ID de la obra: 790

MISERY NOX

Mezcla
R
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2
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planificada Midi, escritos 288 páginas, 147.869 palabras, 30 capítulos
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29. Umbridge y el ED

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A partir de este punto la historia podrá contener descripciones de naturaleza sexual (no explícitas) y explorar temas relacionados con el consumo de alcohol, que pueden no ser adecuados y/o agradables para todos los públicos.

Capítulo 29 Umbridge y el ED

Últimamente, Misery Nox estaba llena de sorpresas; había ocasiones en las que explotaba, otros donde se revelaba contra alguien o era muy grosera de la nada, pero jamás la verías entablar una conversación con Hermione Granger, bueno, según ella, aunque la vez que compartieron mesa en Las tres escobas Nox finge demencia y dice que no recuerda nada de ello, pero ese recuerdo estaba más incrustado en su cerebro que nunca. Lo que si sorprendió a todos (o al menos para quienes leen El Profeta) fue enterarse que Dolores Umbridge tenía ahora el puesto de suma inquisidora. Nox, desafortunadamente ya se esperaba algo como eso, pero no evitaba sentir la tormenta de arena acercarse cada vez más. Creyó que esa tormenta comenzaría en clase de Adivinación. Nox no sabía cómo de milagro conseguía contener sus emociones y no decir algo de más, con tal de evitar problemas para su padre. Se encontraba sentada junto a Padma, como ahora parecía ser costumbre. El aula se envolvió en un silencio de pronto cuando la profesora Umbridge subió por la trampilla. Nox sabía que su propia aura y presencia era oscura y tenebrosa, pero la que emanaba la profesora parecía ser diferente, como si no hubiese nacido con ella y la manipulara hasta llegar a tal punto. —Buenas tardes, profesora Trelawney —saludó la profesora Umbridge sonriendo ampliamente—. Espero que haya recibido mi nota en la que le indicaba la fecha y la hora en que la supervisaría. La profesora Trelawney asintió con sequedad y, muy contrariada, le dio la espalda a la profesora Umbridge y les entregó a Nox y Padma sus libros. Ambas sabían la molestia que sentía la profesora Trelawney en ese momento, pero ni se diga de los nervios tan tensos que tenía, se notaba a la hora de acomodar su chal y el sonido diferente que provocaban sus pulseras. —Hoy vamos a continuar con nuestro estudio de los sueños proféticos —dijo en un valeroso intento de adoptar su tono místico, aunque la voz también le temblaba un poco—. Coloquense por parejas, por favor, e interpreten las últimas visiones nocturnas de su compañero con la ayuda del libro. Ambas ya habían sacado su diario de sueños, así que empezaron a trabajar, pero no sin evitar mirar a la profesora Umbridge que parecía un chicle viejo intentando pegarse a la espalda de la profesora de adivinación. —Vale, tienes que decirme qué fue lo último que soñaste —le decía su amiga mientras abría su libro. —No sé si sea prudente —dudó. —En estos momentos todo es prudente. Está el sapo viejo aquí, debemos de tener la mejor forma de escandalizarla y se tome en serio la clase —ambas voltearon a ver a la profesora Umbridge, que analizaba y hacia bastantes apuntes con un rostro lleno de triunfo —porque parece que no lo está haciendo. Nox asintió. —Soñé con Quién-tú-sabes —soltó. Padma alzó la mirada, algo escandalizada —. Estaba en el cuerpo del falso Moody, se llevaba a Harry consigo. —¿Es... en serio? —volvió a asentir —. Esto definitivamente la despertará, o dirá que también te estás inventando cosas como según dice de Harry también. —Bueno, es mejor que le quede claro que no es el único loco aquí. Padma no tardó en sumar la edad y la fecha en que tuvo el sueño, más el número de letras sobre el tema, pero Nox no podía dejar quitarle el ojo de encima a la profesora Umbridge, como si tuviera algo más bajo la piel de sapo que tenía. Tuvo que volver a su trabajo cuando ya estaban prácticamente en su mesa. La profesora Trelawney tomó el diario de sueños de Nox y empezó a revisarlo... —Dígame —dijo la profesora Umbridge mirando a su colega—, ¿cuánto tiempo hace exactamente que imparte esta clase? La profesora Trelawney la observó frunciendo el entrecejo, con los brazos cruzados y los hombros encorvados. Tras una breve pausa, durante la cual pareció decidir que la pregunta no era tan ofensiva como para ignorarla por completo, contestó con un tono que denotaba un profundo resentimiento: —Casi dieciséis años. —Eso es mucho tiempo —repuso la profesora Umbridge, y lo anotó en sus hojas de pergamino—. ¿Y fue el profesor Dumbledore quien le ofreció el puesto? —Sí —respondió la profesora Trelawney con sequedad. La profesora Umbridge lo apuntó también. —¿Y es usted la tataranieta de la famosa vidente Cassandra Trelawney? —Sí —respondió la profesora levantando un poco más la barbilla. —Pero tengo entendido, y corrígeme si me equivoco, que usted es la primera de su familia, desde Cassandra, que tiene el don de la clarividencia. —Estos dones suelen saltarse... tres generaciones —repuso la profesora Trelawney. La sonrisa de sapo de la profesora Umbridge se ensanchó un poco más. —Claro, claro —dijo con dulzura, y tomó otra nota—. ¿Podría predecirme algo, por favor? —preguntó, y miró inquisidoramente a su colega sin dejar de sonreír. Nox sentía que se le iría la boca al suelo al escuchar aquello. La profesora Trelawney se tensó más que nunca, la expresión en su rostro decía de todo, no podía creer lo que estaba diciendo. —Perdone, pero no la entiendo —dijo cogiendo convulsivamente el chal que tenía alrededor del esquelético cuello. —Me gustaría que me predijera algo —repitió la profesora Umbridge con toda claridad. Alguien con tan siquiera un sentido común y poca ignorancia sabía que aquello era más que imposible. Hacer una predicción como chasquear los dedos solo lo podía lograr un vidente tan bueno como Mcgonagall en transformaciones. Sabía de una leyenda que hablaba de las nacidas de Hydra, eran las únicas en poder hacer predicciones con solo hacer flotar esferas, pero hasta ellas sabían que lo que pedía Umbridge era ridículo. —¡El Ojo Interior no ve nada por encargo! —respondió escandalizada. —Ya —dijo la profesora Umbridge, y tomó una nueva nota. —Pero... ¡un momento! —exclamó de pronto la profesora Trelawney en un intento de recuperar su tono etéreo, aunque el efecto místico se malogró un poco porque la voz le temblaba de rabia, Nox se volvió a verla, como si lo que estaba por cometer sería peor que comer mierda —. Creo..., creo... que veo algo. Algo... que la concierne a usted... Sí, noto algo..., algo tenebroso..., un grave peligro... —Me temo... ¡Me temo que corre un grave peligro! —concluyó la profesora Trelawney con dramatismo. Pésimo error, estaba mintiendo. —Muy bien —repuso en voz baja, y volvió a hacer una anotación—. Si no es capaz de nada mejor... Se dio la vuelta y dejó a la profesora Trelawney plantada donde estaba mientras ésta respiraba con agitación, estaba furiosa, tanto que devolvió el diario de sueños a Nox lanzándolos sin cuidado sobre su mesa sin siquiera revisarlos antes gracias a las preguntas de la profesora Umbridge. Al salir de la clase, los comentarios de todos no tardaron en hacerse presentes mientras caminaban al salón de Defensa contra las artes oscuras. Nox no sabía si sentirse enojada, traicionada, preocupada u ofendida. Tal vez la profesora Trelawney no era muy de su agrado, añadiendo que muchas veces la llegó a hacer sentir incomoda, pero tampoco no podía sentir empatía por ella. Se atrevió a fingir una predicción y sabía que eso le costaría muy caro. —Necesito que te sientes hoy con Harry o Ron —le pidió Nox a Padma cuando ya iban llegando al aula. —¿Por qué? —se escandalizó su amiga. —Sé que Jean al tan solo empezar la clase comenzará con sus preguntas las cuales yo también quiero hacer. —¿Y eso qué tiene que ver? —Es mejor que nos enfrentemos las dos juntas contra ella que por separado —se encogió de hombros, sin creer lo que ella misma estaba diciendo, con leve asco —. Como dicen los muggles: si no puedes con el enemigo, únetele. Aquello pareció ser suficiente para su amiga, que al entrar al salón Nox se adelantó y se sentó al lado de Hermione Granger, que esta la vió sorprendida, no sin antes asustarse. —No hay lugares, no te sorprendas —Hermione se giró para ver que había bastantes butacas desocupadas. Nox sonrió como siempre, pero en esta ocasión fue una más sombría, era para Granger, no le iba sonreír de la misma manera que hacía con Harry. —Si los hay —reprochó. —¿Tienes algún problema con ello? —le cuestionó con un tono duro, Hermione se encogió. —Claro que no —fingió desinterés. Vió como su amiga se sentaba al lado de Harry, él la miró como si estuviera demente, pero pareció entender el por qué cuando vió a Nox sentada junto a Hermione, ella le lanzó un guiñó con complicidad. —Guarden las varitas —ordenó sin dejar de sonreír, y los estudiantes más optimistas, que las habían sacado, volvieron a guardarlas con pesar en sus mochilas —. En la última clase terminamos el capítulo uno, de modo que hoy quiero que abran el libro por la página diecinueve y empiecen a leer el capítulo dos, titulado «Teorías defensivas más comunes y su derivación». En silencio, por favor —añadió, y exhibiendo aquella amplia sonrisa de autosuficiencia, se sentó detrás de su mesa. Nox ya había sacado su libro, pero al ver a Hermione Granger alzar su mano, no dudó en hacerlo también. La profesora se puso en pie y pasó por la primera hilera de pupitres hasta colocarse delante de ellas; entonces se agachó y susurró para que el resto de la clase no pudiera oírla: —¿Qué ocurre esta vez, señorita Figg, señorita Granger? —Ya he leído el capítulo dos —respondió Hermione. —Muy bien, entonces vayan al capítulo tres. —También lo he leído —respondió esta vez Nox —Hemos leído todo el libro, en realidad —se aventuró a decir. La profesora Umbridge parpadeó rápidamente, como si fuera una muy mala broma. —Estupendo. En ese caso, podrá explicarme lo que dice Slinkhard sobre los contraembrujos en el capítulo quince. —Dice que los contraembrujo no deberían llamarse así —contestó Hermione sin vacilar—. Dice que «contraembrujo» no es más que un nombre que la gente utiliza para denominar sus embrujos cuando quieren que parezcan más aceptables —La profesora Umbridge arqueó las cejas y la sombra de una sonrisa se asomó en el rostro de Nox—. Pero yo no estoy de acuerdo —añadió Hermione. —¡¿Ah, sí?! —exclamó la profesora Umbridge olvidando bajar la voz y enderezándose. —Yo tampoco —se atrevió a hablar Nox, a pesar de tener las miradas encima de ella, quemandola como ella en algún momento ha hecho —. Menciona bastantes veces que los contraembrujos son simples pretextos que los magos y brujas en sociedad han aceptado poco a poco, que intentan hacer lo malo algo bueno, prácticamente —quemaba a la profesora con su mirada neblinosa y oscura, pero la mujer no dejaba de arquear las cejas —; lo que menciona es como si no quisiera que aprendiéramos a defendernos... —Pues me temo —intereumpió de repente a Nox— que es la opinión del señor Slinkhard, y no la suya, la que nos importa en esta clase, señorita Granger y Figg. —Pero... —empezó a decir Hermione. —Basta —la atajó la profesora Umbridge; a continuación, se dirigió a la parte delantera de la clase y se quedó de pie delante de sus alumnos —. Señorita Granger, voy a restarle cinco puntos a la casa de Gryffindor, también cinco a la casa de Ravenclaw, señorita Figg. Nox sintió como la rabia comenzó a subir por su cuello, así que apretó los ojos, intentando contar a cien, o cien mil, lo primero que la calmara. —¿Por qué? —escuchó que preguntó Harry, furioso. —Por perturbar el desarrollo de mi clase con interrupciones que no vienen al caso —contestó la profesora Umbridge suavemente—. Estoy aquí para enseñarles a utilizar un método aprobado por el Ministerio que no contempla la posibilidad de animar a los alumnos a expresar sus opiniones sobre temas de los que no entienden casi nada. —¿Está diciendo —comenzó Nox, sin poderse aguantar, pero sin abrir los ojos — que prácticamente nos están negando la libertad de expresión y de cuestionamiento? —¡La mano, señorita Figg! —le regañó—. Y si va a hacer preguntas, me gustaría que tan siquiera me viera a los ojos. No los abrió, no quería. Tenía que contenerlo. Las voces gritaban... —Es posible que sus anteriores profesores de esta disciplina les hayan permitido más libertades, pero dado que ninguno de ellos, tal vez con la excepción del profesor Quirrell, que al menos se limitó a abordar temas apropiados para vuestra edad, habría aprobado una supervisión del Ministerio... —Claro, un profesor de estudios muggles enseñando sobre como defenderse de los estornudos que soltaba uno —volvió a hablar de forma involuntaria. —¿Quisiera una semana de castigos, señorita Figg? —se dirigió más directamente a ella. Respiraba profundamente, intentando controlarse. Se atrevió a abrir los ojos, con un leve destello plateado en ellos. Nox negó con la cabeza mientras tenía la mandíbula apretada. —Sí, Quirrell era un profesor excelente —dijo Harry en voz alta, como si quisiera que ahora la atención del castigo fuera hacia él—, pero tenía un pequeño inconveniente: que por su turbante se asomaba lord Voldemort. —Creo que al que le sentará bien otra semana de castigos es a usted, Potter —sentenció la profesora Umbridge sin alterarse. Nox no sabía cuánto tiempo aguantará a la profesora sin siquiera explotar en el intento, apenas era la segunda semana de clases y sentía que vomitaría del enojo que tenía atorado en la garganta cada vez que la veía. En una clase de Runas antiguas, se le vió a la profesora sentarse en un rincón del aula, tomando notas silenciosamente en su tabla, viendo con sus ojos de sapo viejo de aquí a allá. Cuando entró al aula, ella ya se encontraba ahí, con su horrorosa y larga sonrisa, esperando el momento. Nox comenzó a buscar un lugar, pero ahora su mala suerte, el único lugar disponible era junto a Hermione Granger. Si pudiera, se sentaría en el suelo, pero estando la profesora Umbridge presente lo veía imposible. Con los labios apretados se acercó al lugar. Si pudo con una clase, podría con dos. —¿Te molesta si me siento hoy aquí? —le preguntó Nox a Hermione, que volteó a verla después de dar un pequeño salto. —Claro —respondió muy simple. Nox se sentó dejando su mochila en el suelo, mientras sacaba sus cosas. La profesora Babbling parecía no quererse aparecer en un rato, ya que todavía faltaban unos minutos para la clase, así que Nox por extraña razón, decidió romper el hielo. —Que horror, ¿no? —empezó en voz baja —. Que ese sapo viejo esté entrometida en las clases, como toda una espía del Ministerio. —Si, es algo molesto —respondió de igual manera —. No pensé que estuvieras leyendo el libro de texto, es absurdo lo que mencionan. —Yo también, cuando dije que lo habíamos leído todo fue una moneda al aire, solo falta que escribieran «Manual para tontos» en la portada, o algo parecido —refunfuñó. —Definitivamente —asintió. De nuevo se hizo un pequeño silencio, parecía que Hermione estaba pensando en decir algo, pero algo que se le daba muy bien era en hacer preguntas, pero algo que se le daba terrible era pensar si eran prudentes—. ¿Es verdad que Harry y tú discutieron hace poco? Nox la volteó a ver con la frente arrugada, molesta. —¿Por qué siempre que tenemos una conversación se tiene que tratar de él? —cuestionó. —Es mi amigo y me preocupo por él. —Que bueno, pero no son asuntos tuyos, ¿o puedo preguntar también por qué tú y Ron han estado discutiendo tanto? —ahora Hermione fue quien frunció las cejas—. Exacto, además, si ya sabes la respuesta, para qué lo preguntas. —Entonces si discutieron —confirmó más para sí misma. —No discutimos, solo hablamos a gritos. —A eso se le llama discutir. —¡Lo sé, Jean! —intentó mantener el susurro —Hemos pasado por cosas difíciles, nuestras actitudes han cambiado, ¿si? —De acuerdo —le respondió no muy convencida, ya que era más una excusa que una buena razón. La profesora por fin había llegado y el rasgueo de la pluma de la profesora Umbridge se hizo presente. En esa clase se dedicaron a las leguas extranjeras, ya que era una buena introducción a la historia de las runas antiguas. Buscaron similitudes entre las lenguas modernas y antiguas con las runas, que parecían ser más comunes de lo que se podría imaginar. Nox tomaba apuntes, interesada, pero las interrupciones de la profesora Umbridge eran de verdad molestas. —Ejem... —provino de la profesora Umbridge. Nox apretó los ojos —¿Usted cree conveniente hablar sobre lenguas ajenas a la nuestra? Sobretodo si son lenguas provenientes de... Muggles... A Nox le sorprendía lo estúpida que podía ser la gente, sobre todo la gente como Dolores Umbridge. —Por supuesto, son parte de nuestro pasado e historia, somos más compartibles de lo que se cree —se volvió a la clase, sin esperar respuesta —. Cómo les decía: las runas son muy antiguas, como su nombre lo dice, pero lo es más los jeroglíficos, con orígenes que se remontan a alrededor del 3300 a.C. —explicaba con su voz enérgica y chillona —. La palabra "jeroglífico" proviene del griego y significa "grabado sagrado", lo que refleja su uso principal en contextos religiosos y monumentales, como templos y tumbas. »La principal diferencia radica en su estructura. Los jeroglíficos egipcios eran un sistema mixto logográfico y fonético, con signos que podían representar tanto una idea como un sonido. Las runas, en cambio, eran un sistema fonético puro, un alfabeto, aunque cada letra tuviera un significado conceptual... Al terminar la clase, todos se pusieron de pie, entre ellos la profesora Umbridge, que fue la primera en salir, no sin antes dejar el rastro de su larga y puntiaguda sonrisa. La profesora Babbling les dejó hacer una redacción de treinta centímetros sobre la importancia de los jeroglíficos en la historia, que tal vez si lo hacían lo suficiente bien, les contaría como punto extra en Historia de la magia. Por una extraña razón, Hermione Granger iba a su lado en camino hacia el gran comedor para el almuerzo. No agradaba, pero tampoco le molestaba del todo, lo que si le molestó fue la voz de Pansy Parkinson afuera del aula. —¡Eh! ¡Misery! —le llamó y ambas se dieron la vuelta —¿Sabes leer jeroglíficos? Porque tienes toda la cara de saberlo —una risotada grupal sonó. —Lo aprenderé, pero procuraré hacerlo con cuidado, no quiero despertarte de tu sueño, momia estúpida. —¡Pero si la momia es otra! ¿Te has visto la cara? ¡Poquito más y te reconocerían como una reliquia egipcia! —se dirigió ahora a Hermione —. Yo que tú no me juntaba con ella, Granger, podría lanzarte una de esas maldiciones egipcias. A Nox le habían dado directamente en todo el ego. Cuando se burlaban de su acné ya no tenía más ideas que decir. Se dió la vuelta disgustada y ofendida. Avanzaba por el pasillo, pero Hermione Granger no tenía la intención de despegarse de su lado, al menos aún. —¿Por qué no le dijiste algo? —le preguntó cuando logró alcanzarla. —No es de tu incumbencia —respondió cortante. —Yo sé que no, pero a mí me molestaría si la gente hablara despectivamente sobre mis raíces... —¿De qué estás hablando? —preguntó esta vez Nox. —Bueno, tienes genes egipcios, ¿no? —Nox la miró mal—. Quiero decir... Ya sabes... Es que pues, tienes rasgos... Tu piel... —Jean, con un carajo, no sigas hablando de cosas que no sabes, y mucho menos de cosas que ni siquiera yo sé —siguió caminando. —Pero, ¿cómo no lo sabrías? Digo, es algo obvio... —Estoy a tres de hacer que te lances de la torre de astronomía, Jean —apretó los ojos —. ¿Tanta curiosidad tienes? Pregúntale a Harry, tanto que te gusta meterte en nuestros asuntos que con gusto te responderá. —No soy una metida, solo digo que deberías defender tus ideales —insistió. —No son mis ideales, porque ni siquiera sé de dónde vengo, Jean. Soy adoptada, se supone que debías tenerlo muy claro. Aquello fue darle una cachetada en toda la cara, ya que su rostro cambió a uno muy sorprendido, sabía que había metido la pata feo, aunque para Nox fue desde que se sentó a su lado. Intentaba tener una relación menos fea con Hermione Granger por su mejor amigo, pero ella tampoco ayudaba, y ahora tenía la sensación de odiarla más que antes. En esa noche, la idea de pedir una gran dosis de poción para dormir sin soñar era tan grande como las ojeras que marcaban el rostro de Nox. Ella siempre solía tener un aura extraña y espeluznante, que podías llegarte a acostumbrar o agradar si pasabas bastante tiempo con ella, pero el no dormir hacía su presencia más asustadiza que antes. Ese día despertó por la madrugada, había soñado de nuevo con lo mismo, siempre la misma escena, siendo alejada, arrastrada de la pierna mientras gritaba por Harry, temiendo lo peor. El cansancio y el sueño la estaban matando, pero no quería pegar los ojos y volver a soñar eso. Bajó de su cama de un salto. Su pijama ya no le arrastraba, sino que ahora le quedaba a la altura del tobillo, tal vez un poco más arriba, tal vez Harry tenía razón al mencionar que estaba más alta. Salió a la sala común, tan siquiera sentarse en alguno de los sillones y esperar a que amanezca. Cuando llegó, no estaba el lugar solo como pensaba, distinguió las largas y oscuras cortinas que tenía su mejor amiga como cabello. Estaba en el sillón más apartado de la sala común, con las piernas pegadas al pecho y la cabeza recargada en el mullido sillón. Parecía ser que conocía cuando Nox se acercaba o estaba cerca, ya que la volteó a ver sin sorprenderse o asustarse como hacían todos. Se limpió el rostro lo más rápido que pudo antes de que Nox estuviera frente a ella. —¿Qué haces aquí tan tarde? —preguntó su mejor amiga. —Debería preguntar lo mismo —dijo Nox mientras se sentaba a su lado —¿Pasó algo? Evidentemente Cho negó con la cabeza, sabía que era una mentira muy obvia. Tenía el rastro de sus lágrimas por el rostro, los ojos y la nariz roja, temblaba un poco y tenía la voz quebrada. —No... Todo está bien —mintió. —Yo sé que no lo está. Vio como comenzó a temblarle el labio inferior sin control, así que sin pensarlo la atrajo hacia ella en un abrazo. Los silenciosos sollozos eran ahogados en su cuello, mientras que se empapaba de saladas lagrimas ajenas.  —Está bien, suéltalo... —susurraba Nox, intentando contener las suyas. Muchas de las veces se podría olvidar del sentir de su mejor amiga, creyendo que todo estaba bien o controlado, pero no podía evitar dejarla así, sola y desesperada por querer dejar de sentir lo que sentía en ese momento. Las personas solían lidiar con su dolor de muchas formas, Nox solía distraerse y enfocar su mente en cosas ajenas al tema, Cho parecía hacerlo llorando a escondidas. No supo cuánto tiempo tardó para decidir separarse de ella. —Creo que me siento mejor... Perdón —decía mientras se limpiaba el rostro. —Está bien, me alegro que te sientas mejor —cruzó los pies en forma de mariposa sobre el sillón —, pero tampoco me gusta que ocultes como te sientes, al menos has sido mas abierta con Padma. —No sabía cómo podrías tomarlo. Padma es alguien que no te jugará por como te sientes, sino por lo que haces. —Lo sé, pero soy tu mejor amiga, también me gustaría que te expresaras un poco más —Cho pareció apenarse—, yo también me he mantenido distante al respecto y perdón por ello. Su mejor amiga negó varias veces, aun secándose las lágrimas que ya no bajaban de sus ojos. —No debes disculparte, tú solo... —pensó en lo que iba a decir—, solo lo extraño tanto. Siento como si fuese toda mi culpa. Nox se sentía exactamente igual y lo peor es que posiblemente si era su culpa. —No lo es, no debes culparte de cosas imposibles como esa, no había forma de averiguarlo o incluso evitarlo —intentó animarla—. Ya todo pasó, apuesto que no le gustaría verte así todo el tiempo. No sabía si sus palabras estaban resultando dar efecto en su mejor amiga, ya que su rostro se mantenía sereno, como si analizara cada palabra que Nox le daba, mientras que ella misma contenía la culpa que quería que todo el mundo supiera, pero la atención nunca fue una parte que le agradara. —Supongo que sí —terminó diciendo. —¡Por supuesto que sí! —exclamó Nox en voz baja de forma exagerada. Su mejor amiga soltó una pequeña risa —. Yo siempre he tenido razón en todo. —Fingiré que te creo. —Haces bien —ahora quien se quedó pensando era Nox, mirando a la nada mientras una leve sonrisa salía de su rostro pecoso y con acné —. Tengo una pregunta —su mejor amiga asintió —. ¿Qué hacían Cedric y tú antes de la última prueba? Nunca los encontré por ningún lado. Parecía ser que la tristeza en el rostro de Cho se convirtió en alegría, posiblemente con un toque de picardía. Comenzó a sonrojarse ligeramente, eso a Nox le dio muchas posibilidades, pero al final de cuentas terminaban en el mismo tema, solo espero a que ella respondiera. —Nada, solo practicando para la prueba. Ya sabes, nada del otro mundo —decía mientras comenzaba a ponerse de pie —. Será mejor que vayamos a dormir, yo... —¿Nada? —no le dejó continuar— Que escusa tan barata, si no quieres contarme como le enseñaste a poner un condón con la boca solo tienes que decirlo, ¿sí? Cho abrió bastante los ojos, sorprendida por lo que acababa de decir su amiga. —¡¿Qué cosas dices, Nox?! ¿Desde cuando eres tan... así? —Ya lo dije, tomé clases. Posiblemente no lo habría hecho, pero al menos aquel comentario tan fuera de lugar sobre su vida sexual hizo a Cho despejar su mente al menos temporalmente, ya que en su primer entrenamiento como compañeras de equipo de quidditch le fue muy mal. Nox estaba muy nerviosa, entre los aros vigilando muy bien a la quaffle que amenazaba con meterse en su portería, quería mantener todas sus extremidades sanas, mientras que Cho por más que volara, no lograba encontrar la snitch o siquiera mantenerse cuerda sobre la escoba. Mientras los días pasaban, posiblemente o mejoraba o empeoraba la actitud Nox. Afortunadamente y hasta el momento no se había perdido un día de la semana, ya que recordaba con claridad que en la próxima salida a Hogsmeade Cho la había invitado a que la acompañara a una reunión por ahí, Padma también las acompañaba. Nox frunció las cejas al ver que se trataba del Cabeza de puerco. —¿En serio es aquí? —preguntó Nox, señalando el letrero torcido —. Aquí solo vienen los más desamparados del pueblo y sus alrededores... —Te prometo que me han dicho que es aquí —aseguró Cho, mientras abría la puerta del local con un feo rechinido viejo. Al entrar no estaba vacío. —¿Por qué no me dijiste que estaría ella aquí? —reclamó Nox a Cho en cuando vio a Hermione Granger dentro del local —. Sabes que me cae como la mierda. —Porque sabía que si te decía que ella estaría no aceptarías, y peor aún, si ella era la que nos invitó. —¿Nos? Estaba por darse la vuelta para salir por la puerta, pero otra pequeña multitud entró por ella, y mucho menos lo intentó cuando divisó a Terry Boot entrar. Sabía que lo veía todos los días, pero siempre estaba con sus amigos haciendo sus propios asuntos, pero estar en un lugar más chico y cerca de él, su mente no evitaba recordar cosas que probablemente ya había olvidado desde ya hace bastante tiempo, posiblemente más de un año. —Suelen la pasta, yo no tengo suficiente oro para pagar todo esto... —se acercó uno de los gemelos Weasley de repente, mientras le tendía a cada una de ellas una botella de cerveza de mantequilla. —Yo estoy bien, gracias —Nox negó devolviendola. —¿Por qué no, murcielaguita? —preguntó con gracia, sabiendo el porqué. —Creo que tú y tu gemelito lo saben —señaló al otro con la mirada. —Touché. Al lado de Hermione se encontraba Harry que le sonreía con algo de pena, Nox sacudió la mano en forma de saludo y se sentó a un lado de su amigo pelirrojo. —¿No estabas castigada con venir a Hogsmade de por vida? —le preguntó Ron cuando sintió la presencia de Nox. —Bueno, al parecer estar dentro de un laberinto bajo la maldición imperius es suficiente como para levantarme el castigo —respondió como si fuera lo más simple del mundo. —Tiene sentido. Cuando por fin todo llegaron, tomaron sus asientos y la voz de alguien que no le agradaba se hizo presente: —Esto... Esto..., bueno..., hola. —Los asistentes giraron la cabeza hacia ella, entre ellos Nox, que había rodado los con fastidio—. Bueno..., esto..., ya saben por qué hemos venido aquí. Verán, nuestro amigo Harry tuvo la idea..., es decir —se corrigió al instante al notar la mala mirada que este le lanzó—, yo tuve la idea de que sería conveniente que la gente que quisiera estudiar Defensa Contra las Artes Oscuras, o sea, estudiar de verdad, ya saben, y no esas chorradas que nos hace leer la profesora Umbridge —de repente la voz de Hermione se volvió mucho más potente y segura—, porque a eso no se le puede llamar Defensa Contra las Artes Oscuras... Bueno, creí que estaría bien que nosotros tomáramos cartas en el asunto. —Hizo una pausa, miró de reojo a Harry y prosiguió—: Y con eso quiero decir aprender a defendernos como es debido, no sólo en teoría, sino poniendo en práctica los hechizos... —Pero supongo que también querrás aprobar el TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras, ¿no? —la interrumpió Michael Corner. —Por supuesto. Pero también quiero estar debidamente entrenada en defensa porque... porque... —inspiró hondo y terminó la frase— porque lord Voldemort ha vuelto. Todos reaccionaron de maneras distintas, muchos se sobresaltaron como cuando Nox se aparecía en una escena de repente, y ella también reaccionó igual. La idea no le parecía nada mal la idea, aprender a defenderse por su propia cuenta, ya que era más que evidente que las clases que daba la profesora Umbridge eran de lo más inútiles que podría imaginar. —Bueno, pues ése es el plan —concluyó Hermione—. Si quiere unirse a nosotros, tenemos que decidir dónde vamos a... —¿Qué pruebas tienen de que Quien-ustedes-saben ha regresado? —preguntó el jugador rubio de Hufflepuff con tono bastante agresivo. —Bueno, Dumbledore lo cree... —empezó a decir Hermione. —Querrás decir que Dumbledore lo cree a él —aclaró el muchacho rubio señalando a Harry con la cabeza y después a Nox —, y a ella —Nox frunció las cejas. —¿Cómo te llamas? —le preguntó Ron con brusquedad. —Zacharias Smith —contestó él—, y creo que tenemos derecho a saber qué exactamente lo que les permite afirmar que Quien-tú-sabes ha regresado. —Mira —intervino Hermione con rapidez—, ése no es el tema de esta reunión... —Déjalo, Hermione —dijo Harry, que acababa de comprender por qué había acudido tanta gente a la convocatoria. —¿Quieres saber qué es exactamente lo que me permite afirmar que Quien-tú-sabes ha regresado? —preguntó mirando a los ojos a Zacharias—. Yo lo vi. El año pasado, Dumbledore le contó al colegio en pleno lo que había ocurrido, pero si tú no lo creíste, no me creerás a mí, y no pienso malgastar una tarde intentando convencer a nadie. Nox comenzó a apretar los ojos, controlando la furia y las voces que comenzaban a rondar por su cabeza, pero la voz de Zacharias dijo desdeñosamente: —Lo único que nos contó Dumbledore el año pasado fue que Quien-tú-sabes había matado a Cedric Diggory y que tú habías llevado el cadáver a Hogwarts. No nos contó los detalles ni nos dijo cómo habían matado a Diggory, y creo que a todos nos gustaría saber... —¿Es en serio? ¿Te atreves a preguntar ese tipo de cosas en estos momentos? —explotó Nox mientras se ponía de pie de repente, casi tirando la silla detrás de ella. Todos la voltearon a ver con miedo, pero a ella no le importó, su enojo era mucho más grande. Sus ojos comenzaron a brillar —. ¿No te da vergüenza estar preguntando cosas que no van al tema? —Solo estoy diciendo que no sabemos la historia completa y a todos nos gustaría escucharla. Nox se enfureció más. —Yo no veo a nadie aquí interesado en ello —señaló a todos con la palma —. Ten algo más de respeto por él que no está aquí, estás hablando de un amigo, un novio y un hijo que mató Quién-tú-sabes. Cho comenzó a jalonearla de la manga, pero Nox no le hizo caso. —No lo dicen porque te tienen miedo. Das miedo —soltó el chico Smith. —Si has venido a oír un relato detallado de cómo mata Voldemort, no podemos ayudarte—lo interrumpió Harry. Nox agradecía eso, ya que podia terminar todo aquello mucho peor—. No vamos a hablar de Cedric Diggory, ¿de acuerdo? De modo que, si es a eso a lo que has venido aquí, ya puedes marcharte. Terminando de decir ello, le dirigió su mirada a Nox, dando a entender que todo estaría bajo control mientras él esté ahí. Nox asintió levemente mientras volvía a tomar asiento en su lugar mientras cruzaba los brazos. —Bueno —saltó Hermione con voz chillona—. Bueno..., como iba diciendo..., si quieren aprender defensa, tenemos que decidir cómo vamos a hacerlo, con qué frecuencia vamos a reunirnos y dónde vamos a... Las interrupciones no tardaron en llegar, que si Harry hizo esto, que si hizo lo otro. No era envidia o algo similar, simplemente eran cosas que seguía sorprendiendo a Nox. Después de que Harry recibiera flores hasta por parte de Nox, Hermione Granger rebuscó en su mochila, sacó un rollo de pergamino y una pluma y vaciló un momento, como si estuviera armándose de valor para decir algo. —Creo que ahora cada uno debería escribir su nombre, para que sepamos que ha estado aquí. Pero también creo —añadió inspirando hondo— que todos deberíamos comprometernos a no ir por ahí contando lo que estamos haciendo. De modo que, si firman, se comprometen a no hablar de esto ni con la profesora Umbridge ni con nadie. Los gemelos Weasley no dudaron en firmar dicho papel, unos dudaron en hacerlo, mientras que otros cuestionaban. Nox firmó con su diminuta y larga letra para después pasarle el pergamino a Cho y ella a Padma. Después de que todos firmaran como si se tratara de un préstamo bancario, comenzaron a ponerse de pie para comenzar a marcharse cada quién por su rumbo. Las tres amigas se pusieron de pie con dirección a tomar algo de verdad en el cabeza de puerco. Nox se dio vuelta, y así como saludó a Harry al entrar, se despidió al salir.

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Muchos estaban preocupados por como afectaba el nuevo Decreto de Enseñanza no. 24, que mencionaba que todos los grupos mayores a tres personas estaban estrictamente prohibidos y tenían que ser aprobados por la suma inquisidora, eso obviamente incluía el enorme grupo que estaba en contra de sus enseñanzas y pensaban tomar cartas en el asunto por sí mismos. El equipo de quidditch de su propia casa había logrado conseguir el famoso permiso, pero la idea de estar en el grupo de defensa le carcomía por dentro levemente. No sabía que tan buena idea era eso de meterse en un grupo que estaba en contra de una persona del ministerio, le aterraba la idea de que la descubrieran y su padre se enterara, o peor, que le hicieran algo a él por su culpa. Esperaba de todo corazón que todo saliera bien. Cuando por fin llegó el día, llegaron frente al retrato de Barrabás el chiflado, que frente a este estaba una puerta que jamás había visto en su vida. Nox y el resto de su grupo de Ravenclaw entraron. Una amplia estancia los recibió, en la que ardían parpadeantes antorchas como las que iluminaban las mazmorras. Las paredes estaban cubiertas de estanterías de madera, y en lugar de sillas había unos enormes cojines de seda en el suelo. En unos estantes, en la pared del fondo de la sala, se veían una serie de instrumentos, como chivatoscopios, sensores de ocultamiento y un gran reflector de enemigos aparentemente roto. —¡Guau! —exclamó Nox, admirando el lugar —¿Qué es este lugar? —Se llama la sala de menesteres —comenzó Harry—, tienes que pasar tres veces frente de ella, pensasando y pidiendo lo que quieres o necesitas. —Asombroso —expresó Nox, mirando los libros de la estantería, ignorando la presencia de Hermione Granger que estaba leyendo cerca. —Oye, Harry, ¿qué es eso? —preguntó Dean desde el fondo de la sala, señalando los chivatoscopios y el reflector de enemigos. —Detectores de tenebrismo —contestó Harry, y fue hacia ellos que estaban por los cojines —. Indican cuándo hay enemigos o magos tenebrosos cerca, pero no hay que confiar demasiado en ellos porque se les puede engañar... —Miró un momento en el rajado reflector de enemigos, luego se dio la vuelta—. Bueno, he estado pensando por dónde podríamos empezar y... —Hermione ya tenía una mano levantada, haciendo a Nox rodar los ojos—. ¿Qué pasa, Hermione? —Creo que deberíamos elegir un líder —sugirió ella. —El líder es Harry, es obvio —saltó Nox de inmediato, mirando mal a Hermione, ella empezó a hacer lo mismo. ¿Desde cuándo tenía tantas ganas de participar? Oh, sí, a su cerebro le encantaba hablar antes que pensar. —Sí, pero creo que deberíamos realizar una votación en toda regla —afirmó Hermione sin inmutarse, mirando de la misma manera a Nox—. Queda más serio y le confiere autoridad a Harry. A ver, que levanten la mano los que opinan que Harry debería ser nuestro líder. Todos levantaron la mano, la primera en hacerlo fue Nox. —Bueno, gracias —dijo Harry, parecía sonrojado—. Y... ¿qué pasa, Hermione? —También creo que deberíamos tener un nombre —propuso alegremente sin bajar la mano—. Eso fomentaría el espíritu de equipo y la unidad, ¿no os parece? —Podríamos llamarnos Liga AntiUmbridge —terció Angelina. —O Grupo Contra los Tarados del Ministerio de Magia —sugirió uno de los gemelos. —Yo había pensado —insinuó Hermione mirando ceñuda a Fred— en un nombre que no revelara tan explícitamente a qué nos dedicamos, para que podamos referirnos a él sin peligro fuera de las reuniones. —¿Entidad de Defensa? —aventuró Cho, Nox asintió convencida—. Podríamos abreviarlo ED y nadie sabría de qué estamos hablando. —Sí, ED me parece bien —intervino Ginny—. Pero sería mejor que fueran las siglas de Ejército de Dumbledore, porque eso es lo que más teme el Ministerio, ¿no? El comentario de Ginny fue recibido con risas y murmullos de conformidad. —¿Están todos a favor de ED? —preguntó Hermione en tono autoritario, y se arrodilló en el cojín para contar—. Sí, hay mayoría. ¡Moción aprobada! Clavó el trozo de pergamino donde habían firmado todos en la pared, y en lo alto escribió con letras grandes:

EJÉRCITO DE DUMBLEDORE

—Muy bien —dijo Harry cuando Hermione se hubo sentado de nuevo—, ¿empezamos a practicar? He pensado que lo primero que deberíamos hacer es practicar el expelliarmus, es decir, el encantamiento de desarme. Ya sé que es muy elemental, pero lo encontré muy útil... —¡Vaya, hombre! —exclamó Zacharias Smith mirando al techo y cruzándose de brazos, Nox volvió a apretar los ojos con tan solo escuchar su voz—. No creo que el expelliarmus nos ayude mucho si tenemos que enfrentarnos a Quien-tú-sabes. —¿Ya va a empezar de nuevo? —susurró Nox, más para sí misma, pero uno que otro la escuchó. —Yo lo utilicé contra él —dijo Harry con serenidad—. En junio, ese encantamiento me salvó la vida. «Nos», pensó Nox. Smith se quedó con la boca abierta, con cara de estúpido. La sombra de su sonrisa se apareció en su rostro al ver la reacción del Hufflepuff. —Pero si crees que está por debajo de tus conocimientos, puedes marcharte —añadió Harry. Smith no se movió. Los demás tampoco—. Bien, podríamos dividirnos en parejas y practicar. Todos se pusieron de pie, Nox automáticamente eligió como pareja a Cho, mientras que Padma iba con su gemela Parvati, ya que lo pensaba: sabía distinguir muy bien entre las gemelas Patil, pero no entre los gemelos Weasley, sabrá Merlín por qué. Nox logró desarmar a Cho más veces que ella, parecía ser que se le daba muy bien para ser la primera vez que lo hacía. En su mente tenía muchos hechizos y encantamientos, pero muy pocos los había puesto a prueba, tal vez gracias a ello pudo tan siquiera intentar defender a Harry el día que estuvieron en el cementerio. Un silbato sacó a todos de sus prácticas, así que bajaron las varitas al instante. —No está mal —dijo Harry—, pero todavía pueden mejorar mucho. Volvamos a intentarlo. —¿Michael Corner y Ginny Weasley están teniendo algo? —le preguntó Cho a su mejor amiga, señalando con la mirada al chico mientras le entregaba su varita después de desarmarla. Nox miró que el chico estaba practicando con la menor de la familia de pelirrojos. —No que yo sepa —respondió Nox mientras se volvía a poner en su lugar —¿Por qué? —Nada, solo curiosidad —se encogió de hombros. —¿No se supone que deberías estar practicando? —preguntó Harry con gracia mientras se acercaba a ambas. —¿No se supone que deberías estar supervisando? —preguntó esta vez Nox, con la misma gracia. —Eso hago, y las vi platicando —se encogió de hombros, como si fuera algo tan sencillo como complicado. —Eres un chismoso, además, ya lo tengo dominado —sonrió con arrogancia. —Veamos —le indicó. Nox alzó la varita para desarmar a su mejor amiga, pero no pasó un segundo cuando su varita ya había salido volando de ahí. Nox abrió la boca y frunció las cejas, ofendida. —Perdón, pero no pensaba dejarme humillar frente al profesor —se burló Cho mientras Nox comenzaba a ponerse sonrojada. —¡Tramposa! —se quejó Nox, después se dirigió a Harry, que la veía con gracia. Ahí estaba de nuevo... —¡Te juro que la he desarmado más veces que ella a mí! —Lo sé, te he estado observando, pero tampoco bajes la guardia —Cho se acercó a ella con su varita para después entregársela, ya con ella en la mano volvió a apuntar hacia ella, pero Harry se adelantó un poco:—Deberías de bajar un poco más la punta de varita —colocó su mano sobre la suya que sostenía la varita y la acomodó en la posición que estaba explicando, Nox abrió bastante los ojos y comenzó a temblar, mientras que Cho parecía que quería gritar —algo así, podrías sacarle doble provecho y sacarle un ojo a alguien con tu varita, parece una aguja. —No había pensado en ello —logró decir con una voz chillona. Su mejor amiga saltó las cejas varias veces, mientras que Nox con la mirada le decía un «¡Cállate!» —, debería afilar la punta, ¿no crees? —pretendió normalidad y con la varita en la nueva posición desarmó a Cho —¡Expelliarmus! La varita salió volando hasta el otro lado de la sala, su mejor amiga la miró con cara de «¿Es en serio? », Nox se encogió de hombros con fingida inocencia. —Tranquila, yo voy por ella —dijo Cho mientras iba en la misma dirección que su varita. —Guau, parece ser que si se te da lo de ser profesor —comentó Nox, mirando a Harry, intentando no temblar. —Vaya, gracias. Tenías bastante tiempo sin decirme algo realmente agradable. —Hoy soy Nox, no Misery —sonrió, para después hablar en voz baja: —. Si te soy sincera, me aterra un poco el estar aquí; ya sabes, por las tonterías del Ministerio y eso. —Te aseguro que es un lugar secreto y seguro, no tendría que haber alguna manera para que se enteren, tu padre está a salvo de tus rebeldías —le aseguró Harry, adivinando el porqué del comentario de Nox, ella asintió, ligeramente convencida —. Apuesto que tu padre también está en contra del Ministerio. —¡Pues mi padre apoya cualquier acción contra el Ministerio! —afirmó Luna Lovegood también muy orgullosa. Luna estaba detrás de Harry y era evidente que había estado escuchando la conversación que tenían ellos dos—. Siempre dice que cree a Fudge capaz de cualquier cosa. ¡Con la cantidad de duendes que ha asesinado! Además, utiliza el Departamento de Misterios para fabricar pociones terribles que hace beber a todo el que no está de acuerdo con él. Y luego está suumgubular slashkilter... —¡Bien por tu padre, Luna! —Nox fingió alegría mientras la interrumpía —. Si no le cortas lo que dice, jamás se detendrá —susurró muy bajo para que al menos Luna no escuchara esta vez. —Oye, Harry —gritó Hermione desde el otro extremo de la sala, Nox apretó los ojos, como si le hubiesen arruinado el mejor momento del día —. ¿Has mirado a hora? Harry después de revisar su reloj hizo sonar el silbato. —Bueno, ha estado muy bien —comentó Harry—, pero la sesión se ha prolongado más de lo previsto. Tenemos que dejarlo aquí. ¿Quedamos la semana que viene a la misma hora en el mismo sitio? —¡Antes! —exclamó Dean Thomas con entusiasmo, y muchos compañeros asintieron con la cabeza. Angelina, en cambio, dijo: —¡La temporada de quidditch está a punto de empezar y el equipo también tiene que practicar! —Entonces el próximo miércoles por la noche —determinó Harry—. Ya decidiremos si hacemos alguna reunión adicional. ¡Ahora será mejor que nos vayamos! Todos comenzaron a salir en pequeños grupos de tres, para evitar ser muy llamativos en cuestión de ruidos de zapatos. Cuando Cho, Padma y Nox eran la siguientes, Harry les daba indicaciones con un peculiar mapa que ella jamás había visto antes. —¿Este es el famoso mapa que mencionaste aquella vez? —preguntó Nox, echando una mirada rápida sobre este. —Esto... Si, creo que nunca te lo había mostrado —respondió Harry, algo apenado de no haberlo hecho antes. Nox estaba muy interesada en como los nombres de Neville Longbottom y Dean Thomas se alejaban por el pasillo en camino a la torre de Gryffindor, mientras que veía el nombre de Argus Filch cerca de las mazmorras, en un punto que siquiera corriendo podría alcanzarlos. —Es genial. Me has dejado bastante sorprendida hoy, Harry —confesó Nox, sintiendo como las orejas se le calentaban ligeramente. No le dió tiempo a Harry de contestar o algo similar, aunque por su expresión se podría deducir que no podría hacerlo, se despidió de él sacudiendo la mano y saliendo de ahí con sus mejores amigas de vuelta a la sala común de Ravenclaw.
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