La Chispa en la Oscuridad

Het
NC-17
Finalizada
3
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562 páginas, 205.352 palabras, 33 capítulos
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Capituló 32: No más

(POV Katniss) —"Mmm"— gruñí ante la mano que no dejaba de acariciarme la cabeza. Como no paraba, abrí los ojos y levanté la cabeza de la cama, lista para exigir que se detuviera. Las palabras se me atoraron en la garganta. Me quedé fija en esos ojos azules que me miraban con esa picardía que siempre me daba ganas de golpearlo. —"¿P-Peeta?"— susurré. El corazón se me disparó en el pecho al instante. Entonces él simplemente sacó esa media sonrisa y estiró la mano para tomarme la mejilla. Cerré los ojos al sentir esa calidez que solo encontraba en él. Esa que necesitaba desesperadamente. Por fin. Estás aquí. Sentí el ardor en los ojos; las lágrimas amenazaban con salir. ~Katniss~ El eco de mi nombre a lo lejos me obligó a abrir los ojos. Peeta me soltó la mejilla y empezó a recostarse de nuevo. No, no. ¡Por favor, no! —"Ve a casa, Kat"— dijo él en voz baja antes de cerrar los ojos. ¡No me dejes! Intenté con cada músculo de mi cuerpo hacer algo, decir algo. Pero no podía moverme, no podía hablar. ~Katniss, despierta, cariño~ No, no quiero. Déjenme. —"¡Ah!"— solté, levantándome de golpe. Mi mirada enfocó a Cinna, a Portia y Effie a su lado, y a Haymitch apoyado en la pared del fondo. Mi cabeza giró sola hacia la cama. Y ahí estaba él, igual de pálido, lleno de cables y con ese tubo horrendo en la boca. Nada había cambiado. Él aún no está aquí. Intenté en vano calmarme, pero no funcionó; el ardor regresó. La impotencia me hizo apretar la mandíbula con fuerza. Tomé aire y, sin mirar a nadie, me volví a sentar en la silla donde había pasado la noche entera. —"¿Ya es hora?"— Pregunté después de unos segundos, intentando recomponerme. Tomé su mano fría y la acaricié levemente con el pulgar. —"Sí, no habrá más entrevistas ni eventos"— respondió Effie, que ya estaba a mi lado. Sentí su mano en mi hombro. Solo pude asentir sin dejar de mirarlo. Al menos esa porquería se acabó. —"Tenemos que dejar que los doctores lo preparen para el viaje"— avisó Haymitch, pero lo ignoré. Los ignoré a todos. Apreté su mano. —"Cariño, sé que no quieres separarte de él, pero cuanto antes lo preparen, más rápido podrá estar en el tren. Ahí podrás quedarte con él todo lo que quieras"— dijo la voz siempre calmada de Cinna. Sabía que tenía razón, pero no podía dejarlo. No quería. Apreté su mano una vez más antes de soltar un suspiro y levantarme. —"Está bien"— dije en voz baja. —"Llegaremos esta tarde al 12"— me informó Effie, todavía a mi lado. Me tensé al instante. Ese sería otro problema. Prim y Mamá. Me moría de ganas de verlas, pero… lo que dijeron. Me di la vuelta y, sin mirar a nadie en particular, caminé hacia la salida. Me pasé todo el día de ayer pensando en cómo encararlas. Pero al final, tal como dijo Peeta en su momento, no sabré qué pasará hasta que llegue la hora. —"Por cierto, Ravencourt se comunicó conmigo. Dijo que quiere hablar contigo, Haymitch"— escuché decir a Effie a mis espaldas. —"¿Qué demonios quiere? El presidente Snow dijo que la gira se canceló. Tendrá que esperar hasta el próximo año"— bufó Haymitch. Pude sentir la irritación en su voz. —"Bueno, díselo tú a él"— replicó Effie simplemente. El gruñido de Haymitch no se hizo esperar. Por un segundo me olvidé de todo y esbocé una pequeña sonrisa ante su comportamiento habitual. Cinna presionó el botón del elevador mientras negaba con la cabeza. Las puertas tardaron unos segundos en abrirse. Solo para revelar al médico de ayer junto con otros dentro. Él apenas asintió a modo de saludo antes de salir, seguido por los demás, enfilando hacia la única puerta del pasillo. —"Estará bien, vamos"— dijo Portia, señalando el interior del elevador con la mano. Pero me quedé mirando hasta que el último de ellos entró en la habitación de Peeta. Solo entonces entré yo al elevador. Aunque estábamos todos, el espacio se sentía incompleto. El tirón del descenso no me inmutó en lo absoluto. El tren. Donde todo empezó. Las risas, las bromas, los juegos, las estrellas. Y ahora, solo habrá silencio. La voz de Cinna charlando con Portia y Effie sonaba lejana, igual que todo lo demás. No fue hasta que me planté frente a Cinna y Portia para despedirme que mi cerebro volvió a conectarse. —"Te esperamos dentro"— me avisó Effie, siguiendo a Haymitch, que ya subía las escaleras del tren. Solo asentí rápido para volver mi atención a Cinna y Portia. Un nudo se me cerró en la garganta al instante. —"Oye, todo va a salir bien, cariño"— dijo Cinna. Se acercó y me dio un abrazo fuerte. Me aferré a él; era lo único que me mantenía en pie. —"Tengo miedo"— solté en un susurro. Decirlo en voz alta me quitó un peso de encima. —"Lo sé. Pero también sé que vas a poder con esto y con mucho más"— respondió. Se separó un poco para mirarme directo a los ojos. —"Cinna tiene razón, Katniss. ¿Sabes por qué?"— La voz de Portia me obligó a mirarla. Se puso al lado de Cinna y me puso una mano en el hombro. —"Porque, al contrario de lo que el resto cree, tú no estás simplemente sobreviviendo"— Sus palabras me desconcertaron. —"No, no lo estás haciendo. Estás resistiendo. Esa siempre será tu mayor cualidad"— completó Cinna. Sí. Porque él va a despertar. Asentí con fuerza. Solo un poco más. Tengo que esperar, eso es todo. —"Gracias por todo. A los dos"— les dije, antes de darles un último abrazo. Me separé de ellos con la cabeza en alto. Tras una última mirada a ambos, me di la vuelta y subí al tren sin más. Effie me esperaba al final de las escaleras con una pequeña sonrisa. —"Vamos, te llevaré con él"— dijo antes de empezar a caminar delante de mí. Avanzamos en silencio. Cruzamos puertas y vagones durante unos segundos sin decir nada. A pesar de lo que pensé al principio sobre Effie, la "horrorosa" escolta del Distrito 12, ahora veía a una mujer distinta. Si alguien me hubiera dicho que llegaría a confiar tanto en ella, me habría reído, igual que hacía con Gale en el bosque cuando nos burlábamos del Capitolio y sus "personajes". Qué equivocada estaba. —"Effie"— la llamé, deteniéndome en seco. —"Sí, dime"— respondió ella, parando también para prestarme toda su atención. —"Lo que dijo Clove sobre Peeta en la arena... ¿es verdad?"— Escupí, levantando la vista del suelo para encararla. El ambiente cambió al instante. Su expresión se volvió severa, lejos de ese brillo falso que solía llevar encima. Pasaron unos segundos antes de que soltara una bocanada de aire y relajara las facciones. Se mordió el labio inferior. —"Sí, es verdad"— sus palabras fueron un golpe directo al estómago. —"Pero esa no es una historia que me corresponda contar a mí"— agregó rápido. Me tomó del brazo para que la mirara de nuevo. —"Lo único que puedo decirte es que tenía una buena razón para hacerlo"— terminó de decir antes de darme un apretón leve y tirar de mí para seguir caminando. Una buena razón. ¿Matar a sus padres? A pesar de todo lo que habíamos pasado juntos y de nuestro vínculo, había demasiadas cosas que todavía desconocía sobre él. El viaje apenas comienza. Fue lo último que pensé antes de detenernos frente a la puerta donde él debía de estar. Sin más, Effie la abrió para mostrarlo en una camilla muy extraña; no tenía idea de para qué servía tanto aparato. Seguía lleno de cables y con ese tubo respirador. A su lado, un hombre revisaba unos controles junto a la cama. —"Un momento, por favor"— dijo el hombre, presionando unos botones más antes de girarse para vernos de frente. —"Perdón, soy el doctor Fred. Estaré a cargo de Mellark en el Distrito 12"— se presentó con una pequeña sonrisa. Claro, ¿quién más iba a cuidarlo en esa camilla? Dudaba que alguien en el Distrito tuviera idea de cómo manejar tecnología como esta. Y yo menos. —"Por ahora me retiro, tengo que enviar estos datos. Si algo sucede, presionen este botón y estaré aquí enseguida"— dijo señalando un botón rojo en el armatoste. —"Claro, gracias"— le respondió Effie. Sin más, el tipo asintió y salió de la habitación. El silencio regresó. Vi a Effie acercarse a él lentamente, solo para darle un leve apretón en la mano antes de girarse hacia mí. —"Te dejaré con él. Voy a estar con Haymitch"— se despidió finalmente con una pequeña sonrisa para, acto seguido, salir también del cuarto. El sonido de la puerta al cerrarse terminó de derrumbarme. A duras penas pude jalar la silla a su lado. —"No sé si puedes escucharme o no"— le dije mientras le tomaba la mano. —"Pero sigo aquí y no me voy a ir a ningún lado"— mi voz salió entrecortada. —"Así que tú tampoco te vayas"— y ahí mi voz falló por fin, dejando salir todo. Las lágrimas bajaron, seguidas de lamentos. No supe cuánto duró ni me importó. Luego llegó el silencio, solo interrumpido por el sonido de la camilla. El tren se puso en movimiento, pero el silencio continuó. Sentí mis ojos cerrarse solos en algún momento. Pero entonces la puerta se abrió, espantándome el sueño. —"Oh, discúlpame"— comentó el doctor. Me pasé la mano por la cara rápidamente para limpiarme. ¿Cuánto tiempo había pasado? —"No sé si podrías darme unos minutos a solas con él. Es hora de su baño de esponja... o no sé si quieras ayudarme"— mis ojos se abrieron de golpe mientras él levantaba un balde. —"Ah, no. Yo... entiendo. Iré a ver a Haymitch y a Effie. Regresaré en un rato"— le respondí, más tímida de lo que me habría gustado. Pero bañarlo con una esponja… Alejé esos pensamientos de mi mente mientras salía por la puerta, directo a buscar a Haymitch y a Effie. Caminé mirando por la ventana, donde todo parecía un borrón. Cuando menos lo esperé, me encontré parada frente a las puertas de los que una vez fueron nuestros cuartos. ~Entonces, no creo que lo de tu baño sea lo único "caliente" de tu día hoy, ¿no?~ Su voz regresó a mí. Junto con su imagen, recostado contra la puerta. Cerré los ojos y gruñí antes de seguir mi camino hacia el comedor. Llegué a la puerta y estaba a punto de abrirla cuando escuché la voz incrédula de Haymitch a través de ella. Fruncí el ceño. ¿Qué le pasa ahora? Me acerqué más para escuchar mejor. —"¿Effie, cómo demonios que está muerto?"— exigió él. ¿Muerto? —"¡Shh! No hables tan fuerte"— lo regañó ella al instante. —"Sí, lo encontraron esta mañana con un tiro en la frente en su estudio. Al parecer estaba cenando con alguien"— le dijo ahora, en un tono mucho más bajo. ¿De qué están hablando? —"¿Tiro en la frente? ¿Tú crees que…?"— La voz de Haymitch sonaba más incrédula que nunca. —"No lo sé. Podría ser, pero esto solo significa que algo salió muy mal"— respondió Effie, y se notaba que estaba asustada. —"Effie, escúchame. Promete que vas a mantenerte alejada de todo. Si Seneca está muerto y fue Bran, no dudará en cumplir su palabra de aquel día"— sus palabras murieron lentamente. El Vigilante Jefe… ¿está muerto? ¿Bran… el hermano de Peeta? ¿Cumplir? Sin esperar más, abrí la puerta. Vi cómo Haymitch soltaba la mano de Effie como si quemara en cuanto me vio. Se levantó rápido del sillón, seguido de Effie, que forzó una sonrisa al instante. —"¿Katniss? ¿Está todo bien?"— Preguntó ella, dando un paso al frente. —"¿Qué está pasando?"— Pregunté, clavando la vista en Haymitch. Él maldijo por lo bajo. —"¿Es que no te enseñaron a no escuchar conversaciones ajenas?"— Me reprendió. —"No me vengas con eso"— le respondí antes de acercarme a los dos. —"Mira, niña, esto no tiene nada que ver contigo—" —"¿Que no tiene nada que ver conmigo?"— Lo interrumpí mientras él levantaba las manos con fastidio. —"¿Crees que soy estúpida? El Vigilante Jefe de mis Juegos aparece muerto a dos días de haber ganado, ¿y dices que no tiene nada que ver conmigo?"— le solté. Sabía que ni él se creía su propia mentira por la forma en que se le arrugó el rostro. —"¡Katniss!"— Estalló Effie, callándome al instante. Su expresión seria me hizo tragar saliva. —"¡Escúchame bien, jovencita!"— Podría haber parecido un regaño más, pero su tono me hizo sentir pequeña por un segundo. —"¡Este no es un tema del que debamos estar hablando, ¿entiendes?! ¡Tú, ahora mismo, debes concentrarte en Peeta y en volver a casa! Esto es un asunto delicado que ni nosotros entendemos del todo. Así que, por favor, dime: ¿necesitas algo?"— Preguntó ya más calmada, aunque seguía comiéndome con la mirada. Quise responder, pelear, pero no pude. Su mirada no me dejo hacerlo. Apreté mi mano para dejarla ir al momento. —"Tengo hambre"— solté simplemente, desviando la vista. —"Excelente. Vamos a comer algo todos"— replicó ella, dándose la vuelta para caminar hacia la mesa. Haymitch y yo la seguimos con la mirada. Vi cómo él hacía una mueca de aprobación, como si celebrara el regaño que me acababan de dar. —"Así que eso es lo que sienten los demás cuando me grita a mí"— soltó él, solo para ganarse una mirada asesina de mi parte. Mientras pasaba a su lado. Me dejé caer en la silla y empecé a servirme algo de fruta. Haymitch se nos unió al segundo y, sin decir nada, nos pusimos a comer. —"¿El médico volvió con Peeta?"— Preguntó Effie, recuperando su brillo habitual. Asentí, sin ganas de hablar. —"Ja, déjame adivinar: pasó algo íntimo. ¿Un termómetro en el recto o algo así?"— Se burló Haymitch. Se soltó a reír en cuanto noté el calor subiéndome a la cara. —"¡Oh, por Dios, Haymitch! ¡Por favor, estamos comiendo!"— Lo reprendió Effie al instante, soltando los cubiertos con una mueca de asco. Apreté el cuchillo sin dejar de mirarlo. —"Effie, ayúdame, me quiere matar"— gimió él como un niño. Ella solo soltó un suspiro. —"¿Es que no podemos comer tranquilos?"— Susurró, mirando a Haymitch. —"Bueno, aquí es cuando el chico rompería el hielo golpeando la mesa"— dijo Haymitch antes de dar un trago a su copa. Giré la cabeza hacia la silla vacía a mi lado. No fui la única; todos lo hicimos. —"Es verdad. Recuerdo cómo saltó todo y la cara de horror que puso Portia"— comentó Effie, llevándose la mano a la boca, intentando ocultar su sonrisa. —"Sí, el condenado es fuerte"— dijo Haymitch, dejando la copa en su sitio —"Cuando nos pusimos ebrios en la azotea terminamos a golpes y, créeme, nunca sentí un puñetazo más duro que el suyo"— agregó, tocándose la mejilla. —"¿Se pelearon ese día?"— La pregunta se me escapó sola. —"Hicimos muchas cosas en esa azotea después de mear hacia la calle y cantar... Sí, nos peleamos"— respondió con una sonrisa idiota en la cara. Effie le lanzó una mirada que podría haberlo matado ahí mismo. —"No voy a dejar que vuelva a beber contigo"— me encontré diciendo. —"Ya somos dos"— me secundó Effie. —"Buh... era lo primero que quería hacer con él en cuanto despertara"— se quejó él, mientras mordía un muslo de pavo. Por un instante, la imagen de Haymitch cantando con Peeta en el Distrito 12 y haciendo el ridículo como solía hacer él solo, me provocó un escalofrío. Sin más, cada uno volvió a su comida. El silencio reinó de nuevo. Partí la fruta y comí de forma automática, perdida en qué diría o qué haría Peeta si estuviera aquí. —"Entonces, ¿qué se quedó haciendo el doctor?"— Preguntó Effie, sacándome de mis pensamientos. —"Ah, se quedó dándole un baño"— dije rápido antes de meterme más fruta a la boca. —"Ja, sabía que era algo íntimo"— volvió a soltar Haymitch, pero lo ignoré por completo. —"Es bueno que él esté aquí; dudo que fuera cómodo para nosotros encargarnos de esas cosas"— puntualizó Effie antes de comerse un trozo de pescado. Le di la razón con un gesto de cabeza. Terminé lo que había en mi plato y me puse de pie. —"Será mejor que regrese, ya debió de terminar"— dije. —"Si no, podrías terminar de ayudarlo"— aconsejó Haymitch, levantando las cejas. Tomé una uva y se la arrojé al pecho; él solo se rio. Retomé mi camino sin prestarle más atención. El sol había avanzado bastante desde que subimos al tren. Lo miré por la ventana. Cada vez más cerca. Prim, Mamá. Presioné el botón de la puerta de la habitación de Peeta. Encontré al médico revisando su nuevo brazo con un libro abierto en la otra mano. —"Terminaré en un momento"— anunció al notar mi presencia. —"No, está bien, entiendo"— le dije, caminando hacia la silla de nuevo. Él asintió, concentrado en algo de esa cosa extraña y plateada. Miraba alternadamente el libro y el metal, como si algo no le cuadrara. —"¿Está todo bien con... su brazo?"— La palabra me supo rara. No era su brazo; era una cosa distinta que aún no terminaba de procesar. —"Sí, claro que sí, todo está en orden. Es solo que tengo que limpiarlo, pero no termino de entender cómo funciona este trasto. Es algo antiguo"— dijo soltando un suspiro y concentrándose en la lectura. Espera, ¿qué? —"Pensé que era lo último en tecnología, o eso nos dijo el otro médico"— le solté, obligándolo a dejar el libro para mirarme de frente. —"Sí, bueno, es lo último en su rama, pero ya no es común. O más bien, ya nadie quiere usar prótesis. Todos prefieren la regeneración completa del miembro"— me explicó antes de volver su atención al brazo. Regeneración completa. Regeneración. —"¿Podrían haber reconstruido su brazo?"— Solté incrédula, mirando la cama. —"Sí, muy fácil, la verdad"— me respondió el doctor mientras pasaba de página. Y aun así prefirieron ponerle esa cosa. Una ira fría me recorrió al instante. Abrí la boca para exigirle respuestas al hombre que seguía estudiando la prótesis. Pero me mordí la lengua. Apreté las sábanas con fuerza. Necesitaba saber más. Me obligué a calmarme. —"¿Y los cables y todo lo demás? ¿Para qué sirven?"— Pregunté, intentando no sonar furiosa. —"Eso es más sencillo. Verás, en su estado, el cuerpo empieza a perder músculo por la inactividad, pero gracias a esta camilla y a los electrodos, la pérdida será mínima. Mandan impulsos eléctricos a los músculos para mantenerlos activos. Pasa lo mismo con su mente. Así, el daño cuando despierte —si es que despierta— será poco y la recuperación más rápida"— me explicó con pasión, pero yo solo me quedé con lo de "mínimo" y "más rápido". Eso era lo único que me importaba. Asentí a sus palabras y él siguió a lo suyo. —"No, realmente no entiendo esto. Tendré que pedir asesoría. Con su permiso"— se excusó unos minutos después, cerrando el libro y saliendo de la habitación. Me quedé mirando ese "brazo". Torcí el gesto antes de arrastrar la silla para sentarme a su derecha. Lo que veía no tenía sentido. Piezas plateadas y negras que le subían por el brazo hasta perderse en el hombro. ¿Qué demonios te hicieron? Nunca voy a entender los juguetes del Capitolio. En el 12, y sobre todo en la Veta, nos arreglamos con hierbas y ungüentos caseros. Si alguien perdía una extremidad, ahí se acababa todo. En el Capitolio, en cambio, parece que solo es un inconveniente menor. Sabía que tenían tecnología rara, pero esto es otro nivel. Acerqué la mano hasta tocar sus dedos. Fríos. Demasiado fríos. Deslicé los dedos hacia arriba. Se sentía como tocar una viga de acero: algo duro, helado y muerto. Sacudí la cabeza. No, es Peeta el que está ahí debajo, resistiendo. Volví a sujetar sus dedos y lo miré a la cara. Estaba demasiado tranquilo. Le apreté la mano metálica, intentando que no se sintiera tan helada. —"Ni con este trasto vas a ganarme al ping-pong"— le susurré. Esbocé algo parecido a una sonrisa. No, no podrá. —"No sabía que se podía echar tanto de menos a alguien que conozco desde hace tan poco"— dije, mientras seguía palpando esa textura extraña. —"Pero te extraño"— volví a mirarlo, esperando una respuesta que no iba a llegar. —"Y lo peor, lo que más me asusta ahora..."— Me detuve un segundo y me mordí el interior de la mejilla. —"Es tener que explicarles todo esto a Mamá y a Prim"— El pecho se me apretó, pero la sensación se esfumó cuando recordé algo. —"Cuando estábamos en la azotea dijiste que mi madre te diría que te alejaras de mí. Y creo que tienes razón"— solté con amargura. Hasta en eso tuviste razón… La puerta se abrió y aparecieron Effie y Haymitch. Él traía una botella de vino en la mano. Supongo que ya puede volver a beber. —"¿Cómo va nuestro campeón?"— Preguntó mientras terminaba de entrar. —"El médico no termina de entender esto"— dije, levantando un poco el peso muerto de la mano de Peeta. Haymitch arqueó una ceja y miró a Effie. —"Es normal; las prótesis ya no son comunes hoy en día"— respondió ella mientras se sentaba. —"Malditos juguetes suyos que ni ellos mismos conocen"— gruñó él por lo bajo. —"Katniss, deberías darte una ducha. Estamos a dos horas de llegar al 12"— me recomendó Effie. Sacó un aparato de su bolso. Mi pierna empezó a golpear el suelo al instante. Asentí y me puse de pie. —"Puedes usar el baño de tu antigua habitación. Y no te preocupes por la ropa; no habrá cámaras"— dijo Effie. Levantó la vista de lo que sea que escribía para dedicarme una pequeña sonrisa. —"Nosotros nos quedamos con él, así que no te agobies"— soltó Haymitch. Dio un trago mientras examinaba la mano nueva con interés. Presioné el botón para salir, no sin antes darles una última mirada a todos. Golpee marcó un par de veces. —"Yo…"— dije llamando su atención. —"Gracias por todo a ambos"— termine y salí sin verlos. A mitad del pasillo esbocé una mueca; al final, ellos dos serían los únicos que me entenderían al llegar. Qué extraño es todo ahora. El agua caliente ayudó a bajar un poco el pánico que no lograba quitarme con nada. Tomé la ropa más normal del armario y empecé a cambiarme. Me quedé mirando la cama. Ahí había dejado las únicas cosas que todavía cargaba conmigo. El sinsajo de Madge y la hoja amarillenta que no había vuelto a abrir desde que Haymitch me la enseñó en el hospital. Terminé de abrocharme el brasier y me senté en la cama con ambas cosas. Pasé el pulgar sobre el metal del pájaro. Libertad. Empecé a desdoblar el papel. El corazón me golpeaba el pecho mientras abría el dibujo. Su dibujo. Prisión. Dos cosas totalmente distintas, pero que nos pertenecen a los dos. Recorrí con los dedos los trazos; seguían siendo claros a pesar de todo lo que ha pasado. Donde empezó todo. Lo doblé con cuidado y lo guardé en el bolsillo del pantalón junto al sinsajo. Terminé de arreglarme y salí directo a verlo. Todo estaba exactamente como cuando me fui. Haymitch bebiendo a sorbos. Effie escribiendo y el zumbido de la camilla haciendo su trabajo. Tomé mi lugar y me puse a esperar como ellos. Mirándolo, analizando. El silencio era una calma falsa, a la espera de algo. —"¡Atención, pasajeros! Estamos a diez minutos del Distrito 12"— anunció la voz metálica. El estómago se me revolvió en cuanto escuché el aviso. Miedo, ansias, una pizca de alivio; un desastre que no podía controlar. Mi pie no paraba de moverse y empecé a frotarme las manos. —"Bien, llegó el momento"— soltó Haymitch. Se puso en pie, terminó su último trago y tiró la botella a la basura. —"Sí"— dijo Effie, guardando su aparato y levantándose también. Sentí sus miradas clavadas en mi nuca durante unos segundos eternos. Miré a Peeta y solté el aire que me quemaba en los pulmones. Le tomé la mano; seguía fría. No sabía si lo hacía por consuelo o por pura inercia, pero me daba igual. Me puse de pie despacio, sin soltarlo. No quería hacerlo. ¿Por qué me haces tanta falta? Sentí una mano en cada hombro. Le apreté la mano a él buscando algo de fuerza antes de soltarlo. El doctor apareció justo entonces, escoltado por unos agentes de la paz. Salimos sin decir nada mientras él daba instrucciones para mover la camilla con cuidado. Me quedé mirando por la ventana. El humo de las minas y los edificios viejos empezaron a aparecer. Casa. ¿Pero lo sería realmente? Me puse en marcha siguiendo a Haymitch y Effie. Cada edificio que reconocía me revolvía un poco más el estómago. Llegué a la puerta y bajé la vista al suelo. Abría y cerraba las manos buscando una circulación que parecía haberse cortado. El tren frenó hasta detenerse por completo. El chirrido de la puerta al abrirse me sobresaltó. Esperaba los focos cegadores de siempre. Pero esta vez no había nada. No más luces. No más mentiras. No más actuación. Solo un grupo de gente amontonada a unos metros de la plataforma. Una fila de agentes de la paz los contenía. No había gritos. Solo silencio. Y ahí, en medio de todos, estaban ellas bajo un paraguas abierto. Mi paraguas. Al que juré regresar. Mis piernas reaccionaron solas. —"Prim"— susurré mientras echaba a correr hacia ella. —"¡Katniss!"— Su voz fue un grito que creí que nunca volvería a oír. Se soltó de la mano que la sujetaba. Lo siguiente que supe fue que estaba de rodillas, abrazándola con todas mis fuerzas. Ella sollozaba y repetía mi nombre una y otra vez. Y todo pareció ser perfecto. Por fin… Se acabó... Al menos por un segundo.
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