Capítulo 5 - El trato
29 de marzo de 2026, 11:58
Capítulo 5: El trato
El sol seguía en lo alto y la brisa fresca entre el césped era lo único que rompía el silencio que había caído sobre el recién formado grupo.
Detrás, una pequeña y curiosa cría de lobo observaba con creciente confusión a su alrededor. De pronto nadie se movía ni hablaba, y para una criatura llena de vida y energía como ella, eso no era aceptable. Así que se agachó un poco, reluciendo su pelaje mayoritariamente castaño, con una franja blanca que recorría desde su hocico hasta la parte inferior de su cola tras recorrer su cuello, pecho y estómago, y dio un saltito, apoyando sus patas en la dura coraza de la máquina a su lado, como si buscara hacerla reaccionar. Sus ojos ámbar alternaban entre la pareja frente a ella, pero constantemente regresando a aquella cosa de metal que se había dedicado a cuidarla.
La máquina, a diferencia de los animales, era por su parte mayoritariamente uniforme en su diseño. Ligeramente más grande que un lobo adulto, su forma que asemejaba un canino era tan llamativa como el metal que componía su cuerpo, de un gris medio gastado que apenas brillaba entre las uniones de sus extremidades. Las antenas que alguna vez sirvieran para establecer comunicación y enviar datos ahora eran un mero adorno, parecidas a las orejas en punta que un lobo tendría. Tenía una comisura que formaba una boca, pero no parecía ser móvil y sus ojos, dos luces azules, brillaban con fuerza al igual que la luz en su pecho, con la forma de un triángulo invertido. Como los otros dos, tenía una cola, pero en su caso era rígida, firme, y no se movía como la de un animal -dado que la robot no tenía instintos como tal, tampoco su cuerpo reaccionaba como uno real lo haría, lo que la convertía en una anomalía curiosa por decir lo menos: claramente la habían diseñado para parecerse a un animal, pero sus movimientos eran toscos, mecánicos e innaturales. Si en tiempos previos no habría engañado a ningún humano, ciertamente no empezaría ahora. Todo ello sin mencionar el evidente mal estado en que se encontraba, pues presentaba raspones y una que otra hendidura a lo largo de casi todo el cuerpo. Así, una coraza que alguna vez debió relucir como metal pulido, se encontraba opaca, cubierta de tierra, raspones y golpes.
Pero el curioso par pronto se había convertido en un trío, pues frente a ambas, un zorro, lo que se podría llamar el prototipo de zorro incluso -pelaje naranjo, patas negras, hocico blanco, ojos vivos y astutos, se encontraba esperando, ya no tan pacientemente, la reacción de la máquina ante la revelación que metódicamente el can había preparado. Su cola larga y esponjosa oscilaba lenta y tranquilamente mientras Roy llevaba una pata de pelaje oscuro a rascar su mentón. Sus ojos de un llamativo y vívido verde claro observaban con detenimiento a la máquina. Ella no sabía lo suficiente para entender la forma en que el zorro la miraba, como un experto que intentara tasar una reliquia -no, una herramienta. La sonrisa interesada del zorro se hizo menos evidente una vez que por fin la máquina rompió el silencio.
-¿Cómo pasó? -dijo por fin, con una voz neutra e inquisitiva, como si no comprendiera. Pese al tono, oírla hablar fue un alivio para la cachorrita.
-¿A qué te refieres? ¿Cómo fue que los humanos… bueno, se fueron? -se adelantó el zorro.
-Sí. -la mirada de la robot era inexpresiva, pero su voz, comúnmente plana, indicaba algo más. Su cabeza iba a mil por hora y como antes la dualidad en su mente, compuesta tanto por lo que percibía como ella misma como por aquella parte mecánica, automatizada y excesivamente firme, se manifestaba con creciente potencia.
-Pues… es un poquitín difícil de explicar. -empezó el zorro, levantando un dedo al notar que la robot estaba por decir algo. -Hasta ahora nadie lo sabe con certeza, pero la mejor evidencia parece apuntar a un experimento humano que salió muy, muy mal. -inició su relato mientras caminaba lentamente, rodeando a ambas- Y no fue sólo aquí, fue algo global… ya sabes… en tooodo el mundo. -hizo un gesto en círculo con ambas patas, mismo que la pequeña siguió con la mirada, animada.
-Pero, ¿cómo pudo suceder? ¿Qué clase de experimento hacían? -continuó ella, confusa. Su mente registraba ciertos datos, estadísticas… ideas difusas sobre accidentes y experimentos a lo largo de la historia humana abandonaban su memoria tan pronto como llegaban. -¿Hay -hizo una breve pausa, como si buscara el término correcto. -¿Hay humanos aún? ¿Sobrevivientes?
-Que yo sepa, no. Y créeme, este zorro ha andado por muchos lugares diferentes y ha hablado con un montón de animales de toda clase. Ninguno ha visto humanos desde el despertar, y los que aseguran que sí, pues… eh… no diría que son de lo más confiable, ¿me sigues?
-No. -dijo sencillamente la robot, más confundida aún.
-A ver… ¿recuerdas lo que te dije sobre los favores, antes? -la máquina asintió, atenta. La cachorrita la imitó, lo que le sacó al zorro una sonrisa. -Bien, en el mundo hay toda clase de animales… algunos, que ya te enseñaré a identificar, no están tan interesados en ayudar… -se detuvo frente a ambas otra vez, aclarando su garganta- Por lo que sé, al principio no eran pocos los animales que buscaban humanos. Muchos de ellos fueron mascotas, animales de asistencia y demás… buena parte de su vida hasta entonces había tenido que ver con ellos, bastante directamente. De modo que cuando… se fueron, algunos de esos animales convirtieron hallar a sus personas, sus… dueños, amos o como prefieras llamarlos, en su máxima prioridad. Algunos incluso se hicieron famosos, animales tan resueltos a encontrarlos donde sea que estuvieran, que iniciaron viajes muy largos para dar con algún grupo… no eran pocos los que estaban convencidos de que tenía que haber personas en algún lado, algunos que quizás hasta por accidente hubieran evitado exponerse a lo que sea que causó el despertar…
-¿Alguno de ellos tuvo éxito? ¿Hallándolos?
-Hasta donde sé, no. E insisto, he estado en muchas zonas diferentes… he tratado con animales de toda clase, y hasta ahora, ninguno me ha hecho creer que queden humanos ocultos por ahí. Como yo lo veo, y por el hecho de que estamos aquí hablando, el mundo dejó de ser suyo el día en que ocurrió el despertar. Lo que ves, es lo que hay. El mundo es nuestro ahora, y lo ha sido por años… ¿qué te parece? Suena a un montón de posibilidades, ¿eh? -se acercó a codearla suavemente, y la robot lo observó sin comprender el gesto. Aún así, como todo lo que estaba viendo y oyendo, lo registró en algún confín de su memoria.
-Es mucha información que procesar. -comentó ella tras otra pausa- Al mismo tiempo, requiero más detalles sobre la situación actual. Debo aprender sobre el estado de las ciudades, sobre los centros urbanos. -agregó en un tono que la extrañó, pues sonó aún más plano y mecánico de lo que esperaba. Entonces notó que, una vez más, aquella parte de su mente había tomado brevemente el control.
-Pues estás de suerte, porque allá es a donde vamos. -dijo el zorro con una gran sonrisa, imaginando una y otra vez las posibilidades. Tenían en común la necesidad de información, aunque por motivos drásticamente diferentes. -Tan pronto como le hallemos a esta bola de pelo un buen hogar. Eso te gustaría, ¿no? -hizo su voz más aguda mientras jugueteaba con la cachorra, que incorporándose sobre las patas traseras intentaba morder suavemente los dedos del zorro.
-Es fundamental para completar mi misión actual. -sentenció 32, ya usando su voz habitual. Seguía siendo plana y automatizada, pero de cierto modo… sonaba más como ella. Y había bastado enfocarse en la pequeña para conseguirlo. -Aún debo hallar alimento apropiado para ella.
El zorro asintió, dejando que la lobita mordisqueara un poco sus dedos. Sus dientes eran filosos pero muy pequeños, de modo que no le causaban realmente daño. Es más, el zorro rio suavemente por las cosquillas.
-Así es, y de veras que estás de suerte… uno de mis muchos talentos es saber hallar la comida apropiada. -sonrió orgulloso.
-¿En verdad? ¿Dónde?
-Pues en todos lados, es la ventaja de no necesitar la carne. -se rio un poco más antes de apartar la pata. La cachorrita hizo ademán de seguirla, pero se distrajo con una hoja especialmente crujiente bajo sus patitas. -Te sorprendería lo mucho que todos se vieron forzados a aprender… ¡oh! Y hablando de comida… -el zorro avanzó repentinamente con un ágil salto, y la robot, curiosa, lo siguió, cuidando no dejar atrás a la lobita. -Mira nada más qué tenemos aquí… -Roy se inclinó ligeramente, y entonces una nueva criatura se llegó al mundo de 32: de tamaño mediano y color oscuro, la criatura avanzaba lentamente entre el césped, valiéndose de varias patas a la vez.
Como si fuera lo único que corresponde hacer, EV-32 inclinó su cabeza para ver de cerca a la araña.
-Hola, soy la Unidad de Exploración y Vi—
-Esas no cambiaron. -la interrumpió el zorro, divertido. -Casi olvidé mencionarlo: el despertar no afectó a todos los animales, ¡es cierto! Esta amiga de ocho patas, y muchos como ella, no desarrollaron su mente como ella -señaló con el hocico a la lobita, que miraba fascinada a la criatura. -o como yo. No es tan común, pero algunos han optado por… carnemenos convencional.Si ya no puedes comerte a un conejo -lástima, porque te juro que serían la presa de todo el mundo- algunos optan por comer otras cosas. Cosas como esta.
-Pero no es una cosa. -objetó la robot, confundida una vez más. -Sigue estando viva, ¿verdad? También es un animal.
-Ah, veo que tienes ciertos principios, qué interesante. -comentó Roy en voz alta, cada vez más interesado en la extraña criatura metálica. -Okey, entre nosotros, yo tampoco como ninguna clase de carne… pero te lo advierto, eventualmente conocerás algunos que sí. Puede que haya toda una nueva… dimensión ética al respecto, pero lo cierto es que en ciertas esferas, algunos han optado por dejar fuera del menú sólo a los animales que tengan una… ejem, mente más desarrollada.
-Suena… complicado. -contestó la robot, como si no hubiera podido encontrar una palabra más apropiada. Observó con creciente curiosidad cómo el arácnido se acercaba a la lobita, que sumamente interesada, repentinamente la golpeó con una pata. No fue un golpe fuerte, pero sí lo suficiente para tumbarla, y para cuando se reincorporó, la robot notó un sutil cambio en su postura. -Debes ser cuidadosa, podrías herirla. -dijo EV-32 a la lobita, que la miró sin comprender, ladeando su cabecita.
-O podría salir herida ella. -susurró el zorro, mirando su pata con fingido desinterés.
-¿Ella? ¿Cómo? -inquirió la máquina, sintiendo cómo en lo profundo de ella, algo empezaba a ponerla en un tenue estado de alerta.
-Es una araña. Normalmente no hacen nada o se esconden, pero pueden ser agresivas. Ya sabes… muerden. -el zorro se sentó, y poniendo sus patas contra su boca, movió agresivamente un dedo en cada una, simulando colmillos- Además la mayoría inyecta veneno, así que—
-Cuidado. -lo interrumpió la robot secamente, interponiendo su fría y dura pata entre la lobita y la araña, que precisamente avanzaba amenazante hacia la primera. La pequeña observaba con la curiosidad natural de su edad, ignorante del aparente peligro. La araña alzó las patas delanteras en señal de agresión y, repentinamente, trepó sobre la pata de EV-32. Si para entonces ya estaba alerta, ver a la araña que de súbito lucía mucho más grande trepar sobre su pata la llevó lo más cerca posible a exaltarse, si eso era posible. -Está sobre mí. ¿Va a atacarme? -la robot giró la cabeza hacia el zorro, que rio un poco.
-Eres de metal, difícilmente podría hacerte algo. Tampoco es como si pudiera envenenarte o algo. Aún así, la forma más efectiva de lidiar con una de estas es dejarla en paz, o… -el zorro se acercó, e imitando a la cachorra, se la quitó de encima a 32 con un firme movimiento, tirándola con lo que sería el dorso de su pata. La araña cayó al suelo y, si antes se había incorporado rápido, esta vez cayó sobre las patas y nuevamente emprendió la carrera hacia el trío. -¡Vaya! Eso sí es raro. -comentó el zorro en voz alta, sorprendido de la persistencia del arácnido. Había lidiado con varias de ellas, y ninguna había sido tan agresiva. -No es usual que regresen después de que—
Una vez más la araña había avanzado hacia la cachorra, que a su vez se acercaba presa de la curiosidad. Imitando lo que vio hacer a la loba y el zorro, la robot intervino sin pensarlo. Imitó el movimiento que ambos hicieron antes y súbitamente movió con firmeza el dorso de su pata para alejar a la criatura. Pero esta vez la diferencia de fuerza fue abismal, y con un ¡ping!,la araña salió disparada por los aires, perdiéndose de vista tras caer entre la maleza.
-¡Wow! -exclamó con entusiasmo el zorro. No era una gran muestra realmente -sólo era una araña, después de todo. Pero era grande. Mmm, ¿quizás una tarántula? Sí, seguramente se podía catalogar así, pensó. No era una sorpresa, pero incluso ese pequeño evento ya instalaba en él una genuina curiosidad acerca de qué tan fuerte era la robot.
-¿Crees que regrese? -preguntó ella de pronto, aún delante de la cachorrita.
-¿Mmm? Oh no, no regresará. -afirmó, y luego dijo en un susurro casi imperceptible- De hecho no creo que vaya a ningún lado…
-¿Cómo dices? -32 ladeó la cabeza imitando los gestos de confusión de la cachorrita, que celebrara riendo, dando unos saltitos en su lugar como si a su vez imitase a la araña voladora.
-Nada, nada. -se ubicó frente a ambas como antes, con una gran sonrisa. -Prácticamente todos los que son más grandes que eso pueden pensar y hablar sin problema, así que al menos será una preocupación menos para ti. Los insectos no cambiaron y al parecer tampoco los peces… ve tú a saber por qué, pero como te decía, algunos no han perdido la oportunidad de seguir comiendo carne.
-Entiendo. -dijo 32, que suavemente calmó a la cachorra con una pata, indicándole con amabilidad que era hora de continuar su camino. -¿Has sabido de otros animales que hayan intentado averiguar más sobre el experimento? -ya estaba en marcha otra vez, seguida de cerca por la lobita que miraba atenta el césped, como si esperase encontrar otra araña.
-Oh sí, créeme que no han sido pocos los que han intentado. -dijo él mientras avanzaba, buscando que los tres llevaran el mismo ritmo. No corrían, pero el zorro sabía que pasar otra noche en el corazón del territorio salvaje era una mala idea para todos. -Al principio también era un objetivo más común, pero con el tiempo, muchos fueron tomando otras posturas al respecto. Verás, algunas mascotas querían averiguar qué le pasó a los humanos, y supe que incluso algunos tenían la esperanza de revertir el efecto.
-Revertir el efecto. ¿Traerlos de vuelta, entonces? -preguntó con creciente interés.
-Ajá. Tenían esta loca idea de que podía haber máquinas o registros que permitieran repetir el experimento, pero a la inversa. Se aferraban a la esperanza de que, siendo ciencia humana la que lo ocasionó, tal vez sería la propia ciencia humana la solución.
-Pero no dio resultado. -se adelantó la robot, que empezaba a hilar ideas más hábilmente a medida que mantenía conversaciones más fluidas. -¿Verdad?
-Si hubiera funcionado no estaríamos aquí. Además no era un objetivo que uniera a todos. -el zorro dio algunos pasos en silencio, intentando hallar el mejor modo de explicarse. -Algunos estaban bastante conformes con la idea de un mundo sin humanos. Fue la base del alzamiento de los Salvajes, de hecho; esta noción de que los animales éramos los auténticos herederos del mundo. No vieron con buenos ojos que algunos siquiera pensaran en traerlos de vuelta. Así que hicieron lo que les pareció más razonable: empezaron a destruir cosas. Al principio eran edificios e instalaciones que supusieron eran científicas… buscaban asegurarse de que no quedara nada que arrojara luz sobre todo el asunto del experimento. Pero cuando se enfocaron en las zonas residenciales, bueno… empezaron a hallar resistencia. Resulta que los animales domésticos no pretendían dejar sus hogares o permitir que destruyeran las casas donde alguna vez vivieron sus personas, de modo que no pasó mucho hasta que se formaron los dos más grandes bandos del despertar: Salvajes y Mascotas.
-Debió ser un conflicto grave. -comentó 32, que intentaba dimensionar lo que oía. El relato del zorro se iba haciendo más vívido ante su cerebro mecánico, y pronto se percató de que estaba formando imágenes en su cabeza. El fenómeno la fascinó, pero seguía enfocada tanto en la narración de Roy como en la cachorrita, atenta por cualquier nueva criatura que pudieran toparse.
-Lo fue, y mucho. Habían pasado días desde el despertar cuando se dio la primera gran batalla. Los Salvajes solían ser animales más fuertes y grandes, pero las Mascotas rápidamente compensaron esa desventaja con herramientas y demás. Después de todo, tenían a su alcance muchas cosas que los humanos dejaron atrás, y varias de ellas eran útiles para pelear. Pero las cosas no eran tan simples… -el zorro hizo una pausa dramática, complacido al notar que incluso la cachorrita caminaba con sus brillantes ojos fijos en él. -Salvajes y Mascotas eran las “facciones” más grandes e importantes, pero también había otros grupos, incluso dentro de las dos facciones principales. Verás, había Salvajes que querían erradicar los rastros de la sociedad humana como tal y empezar desde cero, pero otros querían ir un paso más allá; querían eliminar también a todo animal que percibieran como una mascota, porque los veían como inferiores a ellos. El criterio era bastante radical: si un animal necesitaba, o necesitó alguna vez de un humano para subsistir, ese animal estaba por debajo de lo que la naturaleza habría aceptado. Y así, ese animal debía ser… eh, “desechado”. -el zorro aclaró su garganta, mientras el par a su lado oían con atención, sin cesar su marcha.
-Desechado. -la máquina intentaba unir las piezas en su mente poco a poco. -Antes del despertar, los animales no podían pensar como ahora. -el zorro asintió, interesado en el camino que la máquina iba tomando. -Eso implicaría que hasta antes del despertar, no tenían una auténtica capacidad de elección sobre su vida, ¿no?
-Me gusta mucho cómo piensas, mi amiga de hojalata. -dijo el zorro con una gran sonrisa. -Y tienes toda la razón. Uno de los principales campos de batalla de hecho fueron los zoológicos. -32 inclinó su cabeza un momento, intentando dar con una definición. -Un sitio donde los humanos mantenían animales salvajes y los exhibían como entretenimiento. -puntualizó él.
-Eso se oye terrible. -dijo ella, con sorpresa. -¿Por qué harían algo así?
-Bueno, principalmente por negocio. Pero también había algunos que funcionaban como centros de salud. Tomaban animales salvajes que estaban heridos, enfermos o abandonados y los cuidaban. Sé que algunos incluso los liberaban eventualmente, pero no sabría decir si era la mayoría. En fin, el punto es que eran animales que originalmente debían vivir en la naturaleza, y fue por los humanos que terminaron viviendo allí. ¿Puedes imaginar qué pensaban los Salvajes sobre ellos? -el zorro miró a la robot con suma atención, cada vez más interesado en la forma en que pensaba.
EV-32 lo consideró un momento. Su mente robótica operaba con la ya esperable dualidad, combinando definiciones con ideas más elaboradas y autónomas. Estas últimas poco a poco parecían ir haciéndose más prominentes.
-Si eran radicales como señalas, no los habrían aceptado. -la sonrisa del zorro se hizo más grande. -Porque habrían dependido de los humanos para subsistir. Aún si no fue su decisión.
-¡Bingo! -el zorro dio un salto de emoción y la cachorrita lo imitó al instante, agitando rápidamente su cola. -Diste en el clavo, jejeje.
-¿Clavo? -la robot se detuvo, sorprendida, y empezó a mirar alrededor rápidamente. Como estaba haciéndose frecuente, notó que entendía ciertos conceptos sin necesidad alguna de explicarlos. Un clavo era una pieza simple de construcción, pero algo en su mente había puesto énfasis en que un clavo podía herir. Y poco a poco iba comprendiendo ciertos conceptos en función de si podían o no representar un peligro para la cría.
El zorro rio un poco, divertido. La máquina era inteligente, eso era un hecho, pero había aún un larguísimo tramo por recorrer.
-Es un decir solamente. Ya sabes, un dicho. Una… forma de expresar algo. Todos lo hacen, usan ejemplos, exageraciones… -el inexpresivo rostro de la robot no decía nada, pero su silencio era ruidoso. -No tienes idea de lo que estoy diciendo, ¿verdad? -la robot negó suavemente con la cabeza, esta vez al mismo tiempo que la cachorra. -No te preocupes, ya llegaremos a eso. Si quieres sobrevivir en la ciudad y que no te traten como una rara todo el tiempo, vas a tener que aprender a hablar.
-Yo sé hablar. -contestó ella. -Estoy hablando ahora.
-No. Digo, sí, pero… ¡no! -el zorro se detuvo y volvió a verla. -Sabes decir cosas, pero eso no es hablar. Quiero decir, sí, es el… el acto de hablar, pero tienes que aprender a… ¡a charlar! -el zorro chasqueó dos dedos al dar con el término que buscaba, complacido. -No puedes ir por ahí hablando toda plana y robótica, o vas a llamar la atención en muchas malas maneras. Tienes que soltarte, aprender a charlar… mezclarte con los demás. Sí, puede que te veas diferente, pero la forma en que te expresas es clave para que otros te acepten. Y hey, una vez más, resulta que estás de suerte… tienes al mejor maestro justo aquí. -le guiñó un ojo, lo que provocó que la robot ladeara ligeramente la cabeza. -En fin, ¿dónde estaba?... ¡Ah, los zoológicos! Ejem, como decía… los Salvajes eran fuertes, pero muchos de ellos no eran animales con visión. ¡No, no eran ciegos! -dijo levantando ambas patas, como si adivinase que la robot estaba por preguntarlo. Y tenía razón. -Eran animales demasiado cerrados en sus ideas, y eso provocó que perdieran muchos potenciales aliados en los zoológicos. De modo que animales grandes y fuertes, animales que serían importantes depredadores en su hábitat natural terminaron uniéndose, irónicamente debo decir, al bando de las Mascotas. No era un secreto que a muchos no les gustaba el nombre, pero era mejor que estar con animales tan radicales como los Salvajes. Resulta que “si no estás conmigo estás en mi contra” no es el mejor lema para reclutar, ¿quién lo iba a decir?
EV-32 escuchaba atentamente otra vez, y aunque varias de las expresiones del zorro la confundían, poco a poco iba comprendiendo a medida que el contexto la permitía dilucidar ciertos términos.
-En fin, hay mucho más que decir sobre eso una vez que hayamos salido de aquí. -declaró el zorro, que apresuró la marcha. Ambas lo imitaron. -Y hablando de cosas que decir… atendamos el elefante en la habitación, ¿quieres?
-¿Elefante? -la robot se detuvo en seco, casi chocando con ella la pequeña loba. EV-32 giró la cabeza, escaneando el área- ¿Qué habitación?
-¡Ja! No, no, esto es justo de lo que hablaba. Hablar sobre el elefante en la habitación es otro decir. Mira, imagina que tienes una habitación—
-Está bien. -interrumpió la robot.
-…Sí. Tienes una habitación y un elefante—
-¿Qué clase de elefante?
-Hey, si no dejas de interrumpir no aprenderás nada, ¿vale? -protestó el zorro. La robot guardó silencio, asintiendo. -Bien, imagina que tienes una habitación, y dentro de esa habitación hay un elefante. Ahora imagina que estás dentro de esa habitación y que alguien más está contigo.
EV-32 lo meditó un momento.
-Suena a una habitación muy grande.
-¡Ese no es el punto! -dijo el zorro, conteniéndose de reír otra vez. -Todo el asunto se reduce a que, si estás en una habitación con un elefante, sería algo imposible de ignorar, ¿entiendes? Es una forma de decir que hay algo que no puedes evitar atender; no puedes sólo pretender que no se vuelva el centro de atención en algún momento.
-Creo que entiendo. -dijo 32.
-Muy bien, en ese caso… el elefante en la habitación es nada menos que… tu lobita.
Roy casi pudo escuchar los engranes en la mente robótica de EV-32 girando, buscando darle sentido a que la cachorra era el elefante en la charla y que ello a la vez no tenía un sentido literal.
-Los demás animales que encontremos van a preguntarse cómo y por qué diste con un cachorro de lobo. -eligió simplificar el ejercicio. -Quien pase un mínimo de tiempo contigo no podrá no preguntárselo; cómo fue que una robot está cuidando a una cachorra es el elefante en la habitación con el que tendrás que lidiar. De modo que puesto sencillamente, tendrás que decirme la verdad sobre todo el tema. Y a los demás, les dirás lo que yo te diga. Créeme -qué tan dispuesto esté otro a ayudarte va a depender muchísimo de cuál sea tu respuesta a esa pregunta.
-¿No debo decir la verdad a todos? -preguntó ella, mientras inclinaba la cabeza para ver a la pequeña que revoloteaba de un lado a otro, aburrida de la charla.
-Pues es un poco complicado. La verdad es… -el zorro inclinó la cabeza, entrecerró los ojos y puso una pata a girar un momento. -Un… cálculo individual, diría yo. No existe algo así como una verdad universal, y lo que tú puedas considerar la verdad, otro podría tomarlo como un invento, una interpretación o una tapadera.
-¿Una tapadera?
-Una forma de ocultar algo. Como una mentira, pero no igual. Como sea, no te pierdas en eso –mi punto es que puedes pensar que estás diciendo la verdad y que eso es algo bueno, ¿no? Pues no, no siempre es así. -aclaró su garganta antes de continuar- Verás, hay animales que van a desconfiar de ti, y escuchar la verdad no va a ser suficiente para que se pongan de tu lado. De modo que a veces tienes que… saber cómo hablar de la verdad. Tienes que saber cómo decir la verdad, sí, pero aún más importante es que tendrás que saber cómo hacerla creíble, y por eso insisto en que tienes que aprender a hablar. Lo que digas constantemente va a ser muy, muy relevante, incluso más de lo que hagas, dependiendo de la situación. Es un arte.
-Entiendo. -la robot observó un momento a la lobita, como si intentara procesarlo todo a la vez. -No bastará con que sea honesta sobre las circunstancias que nos reunieron, ¿no?
-Temo que no. No con todos, al menos. -el zorro dio un silbido que llamó la atención de la pequeña. -El mundo ahí fuera es desconfiado. Prefiere ignorar lo que no conoce y temer lo que no entiende. En ese sentido corres con desventaja, porque eres ambas.
-Tal vez deba mostrarme, en ese caso. -32 alternó su mirada entre ambos mientras hablaba. -Si el resto de los animales empieza a conocerme, a futuro debería tener una mejor convivencia. -comentó ella, siguiendo el hilo lógico que aquella parte mecánica de su mente sugirió.
-Ojalá fuera tan fácil. -contestó el zorro de inmediato, con un semblante más serio. -Es cierto, tendrán que irte conociendo, pero te aseguro que si lo haces de golpe, terminará mucho peor para ti. Para ambas. -al oír eso, la robot asumió una postura algo más rígida, pero el zorro sonrió para intentar tranquilizarla. No funcionó; aún no era capaz de procesar del todo expresiones y gestos. -No, quiero decir que lo primero que pasará será que busquen separarlas. Escucha, relacionarte con otros no es como leer un manual o entender una guía, ¿entiendes? Tienes muchísimo camino por delante en ese sentido y, si quieres mi ayuda, entonces tenemos que hacer un trato ahora mismo. -sentenció él, con firmeza.
EV-32 asintió de inmediato. Si había alguna intención oculta en aquel animal, ella no podía saberlo.
-Está bien. ¿Cómo hacemos un trato?
-Primero que nada, las condiciones. -Roy se sentó frente a ella y aclaró su garganta. -Me comprometo a enseñarte, acompañarte y sobre todo, prepararte para cumplir un rol en este mundo loco que nos toca. Te enseñaré sobre la cultura y las costumbres de los animales y, por qué no, bastante sobre los humanos también. Te hicieron después de todo, de modo que a todos nos convendrá que tengas cierto entendimiento sobre ellos. Te enseñaré a cuidar apropiadamente de la cachorra hasta que hallemos a alguien responsable y adecuado que lo haga, y luego te iré enseñando otras cosas en el camino. Te enseñaré a hablar, a charlar, a entender cosas, situaciones y demás… eventualmente te enseñaré a defenderte, y créeme, independiente de qué creas saber sobre eso, no va a ser suficiente. Los Salvajes aún existen y dominan por completo ciertas áreas, pero incluso si procuras mantenerte lejos de ellos, puedes toparte alguno. Cuando pase, tendrás que estar lista.
La máquina escuchaba atentamente. Tenía una mente sumamente curiosa, pero una parte de sí ya iba comprendiendo que no debía interrumpir al zorro.
-¿Recuerdas lo que dije sobre los favores? -la robot asintió. -Bien, entonces considera que todo esto es una suma de favores. Una acumulación enorme de ellos, y lógicamente, eso significa que estarás muy en deuda conmigo. ¿Estamos de acuerdo? -ella volvió a asentir. -¡Genial! En ese caso, y sólo como favor inicial -te aseguro que no es un precio justo, pero me caes bien y por eso voy a ceder contigo, tendrás que comenzar por contarme todo lo que sepas. Todo lo que te pregunte, harás un esfuerzo por recordar en esa cabeza dura de metal, y vas a responder, siempre con la verdad. Siempre. ¿Entendido?
-Entendido. Siempre decirte la verdad.
-Exacto, la verdad. A la vez, no vas a decirle lo que a mí a otros. -el zorro movía las patas, indicándose a sí mismo y hacia alrededor- Cuando hables con otros, vas a decirles lo que yo te diga, ¿de acuerdo?
-¿No les digo la verdad? -preguntó ella, mientras los engranes de su mente iban tomando ritmo.
-Es como te dije antes: la verdad es complicada, es como un… cálculo, un cálculo individual. Lo que para unos sea la verdad para otros puede no serlo: puede ser sospechoso, triste o indignante, y por eso, si quieres que te acepten al menos lo suficiente para poder recorrer la ciudad sin temor, tendrás que aprender a relacionarte selectivamente. No tienes que ser amiga de todos, y no te conviene intentarlo. Pero cómo otros te vean, y cómo te traten, va a depender de lo que digas. Así que resumiendo, a mí dime datos y hechos. A los demás, vas a decirles cosas más prácticas, más útiles para ellos… y para aprender cómo hacerlo apropiadamente, me tienes a mí. -dijo él con una sonrisa que inspiraba gran confianza.
-Entiendo. Gracias, Roy. En ese caso, te diré la verdad siempre. Información tal como la recuerde.
-Así es, me gusta. ¿Qué hay del resto?
-Les diré lo que tú me digas. -contestó robóticamente.
-¡Eso! Eres realmente lista, ¿lo sabías? -sonrió complacido, aguantando entre dientes una risotada. -Ahora, para cerrar un trato… -el zorro extendió su pata hacia ella. La robot la miró, sin reaccionar. -Se supone que tienes que estrecharla…
-Entiendo. -EV-32 alzó una pata y alcanzó la de él, envolviendo el pelaje cálido y suave aquella textura fría y dura. Roy iba a decir algo más cuando la robot siguió las instrucciones, y entonces apretó.
El crujido que de por sí fue fuerte no llegó a oírse por sobre el chillido de dolor que atravesó el bosque.
-¡No tan fuerte! -rugió el zorro, que instintivamente retrocedió a saltos.
-Lo lamento, no sabía que eras tan frágil. -dijo la robot, sin comprender del todo lo que había sucedido.
-¡No soy frágil! -protestó él, dando algunos saltos en lo que el ardor empezaba a disminuir. -¡Esa es la primera, ow, la primera lección! ¡Recuerda que no eres como los demás! -dijo él agitando la pata, como si eso de algún modo fuera a quitarle el dolor.
-Lo lamento. -repitió ella, y luego asintió en silencio. -Tendré más cuidado.
-¡Au, au, au! -escucharon de pronto ambos, volteando la mirada al mismo tiempo. La cachorrita daba saltitos de alegría imitando a Roy, incluso agitando las suaves patitas en el aire como él había hecho hace un instante.
-Hey, al menos olvidó que tiene hambre. -suspiró el zorro, resignado. -Y estrechaste mi pata, así que tenemos un trato. -dio un segundo suspiro, mirando a la cachorrita que empezaba a perseguir su cola, repitiendo ¡Au, au, au! rítmicamente. -Sólo considera que aún tienes un montón por aprender, ¿sí? Si vamos a hacer esto, tienes que comprometerte. Vamos a empezar por lo básico, pero aprender a vivir en este mundo que nos toca será complejo.
-Entiendo. -la máquina puso suavemente su pata frente a la pequeña, que se detuvo y la miró con ojos brillantes. -No soy como el resto, y debo ajustarme a eso. -añadió en un tono neutro, aunque su cabeza otra vez empezaba a abrumarla. El zorro parecía ser un adulto, y ella lo había herido. No de gravedad, pero indudablemente había causado un estímulo doloroso y él había reaccionado acordemente.
Si podía involuntariamente herir a un animal adulto, ¿qué tan frágil era la lobita?
-Vas a tener que ser cuidadosa, eso es todo. -la voz de él la sacó de sus pensamientos, casi como si los hubiera leído. Roy apoyó la pata en el suelo, hizo una mueca de dolor y volvió a levantarla. -No querías herirme, ¿verdad?
-De ninguna manera. -contestó ella al instante, mirándolo fijamente. -No quiero lastimar a nadie. -agregó, con un dejo de preocupación en su voz.
-Bien, bien. Aquí tienes otra lección entonces: incluso si no es lo que buscas causar, puedes herir a otros. Aprender a controlar tu fuerza va a ser importante, sí -dijo él mientras pensaba en la araña, y ahora en el apretón. Habían sido nimiedades, pero ya le daban una idea de lo fuerte que era esa máquina… y ahora sí que estaba interesado. -pero no es lo único, y si pretendes mantenerla a ella a salvo hasta que demos con un adulto a quien entregarla, entonces, de nuevo, tendrás que hacer todo tal y como te lo diga. ¿Está claro?
-Está claro. -dijo la robot, que posó suavemente una pata sobre la pequeña que ya empezaba a revolotear otra vez. Era un tacto frío, torpe… pero había cierta delicadeza que el zorro logró notar de inmediato. También la lobita, y es que ciertos movimientos parecían provocar en ella un grado de calma. Una sensación de seguridad reconfortante. -No volveré a herirte, Roy, ni a ella. Seré cuidadosa. -aseguró, en un tono que sonó más solemne de lo que ella esperaba.
La pequeña musitó un sonidito, un balbuceo, que más o menos logró entenderse como una repetición de esta última palabra. Roy no ocultó su sonrisa, y apoyó otra vez la pata en el suelo. Aún dolía, pero la robot parecía haber entendido la lección.
-Cuidadosa suena excelente. -el zorro sonrió, complacido. Y se le ocurrió de pronto que la máquina parecía tener un grado suficiente de consciencia para comprender los primeros atisbos de lo que, con algo de suerte, sería un sentimiento de culpa. Ciertamente era algo que él podría explotar, de necesitarlo. -Ahora, consigámosle a tu bola de pelos algo de comer. Los cachorros se ponen de muy mal humor cuando tienen hambre.
EV-32 estaba explicando que la cachorrita no tenía una forma esférica cuando el zorro nuevamente le hizo saber que hablaba en sentido figurado. Aprendía rápido, sí, pero la dualidad que conformaba tanto su mente como su consciencia seguía siendo un obstáculo importante a la hora de entender cosas. Ella entendía ideas y conceptos con rapidez, pero cualquier otra cosa que no consistiera en una definición implicaría trabajo. Por la paz, el zorro desistió por el momento de explicarle sobre el habla informal.
En lugar de eso, se dedicó a buscar algo que la cachorra pudiera comer. Algo sabroso, ya que todos querían evitar más incidentes con insectos.
Habían avanzado un buen tramo cuando el zorro se detuvo cerca de una arboleda, a la que se aproximó con bastante ánimo.
-Ah, el menú favorito de todos. Fáciles de hallar, de limpiar, sabrosos… si algo en verdadtenemos que agradecer a la naturaleza, es esto. -dijo él mientras balanceaba hábilmente el tallo entre sus dedos. -Los buenos y fieles hongos.
-¿Hongos? -EV-32 observaba con atención la curiosa forma de aquella cosa.
-Ajá. Aunque no lo creas, hay de toda clase, y lo mejor de todo es que cada uno es comestible. -el zorro rio entre dientes, mientras la cachorrita ladeaba la cabeza con desagrado.
-¿Cada hongo es comestible? -la máquina registró aquel dato en su memoria.
-Así es. Aunque bueno, algunos sólo puedes comerlos una vez.
La robot se detuvo a pensar en eso un momento. Si alguien comía algo, no podía volver a comerlo, ¿no? Porque al digerir algo, este dejaba de existir. ¿No era ese un principio básico de la alimentación?
-Por el veneno. -complementó él, pero la robot no apreció (ni entendió) el chiste y ya estaba encima de la cachorrita, arrebatándole el hongo que además ni siquiera parecía interesada en probar. -¡Hey, es un chiste, este sí se lo puede comer! -él bufó, sintiéndose derrotado. La robot lo miró, para su sorpresa, con cierto reproche. -Vas a tener que aprender eso también, no todo lo que diga va a ser en serio…
-Tengo problemas identificando otras formas de habla. -admitió, y cuidadosamente le devolvió el hongo a la cachorrita. Seguía sin parecerle apetitoso, pero ahora que era ella quien se lo daba, tímidamente olfateó, antes de dar un desanimado mordisco. Su expresión cambió, y pronto estaba comiendo un segundo e incluso un tercer hongo silvestre. -No puede comer cualquier clase de hongo. -dijo en voz alta, y registró ese dato como algo importante. -Porque hay ciertos hongos que contienen veneno.
-Sí, pero no voy a envenenar a una cachorra. -el zorro levantó una ceja, negando luego con la cabeza, suspirando. -Va a ser un camino bien largo…
EV-32 estaba haciendo un cálculo mental respecto de la distancia aproximada, en kilómetros, hasta lo que asumía debería ser la ciudad más cercana. Ella misma se forzó a dejar la idea, adivinando que el camino largo no necesariamente correspondía a una distancia física.
Había cosas que le costaría entender, pero era inteligente. Algunas cosas las aprendería lento, pero vaya que las aprendería.
-Hablando de alimentación -interrumpió el zorro, que a su vez masticaba un hongo blanquecino. Con la boca llena, continuó: -¿cómo es que… bueno, te mantienes? -la robot volteó la mirada hacia él, sentada junto a la cachorrita que buscaba un cuarto hongo para devorar.
-¿Qué quieres decir?
-Pues a esto -el zorro tragó y aclaró su garganta luego. -Tu cachorra, así como yo y cualquier otro ser vivo tiene que comer para vivir. Así que, ¿cómo vives tú? Asumo que eres eléctrica. Entonces, ¿baterías? -el zorro hizo un gesto con ambas patas, que la robot no llegó a comprender. -Lo que quiero decir es que las máquinas necesitan energía para funcionar. Así que, ¿qué clase de energía necesitas tú? Porque dudo que necesites gasolina o aceite o algo así… -no preguntaba por mera cortesía; en su entusiasmo por conocer y reclutar a aquella robot, había dejado de lado un pequeño gran detalle: la robot no le serviría de nada si se descargaba. Era una máquina aparentemente avanzada, pero una máquina al final -y no pretendía invertir tiempo y esfuerzos en algo que estaría destinado a apagarse pronto.
-No lo había pensado. -contestó ella, confundida. Y era cierto: la vorágine de información que había estado recibiendo sin parar durante esos primeros días la había hecho cuestionar y forzosamente entender muchas cosas… pero ella misma seguía siendo tal vez el mayor misterio de todos. Estaba despierta, pero, ¿estaba viva? La pregunta era demasiado compleja, y una parte de sí sabía que no estaba lista para entrar en esa clase de análisis. De modo que se concentró y, sin notarlo, dejó que la parte más mecánica de su mente respondiera. De pronto, dijo en voz alta: -Nivel de batería al 96%.
-¿96%? -el zorro se quedó pensando al respecto. En abstracto, era un estupendo porcentaje, pero había demasiado que ninguno de los dos sabía al respecto para considerarlo una buena noticia. -¿Hace cuánto estás despierta?
-No estoy del todo segura. -contestó ella, conteniendo Roy un suspiro de frustración. -Creo que poseo registros, pero datan de hace años. -el zorro levantó las orejas, interesado al oír eso. -Creo que estos datos están dañados o incompletos. -admitió la robot, pues aunque sabía de la existencia de dichos datos, no eran para ella más que eso: datos, números, líneas de código. Si alguna vez habría podido entenderlos, no tenía cómo saber. -No puedo estar segura sobre cuánto tiempo he estado despierta. -concluyó, con un tono neutro y sincero.
-Pues si nos quedamos con 96%, eso significa que estás prácticamente llena. Son grandes noticias, 32, eso sí te lo puedo asegurar. -Roy sonrió animado ante la idea -ninguno sabía cuánto duraría aquella máquina, pero si llegaba a necesitarlo, echaría mano de ciertos contactos. Después de todo, los humanos habían dejado atrás un mundo plagado de máquinas, y no eran pocos los animales que se dedicaron a intentar entenderlas y repararlas.
-Es bueno escucharlo. -respondió EV-32, que no pensó más al respecto. La cachorrita había dejado de comer y parecía estar más que satisfecha pues se acercaba a ella con un paso lento y medio adormilado. Dio un largo bostezo mientras llegaba junto a ella, y como empezaba a hacerse un reflejo, la robot se echó frente a la cachorrita, que suavemente se ubicó entre sus patas, con su cabeza reposando sobre el pecho metálico de la máquina. El suave zumbido que provenía desde su interior tenía un efecto especialmente tranquilizador en la pequeña, que, bien satisfecha, parecía prepararse para descansar. -¿Es seguro que descanse aquí?
-¿Mmmh? -para sorpresa de la robot, el zorro también estaba echado y parecía disponerse a descansar. -Sí, relájate. ¿Ves esa colina? -la apuntó con su hocico, casi tendido por completo ya en el césped. -Una vez que la crucemos estaremos en la periferia de la ciudad. Desde ahí, prácticamente ya llegamos. -Roy se recostó boca arriba, despreocupado y estirándose.
-¿Deberíamos ocultarnos para descansar? -preguntó la robot, dando un vistazo alrededor. Había hierba alta que los mantenía relativamente ocultos, pero considerando todo lo que había sucedido, no se sentía muy cómoda con la idea de detenerse sin haber entrado en la ciudad aún.
-Descuida, este es territorio de salvajes y ningún animal citadino vendrá por aquí. A la vez, estamos demasiado cerca de la ciudad para que los salvajes se aventuren hasta este lugar. 32, bienvenida al Yermo. -se estiró de nuevo, y luego recogió las patas en un gesto de pereza. -Yermo, conoce a 32. -el zorro se quedó esperando un “Hola, Yermo” de parte de la máquina, pero no llegó. -Eh, estás aprendiendo.
-Gracias. -contestó ella, que suavemente limpiaba el hocico de la lobita con sus dedos, quitando el resto de los hongos que plácidamente había devorado. La cachorrita había caído dormida sumamente rápido, y aunque la máquina no entendía del todo por qué, sabía que ciertos movimientos y caricias la relajaban. Así que se dedicó a masajear y acariciar con delicadeza la cabecita y las orejitas de la pequeña, ayudándola a tener un sueño reparador. -¿Estamos proveyendo los alimentos apropiados?
-Pues falta leche, todos los cachorros la necesitan. Descuida, yo me ocuparé de conseguírsela una vez estemos en la ciudad. -dijo él haciendo un gesto de “no importa” con una pata.
-Entiendo. -la robot se quedó en silencio un momento, con mucho en qué pensar. -Roy. -dijo luego, y el zorro abrió sólo un ojo para mirarla. -Si estamos cerca de la ciudad, ¿no deberíamos descansar allí?
-No te conviene que nos vean llegar durante el día. -contestó él, con absoluta sinceridad. -La idea es esperar un poco más aquí y entrar en la ciudad por la noche, ojalá durante la madrugada.
-¿Por qué? -la robot no parecía cuestionar abiertamente la decisión, sino que preguntaba con genuina curiosidad.
-Porque eres diferente, 32, y como te dije, que te vean cuidando a una cachorra va a provocar muchas dudas. Los animales van a preguntar mucho, y no saber cómo responder esas preguntas va a complicar más todo. Sólo confía en mí, ¿quieres? Me ocuparé, pero tenemos que hacerlo a mi manera. -dio un bostezo y se rascó el cuello con una pata, plácidamente. -No te preocupes, tengo talento para manejar estas cosas. Yo te avisaré cuando sea prudente seguir en ruta. -dijo tranquilamente, sonriendo, antes de acomodarse de costado. -Deberías tratar de descansar. Seguro que tienes un modo de reposo o algo así, ¿no? ¿Lo has intentado?
-No realmente. -contestó la máquina, en un tono suave. Su atención volvía a centrarse en la cachorra, en la lobita… de algún modo, siempre terminaba volviendo a ella. -Descansa, Roy. -cerró, pues comprendió que la pequeña dormitaba y que el zorro lo intentaría, sin éxito, si ella continuaba hablando.
-Ajá. Tú igual, 32. -dio un largo bostezo, sonriendo, y cerró los ojos, saboreando mentalmente todo lo que tenía preparado para la robot. Era fuerte e inteligente, y eso era justo lo que buscaba. -Y tranquila… este zorro sabe lo que hace. -le guiñó un ojo, gesto que EV-32 no comprendió, y luego se dispuso a dormir un rato.
-Está bien. Confío en ti, Roy. -no hubo respuesta.
EV-32 se quedó pensando en todo lo que había sucedido hasta entonces. Si era posible describirlo así, se sentía inquieta -no por ella, sino por la pequeña. No le parecía prudente descansar en un lugar abierto, pero lo cierto es que Roy parecía tener razón: aunque estaba alerta a cada mínimo sonido y cada movimiento, no parecía que hubieran otros animales al acecho.
Aún así, no bajó la guardia y se mantuvo completamente alerta. Debía confiar en Roy, pero su prioridad era la lobita -ella era su misión y su objetivo principal. Debía mantenerla a salvo. Era su responsabilidad, y cuando oyó a la cachorrita llorar entre sueños, acurrucada entre sus patas, la robot no supo por un momento qué hacer.
¿Debía despertar al zorro? ¿Pedir su consejo? ¿Sería que uno de los hongos sí era venenoso? La idea se instaló en ella y nuevamente volvió a sentir esa urgencia disparándose a lo largo de cada rincón de su mente… pero entonces algo más la movió, y esta nueva voz que empezaba a descubrir dentro de sí la guio.
Los dedos fríos de la máquina se deslizaron con gentil delicadeza por la cabeza de la cachorrita. Como antes, destinó parte de su energía interior y así aumentó la temperatura en su pecho, lo que poco a poco pareció calmarla. EV-32 acercó su rostro al de la cachorrita y, sin entender del todo qué podría estarla guiando, suavemente apoyó la punta de su hocico contra la cachorra.
-Tranquila. Estoy aquí. -dijo movida por eso inexplicable que nacía dentro de ella, y luego agregó: -Tranquila, estoy aquí para ti. -finalmente, dijo algo en un tono dulce que relajó a la cachorrita, y la sumió en un sueño amable. -Pequeña, yo te cuido.
El zorro, que se había movido para darles la espalda, lo oía todo. Por un momento empezó a preguntarse qué era realmente aquella máquina. ¿Cómo iba a mantenerla oculta? ¿Cómo iba a separarla de la cachorra?
EV-32 se mantuvo en silencio después de eso. Estaba quieta pero despierta, y su mente estaba en su propio viaje de descubrimiento. A través de la nebulosa, de ese mar infinito de conceptos que buscaba descifrar, empezó a orientarse una vez más hacia ella, hacia la pequeña. Los humanos se habían ido, pero ella, que se había convertido tan rápidamente en una prioridad, iba volviéndose el centro de sus ideas -pero, ¿no lo era ya, incluso antes de que el zorro revelara la verdad?
La robot pensaba en todo esto y en muchas cosas más mientras el sol empezaba a ocultarse. En momentos como ese, cuando empezaba a cuestionarse, de algún modo parecía olvidar su naturaleza biónica, como si los códigos y la programación pasaran a segundo plano -en momentos como ese, poco a poco iba dejando de ser la unidad EV-32.
Y fue así que no notó el cambio ligero y lento, pero inevitable, en su sistema.
Batería restante: 95%.