Capítulo 5
3 de octubre de 2025, 16:27
Ling
May me dio la espalda en cuanto salí. La seguí sin mediar palabra y desde que noté el rumbo que tomaba, supe hacia dónde nos dirigimos. No pude evitar sonreír. Los últimos días habían sido muy confusos y estar con ella conseguía relajar mis nervios.
Abrió el almacén y en cuanto entré se abalanzó sobre mí. El frío de la puerta contra mi espada me golpeó, pero su cuerpo, totalmente pegado al mío, me proporcionaba el calor suficiente. No era un beso calmado. Era salvaje, su lengua invadiendo mi boca mientras sus manos estudiaban mi cuerpo.
—¿Qué hacías con esa? —Me dijo en tono acusatorio cuando se separó para coger aire.
—Trabajo. Ya sabes que tu padre nos puso en el mismo proyecto.
—Ya me quejé. Se sale de tus competencias, eres informática.
—Lo sé, pero no me saques. Creo que es bueno para mí. Sabes que he estado esperando una oportunidad como esta después de lo que pasó.
Tomó mi mano y me llevó al fondo del cuarto. Estaba repleto de estanterías que llegaban hasta el techo, y nos podíamos esconder de manera que nos enterábamos de si alguien entraba, a tiempo de adecentarnos si estábamos en medio de algo.
No me sentía orgullosa de tener sexo en el trabajo, pero había marcado unos límites muy claros con May desde el principio.
—No me gusta que pases tiempo con ella a solas.
Ella intentaba saltarse esos límites todo el tiempo.
Nos conocimos una noche en un bar. Estaba de celebración porque me acababan de decir que me contrataban, y May estaba con unas amigas. Fue fácil, yo buscaba compañía, ella era guapa y claramente le atraía. Terminamos la noche en su casa y me marché a la mañana siguiente, dejándole una nota en la que le agradecía el tiempo juntas. Pensé que no volvería a verla, pero allí estaba en mi primer día, sentada junto a su padre para hacerme firmar el contrato.
Hablé con ella cuando terminamos para pedirle que fuéramos profesionales, al fin y al cabo, yo no buscaba una relación. Me dijo que le gustaba y no necesitaba que saliéramos, solo divertirnos de vez en cuando. Aunque inicialmente me negué, tras su insistencia y el desarrollo de mi vida en la agencia durante los primeros meses, terminamos convirtiéndonos en amigas con derecho a roce.
Nunca la he llevado a casa y puedo contar con los dedos de una mano las veces que he ido a la suya. Nuestros encuentros se concentran en estas cuatro paredes y el material de oficina de este almacén. He intentado cortarlo varias veces, pero siempre pasa algo que me hace volver a ella.
—Ya hemos hablado de esto. No somos nada, por lo que podría salir con quién quisiera. Pero vamos, ¿Orm? Sabes que nunca estaría con ella.
—¿Y por qué la acariciabas? —Reí.
—Me tiene asco y me encanta hacerla sufrir. No sabe cómo reaccionar cuando juego con ella de esa manera. Intenta ser amable y se le hace un mundo pedir que me aleje, así que lo uso a mi favor. Es divertido ver como se tensa, nada más.
—¿Crees que soy más guapa que ella?
Otra vez se estaba comparando. Llevaba haciéndolo desde hacía tiempo. Se media constantemente con ella y nunca había entendido por qué lo hacía. Orm era objetivamente guapa, pero ella también. Tenía un corte bob con flequillo que adornaban su hermosa cara y su fuerte mirada. Era elegante y con solo un vistazo rápido podías saber que era de clase alta.
—Eres preciosa. —Siempre la misma respuesta, y aunque no me contestaba, siempre ponía cara de descontento. No se me daba bien mentir, y al contrario de la suya, la belleza de Orm provocaba todo tipo de sentimientos en mi que superaban cualquier cosa que ella pudiera darme.
Respondió como siempre, desesperación. Llevó mis manos a su pecho mientras besaba ese punto de mi cuello que tanto me volvía loca. Reaccioné por instinto y los aprete, pero su chaqueta no me dejaba sentir todo lo que me gustaba. Abrí los botones e hice lo mismo con su camiseta, dejando a la vista su sujetador de encaje y sus grandes pechos. No tardé en liberar uno y acariciarlo con mi lengua. Su cuerpo se estremeció entre mis manos y me animó a continuar, succionando y mordiendo a mi paso.
—Ah… Quiero más Ling… Te necesito dentro.
No tuvo que repetirmelo. Remangé su falda hasta quedar a la altura de su cintura, aparté hacia un lado su ropa interior y noté lo mojada que estaba. Ya estaba preparada para mi. Humedecí mis dedos mientras estimulaba suavemente su clítoris y me preparé para penetrarla.
—¡Ling! —El grito de Orm llegó desde la puerta. Había abierto de golpe. Nos quedamos calladas sin saber cómo reaccionar. —¡Sé que estás ahí! ¡Mueve tu culo y sal! ¡Ya!
May se puso roja de furia y empezó a colocarse bien la ropa. Yo tomé un pañuelo de mi bolsillo y me limpié los dedos mientras me acercaba a la entrada. Era la segunda vez que Orm nos encontraba en esta situación y la primera vez había acabado de la peor manera posible. Esperaba no repetir experiencia.
Estaba furiosa, con los brazos cruzados y golpeando el suelo con la punta del pie. No dejó que llegara a su altura antes de darme la espalda y empezar a andar.
—Más te vale que sea el fin del mundo.
—¡Te han estado buscando por todas partes!
—¿Para qué?
—El señor Richard ha venido y necesitaba reunirse contigo específicamente. Te estaba buscando todo el mundo —levantó las manos para enfatizar sus palabras —- el jefe incluído, y me han ido a preguntar a la sala de reuniones si sabía algo cuando estaban a punto de rendirse. ¡Pero claro! ¿Dónde podía a estar Ling? Obviamente metiéndose mano con su novia en horario laboral, porque ella puede hacer lo que le dé la real gana sin enfrentar consecuencias.
No supe qué contestarle, la había vuelto a cagar. Llegamos hasta el despacho del jefe, tocó y abrió sin esperar respuesta. Rezaba por estar a tiempo de arreglar las cosas.
—Buenas señor, he conseguido encontrar a Ling.
Estaba furioso.
—¡¿Dónde estabas?! Sabes de sobra la importancia de este cliente para la empresa. ¿Dónde estabas durante el horario laboral y por qué no contestabas al móvil? —Toqué mis bolsillos y noté que no lo llevaba encima.
—Perdóneme señor, yo…
—No hago más que arriesgarme contigo y me decepcionas una vez tras otra.
—Se quedó encerrada. —Orm interrumpió y ambos la miramos confundidos. —Le pedí que fuera a por papel para la impresora y se quedó encerrada en el almacén, por eso la encontré tan rápido. No fue su culpa.
—¿Es eso cierto? —Me preguntó más calmado.
—Sí, señor. —Orm me estaba ayudando y temía que me iba a costar muy caro. El jefe suspiró.
—En ese caso solo ha sido mala suerte. Menos mal que estamos a tiempo de solucionarlo. El señor Richard ha venido porque no va a estar en la ciudad durante el próximo mes por negocios. Quería zanjar un par de dudas con respecto a la campaña antes de marcharse y acordar la fecha de las próximas reuniones de manera online.
—Me pondré en contacto con él y las agendaré de la manera más cómoda para él.
—No. Ustedes dos se van una semana a Silom. La empresa correrá con los gastos. Debemos mejorar la imagen que acabamos de causar en él.
—Pero señor, ¿debemos estar las dos? —Orm estaba entrando en pánico.
—Sí. Y espero que cuando volváis el señor Richard me hable maravillas de ambas, o las consecuencias serán determinantes vuestro futuro.
Menuda cagada.