Danza de Dragones

Slash
R
Finalizada
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
176 páginas, 99.250 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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"Drekaland"

Ajustes
La sensación de caída al aire libre fue suficiente para hacerle abrir los ojos a Furina, tomó una bocanada de aire buscando con la mirada donde sujetarse. Nada. Solo viento pasando por sus orejas dándole esa sensación temporal de sordera con el inminente destino de estrellarse en alguna superficie, pero ni eso podía ver. Había niebla, demasiada, como si las nubes se hubieran unido para crear una barrera visual hacia el suelo. Un grito limpio, casi afinado, salió de su boca al sentir otro ataque de pánico creciendo en su pecho. —¡No quiero morir, no quiero morir, NO QUIERO MORIR! Otro grito más fuerte la hizo toser al final, en su desesperación no vio el relámpago violeta que se movía entre el aire a velocidades fuera de lo común. Un jalón le hizo dar otro grito a Furina antes de sentir los brazos en su cintura dándole esa sensación de seguridad. —¡Clorinde! —Sujétate. Así ambas bajaron a suelo firme entre destellos de luces violetas envueltas en relámpagos gracias a la visión Electro de la verduga del justiciazgo, solo entonces Furina pudo pisar suelo firme dejándose caer de rodillas apoyando sus manos frente a ella. Una columna de hielo se forjó como una rampa para darle paso al Duque que derrapó hasta tocar el suelo árido del lugar, aun en el aire bajaba la jefa de Spina di Rosula con una confianza completa en su paraguas. Tambaleó un poco en un vaivén suave debido a una sutil corriente de viento, pero al aterrizar se echó el cabello hacia atrás cerrando su paraguas. —¡Qué clase de entrada! Aventarnos desde el cielo para caer sin ningún rasguño. Navia sonrió al ponerse el paraguas sobre el hombro mirando a los otros tres. Furina parecía a punto de vomitarse mientras que Wriothesley y Clorinde suspiraron en algo similar a la calma al mirar a su alrededor. Una meseta seca con tierra cobriza sin una pizca de plantas o al menos rocas pequeñas, era un corte limpio en lo que seguro alguna vez fue una pequeña montaña si se le podía llamar pequeño a la superficie de medio kilómetro de diámetro. Rodeados de un colosal mar negruzco cercado de niebla donde no se veía más allá de unos cuantos metros de la orilla de la meseta, en una de las orillas estaba esa figura delgada de túnica azulada con cabellera blanca y dos antenas bioluminiscentes azules. Mirando a la nada en contemplación, o trance. —Su Señoría. Clorinde habló en voz neutra antes de acercarse a paso lento, se detuvo al quedar hombro con hombro con ese Juez silencioso en su mirar al horizonte. —Neuvillette. —Tenemos que ir hacia allá. —¡¿Allá donde exactamente, Neuvillette?! — Furina se acercó a paso rápido ya recuperada de su crisis anterior por la posible muerte por gravedad— ¡No hay nada, no se ve nada, solo hay agua! —No, allá— Neuvillette alzó su dedo índice apuntando con mucha seguridad con una expresión tan calma que le hizo retroceder un paso a Clorinde— Más a lo lejos de la bruma, hay vida. —Bueno, suponiendo que su Señoría dice la verdad— Navia caminó con Wriothesley a un lado— No podemos cruzar el mar a pie, a menos que cierto Duque haga un camino Cryo como un pequeño y temporal puente. —¿Yo? Me cansaría a mitad del camino, yo sé que me veo fuerte y capaz de arreglar cualquier problema, pero tampoco soy un Arconte. —Iremos nadando. Los cuatro se giraron de golpe hacia Neuvillette, él no esperó comentarios o quejas cuando sin temer por su vida dio un salto al agua cayendo a más de quince metros de altura dejando atrás el grito de sorpresa de Furina junto a la petición de tiempo de Navia quien se acercó a la orilla arrodillándose en un intento inútil de buscar la figura del Juez entre la bruma. —Si Neuvillette no sale del agua ¿Cómo le explicamos a los ciudadanos de Fontaine que el Juez Supremo se despareció? —Wriothesley no es momento de bromas. —Es una suposición, Miss Clorinde, no una broma— el Duque aclaró con voz pausada como si estuviera hablando del clima. El sonido de agua salpicando los distrajo de la discusión, de entre la bruma apareció una cabeza inmensa de iris violetas con ese brillo sobrenatural de cuerpo alargado de escamas blancas que se convertían en azul profundo, los dos pares de antenas biolominiscentes brillaron con mayor fuerza al ser sacudidas por su dueño. —¡¿Qué es eso?! —¡Todas, detrás de mí! Wriothesley se puso como escudo de las tres chicas, aunque dos podían fácilmente defenderse a diferencia de una que se aferró con fuerza al abrigo que el Duque llevaba en los hombros. El ser colosal dio un rugido similar a una risa antes de hablar en una mente colectiva hacia los cuatro. —“Había olvidado que ustedes no están acostumbrados a esta forma mía y es la primera vez que me miran así” —¡¿Neuvillette?! Dijeron casi tonos al unísono con sus bocas, dejaron de estar en defensa para acercarse a la orilla donde el gran Dragón de Agua se apoyó con sutileza para dejarlos subir a su cabeza. —Sabía que eres un dragón, pero no uno ¡Tan grande! —¡Yo ni siquiera sabía que eres un dragón! —Navia, su Señoría tiene orejas puntiagudas y pupilas elípticas ¿Eso no era suficiente sospechoso? —¡Yo no lo veo casi todos los días, Clorinde! Y tampoco me pongo a verlo de cerca. —¿No lo haces? —Wriothesley. —Ya, ya, está bien. Así el grupo se subió a la cabeza del dragón de hermosas escamas níveas, con cuidado Neuvillette se movió por el agua sumergiéndose lo necesario para dejar solo su cabeza por encima de la superficie, nadando con una agilidad natural para recorrer distancias largas. Dando un leve rugido de queja cuando Furina se sujetó con mucha fuerza de una aleta dorsal pidiendo ella perdón en seguida por el jalón.  

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  —Estoy muy segura que ya llevamos más de tres horas nadando sin encontrar nada de vida. Furina comentó al aire al estar de pie cerca de la frente del dragón acuático, Clorinde se acercó con paso cauto mirando la bruma a la izquierda, derecha, de frente y detrás. Era cierto, no había forma de contradecir a la ex-Arconte pidiéndole paciencia o incluso dándole una evidencia de lo contrario. —¡Tengo hambre! —Wriothesley— la verduga le miró de reojo al Duque como si fuera una mamá regañando a su hijo por desesperado. —¡Perdón! Él se giró a ver a Navia con una risa cómplice, ambos se rieron con libertad antes de callarse en seco por otra mirada de Clorinde. Los dos sentados con sus piernas juntas jugando con sus dedos con la cabeza agachada antes de reírse un poco, al menos dos personas le veían en lado divertido a la situación. —¡Allá! —Navia, no le sigas la corriente a Wriothesley. —¡No, Clorinde, allá miren! Navia se levantó de un salto para llegar a donde estaban las otras dos chicas apuntando a lo lejos donde la bruma se disipaba lo suficiente para dejar ver una orilla de algún acantilado donde a unos metros más se levantaban los arboles altos, tal vez robles, creando una zona verde poblada. Navia y Furina se abrazaron dando grititos de alegría como si acabaran de ser proclamadas las ganadoras de la lotería, Clorinde solo se cruzó de brazos mirando la orilla con Wriothesley a su derecha dando un chiflido largo. Neuvillette no necesitó oír la petición para virar hacia allá en una curva tan suave como la mantequilla derretida, teniendo cuidado al alcanzar el acantilado con la cabeza y alzada para acercarse a la orilla. El grupo bajó de un salto hacia el pasto, el dragón subió con un salto elegante a tierra firme apoyando sus aletas delanteras como lo haría una foca, mirando por encima de los árboles con cautela. —“El aire huele diferente, no se alejen mucho” Así ha paso algo torpe el dragón acuático avanzó por tierra con el grupo de cuatro a su costado, cuidando de no quedar en el camino del reptil para no morir aplastados por accidente. El bosque se fue volviendo más frondoso con arbustos, el césped crecido a más de medio metro ocultaba demasiados animales pequeños, entre ellos ranas que al sentir movimiento brincaban a cualquier lado causando gritos de sorpresa de parte de Furina. Solo una vez se asustó Wriothesley, por estar atento a los alrededores no vio al frente chocando con Furina causándole un grito a la chica que originó un grito en el Duque más por sorpresa. El bosque se abría de golpe a un valle enorme con lagos, algunos grupos pequeños de antílopes con cuernos platinados y unos cuantos venados al fondo cerca de la laguna más ancha de la zona. Los animales alzaron la cabeza al segundo de oír el movimiento entre la maleza limitante del bosque al valle, corrieron sin dirección al ver la majestuosa imagen del dragón acuático causando berridos en los venados que hicieron correr a los demás herbívoros. Pastos verdes combinados con tonos amarillos hasta donde el viento soplaba alzándose por los relieves, riachuelos que conectaban los lagos más pequeños con los grandes en una red de cavernas subterráneas donde los peces más curiosos se escondían al sentir las vibraciones de pisadas en las orillas. Cielos tan vastos adornados de nubes blancas esponjosas dándole un tinte idílico al paisaje, una zona virgen sin un solo rastro de vida humana en sus alrededores. Una utopía de fantasía literaria. —Este lugar es como una…— la voz asombrada de Furina sonó suave al ser la primera en hablar— Una kinografia de cuento de hadas, la luz, el paisaje, el viento fresco al tacto. Esos colores tan vivos… ¡Es un escenario perfecto! —No puedo creer lo que estoy viendo— Navia dio unos cuantos pasos al valle despejado de maleza alta, sus tacones haciendo un ruido tan suave contra el pasto— Es otro mundo. —Es la primera vez que veo algo así, y seguramente será la única vez. El Duque sonrió al poner sus manos en su cintura con la mirada en los cielos, disfrutando de la vista tan pintoresca del lugar. Neuvillette no dudó un segundo, al ver el lago más grande se acercó a la orilla con pasos algo lentos debido a sus aletas. La única desventaja de ser un dragón leviatán en tierra, moverse como una foca hasta encontrar agua para nadar con fluidez. El dragón metió su cabeza al lago más cercano, encontrando una fauna sin igual para ser un pequeño cuerpo de agua. Rocas en el fondo sobre arena blanca habitada por plantas de lo más llamativas de colores verdes, azules y naranjas protegiendo a algunos peces pequeños. Viéndolo desde la perspectiva del dragón, para un humano el tamaño de esos peces sería de al menos medio metro. —“Interesante, la fauna es abundante incluso en un lugar tan reducido como este” El sonido de la voz de los demás fue amortiguada por el agua al estar Neuvillette aun con la cabeza sumergida disfrutando de la vista de esos peces de colores marrones acercándose a él como identificando qué clase de criatura era. Él no escuchó el aviso de alarma hasta sentir un empuje poderoso a su costado lanzándolo unos metros lejos de esa laguna, con la cabeza fuera al fin pudo escuchar los gritos de Clorinde y Navia anunciando peligro. —¡Neuvillette! El dragón giró su cabeza al instante encontrándose de frente con las fauces de un animal o ser igual de grande a él, con un aletazo lo hizo a un lado pudiendo girarse para bloquear otra mordida a su cuello. El Juez Supremo de Fontaine no debía actuar como un juez ni un ser disfrazado de humano, debía actuar como un dragón completamente para frenar al ser y someterlo. Neuvillette lanzó una mordida con un gruñido, recibiendo un zarpazo en su hocico, un aletazo en su costado seguido de un golpe de la cola de esa criatura en su aleta trasera tumbándolo de lado. Solo entonces sin estar encandilado por la luz del sol pudo verlo con claridad.   Un dragón.   Otro de su clase, de otra raza. A diferencia de Neuvillette con su cuerpo de leviatán en tierra firme, el otro dragón poseía escamas verdes tan suaves como el tronco joven de un árbol de jobo cubierto de musgo blanco en varias partes de su cuerpo. Alas medianas de membranas ambarinas igual al color de la resina con venas delgadas, su cola en látigo protegida por raíces de árbol creando púas. Hocico chato de colmillos fuertes que sobresalían de la quijada y ojos de colores verdes tan profundos como la jungla. Cuerpo delgado cual serpiente, pero con más gracia al girar sobre sí mismo para lanzar zarpazos certeros a los costados de Neuvillette sin desgarrar la carne, aún. —“¡Detente, no vengo como amenaza!” El dragón leviatán gritó lo más fuerte posible en su mente mirando a los ojos al otro dragón, pero este solo le rugió al agazaparse para dar un salto tomando por la cabeza al leviatán para azotarlo contra la tierra. La garra en su cabeza hizo detener a Neuvillette con la impotencia en su pecho, bufó varias veces cuando las otras tres patas del dragón lo inmovilizaron en cuestión de segundos. Desde el inicio no iba a poder ganar el leviatán, nunca había peleado contra otro dragón de forma tan hostil. Ni siquiera peleado en general, de hecho, no pensó en ningún momento encontrarse con otro dragón. —“No te muevas” La voz del dragón retumbó con fuerza en la mente del leviatán en un sonido profundo como el motor de una máquina en movimiento dando traqueteos, fue directo y amenazante. El rugido fue aún más atronador al estar el hocico del dragón tan cerca de la cabeza del leviatán, seguido de otros rugidos a la lejanía igual de potentes. Esa no fue su preocupación de Neuvillette, su corazón latió más rápido al oír a los demás retrocediendo bajo la orden firme de Wriothesley acompañada de gritos nerviosos de Furina con las amenazas de Navia sobre alejar algo de ellos, el sonido metálico de la espada siendo desenfundada de Clorinde fue suficiente para que los ojos del leviatán buscaran al grupo con la poca disponibilidad de mover su cabeza sin sentir las garras del dragón clavarse en su cráneo. Ahí estaban los cuatro, retrocediendo en grupo con sus armas en alto con la inmensa cabeza de otro dragón asomándose por los árboles, siseando cual depredador a punto de saltar para acabar con su presa sin juegos. —“¡No los lastimen, ellos no son peligrosos!”— Neuvillette intentó levantar su cabeza para mirar al dragón encima suyo consiguiendo que su cabeza golpeara de nuevo la tierra con una queja de dolor— “¡Por favor, no les hagan daño!”“¡Eso tu no lo decides, paria!” Otros dos dragones de escamas blancas tornasol aterrizaron cerca de ellos, delgados cuales plumas y rodeados de la ligereza de una gracias a las crestas de cabellera aguamarina que iban desde sus crines hasta las puntas de sus colas, sin alas en sus lomos los hacían ver más largos a los de escamas verdes con musgo blanco. Sisearon de igual forma al grupo antes de lanzarse a agarrarlos con las garras, como un gato agarrando un ratón sin mucho esfuerzo. —“¡Alto, no lo hagan!”— Neuvillette sintió una fuerza nueva emergiendo desde su pecho hasta sus aletas, cola, cresta y su mente revuelta en preocupación y alarma. Sus antenas brillaron junto a sus aletas, el agua en su interior se volvió un huracán a punto de despedazar cualquier cosa a su alrededor. Con una fuerza soberana se quitó de encima al dragón con musgo blanco dándole un coletazo enrabiado en su hocico noqueando al reptil, se fue de lleno contra los dragones blancos quitándoles de las garras a los humanos que cayeron ilesos al pasto entre gritos de sorpresa y quejas. Con una autoridad más allá de lo terrenal, Neuvillette se irguió en sus aletas delanteras abriendo su hocico ya con el agua de los lagos comenzando a levitar en el aire en dirección a los colmillos del leviatán. El rugido fue primero antes del ataque en forma de chorro de agua hirviendo hacia el otro dragón con musgo blanco y los dos dragones blancos, chillaron entre siseos retrocediendo entre saltos y movimientos torpes, solo entonces Neuvillette volvió a rugir mirando a los cuatro dragones unos segundos a cada uno. Su rugido no fue como el de los monstruos en las películas, sino más agudo como una flauta dulce. Acompañado de tonos bajos muy ligeros. Aun así, sin ser profundo o en tonos graves, fue suficiente para hacer retroceder a los otros dragones dejándolos atónitos por unos segundos. —“Acérquense de nuevo si son tan osados” Por un segundo a Neuvillette no le importó mostrar esa faceta tan poco humana o carente de elegancia, debía proteger al grupo de sus iguales si no quería cargar con la consciencia intranquila si alguno de ellos resultaba lastimado. Con esa misma seguridad enseñó los colmillos una segunda vez al escuchar los pasos de uno de los dragones con musgo blanco rodearlo, girándose de golpe para sisear con sus colmillos a la vista dispuesto a lanzar la mordida. —“Es un Soberano…”“Es el Soberano del Agua…”“¿No estaba perdido el Soberano del Agua?”“¡Increíble! El Soberano del Agua regresó a casa” Las voces emocionadas de los cuatro dragones retumbaron en la mente de Neuvillette como moscas molestas, sacudió su cabeza para quitarse esa conexión sin mucho éxito. Un gruñido de molestia salió desde su garganta cuando escuchó más comentarios sorprendidos de ellos seguidos de dudas. —Neuvillette ¿Qué están diciendo? La voz de Wriothesley lo hizo bajar la vista un segundo para acercar su cabeza a los cuatro humanos bajo su protección. Como pudo intentó pensar con claridad para comunicarse con ellos, escuchando en segundo plano las voces irritantes de los otros cuatro dragones. —“Sobre el regreso del Soberano del Agua, supongo hablan de mí, pero se cuestionan por qué estoy protegiéndolos a ustedes si son humanos y yo un dragón” —Eso nos pone en una muy mala posición, hablando de mi parte— Navia puso su mano sobre su pecho mirando a los cuatro dragones quienes se miraban dando siseos agudos y alegres. —¿Y si nos presentamos? Digo— Furina alzó una mano con algo de nervios, pero con una sonrisa decidida— Si consideran a Neuvillette como uno de los suyos donde es un Soberano que, al parecer un cargo superior aquí, no nos atacarán de nuevo. —No lo veo como una mala idea. Clorinde guardó su espada antes de ser la primera en dar unos cuantos pasos al frente sin salir del perímetro de protección del leviatán, se aclaró la garganta y habló lo suficiente fuerte con claridad al tener la atención de los otros cuatro dragones. Quienes solo agacharon la mirada para verla. —Supongo ahora podemos hablar con tranquilidad— la verduga hizo una leve inclinación de cabeza, regresó la vista a los cuatro seres escamosos que la miraban expectantes— Saludos. Mi nombre es Clorinde, verduga del justiciazgo en la Corte de Fontaine, aunque supongo en este lugar no conocen nuestra ciudad. Como cachorros entendiendo a su mamá, dos dragones se le quedaron viendo unos segundos con parpadeos lentos, uno de ellos resopló sin tantos ánimos y el ultimo ladeó la cabeza a un lado. —“¿Qué es un ‘justiciazgo’?”“¿Fontin…? ¿Fontana…? ¿Qué idioma es ese?” Así los cuatro dragones comenzaron un debate entre ellos sobre términos extraños y posibles significados de esas palabras, el único capaz de oír ese debate era Neuvillette quien sacudió su cabeza una segunda vez como si eso pudiera callar las voces de esos cuatro. Bufó frustrado al seguir escuchándolas solo un poco más bajas. —Creo que les he generado más dudas a ellos con eso que darme a entender. —Mi turno mi turno. —“No, por favor no” Navia se acercó hasta donde estaba parada Clorinde con una sonrisa en su rostro, se aclaró la garganta para hablar de la forma más jocosa amigable cuando los cuatro dragones miraron de nuevo hacia adelante. —¡Un honor conocerlos! Soy la líder, jefa, presidenta, comandante y responsable de Spina di Rosula— la chica rubia alzó su mano con la otra en su cintura tomando una pose más alegre— Llámenme Navia. De nuevo los dragones se quedaron quietos ahora los cuatro ladeando su cabeza a diferentes lados, se miraron entre ellos de forma lenta preguntándose de donde sacaban tantas palabras extrañas las dos humanas. Neuvillette solo quería dejar de oírlos en su cabeza. —Bueno, si es así entonces— Furina dio pasos al frente tomando una bocanada de aire profunda con una sonrisa en su rostro, como si fuera a punto de dar una de sus mejores actuaciones se paró al lado de Clorinde— ¡Presentando a la celebridad más conocida de…! Eh ¡Fontaine! Aunque ustedes no sepan dónde queda ni donde es. Yo ¡Furina! Un placer. La chica alzó ambas manos al aire como haciendo un arcoíris para terminar en una inclinación teatral de lo más elegante, cuando alzó la vista de forma disimulada sonrió al ver a los cuatro dragones parpadeando de nuevo. Sin vergüenza alguna apuntó hacia Wriothesley quien se mantenía de brazos cruzados un poco más atrás. —Y ese de ahí es Wriothesley— ella lo dijo sin tanto ánimo. —¡Oye!
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