"La otra cara del Ejército"
16 de marzo de 2026, 12:02
Donxiquote Doflamingo.
Había oído de él de mamá y algunos conocidos del bar. Era un Shichibukai muy temido, medio desquiciado y extravagante.
—Ah —digo esbozando una sonrisa incómoda. No quiero tener nada que ver con él. Me limpio las manos como si eso me quitara el horror que siento.
Se llevan al tipo esposado con piedras marinas en la muñeca. ¿Acaso era un usuario de fruta del diablo? Lo obligan a caminar frente a nosotros empujándolo por la espalda.
Sabo se percata de mi curiosidad y me sonríe.
—No tenemos datos sobre él así que mejor prevenir.
Supongo. Aunque sabiendo muy poco de él, lograron seguir el pequeño rastro que había dejado atrás.
—Comandante, tengo algo que informarle sobre eso —un hombre se acerca y muestra respeto.
—Adelante.
Se inclina hacia él y le susurra algo. Los ojos de Sabo delatan la rapidez con la que procesa, ordena y soluciona lo que sea que esté escuchando. Se aleja para mirarlo.
—No dejen que se acerque y eviten informárselo.
—Sí comandante.
¿Quién?
—Vamos Maddy —dice indicándome que camine frente a él con más prisa. Su tono me desconcierta.
Evito un bostezo cuando me detengo a mirar nuestro barco atracado. Realmente pensé que íbamos a interrogarlo en otro lado... pero bueno.
La calidez del abrigo de Sabo ayuda contra la brisa de la madrugada, volteo a sonreírle agradecida. Su caballerosidad a veces podía desarmarme. Me devuelve la sonrisa.
—Voy a quedarme con todos tus abrigos si sigues ofreciéndomelos.
—Ve a descansar —sus manos caen en mis hombros—. No es necesario que nos acompañes con los muchachos.
—Quiero ver esto.
—No estás autorizada a hacerlo. Lo siento.
—Pero si tú eres el que autoriza.
Me niega con la cabeza para que deje de seguir insistiendo.
Demonios, con lo difícil que es hacerle cambiar de opinión.
Me abrigo mejor mientras ascendemos al barco. ¿A quién tienen que ocultarle la información del tipo este? ¿A Dragon? No, dijo que no debía acercarse. Debe ser alguien de nuestra tripulación quien conoce a este individuo.
—Sabo.
—¿Sí? Dime —dice acercándose a mí deprisa. Frunzo el ceño ante eso.
—¿Cómo se llama el tipo este?
—Hecker —me observa atento.
¿Hecker? Hecker... me suena. Lo leí en algún lado.
Un momento.
Él fue quién...
—¿Es quién hizo explotar toda una isla con explosivos?
—Lo leíste.
—Nuestra isla quedó aterrada y con paranoia luego de esa noticia. Fuimos muy cuidadosos con los turistas que llegaban.
Asintió dos veces y me apartó del camino de los demás revolucionarios que estaban custodiando al hombre.
—Debo ir con mis hombres. Ya hiciste suficiente por hoy, ve a dormir —me dice suavemente—. Nos vemos más tarde, descansa bien.
Todavía no quiero separarme de él.
Me da un apretón juguetón y va hacia la cabina donde varios soldados están conversando frente a la puerta. Camino evitando hacer ruido detrás de él probando si quizás...
Dejan cruzar a Sabo pero a mi me detienen. Aprovecho para curiosear; lo hacen sentarse en una silla en medio de la habitación con los brazos por detrás del respaldo de la silla. Dando de cara hacia la puerta.
Dos soldados están a su lado firmes y saludan a Sabo, el tipo lo mira un momento con ojos bañados en odio y luego a mí.
Sabo gira para cerrar la puerta no sin antes echarme una mirada.
Suspiro pesadamente.
—Debería retirarse señorita —me dice uno segundos después—. El interrogatorio podría prolongarse.
—¿Qué tanto?
—Depende.
Agh, me retuerzo en el abrigo de Sabo.
Parece notar que no deseo moverme de aquí así que me ofrece una butaca por lo mientras a lo que acepto.
No escucho gritos aun ni nada que implique violencia ahí adentro. Nunca lo había hecho pero ahora mismo me gustaría empezar a fumar.
¿Qué métodos estarían utilizando? Porque no creo que hable tan fácil. Juego con el botón del saco cálido tratando de que mis pensamientos no se me vayan tan lejos.
¿Y luego de este interrogatorio qué? ¿Volvemos a la base? ¿Continuamos? Ugh, debí haberle preguntado más.
Veo un periódico sobre una caja a unos metros de mi, lo recojo y vuelvo a mi lugar. Ignoro las miradas de los guardias de la puerta y leo la portada.
Siguen hablando de lo sucedido en Marineford y la inestabilidad causada por la muerte de Barbablanca. Genial, no estoy de humor para tratar eso ahora mismo.
Abro y veo una columna de los Sombreros de Paja y su desaparición. Teorías, opiniones y advertencias sobre estos lunáticos y la desesperada necesidad de información sobre sus paraderos.
Ja, creo que son la tripulación más peligrosa de todo el Grand Line. Demasiado impredecibles y poderosos, impulsivos y salvajes, apasionados e hilarantes. Siempre están armando escándalos por donde van así que es entretenido leer sobre ellos. A mi parecer, los juzgan demasiado.
¿Qué será estar en una tripulación como la de ellos? No sé, no podría vivir tranquila. Muy intenso para mi gusto.
Huh, al parecer el Reverie está a meses.
Gente de mierda. Bueno, no todos. Pero de mierda el gobierno mundial y los dragones celestiales.
Los guardias se ponen rígidos de repente, lo que desvía mi atención del periódico. Están mirando hacia...
Un hombre viene furioso hacia ellos. Esta rojo de la ira, caminando con pasos pesados hacia ellos.
—Salgan de mi camino.
—No estás autorizado a pasar —dice uno fríamente—. Retírate.
—Con un carajo si crees que lo haré. Hecker está ahí ¿verdad?
No niegan ni afirman.
—Háganse a un lado.
Empiezan a forcejear. Yo me levanto de la butaca.
Me preocupa que esto escale rápidamente con sus armas en sus espaldas y el recién llegado con una pistola en la cadera.
Golpea a uno en el rostro sacándome una exhalación de sorpresa. Oh Dios mío. Se van a pelear.
Y entre ellos.
El golpeado se sujeta el rostro pero tambalea y el guardia que quedaba recibe un rodillazo en el estomago. Aun sujetandole de las ropas al recién llegado, este logra sacudirse y abrir la puerta.
Me apresuro para ponerme en dirección para ver qué sucede adentro.
Veo la espalda de Sabo, que rápidamente se da la vuelta. Los otros dos soldados firmes al lado del detenido levantan sus escopetas hacia la puerta abierta.
—¡Tú maldito hijo de puta! ¡Te estuve buscando todo este tiempo! —apunta con su pistola a Hecker que se encuentra indefenso en la silla.
—Soldado, baje el arma —la voz fría de Sabo me congela en mi lugar.
—¡Mató a toda mi familia! ¡Maldito lunático!
Hecker ni siquiera lo mira. Lo ignora mirando hacia un lado, harto de la situación.
Los guardias le apuntan por la espalda ahora también.
—Genaro, baja la pistola —vuelve a repetir tratando de llegar a él. Veo que me ve unos segundos antes de volver a enfocarse en la situación.
Respira erráticamente sin bajar la pistola. ¿Qué va a hacer? ¿Acaso va a disparar a Sabo?
Mi visión se nubla y el pecho se me retuerce con un dolor que me cierra la garganta.
No le dispararía. No le dispararía a su superior.
No.
Sabo no.
—Genaro —dice extendiendo su mano hacia él, se acerca lentamente—, ve más allá de la imagen. Él es sólo un peón.
Dios mío. ¿Y si lo hace?
En cuanto está cerca de quitarle la pistola, el otro lo empuja a un lado y efectúa tres disparos en el pecho de Hecker antes de que Sabo se tire sobre él.
Madre de Dios.
¡Sabo! La voz no me sale en absoluto.
Lo desarma rápidamente. Los guardias lo sujetan y lo ponen de pie. Sabo se endereza, se acerca a Hecker y toma su pulso. Lo suelta enseguida.
Debe estar muerto.
Veo que suspira profundamente. Evita mirar a Genaro.
—Llévenselo.
—Sí señor.
Los dos guardias de la puerta lo estiran y Genaro no se resiste. Es más, empieza a llorar. Sollozando desde lo más profundo de su alma.
Mis ojos se me humedecen contra mi voluntad mientras pasa a mi lado y trato de controlarme.
—¿Órdenes, comandante? —pregunta uno de los soldados de la habitación.
Sabo levanta la vista hacia mí y yo me siento completamente expuesta. Con los ojos humedecidos, abiertos del susto y sin comprender todavía qué demonios pasó en segundos.
—Tomaremos lo que hemos conseguido de él. Hablaremos con el departamento de Inteligencia para ver si descifran más.
—Sí comandante.
—Retiren a Hecker. Será todo por hoy.
—Sí comandante —dicen ambos inclinándose en señal de respeto antes de acercarse al cuerpo inerte en la silla.
Veo cuando le quitan las esposas y el cuerpo se inclina hacia un costado—
Sabo intercepta mi visión. Levanto la vista a sus ojos mientras se acerca.
No dice nada. No sé qué quiero que diga.
Pero espero que diga algo.
Sus dedos van a los botones de su abrigo y empieza a abotonarlos uno a uno. Yo bajo la vista y lo veo hacerlo.
—Siento que hayas presenciado lo de antes —me susurra con cierto cansancio en su voz.
—Casi te disparan — se me quiebra a mitad. Me sorprende que sea lo primero que digo.
Una de sus manos se va a mi mejilla y la acaricia suavemente.
Este idiota casi se muere.
Me hago un lado para ver al cuerpo de Hecker pero él se interpone otra vez —No tienes que ver eso.
Le mantengo la mirada.
—Genaro no iba a dispararme. Su odio no era contra mí.
—Te pusiste en frente al arma —le escupo las palabras furiosa, quitándole la mano—. ¿Crees que en un estado así no te dispararía? Casi mueres por tu estupidez.
—Te dije que te fueras a dormir —su tono amable alimenta mi rabia.
—¿Ah sí? Tan sencillo deshacerse de mí.
—Estaba protegiéndote Maddy.
—Y a ti tu protección te vale orto ¿no?
Abre la boca y la vuelve a cerrar.
Dale, responde. A ver qué mierdas respondes.
—Son situaciones a las que me enfrento Maddy. Es parte de ser el Jefe de Estado Mayor del Ejército Revolucionario —no necesito que haga alarde frente a mí porque no me importa—. Tengo que lidiar con lo que se me presente.
—Eres un pelotudo Sabo. De verdad, un idiota.
—Maddy—
—Cállate un segundo.
Inhalo para calmar mi pulso acelerado sin necesidad de ocultarlo a él, que me observa en silencio. Necesito calmarme, siento que la adrenalina del momento se disipa y mis manos me empiezan a temblar. Exhalo y meto mis manos en los bolsillos de él que están vacíos.
Casi lo matan frente a mí a este bastardo. No creo que pueda calmarme con respecto a eso. Debo desviar mi atención.
—¿Qué harán con el que disparó? —trato de recuperar la compostura.
—Lo vamos a encerrar en una pequeña habitación hasta que se tranquilice.
—¿Lo van a matar también?
—No. No haremos eso.
Trago nerviosa. —¿Por qué...?
O sea, ya lo intuyo. Pero...
Sabo se quita el sombrero y lo sacude un poco con palmadas. Sin su sombrero parece cualquier muchacho joven, cansado y... vulnerable. Puedo ver en su rostro la decepción y la tristeza con la que parece tratar ahora mismo.
Se lo pone de vuelta —Sígueme.
No permite que mire atrás, así que volteo en mi lugar y siento su mano en mi espalda guiándome. Me lleva a un lado del barco, alejándome del ajetreo de la madrugada para conversar.
Me recuesto por la baranda de madera del barco y espero a que hable. Parece estar sopesando que decir mientras se acomoda elegantemente a lado mío.
—Escucha Maddy —dice con tanta suavidad que siento como si fuera una caricia al corazón—. Lo de hoy fue un infortunio que de verdad lamento mucho que lo hayas visto. Fue un momento de debilidad de uno de los nuestros, que lo llevó a tomar una decisión así.
Observo el golpe de las olas por el casco del barco mientras lo escucho seguir hablando.
—Todos aquí tienen su razón de estar con el ejército. Sean emociones o recuerdos, sean objetivos o esperanzas. Cada uno tiene una motivación diferente que lo lleva hacia donde cree que es justo. La gente aquí no son robots, son personas buscando justicia.
—No digo que sean robots.
—Lo sé. Lo que trato de decirte es... que no condenes a todos por un acto de debilidad.
—No estoy condenando a nadie —¿de qué está hablando?—. Sólo me estaba preocupando por ti.
A decir verdad, ni siquiera sé qué pensar.
Ya tenía claro antes de que lo diga que el ejército no son un montón de gente sin sentimientos, siguiendo un solo ideal. La estructura es muy grande, habrá gente de todo tipo es sólo...
Es sólo que no esperaba algo tan brutal frente a mí. Tan crudo y frío como matar a un hombre con tres disparos en segundos. Ignorando por completo la razón de tu mente y de tu superior frente a ti.
¿Qué tan roto tienes que estar para llegar a ese punto? ¿Qué tan desesperado debes de estar para enlistarte al ejército...?
—¿Se enlistó para buscarlo a él verdad?
Sabo, que todo este tiempo me observaba tranquilo, asintió —Era de conocimiento del ejército su incentivo de servir.
—¿Qué acaso no pone en riesgo el objetivo incluir personas así?
Si cada uno tiene su propio objetivo y visión de justicia... el ejército podría dividirse dentro de él.
—No, nuestro objetivo al final es el mismo.
—Que es...
Su sonrisa ligera me perturba el corazón mientras apoya su mentón en su mano —Que nadie más sufra lo que hemos sufrido.
Me encojo en su abrigo y desvío la mirada al mar —No vas a poder cumplir tu objetivo si estás muerto —le murmuro.
—Habrán otros que lo hagan por mí.
Ah qué fácil rendirse a la vida eh? Que siga el siguiente en la fila.
—Pero —añade rápido, notando mi mal humor emergiendo— no significa que me rinda a vivir. Todavía hay muchas cosas que quiero hacer.
—Ah ¿sí? ¿Como qué?
Mira más allá hacia el horizonte—Como ver a mi pequeño hermano problemático —termina riendo.
Su risa llena de afecto me hace morder interiormente mi labio inferior. Voltea a mirarme sonriéndome.
Me atrevo a acercarme a él y pegarme a su brazo bajo su mirada atenta. Lo que sí no me atrevo es a mirarlo.
—Sólo te tengo a ti aquí, recuérdalo.
Se saca el sombrero lentamente y me lo pone en la cabeza, acomodándolo con cuidado.
—Lo tengo muy presente.
La suavidad con la que me habla me desarma así que clavo mis uñas a la baranda, tratando que la emoción de mi pecho desaparezca.