ID de la obra: 750

Sabo’s Path - “Legado”

Het
NC-17
En progreso
1
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 88 páginas, 27.701 palabras, 14 capítulos
Etiquetas:
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
Compartir:
1 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

"En qué diablos me metí"

Ajustes de texto
Escucho los dos golpes en la puerta mientras voy cerrando mi mochila —¡Ya! Enseguida salgo. Cargo la mochila al hombro y me acerco a la puerta. En cuanto la abro veo a Sabo arreglándose el sombrero frente a mi —¿Ya estás lista? —Sí, ya podemos irnos —salgo al pasillo y llaveo la puerta, sintiendo su incomodidad por un momento a mi lado. Volteo a mirarlo al terminar y me sonríe. —Vamos. Camina frente a mí para guiarme. Va a su oficina y revisa por ultima vez algunas cosas, veo que gente viene apresurada a hablar con él antes de que se vaya. Da instrucciones rápidamente mientras nos dirigimos hacia la salida, yo a una cierta distancia en silencio esperando que terminen la conversación que parecía importante. Finalmente nos despedimos de ellos en la puerta y vamos directo al puerto. —¿Hay algo que quieras hacer afuera? —pregunta poco después, rompiendo el silencio que se había formado entre nosotros. —Hmm. —Que no sea alcohol —aclara. Bufo —¿Qué diversión queda? —Deberías cambiar ese hábito por algo más saludable. Le arrugué el rostro —¿Cómo qué? ¿Qué podría tomar que me ayude a mejorar mi humor? —No necesariamente deberías beber algo. Ugh, ¿es así como irá este viaje? Ya empiezo a arrepentirme de venir. —Me vendría bien un poco para soportarte. —Hay formas más sanas —me mira de reojo, como esperando que muerda el anzuelo. —¿Como cuál? —le interrumpo de inmediato. No me importa morderlo —¿Respirar profundo? ¿Meditar? ¿Ser mejor persona? —Podrías intentarlo. —Claro, y tú podrías intentar no comportarte como un manual ambulante de moralidad. Carraspea, casi atragantándose con su propia risa. —No soy tanto así. —Okay. Si eso te deja dormir en las noches. Sabo levanta las manos en rendición. —Está bien, está bien. A veces soy... un poco... —¿Pesado? —¿Responsable? —¿Estirado? —Creo que te falta conocerme un poco más. Me fastidia lo difícil que es descolocarlo. —¿Y tú? —pregunta de la nada—. ¿Tienes algún hábito saludable? —Claro —respondo con toda la seriedad del mundo—. Dormir. —Vamos Maddy. —Pues entonces no. Nos miramos apenas un segundo. Solo un instante. Y por primera vez desde que empezamos a caminar, ninguno de los dos evita la mirada. Sabo carraspea y vuelve la vista al frente. —Va a ser interesante viajar contigo —dice. —Para ti. Para mí probablemente sea un calvario. —Nah —suelta una sonrisa tranquila—. Te voy a caer bien tarde o temprano. —¿Qué? —Lo miro indignada—. ¿Qué te da esa idea? —La experiencia. Bufo y niego con la cabeza —¿Qué conversación es esta? ¿Tenemos cuatro años? —me tomo las manos—¿Quieres ser mi amigo? —le aniño la voz. Él se mantiene observándome con las cejas levantadas, impresionado. Solo sonríe, más suave, como si entendiera algo que yo no dije. —Ay, ya cállate. —Yo no dije nada. Me cruzo los brazos y continuos nuestra travesía en silencio hasta el barco. Unos cuantos hombres ya están rondando por la cubierta, poniendo todo en condiciones. Hay un montón de gente. Al diablo, odio los barcos. Odio viajar en ellos. Me parecen una maquina claustrofóbica en medio del mar. Suspiro sonoramente al acercarnos a quien parece ser el capitán que está esperando a Sabo con una sonrisa. —¿Qué sucede? —Odio los barcos. Esta revelación parece haberle puesto el mundo de cabeza porque me mira anonadado —¿No te gustan los barcos? —No. No me gustan —digo molesta por tener que repetirlo. —Es el símbolo de libertad. —¿No es esa la paloma? —¿Qué? —¡Bienvenido Señor Sabo! Un gusto tenerlo de vuelta. El hombre se acerca con los brazos extendidos preparado para darle un abrazo pero, al final, sólo le presenta su mano para que lo estreche. —Tedrus, ¿cómo has estado? —Bien, bien —dice limpiándose el sudor del rostro con una toalla— Hace un calor de infierno. Los chicos no pueden esperar para irnos de aquí—finalmente me registra—. Oh, ¿cómo estás? ¿Nos acompañarás en este viaje? —Me llamo Maddy —extiendo la mano hacia él. —Maddy —repite y estrecha mi mano—. Vaya, tienes mucha fuerza. Buena presentación—dice analizando mi apretón. Le sonrío divertida. Ya me cae bien. —Adelante —dice haciéndose a un lado—. Enseguida zarpamos. Camino frente a ellos subiendo la rampa a la cubierta, los hombres me miran curiosos al pasar pero no dejan de gritarse y seguir trabajando. —Parece muy intensa —escucho detrás de mi. —Se podría decir. Sonrío orgullosa. Mejor eso que subestimada. Nos enseñan nuestros camarotes y Sabo me comenta que debe conversar con Tedrus así que nos veríamos despues. Por mí puede hacer lo que quiera, yo me voy a dormir. Me tiro a la cama y miro el techo inhalando profundamente para quitarme el malestar de estar una vez más en un barco. Es que me siento limitada. Luego de todo lo que he pasado viajando con Marco y después con Sabo me ha cambiado la visión que tenía a viajar. No me gusta. Quiero estar instalada en tierra firme, en algún lugar agradable donde pueda beber y trabajar un poco y ya está. ¿Por cuánto tiempo íbamos a viajar dijo? ¿Tres semanas? No, me voy a matar antes. ¿De qué me puedo colgar? ¿Del mástil? Me enderezo en la cama y abro mi mochila para sacar mis pertenencias que había traido. No muchas la verdad. Recuerdo haber empacado un libro que Robin me prestó, mejor lo empiezo a leer ahora. Después de lo que parece una media hora siento que finalmente nos movemos. Acomodo la almohada molesta por el movimiento y continúo leyendo la novela. . . . —¿Maddy? ¿Estás despierta? —Adelante. Abre la puerta lentamente inseguro, hasta que me ve acostada con el libro en la mano. —Vine a ver cómo estabas. —De maravilla. ¿Tú que estás haciendo? —Estaba conversando con Tedrus un poco —dice entrando al camerino. Toma un taburete y mientras se sienta cierra la puerta. ¿Se va a quedar a hablarme? —¿Puedo pasar verdad? —Ya entraste. Se le levanta la comisura de sus labios. Me alegra que le pareciera divertido. ¿Por qué mejor no te sientas en el suelo? —¿Estos son sus hombres o son todos de la Revolución? —Son parte del Ejército, sí. —Ah, ya veo. ¿Sabe de quién hija soy? —Se lo conté hace unos minutos. Debe ser consciente para que pueda reaccionar en caso de una emergencia. Ugh, este silencio hace que quiera hablar de más y no quiero. Él está sumido en sus pensamientos, mortalmente serio y sé que está organizando, previendo y generando un montón de posibilidades de como pueda desarrollarse esta misión. —Dijiste que era una misión con respecto al trafico de armas ¿verdad? —Sí —responde al instante—. Según un informante, a la isla que vamos encontraremos a uno de los grandes distribuidores del mercado negro. Nuestra misión es hacerlo hablar y si es posible capturarlo y llevárnoslo a la base. Asiento mientras cierro el libro para darle toda mi atención. —¿Voy a acompañarte cuando vayas a cazarlo? Finalmente voltea a verme —¿Qué? —Que si te voy a acompañar. —Lo estoy pensando. —Si no, ¿cuál es el punto de haberme traído? Me mira pero no realmente. Sus ojos parecen ausentes en lo que sea que esté pensando. —¿Sabo? —Estaba pensando que quizás puedas ayudar haciéndolo bajar la guardia. Levanto una ceja, intrigada —¿Te refieres a como tú lo hiciste conmigo? ¿De acercarme de encubierto? Se cruza de brazos y niega con la cabeza. Me encojo de hombros. —Sí, necesito que hagas lo mismo. —No soy exactamente agradable pero podría intentarlo —digo dejando el libro a mi lado para cruzarme de brazos. —Eres agradable... mientras no maldices a nadie. —¿Qué? —Es una broma Maddy, eres muy simpática. Y para un traficante de seguro le serás refrescante. —No sé cómo tomar lo que me estás diciendo. —Positivamente. Tómalo positivamente. Frunzo los labios y achino los ojos. Me levanta el dedo pulgar. —¿Crees que soy intensa? —¿Hm? —veo que entiende porqué se lo pregunto— ¿Desde cuando te importa cómo te veo? —Sólo responde. —Eres intensa. Eso ya lo sabes. Y a mí particularmente no me molesta. —¿Ah no? —No, tuve dos hermanos hasta peor de intensos. ¿Tuvo hermanos? Vaya, eso es un notición. Me acomodo para escucharlo mejor —¿Por qué tuviste? ¿Fallecieron? Su media sonrisa se le congela medio segundo, dejándola como incomoda. Parpadea mientras evita mirarme y se pone nervioso —Sólo uno. El otro sigue armando desastres por donde vaya —dice tratando de recuperarse. —Ah... —¿presiono o no presiono?— Lo siento. —No, está bien. No hay problema. No... de vuelta me puso en este ambiente raro. ¡Ah! ¡Mierda! Si sabía no iba a preguntar. Me pasa por curiosa. —Yo no tengo hermanos —digo tontamente. Me mira atento—. Bueno, aunque eso seguro ya lo sabes. —Pues... —Con mi mamá —no me vengas a citar todo mi árbol genealógico—. Que sea con mi mamá. —Y no, no tienes. —No sé cómo ha de sentirse tener uno pero... quizás hace que vivir sea un poco más soportable. Al menos no te sientes tan solo. Me sonríe triste. Le da unos golpes a la silla con sus nudillos y mira sus patas —¿Tu te sientes sola? —Agh, ¿por qué tenemos que hablar de mí? No me psicologues Sabo. Estaba hablando en general. —Okay, okay —dice divertido, recuperándose del bajón— Disculpa. Sólo era una pregunta— —Nacemos y morimos solos —se me escapa antes de que pueda detenerlo— Así que para mí no hay diferencia. Se queda estático ante mi declaración con la boca abierta en media palabra. —Perdón —digo tratando de sonar indiferente. —No, osea, es verdad lo que dices. Pero eso no significa que tenga uno que vivir toda su vida solo. Mmm, no lo sé. Sí, no, es subjetivo. No le veo el provecho de conocer gente. ¿Para qué? Nah, no tengo problema alguno por culpa de otras personas. Estoy demasiado bien así. Me paralizo al ver que estuve haciendo gestos y Sabo me estuvo mirando todo el tiempo. —Maddy. —¿Qué? —¿Acaso... tu no tienes amigos? —¿Eh? —Digo, es que, eh... ¿no tienes gente cercana además de tu mamá? ¡No lo tomes a mal! Lo digo por pura curiosidad. Claro que tengo amigos imbécil. Bueno, no son tan amigos. Compartíamos de vez en cuando una que otra bebida. Uno que otro me acompañaba a casa cuando estaba al tope de ebria— —Maddy. —Espera un segundo. Mmm, amigos amigos no siendo sincera. Pero conocidos sí. ¿Y qué? Ya dije que quiero estar sola. —¿Y qué importancia tiene? ¿Por qué tiene esa cara de idiota? Suelta una risa seca mientras se quita el sombrero para verlo —Vaya, entonces ¿Robin y Koala serían tus nuevas amigas no? —Creo que más Robin. Puede ser. A obligadas. —Y yo soy tu nuevo amigo también. —Ja, estás tentando tu suerte. Se ríe desde el fondo de su corazón que tengo que mirar otro lado para quitarme el disgusto. —Podrás nacer y morir sola pero los rostros que verás pasar en tu último aliento... seremos nosotros. —¿Eso crees? —No lo creo, lo confirmo. ¡Qué tipo! —¿De dónde sacas toda esa confianza eh? —No estoy seguro —dice poniéndose de pie—. Pero contigo me veo obligado. Levanto las cejas —Mira nada más, ¿te intimido Sabo? —No es que me intimides. Es que me impulsas a ser mejor. De eso debo darte las gracias. —De nada. Avísame si necesitas más impulso. —Claro, eso hacen los amigos. No puedo evitar reírme de él. Él también me impulsaba... a querer tener la última palabra. Y asesinarlo. Para terminar.
1 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)