ID de la obra: 695

El invierno en que todo cambió (Yoshikaru's)

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planificada Mini, escritos 23 páginas, 7.383 palabras, 4 capítulos
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Un corazón con dos nombres

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Yoshiki tenía claro una cosa: quería a Hikaru, pero nunca estarían juntos. Eran mejores amigos desde niños y el tiempo lejos del otro apenas podía contarse. Al pasar casi toda su vida juntos, los sentimientos naturalmente se entremezclaron: hermandad, afecto, atracción. Parecía imposible no desearlo con locura, aunque, de modo curioso, era bueno finciendo no hacerlo. Solo a veces... A veces tenía deslices, como mirar su estómago desnudo cuando su camiseta se alzaba un poco, oa sus pies delicados reposando sobre el suelo de su casa. En ocasiones se atrapaba a sí mismo apreciando el cuello ajeno al carcajearse, o la manera en que el viento hacía bailar sus hebras blancas en el aire, dándole un aura salvaje y despreocupada. No era intencional. Ocurría, lo dejaba helado y atraía la culpa a su mente. Vivía con reproches constantes a sí mismo, pero no podía detener los pensamientos intrusivos hacia él. Con el tiempo, pudo adaptarse a ellos. Decidió no repudiarlos, y en vez de rechazarlos, los ignoraba como si fuera el pan de cada día. Así perdieron su importancia y pudieron pasarlos por alto sin problema. Porque nunca se fueron. Todo se complicó más cuando conoció al gemelo de Hikaru. Se llamaba Hika. Era igual a su amigo en apariencia, pero su personalidad lo hacía ver como alguien diferente en toda medida. Era parecido a Yoshiki, un poco. No le gustaba hablar demasiado, sin embargo, por sus escasas interacciones lograron formar una opinión de él. Era una persona extraña. Envidiaba lo que no podía tener, pero al mismo tiempo, amaba a quien le producía ese mal sentir. Su contradicción en sí misma no lo hacía una persona excéntrica, pues al final todos los humanos son así. La cuestión radicaba en su actuar errático: comentarios mordaces en secreto, risas burlonas y notas confusas. Yoshiki no podía tenerle estima a alguien así. Por supuesto, le habló a Hikaru sobre este desagrado una vez, cuando aún eran niños. Ese día estaban caminando solos en el patio escolar. Sin saber porqué, la imagen de Hika empañó su mente de la nada. —Oye, ¿no es tu hermano malo contigo a veces? —Eh, ¿a qué te refieres? Hika es el mejor hermano que podría tener. Aparte de ti, claro. Hikaru dijo lo último a la par de una risita. Lo abrazó por los hombros y lo miró con una cara graciosa. —Ahora que lo conociste más ¿estás celoso? —Ey, no molestes así. —Yoshiki se apartó sin miramientos, pero había cierta gracia en sus movimientos. Debió obligarse a enseriarse para continuar—. Es que, uh, solo siento que no es muy transparente cuando están juntos. O al menos cuando estoy presente, me parece muy falso. Hikaru paró de caminar. —Yoshiki... No hables de mi hermano tan a la ligera. Él es un chico genial. Aunque tiene algunas dificultades para aceptar a gente externa a la familia, y tú no eres la excepción, eso no significa que no sea una buena persona. Por favor, si te molestó de alguna manera, no lo odies, ni se lo digas, porque te aseguro que no fue su intención ser malo. —E-eh, no hacía falta que digas todo esto. Sí, no me gusta como es, pero no lo odio. Tampoco quería sonar como un idiota, lo siento. Lo que quería decir más bien es... ¿Sabes qué? Olvídalo. Retomó su caminata, poniendo las manos en los bolsillos. Los pasos de Hikaru lo corretearon. —¿Te vas a enojar conmigo ahora? —No estoy enojado. —Oh, claro, claro... ¡Y no estás enojado! —¡Ey! Le lanzó una mirada ofendida por el rabillo del ojo y Hikaru lo empujó suavemente por la espalda —Vamos, no seas así. Hablemos de otra cosa. Masajeó sus hombros de modo muy convincente. Yoshiki suspiró, inclinando la cabeza. —Bueno, hay una maqueta que deberíamos terminar por si lo has olvidado... Hikaru dejó una palmada en sus omóplatos y se situó a su lado con las manos en la cabeza. —¡Cierto, ese trabajo! ¿Cómo fuimos a dejar pasar tanto tiempo? Hoy mismo voy a tu casa. Mañana ya debemos acabarla. Qué estresante. —Adelanté bastante. Te ayudaré con tu parte. Y eso fue todo. Jamás pudo decirle la razón de su molestia hacia Hika, ya que los años pasaron e incluso su mala espina inicial se transformó en afecto, disipando todo sentimiento de rechazo hacia Hika. Pero, a veces, todavía tenían roces por actitudes amargas de él. Cuando supo de la desaparición de ese gemelo, tan apartado y solitario, se sintió profundamente decepcionado consigo mismo. Recordar al Hika anterior le despertaba una desazón indescriptible. No lograron conectar ni buscaron comprenderse, sin embargo, su muerte era algo que no esperaba. Asimismo, no vio venir que sus sentimientos reprimidos se volverían un problema más tarde, al conocer a "Hika". No Hika, el gemelo de Hikaru..., sino algo más, oculto en el cuerpo de él. Siendo aquella una oscuridad latente pero atrayente, envuelta con esa apariencia, era obvia su caída. ...... —Mi hermano desapareció. —¿Qué? Yoshiki apretó el teléfono —No sé qué sucedió. Hoy simplemente desperté por los gritos de mamá. No encontraba a Hika y estaba llorando a yeguas. Me preguntó dónde estaba y no sabía qué respondió. Él y yo teníamos que hacer algo hoy, teníamos planes, te lo conté. —Sí, me lo dijiste. Lo lamento mucho, Hikaru... No puedo creer que esto esté pasando. Haremos todo para buscar, ¿está bien? —Estoy avanzando con un escuadrón de búsqueda ahora... Muchos vecinos están reuniendo gente. Cuantos más seamos será mejor, ¿puedes sumarte a alguna escuadra? —Claro, ni lo menciones. ¿Te veo más tarde? —Por favor. —De acuerdo. Ve con cuidado. Y..., y no te preocupes, debe estar bien. —Eso es lo que más deseo —exhaló —Y así será. Mantén la calma, ¿sí? Nos vemos pronto. Yoshiki colgó y salió corriendo de su casa. La lluvia empapó su pelo oscuro y le enfrió la piel. Tenía el corazón a mil por hora. Se unió a los escuadrones de búsqueda, pero en algún momento, estos desistieron para retomar la labor el día siguiente. No se había cruzado con Hikaru hasta entonces y le preocupaba que sufriera un desmayo con ese clima funesto. Estaría destruido. La noche llegó y una ventisca helada agitó los árboles a su alrededor. Sin prestar atención a nada, de alguna forma terminó por escalar una zona montañosa. No esperaba encontrarlo. De verdad que no. Aunque era su intención inicial, le impactó de sobremanera, porque solo había seguido un instinto. Más impactante aún resultó el estado en el que estaba el cuerpo de Hika. Llevaba una chaqueta verde, el pelo húmedo pegado a las sienes, y una palidez extraña para un ser humano. La sangre parecía relucir aún en la oscuridad, pues la luna se volcaba entre las nubes tormentosas. Él ya no podía estar vivo. Hika era solo un cadáver. Sus ojos temblaron. "¿Cómo...? ¿Cómo es esto posible...?" Con el cuerpo debilitado y el pecho revuelto por una avalancha de emociones, salió corriendo. Para su mal, no vio venir una rama en medio de su camino, tropezó con ella y cayó entre un amontonamiento de hojarasca. La cabeza chocó contra el suelo estruendosamente. Parpadeó dos veces. El mundo se distorsionó en vueltas sin sentido, hasta que todo se sumió en una negrura profunda. Al despertar, se encontró de frente con la cara de Hikaru. Pero... ese no era Hikaru. Gritó mientras se arrastraba lejos de él. Ante él, estaba Hika. A quien vio tirado, muerto, antes de su caída. Se hallaba despeinado y curioso. Le tendió la mano con soltura. —Tú... eres Yoshiki, ¿no? —S-sí... ¿Hika? —Ah, sí, soy Hika. Creo que sufrí un accidente y ahora mismo estoy algo perdido, ¿sabes? —Gesticuló de manera anormal, como si le estuviera explicando algo a un niño, o tratando de entender sus propias palabras. 'La cosa' miró el cielo despejado. El color naranjoso daba indicios del amanecer. Yoshiki asintió, trémulo. —¡Claro! Es normal. Pero ahora que te encontré podrás volver a casa. Uh, pero antes debes ir al hospital. Esa herida se ve muy mal. Hika lo miró y dio vuelta la cara. —Debería. Tienes razón. —¿Quieres... Quieres que te cargue? Hika abrió los ojos. Parecía sorprendido. —¿Por qué me cargarías? —¡Por tu accidente, obviamente! —Oh, ya veo. Entonces sí. Yoshiki volteó, aún semi-sentado, y se puso de cuclillas para que se montara en su espalda. Estaba adolorido, pero era muy joven, así que no le suponía un imposible tal esfuerzo. Más bien, le preocupaba mucho rebobinar una y otra vez la escena que vio la noche anterior. Hika estaba realmente muerto ayer. ¿O acaso el golpe lo hizo imaginar cosas tan escalofriantes? Hika dispuso las manos en sus hombros. Su piel se erizó al contacto. —¿Qué hacías aquí? —le murmuró al oído. Tragó saliva. —Te buscaba, como todos. El pecho de Hika se presionó contra su espalda húmeda. El sudor y las gotas de lluvia se deslizaron por sus sienes embarradas. —Ya veo. La respiración ajena se amansó y Yoshiki apretó las piernas de Hika contra sí mismo, irguiéndose al mismo tiempo. —¿Estás bien? —¡Lo estoy! Gracias. Por preocuparte —dijo, en tanto su cabeza descansaba en la nuca de Yoshiki, quien no sabía ni hacia dónde mirar. Caminó hasta la entrada de una clínica austera. Como era demasiado temprano, no había mucho movimiento. Además, llegó por lo oscuro; la sombra del amanecer. Bajó a Hika frente al establecimiento. —No puedo entrar contigo, soy menor de edad. Pero llamaran a tu mamá apenas digas quien eres. Todo el pueblo te estaba buscando. —Gracias... Yoshiki. Yoshiki ascendió y se marchó sin mirar atrás. No quería quedar como el héroe que encontró a Hika o algo así. Era vergonzoso, más cuando casi se muere él mismo por tropezar en el bosque. Pero la principal razón de su huida presurosa, era el estado de su cuerpo. Sentía que iba a desfallecer en cualquier momento. Apenas podía mantenerse en pie. Llegó a la casa con pasos pesados. Con las pocas fuerzas que guardaba, se dio un baño caliente y se lanzó a la cama. Tenía clases en un par de horas, pero no le interesó en absoluto. Su cabeza hervía. Se mantuvo enfermo una semana entera. Durante ese lapso de tiempo, su conciencia viajó a lugares recónditos. Ni siquiera sabía cuánto era dos más dos. Lo poco que escuchó de su madre fue que Hika fue encontrado por quién sabe quién, estuvo en el hospital brevemente y luego le dieron el alta. Lo importante era que al final estaba a salvo y en los brazos de su familia. Después de ese día, los dos inevitablemente se volvieron más unidos. Aunque no porque Yoshiki quisiera. Hika empezó a asistir al colegio, cosa que antes no hacía. Se lo topaba en cada esquina e incluso frecuentaba su casa después de clases. Supuestamente, para leer los mangas que tenía. Yoshiki no encontró fuerzas para hacerlo y desistir de sus constantes acercamientos. Era molesto al comienzo. Luego se volvió habitual. Y con ello vino el gusto; la comodidad, lo refrescante, la tranquilidad, lo empujaron al borde de mezclar sus sentimientos. Fue una sensación bastante amarga, contrario a lo que pensaría cualquiera. Él era hermoso, sin duda. El problema era el extremo parecido a su mejor amigo. Sus personalidades distaban, además, pero él tenía una chispa especial. Quería protegerlo. Ansiaba enseñarle todo. No quería que algo malo le pasara. Nunca sintió eso con Hikaru, a quien siempre vio como una persona que podía resolver cualquier cosa en silencio, ya fuera por orgullo o verdadera independencia. Hika, en cambio, era fuerte físicamente, pero en cuanto a lo emocional, el mejor ejemplo sería un bebé gateando. Cuando una bestia fluctúa los cazadores pueden ver su oportunidad. "¿Qué cosas estoy pensando?" Yoshiki se sostuvo la cabeza. Era como si estuviera perdiendo los tornillos uno a uno. —¿Por qué te agarras así la cabeza? Hika apoyó el mentón en sus brazos recostados sobre la mesa rodeada de libros y apuntes. Estaban estudiando en la biblioteca, pues pronto entrarían a época de exámenes. —Estoy frustrado —se sinceró. —¿Tú? ¡Qué extraño! —Oye, más extraño es lo que haces. ¿Cómo es posible que dejaras que te robaran el almuerzo? —¡Que no me lo robaron! Los chicos me lo pidieron muy amablemente y les dije que sí. —Eso es robar descaradamente. —Pero, pero yo les di permiso. ¿No dijiste que el permiso lo es todo? Se acarició la frente con fuerza. —Ah. Sí, lo es. —Como el otro día, cuando tocaste mi interior y luego yo te toqué. Te dije que lo hicieras, pero tú no me dijiste a mí que lo hagas y te enojaste. Por eso el permiso es importante. Yoshiki sintió el calor aflorar en sus mejillas. —Así es. Solo que estamos hablando de situaciones diferentes. Esos chicos se aprovecharon de ti. Hika ascendiendo, sin dejar de mirarlo con fijeza. —Entiendo. —¿Qué pasa? —Se apartó el flequillo un poco, pues le rozaban las pestañas. —. ¿Tengo algo? —¡No! Es que... si tú te aprovecharas de mí, ¿cómo me daría cuenta? Yoshiki se echó para atrás, impactado por esa pregunta. —Yo aprovechándome de ti... Qué locura. Jamás haría algo así. Hika abrió los ojos en demasía. Parecía que había cometido un error. —¡Eso lo sé! Tu alma es la más pura que he visto hasta hoy. Solo estoy hablando tonterías. —Está bien, es... una duda razonable. Estás aprendiendo mucho. Eso es bueno. La verdad es que si quisiera aprovecharme de ti, probablemente no te darías cuenta. Por eso también tienes que recurrir a otras personas. Si alguna vez sientes que algo de lo que digo o hago puede ser perjudicial para ti, entonces olvídate de mí, me habré vuelto loco. Pero si de verdad estás preocupado, puedes hablar con alguien de confianza y cuestionar la situación. Hika sonriendo. Al hacerlo, sus dientes ostentaban la apariencia de perlas brillantes y sus labios la de una fruta roja. —Eres tan sabio, Yoshiki. Sabía que dirías algo increíble. ¡Eres el mejor! Lo abrazó de costado de un instante a otro. Yoshiki no pudo esquivar sus brazos delgados pero fuertes. Contuvo una sonrisa y lo sostuvo de la muñeca, fingiendo alejarlo. Pese a su intención original, cuando vio los ojos rojizos de su amigo tan cerca de los suyos, no pudo evitar tensarse. Su mente quedó en modo estático. Y Hika, aprovechando el entorpecimiento de Yoshiki, dejó un casto beso en sus labios resecos. Fue un contacto nimio, muy parecido a la caricia de la cola de un gato cuando pasa por tu lado. Breve, y sin embargo, enternecedor. Yoshiki no tuvo reacción alguna de inmediato. — ¿Qué fue eso? —murmulló casi un minuto después. Hika se encogió de hombros, de repente nervioso. —Lo vi en un manga —soltó rápidamente, esquivando la acción de verlo a los ojos—. Había una princesa que besaba a una bestia. Ellos querían estar juntos para siempre y venderon su amor con un beso. ¿Es algo malo? Yoshiki se pasó una mano por la cara caliente. No sabía por dónde empezar a explicar. —Los besos solo se los dan las parejas. Esa bestia y esa princesa eran novios, o esposos, lo que sea. Tú y yo —los señalados de punta a punta— somos amigos. Y además hombres. Los hombres no suelen ser pareja. —¿Por qué no? Yoshiki se sintió incómodo. —Eso... La alarma del receso recorrió la estancia —Será mejor que nos vayamos. Te lo explicaré después. Yoshiki aprovechó la distracción para salir de esa situación. Recogió sus pertenencias y se dirigió al aula como alma que lleva el diablo. Hika lo siguió de cerca llamándolo por su nombre. Antes de llegar al salón, la mano de Hika lo arrastró a un pasillo poco transitado. Sus ojos se notaban llorosos, resplandecientes. —Yoshiki. No me importa si no se puede... Yo quiero ser tu pareja. No quiero estar lejos de ti. "No me mires así", quiso susurrar, porque una vorágine de emociones le partía el corazón en dos. Yoshiki jadeó cuando volvió a ser besado. Esa vez... cerró los ojos. Estaba en una encrucijada muy complicada.
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