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Leona se despertó de su siesta al sentir esa necesidad de checar que SU pájaro estuviera dentro del Dormitorio, se levantó sin tantas ganas de ir a checar, pero ese sentimiento de mantenerlo a la vista fue más grande que el sueño. Bajó las escaleras viendo de forma atenta los corredores, manteniendo ese aire despreocupado saludando con un gruñido a los otros chicos de Savanaclaw que le hablaban, llegó a la última habitación escondida en la punta del lugar. Tocó dos veces la puerta esperando oír ruido de pasos o al dueño diciendo que ya iba, ni una ni otra sucedió, por costumbre tomó el picaporte abriendo la puerta para mirar adentro sin preocuparse en estar invadiendo la privacidad ajena. Las luces apagadas, la cama tendida, el escritorio ordenado y el uniforme del Dormitorio colgado le dijeron que el ave no había estado ahí en un rato. Leona frunció el ceño cerrando la puerta sin tanto cuidado, sus orejas dejaron de estar hacia atrás cuando vio como la perilla se le quedó en la mano desarmándose por completo, la puerta se abrió de nuevo con un chirrido de las bisagras. Leona no supo que cara poner al pasar su mirada de la perilla en su mano a la puerta rota, una cosa era segura, Haul lo iba a ahorcar por romperle la puerta al cerrarla con fuerza bruta por su impulso de coraje. —…Mierda. Leona miró a los lados como si por arte de magia apareciera la solución en un papel escrito, sacó su cetro de Líder de Dormitorio para arreglar la puerta viendo como al ser algo parte del Dormitorio tenía hechizo de repulsión mágica, el cual hizo rebotar los hechizos para arreglarla. Para evitar violaciones a la seguridad, los muebles e instalaciones eran a prueba de magia. Solo había una solución, arreglarla a mano. El león gruñó mirando a los lados, titubeó en dejar la perilla rota en el suelo antes de desaparecer su cetro para ir a paso veloz a buscar a Ruggie. Corrió de arriba abajo hasta llegar a la Sala Común sin una sola pista de Ruggie, dando una maldición al aire se giró buscando a alguien que fuera de utilidad. Jack apareció subiendo las escaleras con su cara cansada por el entrenamiento, a Leona le valió un carajo acercándose al chico lobo. —Jack ¡Jack! Alto ahí, necesito tu ayuda, ya. —¿Mi ayuda? ¿Qué sucede, Leona senior? Leona no dijo más llevando al chico a la última habitación, cuando Jack miró la puerta rota con el picaporte en el suelo no dijo que en un inicio la puerta había sido rota por él, en vez de eso miró a Leona con los ojos atentos y las orejas levantadas. —¿Rompió la puerta de Haul senior? —Sí, ya sé cómo se ve ¿Bien? No ocupas echármelo en cara ¿La puedes arreglar? —Use magia, Leona senior, no se verá la diferencia. —¡No se puede, Jack! Hay un hechizo de repulsión mágica, por eso te estoy pidiendo tu ayuda— Leona señaló de forma acusadora al chico de primero. —Ah, eso es un problema— Jack frunció las cejas pensando en algo, tronó los dedos cuando vino la solución a su mente— Podemos ir a comprar un repuesto a la tienda del señor Sam, sino conseguir herramientas del Club de Ciencias, deben de tener algo por ahí que sirva. —¡¿Y qué haces ahí parado?! Ve, rápido, Haul podría regresar en cualquier momento. Jack asintió apurando el paso a una velocidad impresionante desapareciendo por el pasillo, Leona se frotó las sienes con ambas manos mirando la puerta rota. Como si su suerte quisiera burlarse de la situación del león, de repente la puerta tronó cayendo en dirección a la mesa de noche donde había un recuadro. Leona se movió con agilidad digna de un felino de su tamaño sujetando la tabla de madera corrigiendo la trayectoria, para su infortunio le pegó en la pierna a la altura de la espinilla. El león calló un grito con gruñido cuando el dolor agudo subió por su pierna. —Maldita sea… carajo. Leona se terminó sentando en la entrada de la habitación al apoyar la puerta en el suelo, sus manos se hicieron puños subiendo y bajando de forma lenta antes de soportar el dolor. Se tomó con fuerza la cabeza con una mano cerrando los ojos, esas eran las consecuencias de ser siempre tan brusco e impulsivo en sus decisiones. Se rascó la nuca cuando el dolor pasó, miró al techo de la habitación frunciendo el ceño por las hojas suspendidas en el aire como si fueran las ramas de un árbol meciéndose en una débil corriente de aire. En cierta forma se sentía como estar en un árbol. —… supongo debe de extrañar su hogar después de todo, aunque diga que es un infierno. La curiosidad fue su mayor impulso para ponerse de pie, observó la habitación ordenada con calma, tenía su encanto tribal a su manera. Como solo había una cama había suficiente espacio para más muebles, entre ellos esa silla hamaca tejida donde Leona no resistió el impulso de subirse, siendo cuidadoso se dejó caer sintiendo los hilos aguantar su peso. En un débil vaivén la silla se sentía como una mecedora, y la forma del tejido daba la imagen de ser un nido colgante, a Leona se le hizo cómodo de todas formas. Cerró los ojos unos segundos despertándose a la par cuando el olor de algo dulce golpeó sus fosas nasales. Se levantó de la silla siguiendo el aroma hasta unos frascos en la repisa cercana al tocador. Cada uno tenía líquidos de diferentes colores, destapó uno con color azul igual a los celestes de Haul, dudoso lo olió sintiendo el aroma a menta golpear su nariz. Por un segundo casi se le cae el frasco, se talló la nariz regresando a su lugar el envase de cristal, abrió otro de color rosa descubriendo el origen de ese olor dulce. Era como oler una galleta, no, como una bebida frutal de playa solo sin la sensación de sol y arena. Leona identificó el olor después de estar un poco más con el envase cerca de la cara. Frambuesa, a eso olía. El olor lo relacionó de inmediato con el aviario, no le había dado tanta atención al inicio, ahora sí. Cuando se acercaba a Haul olía a eso, no era penetrante como otras lociones o perfumes caros de otros chicos, era sutil como una brisa. Las mejillas se le calentaron al león, sacudió su cabeza regresando el frasco a la repisa. —¿Y qué si huele dulce? Tampoco es la octava maravilla. Sin pensarlo mucho se sentó en la orilla de la cama ajena quedándose atónito al sentir como el colchón se amoldaba a su peso sin hundirlo, tocó un poco más al centro sentir como su cuerpo se estiraba hasta cubrir un lado de la cama. Un gemido de satisfacción escapó de sus labios al sentir la suavidad de ese colchón, el león enterró su cara en una almohada de color verde oliva impregnando su nariz de ese aroma a frambuesa una segunda vez. Era claro, sí Haul se ponía ese olor sus cosas olerían también así. Leona tenía su expresión neutra al mantener su cara enterrada en la almohada abrazándola con firmeza, pero su cola daba latigazos cortos de lado a lado con jubilo. Sin saber cuándo, se quedó profundamente dormido en esa cama ajena ignorando las consecuencias.✴︎—♛—✴︎
Haul regresó ya muy tarde de su salida con Ruggie, a diferencia de la idea de ir a pescar de hace unos días, esta vez habían ido a probar los juegos de una pequeña feria en el pueblo cansando de buena forma la energía social del aviario. Cuando el aviario abrió su puerta notó que ya estaba arreglada sin darle mucha importancia, Haul entró a su habitación sin prender la luz, buscó por inercia su pijama cambiándose sin tanto problema, se puso el pants de algodón en lo que iba por su cepillo de dientes. Entró al baño de la habitación prendiendo solo la luz de ahí, terminó de lavarse los dientes seguido de limpiarse la cara. Ya listo para irse a dormir caminó arrastrando los pies en dirección a su cama, ahí fue cuando lo vio. Un bulto enorme que abarcaba parte de su colchón, y respiraba, eso fue lo que casi causó un infarto al chico. A pasos sigilosos fue hasta el interruptor de la luz sintiendo el escalofrío bajar por su espalda, si ese bulto desaparecía al iluminar la habitación saldría de ahí a pedirle a Ruggie compartir la cama por esa noche en lo que pedía a alguien exorcizar la suya. Cuando la luz iluminó el lugar identificó la cabellera castaña rebelde, pero eso no evitó que soltara un grito con graznido despertando al león dormido en su cama. —¡¿Qué carajos haces en mi habitación, Kingscholar?! —… ni siquiera puedes entrar en silencio a tu propia habitación, que molestia— Leona se reacomodó abrazando la almohada más larga— Solo acuéstate y ya. —¡Sal de mi habitación, Leona! —Claro que no, la cama es muy cómoda y huele bien, es mejor que la mía. —¡Eso no es excusa, quiero dormir, quítate de mi cama! —Ya deja de gritar, acuéstate del otro lado y ya… sino yo mismo te saco de la habitación a patadas. —¡Eres imposible… imposiblemente terco! Haul manoteó al suelo agarrando su ropa que se había quitado para pegarle con la camisa en la pierna al león, Leona solo dijo un “Ouch” sin tanta pena por estar dormido en una cama que no era suya ni una habitación que le pertenecía. El aviario echó su ropa al cesto con los dientes apretados, respiró profundo buscando la paciencia para no ahogar con una almohada a ese león tan poco lleno de decencia y respeto por el espacio privado de otras personas. —Muy bien, bien. Entonces si tu usarás mi habitación, yo usaré la tuya. Buenas noches, Kingscholar. Con ese coraje de haber sido invadido en su propio espacio personal, Haul quitó una de las almohadas en la cabeza del león sin mirar atrás ni pedir permiso. Se puso sus sandalias saliendo de su propia habitación con un leve portazo, caminando a paso seguro lleno de obstinación en dirección a la habitación de Leona, usando ese enojo de motor ya iba a mitad de camino cuando el león se despertó mirando a la puerta. No le asombró que el aviario hubiera osado gritarle en plena noche con el riesgo de despertar a los demás, lo que lo hizo fue saber que de verdad iría a usar la habitación de Leona tal cuál su amenaza. —Disculpa ¿Cuándo te di permiso de usar MIS cosas? Dijo al aire poniéndose de pie, apagó la luz antes de salir de ahí dejando la puerta entreabierta. Leona apuró el paso llegando a su habitación en menos de tres minutos tocando la puerta una sola vez, entrando al segundo toque, no ocupaba permiso de entrar a su propia habitación. No se inmutó al ver a Haul ya acomodándose en la enorme cama king size subido en el lado izquierdo del colchón. El león se quitó los zapatos, la ropa sobrante dejándose solo con el pantalón tirando el resto de la ropa en el suelo, se subió a su cama mirando receloso al otro. —Ya, vine a mi cama ¿Feliz? Ahora lárgate a tu habitación. —¡¿Perdón?! Dormiste quien sabe cuánto tiempo en MI cama, esto es justicia, ahora quítate. Haul lo empujó casi tirando a Leona del colchón, con un manotazo el león se agarró de las hendiduras a mitad de la cama manteniendo el equilibrio, los iris esmeraldas vieron sin poder hacer mucho como los iris celestes lo insultaban con una sola mirada. Haul se dejó caer en su lado designado por sí mismo, dándole la espalda al león en completa dignidad, se sentó cuando sintió una almohada que no era la suya debajo de su cabeza. Dando manotazos, la quitó para poner la suya antes de volverse a acostar. —Buenas noches. Si hubiera sido dicho con esa voz dulce amigable serían palabras que deseaban una buena noche realmente, pero Haul casi las escupió con enojo al taparse con la colcha gruesa de color verde opaco. Leona agachó las orejas acomodándose en su lado, viendo la espalda del chico y su nuca. Ló pateó a la altura de su espalda baja sin tanta fuerza. —Bien, pero si me quitas la cobija a media noche voy a aventarte desde el balcón. —Ay por el cielo, cállate ya. Haul se tapó hasta la cabeza con la cobija, dando por terminada esa disputa nocturna. Leona gruñó de indignación cerrando los ojos, como movimiento final dio otra patada en la pierna al aviario, Haul se la regresó con una patada de caballo dándole en el muslo. Se patearon como dos niños pequeños antes de calmarse, a las once de la noche los dos pudieron conciliar el sueño. Después de esa vez, Leona ya no podía dormirse en menos de cinco segundos, no importaba si era su cama o la mejor posición para quedarse dormido, si no olía esa fragancia tenue de frambuesa floral su cabeza no para de repetirle “No puedo”. Los días siguientes Leona conoció por primera vez lo que era tener insomnio, no duró más de tres días perdiendo sus siestas y el descanso nocturno. Necesitaba dejar su orgullo de lado un rato, o un buen tiempo al parecer. —¡Carajo! Gritó en su habitación a la almohada antes de levantarse con las ganas de matar a alguien, salió dando un portazo para caminar a paso veloz entre los corredores intentando no hacer ruido a las dos de la mañana. Bajó las escaleras hasta el último piso apurando el paso sin llegar a correr, si lo hacía la madera iba a crujir en cada zancada y si alguien de los chicos de Savanaclaw lo veía a esas horas yendo hacia la habitación de Haul se le iba a caer la cara de vergüenza. Detuvo su andar al llegar a la puerta arreglada, tocó dos veces cuando abstuvo su impulso de solo abrir la puerta para entrar sin el permiso del dueño, sí lo hacía una segunda vez de seguro ahora Haul si lo patearía para sacarlo. Esperó una eternidad antes de ver la figura somnolienta del aviario. Su cara era como una bella masita con sus ojos entrecerrados y las mejillas sonrojadas por el sueño, su nariz fruncida por estar levantado y los labios relajados. Su cabello estaba más desordenado de lo habitual a su peinado que parecía no peinado, pero arreglado al mismo tiempo. Leona parpadeó varias veces antes de fruncir el ceño al regresar a su cometido inicial. —Pájaro, dame una de tus almohadas, y ponle de esa cosa que huele a frambuesa. —… ¿Leona?… ¿Todavía estoy dormido?… Incluso su voz se escuchaba tan adormilada que por un solo milisegundo el león se sintió mal de haberlo despertado, se quitó el sentimiento al rodar los ojos. —No, dame una almohada tuya. —… ¿Almohada? —¡Por los Siete! Haul, reacciona— Leona tronó los dedos cerca de l acara del otro— Almohada, tuya, ocupo, ahora. —… almohada… una almohada. Haul se dio la vuelta dejando la puerta entreabierta, se escucharon sus pies arrastrándose en el piso al no tener la consciencia lo suficiente despierta para dar pasos bien, regresó después de un segundo con una almohada pequeña. Se la dio a Leona sin tantas quejas o comentarios, el león la agarró llevándola a su cara para olerla, sí, olía a ese aroma tan especifico. Justo cuando el león sintió ese nacer de dar las gracias por la imagen tan inesperadamente tierna del aviario, Haul cerró la puerta sin decir una palabra más. Ni siquiera fue un portazo o un golpe seco, fue de una forma tan natural que hasta se sintió de película. Leona se quedó viendo la puerta parpadeando varias veces con la boca entreabierta, miró de arriba abajo la tabla de madera antes de rodar los ojos otra vez. —Después dice que no soy amable, iba a serlo y me cerró la puerta en la cara ¡Hm! Se regresó por sobre sus pasos hasta su habitación manteniendo la pequeña almohada en una mano para no impregnarla de otro olor, o del suyo. Esta vez cerró la puerta sin tanta fuerza, casi se tira a su cama acomodándose debajo de las sabanas y la colcha con la pequeña almohada cerca de su cara, el aroma llegó al instante. Leona titubeó un poco, pero estaba él ahí solo en su habitación ¿No? Nadie lo iba a ver si lo hacía. Siguiendo esa idea, enterró la cara en la pequeña almohada inhalando profundo. Cerró los ojos dejando que el aroma se asentara en su nariz sin sentir como sus labios se curvaban hacia arriba, no supo cuando se quedó dormido hasta despertarse al día siguiente con la mitad de su cara enterrada en la almohada. Ruggie fue el único que lo vio así antes de fingir que apenas llegaba para despertarlo.✴︎—♛—✴︎
Como no podía guardárselo por tanto tiempo, la hiena se rió a carcajadas al escuchar el punto de vista del aviario de como vagamente recordaba haber sido visitado por Leona en plena madrugada para pedirle algo. Haul no recordaba qué, pero Ruggie estaba muy consciente de ese objeto, de hecho, hasta lo iba a tener en mente la mayoría del tiempo solo para verle la cara de vergüenza al león cuando menos lo esperara. Y una de esas oportunidades sería ahora. Ruggie se quedó sentado en una de las gradas del campo de entrenamiento del Dormitorio, cuando vio como Leona tomaba sus cosas para irse muy seguro a su habitación, la hiena gritó sin una pizca de discreción ignorando si los otros veinte chicos ahí lo escuchaban o no. —¡Oye, Leona! ¿La almohada todavía huele a frambuesa o quieres que le pida otra a Haul? El león se frenó en seco con sus orejas pasando de estar relajadas a agacharse tanto que casi estaban pegadas a su cabeza, la forma en cómo se dio media vuelta en ese movimiento lento hizo reír más de nervios que de verdadera diversión a la hiena. Su sentencia de muerte se firmó cuando comenzó a escuchar las risas sutiles de los otros chicos sobre que su Líder ocupaba la ayuda del aroma del aviario para dormir, después de jurar unos meses atrás que lo repudiaba. Eso era un gran giro. —Hijo de perra… ¡Maldita hiena! Ruggie se levantó a tiempo para correr sin mirar atrás, Leona no lo iba a dejar irse de esta sano y salvo como había sucedido antes. Esta vez la hiena iba a ser carne molida, eso sí cierto aviario no los veía para detenerlos a ambos. Ruggie imploró al cielo, Leona solo corrió más rápido.