EPILOGO
7 de febrero de 2026, 14:18
Notas:
Bueno, este es el final. me siento muy feliz de haber creado esta historia. Tengo siempre la constumbre de crear historias en mi cabeza pero justo con esta quise darle un poco mas de presencia. Espero que les haya gustado. No se muy bien si alguien lo esta leyendo pero para mi es un orgullo poder escribir una historia que queria con todo el corazon. Sofi y Patrick siempre viviran encorazon y siempre los tendre en mis memorias. Espero poder algun publicar un libro en fisico y poder tocar las palabras por ahora quiero seguir escribiendo mis historias cursis y romanticas en estas plataformas que me han dado la libertad de expresarme. Tengo en mente empezar una historia nueva asi que si llegan a leer esta espero que le den una oportunidad a mis sigueinte historia.Muchas gracias si leyeron "Finjamos un sí" y espero que de verdad les haya gustado. Yo pormi parte seguire aqui con Naga (mi perrita) escribiendo.
—No entiendo por qué tienen que renovar sus votos si ya se casaron hace un año —dice mi papá, con el ceño fruncido, como si intentara resolver un enigma matemático.
—Sí, papi, gracias por tu comentario—respondo con una sonrisa mientras la maquillista me da los últimos retoques.
—Entiendo que esta vez quieran hacerlo por la iglesia, pero no tiene mucho sentido si ni siquiera estamos en una iglesia. Estamos al aire libre, ¡en una granja!
—Papi —interrumpe Elena, entrando al pequeño salón de la cabaña que alquilamos para la ceremonia—, déjelos. Los ricos son así, les encanta desperdiciar el dinero. Y usted, aquí, es un invitado. Así que vaya afuera, coma algo, disfrute el paisaje…y cuando Sofía lo necesite para la entrada, lo llamamos.
Mi papá se va, todavía con cara de no entender por qué alguien querría casarse dos veces con la misma persona. Justo entonces llega Melissa, mientras la estilista se despide.
—¿Cómo te sientes? —pregunta Elena, sentándose a mi lado con una sonrisa emocionada—. Ahora sí es real.
—Son la pareja más rara del mundo, debo admitir —agrega Melissa, levantando una copa de champán y dándole un sorbo.
—Pues ya saben... nerviosa pero feliz. No entiendo cómo pasó todo tan rápido…y tan loco.
—Estamos muy felices por ti, de verdad. Todo se ve hermoso, y tú…tú te ves preciosa —dice Melissa, tomándome la mano.
—Gracias, de verdad. Me siento más nerviosa hoy que la primera vez —respiro hondo—. Ya hasta me está costando respirar.
—¿Qué crees que va a pasar? ¿Que Patrick no se aparezca? —bromea Elena—. Antes fui a verlo y estaba cepillándose los dientes como loco, dice que ha vomitado hasta el alma.
—¡UGGGHH! —decimos Melissa y yo al unísono.
—Eso no necesitaba saberlo.
—¿Cómo que no? —responde Elena, riendo—. Si después lo besas y sabe a vómito, ya sabes por qué es.
—¡Ya, ya basta! Que si no me va a dar por hacer lo mismo.
—Es que son iguales, ya lo vi yo. Un par de raros —dice Melissa, dejándose caer en el sofá con una carcajada.
Me río con ellas, pero la risa no logra tapar el nudo que empieza a formarse en mi garganta.
—No sé por qué estoy nerviosa —confieso en voz baja—. No tiene sentido. Hemos vivido juntos por un año, pasamos por todo lo que pasamos… y ahora… ahora…
—¿Ahora qué? —pregunta Elena, bajando la voz.
La miro por un segundo, luego bajo la mirada hacia mis manos. El anillo brilla sutilmente. La luz entra por la ventana, suave, dorada.
—Ahora siento que, por fin… esto es real. Y eso… me da un poquito de miedo.
—¿Tú lo amas, verdad? —pregunta Melissa.
—Muchísimo —respondo sin dudar.
—Pues ya está. ¿Qué más necesitas? ¡Te regaló hasta su maldita empresa! — dice con una carcajada.
—Sí, bueno… —suspiro.
—Es un chico bueno —añade Elena—. Es honrado, leal, fiel y justo. Y, bueno, obviamente guapo. Así que no te preocupes. Él te ama muchísimo, y tú lo amas a él. Respira. Tranquila. Todo va a salir bien.
Asiento, sin poder decir nada más. Tengo que reprimir las lágrimas porque si lloro ahora, la maquillista me mata.
—Bueno, ya es hora —dice mi mamá asomando la cabeza por el marco de la puerta, con una sonrisa que intenta disimular la emoción.
—¡Ya vamos! —dice Melissa poniéndose de pie—. Vamos, Sofí . Ahora sí.
—¡No la asustes! —dice Elena, dándole un golpecito en el hombro.
Las tres reímos. Yo me levanto, pero siento como si todo mi cuerpo fuera de gelatina. Respiro profundo. No pasa nada. Patrick y yo nos vimos ayer… y esta mañana también. ¿Por qué estaría tan nerviosa?
Tal vez porque esta vez no es solo un acuerdo. Es real. Es nuestro. Ya no tenemos que fingir. Tal vez porque todos mis amigos y mi familia están aquí, viendo cómo este amor se hace oficial. Tal vez porque no puedo creer que alguien como él me haya escogido… y que me haya permitido escogerlo también.
Camino hacia el jardín rodeado por este bosque hermoso, y en el camino no puedo evitar recordar la primera vez que lo vi. Fue en aquel hotel de Nueva York. Se veía tan imponente… tan solo. Y ahora es mío. Y yo soy suya. Y me alegra tanto que ya no tengamos que estar solos. Nunca más.
Cuando llego a la terraza que da al bosque, veo las sillas blancas perfectamente alineadas, el arco cubierto de flores. Sí, lo adivinaron: moradas, lilas y violetas. Todos los tonos que amo. Y ahí está él. Patrick. De pie, con Marc a su lado como su caballero de honor. Su mirada me encuentra y sus ojos se llenan de lágrimas.
Por un momento siento que voy a salir corriendo… pero no de miedo, sino por amor. Porque quiero abrazarlo ya, calmarle el llanto, decirle que todo está bien. Pero justo en ese instante, mi papá y mi mamá me toman de los brazos. La música empieza. Naga entra primero, con una canastita de flores en la boca.
Luego vienen mis sobrinas, mis hermanas, mi hermano… y finalmente yo.
Todos los invitados se ponen de pie. Pero yo solo lo veo a él. A Patrick. Que a pesar de estar llorando como nunca lo he visto, logra sonreír. Cuando llego a su lado, le tomo las manos. Están temblando. Igual que las mías.
Nuestras miradas se encuentran como siempre lo hacen, con esa certeza tranquila que solo se da cuando uno ha encontrado su hogar.
—Estás hermosa —susurra Patrick, con la voz temblorosa, mirándome como si fuera la primera vez.
Yo no puedo hablar. Solo sonrío. Él aprieta mis manos con fuerza, como si aún no pudiera creer que esto es real.
El padre empieza a hablar, pero apenas lo escuchamos. No necesitamos promesas nuevas, ni palabras ensayadas. Todo está dicho en la forma en que nos miramos. En la forma en que respiramos el mismo aire desde hace un año, desde aquella vez en Nueva York. En la forma en que, aún en el caos, supimos encontrarnos.
—Te amo —me dice, con los ojos brillantes.
—Y yo a ti —respondo.
Entonces, cuando llega el momento y el padre nos lo indica, Patrick me besa. Un beso suave, profundo, lleno de historia. Un beso que no empieza ahí, sino que viene desde muy atrás… desde Nueva York, desde Costa Rica, desde cada despedida, cada regreso, cada duda, cada certeza.
Y al besarnos, siento que todo encaja. Que todo valió la pena. Que finalmente, los dos estamos en casa.