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De nuevo el el salón de té, en silencio como si esperaremos que alguien dijera algo y rompiera la quietud del lugar. La cola de Penélope aún asoma de la chaqueta de Anthony, se ha quedado dormida en mis brazos y no quiero mover ni un solo músculo por miedo a perturbarla. –Bueno...¿cómo la devolvemos al mar?–dice Anthony de la nada. –!¿Qué?¡- gritamos todos a la vez. No se como Penelope no se despertó con el escándalo. –Ni idea de todo lo que está pasando... y sé que eso sería lo último que haríamos–dice Eloise con los ojos en llamas. Anthony se endereza, como si su lógica fuera indiscutible. –No tenemos idea de lo que es capaz ¿ Y si su presencia atrae a cosas peores que Portia?¿Si nos pone en peligro?–escupe Anthony. –Anthony...–dice nuestra madre entre lágrimas– , no hables así. –¿Que no hable así? – repite él , girando hacia ella–. Madre, la muerte de papá empezó con ella. No voy a fingir lo contrario. Siento a Penélope tensarse entre mis brazos, aunque mantiene los ojos cerrados. No se si finge dormir para no responder... o porque le duele demasiado escuchar esas palabras. –¡Basta! –Eloise da un golpe sobre la mesa–. Lo que ocurrió con papá fue culpa de Portia. ¿O crees que alguien de mi edad en ese entonces podría planearlo? –Yo solo sé que desde que volvió a nuestras vidas, todo es caos–gruñe Anthony–. No la conoces, Eloise. –No, no la recuerdo–responde Eloise– pero la he visto con Benedict... y eso para mi es suficiente para saber quien es. – Anthony, mírala. Solo se ganan mi confianza unos pocos y a ella le daría mi vida sin dudarlo. El aprieta los puños. –Y si en el camino arrastra a nuestra casa y a todos con ella, ¿también pensarías igual? –replica Anthony. Penelope abre los ojos, su voz firme y cristalina resuena en la sala. –Haría cualquier cosa por salvar a vuestra familia. Llevo años buscando... y ahora sé que era Benedict– me mira con todo su amor irradiando de ella. Por un instante, Anthony vacila. No es una rendición, pero la dureza en sus ojos se suaviza un poco. Mamá respira hondo y con un gesto nos pide silencio. –Discutir no nos llevará a ninguna parte–sacude la cabeza –¿Qué fue lo que nos quisiste enseñar con el cuaderno, Benedict? –Pregunta con suavidad. Vuelvo en mi y veo como Penelope ya despierta me observa preocupada. Tomó aire y saco el cuaderno que habíamos olvidado sobre la mesa. Se lo pasó a mamá, esperando que recordara cualquier cosa importante. –Esto era de Edmund...– susurra, pasando las páginas con gran delicadeza–. Lo he estado buscando durante años querido. –Estaba en su escondite secreto, mamá. Asiente y sonríe apretando el cuaderno entre sus manos. –Tiene mapas–añade Penelope, separándose un poco de mi abrazo– cuevas submarinas a las que ningún humano podría llegar, ni conocer. los ojos de mamá se abren con sorpresa. –Luego que aparecieras...Edmund cambió su comportamiento. No quería decir nada, pero yo sabía que algo le preocupaba. –¿Él sabía que yo era... lo que soy? –pregunta Penelope. –Por sus dibujos, si, aunque nunca lo compartió conmigo –. Toma las manos de Penélope– Te quería mucho. Violet guarda silencio un instante, luego se pone en pie. –Vengan conmigo. Nos guía por un pasillo estrecho, hasta una sala donde los objetos de Edmund siguen intactos, como si todavía esperaran su regreso. Tal cual lo dejo la ultima vez que salio de casa. –Luego de su muerte, descubrí la verdad–dice mamá como si hablara consigo misma– Pero con el dolor no sabía cómo encontrarte, ni que hacer. Abre una vitrina antigua y saca una pequeña caja de madera con una caracola dorada tallados en la tapa. Dentro hay un colgante con una piedra azulada en forma de lágrima. La luz parece moverse dentro de ella, como si fuera la marea. –Escribió tu nombre sobre esta caja– dice mientras le pasa la caja a Penélope. Penélope tiembla al rozarla con los dedos. –Esto...–susurra Penélope–es de mi mundo...No sabía que los humanos pudieran tocarlo sin dañarlo. –Edmund no era del todo humano. –¿Como dices..., mamá? – gritamos Eloise, Antony y yo al mismo tiempo. Penélope asiente, como si las piezas encajaran. –Edmund era parte de mi mundo–dice despacio Penelope. –Si... lo descubrí luego de su partida –admite mamá. Nos miramos sin poder creer lo que está contando. –¿Por qué no dijistes nada? Han pasado años– suelta Anthony. –¿Me hubieras creído una palabra? –Pero...–digo pero me interrumpe. –No quería que corrieran al mar y perecieron igual que vuestro padre...era más fácil ignorarlo– suspira– Pero con la llegada de Penélope, todo volvió a surgir. –Edmund conocía a Portia de antes–dice Penelope levantándose y caminando por la estancia–. Es él. –¿Qué dices, amor? La cabeza me da vueltas, mi padre era del mar y nunca dijo nada. –Existe una historia sobre uno de los nuestros que fue expulsado del mar, ya que no seguía las reglas e interaccionaba con humanos más de lo necesario–dice Penélope sin mirar a nadie–. Cuentan que los suyos lo traicionaron... y los humanos acabaron con su existencia. – sube la mirada–Portia lo contaba siempre como advertencia. –Edmund conocía a Portia– dice mamá tapándose la boca. Penelope sostiene el colgante, y la piedra brilla más fuerte, como si respondiera a su toque. Una corriente leve, imposible en un lugar cerrado, recorre la sala y eriza mi piel. –Escucha–susurró ella. Todos guardamos silencio. Muy lejos, como de las profundidades, llega un murmullo de agua golpeando roca. El sonido crece, se arremolina... y se corta de golpe. Penélope soltó el colgante ya que este deja sobre su piel una marca roja con forma de lágrima. Salto y sostengo su mano con consolándola. –No pude sostenerlo–dice cabizbaja. –No te preocupes amor–la beso en la coronilla–encontraremos la forma. Asiente y nos fundimos en un abrazo. Tenemos que procesar demasiada información. Descansar, ya mañana sera otro día para buscar explicación a este torbellino de información.Capítulo 17 Fuerza
29 de diciembre de 2025, 7:00
Estos ataques cada vez me preocupan más, no quiero perderla ahora que la he encontrado. Aún no puedo soltarla de mis brazos, aunque ya todos están a nuestro alrededor.
–Benedict, estoy bien– dice dándome un beso en la mejilla.
– Me tenias muy preocupado.
No puedo quitarme de encima la desesperación que sentí al pensar que la perdía.
–Creo que todos estábamos preocupados, querido–añade mamá,con voz suave.
–¿Alguien puede explicar algo con sentido?–dice Eloise, mirando con asombro la cola de Penélope.
–Esto...toma mi chaqueta–murmura Anthony colorado,mirando de reojo–. Para Penélope.
Claro, en su forma de sirena está al descubierto su hermoso cuerpo. En mis brazos está casi cubierta y ahora lo importante es que esté a salvo. Aunque no voy a mentir, si puedo disfrutar de una gran vista, siempre es mejor. La cubro con la chaqueta y queda enterrada en ella, parte de su cola también está oculta.
–Mejor hermano–digo en desafío–¿Ahora nos crees?
–Si, Benedict– dice con resignación.
–Bueno queridos, entremos y hablemos con calma–dice nuestra madre buscando apaciguar el ambiente.
Volvemos a casa en silencio, aún con Penélope entre mis brazos, sin ninguna intención de soltarla en bastante tiempo.