó a su lado y le puso un brazo alrededor de los hombros. "Respira." Se susurró a si misma. "Solo respira." Trixie negó con la cabeza. "No sé cómo hacer esto. No sé cómo decirles que su papá no va a volver nunca más." Su voz tembló en la última palabra. Nunca. Muffin se levantó de golpe. "¡Si no vuelve es porque está atrapado! Como en el juego. Cuando alguien está atrapado, lo rescatamos." Bluey parpadeó. "¿Qué juego?" Preguntó. <Flashback> Muffin tenía cuatro años. Estaba sentada en el la sala, llorando desconsoladamente sobre una muñeca rota. Stripe se había agachado frente a ella. "¿Qué pasó, princesa?" "Se murió." Sollozó Muffin. "Ya no habla." Stripe había sonreído suavemente. "Ven, vamos a revivirla." Sacó una pulsera vieja de su mochila. "Esto es un amuleto, Tiene súper poderes." "¿De verdad?" Preguntó Muffin. "De verdad de la buena." Respondió él. "Sirve para traer de vuelta a los que se van con Dios." Muffin se la puso. "Entonces nunca te vas a morir.” Stripe se rió. "Con este amuleto, no." <Fin del flashback.> Muffin puso la pulsera sobre el peluche. "Funciona, tiene que funcionar." Socks se acercó. "¿Ya vuelve?" Muffin esperó. Nada. Su respiración se volvió irregular. "Vuelve." Susurró. Nada. "¡VUELVE!" gritó. El grito resonó por toda la casa. Muffin lanzó la pulsera contra la pared. "¡MENTISTE!" Gritó. "¡DIJISTE QUE SIEMPRE VOLVÍAS!" Se dejó caer al suelo. Y entonces lloró. No como antes. Lloró con todo el cuerpo. Trixie se levantó de golpe y corrió hacia ella. "Muffin…" Muffin la empujó. "¡No!" gritó. "¡No quiero que se haya ido! ¡El todavía puede despertar! ¡El va a despertar!" Trixie la abrazó igual. La sostuvo aunque Muffin pataleara. "Yo tampoco, yo tampoco quería esto." Socks se acercó, temblando. "Mami…" Trixie estiró un brazo y la atrajo también. Bingo y Bluey se unieron al abrazo. Todos juntos. En el suelo. Llorando. Por alguien que ya no estaba. El velorio era silencioso. No el silencio tranquilo de una biblioteca, ni el de una noche en calma, sino uno pesado, cargado, lleno de respiraciones contenidas y miradas que no sabían dónde posarse. La sala estaba iluminada con luces cálidas, pero nada lograba quitarle ese tono frío, como si el aire mismo supiera que alguien faltaba. El ataúd estaba al frente. Stripe. Bandit no podía dejar de mirarlo. Estaba sentado en una de las primeras filas, con las manos entrelazadas sobre las rodillas, rígido. No lloraba. No hablaba. No se movía. Solo miraba. Chilli estaba a su lado. No lo tocaba. No porque no quisiera, sino porque tenía miedo de que, si lo hacía, él se desmoronara. Y ella no sabía si tenía fuerzas para sostenerlo. Las voces alrededor eran murmullos. Condolencias. Pasos suaves. Alguien sollozando en la parte trasera. Pero para Bandit, todo estaba lejos. Todo estaba borroso. "¿Por qué no se mueve?" Preguntó de pronto. Chilli sintió un golpe seco en el pecho "¿Qué?" Susurró. Bandit no apartó la vista del ataúd. "Stripe siempre se movía. Nunca podía quedarse quieto." Chilli tragó saliva. "Está… descansando," Respondió. Bandit frunció el ceño. "No." Dijo lentamente. "Cuando dormía, roncaba." Giró la cabeza hacia ella. "¿Está enojado conmigo?" Chilli sintió que algo se rompía. "No." Susurró. "Jamás estaría enojado contigo." Bandit bajó la mirada. "Entonces, ¿por qué no me habla?" Chilli no respondió. Porque no podía. Porque no existía una respuesta que no lo destruyera. Bandit se movió incómodo en su asiento. "Chilli. Creo que me equivoqué de lugar." Ella lo miró. "¿Qué quieres decir?" "No creo que Stripe esté aquí. Creo que está afuera. Como cuando se escondía detrás del garaje y luego me asustaba." Ella cerró los ojos. "Bandit…" "Siempre hacía eso.” Dijo sonriendo apenas. "Y luego yo me caía." Hubo una pausa. "¿Recuerdas cuando me salvó de caerme por el barranco?" El corazón de Chilli se detuvo. "¿Qué barranco?" Bandit parpadeó. "No lo sé, pero sé que pasó." Y entonces, sin aviso, el recuerdo se activó. El sol era abrasador. Bandit corría, jadeando, con las rodillas raspadas y las manos sudorosas. El olor a hierba húmeda se mezclaba con el polvo levantado por sus patas. "¡Stripe, mira!" Gritó. Saltó. Resbaló. El mundo giró. El suelo se acercó demasiado rápido. Y entonces, unas patas lo sujetaron. "¡Te tengo!" Gritó Stripe. Bandit colgaba, con el corazón a mil. "¡Me voy a caer!" Gritó. "No si yo digo que no." Respondió Stripe. Tiró de él con todas sus fuerzas. Bandit cayó de espaldas sobre la hierba. Ambos se quedaron mirando el cielo. "Me salvaste." Dino Bandit. Stripe se rió. "Siempre te voy a salvar." Bandit jadeó. "Me salvó." Dijo en voz alta. "Stripe siempre me salvaba." Chilli lo miró con los ojos llenos de lágrimas. "Sí, Siempre." Bandit frunció el ceño. "¿Entonces por qué no está aquí? Necesito que me quite esta tristeza." La confusión empezó a invadirlo como una niebla. "Yo… yo estaba con él hace rato, ¿no?" Chilli lo tomó suavemente del brazo. "No, amor." "Sí." Insistió él. "Íbamos a jugar rugby." Miró alrededor. "Stripe." Varias personas voltearon. Chilli se llevó una mano a la boca. "Bandit…" "Stripe." Repitió, más fuerte. "Deja de esconderte." Silencio. El pánico empezó a apoderarse de su expresión. "¿Dónde está mi hermano?" Preguntó. "Chilli, ¿dónde está mi hermano?" Chilli lo abrazó. "Aquí. Siempre va a estar aquí." "No, no. Yo quiero verlo.” Intentó levantarse. Chilli lo sostuvo. "Bandit, por favor." "Lo olvidé. Lo olvidé, ¿verdad?" Ella negó con fuerza. "No lo olvidaste." "¡Sí!" Exclamó. "Porque no sé dónde está." Chilli empezó a llorar en silencio. Sacó la pastilla de su bolso. "Toma." Dijo suavemente. "Es hora." Bandit la miró. "¿Para qué?" "Para que recuperes tu memoria." Él la tomó… y luego la dejó sobre la mesa. "¿Para qué?" ¿Para qué quiero recordar si Stripe murió?" Chilli sintió que esas palabras le atravesaban el alma. "Bandit…" "Si me acuerdo, duele. Y si no me acuerdo, también duele. Entonces… ¿para qué?" Ella no respondió. Porque no tenía respuesta. El velorio avanzaba como un río lento. La gente iba y venía, dejaba flores, murmuraba palabras que Chilli apenas escuchaba. Todo sonaba lejano, como si estuviera bajo el agua. Su mundo se había reducido a dos cosas. El ataúd de Stripe… y Bandit. Bandit seguía sentado, con los hombros encorvados y las manos apretadas. Cada tanto miraba alrededor, como si esperara ver a alguien llegar tarde. "Debe estar buscando estacionamiento." Murmuró de pronto. Chilli giró la cabeza lentamente hacia él. "¿Qué?" "Stripe. Siempre se estacionaba mal." Chilli cerró los ojos. “¿Ese no es Rad?" "No.” “No, no, no.” La confusión había vuelto. "Amor." Bandit miró el ataúd. Se tocó el pecho. "Aquí es donde debería estar. Hablando con migo." Chilli sintió que el aire le faltaba. “Estoy perdiendo a dos hermanos,Uno por muerte… y otro por olvido.” Poco a poco. Sin pedir permiso. “No es justo” Se levantó en silencio y salió al pasillo, buscando aire. Apoyó la espalda contra la pared. Cerró los ojos. Stripe murió Las lágrimas le bajaron sin control. "No puedo perderlos a los dos, no puedo." Chilli sacó el teléfono con manos temblorosas. Marcó el número de Brandy, la cual contestó al segundo tono. "Chilli, ¿Cómo estás?" Respondió Brandy Chilli soltó una risa rota. "Mal, estoy muy mal." "Lo siento tanto." Dijo Brandy con suavidad. "Bandit está peor, Mucho peor." "¿Qué pasó?" Chilli inhaló con fuerza. "Está confundido. No quiere aceptar la muerte de Stripe. Que hasta quiere que avance el alzheimer con tal de olvidarlo." Hubo un silencio. "El estrés acelera los síntomas." Comentó Brandy. "Lo sabes." "Lo sé." Respondió Chilli. "Y por eso…" Tragó saliva. "Quiero posponer el tratamiento." Brandy no respondió de inmediato. "Chilli…" "No puedo someterlo a eso ahora, no después de esto. No cuando ni siquiera entiende lo que está pasando." "Puede ser contraproducente." Admitió Brandy. "Pero también puede ser peligroso retrasarlo." "Lo sé." Respondió Chilli. "Pero no puedo forzarlo. No hoy. No ahora." Brandy suspiró. "Entonces yo estaré ahí,para lo que necesites. Hablaré con la clínica para explicarles todo" Chilli cerró los ojos. "Gracias." "No es nada.” Respondió Brandy. Chilli colgó. Y se quedó ahí, temblando. Cuando volvió a la sala, Bandit ya no estaba en su asiento. El pánico la atravesó. "Bandit.” Lo vio al fondo, de pie frente al ataúd. Hablándole. Chilli caminó rápido hacia él. "Stripe, te tardaste." Chilli se quedó paralizada. Bandit sonreía. "Pensé que me habías dejado.” Se inclinó un poco. "Como cuando me dejaste en el campo y me perdí." "Bandit." Susurró Chilli, acercándose. Él giró la cabeza. "Chilli. Ahí estás. Dile que deje de asustarme." Chilli puso una mano sobre su brazo. "Amor…" "Me prometió que siempre me iba a salvar." Y entonces… Se detuvo. Frunció el ceño. "¿Qué estaba diciendo?" Chilli sintió un terror frío."Estabas hablando de Stripe." Bandit la miró. "¿Stripe?" Chilli sintió que el mundo se rompía."Sí." "¿Quién es Stripe?" Chilli se llevó una mano a la boca.."No…" Bandit empezó a respirar rápido. "Chilli, no sé de qué estás hablando." El pánico lo golpeó de lleno. "No sé… no sé qué estaba pensando." Se llevó las manos a la cabeza. "Había alguien. Yo… yo estaba jugando… Se fue, se fue. "Estoy aquí." Susurró ella. "No, no, no. Algo se fue. Algo importante." Comenzó a temblar. "¿Qué me pasa?" Chilli lo sostuvo con fuerza. "Nada que yo no vaya a enfrentar contigo." Radley estaba sentado en el borde del sofá, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas. Llevaba horas ahí, sin moverse, mirando un punto vacío en la pared. El televisor estaba apagado. Las luces, encendidas. Afuera, el viento movía las hojas del jardín con un susurro que parecía un murmullo constante. No había podido dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía el momento. El camión. El golpe. Stripe cayendo. Su nombre saliendo de su garganta con un grito que no había servido de nada. "Tenía que haber llegado antes…" Murmuró para sí mismo. Su voz sonó extraña en la habitación vacía. Rad se llevó una mano al rostro, frotándose los ojos con fuerza. Soy el mayor. Esa idea le pesaba como una losa. Siempre había sido el mayor, sí, pero nunca se había sentido realmente así. Y ahora… Ahora no estaba seguro si pensarlo era correcto. "Te dejé solo." Se levantó lentamente y caminó hasta la ventana. Miró su reflejo en el vidrio. Ojeras marcadas, ojos cansados, una expresión que no reconocía del todo. Soy el hermano mayor restante. Y eso significaba responsabilidad. Promesas. Cargas. Su teléfono vibró sobre la mesa. Radley lo ignoró. No estaba listo para hablar con nadie. Salió. No sabía exactamente a dónde iba, pero terminó frente a la casa de Nana. La luz del porche estaba encendida. Rad se quedó de pie unos segundos antes de tocar la puerta. Cuando lo hizo, escuchó pasos lentos. La puerta se abrió. Nana estaba ahí, con su chal favorito y una expresión confundida. "¿Rad?" Preguntó. "¿Eres tú o es Bandit?" Rad sintió un nudo en la garganta. "Soy yo, Mamá." Ella lo observó detenidamente. "Estás más alto hoy." Rad sonrió con tristeza. "Siempre he sido así." Nana frunció el ceño, como si esa información no encajara del todo. "¿Vienes a cenar?" Preguntó. "Stripe dijo que iba a traer el postre." Rad se quedó congelado. "Mamá…" Dijo con cuidado. Ella inclinó la cabeza. "¿Dónde está Stripe?" preyguntó. "Siempre llega tarde." Las palabras lo atravesaron. Igual que Bandit. El mismo patrón. El mismo vacío. Rad respiró hondo. "Mamá… Stripe no va a venir hoy." "Ah. ¿Está enojado?" Rad negó con la cabeza. "No." Ella sonrió. "Entonces está bien." Se dio la vuelta y caminó hacia la cocina, como si nada hubiera pasado. Rad la siguió. "Mamá… ¿Sabes quién soy?" Ella se detuvo. Se giró lentamente. Lo miró. "Eres…" Dudó. "Eres uno de mis niños. Eso es suficiente, ¿no?" Rad sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. "Sí. Con eso es suficiente." Se sentó frente a ella en la mesa. Nana le sirvió té. "Stripe va a querer esto caliente." Rad cerró los ojos. "Sí." Se quedaron en silencio. Y en ese silencio, el recuerdo llegó. Stripe tendido en la cama del hospital. “Si algo pasa…” Stripe tragó saliva. “Cuida a Trixie. Y a las niñas. Especialmente a Mama. Ella… los tiene a ustedes. No la vayas a meter a una asilo.” Sentía como el peso de una promesa comenzó a sostenerse en sus brazos. Rad apretó los puños. "Te lo prometí.” Miró a Nana, que ahora estaba revolviendo su té. "Stripe dijo que iba a traer pastel. Siempre se le olvida." Rad se levantó. Se acercó a ella. "Mama…" Ella alzó la vista. "¿Sí?" Rad se arrodilló frente a ella. "No te voy a llevar a ningún asilo. Te lo prometo." Ella sonrió. "Qué buen niño eres. ¿Y Stripe?" Rad cerró los ojos. "Siempre va a estar con nosotros." Esa noche, cuando volvió a casa, Rad llamó a Trixie. Ella contestó con voz cansada. "Rad…" "Voy a ayudarte. Con las niñas. Con Nana. Con todo." Hubo un silencio. "No tienes que…" "Sí tengo. Lo prometí. Y una promesa siempre se cumple." Trixie sollozó. "Gracias." Rad colgó. Se sentó en su sofá. Y por primera vez desde el accidente, lloró de verdad. No como el testigo. No como el hermano. Sino como el adulto que había quedado. La lluvia era ligera, pero constante. No caía con violencia. No tronaba. No gritaba. Era una lluvia suave, persistente, como si el cielo estuviera llorando en silencio, sin querer molestar a nadie. El olor a tierra húmeda lo impregnaba todo. Trixie lo sentía en la garganta, en el pecho, en la ropa. Cada respiración era pesada, como si el aire mismo supiera que hoy no debía ser ligero. Las flores ya empezaban a marchitarse, algunas vencidas por el peso del agua. Los pétalos caídos se mezclaban con el barro, como pequeños pedazos de color perdiéndose en la tierra. El ataúd de Stripe descansaba frente a todos. Quieto. Definitivo. Trixie estaba de pie, temblando. No solo por el frío. No solo por la lluvia. Sino porque cada fibra de su cuerpo gritaba que eso no podía ser real. Chilli estaba a su lado, sosteniéndole el brazo. Radley, del otro lado, con la mirada clavada en el suelo. Bluey y Bingo permanecían juntas, tomadas de la mano. Muffin estaba rígida, con los puños apretados. Socks abrazaba su peluche de Stripe. Bandit estaba sentado en una silla, mirando el ataúd con el ceño fruncido. "¿Por qué está cerrado?" Chilli se inclinó hacia él. "Porque… así es mejor, amor." Bandit ladeó la cabeza. "¿Es una sorpresa?" Chilli cerró los ojos. "No." Trixie dio un paso al frente. El micrófono frente a ella parecía demasiado grande. Demasiado intimidante. Demasiado real. Radley le hizo una pequeña seña con la cabeza. Puedes hacerlo. Trixie tragó saliva. Miró el ataúd. Y entonces, habló. "Stripe…" Comenzó, pero su voz se rompió. Se aclaró la garganta. "Stripe siempre decía que la vida no se trata de días, sino de recuerdos." Un murmullo suave recorrió a los presentes. "Y si eso es verdad…" Continuó aguantando la tristeza ."Entonces, Stripe fue el hombre más rico del mundo." Una lágrima rodó por su mejilla. "Porque él no acumulaba cosas. Él cultivaba momentos." Le temblaban las patas. "Decía que los recuerdos eran como un jardín. Que si no los cuidabas, se marchitaban. Pero si los regabas… podían durar toda la vida." Miró a Muffin. A Socks. "Él regaba cada recuerdo con amor. Con risas. Con tonterías. Con abrazos." Muffin apretó los dientes. "Stripe era el tipo de persona que hacía que lo ordinario se volviera especial. Una cena cualquiera se convertía en un recuerdo hermoso. Un día malo se volvía soportable." "Era mi papá…" Susurró Socks. Trixie se llevó una mano al pecho. "Te amo, siempre lo haré.” La lluvia pareció intensificarse un poco. "¡NO ES DIVERTIDO!" Muffin gritó. Todos se sobresaltaron. "¡NO ES UN JUEGO! ¡MI PAPÁ ESTÁ AHÍ!" Señaló el ataúd. "¡Y VA A SALIR!" El silencio fue absoluto. Socks apretó su peluche. "Adiós, papá…" Se levantó de su asiento y caminó lentamente hasta el ataúd. Colocó su flor con cuidado. "Te quiero, y espero que seas una hermosa estrella." Muffin se levantó de golpe. Agarró su flor. La sostuvo con fuerza. "No," Murmuró. "No." Caminó hacia el frente. Y la lanzó. No con cuidado. No con amor. Con rabia. La flor cayó sobre el ataúd, rebotó, y cayó al barro. Muffin comenzó a llorar. "¡NO ES JUSTO! ¡DIJISTE QUE SIEMPRE IBAS A ESTAR!" Trixie dio un paso hacia ella. Pero Bluey fue primero. La abrazó. "A veces los adultos también rompen promesas sin querer." Muffin se aferró a ella. "¡Yo no quería esto!" "Yo tampoco." Susurró Bluey. Radley se acercó al micrófono. "Stripe siempre llegaba tarde.” Algunos rieron suavemente. "Una vez llegó tan tarde a una cita con Trixie que yo tuve que pagar la cuenta." Trixie sonrió entre lágrimas. "Y aún así… siempre estaba cuando importaba." Bandit se levantó. "¿Quién es Stripe?" Preguntó. El mundo se detuvo. Chilli se quedó helada. "Bandit…" Susurró. "¿Es el de la caja?" Preguntó. La conmoción fue inmediata. Murmullos. Miradas. Chilli corrió hacia él. "No, no ahora." Bandit frunció el ceño. "Todos están tristes. ¿Por qué?" Chilli lo tomó de la mano. "Ven conmigo." Lo llevó lejos. Chilli llevó a Bandit hasta un rincón apartado, bajo un árbol grande que apenas los protegía de la lluvia. El sonido del agua golpeando las hojas era constante, como un murmullo que no los dejaba pensar en silencio. Bandit caminaba obediente, pero confundido. "¿Por qué todos están llorando?" Preguntó. "¿Es una película triste?" Chilli se agachó frente a él, sosteniéndole las patas. "No, amor. Es… es un funeral." "¿De quién?" Chilli tragó saliva. "De Stripe." Bandit frunció el ceño. "¿Stripe?" La forma en que lo dijo… como si Stripe aún fuera un cachorro, corriendo detrás de él en el patio de su infancia. Chilli sintió que el pecho se le comprimía. "Sí." La palabra se quedó flotando entre ellos. Bandit parpadeó. Una vez. Dos. "¿Murió… como cuando se apagan las luces?" Chilli apretó los dientes. "Murió como cuando algo ya no puede volver." Bandit bajó la mirada. "Entonces…" Dijo lentamente. "¿No va a volver a casa?" Chilli negó. Bandit comenzó a temblar. "Eso no está bien. Stripe siempre vuelve. Siempre." Chilli lo abrazó con fuerza. "Lo sé." Bandit empezó a llorar. Pero no como un adulto. Como un niño. "No quiero olvidarlo." Dijo entre sollozos. "No quiero que se me pierda." "No lo vas a perder," le mintió con dulzura. Chilli regresó con Bandit. Él caminaba lento, como si el suelo pesara. Chilli sacó la pastilla de su bolso. "Toma, amor." Bandit la miró. "¿Para qué?" "Para tu memoria." Bandit negó con la cabeza. "¿Para qué… si Stripe se fue?" Chilli cerró los ojos. "Porque tú sigues aquí.” Dijo mientras se alejaba. Bandit al ver que ella se volteo dejo caer la pastilla en un bote de basura. Tener algo que le ayudara a recordar la muerte de Stripe no era bienvenido en su cabeza. Rad se quedó solo un momento frente al ataúd. "Te lo prometo," susurró. "No la vamos a llevar a ningún asilo. Lo prometo." La lluvia mojó su rostro. O quizá eran lágrimas. Cuando finalmente el ataúd comenzó a bajar, Muffin gritó. "¡NO!" Corrió hacia adelante. Trixie la sostuvo. "¡Papi!" gritó. "¡No te vayas!" Socks extendió su peluche. "Para que no estés solito." . Bandit observaba todo. "¿Por qué lo están enterrando?" Chilli no respondió. Solo lo abrazó. Muy fuerte. Esa tarde, todos perdieron algo. Pero Chilli perdió dos cosas. A Stripe. Y un pedazo más de Bandit. Algo que ninguna pastilla iba a retrasar. La casa estaba en silencio. Trixie cerró la puerta detrás de ella con cuidado, como si temiera que el más mínimo ruido pudiera romper algo frágil. El funeral había terminado hacía horas, pero su cuerpo seguía sintiendo el peso de cada mirada, cada abrazo, cada palabra de consuelo que no había logrado consolar nada. Stripe siempre decía que ella caminaba como si flotara cuando estaba triste. “Para que el suelo no se entere.” Ahora, el suelo sabía. Cada habitación parecía más grande. Más vacía. La sala aún tenía una manta doblada en el sillón, donde Stripe solía quedarse dormido viendo programas de televisión. El olor de su colonia todavía flotaba en el aire, una mezcla suave de madera, jabón y algo cálido que siempre le recordaba a hogar. Trixie se llevó la mano al pecho. “Esto no es real.” Murmuró. Su voz sonó ajena en la casa. Subió las escaleras lentamente, apoyando la mano en la barandilla como si el cuerpo le pesara el doble. Pasó frente a la habitación de Muffin. La puerta estaba entreabierta, el amuleto que Stripe le había regalado colgaba del picaporte. No pudo entrar. No todavía. Siguió caminando hasta su cuarto. El de ambos. El espacio estaba intacto, como si Stripe fuera a volver en cualquier momento. Su almohada aún conservaba la forma de su cabeza. Trixie se acercó al buró. Abrió el primer cajón. Nada. El segundo. Papeles, recibos, dibujos de las niñas. El tercero… Ahí estaba. Un cuaderno pequeño, de tapas azules, algo gastadas. Reconoció la letra de inmediato. Stripe. Sus dedos temblaron al tomarlo. Dentro había un sobre. Con su nombre. “Trix.” Solo eso. Se sentó en la cama, sosteniendo el cuaderno contra su pecho, como si fuera algo vivo. “No. No estabas planeando esto. No…” Abrió el sobre. La hoja era amarillenta, doblada varias veces. Al desplegarla, el aroma de Stripe se intensificó, como si el papel hubiera guardado su presencia. La tinta estaba un poco corrida en algunas partes. Había sido escrito con calma. Con intención. “Si estás leyendo esto, amor… entonces algo salió mal.” Trixie sintió que el aire se le atoraba en la garganta. “No estoy diciendo que me vaya a pasar algo. Solo… quería dejarte esto. Por si acaso.” Una lágrima cayó sobre el papel. “Siempre me burlé de Bandit por su mala memoria, ¿recuerdas? Y ahora míranos… la vida es cruelmente irónica.” Trixie soltó una risa rota. “Idiota.” Murmuró con cariño. “No quiero que olvides cómo nos conocimos. Estabas enojada porque alguien te había dejado sola a pagar la cuenta.” La imagen apareció de inmediato. Un restaurante. Ella cruzada de brazos. Stripe ofreciéndole pagar. Había sido su primera discusión. Y su primera risa juntos. Trixie presionó la carta contra su rostro. “Te amé desde ese día. Desde tu ceño fruncido y tu voz firme. Desde que me miraste como si yo fuera un problema… y una solución al mismo tiempo.” “Te odiaba, Y te amé cinco minutos después.” Siguió leyendo. “No olvides cómo lloraste cuando nació Muffin. Dijiste que no sabías cómo ser mamá. Y yo te dije que ya lo eras, porque estabas temblando de amor.” Trixie cerró los ojos. El hospital. El olor a desinfectante. Stripe sosteniendo a su hija. “Mírala, Trix.” Dijo entonces. “Es mitad tú. Mitad caos.” Ella había llorado sobre su hombro. “Y Socks… amor, tú no querías dormir. Te quedaste toda la noche mirándola respirar.” Una lágrima cayó sobre esa línea. “Tenía miedo. Tenía miedo de hacerlo mal.” Susurró a si misma. “Nunca lo hiciste.” Trixie se dobló sobre sí misma. Su llanto ya no era silencioso. Era profundo. “No puedes decir eso. No puedes irte y decir eso.” El papel tembló entre sus manos. “Si estás leyendo esto, quiero que recuerdes algo. Te amo.” Ella negó. “Tengo que sanar.” Dijo en voz alta. “Tengo a las niñas por cuidar.” “No le enseñes a Muffin a esconder lo que siente. Ella siente todo demasiado fuerte. Y eso no es un defecto.” Trixie rió y lloró al mismo tiempo. “Dile a Socks que no estoy jugando a las escondidas. Dile que me fui a un lugar donde no duele.” Ella se llevó la mano a la boca. “No dejes que me convierta en una foto. Háblales de mí. Cuéntales mis chistes malos. Mis errores. Mis abrazos torpes.” La imagen de Stripe abrazándolas demasiado fuerte la atravesó. “Prometí nunca olvidarte.” Trixie cerró los ojos. Esa frase la llevó a un recuerdo. Un flashback. Una noche. Un coche viejo. Stripe había improvisado una cita porque había olvidado reservar. Comieron papas fritas. Miraron las estrellas. “No tengo memoria para fechas.” Había dicho él. “Entonces te vas a olvidar de mí.” Respondió ella. Stripe la miró serio. “No. Nunca olvidaría algo que me salvó.” Ella había reído. “¿Salvarte de qué?” “De mí.” Trixie volvió al presente con un sollozo. “No cumpliste. Te olvidaste de prometer que no te irías.” Terminó la carta. “Si algún día sientes que te rompes… hazlo. Yo estaría orgulloso de ti incluso rota.” Trixie apretó la hoja. “No quiero estar orgullosa. Quiero estar contigo.” El silencio no respondió. Dejó la carta sobre su pecho. Miró el techo. “Las niñas preguntan por ti.” Dijo en voz baja. “Muffin está enojada contigo. Socks cree que te escondes.” Se rió suavemente. “Siempre fuiste malo para despedirte.” Se levantó lentamente. Fue hasta el clóset. Sacó una camiseta de Stripe. La abrazó. Inhaló. “Tu olor se está yendo. No te vayas también de aquí.” Se sentó en el suelo. Contra la cama. “No sé cómo hacer esto sin ti.” Nadie respondió. Pero el eco de su voz se quedó. Como si Stripe la escuchara. Y aunque ya no podía responder… Sus recuerdos lo hacían. Trixie estaba sentada en el sofá, con Socks dormida sobre su pecho y Muffin apoyada a su lado, sin hablar. Rad estaba de pie junto a la ventana, mirando afuera sin realmente ver nada. Brandy preparaba té en la cocina, como si el simple acto de hacer algo pudiera sostener el mundo. Bandit estaba sentado en una silla, con la mirada fija en sus manos. Chilli lo observaba desde el otro lado de la habitación. Había algo diferente en él. Más ausente. Más lento. El duelo le había golpeado directo a la memoria, como una ola que arrastra todo lo que encuentra. “No sé qué hacer.” Dijo Trixie de pronto, rompiendo el silencio. “No sé cómo… cómo seguir.” Chilli se acercó y se sentó junto a ella. “No tienes que saberlo hoy.” Respondió con suavidad. “Ni mañana. Ni esta semana.” Muffin levantó la mirada. “Yo sí sé.” Dijo, con la voz ronca. “Papá prometió que íbamos a jugar el sábado.” Nadie respondió. Chilli tomó aire. “Las promesas no siempre se rompen porque alguien quiere,” dijo. “A veces… se rompen porque la vida no escucha.” Muffin apretó los labios. “La vida es injusta.” “Sí.” aceptó Chilli. “Lo es.” Bandit alzó la cabeza. “Stripe odiaba las promesas,” Dijo de pronto. Todos lo miraron. “Decía que eran trampas. Que mejor eran… planes suaves.” Chilli se acercó lentamente. “¿Lo recuerdas?” Bandit frunció el ceño. “Creo que sí. No… no estoy seguro.” Chilli sacó la pastilla de su bolsillo. La sostuvo frente a él. “Amor. No la tomaste.” Bandit la miró. “¿Para qué?” “Para ti.” “Stripe no la necesita.” Chilli se arrodilló frente a él. “Pero tú sí.” Bandit bajó la mirada. “Si la tomo… ¿me va a doler menos?” Chilli tragó saliva. “No.” Respondió con honestidad. “Pero te va a ayudar a recordar que estás aquí. Con nosotros.” Bandit dudó. Finalmente, la tomó. La pasó con un sorbo de agua. Chilli apoyó su frente contra la de él. “Gracias.” “No quiero olvidarlo.” “No lo harás hoy.” Horas después, decidieron salir. “¿A quién estamos esperando?” Preguntó Nana. Rad se acercó. “A nadie, mamá.” “Ah. Entonces es una visita bonita.” Chilli sacó una pequeña maceta. Una flor blanca. “Es para Stripe.” Dijo en voz baja. Muffin frunció el ceño. “¿Las flores mueren?” “Sí.” respondió Chilli. “Entonces no sirve.” Chilli la miró. “Sirve porque crecen primero.” Bandit se agachó. Tocó la tierra. “Stripe le gustaría ensuciarse.” Rad lo miró. “No. Le encantaba.” Bandit levantó la vista. “¿Sí?” “Sí.” Respondió Rad. Bandit cerró los ojos. “Él… me empujó una vez a un charco.” Chilli se quedó inmóvil. “¿Lo recuerdas?” Preguntó. Bandit abrió los ojos, confundido. “¿Eso pasó?” Chilli sonrió a través de las lágrimas. “Sí.” Bandit rió. “Siempre fue un idiota.” Rad soltó una carcajada quebrada. Plantaron la flor juntos. Muffin puso una piedrita. Socks dejó su peluche cerca. “Para que no esté solito.” Bandit observó la flor. “Stripe era así. No sabía quedarse quieto la cosita.” Chilli le tomó la mano. “No.” Hubo un momento de silencio. Uno suave. No perfecto. Pero vivo. De regreso a casa, Bandit miraba por la ventana. “Chilli.” “¿Sí, amor?” “¿Yo iba a empezar algo… en Sydney?” Chilli lo miró. “Sí.” “¿Es importante?” Ella asintió. “Mucho.” Bandit pensó un momento. “Entonces… no quiero olvidarlo.” Chilli apretó su mano. “No tienes que hacerlo hoy.” Bandit apoyó la cabeza en su hombro. “Pero quiero intentarlo. ” Chilli cerró los ojos. El dolor seguía ahí. Pero también algo más. Algo frágil. Algo parecido a esperanza. “Lo del proyecto experimental puede esperar un rato. Solo tienes que tomarte tus pastillas cuando yo te lo indique." Dijo dandole una. Bandit dejó la pastilla en la mesa cercana. "¿Para seguir luchando?” Chilli agarró la pastilla y hizo que Bandita se lo tragada a la fuerza. “Las niñas y yo te necesitamos. Así que no vuelvas a repetir eso o te obligare tomarte pastillas enfrente de mí.” Bandit asintió la cabeza. “Lo que diga amor."
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