ID de la obra: 811

Drabbles Sheriarty

Slash
R
En progreso
2
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 35 páginas, 10.131 palabras, 29 capítulos
Descripción:
Notas:
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Reserva

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Número de palabras: 365 ------------------------------------------------------------------------------------------ Cuando por fin un caso era resuelto (casi siempre gracias a la ayuda de Sherlock), a éste le precedía un período de largos y agotadores interrogatorios llenos de trámites burocráticos que terminaban con la poca paciencia del detective. John, considerado como una pieza poco relevante en el transcurso de las investigaciones siempre era rápidamente despachado por los agentes de la Scotland Yard, por lo que siempre se reunía temprano con su esposa Mary. En aquella ocasión, el esclarecimiento de la cronología y la recolección de pruebas en el caso de asesinato del poderoso magnate Alaric Pendleton, había finalizado con Sherlock escapando a las tres de la madrugada de las comisaría de la Yard. El cielo nocturno, despejado de nubes y a rebosar de estrellas le recibió a sus salida del edificio, y el frío de la noche se estampó contra su adormilado rostro. Sin embargo, algo en la calle le llamó la atención inmediatamente: en la acera inmediata a la Scotland Yard se encontraba estacionado un lujoso Aston Martin de color negro. Sherlock naajó las escaleras que lo separaban del vehículo y cuando su pie tocó el último escalón, la puerta trasera del coche se abrió, sobresaltándole, y una figura elegante, de movimientos ágiles y peligrosos, se bajó del mismo. —¿Cuánto tiempo llevas esperando? —preguntó con un suspiró Sherlock, ante la visión de su pareja. —Acabo de llegar... —respondió de forma evasiva Moriarty. —Jim... —advirtió el detective. —Está bien —claudicó su pareja, haciendo rodar sus ojos con exasperación—, llevo aquí dos horas. —¡Jim! —No me repliques y sube —le detuvo el criminal, señalando el coche—. La reserva para cenar sigue en pie. Sherlock recordaba haberle enviado un mensaje a Jim para avisarle de que debían suspender la cena de aquella noche por los inconvenientes horarios que le iban a suponer los trámites burocráticos de la policía. —¿Aún? —preguntó estupefacto, acercándose al vehículo. —Reservé un salón para nosotros solos por toda la noche —explicó Moriarty—, así que podemos quedarnos a dormir incluso —agregó burlonamente. —Acordamos que de la cama me ocupaba yo hoy —replicó Sherlock, sentándose sobre los cómodos asientos de cuero. —Muy cierto —concedió Jim, sentándose a su lado. Casi de inmediato, le robó un suave beso de los labios y, dirigiéndose al chófer, agregó—. ¡A The Ledbury!
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