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Al regresar a Savanaclaw después de las clases de la mañana, Haul entró a la Sala Común con su libro de mándalas en la mano y el paquete de plumones de agua en la otra, se sentó en uno de los sillones haciendo suya la mesa sin verse como un acaparador. Los otros chicos presentes en el lugar lo saludaron al pasar, el aviario se sentía en zen con las sonrisas amables de los demás sin verse solo por cortesía. Con una inhalación profunda abrió el libro buscando entre las hojas de dibujos en blanco su siguiente objetivo, lo encontró y no tardó en comenzar a colorear dando leves chipidos. Ladeó su cabeza varias veces, dio la vuelta al libro, se veía cuál niño divertido coloreando. Hasta que una presencia a su lado lo hizo alzar la mirada seguido de sentir el brazo ajeno en sus hombros, se enderezó de golpe haciéndose a un lado por puro instinto. Los iris celestes chocaron con los iris esmeraldas, el aviario miró consternado al león que mantuvo su brazo ahí sobre los hombros del otro. —¿Qué? No veo que le hagas la misma cara a esa hiena cuando te pone el brazo así también. —Porque con él ya estoy acostumbrado… lo tuyo fue demasiado espontaneo— Haul regresó a su postura normal dándole miradas confundidas al león antes de seguir coloreando. —¿Espontaneo dices? Deberías de acostumbrarte ya entonces, si eres MI persona donde sentirme seguro haré esto desde ahora. —Supongo no estas pidiendo permiso, sino imponiendo. —¿Y eso está mal en tu cabeza de pájaro? Leona dio un empujón con su mano libre a la coronilla del chico, Haul cerró los ojos pidiendo paciencia, era como tratar con un niño malcriado en cuerpo de adolescente. Se sentó con la espalda recta mirando al otro, el león alzó sus cejas con una sonrisa altanera. —Kingscholar, que te haya dado ese permiso no significa que vaya a dejarme hacer lo que sea, sigo siendo una persona con libertad y espacio personal. —… tch, que ruidoso eres, así no puedo tomar una siesta aquí. Leona se levantó con una mueca de fastidio caminando a paso perezoso con las manos detrás de su cabeza, su cola leonina dando latigazos a cada lado por la molestia de haber sido regañado cual niño de seis años. El león no le gustaba recibir órdenes, pero sentirse regañado era más humillante, aunque no lo hayan visto otras personas mientras el aviario lo sermoneaba. Haul se talló la cara con su mano pensando un poco, tampoco podía darle tanta libertad a ese león de llegar y encimarse en él como si nada, pero ser así de cerrado tampoco sería bueno a largo plazo. Temía que por sentirse excluido de esa atención solicitada a lo bruto, Leona fuera a entrar en Overblot por la acumulación de emociones negativas otra vez, el ave resopló en dilema. Resignado dio un quejido grave al aire antes de cerrar los ojos, no era darle la razón, solo marcarle un límite. —¡Kingscholar! Haul miró con pereza al león que de inmediato se detuvo, Leona dio una mirada de soslayo sin girarse por completo. El aviario señaló el sillón al otro lado de la mesa, pero el orgulloso Líder dio una mueca. —No hagas berrinche como niño de tres años, ven y acuéstate en ese sillón, tampoco vas a usarme como almohada cuando quieras. Leona se giró quedándose unos segundos ahí como si de verdad fuera a recapacitar su decisión, la sonrisa victoriosa se formó en sus labios al regresarse a paso neutro. Se acostó en el sillón al otro lado de la mesa soltando un resoplo ganador, el aviario rodó los ojos con un gruñido en graznido, regresó a su coloreado ignorando la cola que le golpeaba el pie cada dos por tres. —… Sabía que me ibas a pedir regresar. —Cállate y duérmete. El león se rió un poco antes de acomodarse bien en su sillón, cerró los ojos sin quitar esa irritante sonrisa de su cara, Haul dio una mirada rápida vigilando que no fuera a fingir que dormía. A los cinco segundos de haber cerrado los ojos, Leona ya estaba respirando profundo con las facciones relajadas. El aviario había escuchado de Ruggie que ese león perezoso tenía la extraña habilidad de dormirse a los tres o cinco segundos de cerrar los ojos. Lo tachó como loco a la hiena. Era la más pura verdad ahora que lo había confirmado con sus propios ojos, la sorpresa fue real en Haul. —Lo veo y no lo creo, que envidia poder hacer eso, yo tardo mil horas en caer dormido. Susurró al aire mientras agarraba el plumón de color azul para mezclar el espacio amarillo para volverlo verde, negó con sutileza antes de seguir coloreando en calma. Con el recordatorio de que Leona estaba dormido en el otro sillón. El resto de esas horas libres fueron apacibles.✴︎—♛—✴︎
Por fin era libre el resto del día, las clases de la tarde habían llegado a su fin después de tanto apuntar cosas para el examen de final de periodo, Haul se despidió de Cater e Idia con una sonrisa para salir a paso rápido con dirección a la Cafetería. Si la información que había dicho Ruggie no estaba mal, ese día tendrían postres recién llegados desde fuera de la isla. Haul quería probar unos que al parecer eran como láminas de pan rellenos de chocolate, se escuchaban tan dulces que de seguro se empalagaría a la mitad del pan, no importaba mucho si conseguía probar el chocolate en esa presentación por primera vez. En el Árbol Sagrado el cacao era una fruta extraña incapaz de ser comida por si sola, además de que solo crecía al Oeste y en menor cantidad, los pocos productos hechos de cacao se reducían a medicina. De ahí en más no era usado como postre o dulce, si el sabor era tan único como decían los demás, Haul quería comprobarlo por sí mismo. Apenas cruzó la entrada de la Cafetería vio el gran grupo de estudiantes ya formados empujándose para conseguir alguno de los postres, si quiera una mísera galleta de pastel, el chico ave sintió como las esperanzas de probar el chocolate bajaban hasta los suelos. Por estar decaído no vio a las personas formadas, entre ellas a cierto rubio cazador que apenas llegó su turno pidió uno de cada uno para conseguir esa nueva información de su objetivo más reciente. Dio las gracias y salió a paso rápido buscando con la mirada al decaído pájaro que se sentó en la banca del jardín principal, con esa sonrisa amable un tanto preocupante se acercó. Rook limpió con su mano enguantada el espacio libre en la banca antes de pasarle con cuidado la bolsa de papel a Haul, el aviario dio un graznido involuntario de confusión al ver la bolsa café en su regazo. —¡C’est magnifique! Esa expresión llena de desesperanza y sufrir profundo es una hermosa obra que debería ser plasmada en un lienzo de su altura— el cazador dio golpecitos a la bolsa— Pero no hoy, hoy estoy en busca de sonrisas, toma el que quieras antes de que Vil descubra que compré estas delicias azucaradas. Haul alzó una ceja abriendo la bolsa pasando de inmediato de confusión a una hermosa sonrisa brillante de alegría pura, el chipido feliz fue como música para los oídos del cazador. Casi dice un poema por semejante ruido digno de los ángeles, se detuvo cuando Haul sacó uno de esos panes con cubierta de chocolate, no era lo mismo que uno relleno. Importaba que tenía chocolate. No tuvo ni un segundo para acercárselo a la boca cuando una mano ajena se lo quitó con una delicadeza inhumana para su mueca refinada, Haul miró a su mano vacía seguido de mirar a Rook, el cazador ya estaba sonriendo con nervios. Su vista pasó al dueño de la mano que sostenía el pan con esa expresión severa por ese casi consumo indiscriminado de azucares procesadas. —¿Qué clase de descuido es este, Rook? ¿Estás ofreciéndole a alguien con una dieta orgánica y limpia de cosas procesadas un pedazo de azúcar industrial cubierta en grasa estabilizada? Rook alzó sus manos en seguida con una risa nerviosa, su sonrisa encantadora de siempre cambió un poco a una de súplica para evitar el regaño. —Mon Roi du Posion, era solo una experiencia sensorial, solo un pequeño gusto de una sola probada… —Silencio. —Sí. Rook bajó la mirada sin quitar esa sonrisa divertida, algo asustada por el regaño, pero con esa admiración de ese despliegue de belleza tan protectora por la salud de alguien. O algo así. Vil dirigió su mirada a Haul que se mantenía callado por su bien, el aviario dio un chipido asustado cuando el Líder de Pomefiore frunció el ceño con esas cejas bien perfiladas. —Y tú, Haul Akarrava ¿Piensas que tu cuerpo que no ha sido expuesto a esta clase de nivel de azúcar concentrado resistirá las consecuencias de la industrialización de una barra de pan barnizado? La voz gélida en ese tono controlado para no ser un regaño en voz alta sino un comentario medido de disciplina causó un escalofrío al ave, Haul casi esconde la bolsa café, pero Vil ganó la jugada al quitársela de esa misma forma elegante, confiscándola. —Fue solo curiosidad, dicen que el “chocolate” sabe muy bueno y yo solo lo he probado en medicinas. Y ni siquiera como chocolate, sino como cacao, solo quería probar. —No es sano. Las empresas usan el azúcar como válvula emocional para carencias afectivas o rutinas insatisfactorias fomentando a las personas a alterar sus dietas convirtiéndolos en “papas” ¿Acaso quieres convertirte en uno de esos que recurre a una galleta cada vez que algo no está bien en vez de enfrentarse a sus problemas? Para otra persona normal habría entendido que esa forma de llamarle a las personas “papas” era un apodo de Vil a las personas con poca educación y control de su salud para tener una buena imagen, pero para Haul se imaginó de forma literal que se volvía una papa. Eso lo hizo dar un chipido decaído mirando a sus pies, el Líder de Pomefiore suavizó solo un poco sus gestos, al menos el chico no había conseguido “intoxicarse” con el azúcar gracias a su rápida intervención. Y su sexto sentido de que si habría una entrega de pan en la Cafetería debía asegurar que las papas de Pomefiore no fueran a romper sus dietas tan cuidadas bajo la meticulosidad que Vil les había manejado con tanto orgullo. —Si deseas probar el cacao fuera de la medicina será de la forma correcta, como chocolate amargo, en poca cantidad y acompañado de agua tibia para disipar la concentración de azúcar. Ese es chocolate sano, no el que te venden en empaques de plástico. —¡Oh c’est si beau á voir! La pasión protectora de nuestro Roi du Posion ha vuelto a atacar ¡Formidable y tan certero como la punta de una hermosa flecha! Rook colocó su mano sobre su pecho mirando al cielo de esa forma melodramática tan teatral, Haul lo miró con una cara de vergüenza ajena mientras Vil se ponía una mano en la cadera haciendo sonar la bolsa con el resto de la mercancía ilegal. —¡Rook! Deja de romantizar el desastre alimenticio. Estas en observación esta semana. —Ah, con razón había tanto ruido por aquí. Ante la mirada de los tres, vieron como la figura perezosa con esa sonrisa felina se acercó, vio primero a Vil que lanzó una mirada de fastidio elegante, después a Rook que parecía a punto de desmayarse de la emoción por el enfrentamiento a punto de suceder y al final a Haul. El aviario no sabía ni donde esconderse. —Kingscholar ¿Qué quieres ahora? Leona sonrió orgulloso viendo el pan en una mano del rubio con puntas violetas y la bolsa en la otra, con un movimiento rápido nada sutil, arrebató la bolsa con los panes de un manotazo certero. El león se la extendió a Haul sin verlo, para el tino de Leona cuando soltó la bolsa cayó con un suave rebote en el regazo de Haul. —¿Desde cuándo te metes en los asuntos que no te incumben, Schoenheit? Si el pajarito quiere pan, dáselo y ya, las palomas disfrutan del pan ¿No es así? No hay diferencia aquí. Haul ya esperaba la tormenta por venir cuando Vil se cruzó de brazos y Leona ensanchó su sonrisa.