ID de la obra: 812

Drabbles Johnlock

Slash
R
Finalizada
2
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
43 páginas, 10.817 palabras, 28 capítulos
Descripción:
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Parches de Nicotina

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Número de palabras: 455 ------------------------------------------------------------------------------------------

Candelabros.

Fuego.

Rencor.

Mordazas.

Herencia.

Testamento.

Lago.

La mente de Sherlock cruzaba una y otra vez los escenarios que había recorrido en los últimos días, mientras las pistas recogidas volaban por su mente a toda velocidad. Necesitaba entenderlo. Necesitaba entender como era posible que la apacible familia Westbrook, compuesta por seis miembros, hubiera terminado sus días bajo el Lago Standley. Todos maniatados y amordazados, eso indicaba premeditación. El asesino había planeado todo aquello y había buscado una forma angustiosa de morir, como es el ahogamiento, por lo que también podía palparse el odio en sus acciones. Ese odio intenso era precisamente lo que hacía complicado el caso: la familia Westbrook no tenía ningún enemigo. Sherlock se había sentado, con las piernas cruzadas, en el suelo (siempre había dicho que en la incomodidad de la madera se pensaba mejor), y se había colocado tres parches de nicotina. Tres parches de nicotina era lo que requería el caso. Continuó analizando cada pieza del puzzle, destruyendo las partes y volviéndolas a juntar tratando de encontrar un nuevo sentido a la situación. De pronto, sintió una leve presión a la altura de su antebrazo, justo donde tenía uno de sus parches. Abrió los ojos y unos precioso cabellos dorados resplandecieron ante él. Su abstracción del mundo había sido total, y eso había permitido a la pequeña Rosie, su hija, se acercara hacia él sin que se diera cuenta. La niña sostenía un pequeño plástico rectangular en el que se encontraban algunas pegatinas de diferentes formas como estrellitas o corazones. Pero había un pronunciado hueco en una de las esquinas. Sherlock dirigió su mirada hacia su brazo derecho (donde había sentido la presión) y encontró las pegatinas que faltaban colocadas encima de sus parches de nicotina. Volvió a mirar a la niña, que le observaba con aquellos pequeños e inocentes ojillos. Su pequeña carita sonrosada se encontraba iluminada por una sonrisa jovial en la que brillaban los dientes de leche. —¡Rosie! La voz de John sonó tras ellos con urgencia. Sin tardar, entró en la sala de estar y tomó a la niña de la mano. —Perdona cariño —se disculpó—, he tenido que atender una llamada urgente y se me ha escapado. Sus ojos se movieron hasta el antebrazo de su pareja, donde descubrió los parches de nicotina cubiertos por pegatinas de colores. —Parece que Rosie no ha perdido el tiempo —dijo sonriente—, preferiría que llevaras eso en los brazos en lugar de los parches —añadió, tomando en sus brazos a la niña. Sherlock no había dicho ni una sola palabra, confundido ante la ternura de aquella niña, que ahora criaba junto a John. —Te dejo trabajar. Ante aquella palabras, reaccionó al fin, tomando con delicadeza el bajo de la camisa de su pareja, obligándole a frenar. —Quédate. —¿Y el caso? —preguntó John confundido. —Puede esperar —aseguró el detective, levantándose del suelo. Todo podía esperar, excepto su familia.
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