"Nunca niego un trago"
22 de enero de 2026, 15:23
—No puedo creer que estoy haciendo esto —susurro.
—Lo harás bien.
No era eso a lo que me refería.
Miré al Den Den Mushi pequeño en mi mano con molestia y luego a todos lados esperando que nadie me viera hablando como lunática a mi mano.
Había una cantidad considerable de gente. Unos cuantos borrachos en barra, otros jugando billar y la música estaba agradable, aunque había demasiado murmullo sobre la pista pero qué se le va a hacer.
Me siento como en casa. Puedo lidiar con cualquier situación pero lo que me preocupa...
—¿Cómo es que estás tan seguro que se acercará a mí?
—Presentimiento.
Pff ¡Cómo podría dudar de eso!
El barman aparece de repente y le levanto la mano —¿Qué tienes para ofrecerme? —le alzo la voz.
—¿Qué estás haciendo? No puedes beber nada muy—
—Si voy a hacer esto, voy a hacerlo bien —veo que se acerca, genial—. Hola, ¿qué tienes para beber?
Le doy las indicaciones al barman y pillo a Sabo en una esquina observándome. Sonrío para mí.
—Te noto nervioso —le alargo las vocales.
Escucho su risa nerviosa y me muerdo los labios divertida. Dios, cómo me gusta atormentarlo.
—Y tu te estás riendo de mí.
—Sí, la verdad que sí. Es mi placer personal.
—Me alegro de serte entretenido.
Dios, su voz es demasiado tentadora cerca de mis oídos —Ahora deja de hablarme o pareceré una loca —observo una mesa de billar liberada—. Tengo una idea.
—Maddy, no hagas—
Me acerco justo en el momento que unos tipos toman algunos tacos que se encuentran sobre la mesa.
—Caballeros —digo dramáticamente—. ¿Puedo jugar con ustedes? Es un poco aburrido por aquí.
—¿Al menos sabes jugar? —dice uno escéptico.
—¿Qué? ¿Tienes miedo?
Las palabras mágicas porque poco segundos después ya estamos a mitad de la partida. Mi bebida llega y estos chicos festejan por mi. Creo que ya estamos en ambiente.
—Acaba de entrar. Remera verde mate, tatuaje en brazo izquierdo.
Acomodo mi cabello y giro alrededor de la mesa de billar. Lo localizo enseguida, acercándose a la barra.
Bueno, llego el momento de demostrar los frutos de jugar billar desde los dieciséis. Acomodo el Den Den Mushi cerca de la clavícula, sobre mi blusa oculta por mi chaqueta.
Tomo el taco con naturalidad, calculo apenas y golpeo.
La bola entra limpia.
El ruido del impacto hace que algunas miradas se desvíen hacia la mesa. Los muchachos a mi lado festejan mi logro (a este punto festejan lo que sea) y yo les guiño divertida.
—Encendieron mi competitividad, muchachos. Prepárense —exclamo arrogante.
Me chiflan y tiran cumplidos mientras me hago a un lado para acomodarme el cabello.
Desde la barra, lo siento sin necesidad de comprobarlo. Sonrío al recordar a mi mamá reclamarme por tirar señales confusas a los hombres y llamar mucho la atención.
Ja, cómo cree que me conseguía bebidas gratis.
—Te está mirando —murmura.
—Lo sé.
Tomo mi trago de una y le hago una señal al barman en la barra para que repita. Lo pillo observándome y le sonrío aguitándole mi vaso vacío, tratando de conseguir un poco de alcohol quizás de su parte.
—Te toca primor —dice uno de los tipos con los que juego.
Primor la puñeta que te metería si no tuviera que ayudar al idiota de Sabo con esto. Preparo el taco y en tres golpes laterales meto la siguiente bola. Levanto las manos y desfilo para ellos en victoria, aprovechando lo borrachos que están.
Al pasar junto a mi, me roza con la mano la cintura y con toda la fuerza de voluntad me aguanto y mantengo mi distancia de él tratando de mantener mi buena onda.
—Mira esto cariño.
—¿Te está molestando?
Cállate Sabo.
Él tipo todavía me siguen mirando, bien.
El amigo de aquí hace su tiro pavoneándose frente a mi y yo lo desafío con la mirada sonriéndole. Los demás hacen su turno y luego me corresponde.
Me coloco en posición para dar el golpe, teniendo en cuenta que—
—Déjame te muestro cómo debes hacerlo —dice pegándose a mí por detrás tratando de enseñarme.
Ugh, asco —Disculpa, ¿puedes darme mi espacio? Puedo hacerlo sola, te lo aseguro.
—Vamos cariño, te servirá para después —y con una mano me jala de la cintura hacia él.
—Suéltame —digo incómoda y tajante. Cómo odio hacerme de la damisela en apuros.
Puedo ver por el rabillo del ojo un movimiento en la barra. Le doy un ligero empujón para tener más espacio y el tipo me sigue jalando hacia él.
Con un empuje en serio lo mandaría a volar lejos. MUY lejos.
—Hey —dicen los otros jugadores y lo separan de mí. Yo me alejo de la mesa de billar y me siento en una silla libre "aun procesando" mirando al suelo. Me arreglo el cabello unos segundos.
—¿Está bien? —levanto la vista y...
¿Qué demonios haces Sabo?
Sabo y el hombre de remera verde mate se encuentran frente a mi. La mano de Sabo cae en mi hombro y me la sacudo.
—Sí, estoy bien.
—Déjeme le invito una copa —dice el hombre suavemente. Lo miro insegura unos segundos —Si no quiere, no hay problema. Es sólo para compensar el mal rato.
Oh vaya, qué atento de tu parte.
Asiento dos veces, como convenciéndome a mi misma. Miro de reojo mal a Sabo al pasar a su lado. ¿Qué le pasa? ¿Cuál es el punto que haga todo esto si lo va a echar a perder? Se retira resignado y vuelve a su mesa.
Me siento al lado del tipo frente a la barra —Gracias, es muy amable.
—No hay porqué. Lamento que haya animales disfrazados de gente.
Le sonrío con amabilidad.
¿Como tú, por ejemplo?
—No todos saben comportarse en lugares con alcohol —continúa, con una sonrisa ladeada—. Algunos confunden amabilidad con permiso.
—Y otros confunden insistencia con encanto —respondo, girando apenas el vaso entre mis dedos. Debo ser cuidadosa con mis palabras para mantener su atención.
Ríe por lo bajo.
—¿Te arruinaron la noche?
—Para nada —tomo un sorbo sonriendo un poco nerviosa—. Solo me dieron una anécdota más.
Me observa un segundo de más, tratando de no señalar lo contrario por mi actuación de damisela. No es descarado, pero tampoco distraído.
Lo miro de reojo. Estará por la mitad de sus treintas, alto y bien fornido. Tiene un rostro atractivo. Si hubiera sido en mi pueblo, hubiera probado una chance.
—Te vi jugando al billar —comenta, consciente que lo estaba contemplando—. No parecías alguien a quien pudieran incomodar fácilmente.
—No lo soy —digo, mirándolo por fin—. Pero eso no significa que me guste que lo intenten.
Asiente, como si esa respuesta le confirmara algo.
Desde algún punto del bar, siento la mirada de Sabo clavada en mi nuca.
—¿Vienes seguido por aquí? —pregunta él.
—Cuando quiero pasar desapercibida —suelto una risita—. Hoy no me salió muy bien.
Ladea la cabeza concordando conmigo. Me encogí de hombros.
—¿Y tú? No suelo verte por aquí.
—Estoy de paso por la ciudad por trabajo. Tengo algunas cosas que resolver.
—¿Oh? ¿Por cuánto tiempo te quedas?
Me sonríe de lado —No mucho tiempo, lastimosamente.
—Qué pena —respondo con ligereza—. La gente interesante nunca se queda lo suficiente.
Alza una ceja, divertido.
—¿Interesante? —suelta una risa seca— Apenas me conoces.
Juego con su vaso, moviéndolo un poco—. A veces es solo una forma educada de decir que no eres aburrido.
Ríe, esta vez más relajado. Se pasa la mano por el cabello y yo sonrío internamente.
Bien. Esta bajando de a poco la guardia.
—Entonces supongo que debería agradecer la cortesía.
—O aprovecharla —añado, dándole un sorbo a mi trago mirándole a los ojos. Por como me observa, ha de creer que estoy ebria—. Aunque los que vienen por trabajo suelen tener la cabeza en otra parte —refunfuño.
—No siempre —responde despacio—. A veces el trabajo te lleva a lugares... curiosos.
Bingo.
—¿Como este bar? —pregunto sonriéndole con la mirada.
—Como ciertos puntos de la ciudad, sí —dice, bajando un poco la voz—. O lugares donde puede encontrarse más discreción.
Sonrío, ladeando el rostro.
—¿Y tú qué lugares frecuentas?
—Depende de cuánto valga la conversación.
Desde la barra, siento la presión invisible de la mirada de Sabo. Ignoro deliberadamente la sensación.
—Entonces esta conversación... —inclino un poco el vaso hacia él—. ¿Vale la pena?
Me observa unos segundos. No sonríe de inmediato. Evalúa.
—Digamos que sí —responde al fin—. Pero aquí dentro es difícil escuchar bien.
Ahí está la invitación. Sonrío enseñándole mi interés... Pero no la tomo enseguida.
—¿Problemas de oído? —bromeo.
—De paciencia —corrige suspirando indiferente—. Demasiado ruido. Demasiada gente.
Miro alrededor, exagerando un suspiro.
—Es cierto —me levanto apenas del taburete—. Y el humo me está matando.
Él se incorpora casi al mismo tiempo.
—A la vuelta hay un callejón más tranquilo —comenta, casual—. Cerca del muelle viejo.
Perfecto.
—¿No es peligroso? —pregunto, divertida.
—Solo si no sabes con quién estás hablando.
Lo miro, sosteniéndole la mirada un segundo más de lo necesario.
—Eso estaba pensando yo —bebo todo en un trago y hago un gesto hacia la salida—. Cinco minutos de aire. Si no me convence la conversación, vuelvo por el billar.
—Trato hecho.
Mientras caminamos hacia la puerta, llevo la mano a la clavícula, como acomodando la tela. El Den Den Mushi vibra apenas.
—Salimos —murmuro casi sin mover los labios.
No espero respuesta.
La puerta se cierra detrás de nosotros y el ruido del bar queda amortiguado. El aire nocturno es más fresco, salado. A lo lejos, el puerto respira lento.
Caminamos lado a lado.
—¿Siempre confías así en desconocidos? —pregunta.
—Solo en los que hablan demasiado sin decir realmente nada —respondo inclinándome un poco hacia él—. Suelen ser los más interesantes.
Sonríe, ladeado.
—Entonces supongo que debería cuidarme de ti —me dice suavemente.
—Ya es tarde para eso —bromeo.
Dobla hacia el callejón que mencionó. Las luces son más bajas. El suelo, irregular.
Da un par de pasos más y entonces se detiene.
—Aquí está bien.
Yo también me detengo. Me recuesto por la pared mientras me arreglo el cabello.
—Entonces... ¿cuándo te vas?
—Pasado mañana, no tengo mucho tiempo para jugar —dice acercándose a mi.
Mis manos van a su remera verde jugando por su pecho. Su mano izquierda cae en mi cintura y me acaricia con los dedos.
—¿Tan rápido? ¿No puedes quedarte más? —le susurro.
—Ya terminé lo que tenía que hacer hoy —responde acercando mi cadera hacia él e inclinándose a mi rostro—. Mañana es otro asunto. Cerca del distrito alto.
Ahí está.
—¿Distrito alto? —repito sorprendida—. Creía que esa zona era peligrosa.
—Sólo para los que no saben entrar —me mira a con los ojos nublados de deseo.
Sonrío despacio y se detiene en mis labios. Antes de que pueda responder, una sombra se mueve detrás de él sigilosamente.
Sabo.
Lo jala del cuello de la remera violentamente y con un movimiento rápido lo lanza de cara al suelo, sujetándolo. Dos figuras más emergen desde el extremo del callejón a ayudarlo.
El hombre gira apenas el rostro, tenso pero no sorprendido.
—Así que es así —ríe seco—. Debí saberlo.
Me acerco un paso y me pongo de cuclillas, mirándolo a los ojos.
—Te dije que valía la pena la conversación.
En cuanto me incorporo, Sabo se acerca rápidamente hacia mí, revisándome de pies a cabeza —¿Estás bien? No tenías que exponerte así.
—Estoy acostumbrada a esto Sabo —digo restándole importancia.
Está molesto, pero no es mi problema. Veo que se contiene en decirme algo más aunque sus ojos están quemándome viva. Le sostengo la mirada sin bajar la cabeza.
No voy a pedir perdón por haber hecho mi trabajo.
—Llévenselo —ordena Sabo y los dos tipos lo levantan, empujándolo para llevarlo supongo a nuestro barco.
—Ah, al fin —digo arreglándome la ropa y el cabello. Busco el Den Den Mushi y me lo saco— Ten, te lo devuelvo.
Se lo extiendo y él me analiza en silencio. Extiende su mano y yo le obligo a agarrarlo.
Suspira profundamente quitándose su enojo.
—No entiendo porqué te pones así. Sabes que puedo cuidarme sola.
—Sí, lo sé —dice enseguida, creo que ya frustrado consigo mismo—. Igual no puedo evitar preocuparme ¿sabes?... Ugh, no es divertido Maddy. No te rías.
—Lo siento, perdón. No es común que se preocupen por mí. Es extraño.
—Además se te pegó demasiado —suelta de repente impotente observando el callejón.
—Ni tanto —digo para calmarlo.
Me mira sopesando. Veo que quiere preguntar algo pero, conociéndole, es demasiado cortés como para atreverse a hacerlo.
—Ya deja de reírte.
Tengo unas ganas de molestarlo. Es demasiado estirado.
—Crecí en un bar Sabo. Algunas que otras veces me liaba con viajeros —me cruzo de brazos y me recuesto de vuelta por la pared—. Sabrás que no soy particularmente una santa.
—Igual no es motivo para que dejes que un hombre se te acerque tanto en una misión. Sólo necesitábamos que lo sacaras del bar.
No entiendo su lógica pero me toca asentirle y darle lo que quiere para que deje de armar drama.
—Está bien, la próxima—
—No habrá próxima vez. No te pediré que vuelvas a hacer algo así.
Asiento de vuelta rodándole los ojos. Todavía no parece tranquilo.
—¿Quieres preguntarme algo? —digo dándole la oportunidad finalmente.
Duda. Lo veo acomodarse el sombrero pensando si hacer la pregunta o no. Se forma un silencio por su incomodidad y, una vez más, yo no lo soporto.
—Vamos Sabo —le ordeno—. Pregunta.
Se masajea las cejas —Bien, hay algo que quiero saber —se me acerca serio, deteniendose lo justo para enfatizar lo que dijese—. Cuando nos conocimos, ¿Creíste que yo lo hacía con esa intención?
Levanto las cejas. ¿Era eso lo que pensaba? ¿Eso lo preocupaba?
—No, no lo creía —digo sinceramente y dejándome de bromas. Sus ojos conectan con los míos—. Eras demasiado cortés y respetuoso con mi espacio, estabas genuinamente preocupado por mi.
—Bien, mis intenciones eran completamente puras —se lleva la mano al pecho exhalando.
Recuerdo la paciencia y la calidez con la que me trato y se me escapa un latido.
No puedo creerlo. Había sentido tanto aquella vez, era justo lo que necesitaba y el había estado perfecto. Tan dulce y compresivo, tan atento y respetuoso...
Trago nerviosa al verlo relajarse. Quizás sí quería, muy dentro mío, que no hubiera terminado así. Al menos en ese momento, esa yo se hubiera animado a un poco más.
—Quizás hubiera pasado, me parecías muy atractivo —le bromeo probándolo. Se le cambia la cara. Está anonadado. Ay mierda. Le clavo el dedo en el pecho suavemente tratando de aligerar lo que dije —Pero me alegra que no porque al final terminaste engañándome eh.
—Me arrepiento —dice tan serio y cortante de repente. No hay señales de que bromee.
No, no. ¿Qué? ¿De qué se arrepiente exactamente? Le sonrío a medias con los dientes, rara por la situación. ¡Ah! Maldita sea, ¿por qué lo hago si al final yo termino incomoda?
Es su culpa. ¿Por qué no sólo bromea conmigo y deja de tomarme tan en serio?
Mejor largarme de esta situación —Ya olvídalo, ya te perdoné ¿okay? Sólo quiero tomarte el pelo.
Me sujeta la muñeca antes que lo logre. Me giro al instante —Pero me hubieras odiado más ¿no es así? Así que como está esta bien.
Mi corazón estalla dentro de mi pecho.
Ay, no. No, no. Esto no. Me quiero ir. Las alarmas vuelven a sonar y la ansiedad se me sube a tope. Escudriña mi rostro unos segundos, tomándose su tiempo.
Ah, maldita sea su cara. Esa cicatriz no hace su trabajo, es un tramposo de mierda.
Me suelta despacio sin apartarse —Me alegra saber que ya estoy completamente perdonado.
—¿Qué opción tengo? Mantener mi rencor más tiempo sería contraproducente.
Caminamos hacia el barco en un silencio cómodo, sin ninguna intención de los dos de romperlo.
Sus palabras empiezan a girar en mi cabeza y yo las sofoco. No quiero pensarlo. No quiero entender a que se refiere.
Me lo estoy agrandando cuando no es nada.
Osea, a él también le interesé en ese momento. Pues, sí, había atracción y este idiota a mi lado es demasiado guapo la puta madre y yo soy humana.
Pero fue sólo eso.
Fue sólo esa noche.
No implica nada ahora.
Ahora estamos bien, ya pasamos de esos los dos.
"—...Sólo pareces querer huir de mí.
—Eso no es cierto.
—Cada vez que hablamos pareces desesperada por largarte.
—¿Quizás porque eres odioso?
—No creo que sea eso.
—¿Y qué crees que es? ¿Qué crees que es Sabo?
—Aun no estoy seguro."
NO. ¡Olvida eso!
—¿Pasa algo?
—¿Por qué? —agh, mi tono a la defensiva.
No cambia el paso mientras mete sus manos en el bolsillo de su traje. —Pareces enojada.
—No estoy enojada —digo un poco mejor.
No está convencido pero ya no hace preguntas.
—¿Y ahora qué? ¿Lo interrogamos?
—Sí —saca un reloj y lo observa unos segundos. Lo vuelve a guardar—. Necesitamos confirmar algunas sospechas.
—¿Como qué?
Guarda silencio unos segundos —En esta misión tenemos como objetivo desmantelar la red de distribución de armas. Aun no estamos seguros, pero queremos confirmar si es que un Shichibukai está involucrado y si es quien se encarga de gestionarlo.
Se me encoge el corazón del terror —¿Y quién es el Shichibukai?
Se acomoda las gafas sobre el sombrero —Donxiquote Doflamingo.