ID de la obra: 939

Déjame odiarte

Femslash
NC-17
En progreso
2
Fandom:
Only you, Lingorm (cruce)
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 19 páginas, 5.951 palabras, 5 capítulos
Descripción:
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Capítulo 4

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Ling Los ojos de Orm al verme delataban su sorpresa. Al contrario que ella, yo sí sabía que ella y Dom eran pareja, pero confiaba en que no nos encontraríamos los tres nunca. Me había esforzado en que así fuera, huyendo de las múltiples invitaciones de mi amigo para conocer a su novia. Estaba impresionante con ese vestido negro ceñido a cada una de sus curvas y el pequeño escote que dejaba entrever la curva de sus pechos. Por suerte, estaba lo suficientemente sobria como para disimular la inevitable bajada de mi mirada. A medida que me acercaba veía cómo el pánico se apoderaba de su rostro, bebiendo con urgencia de su copa. Si mi intuición no me fallaba, y rara vez pasaba, estaba preocupada por revelar a Dom que su mejor amiga era su rival del trabajo, de la que estoy segura, tan mal ha hablado siempre. Lo reconozco, me parecía divertido aprovecharme de la situación aunque fuera un poquito. —¡Hola! Tú debes ser la maravillosa novia de la que tanto he oído hablar —Dije con el mayor entusiasmo que pude. Estaba claro que la pillé por sorpresa, por lo que me animé y me presenté con un fuerte abrazo. Su cuerpo se tensó por completo bajo mi toque. —Orm, te presento a la jefa. Estoy seguro de que se harán grandes amigas, por eso llevo intentando que se conozcan desde hace tanto tiempo. ¡Esta es una noche histórica! Dom no era ni medianamente consciente de la batalla campal de miradas que se estaba produciendo delante de sus narices. —No lo pongo en duda —Respondí con una sonrisa burlona que hizo que Orm se pusiera aún más recta si podía. La noche siguió su desarrollo. Lisa se había percatado de mi presencia y había acorralado a Orm para interrogarla. Sentía sus miradas en la nuca mientras hablaba con los chicos del box. Después de un rato la volvió a abandonar para continuar su baile con Win. Orm se quedó sola bebiendo en un lateral, insistiendo a Dom en que en breve se iría pero que él podía quedarse todo lo que quisiera. —¿Qué te ha parecido? —No sé qué hace una mujer como esa con alguien como tú. —Dom rió. —Tampoco lo sé, pero va a ser mi futura esposa. Mi estómago dio un giro que me provocó ganas de vomitar. Hacía mucho que había superado a Orm, pero mi cuerpo seguía reaccionando de manera extraña. Win y Lisa estaban cada vez más acaramelados. Sabía de primera mano lo capullo que podía llegar a ser, pero no éramos amigas, así que no intervine. De cualquier forma me habría ignorado. La vi despedirse de Orm y marcharse con él de la mano. —Me voy a casa. —Voy contigo, no estás en condiciones de volver sola. Estaba mucho más borracha que hacía una hora. Estar sumida en sus pensamientos, apartada mientras no paraba de beber, no le había sentado bien. —Estoy bien, cogeré un taxi. Quédate con tus amigos. —Mándame un mensaje cuando llegues a casa. Dom no era consciente del mal estado en el que estaban ambos. Era peligroso dejarla marchar así pero mi amigo parecía estar tranquilo viéndola salir a trompicones del club. —¡Yo la llevo! —¿Qué? —Que yo la llevo a tu casa, dame la dirección. —Dom parecía feliz con mi ofrecimiento. —Sabía que te caería bien, ¡pero manitas quietas jefa, que es mía! —Rodé mis ojos. —Que sí, tranquilo. No pienso ponerle la mano encima. Me mandó la ubicación a mi móvil y recogí mis cosas. Por suerte siempre llevaba un casco de reserva en mi moto. No me gustaba la idea de tener que hacer de niñera, pero tampoco me quedaba tranquila sabiendo que la había dejado marchar en su estado. Llegué a alcanzarla mientras cerraba la puerta de un taxi. La frené, metí la cabeza en el asiento de atrás y vi que otro hombre iba a su lado. —Sal. —Me miró extrañada. La tomé de la mano y tiré de ella hacia fuera. —¡¿Qué haces?! No voy a ir contigo a ninguna parte. —Se viene conmigo, busca otro taxi. —El hombre a su lado intentó apartar mi mano. —¿Quién coño eres? —Un nuevo amigo, se ofreció a compartir taxi porque tenía frío. —Intervino Orm a su favor. —Exacto, soy su amigo. —Tócala y te arranco los huevos. —Estaba furiosa. Hombres como él me ponían enferma. Mi mirada debió convencerlo, porque levantó ambas manos en señal de rendición y no volvió a interrumpirme mientras tiraba de Orm hacia fuera. Cerré la puerta del taxi y se marchó. —¿Qué haces? Iba a volver a casa. —Yo te llevo. —Puedo ir sola, j-e-f-a. Se dió la vuelta tan rápido que perdió el equilibrio y tuve que aguantarla para evitar que cayera contra el piso. Su cabeza quedó a la altura de mi pecho y sus manos presionaban mi abdomen. Poco a poco, volvió a incorporarse entre mis brazos pero no se apartó y sus ojos me miraban directamente. —No eres divertida —dijo casi en un susurro una vez que volvió a estar recta.

— — —

—¡Eso sí que no! Se asustó en cuanto me subí a la moto. Estaba con la mano extendida, aguantando su casco y esperando que subiera a mi espalda. —No te va a pasar nada, súbete de una vez. —Esperaré otro taxi. —Iba a marcharse de nuevo y mi paciencia se estaba agotando. —Siempre he sabido que eres una cobarde. —Paró en seco. Me arrebató el casco de un tirón y se subió detrás de mí. No pude evitar reír —Agárrate. No parecía tener intención de hacerlo, pero en cuanto aceleré se aferró a mi como si su vida dependiera de eso. Seguí la dirección que Dom me había dado. Vivían en un ático de un vecindario caro, lo que no me sorprendió especialmente. Ambos tenían buenos sueldos y los gastos entre dos personas siempre eran más llevaderos. En cuanto paré la moto en un lateral junto a la acera, Orm se quitó el casco y corrió a vomitar a un lateral de la calle. —Perdona si conduje muy rápido. —Me apresuré a aguantar su pelo para evitar que se manchara. —Está bien, no es tu culpa. No acostumbro a beber. Preferí subir con ella hasta su casa. Se encontraba tan mal que no me lo discutió. El piso era tal cual me lo había imaginado. Gritaba Orm por todas partes, elegante y acogedor al mismo tiempo. Habíamos subido abrazadas, con su brazo sobre mis hombros y el mío en su cintura. No paró de hablar durante todo el camino sobre los gatitos que vivían por el vecindario y a los que acostumbraba a alimentar. La dejé marchar dando tumbos hasta el baño en cuanto entramos. Ahora que estaba a salvo y había terminado su charla, era el momento de despedirme y volver a mi casa. —Ling, ¿puedes venir un momento? Respiré hondo y fui a su encuentro nuevamente. Ya se había quitado los zapatos y estaba luchando con la cremallera de su vestido parada delante de la ducha. —¿Puedes ayudarme? No quiere funcionar. Tragué saliva. Ya me sudaban las manos y todavía no la estaba tocando, pero la cremallera estaba en el centro de su espalda y no iba a poder hacerlo ella sola en su estado. Me acerqué sin decir nada, intentando concentrarme en no dejar de respirar. Puse mis manos en la cremallera y comencé el descenso. Su espalda estaba completamente limpia. NO LLEVABA SUJETADOR. Esta mujer quería matarme allí mismo sin ningún tipo de esfuerzo. Era la mejor estrategia del mundo para sacarme del proyecto y hacerme obedecer sus órdenes hasta el final de mi existencia. Intenté contenerme. Las paredes de su baño eran testigo de que lo intenté, pero mientras mi mano derecha seguía bajando la cremallera mi mano izquierda acarició su piel desnuda. Noté como la suya se erizaba bajo mi tacto. Con las manos aguantando la parte delantera de su vestido, impidiendo su caída, giró sobre sí misma hasta quedar de frente. —Gracias por lo de hoy. Asentí sin poder articular palabra. Era el momento de irme. Recuerda todo lo malo que te ha hecho. Me repetí una y otra vez. Pero ella me seguía mirando y ninguna de las dos parecía tener intención de moverse. Entonces bajó sus brazos y el vestido cayó a sus pies. ¿Me estaba retando a hacer algo? ¿Estaba realmente tan borracha? ¿Recordaría todo esto mañana? Mi cabeza no paraba de funcionar a toda máquina y mis ojos luchaban por no descender con todas sus fuerzas. No me quedaba saliva que tragar. Entonces sus ojos descendieron a mis labios. Sin duda me estaba pidiendo que la besara, pero no podía. Soñé con una oportunidad como esta durante mucho tiempo, pero que tuviera novio y estuviera completamente borracha no era parte de mi fantasía. —Buenas noches Orm. Nos vemos en el trabajo. Me di la vuelta y me fui sin mirar atrás.
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