¿Desde cuando el león no se come al ave?

Slash
NC-17
En progreso
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 264 páginas, 155.947 palabras, 42 capítulos
Descripción:
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Ahí dice "mío" por sí no sabías

Ajustes
Haul regresó a la rutina de sus días con Ruggie acompañándolo a la mayoría de sus clases, ahora la hiena ya no necesitaba hacerse el loco para mantener a salvo al ave. Después del regaño con sermón de una hora de parte del chico de ojos celestes por no decirle la verdad, arriesgándose de esa forma a él y a los demás, a la hiena le quedó claro que ese aviario podía dar miedo. También que no era buena idea tener secretos oscuros a sus espaldas, sino se volvía como una mamá con mano de hierro. El aviario caminó con el brazo de Ruggie sobre sus hombros mientras hablaban de lo que harían ese día al terminar las clases, el de segundo año tenía una idea en mente. —Yo digo que rentemos un bote y damos la vuelta a la Isla de los Sabios, pescamos unos cuantos peces y los asamos, esa sería nuestra cena ¿Qué dices? —¿De dónde vamos a sacar cañas? —Se las pedimos a alguien o las rentamos también, solo que eso sería con tu dinero, yo estoy en bancarrota. —¿Ocupas dinero? Puedo darte parte de lo que tengo ahorrado, no lo uso de todas formas. —¡¿De qué me viste cara?! No te pediría dinero a ti, tu quédatelo, en algún momento de tu vida vas a ocuparlo. Mejor prevenir que lamentar. Los dos se rieron sin prestar atención a sus alrededores, Haul se detuvo parándole su andar a Ruggie cuando aparecieron Reser junto a Trey en el campo de visión de los dos amigos. La hiena alzó la mano diciendo un corto “Hola” con esa sonrisa socarrona, el de primer año devolvió el saludo mientras el de tercero asentía con una sonrisa serena. —Parecen de buen humor ¿Sucedió algo con el negocio de los tés? Haul se cruzó de brazos mirando a Reser, el chico de cabello castaño asintió emocionado. El sonrojo en sus mejillas hizo alzar una ceja al aviario ya a punto de hacerle burla. —Hasta ahora habían llegado solo pedidos de Kalim y Malleus para hacer tés personalizados para sus Dormitorios, pero hoy vino otra persona hasta Heartslabyul a hacer un pedido. —¿Quién? Ah ya sé ¡No me digas! — Ruggie quitó su brazo de los hombros de Haul para extender su mano al frente con una sonrisa de oreja a oreja— ¡Fue él! ¿Verdad? El chico de primer año asintió con timidez tapándose la cara cuando de repente el sonrojo se apoderó de su rostro completo, Trey soltó una leve risa antes de ver como Ruggie daba un aplauso extendiendo sus manos a los lados dando inclinaciones a la nada diciendo “Gracias”, Haul era el único fuera de contexto. —¿De quién estamos hablando? No entiendo ¿Quién es él? ¿Por qué Reser se sonrojó? No entiendo. —¡¿No te acuerdas?! — Ruggie paró sus agradecimientos para ver a los ojos al aviario— Cuando fuimos a la cafetería esa temática donde cantamos karaoke, Reser nos dijo quién era su “crush” o algo así dijo Cater. Haul se tapó la boca con una mano abriendo los ojos de golpe, en ese momento estaba ocupado revelando su interés amoroso a Jack y en su burbuja no había escuchado esa otra revelación. Menos con Ruggie y Cater gritando junto a las risas nerviosas de Reser, por un segundo parecían un trío de chicas chismeando. El aviario dio una risita negando con algo de pena por no estar presente psicológicamente en ese momento. —No oí, Jack me estaba hablando y no preste atención. Perdón. —Está bien, no pasa nada— Reser se talló la cara regresando a su color normal sin quitar la sonrisa— Acércate para susurrarlo. Haul miró desconfiado como si fueran a robarle o acuchillarlo en vez de solo contarle un secreto, miró a los otros dos antes de acercarse al chico de primer año. Asintió al estar listo y escuchar bien la voz de Reser en su oreja, cuando el nombre salió de los labios del chico de ojos amielados, el aviario de golpe se alejó poniendo su mano en el hombro ajeno. Abrió sus ojos por completo con su boca en una “o” antes de estallar en risas enternecidas al ver al chico de primero ponerse rojo una segunda vez, lo agarró de los hombros sacudiéndolo con emoción. —¡No lo puedo creer! ¡¿En serio es él?! Alto, no sabía que tenías esa inclinación. —Sucedió solamente, no es que me queje ni que lo niegue, es que él es…— la mirada amielada se posó en el suelo con una sonrisa soñadora llena de brillos— Es alguien increíble, tiene una gran fuerza de voluntad, es un poco duro con los otros, pero no porque sea malo. Solo quiere ayudarle a los demás a tener sus mejores versiones, los métodos son algo severos estoy de acuerdo, aunque eso no significa que no sea una estrella brillante en el cielo. —Qué bonita forma de hablar de él. Haul sacudió más fuerte al chico comenzando a marearlo, Trey intervino con esa sonrisa paciente de hermano mayor para soltar al aviario del pobre chico de primer año. Reser se apoyó del brazo del chico con el trébol en el pómulo antes de sonreír tímido a los otros, debido a la emoción llena de ternura por esa declaración tan dulce de parte del chico de cabello castaño, Haul no podía con la emoción sacudiendo ahora a la pobre hiena. Ruggie se agarró de los brazos del otro antes de ser soltado entre risas emocionadas, cayó al suelo como peso muerto quedándose con la vista en el techo. —Por los Siete, este chico es un peligro cuando se emociona— Ruggie miró sin mover su cabeza al aviario cuando comenzó a chipear de forma inconsciente. —Ahora puedo decir que conozco a otra persona que se emociona con fuerza y no es Kalim— Reser sonrió algo tímido viendo como el aviario aplaudió varias veces emocionado. —¡Es que es muy tierno! Lo describes con tanto cariño que suena a una declaración silenciosa de amor puro. Haul dio saltitos antes de serenarse pasando sus manos de arriba abajo enfrente suyo regresando a su respiración normal, cuando dejó de ser un torbellino de alegría se giró a Trey con una sonrisa. —Listo, ya regresé a la normalidad. —Aun así, fue lindo verte tan emocionado por un amigo. No todos se alegran de esa forma. —Lo tomaré como un halago que recordaré por el resto de la semana. Gracias. —De todas formas, no me voy a acercar a ti en unos quince minutos— Ruggie al fin se sentó sobando su cabeza, miró con una sonrisa tranquila al de primer año— ¿Entonces oficialmente él ya sabe de tu existencia? —Algo así, haré lo mejor con el té que haga para su Dormitorio para que sea digno de su gusto, aunque tengo algo de miedo de que no le guste si combino lavanda con grosella. —La grosella pintaría mucho, mejor cámbiala por moras, y para que no sea tan ácido agrégale un poco de anís. —Lo tomaré en cuenta, Haul ¿Si tengo dudas de la combinación puedo enviarte mensaje? —Eh, no tengo celular— el aviario se encogió de hombros con una sonrisa apenada— Pero puedes enviarle un mensaje a Jack, y ya él me dirá si ocupas que vaya a Heartslabyul para ayudarte. —¿Cómo que no tienes celular, Haul? Trey se cruzó de brazos con esa expresión entre sorprendida sin perder la compostura habitual, el aviario negó ayudándole a la hiena a ponerse de pie sujetándolo por el antebrazo. Ruggie dobló su brazo por inercia para sujetar la mano del otro sin tocarla. —Ah cierto, tu raza no está al tanto de los avances tecnológicos, disculpa— el chico con el trébol se rascó la cabeza un tanto apenado. —Está bien, de igual forma no lo usaría mucho. Y podría llegar a tirarlo en pleno vuelo, así que es mejor así. —¡Bien! Si necesito de tu ayuda para los demás ingredientes le envío mensaje a Jack— Reser asintió a chocar miradas con el aviario, sonriendo los dos con decisión. Los dos dúos se despidieron con sonrisas antes de darse la vuelta cada uno por su rumbo, justo a tiempo cuando la campana que marcó el fin del receso entre clases los hizo apurarse, Haul mantuvo su mano en el brazo de Ruggie hasta el corredor donde los dos se separaban. A lo lejos los iris esmeraldas miraron ese toque en el brazo ajeno, frunció el ceño convirtiendo sus labios en una delgada línea. Esa sensación de incomodidad regresó a su pecho, no le gustaba compartir sus cosas y ese chico estaba en una zona inflexible. Aunque tampoco quería llegar a presionarlo tanto si lo acaparaba, si lo intentaba enjaular en una prisión de oro terminaría odiando el ave de nuevo al león, y esa sola idea causaba escalofríos en sus brazos. Debía jugar con las reglas del chico aviario.  

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  Al regresar a Savanaclaw después de las clases de la mañana, Haul entró a la Sala Común con su libro de mándalas en la mano y el paquete de plumones de agua en la otra, se sentó en uno de los sillones haciendo suya la mesa sin verse como un acaparador. Los otros chicos presentes en el lugar lo saludaron al pasar, el aviario se sentía en zen con las sonrisas amables de los demás sin verse solo por cortesía. Con una inhalación profunda abrió el libro buscando entre las hojas de dibujos en blanco su siguiente objetivo, lo encontró y no tardó en comenzar a colorear dando leves chipidos. Ladeó su cabeza varias veces, dio la vuelta al libro, se veía cuál niño divertido coloreando. Hasta que una presencia a su lado lo hizo alzar la mirada seguido de sentir el brazo ajeno en sus hombros, se enderezó de golpe haciéndose a un lado por puro instinto. Los iris celestes chocaron con los iris esmeraldas, el aviario miró consternado al león que mantuvo su brazo ahí sobre los hombros del otro. —¿Qué? No veo que le hagas la misma cara a esa hiena cuando te pone el brazo así también. —Porque con él ya estoy acostumbrado… lo tuyo fue demasiado espontaneo— Haul regresó a su postura normal dándole miradas confundidas al león antes de seguir coloreando. —¿Espontaneo dices? Deberías de acostumbrarte ya entonces, si eres MI persona donde sentirme seguro haré esto desde ahora. —Supongo no estas pidiendo permiso, sino imponiendo. —¿Y eso está mal en tu cabeza de pájaro? Leona dio un empujón con su mano libre a la coronilla del chico, Haul cerró los ojos pidiendo paciencia, era como tratar con un niño malcriado en cuerpo de adolescente. Se sentó con la espalda recta mirando al otro, el león alzó sus cejas con una sonrisa altanera. —Kingscholar, que te haya dado ese permiso no significa que vaya a dejarme hacer lo que sea, sigo siendo una persona con libertad y espacio personal. —… tch, que ruidoso eres, así no puedo tomar una siesta aquí. Leona se levantó con una mueca de fastidio caminando a paso perezoso con las manos detrás de su cabeza, su cola leonina dando latigazos a cada lado por la molestia de haber sido regañado cual niño de seis años. El león no le gustaba recibir órdenes, pero sentirse regañado era más humillante, aunque no lo hayan visto otras personas mientras el aviario lo sermoneaba. Haul se talló la cara con su mano pensando un poco, tampoco podía darle tanta libertad a ese león de llegar y encimarse en él como si nada, pero ser así de cerrado tampoco sería bueno a largo plazo. Temía que por sentirse excluido de esa atención solicitada a lo bruto, Leona fuera a entrar en Overblot por la acumulación de emociones negativas otra vez, el ave resopló en dilema. Resignado dio un quejido grave al aire antes de cerrar los ojos, no era darle la razón, solo marcarle un límite. —¡Kingscholar! Haul miró con pereza al león que de inmediato se detuvo, Leona dio una mirada de soslayo sin girarse por completo. El aviario señaló el sillón al otro lado de la mesa, pero el orgulloso Líder dio una mueca. —No hagas berrinche como niño de tres años, ven y acuéstate en ese sillón, tampoco vas a usarme como almohada cuando quieras. Leona se giró quedándose unos segundos ahí como si de verdad fuera a recapacitar su decisión, la sonrisa victoriosa se formó en sus labios al regresarse a paso neutro. Se acostó en el sillón al otro lado de la mesa soltando un resoplo ganador, el aviario rodó los ojos con un gruñido en graznido, regresó a su coloreado ignorando la cola que le golpeaba el pie cada dos por tres. —… Sabía que me ibas a pedir regresar. —Cállate y duérmete. El león se rió un poco antes de acomodarse bien en su sillón, cerró los ojos sin quitar esa irritante sonrisa de su cara, Haul dio una mirada rápida vigilando que no fuera a fingir que dormía. A los cinco segundos de haber cerrado los ojos, Leona ya estaba respirando profundo con las facciones relajadas. El aviario había escuchado de Ruggie que ese león perezoso tenía la extraña habilidad de dormirse a los tres o cinco segundos de cerrar los ojos. Lo tachó como loco a la hiena. Era la más pura verdad ahora que lo había confirmado con sus propios ojos, la sorpresa fue real en Haul. —Lo veo y no lo creo, que envidia poder hacer eso, yo tardo mil horas en caer dormido. Susurró al aire mientras agarraba el plumón de color azul para mezclar el espacio amarillo para volverlo verde, negó con sutileza antes de seguir coloreando en calma. Con el recordatorio de que Leona estaba dormido en el otro sillón. El resto de esas horas libres fueron apacibles.  

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  Por fin era libre el resto del día, las clases de la tarde habían llegado a su fin después de tanto apuntar cosas para el examen de final de periodo, Haul se despidió de Cater e Idia con una sonrisa para salir a paso rápido con dirección a la Cafetería. Si la información que había dicho Ruggie no estaba mal, ese día tendrían postres recién llegados desde fuera de la isla. Haul quería probar unos que al parecer eran como láminas de pan rellenos de chocolate, se escuchaban tan dulces que de seguro se empalagaría a la mitad del pan, no importaba mucho si conseguía probar el chocolate en esa presentación por primera vez. En el Árbol Sagrado el cacao era una fruta extraña incapaz de ser comida por si sola, además de que solo crecía al Oeste y en menor cantidad, los pocos productos hechos de cacao se reducían a medicina. De ahí en más no era usado como postre o dulce, si el sabor era tan único como decían los demás, Haul quería comprobarlo por sí mismo. Apenas cruzó la entrada de la Cafetería vio el gran grupo de estudiantes ya formados empujándose para conseguir alguno de los postres, si quiera una mísera galleta de pastel, el chico ave sintió como las esperanzas de probar el chocolate bajaban hasta los suelos. Por estar decaído no vio a las personas formadas, entre ellas a cierto rubio cazador que apenas llegó su turno pidió uno de cada uno para conseguir esa nueva información de su objetivo más reciente. Dio las gracias y salió a paso rápido buscando con la mirada al decaído pájaro que se sentó en la banca del jardín principal, con esa sonrisa amable un tanto preocupante se acercó. Rook limpió con su mano enguantada el espacio libre en la banca antes de pasarle con cuidado la bolsa de papel a Haul, el aviario dio un graznido involuntario de confusión al ver la bolsa café en su regazo. —¡C’est magnifique! Esa expresión llena de desesperanza y sufrir profundo es una hermosa obra que debería ser plasmada en un lienzo de su altura— el cazador dio golpecitos a la bolsa— Pero no hoy, hoy estoy en busca de sonrisas, toma el que quieras antes de que Vil descubra que compré estas delicias azucaradas. Haul alzó una ceja abriendo la bolsa pasando de inmediato de confusión a una hermosa sonrisa brillante de alegría pura, el chipido feliz fue como música para los oídos del cazador. Casi dice un poema por semejante ruido digno de los ángeles, se detuvo cuando Haul sacó uno de esos panes con cubierta de chocolate, no era lo mismo que uno relleno. Importaba que tenía chocolate. No tuvo ni un segundo para acercárselo a la boca cuando una mano ajena se lo quitó con una delicadeza inhumana para su mueca refinada, Haul miró a su mano vacía seguido de mirar a Rook, el cazador ya estaba sonriendo con nervios. Su vista pasó al dueño de la mano que sostenía el pan con esa expresión severa por ese casi consumo indiscriminado de azucares procesadas. —¿Qué clase de descuido es este, Rook? ¿Estás ofreciéndole a alguien con una dieta orgánica y limpia de cosas procesadas un pedazo de azúcar industrial cubierta en grasa estabilizada? Rook alzó sus manos en seguida con una risa nerviosa, su sonrisa encantadora de siempre cambió un poco a una de súplica para evitar el regaño. —Mon Roi du Posion, era solo una experiencia sensorial, solo un pequeño gusto de una sola probada… —Silencio. —Sí. Rook bajó la mirada sin quitar esa sonrisa divertida, algo asustada por el regaño, pero con esa admiración de ese despliegue de belleza tan protectora por la salud de alguien. O algo así. Vil dirigió su mirada a Haul que se mantenía callado por su bien, el aviario dio un chipido asustado cuando el Líder de Pomefiore frunció el ceño con esas cejas bien perfiladas. —Y tú, Haul Akarrava ¿Piensas que tu cuerpo que no ha sido expuesto a esta clase de nivel de azúcar concentrado resistirá las consecuencias de la industrialización de una barra de pan barnizado? La voz gélida en ese tono controlado para no ser un regaño en voz alta sino un comentario medido de disciplina causó un escalofrío al ave, Haul casi esconde la bolsa café, pero Vil ganó la jugada al quitársela de esa misma forma elegante, confiscándola. —Fue solo curiosidad, dicen que el “chocolate” sabe muy bueno y yo solo lo he probado en medicinas. Y ni siquiera como chocolate, sino como cacao, solo quería probar. —No es sano. Las empresas usan el azúcar como válvula emocional para carencias afectivas o rutinas insatisfactorias fomentando a las personas a alterar sus dietas convirtiéndolos en “papas” ¿Acaso quieres convertirte en uno de esos que recurre a una galleta cada vez que algo no está bien en vez de enfrentarse a sus problemas? Para otra persona normal habría entendido que esa forma de llamarle a las personas “papas” era un apodo de Vil a las personas con poca educación y control de su salud para tener una buena imagen, pero para Haul se imaginó de forma literal que se volvía una papa. Eso lo hizo dar un chipido decaído mirando a sus pies, el Líder de Pomefiore suavizó solo un poco sus gestos, al menos el chico no había conseguido “intoxicarse” con el azúcar gracias a su rápida intervención. Y su sexto sentido de que si habría una entrega de pan en la Cafetería debía asegurar que las papas de Pomefiore no fueran a romper sus dietas tan cuidadas bajo la meticulosidad que Vil les había manejado con tanto orgullo. —Si deseas probar el cacao fuera de la medicina será de la forma correcta, como chocolate amargo, en poca cantidad y acompañado de agua tibia para disipar la concentración de azúcar. Ese es chocolate sano, no el que te venden en empaques de plástico. —¡Oh c’est si beau á voir! La pasión protectora de nuestro Roi du Posion ha vuelto a atacar ¡Formidable y tan certero como la punta de una hermosa flecha! Rook colocó su mano sobre su pecho mirando al cielo de esa forma melodramática tan teatral, Haul lo miró con una cara de vergüenza ajena mientras Vil se ponía una mano en la cadera haciendo sonar la bolsa con el resto de la mercancía ilegal. —¡Rook! Deja de romantizar el desastre alimenticio. Estas en observación esta semana. —Ah, con razón había tanto ruido por aquí. Ante la mirada de los tres, vieron como la figura perezosa con esa sonrisa felina se acercó, vio primero a Vil que lanzó una mirada de fastidio elegante, después a Rook que parecía a punto de desmayarse de la emoción por el enfrentamiento a punto de suceder y al final a Haul. El aviario no sabía ni donde esconderse. —Kingscholar ¿Qué quieres ahora? Leona sonrió orgulloso viendo el pan en una mano del rubio con puntas violetas y la bolsa en la otra, con un movimiento rápido nada sutil, arrebató la bolsa con los panes de un manotazo certero. El león se la extendió a Haul sin verlo, para el tino de Leona cuando soltó la bolsa cayó con un suave rebote en el regazo de Haul. —¿Desde cuándo te metes en los asuntos que no te incumben, Schoenheit? Si el pajarito quiere pan, dáselo y ya, las palomas disfrutan del pan ¿No es así? No hay diferencia aquí.   Haul ya esperaba la tormenta por venir cuando Vil se cruzó de brazos y Leona ensanchó su sonrisa.
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