Verónica atraviesa un divorcio que la deja sin dirección ni refugio. Decide volver a la casa de su padre, buscando algo parecido a un hogar mientras reconstruye su vida.
Un día, reciben una invitación inesperada: la hija de un viejo amigo de su padre se casa.
Esa hija es Salomé.
Años atrás, en los días previos a su boda, Salomé le hizo una confesión a Verónica que quedó latente, enterrada, sin procesar.
Un peón anónimo narra sus días en el tablero como si fueran una guerra interminable. Entre recuerdos de su familia, reproches al rey y delirios de grandeza, se descubre atrapado en un destino del que no puede escapar.