“Ven, ven”
Él caminó más al ventanal dejando de lado el archivo que leía con detenimiento hace segundos, abrió las puertas del balcón buscando con sus pupilas elípticas a donde sentía esa voz dulce, como un arrullo salvaje donde su alma pedía ir en desesperación. Los dedos le chispearon al alzar la mano por sobre el barandal buscando agarrarse a algo inexistente, un olor diferente al aroma de la ciudad golpeó sus fosas nasales tan agudas. El golpe en las puertas lo distrajo, regresándolo a la realidad de donde estaba. —Adelante. Su voz neutra con tonos profundos dudó por unos segundos, pero se giró fingiendo naturalidad al ver a la mujer con uniforme de verduga del justiciazgo con su espada enfundada al costado, su andar calculado se detuvo a la distancia respetuosa. —Monseur Neuvillette, hay informes provenientes del Instituto de Ciencias que son de asunto crítico. —Miss Clorinde, un reporte inusual viniendo de usted ¿Fue de forma voluntaria a investigar? —Al inicio no, lo hice cuando apareció una veta extraña en el suelo cerca del Condado Liffey con rastros de energía de las Líneas Ley, una anomalía peligrosa según los medidores de los científicos. —¿Peligrosa a que nivel? —Suficiente como para romper los instrumentos. Neuvillette se giró sobre sus talones al sentir de nuevo ese tirón en su espina dorsal, intentó ser sutil con el giro fallando en el proceso al dar un respingo de sorpresa. De nuevo esa sensación chispeante en sus dedos sin necesidad de alzar su mano, algo ajeno a ese mundo de Teyvat intentaba comunicarse con él. El suspiro profundo abandonó su garganta cuando miró de nuevo a Clorinde, quien se mantuvo ajena al comportamiento inusual del Juez Supremo fingiendo no verlo actuar en sorpresa, ella se enderezó de forma sutil poniendo sus dos manos detrás de su espalda con ese gesto en espera de una orden. —Iré en persona. Así los pasos de ambos resonaron con prisa disimulada por los pasillos del Palacio Mermoria hasta la salida, ahí no necesitaron verse tan calmos como si no llevarán prisa. Pudieron apurar un poco su andar al llegar a la salida norte de la ciudad antes de correr cuando se sintió un tirón general de energía a lo lejos, algo le sucedía a las Líneas Ley y solo podía ser una razón en ese momento después de lo sucedido hace meses atrás por la muerte de la Arconte Focalors. El Abismo. Aun cuando Neuvillette había recuperado su poderío de Dragón Primordial eso no detenía al Abismo de moverse cuando la ciudad apenas regresaba a su curso normal.⸻ৎ୭⸻
Los científicos Senior del Instituto de Ciencias de Fontaine tenían instrumentos montados alrededor de la veta en la cima de una de las colinas en el Condado Liffey, a unos metros de distancia de estos cuando uno de los flujos de la abertura lanzó un latigazo a cualquier ser u objeto cercano. Estallando en pedazos varios de los costosos mecanismos dejándolos en escombros, a diferencia de los flujos morados y oscuros de los cuales se identificaban las aberturas del Abismo, esta veta contenía colores más antiguos. Más etéreos con brillos plateados, incluso acercarse a este poder bruto saliente del suelo daba la sensación de ligereza en el cuerpo antes de sentir la falta de oxigenación al cerebro. Una anomalía poderosa sin lugar a dudas. Neuvillette subió primero por el camino con Clorinde detrás suyo, para cuando ambos alcanzaron a ver los flujos que ascendían en el aire como dedos alargados otra explosión hizo temblar la tierra, más agresiva a las anteriores. —Ah, pero si es su Señoría Neuvillette, que honor. El nombrado se giró de forma calma hacia el hombre con traje de corbata roja y ojos celestes, su tono despreocupado como si estar ante una veta inusual frente de ellos fuera algo del pan de cada día le hizo fruncir el ceño al Juez Supremo. —Wriothesley, deberías de estar en el Fuerte Meropide. —Estaba en tiempo pasado, su Señoría, pero justo cuando decido salir a un paseo tranquilo para ver un poco más allá de paredes metálicas y agua me encuentro con algo subiendo al cielo de colores singulares— Se ríe de forma socarrona encogiéndose de hombros— No todos los días se ve algo como esto, así que me acerque a ver si podía ayudar en algo. —Dudo eso fuera prudente, Duque. Wriothesley se giró hacia Clorinde con esa sonrisa confiada en su rostro como si esto no fuera un nivel alto de peligro, más cuando el aire comenzaba a formar corrientes de vacío a su alrededor de la veta con sus dedos alargados. —¡Retrocedan todos! El grito de uno de los científicos toma a los presentes por sorpresa, para cuando logran dar cinco pasos atrás en diferentes direcciones un largo látigo de luz blanca con brillos verdes lanzó por los aires a cinco personas junto a sus equipos de medición. El sonido del metal golpeando la roca fue más fuerte a los gritos de las personas al caer al suelo, Clorinde pudo atrapar a dos antes de verlos salir volando colina abajo, el Duque alcanzó a uno por pura suerte al tener reflejos rápidos. Neuvillette había tomado a los otros dos en el aire cuando ese mismo látigo agarró a uno para usarlo como comida siendo tragado por la veta, brilló con fuerza antes de crear una explosión de luz. Como una estrella muriendo después de una larga vida, la veta se cerró dejando un tótem de piedra en un idioma desconocido ajeno a Teyvat, podía ser antiguo o incluso de otra clase de civilización. El Juez Supremo se quedó viendo al tótem como si eso regresará a la persona consumida por la luz, al pasar minutos de silencio expectante habló con firmeza. —Nadie que no tenga la autorización se acercará a esta zona ni a esa columna de rocas hasta saber con qué lidiamos. Clorinde asintió en seguida ya tomando la orden mental para comunicársela al equipo bajo su orden, vigilar el perímetro sería lo primero en la lista de acciones a tomar. Wriothesley asintió por igual hablando con los investigadores sobre mandar a algunos de sus hombres del Fuerte Meropide para ayudar con la escolta. Pero esas conversaciones eran solo ruido en los oídos del Juez Supremo, a un lado de forma casi hipnotizada, Neuvillette estaba en silencio mirando al tótem con inscripciones. La sensación chispeante en sus dedos regresó con fuerza, el tirón en su espina dorsal se pasó a su pecho a la altura de su corazón. Fuerte y constante. Sus antenas de ese bello azul cielo comenzaron a brillar de esa forma singular cuando él dio un paso involuntario hacia la columna rocosa, los costados de su túnica que simulaban aletas de su origen draconico también brillaron con fuerza cuando Neuvillette volvió a dar otro paso inconsciente. —Neuvillette. La verduga del justiciazgo lo tomó del hombro sacándolo del trance, él se giró parpadeando varias veces regresando al presente con su apariencia de nuevo a la normalidad. Sus antenas siguieron brillando solo de forma más leve, junto a esa sensación chispeante en sus dedos. —Su Señoría ¿Todo bien? El Juez Supremo solo asintió en un intento de verse solemne cuando su rostro se volvió expresivo con el ceño fruncido junto a sus labios en una delgada línea de confusión, sus ojos violetas azulados se desviaron de reojo al tótem antes de asentir de nuevo de forma más segura.“Acércate y acepta”
Él solo suspiró profundo cerrando sus ojos al escuchar de nuevo esa voz dulce en su mente, sacudió su cabeza un poco antes de irse con Clorinde para despedirse rápido del Duque, así ellos se fueron con dirección a la ciudad de Fontaine.⸻ৎ୭⸻
Sin saber cuándo ni cómo, Neuvillette no sintió de nuevo el paso del tiempo para cuando le avisaron sus asistentes que ya eran cinco días después del informe sobre la veta convertida en tótem en el Condado Liffey, suficientes días para esa mañana recibir a la jefa de Spina Di Rosula en su oficina con intenciones de conseguir información sobre lo sucedido. —¡Buenos días, su Señoría! Es una bella mañana de trabajo sin fin al parecer— Navia se quitó sus lentes de sol de forma elegante sin rayar en lo condescendiente, justo con esa gracia amistosa— Y no es mi intención interrumpir su día, pero he venido por algo en particular. —Ah, Miss Navia buenos días también a usted— Neuvillette sonrió de forma calma como si no tuviera la mente en ese cosquilleo chispeante tan molesto que no había decidido irse desde hace cinco días— No interrumpe nada, solo algunos pensamientos sobre casos, pero dime ¿Cuál es tu asunto? —Una madre le pidió a Spina Di Rosula buscar a su hijo menor perdido desde hace cinco días, si no está mal la información que recabamos mi gente y yo, es un investigador Senior excepcional de apellido Rosshert. El cabello en la nuca de Neuvillette se crispo solo unos segundos cual depredador acorralado, pero a diferencia de un animal salvaje guiado por instintos, él supo mostrar calma aun con esa sonrisa solemne en su rostro. El chico tragado por la veta convertido en tótem, si las hipótesis eran correctas después de recordar aquel día. Al parecer esa veta ocupaba algo orgánico para tomar forma y para desgracia de aquellos presentes ese día, se llevó a uno de los investigadores. El problema, esa información no debía salir al público por el bien común. —Hmm, que curioso— él se giró a un lado fingiendo buscar entre los documentos como si ahí estuviera escrito algo sobre eso— Leí algo sobre un chico con ese apellido, pero ni siquiera los del equipo de patrullaje encontraron evidencias después de ir a inspeccionar la zona del incidente. El Juez Supremo mostró su mejor fachada de disculpa al girarse hacia la chica de cabello rubio, quien alzó una ceja elegante al verle la cara a Neuvillette. —¿Sin evidencias en el sitio? Eso es poco común, como si se hubiera esfumado cual fantasma al parecer. —Me temo que sí, lamento no haber sido de mucha ayuda en esta ocasión, señorita Navia. —No hay necesidad de disculpa, a veces los casos necesitan dos puntos de vista ¿No es así?— ella no pudo ver el destello de preocupación en la mirada de Neuvillette cuando extendió su mano hacia él— Si no es molestia, quiero pedir prestado el expediente para investigar de forma independiente en nombre de Spina Di Rosula. El Juez Supremo titubeó solo un segundo al girarse a los documentos en las carpetas, no había un caso como tal de desaparición redactado en los papeles. Se suponía no había pasado ese accidente, o al menos no de la forma en como realmente fue, pero Neuvillette no pidió abrir un expediente sobre ello para redactarlo personalmente con los detalles cambiados. Lo lamentable era que apenas pensaba hacerlo justo cuando llegó Navia. Una excusa inocente se le vino a la mente en ese instante. —Por el momento no es posible, al ser un caso abierto se debe de hacer la documentación para entrar de forma legal a la investigación, y si el expediente está ausente cuando se solicite por las autoridades quien se verá mal será la oficina de archivos— su voz bajó solo una décima para ser en ese tono autoritario sin sonar amenazante o cortante— Aun si es prestado por unas horas, se creará un problema. El pequeño “oh” de Navia le hizo dar un suspiro mental de alivio al Juez Supremo cuando vio como ella se quedó pensando, esperaba el tan esperado “Si ese es el caso, dígame la ubicación del incidente para ir de forma extraoficial” cuando en realidad ocurrió otra cosa. —Está bien, si me disculpa me retiro, su Señoría— Navia sonrió con calma subiendo su mano a su pecho con una reverencia limpia— ¡Que tenga un buen día! Los pasos serenos de Navia siguieron hasta la salida del Palacio Mermoria donde esperaban dos de sus hombres vestidos con esos trajes característicos de la organización de investigación extraoficial, saludaron con cortesía antes de hablar. —¿Consiguió lo que buscaba, señorita? —No, en realidad algo extraño sucedió— ella se puso una mano a la cadera con otra a su barbilla mirando a un lugar sin especifico con sus ojos entrecerrados— La actitud del Juez Supremo fue extraña, como si escondiera algo del ojo público. —Eso no es usual viniendo de su Señoría— uno de los hombres con lentes de sol gruesos frunció el ceño— ¿Qué piensa hacer ahora, señorita? —Lo que siempre hacemos mejor, buscar la verdad detrás de este misterio. Así la falda con holanes de Navia se balanceo con la corriente de aire del este, su cabello rubio se levantó lo suficiente para darle esa imagen de certeza determinada tan característica de ella. Lista para buscar la verdad, aun cuando en este caso las cosas deberían de quedar tal como están.