Danza de Dragones

Slash
R
Finalizada
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
176 páginas, 99.250 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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"Los rumores son como la pólvora"

Ajustes
—Le juro, señorita Clorinde, de repente por pura casualidad han pasado aventureros y compañeros del Instituto de Ciencias por aquí— el hombre de la armada caminó a la par con Clorinde mientras subían por el camino oeste que daba a donde estaba el área cercada— Algunos han logrado colarse por los puntos ciegos, pero no logran llegar más allá de los autómatas que los detienen en seco para regresarlos por dónde venían. —¿Ya investigaron si hubo alguna filtración al periódico o si alguien de la Guardia esparció información? —Los miembros de la armada no han salido de sus puestos desde el inicio, tenemos suficientes suministros aquí para pasar semanas sin movernos de nuestras zonas, y los guardias que mandó el Duque Wriothesley del Fuerte se la pasan más tiempo jugando cartas que buscando chismosos para decirles información confidencial. —Eso no es bueno de ninguna forma. —Lo sé, ya les pedimos poner atención y estar atentos a cualquier persona que venga por los alrededores, pero se excusan diciendo que es la primera vez en meses que están fuera por tanto tiempo continuo. —Hablaré con el Duque después sobre eso, por ahora encárgate de mantener la zona despejada hasta averiguar si ese tótem de piedra es una amenaza. Clorinde se giró con elegancia para regresar a la ciudad, no sin antes pensar en darle una visita al "Pájaro de Vapor" a preguntar si alguien había dejado “información anónima” sobre esos rumores de que algo oscuro sucedía en el Condado Liffey. Según algunas notas amarillistas de los periódicos y revistas, la Guardia de la Corte y la Gendarmería Fantasmal estaban haciendo cosas desconocidas en la colina más alta del Condado donde a veces por las noches una aurora de colores extraños se alzaba hasta el cielo para caer en un fuerte golpe de energía haciendo temblar la tierra de forma leve casi imperceptible para quienes no tenían esa sensibilidad a los movimientos terrestres. Encubriendo un supuesto “secuestro” del chico Rosshert, ya incluso la vida del chico había sido dada al público con detalles de su vida laboral en el Instituto de Ciencias, datos que era seguro los tenía la madre del chico quien seguía buscando con ayuda de Spina di Rosula. Se había vuelto un circo en estos días, la oficina se llenó de papeleo sobre demandas y reportes falsos, algunos más exagerados a otros, siendo últimamente el lugar favorito de los ciudadanos para pedir información sobre la zona acordonada solo por conseguir un poco de moras con esas información falsa mal dicha. —De nuevo esa sensación. Neuvillette miró a la ventana una sexta vez en el día sintiendo de nuevo el tirón en su columna hacia aquel tótem extraño de piedra con un lenguaje singular. —Monseur Neuvillette. Él se talló de forma distraída el centro de su pecho por sobre la túnica de juez, como si un dolor inexistente comenzará a nacer ahí al dejar de mirar al horizonte. —Adelante. Los pasos que siguieron al permiso dado del Juez Supremo fueron rápidos, pero unos más pausados venían detrás como si fueran pasos conocedores de ese lugar. O con la habitualidad de estar ahí muchas veces como era el caso actual. Neuvillette al darse la vuelta para mirar a quienes entraron se detuvo viendo a un guardia con su uniforme azul y gorra negra dando un saludo formal antes de darse la vuelta dejando ahí a un lado en total calma a… ¿Furina? El Juez Supremo parpadeó dos veces antes de recuperar su naturalidad ignorando de nuevo el tirón en su pecho. —Miss Furina, una sorpresa verte aquí. Adelante. —Oh, descuida Neuvillette no tardaré mucho con esto— ella sonrió al sentarse en la silla frente al escritorio con esa elegancia natural aun remanente en ella— Estuve escuchando sobre los rumores actuales por lo sucedido en la Colina Liffey, y pensé en una estrategia para calmar a los ciudadanos. —Miss Furina, es usted muy amable por ofrecer su ayuda, pero— él miró a los papeles en el escritorio donde se encontraba uno de los periódicos con ese titular tan llamativo acusando a la Corte de secuestro— Usted ya no ejerce como Arconte, no es necesario que se preocupe por la imagen de la Corte, tiene libertad ahora de ser como usted quiera sin seguir con su actuación. —No es por eso, Neuvillette— con un sutil movimiento para levantarse rodeó el escritorio y apunto como acusando a un niño con su madre hacia la colina lejana— Lo que sea que esté sucediendo ahí tiene a las personas asustadas, y personalmente a mí también, y como una figura pública aún, quiero hacerle saber a los demás que si yo misma fui a ver qué sucedía allá y declararlo como una zona segura puedan estar en paz en lo que resuelven como disipar los rumores. El Juez Supremo cerró los ojos con un suspiro profundo, no por enojo o molestia, sino por esa sensación incesante en su pecho. Abrió los ojos viendo de frente a Furina con cara de cachorra terca y las mejillas infladas cual berrinche. Sin poder evitarlo, Neuvillette soltó una leve risa por esa imagen, aun cuando Furina fuera una humana el resto de sus días seguía con esos hábitos de hacer pequeños berrinches cuando pedía algo en la oficina del Juez o en las calles. Como una pequeña niña descubriendo su lugar en el mundo. —Bien, Miss Furina, irá conmigo para que vaya en persona a ver la situación. Sin tocar nada. —¿Disculpa? ¿Por qué me hablas como si fuera una niña a punto de entrar a una cristalería? —Porque a mi parecer lo es, lo digo sin mala intención, sino como un halago. —¡Que forma tan rara de decir halagos, Neuvillette! A la próxima mejor di algo sobre el día o las palomas. Así Furina se dio la vuelta con paso seguro y las mejillas infladas aun en queja, el Juez Supremo solo negó con una pequeña sonrisa para seguirla. Se detuvo un momento al salir de la oficina cuando el tirón en el pecho fue lo suficiente fuerte para hacerlo tambalear a un lado, como si fuera un desmayo. Fingió lo suficiente bien para hacer parecer que solo se acomodó la túnica unos segundos, al poner su espalda derecha le siguió una respiración profunda. —Esto ya fue suficiente. Apresuró el paso al notar la silueta de Furina con sus brazos cruzados y esa mirada de impaciencia infantil.  

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  El camino se volvió más pesado conforme la colina se inclinaba, Neuvillette se detuvo a medio sendero cuando el camino se alargó más de lo normal. De repente los cien metros recorridos hace cinco días se volvieron trescientos o eso se sintió, con el tirón en el pecho más fuerte a los días pasados, la sensación se volvió peor al estar cerca del tótem de nuevo. No había sucedido eso la primera vez. —Por Celestia, no puede ser, el camino es eterno ¡¿Desde cuándo caminar se volvió tan pesado?! El Juez alzó la vista hacia la chica, ella hacia una rabieta en medio camino, por un segundo él juró verla patear el suelo con fuerza dándole un golpe con ese mismo pie a una roca lanzandola a un lado. Cerró los ojos unos segundos recuperando el aliento antes de levantarse erguido con las fuerzas renovadas, asintió a sí mismo dando pasos firmes hasta Furina poniéndole una mano en el hombro para con un pequeño empujón solemne motivarla a seguir el camino cuesta arriba. Después de al menos veinte minutos llegaron a la cima de la colina donde varios científicos ya estaban calculando datos con sus libretas en manos, Neuvillette alzó la mano en señal de aceptación cuando uno de los hombres del Fuerte Meropide, mandados por el Duque, se adelantó con intenciones de detener a Furina cuando la chica miró con curiosidad al tótem de piedra. —Situación. La voz amable de Neuvillette con ese toque profundo hizo poner derecho a uno de los guardias que se encontraba en media merienda con su sándwich en la mano. —Nada nuevo, se mantiene a niveles estables en estos momentos, cuando hay alguna anomalía en las Líneas Ley es cuando ocurren las sacudidas. Neuvillette asintió de nuevo sin esperar un tirón segundos antes de abrir la boca para preguntar sobre la situación con los transeúntes que iban a echar vistazos a los alrededores. Como si fuera un evento sincronizado a su tirón inoportuno, la silueta de Wriothesley junto a Clorinde aparecieron en su campo de visión a paso tranquilo a diferencia de la situación actual. Dando su mejor intento de sonrisa neutra miró a ambos. —¿Trajiste a una civil a ver la zona prohibida? Neuvillette asintió de nuevo hacia el Duque con una leve pausa, el dolor del tirón seguía en su pecho. Su mano se movió de forma inconsciente hacia su centro, el movimiento sutil de acomodar su moño sirvió para hacer presión rápida en el camino. —Miss Furina dijo que los rumores entre los ciudadanos se estaban descontrolando un poco, así que al ser aún ella una figura pública en estos días, si aclara sobre que aquí no hay secuestros ni rehenes sino solo un tótem nos daría tiempo para disipar esos “chismes” —Una buena estrategia, al estilo Furina. Clorinde miró a la chica con ojo atento, alguna vez la miró como su superior e incluso como su Arconte, pero verla ahora solo como una chica común aun desestabilizaba a algunos. Solo un poco. Mientras la plática sobre la situación se acomodaba entre las tres figuras de autoridad, Furina con la curiosidad de un pequeño gato se acercó al tótem sin tocarlo. Recordando las palabras de Neuvillette de no tocar nada por precaución, en caso de cualquier reacción de la piedra. Miró los grabados en la superficie lisa de esa piedra oscura con brillos etéreos color pastel, no era un idioma de Teyvat ni algún otro conocido de civilizaciones antiguas a las naciones actuales, incluso parecía como si hubiera sido tallado por manos expertas para crear líneas rectas sin necesidad de una regla. Furina frunció el ceño al verlas más de cerca.  

ᛞᚱᛖ<ᚫᛚᚫᚾᛞ

 

Ella ladeó la cabeza hacia un lado, ni siquiera tenían silabas o letras como para intentar leerlo con mala pronunciación. Dio un paso a atrás con una mano en su cintura y otra en su barbilla, pensativa como si de repente las líneas se volvieran palabras si las presionaba a cambiar de forma con la mirada. —Esto no tiene nada de malo, pero la sensación de incomodidad es demasiado alta para decir que solo es una piedra. —¿Piensas lo mismo que yo? Furina se giró con calma encontrándose a Wriothesley con el mismo ceño fruncido al mirar el tótem, solo era una estructura rocosa con un brillo inusual, pero se sentía como si de repente fuera a cobrar vida para comerse a los presentes. —¿Qué algo no cuadra con el aire alrededor de esta cosa? —Sí, he visto demasiadas cosas inusuales estando en el Fuerte Meropide y algunas criaturas de las profundidades del lago de Fontaine, pero esto me da mala espina por alguna razón. —Al menos no es como que vaya a cobrar vida en un segundo para comernos ¿No? La sonrisa de esperanza en la cara de Furina se desvaneció poco a poco conforme la cara del Duque seguía con las cejas fruncidas, si incluso el Duque del Fuerte Meropide estaba angustiado en silencio por esto significaba que era algo serio en su totalidad. —Así que esto es lo que ocultaban ¡Ajá! La voz entusiasta con algo de seguridad los hizo girar sobre sus talones a los presentes, incluyendo a los científicos quienes estaban en media medición del suelo al ver lecturas escalonadas con predicciones sobre un temblor inminente de nuevo. —Navia ¿Cómo lograste pasar a los guardias? Clorinde ganó las palabras de la boca de los demás al ver parada con tanta seguridad a la chica de cabello rubio con una mano alzada acusando al grupo en general sin apuntar a alguien en específico. —Con mucha estrategia y algunas promesas inocentes ¿Qué está sucediendo aquí? —Una investigación sobre un montículo de rocas. —Duque Wriothesley dudo que eso sea la verdad detrás de tanto misterio y confidencialidad de parte de la Corte. —Es cierto, mira. El Duque señaló al tótem inactivo de brillos pastel, Navia al verlo solo dijo un pequeño “oh” de realidad al notar que en realidad eso era lo único confidencial en la zona. Aun con eso, ella se cruzó de brazos al ver al Juez Supremo quien se mantuvo en calma ignorando el tirón en su pecho que aparecía cada minuto. —¿Y por qué usted, Monseur Neuvillette, no quiso darme el expediente del caso si solo están investigando un tótem? Él miró a un lado pidiendo de forma sutil ayuda a Clorinde para dar una explicación sin tener que meter en el asunto sobre la desaparición del chico Rossher, pero ella solo se encogió de hombros sin saber una respuesta convincente. Ella sabía cómo era Navia cuando estaba en plena investigación, no iba a creerse mentiras ni caer en excusas vacías. La mejor opción era decirle la verdad. —Por que ciertamente el tótem es parte de la desaparición del joven llamado Rossher. —¡Ajá, lo sabía, la Corte estaba escondiendo información sobre él y-! —El joven Rossher se convirtió en el tótem. —¿Perdón? Navia miró a Wriothesley y a Clorinde esperando alguna frase como de “Es mentira, solo estaba jugando su Señoría” pero no llegó, y cuando miró a Furina, ella estaba igual de estupefacta como ella. —Disculpa, Neuvillette ¿Qué dijiste? —Rossher se volvió el tótem, una explosión de energía ocurrió hace cinco días cuando se registraron las anomalías en las Líneas Ley, un brazo de luz emergió atrapando al científico Rossher para convertirlo en el tótem. —¿Qué? Navia frunció más el ceño con la expresión más confundida que pudo hacer en un momento de shock, Furina dio pasos al frente para decirle algo al trío de autoridades sobre la situación cuando uno de los científicos Senior alzó la voz con urgencia. —¡Sacudida inminente! A los dos segundos el suelo tembló con más fuerza a las anteriores derribando de nuevo las máquinas, creando grietas en el suelo, ocasionando gritos de los científicos más jóvenes y algunos Guardias. Lo único diferente fue Neuvillette, como si estuviera poseído por algo, sus pasos firmes sin perturbación alguna por el temblor se fueron acercando al tótem alzando una mano sin duda alguna a la superficie lisa que brillaba más fuerte ahora.  

“Ven. Acércate. Regresa”

 

Las voces de los demás se volvieron ruido en sus oídos, susurros innecesarios cambiados por estática conforme más se acercó al tótem. Su mano se posó firme en la superficie, solo un destello deslumbrante a los ojos de los demás bastó para dejar en segundo plano la figura del Juez Supremo siendo absorbido por la grieta, antes de empezar el pánico colectivo por los brazos de haces de luz dando latigazos al alrededor del tótem buscando algo o alguien como la primera vez. —¡Cuidado! Navia se agachó a tiempo al ver uno de esos brazos de polvo lanzarse cerca de ella, pero Furina decidió correr en el momento inoportuno siendo agarrada por uno de los látigos de luz. —¡Miss Furina! —¡Ayúdenme! La chica gritó con tanta fuerza sintiendo sus pulmones doler por la inhalación de aire, el pánico mezclado con desesperación en sus ojos fue tan expresivo como una roca roja en el río más cristalino. Clorinde no dudó un segundo en saltar a su rescate, alcanzó a tomarla del brazo cuando otro haz de luz la agarró con una rapidez increíble a ella llevándose a ambas a la grieta, Wriothesley maldijo al aire antes de mirar a Navia, ambos asintieron como si se hubiera puesto de acuerdo mentalmente. Sin más duda ni miedo ambos corrieron a la grieta, saltaron sin necesidad de ser agarrados por un haz de luz desapareciendo en un fulgor de polvo plateado. Solo entonces los brazos de haces desaparecieron junto al temblor, de nuevo las herramientas de medición registraron calma en sus lecturas.   Los cinco habían desaparecido en polvo y brillos.
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