ID de la obra: 971

Regresión

Het
NC-17
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2
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planificada Maxi, escritos 109 páginas, 64.519 palabras, 10 capítulos
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Capítulo 9: Esperanza

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Un suspiro escapó de ella al sentirlo besar su cuello despacio, su barba corta raspando su piel mientras sus labios dejaban un camino de besos que poco a poco la incitaban a querer más. Harry ascendió con cuidado sus manos por sus costados, embriagado por el sabor y la textura de su piel, sintiéndola estremecerse con su toque. Hermione sonrió con los ojos cerrados, tirando suavemente de sus cabellos negros, reconociendo el frío de aquel metal que rodeaba el dedo anular de Harry. —Te amo. —Murmuró él cerca de su oído. Sabía qué significaba esa pequeña y simbólica pieza. —Y yo a ti. —Susurró de vuelta con cariño antes de besarlo. Era amistad, confianza, lealtad, respeto, amor, unión… Era una promesa. Para siempre.

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Los primeros rayos de sol de esa mañana lograron filtrarse en la habitación principal de aquella residencia en Gledhow Wood. Arropados en la cama, tres personas yacían dormidas, dos de ellas abrazadas al hombre de cabello revuelto que permanecía en medio, pues de los tres era el que más irradiaba calor en aquellas noches frías. Hermione soltó un suspiro y se removió con suavidad, sintiéndose demasiado cómoda en los brazos de su amigo. Abrió los ojos despacio, costándole un poco adaptarse a la luz de la habitación y, cuando finalmente pudo ver a sus acompañantes dormidos en aquel lecho junto a ella, no pudo evitar sonreír dichosa. Pese a haber tenido días malos anteriormente, hacía tanto que no se sentía tan plena… tan completa. No era que antes no fuera feliz, al contrario, lo era; sin embargo, esto era diferente… se sentía tan distinto, tan correcto. Observó cómo Jean, pese a estar acostada del lado contrario con los pies casi sobre el rostro de Harry, se aferraba al brazo de su padre. Y entonces no solo se sintió correcto, sino que también era perfecto, ¿De qué otra forma podía nombrarlo? Resultaba increíble cómo de dos personas podía provenir algo tan hermoso e inocente, tan perfecto, tan… “Tan puro”. Giró hacia Harry, quien dormía plácidamente con la cabeza ligeramente inclinada hacia el lado de ella. Sonrió levemente llevando su mano derecha hacia su rostro, sintiendo en su palma su áspera barba negra. Hubo muchas veces en que ella lo salvó, poniéndose incluso en riesgo con tal de ayudarlo y jamás le importó, pues Harry ocupaba un lugar en su vida que algunos intentaron obtener. Era muy difícil que existiera alguien más importante que el salvador del mundo mágico en la vida de Hermione, además de sus padres, y con el tiempo la gente lo fue entendiendo; sin embargo, por primera vez eso cambió, él dejó de ser una de sus prioridades ya que tres personas tomaron su lugar: James, Jean y Lily. Con su dedo gordo, tocó con suavidad aquel raspón sobre su mejilla, producto del desastre del día anterior en el Ministerio. Era la primera vez que Hermione no corría preocupada hacia el auror a auxiliarlo al verlo herido, y no es que no le preocupara, pero había que hacer las cosas bien. Arreglar las cosas como adultos y en privado, ellos eran el ejemplo de sus hijos y ya suficiente tenía con la angustia y la culpa que había estado persiguiéndola los últimos días ante la forma tan hostil en que era tratada, preguntándose constantemente qué habían hecho mal como padres. Y agradeció en el fondo que ambos pudieron reconocer sus errores, aún había una conversación pendiente con él, pero sin duda Harry se había portado a la altura la noche anterior. No hubo más peleas ni testigos de su conversación, él supo esperar una hora prudente para poder charlar con ella, asegurándose primero de que sus hijos ya estuvieran dormidos. Sabía el enorme esfuerzo que había hecho, avergonzado por lo que sucedió esa mañana, la enfrentó arrepentido por haber armado una escena delante de sus hijos. Todo este asunto los estaba obligando a replantearse su comportamiento, tenían que pensarlo dos veces antes de actuar de forma impulsiva. Ya eran demasiados malentendidos que lo que menos querían era hacer aquello más grande; necesitaban actuar en pareja, siendo uno. Necesitaban actuar como padres. “Padres”. Hermione tragó y apoyó la mejilla de nuevo en el pecho de Harry; en estos momentos necesitaba más que nunca el consejo de los suyos, pensó al recordar a sus progenitores. Había estado tan agobiada el día anterior que el cúmulo de emociones que la embargó no la dejó pensar con claridad, nublándole todo rastro de pensamiento razonable. Por fortuna el auror estuvo ahí para ella, despejando aquellas nubes grises para mostrarle el camino iluminado por un sol brillante, indicándole con un simple gesto que no caminaría sola por aquel sendero. Él siempre la acompañaría, después de todo así es como funciona un matrimonio, ¿No? “En las buenas y en las malas”. Harry se removió un poco, buscando con su brazo izquierdo acercar más a Hermione. Inspiró hondamente sobre su cabello y acarició con suavidad su espalda, permaneciendo dormido aún. No obstante, solo bastó un par de segundos para que hiciera una mueca de incomodidad al sentir la rodilla de Jean clavarse en su espalda. La niña movió los dedos de sus pies brevemente ante el cosquilleo que le provocaba las puntas del cabello de su padre. Jean tenía los dedos de Harry. Hermione sonrió nuevamente esa mañana, disfrutando de encontrar el parecido que tenían sus hijos con ellos. Observó el reloj de pared, aún era demasiado temprano para despertar y ciertamente no quería levantarse todavía de la cama, pensó al tiempo que cerraba los ojos, acurrucándose en el pecho de Harry, decidida a dormir un poco más. Mientras tanto en la planta baja, un joven castaño permanecía dormido en el sofá de la sala apenas cubierto por una pequeña frazada, pues las pesadillas que lo habían acechado lo obligaron a permanecer despierto gran parte de la noche anterior, pero cuando por fin pudo cerrar los ojos, el sol comenzó a asomarse por los cortineros de la casa. Incómodo, se removió en su lugar, sintiendo un leve dolor en el cuello, el sofá era demasiado pequeño dada su estatura, por lo que le fue difícil encontrar una posición cómoda. Ignorando su molestia, decidió seguir con los ojos cerrados, anhelando unos minutos más de descanso antes de que sus padres despertaran; sin embargo, el inesperado golpe que recibió en el rostro lo obligó a abrirlos. —¿Pero qué…? —Dijo aturdido, intentando enfocar su vista en la persona que tenía enfrente. —¡¿Qué rayos pasa contigo?! —Soltó su hermana enojada, cuidando no alzar la voz para no despertar a sus padres; James sacudió su cabeza tratando de despejarse por el golpe, notando enseguida el cojín que tenía su hermana en una de sus manos, quien aún vestía con su pijama. —¿Cuál es tu maldito problema? —Lanzó molesto James, pasándose una mano por su cabello. —¿Mi problema? —Repitió sarcástica. —¡Esto pedazo de idiota! —Contestó tomando la cajetilla de cigarros que se encontraba en la mesita de centro; James soltó un suspiro cansado al entender. —Yo solo… —¿Sabes el problema en el que te meterías si papá hubiera visto esto antes que yo? —Inquirió enfadada. —Si vas a consumir esta porquería al menos cuida que no te descubran, no siempre estaré aquí para cubrirte la espalda. —Agregó con seriedad. —Como si me importara lo que opinara. —Murmuró malhumorado. —Guarda tus resentimientos para otro momento, James. —Agregó irritada mientras tomaba la frazada y la enrollaba. —Mejor llévate esto de aquí y cámbiate de ropa, ¡Apestas al humo del cigarrillo! —Le recalcó entre dientes antes de arrojarle la manta, posteriormente se dirigió a la ventana y corrió las cortinas para que entrara más luz. —A veces eres igual de insoportable que él. —Le hizo saber fastidiado, refiriéndose a su padre. —Buenos días a ti también. —Escupió sarcástica, escuchando cómo se dejaba caer en el sofá de nuevo. —¿Pasaste toda la noche aquí? —Preguntó mientras abría algunas ventanas para que el aire frío se llevara el olor a humo. —Me desperté a las tres de la mañana. —Contestó en medio de un bostezo para después tomar el control remoto y apagar el televisor. —¿Por qué? —Agregó desconcertada, regresándolo a ver. —Se me fue el sueño. —Se limitó a decir mientras se incorporaba; Lily rodó los ojos. —Eres igual de malo mintiendo que mamá. —Repuso, siendo el turno de James de lanzarle una mirada ácida. —¿Me has despertado solo para decir estupideces? —Lanzó esta vez sin ocultar su molestia. —Yo diría que para limpiar las tuyas. —Le corrigió mientras caminaba hacia la cocina. —¿Cuándo volvieron? —Quiso saber su hermana; James negó fingiendo no saber de qué hablaba. —Estoy bien. —Se limitó a decir, dándole la espalda mientras buscaba algo en la nevera, deseando tener pronto la boca ocupada para no tener que contestar las suposiciones de Lily. —Temía que esto volviera a ocurrir. —Dijo preocupada, viendo las paredes de aquel lugar. —Esta casa lo único que hace es recordarnos aquellos días. —Murmuró, no había nada lindo que pudieran recordar de su antiguo hogar, pensó con tristeza. Enfrentar el pasado estaba resultando demasiado abrumador para ambos. —No quiero que mamá y papá se enteren de tus pesadillas. —Le dijo con seriedad, viendo cómo James abría la botella de jugo. —No tuve pesadillas, solo… Recuerdos. —Optó por decir, queriendo convencerse más a sí mismo que a Lily. La chica lo observó unos minutos en silencio, su rostro marcado por unas visibles ojeras a causa de una mala noche y en sus ojos, la nostalgia de un ser querido. —La extrañas, ¿Cierto? —James tomó la botella y bebió un gran trago; sabía que se refería a Lucy. —Lo nuestro terminó hace tiempo. —Le recordó, omitiendo su afirmación. —Jamás me dijiste realmente por qué terminaron. —Recordó de pronto, acercándose a la nevera para sacar algunos ingredientes y preparar el desayuno. —Tuvimos nuestras diferencias. —Contestó, tomando del congelador la caja de wafles; Lily lo regresó a ver con el ceño fruncido. —Hace aproximadamente un año, Lucy me propuso irme a vivir a Estados Unidos… —Comenzó y de inmediato su hermana se mostró sorprendida. —Me aseguró que tío Ron podría conseguirme un lugar en el hospital de Virginia. —¿Virginia?, ¿El hospital de enfermedades y heridas mágicas? —Preguntó con asombro, viendo a su hermano asentir. —¡James, eso es genial! —Sonrió, no pudiendo evitar sentirse entusiasmada por él; sin embargo, se vio obligada a borrarla al ver la expresión seria de su hermano. —Dijiste que no, ¿Verdad? —Murmuró con lamento, viéndolo asentir. —Era una gran oportunidad de… —No iba a dejarlas solas. —La interrumpió de inmediato. —Conmigo lejos, ¿Quién cuidaría de ustedes? —Le cuestionó serio. —Yo podría habérmelas arreglado sola, además Scorpius estaría conmigo y… —Tal vez tú, pero Jean no correría esa suerte. —Le recordó. —¿Quién la protegerá a ella? —Y Lily guardó silencio al comprender. Jean no tendría a nadie en Hogwarts, James y ella ya no estarían ahí, lo que la haría una presa fácil dada la situación del colegio. —Y encima papá esperando otro hijo… —Añadió con repulsión al recordar su embarazo con esa mujer. —Me negué y le dije que cambié de parecer, que buscaría una vacante como maestro en Hogwarts. —¿En Hogwarts? —Frunció el ceño. —Como sea… —Hizo una mueca sin darle importancia. —Eso ya no importa ahora, ¿No? —Sonrió con vacilación. —Digo, estamos aquí para desaparecer, ¿Qué caso tiene pensar en el futuro si no estaremos en él? No tiene caso preocuparse. —Agregó, dando por terminada esa conversación. James sacó otro par de ingredientes de la nevera, dispuesto a prepararse un desayuno laborioso que lo obligara a dejar de pensar y ser consciente del incómodo silencio que se produjo entre él y su hermana. —Recuerdo las veces que mamá te llevaba al trabajo con ella. —Comentó de repente Lily junto a él. —Te encantaba ir a San Mungo y ver todo lo que hacía. —Sonrió con tristeza mientras lo ayudaba colocando una sartén en la estufa. —En cada oportunidad que tenías le pedías que te dejara ayudar mientras que yo apenas y podía soportar ver un poco de sangre. —Añadió, no pudiendo evitar hacer una mueca de asco; James rió divertido. —¿Recuerdas la vez que llegó el jugador de los Chudley Cannons? —¿El de la cabeza sumida? —James asintió sonriendo. —¡Oh, no me lo recuerdes!, ¡Fue asqueroso! —Estaba tan sorprendido tratando de encontrarle el ojo que no me di cuenta de en qué momento te desmayaste. —Dijo sin poder evitar reír. —Justo por esa razón prefería acompañar a papá al ministerio. —Decía colocando unos trozos de tocino en el fuego. —Si él salía a una misión simplemente me pasaba a la oficina de tía Ginny, era más sencillo jugar con Rose junto a una montaña de papeles que ver a gente en los pasillos sin un miembro. —Dijo con sarcasmo. Y mientras James y Lily preparaban el desayuno en medio de una armónica conversación, su padre recién despertaba. Harry se removió en la cama y estiró sus manos en busca de Hermione, desconcertándose apenas sintió su lugar vacío, solo para segundos después escuchar el agua de la ducha correr, sin embargo, faltaba otra pequeña personita; giró hacia la derecha y nuevamente el vacío lo recibió al no encontrar a Jean. Asustado, se incorporó temiendo que la niña hubiera caído, respirando aliviado al no encontrarla en el suelo. —Serás un padre paranoico. —Murmuró para sí mismo, pero ¿Cómo no pensarlo? Jean era cosa seria a la hora de dormir, pensó al tiempo que estiraba su espalda, sintiendo sus huesos tronar, recordando cómo en más de una ocasión durante la noche su pequeña hija le clavó las rodillas y los codos en la espalda. Sonrió con gracia mirando la puerta ligeramente abierta del baño, suponiendo de quién lo había heredado, encantándole la idea de que se pareciera a su madre. “Su madre”. Repitió en su mente con júbilo, orgulloso de que su hija llevara el apellido Granger, orgulloso de que Hermione fuera la persona que llevara a sus hijos en el vientre. Y entonces recordó el beso de la noche anterior. Tragó nervioso, mirando de reojo la puerta del baño, su amiga no tardaría en salir, ¿Debería sacarlo a la conversación?, ¿Cómo? Se preguntó al tiempo que se incorporaba y sacaba un par de prendas de la cómoda que estaba junto a la cama. —¿Y si la hice sentir incómoda? —Se dijo preocupado, pero sacudió la cabeza en negativa. Después del beso ninguno de los dos dijo nada, ella se limitó a abrazarlo y él por supuesto que le dio refugio en su pecho, posteriormente y en silencio se fueron a su habitación donde su pequeña hija los esperaba ya dormida. No hubo más besos, no hubo palabras, sólo la calidez de los brazos del otro. De haberla hecho sentir incómoda se habría apartado de inmediato, ¿No? “¿Por qué te preocupas tanto? Se van a casar”. Quería hacer las cosas bien, no porque tuviera una familia asegurada con Hermione debería dejar de lado sus atenciones hacia ella. Quería cortejarla, quería hacerla sentir cómoda y no precisamente en plan de amigos, ese lugar hacía mucho que él lo había ocupado, pero esto era diferente. No era un hombre que frecuentara mucho a las mujeres, realmente le fastidiaba tener citas románticas, ninguna de ellas había logrado ver más allá del salvador del mundo mágico, por eso no se molestaba en esforzarse. La única persona que había logrado conocerlo tanto al grado de leerlo como si fuera un libro abierto, fue Hermione, y era precisamente por esa sencilla y poderosa razón que ella merecía todas sus atenciones. Merecía el amor, respeto, compromiso y dedicación más que cualquier otra persona, ¿Qué se supone entonces que debería de hacer ahora? Respiró hondo… “Esperarla…” El beso de la noche anterior, por mucho que él lo haya deseado, fue imprudente. Hermione todavía estaba sensible por el reciente descubrimiento de que sus padres habían muerto en el futuro; debía primero darle su espacio para aclarar sus emociones, eso es lo que un verdadero hombre haría. Intentar ser romántico o cortejarla estando vulnerable sólo generaría a la larga dudas e inseguridades en ella y no quería eso. Quería que la próxima vez que se besaran fuera porque ambos así lo decidieron y no por impulso como lo había hecho él, pensó mientras se colocaba su pantalón negro de mezclilla. Terminó de colocarse sus botas y tomó de la cómoda una playera blanca y un sweater azul; removió la parte superior de su pijama y justo cuando se disponía a colocarse la playera el celular de Hermione comenzó a vibrar. Desconcertado, se acercó a la mesita de noche y tomó el móvil, la pequeña pantalla mostró el nombre de la madre de Hermione. Harry miró hacia la puerta del baño, esperando unos segundos a ver si su amiga salía apenas escuchara el teléfono, pero eso no sucedió. En otras ocasiones no habría tenido problema en tomar su celular y contestar por ella si se trataba de sus padres, pero esta vez no consideró que fuera prudente. Lo dejó nuevamente en la mesita, escuchando enseguida cómo la puerta del baño se abría de golpe, dejando ver a una Hermione vestida con el cabello húmedo. —Yo… lo siento. —Se disculpó enseguida el auror al ser descubierto cerca del celular. —Era tu madre. —Le comentó, Hermione apartó su mirada con nerviosismo al verlo con el torso desnudo, sintiendo el rostro caliente. —¿Te… dijo qué quería? —Pudo preguntar al fin ella, viéndolo negar. —No respondí, pensé que tal vez… —Un celular nuevamente sonó, aunque esta vez fue el de Harry. —Son tus padres. —Le informó apenas leyó el nombre, mirándola expectante a la espera de que le dijera qué hacer. —¿Contesto? —Preguntó al ver su mirada dudosa; Hermione inspiró hondo y asintió. Harry respondió y colocó el altavoz para que su amiga pudiera estar al tanto de la conversación. —Hola, Harry. Buenos días. —Buenos días, señora Granger. —Saludó el auror tan pronto la voz de la mujer se escuchó del otro lado de la línea. —Lamento molestarte, pero intenté comunicarme con Hermione hace unos minutos y no respondió, pensé que tal vez se encontraría contigo. —Le explicó; nervioso, Harry se pasó una mano por su cabello. —Si, ella se encuentra conmigo. —Respondió con normalidad. —De hecho, justo ahora se está dando una ducha. —Agregó, regresando a ver a su amiga quien asintió aprobando su mentira. —Oh, entiendo. Le hablaba para saber si vendrá a tomar el desayuno, pensé que me confirmaría ayer, pero no me llamó.—Hermione se maldijo mentalmente, ¡Lo había olvidado! El auror la regresó a ver en busca de indicaciones, sin embargo, la mente de su amiga quedó en blanco y no supo qué decir. —Tuvo unos asuntos importantes que atender en San Mungo, probablemente lo olvidó. —La justificó enseguida el auror, ambos sabían que aquello era una mentira a medias. —Sí, por supuesto. —Aceptó. —¿Podrías decirle que me llame en cuanto pueda? —Pidió, su tono de voz no indicó que los hubiera descubierto. —Claro. —Esperó unos segundos y cortó, ambos respiraron aliviados. Se miraron unos segundos sin decir nada… —Olvidé que hace una semana me invitó. —Comentó de repente Hermione al sentir que se estaba prolongando demasiado el silencio entre ellos; Harry asintió, entendiendo. —No es tu culpa, quiero decir… —Tragó nervioso al toparse de nuevo con sus ojos marrones. —Ninguno de los dos sabía que esto pasaría. —Agregó, refiriéndose a sus hijos y esta vez fue el turno de ella para asentir. Nerviosos, se observaron nuevamente en silencio, no pasando desapercibido aquella tensión entre ambos. Hermione no supo identificar qué era, pero el hecho de que le temblaran las piernas solo con verlo a los ojos y encima, que él estuviera tan cerca de ella sin camisa no estaba ayudando en nada en calmar su nerviosismo; sin embargo, para Harry estaba siendo completamente difícil apartar la mirada de ella, el auror se sumergía en aquel océano castaño que eran sus ojos, sintiendo la boca seca por primera vez esa mañana. —Creo que será mejor que… —Trató de decir sin que su tono de voz la delatara al mismo tiempo que señalaba el pequeño tocador que se encontraba en la habitación. —Por supuesto. —Asintió con torpeza Harry, dándole el pase enseguida, buscando él también algo en que ocuparse para aligerar el ambiente entre ellos, optando finalmente por ingresar al baño y cepillarse los dientes. Ignorando completamente que, a su espalda, Hermione lo observaba a través del espejo del tocador mientras ella cepillaba sus rizos húmedos de forma distraída. Sacudió la cabeza intentando reprimirse por mirarlo a escondidas, pero sus ojos la traicionaban, ¿Cómo podía ignorar aquella espalda ancha y marcada que se paseaba por su habitación desnudo? Se preguntó, conteniendo el aire al ver como los músculos de Harry se contraían simplemente por tomar la toalla y pasarla por su rostro. No es que antes no lo hubiera mirado sin playera, pero ¡Demonios! ¿Cómo un simple beso podía cambiarlo todo? Pensó sintiendo arder sus mejillas. Antes se negó a verlo como algo más, porque simplemente eran amigos y era obvio que no pasaría algo más, ¿Cómo se supone que debería de mirarlo ahora? Tendrían tres hijos y no precisamente por inseminación artificial. “¿Por qué estás pensando en estas cosas?”Se reprendió mentalmente, tenía cosas más importantes en que pensar que cuestionarse cómo sería su vida sexual con Harry. Bufó molesta consigo misma y tomó su móvil, su madre le había pedido a su amigo que la llamara para confirmar y pese a sus miedos luego de la noche anterior, sabía que era la única manera en que podría estar tranquila. James no solía ser un chico apartado de las labores femeninas como aparentemente lo era la cocina. Luego de la separación de sus padres, durante las vacaciones su madre acostumbraba darle un par de días libres a Dobby y como ella partía temprano de casa al trabajo, se vio obligado a aprender a cocinar para sus hermanas, generalmente él preparaba el almuerzo y algunos días el desayuno mientras que Lily se inclinó más por los postres. Sonrió al recordar el chocolate blanco de menta que preparaba igual al de su abuela Jean. Tomó otra sartén y colocó el tocino con cuidado a fuego bajo mientras que Lily volteaba las salchichas, ambos estaban tan concentrados en sus labores que no se percataron de la presencia de Jean, quien caminaba hacia una de las sillas de la barra con una sonrisa en su rostro. —Buenos días, Crookshanks. —Saludó la pequeña al enorme gato naranja que se encontraba en el suelo bebiendo agua de su plato. —Buenos días. —Agregó esta vez dirigiéndose a sus hermanos, quienes se voltearon a ver desconcertados al oír el inusual tono alegre de su hermana menor. —Al menos alguien aquí se levantó de buen humor. —Comentó con gracia Lily mientras continuaban con el desayuno. Minutos después su hermana le sirvió un poco de nesquik, viendo como la menor lo recibía gustosa sin borrar su sonrisa. Y nuevamente James y Lily se voltearon a ver sin entender nada, mirándola extrañados mientras se apoyaban de brazos cruzados en la encimera. —¿Qué le pasa? —Le preguntó a James en un susurro sin quitarle la mirada de encima a la pequeña. —No tengo idea, ¿Crees que haya hecho alguna travesura? —Su hermana frunció el ceño y lo regresó a ver. —¿Por qué lo dices? —Tiene la misma sonrisa que tú cuando me escondías mi escoba de quidditch. —Le recordó serio; Lily rodó los ojos. —Lo hacía porque no dejabas mis libros en su lugar. —Le dijo de vuelta en el mismo tono. —Me hacías quedar como una desordenada frente a mamá. —Agregó arisca. —Como sea… —Dijo ignorándola, decidido a saber qué tenía tan de buen humor a su hermana. Sirvió dos pequeños panques en un plato, los preparó y partió en rebanadas, luego se los entregó a Jean. —Gracias. —Expresó la niña con una sonrisa. —¿Te gustaron? —Preguntó James al verla comer con entusiasmo; la pequeña castaña asintió enérgica mientras masticaba. No se hablaba con la boca llena. —Están ricos, Jamie. —Agregó una vez terminó con lo que tenía en la boca. —¿Sabes? Lily y yo no pudimos evitar notar que hoy estás de muy buen humor. —Comentó mientras removía las salchichas en un intento de no verse tan interesado. —Es verdad, no recuerdo cuándo fue la última vez que te vi tan alegre. —Habló esta vez Lily mientras vertía un poco de la mezcla de los panques en la sartén. La menor de los Potter no pudo evitar ensanchar su sonrisa al recordar el beso que se dieron sus padres la noche anterior, pues sabía que eso solo significaba una cosa, ¡Sus padres volverían a estar juntos! Pensó con ilusión al recordar cómo estaban abrazados en la cama esa mañana. —¿Hiciste alguna travesura? —Escuchó preguntar a su hermana, quien pudo apreciar un brillo pícaro en sus ojos verdes; Jean negó de inmediato. —Mamá y papá son novios. —Afirmó la niña con una sonrisa orgullosa antes de darle un trago a su nesquik de fresa, ignorando la cara de sorpresa de James y Lily. —¿De dónde has sacado eso? —Quiso saber enseguida su hermano, molesto ante la mentira de Jean. —¡Yo los vi! —Respondió animada; Lily soltó un suspiro de cansancio. —Escucha, Jean... —Intervino la chica. —Sé que anhelas que nuestros padres estén juntos, pero ya hemos tenido antes esta conversación… Y sabes que no pasará. —Dijo con cuidado, no queriendo lastimar con sus palabras a su hermana menor, sin embargo, solo consiguió que la pequeña castaña frunciera el ceño con seriedad. —¡Pero sí lo son! —Insistió irritada porque ninguno de los dos le creyera. —Es suficiente, Jean. —Soltó enojado James, haciendo que ambas lo regresaran a ver. —¡Mamá y papá no están juntos! —Recalcó con molestia. —No sé de dónde has sacado esa tontería, pero será mejor que dejes de decir mentiras. —La reprendió, viendo esta vez como la niña le dirigía una mirada molesta. —¡Ellos se quieren! —Alzó la voz en un intento por defender sus palabras, bajando de su silla. —¡Basta! —Exclamó ahora Lily, quien también comenzaba a enojarse por el comportamiento de Jean. —Ellos ya no están juntos y esa es la única verdad. —Añadió, dando por terminada aquella discusión. —¿Creen que soy una mentirosa? —Lanzó la menor, ofendida. —¡Sí! —Profirió James. —Y será mejor que cierres la boca de una vez, no quiero que ellos te escuchen. —Le recordó con mesura, lanzándole una mirada de advertencia; Jean apretó sus labios al tiempo que entrecerraba sus ojos, dirigiéndoles a ambos hermanos una mirada que iba más allá de la molestia. Apretó sus puños con fuerza y sus mofletes se inflaron con indignación, sintiendo como una ola de energía la recorría y bajaba por sus pies en donde el suelo comenzó a vibrar. —¡YO NO MIENTO! —Gritó la niña con furia y la magia emergió de ella cuál si fuera una bomba, haciendo que las ventanas tronaran, la llave del lavabo saliera disparada junto con un gran chorro de agua, además de que una enorme flama naciera de la sartén que se encontraba en la estufa. Luego de estar unos minutos en el baño, Harry por fin salió. —Escuché que hablaste con tu madre. —Le comentó de repente mientras se colocaba su playera blanca. —¿Irás a visitarla? —Hermione asintió nerviosa, viendo como el auror se acercaba a ella una vez terminó de colocarse su sweater azul. —¿Cómo te sientes? —Preguntó con suavidad, colocándose de cuclillas junto a Hermione; la chica lo miró preocupada. —Tengo miedo… —Reconoció, bajando la mirada al tiempo que jugaba nerviosa con los pulgares de su mano. —Oye… —La llamó en un susurro. —Estarás bien. —Le aseguró, no pudiendo evitar esta vez tomar su mano, sintiendo enseguida un estremecimiento ante el tacto. Miró sus ojos y el rubor en sus mejillas le dijo que ella también lo había sentido, sin embargo, la chica no apartó su mano. Hermione tragó nerviosa, pues pese a su miedo, necesitaba tenerlo cerca, pensó al tiempo que apretaba suavemente su mano. —Me hubiera gustado acompañarte, pero… —Nuestroshijos, lo sé. —Musitó y él perdió el aliento al escuchar el nuestro, adorando como sonaba esa palabra en sus labios. —Has sido de gran apoyo, Harry… Gracias. —Esta vez fue el turno del auror de sonreír. —Jamás te dejaría sola. —Le recordó con cariño, acariciando con suavidad el dorso de su mano. Hermione suspiró, amando la forma en como él la comprendía y la hacia sentir segura. —Harry… —Titubeó nerviosa. —Sobre lo que pasó anoche… —Intentó decir. —No tenemos que hablar de esto ahora, Hermione. —La interrumpió al ver su gesto preocupado, ella respiró aliviada enseguida. —Lo más importante en este momento es que tu estés bien. —¿Qué hay de ti? —Se atrevió a preguntar; Harry inspiró hondo. —Bueno, yo… —Hermione lo miró preocupada. —Ambos la hemos pasado mal. —Le recordó y esta vez fue el turno de él de bajar el rostro. —Te mentiría si te digo que he tenido días peores. —Reconoció en un tono amargo, dejando salir el aire contenido. —Hay algo que no me has dicho, ¿Cierto? —Preguntó seria, notando enseguida como él evadía su mirada. —Harry… —Insistió al verlo guardar silencio. —Tenías razón. —Comenzó, Hermione lo miró confundida no sabiendo exactamente de qué hablaba. —¿A qué te refieres? —Dijo con seriedad; Harry se incorporó pasándose una mano por el rostro, no teniendo idea de cómo decirle lo que escuchó. —Hace dos noches… —Trató de decir, sintiendo algo pesado caer en su garganta. —Demonios, no sé cómo decir esto. —Reconoció, Hermione lo miró preocupada, ¿Qué le estaba ocultando? —Mientras dormías… —Tomó una gran bocanada de aire para darse valor, luego la miró a los ojos. —Escuché como James y Lily salían de sus habitaciones. —Recordó y tragó nuevamente. —Es extraño, pero… Tuve un mal presentimiento. —Declaró, sintiendo un escalofrió recorrerlo. —Tomé mi capa y salí. —Murmuró para después, en un gesto nervioso, mojar sus labios y apretarlos ligeramente. —Lily lloraba desconsolada. —Contó con voz temblorosa y Hermione sintió una opresión en su pecho al ver los ojos de su amigo, quien se estaba esforzando por ocultar su dolor. —¿Por qué? —Preguntó con suavidad, sintiendo una necesidad enorme de abrazarlo y consolarlo como él lo había hecho la noche anterior. —No lo sé. —Admitió con angustia, casi desesperado por una respuesta que lo ayudara a comprender. —Pero supongo que fue por nosotros. —¿De qué hablas? —Soltó preocupada mientras se incorporaba; Harry sonrió de forma amarga. —James y Lily nos odian. —Declaró abatido. —También lo hicieron contigo. —Afirmó ella con pesar, entendiendo cómo se sentía su amigo; sin embargo, la expresión de Harry cambió a uno de desconcierto. —¿Ellos te dijeron algo? —Preguntó serio. —Además de tacharme de desleal y deshonesta. —Respondió de brazos cruzados con una sonrisa afligida. —Creo que es bastante obvio. —Murmuró cabizbaja; Harry la miró sorprendido, pudiendo leer el dolor en sus ojos. —¡¿Se atrevieron a…?! ¡BOOM! Se escuchó de repente un fuerte estallido proveniente de la planta baja junto con una leve sacudida. —¿Qué fue eso? —Soltó alarmada Hermione. —No tengo idea. —Reconoció el auror, bajando rápidamente las escaleras, los gritos de inmediato se hicieron escuchar. —¡Oh, por Dios! —Exclamó Lily, mirando asombrada como la enorme flama crecía hasta casi llegar al techo de la cocina. —¡Tenemos que apagarlo! —Dijo corriendo rápidamente hacia una ventana para tomar las cortinas, buscando así sofocar el fuego, sin embargo, eso solo consiguió que creciera más. —¡¿Podrías levantarte del suelo y ayudarme?! —Profirió molesta a su hermano, quien luchaba por evitar que el gran chorro de agua le siguiera dando en la cara. —¡Lo haría si pudiera! —Le gritó enojado tratando de incorporarse, solo para segundos después resbalar otra vez, parecía que el agua lo seguía a propósito. —¡USA TU VARITA! —Le ordenó Lily, olvidando por un momento que sus padres se las habían confiscado; James la miró molesto por encima del gran chorro, apenas pudiendo tomar un poco de aire. —¡¿Y CÓMO DIABLOS HAGO ESO?!, ¡NO LA TENGO! —Bramó antes de tragar más agua. —¡Llama a mamá y papá! —Logró decir con dificultad, ya no podía respirar; Lily lo miró asustada y salió inmediatamente de la cocina encontrándose enseguida a sus padres bajando las escaleras a prisa. —¿Pero qué demonios…? —Soltó Harry con impresión, viendo la guerra campal que había en la cocina. —¡No sé qué pasó, les juro que…! —Intentó decir la adolescente empapada, pero sin esperar a que su hija terminara, sus padres sacaron sus varitas; Harry se dirigió al fuego, extinguiéndolo enseguida, sin embargo, Hermione no corrió con la misma suerte. —¡No puedo hacer que se detenga! —Harry se puso de inmediato frente a James, permitiendo que el agua golpeara su espalda, dándole tiempo a su hijo de tomar aire. —¡Piensa en otro hechizo! —Le ordenó, tratando de sostenerse a la barra con las manos, era tan fuerte el agua que lograba moverlo como si fuera una bolsa de aire. —¡Finite incantatem!—Pronunció, y finalmente el agua se detuvo. Regresó de inmediato hacia Harry, quien estaba arrodillado junto a James. —¿Estás bien? —Preguntó enseguida Hermione preocupada; el chico escupió un poco de agua, pero asintió. —Vamos, yo te ayudo. —Le animó Harry, tomando su mano para que lograra incorporarse. —¿Qué fue lo que ocurrió? —Quiso saber mientras se sacudía el agua del rostro, buscando a Lily con la mirada. —Bueno, nosotros… —Intentó decir, nerviosa. —Es-estábamos desayunando y… —Titubeó, no sabiendo qué inventar. —Hicimos enojar a Jean. —Habló finalmente James. —¿Jean?, ¿Ella hizo esto? —Dijo con sorpresa Hermione. —¿Dónde está? —Preguntó alarmada al no verla por ningún lado. —Se asustó y salió corriendo. —Les informó Lily un poco mas calmada. —Pero entonces… —Abrió los ojos con sorpresa, olvidando por un momento el motivo por el que habían peleado. —¡Acaba de hacer magia por primera vez! —Lanzó no pudiendo evitar sonreír, orgullosa de que su hermana menor mostrara un gran poder con la magia. —Lamento no sentir la misma alegría que tú. —Agregó James en tono sarcástico. —Tú no tragaste cuatro litros de agua en menos de cinco minutos. —Le recordó en tono amargo, preguntándose aún cómo diablos podía salir tanta agua a esa presión de un tubo tan pequeño. —¿Por qué se molestó? —Quiso saber esta vez su madre, moviendo su varita para eliminar completamente los restos de agua de la ropa de todos. —En realidad… —Ambos adolescentes se miraron nerviosos; Harry estrechó los ojos, sospechando lo que dirían. —Me negué a que desayunara frente al televisor. —Optó por decir finalmente, recordando las veces que su madre lo llegó a regañar por eso. —Ya saben cómo son los niños, se molestan por cualquier cosa. —Añadió Lily, buscando darle mas credibilidad a la mentira de James. Harry y Hermione se dirigieron rápido una mirada seria, comunicándose en silencio y llegando a una conclusión rápida: Estaban mintiendo. —Eso ella nos lo confirmará. —Respondió su padre serio, notando enseguida la mirada de preocupación que sus hijos se dirigieron. —Por ahora, sugiero que vayan a cambiarse. —Solo tendríamos que ir a nuestra habitación y… —Apenas logró decir Lily justo cuando daba media vuelta, viendo flotando frente a ella su ropa junto a la de James. —Túrnense y cámbiense en el despacho. —Les ordenó ahora Hermione, quien supo leer las intenciones de ambos, querían ir a su habitación, buscar a Jean y advertirle que no dijera nada. Para ella y el auror fue bastante obvio que aquel desastre no se desató por algo tan absurdo. —Cuando terminen me ayudarán a limpiar este desastre. —Fue lo último que dijo Harry antes de dirigirse escaleras arriba con Hermione, ignorando como a sus espaldas James y Lily se miraban alarmados. —No está en nuestra habitación. —Le hizo saber Hermione tan pronto cerró la puerta de esta. —Tampoco en la de James ni en el baño. —Anunció ahora Harry. —Tal vez esté en la de Lily. —Sugirió ella y ambos ingresaron al cuarto. —¿La encontraste? —Preguntó una vez verificó que el closet estaba vacío, viendo como su amiga asentía y le indicaba que se acercara al otro lado de la cama en donde unos pequeños pies salían por debajo de aquel lecho. Harry soltó un suspiro y se arrodilló con Hermione, viendo enseguida a su pequeña escondida. —Cariño… —Habló con suavidad su madre al ver algo de miedo en su pequeño rostro. —¿Por qué no sales un momento? —Pidió con calma, esperando que su tono de voz animara a Jean a salir de ahí, pero solo consiguió que su hija negara. —Vamos, nena… —Dijo ahora Harry. —No puedes estar ahí todo el día. —Hice algo malo. —Murmuró, viendo cómo sus padres negaban enseguida. —Claro que no, cielo. —Le aseguró el auror, mostrándole una pequeña sonrisa que logró relajarla. —¿Van a castigarme? —La escucharon preguntar, viendo cómo sus labios se estiraban hacia abajo y su pequeña barbilla temblaba, reteniendo sus lágrimas. —De ninguna manera. —Dijo Hermione mientras negaba, viéndola preocupada. —Tu padre y yo sabemos que nada de lo que pasó abajo fue intencional. —Agregó, mirando de reojo a Harry en busca de apoyo, quien no dudó en asentir de acuerdo. —¿E-entonces… q-qué fue? —Preguntó en un sollozo, barriendo sus lágrimas, no entendiendo lo que estaba pasando. —Si sales de ahí abajo te lo explicaremos. —Prometió Harry al mismo tiempo que le extendía una mano; Jean lo miró dudosa unos segundos, pero finalmente aceptó. Tan pronto estuvo en el regazo de su padre, la pequeña escondió el rostro en su pecho y se soltó a llorar. —Todo esta bien, Jean… —Le decía su padre con suavidad al tiempo que besaba su cabello. —Yo no quería lastimar a Jamie y Lily. —Confesó en medio de un lloriqueo, mirando a su madre. Hermione no tardó en pasarle un dedo por sus mejillas, limpiando el rastro de humedad que había en ellas a causa de las lágrimas. —Lo sé, cariño. Nada de esto es tu culpa, fue un accidente. —Le aclaró, sacando un pañuelo de su abrigo para limpiar la nariz de la niña. —A todos nos ha pasado. —Le aclaró su padre, consiguiendo que ella lo regresara a ver. —¿Tú también lo hiciste, papi? —Harry sonrió levemente y asintió. —Una vez inflé a la Tía Marge. —Confesó. —¿Cómo un globo? —Soltó Jean, abriendo los ojos con asombro al ver a su padre asentir. Ambos padres soltaron una pequeña risa al ver sus gestos. —Verás, Jean… —Comenzó su madre, colocándose un mechón de cabello detrás de la oreja. —Cuando un mago o bruja es pequeño a veces suele hacer magia involuntaria, es decir que no lo hacen a propósito… —Le explicó; Jean meditó unos segundos y luego agregó: —¿Por eso vamos a Hogwarts?, ¿Para aprender a usarla? —Harry y Hermione asintieron. —Pero mami… —Dijo de pronto al recordar algo. —Yo no tengo una varita, ¿Cómo lo hice? —Inquirió con su ceño fruncido, Hermione adoró las preguntas formuladas por su hija, por un momento le recordó a ella de niña. —Puede pasar aun sin tener una. —Agregó Harry. —¿Por qué? —Bueno, se sabe que pasa cuando el niño está triste, se altera o… se enoja. —Dijo esto último Hermione con cuidado, observando los gestos de su hija, quien bajó el rostro de inmediato. —Dime una cosa, Jean ¿Te enojaste con tus hermanos? —Preguntó el auror, viendo a su hija asentir sin levantar la mirada. —¿Quieres contarnos qué sucedió? —Habló ahora Hermione; Jean negó. La pareja se miró de nuevo, considerando qué sería bueno hacer para que la niña hablara. —James y Lily dijeron que no te dejaron ver el televisor mientras tomabas el desayuno y que por eso te molestaste, ¿Eso es verdad? —Eso es mentira. —Soltó ofendida, levantando el rostro enseguida. —¿Entonces qué paso? —Pero justo cuando Jean pensaba dar su explicación, unos agitados James y Lily ingresaron a la habitación ya completamente cambiados. —¡Estamos listos! —Lanzaron tan pronto estuvieron en la puerta, tratando de ocultar su agitación y sabiendo que habían llegado justo a tiempo. —Les pedí que se quedaran abajo. —Les recordó serio su padre. —Sí, bueno… queríamos ver cómo se encontraba Jean. —Dijo James, siendo apoyado por su hermana. Harry y Jean no pudieron evitar lanzarles una mirada de recelo y nuevamente Hermione se sorprendió al ver el gran parecido que tenían él y su hija; sin embargo, el sonido del celular de Hermione la obligó a dejar sus pensamientos de lado. Harry se incorporó de inmediato, sabiendo que se trataba de la señora Granger. —Te acompaño al auto. —Soltó rápidamente mientras bajaba a Jean de sus brazos. —Jean, ¿Me ayudarías a buscar el cepillo de Crookshanks? —Pidió su hermana, buscando tomar su mano para sacarla de ahí y hablar con ella antes de que les dijera la verdad a sus padres. —Ella se queda conmigo. —Intervino serio el auror de inmediato, colocando a Jean detrás de él; Lily asintió, tragando nerviosa al ver la mirada que le dirigía su padre. Hermione observó a sus hijos y luego a Harry, entendiendo que su amigo no dejaría sola a la niña con sus hermanos a hasta saber la verdad. Inspiró hondo, James y Lily estaban acabando con la paciencia de su padre. —Vamos, cielo. —La animó él, tomando un abrigo y su mano para salir de la habitación detrás de Hermione. —¿Qué fue eso? —Preguntó a lo bajo James al verlos alejarse. —No tengo idea. —Respondió desconcertada. Una vez estuvieron abajo, la pareja salió de la casa para despedirse. —¿Crees que sea buena idea que me vaya? —Preguntó de repente Hermione, antes de subirse al auto. —Estarás solo con ellos y… —Estaremos bien, Hermione. —Le dijo Harry sonriendo, tratando de tranquilizarla. —¿Seguro? Tal vez yo… —Trató de decir nuevamente, sintiéndose nerviosa por dejar solos a sus hijos con Harry, después de todo era el miedo de cualquier madre. —Si necesito algo te lo haré saber, ¿De acuerdo? —Le aseguró, relajado. —Tienes mi número. —Le recordó y ella asintió, tratando de calmar sus nervios. —Volveré pronto. —Le informó, viendo como él negaba. —Tómate el tiempo que sea necesario, no te preocupes. —Contestó suave antes de regresar a ver a Jean. —Mientras tanto… —Añadió, tomando a la niña en sus brazos. —Tú y yo arreglaremos la cocina. —Declaró, sonriendo al ver las mejillas de Jean teñirse de rojo. —Asegúrate de que papá no la destruya, cariño ¿Sí? —Pidió divertida Hermione mientras le acomodaba la parte del cuello de su chamarra. —¿Te irás por largo tiempo de nuevo? —Preguntó la niña con timidez. Su madre sonrió con vacilación y negó, aún le dolía saber que ella no convivía con su hija en el futuro y nuevamente aquella pregunta se lo confirmó. —Regresaré antes de la cena… Lo prometo. —Murmuró, regalándole una pequeña sonrisa, la niña sonrió de vuelta. —¿Puedo jugar con la nieve? —Preguntó, deseosa de bajarse de los brazos de su padre y jugar con Crookshanks. —Solo un momento, ¿Sí? —Aceptó su padre, bajándola. En silencio, la pareja observó a su hija jugar con aquel gato. —¿Crees que ella sepa lo que hicieron sus hermanos? —Harry entendió que se refería al giratiempo. —No lo creo. —Negó. —Pero considero que es importante que tú y yo se lo aclaremos. —Aseguró, viendo cómo Hermione asentía de acuerdo. James y Lily habían sido tan imprudentes y no creía correcto que la niña se enterara de esto por boca de sus hermanos. —Me encargaré de que no se quede sola con ellos por hoy. —Agregó serio, observando de reojo cómo James y Lily los miraban desde la ventana. —Si no te importa, me gustaría retomar nuestra conversación esta noche. —Pidió, regresándola a ver. —Claro. —Musitó nerviosa, no sabiendo si se refería a lo que escuchó hace dos noches o al beso. Harry volvió a llamar a la menor de los Potter para que se despidiera de su madre antes de subir al auto. —Avísame cuando llegues con tus padres, ¿Sí? —Dijo mientras le abría la puerta de la camioneta; Hermione lo miró unos segundos en silencio, dudosa si hacerlo o no. —Oye… —Murmuró el auror con suavidad al entender su miedo, deseando poder abrazarla sin hacerla sentir incómoda. —Todo saldrá bien. —Susurró, regalándole una pequeña sonrisa que a Hermione la dejó sin aliento. Y, haciendo acopio de todo su valor de Gryffindor, Hermione le dio un rápido beso en la comisura de sus labios, subiendo al auto inmediatamente, perdiéndose la cara de asombro de su amigo. Harry sonrió abiertamente al verla con las mejillas rojas mientras buscaba nerviosa las llaves de su camioneta. Finalmente, después de unos segundos logró encenderla y salió de ahí; un suspiro escapó de él al verla perderse en las calles del vecindario. —¿A dónde fue mami? —Escuchó preguntar de repente a Jean, consiguiendo que él la regresara a ver. —Fue a visitar a unos familiares. —Le aclaró, omitiendo el hecho de que se trataba de sus abuelos, pues el día anterior Jean le había dejado claro a su amiga que ellos habían muerto y mencionarlos ahora solo lograría confundirla. Ya tendrían tiempo él y Hermione para explicarle a detalle lo que estaba pasando. —Ven, vayamos adentro, no quiero que te enfermes por mi culpa. —Dijo tomando su mano mientras caminaban de regreso a casa, hacía demasiado frío para tenerla afuera. Y tan pronto la calidez de la casa los recibió, dos adolescentes hicieron acto de presencia en la estancia. —¿Dijo a dónde iba? —Soltó enseguida su hijo; Harry frunció el ceño con molestia al escuchar su pregunta, la cual había salido casi como un reclamo. —Linda, ¿Por qué no vas a ver un poco de televisión? —Pidió su padre con suavidad, señalando la sala de estar. —¿También puedo colorear? —Por supuesto. —Sonrió, viendo como la niña corría al living junto a Crookshanks. —Yo te acompaño, Jean… —Ustedes no irán a ningún lado. —Lanzó enseguida Harry, observando con seriedad a ambos adolescentes. —Al despacho, ahora. —Ordenó, dirigiéndose a la puerta que se encontraba cerca de las escaleras; James y Lily se miraron en silencio un momento, desconcertados ante la actitud de su padre. —¿No escucharon? —Repitió con mesura alzando un poco la voz. Los chicos caminaron enseguida a la habitación, escuchando de inmediato cómo la puerta se cerraba con un ruido seco. —¿Qué hacemos aquí? —Lanzó con brusquedad James apenas se dio la vuelta, viendo cómo su padre silenciaba el lugar con un movimiento de varita. —No hemos hecho nada malo. —Habló ahora Lily, viendo confundida cómo su progenitor guardaba su varita y se pasaba una mano por la barbilla. —¿Eso crees? —Escupió al fin Harry, marcando una clara molestia en su tono de voz; Lily sintió cómo su corazón latía más rápido, conocía esa mirada: Estaban en serios problemas. James, por otro lado, no estaba dispuesto a quedarse callado. —¿Cuál es tu problema?, ¡Ya te dijo Lily que no hicimos nada malo! —Protestó el joven. —¿Mi problema? —Repitió Harry en tono sarcástico acercándose a él. —Mi problema son ustedes. —Espetó, observándolos con seriedad a ambos. —Que se sienten con la autoridad moral para lanzar acusaciones. —Soltó entre dientes, dirigiendo su mirada fría a James. —¿Lo dices por mamá? —Le cuestionó su hija al entender adónde iba. —¡Ella te mintió! —¡¿Y ustedes no?! —Bramó enseguida, dejándola callada. —Llegaron aquí con mentiras, ¿De verdad creyeron que me tragué ese cuento del giratiempo? —James y Lily lo miraron sorprendidos. —Aún desconozco sus razones. —Les aclaró al leer el miedo en sus ojos. —No los voy a obligar a que me digan la verdad, pero tampoco pienso permitir que se desquiten con nosotros, mucho menos con Hermione. —Declaró con mesura. —¡Ella se lo buscó! —Se defendió ahora James, odiando la falsa lealtad que mostraba su padre hacia ella. —¿Y eso te da derecho a insultarla? —Cuestionó enojado. —¡Te atreviste a llamarla deshonesta! —Profirió Harry con indignación. —¿Quién eres tu para hablar de honestidad? —Lo acusó. —Cuando lo único que has hecho es engañar mientras te escondes en tu resentimiento. James bajó el rostro y apretó sus nudillos… ¿Qué se siente, James? Ver cómo esta familia se derrumba poco a poco. Cerró los ojos tratando de apartar aquel mal sueño. —No permití que Cormac ni ningún otro hombre se pasara de listo con Hermione, ¿Qué te hace pensar que a ti te lo dejaré pasar solo por ser mi hijo? —Murmuró serio, buscando su mirada. Tu mataste a mis padres. James tragó con dificultad y siguió guardando silencio. —No lo entiendo, mamá te engañó ¿Y aun así te atreves a defenderla? —Lanzó molesta Lily. —¡Se metió con el señor McLag…! —¡No te atrevas a terminar esa frase! —Rugió el auror. —He intentado ser paciente con ustedes, ¡Pero eso se acabó! —Exclamó colérico. —¡No pienso tolerar ni una insolencia más! —Sentenció. —¡El respeto se gana! —Se atrevió a decir Lily. —¡Hace mucho tiempo que mamá perdió eso! —¿Cuánto tiempo? —Preguntó serio. —¿Tres días? Porque es el tiempo que ha transcurrido desde que los conocemos. —Su hija guardó silencio. —¡Esto no es el futuro, Lily! —Exclamó con dureza. —¿Crees acaso que sabemos por lo que han pasado? —La chica apretó sus labios y tragó el nudo de su garganta. —Si te quieres desquitar, adelante… hazlo, ¡Pero en tu presente no en el mío! —Lanzó, viendo cómo su hija le rehuía a su mirada. —Después de como nos han tratado, ¿Crees siquiera que eres merecedora de nuestro respeto? —Le cuestionó. Lily bufó molesta al tiempo que negaba, resultaba irónico que él le dijera eso después de todo lo que les hizo. Su padre guardó silencio unos minutos, esperando más argumentos estúpidos, pero no hubo respuesta. —Quiero que cuando regrese su madre le pidan una disculpa. —Ordenó, pasando su mirada de James a Lily. —¿Qué?, ¡De ninguna manera pienso…! —De acuerdo. —Respondió James con seriedad, sorprendiendo por un momento a Harry y Lily. Después de un prolongado silencio, su padre asintió. —Les asignaré unos deberes como castigo. —Anunció mientras se acercaba a la puerta. —Espero que piensen bien lo que hicieron. —Fue lo último que dijo antes de salir. Lily miró furiosa la puerta y luego a su hermano. —¿De acuerdo?, ¿Qué rayos fue eso? —Soltó airada mientras obligaba a James a verla a la cara. —¿Desde cuándo estás de su lado? —Le reclamó. Arruinaste nuestro matrimonio y de paso a esta familia. —Lily, ahora no… —Intentó decir, cansado de continuar aquella discusión al mismo tiempo que trataba de apartar aquella voz de su cabeza. —¡Por supuesto! —Lanzó sarcástica alzando los brazos al entender. —Siempre te doblegas ante mamá. —Recordó mientras negaba, decepcionada. —Dices una cosa de ella y al día siguiente te arrepientes… —Es suficiente. —Le advirtió, mirándola molesto por primera vez. —¡Pudiste haberme apoyado! —Le reclamó. —¡¿Para qué?! —Profirió. —¿Para ver cómo te quedas callada ante el primer reclamo de papá? —Inquirió enojado. —No te atrevas a decirme que me doblego ante mamá cuando tú haces exactamente lo mismo con él. —Le recordó. —Sabes que yo no… —¡Lo haces! —Exclamó. —Aun después de lo que nos hizo siempre buscaste su aprobación. —Lily lo miró indignada, intentando contener sus lágrimas. —Siempre lo admiraste y aún lo haces… —Murmuró serio, viendo enseguida como su hermana caminaba hacia la puerta mientras barría una lágrima de su rostro. —Siquiera tengo el valor de enfrentarlo. —Respondió con voz ahogada, dándole una última mirada antes de dejarlo solo en aquel lugar. Tan pronto abandonó la habitación, Harry dejó salir el aire contenido. No negaba que estaba enojado, eso era más que obvio, pero fue difícil ser tan duro con ellos, la frustración de tener que pelear contra argumentos que estaban ligados a un rencor ciego hacia ellos, ¿Qué más había pasado en el futuro? Se preguntó preocupado, caminando hasta la sala en donde vio de espaldas a su pequeña colorear junto a Crookshanks mientras en la tele se transmitían unos dibujos animados. Sonrió con suavidad mientras se acercaba a ella y le regalaba un beso en la cabeza de forma cariñosa. —¿Eso es un gato, cariño? —Preguntó, tomando asiento junto a la niña, observando curioso los colores esparcidos en la mesita de centro. —No parece Crookshanks. —Comentó confundido al ver las dos grandes manchas negras sobre las orejas. —Es el señor bigotes, papi. —Respondió, pasando el color verde por lo que parecían los ojos de aquel minino. —¿Señor bigotes? —Inquirió divertido ante el nombre que le había puesto Jean. —¿Es tu mascota? —La pequeña negó. —Es un gatito salvaje. —Le explicó. —Quise adoptarlo, pero siempre se escapaba. —Agregó, dejando de lado el color verde para sustituirlo por un rosa pálido, trazando una pequeña línea arriba del ojo; Harry frunció el ceño, el gato le resultaba extrañamente familiar. —¿Qué tiene en el ojo? —Quiso saber, no entendiendo lo que dibujaba. —Es su cicatriz, el señor bigotes tiene algunas. —Recordó. —Jamie dice que es porque seguro se pelea con otros animales de la calle. —Decía mientras pasaba la crayola por una de sus patas. Otra cicatriz. Harry tragó nervioso, pasando sus dedos de forma inconsciente por su frente, cerca de su cicatriz. —¿Di-dices que escapó? —Cuestionó, tratando de que la voz no le temblara, podía sentir como los latidos de su corazón golpeaban con fuerza su pecho. Un sudor frío bajó por su rostro, tenía una pequeña corazonada. —Sí, algunas veces va a visitarme y se queda conmigo, es muy cariñoso. —Dijo sin poder evitar sonreír. Harry observó la cicatriz de la pata y luego bajó la mirada hacia su mano, leyendo en el dorso aquella marca que Umbridge le dejó en su quinto año: No debo decir mentiras. “Los ojos verdes, la cicatriz, los colores…” Analizó, viendo con claridad aquella luz de esperanza que tanto había buscado, y entonces lo entendió: Él jamás los abandonó. ̶
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