¿Desde cuando el león no se come al ave?

Slash
NC-17
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1
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Tamaño:
planificada Maxi, escritos 264 páginas, 155.947 palabras, 42 capítulos
Descripción:
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Copiar no es sinónimo de originalidad

Ajustes
La actitud de Leona se había vuelto más fácil de sobrellevar conforme el león aprendía de los otros que rodeaban el círculo cercano de Haul, excepto por sus acercamientos tan toscos que seguían consternando al aviario. Más cuando el chico estaba en los pasillos hablando con Reser o Idia sobre cosas de la escuela y de la nada un brazo se le colgaba del hombro pegándolo al costado de esa persona, sabía desde el segundo cero que ese no era Ruggie, más cuando el cabello castaño revuelto caía sobre su mejilla. Esas eran las excepciones que hacían refunfuñar a Haul, su espacio personal siendo invadido por alguien a quien apenas estaba dejando estar cerca, le molestaba demasiado. De forma discreta cuando eso pasaba se alejaba un poco sin quitarse el brazo del león, o se pondría más terco. Al inicio lo hizo y solo consiguió que Leona lo sujetara más firme rodeándolo por la espalda. Para su suerte, ese día estaba Jack presente y pudo convencer al león de soltar al pájaro solo por unos minutos. Leona lo intentaba, cuando menos. El león no sabía cómo acercarse al aviario sin que pareciera una segunda intención de querer intimidar o imponerse, no después del regaño que el mismo Riddle le dio un día porque Leona jaló de la muñeca a Haul sin medir su fuerza. Por suerte solo fue una torcedura leve, pero el Líder de Heartslabyul no se lo dejó pasar al ver al día siguiente el vendaje con un morete asomándose por la venda en la muñeca nívea del aviario. Desde entonces el Líder de Savanaclaw se propuso imitar las maneras en las que mayormente Ruggie y Jack trataban con Haul, se sorprendió al ver como esos dos actuaban tan natural para convivir con el aviario fuera y dentro del Dormitorio. Mientras Ruggie era más de afecto físico sutil como el brazo en los hombros, palmadas en la espalda, empujones medidos e insultos sin mala intención. Un juego raro entre esos dos donde se ponían a insultarse para reír al final. Jack era más modesto, pero igual de presente. Extendía la mano el chico lobo al ave cuando subían por un escalón alto, ofrecía su brazo para caminar si eran distancias largas, lo llevaba a comprar esos jodidos jugos cada inicio de fin de semana. Eran demasiadas cosas, y Leona no le gustaba expresarse por medio de la mayoría de esas formas, se sentía extraño al hacer los gestos en privado para practicar. Le ganaba la vergüenza sintiendo el escalofrío bajar por su espalda, se sacudía la sensación dándose manotazos a los brazos como quitándose tierra invisible. —No entiendo nada ¿Cómo pueden hacer eso sin sentirse ridículos? Su pregunta se quedó en el aire rebotando en las orejas del león, con su duda en la mente se movió a buscar al primero que más consternación generaba su actitud en el león.  

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  Jack se limpió el sudor de su frente con la toalla, la colocó sobre su hombro permitiéndose unos segundos estar ahí sentado sin hacer absolutamente nada después de su entrenamiento. Miró al cielo contando con los dedos cuanto faltaba para las doce del mediodía, si se daba una ducha rápida podría ir a comprar la comida especificada en su dieta y la de Haul. Si no mal recordaba. El aviario había dicho que hacían falta champiñones para hacer una receta de su tierra natal, añoraba probarla de nuevo y compartirla con ellos, aunque no fueran de comer verduras en gran cantidad. El chico lobo no se quejaría, las verduras eran igual de importantes como la proteína. —Jack. Escuchar su nombre rompió el hilo de sus pensamientos, el chico se giró viendo como el león llegaba a ponerse de pie con su típico ceño fruncido de esos días, a estas alturas los chicos de Savanaclaw ya no se les hacía extraño ver a Leona con cara de fastidio constante. —¿Sucede algo, Leona senior? —Sí, sucede algo y quiero saber por qué— Leona entrecerró los ojos dando coletazos a los lados— ¿Cómo lo haces para hacer todas esas cosas sin sentirte ridículo? —… ¿Cuáles cosas? —¡Esas cosas! De tratar con el pájaro, ser así como lo tratas y no sentirte extraño o ridículo por ser tan atento— el león señaló a un lado sin apuntar a algo en especial. —Porque es algo normal, es solo cuestión de saber tratar a los demás con el respeto que se merecen. —¿Respeto? No sabía que eso incluía darle la mano para ayudarlo a bajar u ofrecer el brazo como un caballero socorriendo a una damisela. La sonrisa altanera en la cara de Leona no quitó la calma en el rostro de Jack, el de primer año se levantó agarrando su botella de agua dándole un trago largo antes de ver al Líder del Dormitorio. —Lo hago porque Haul senior es más vulnerable al sol que nosotros, cuando le pido entrenar para practicar mis reflejos casi siempre acabamos el entrenamiento al mediodía, y podría darle una insolación por el esfuerzo. —¿Una insolación solo por dos horas de entrenamiento? Que poco aguante tiene el pájaro entonces. —No es por eso, él tiene cierto grado de albinismo, su cuerpo es más vulnerable al sol. La cara de arrogancia del león decayó en picada a una de asombro sutil con disculpa, pero Leona disimuló mejor lo segundo al fruncir el ceño de nueva cuenta sin verse enojado, sino más bien confundido. —¿Albinismo? ¿De dónde es albino? Su cabello es rosa, no blanco. —No es albino completamente, tiene CIERTO grado de albinismo, es diferente— Jack caminó con calma escuchando los pasos del león a su costado para seguir hablando— Haul senior me lo contó la primera vez que le pedí entrenar juntos en la tarde, me dijo que si de repente se desmayaba no era culpa mía, sino de su poca resistencia al calor. Por eso mejor cambie mi rutina de ejercicio a cuando ya está cayendo el sol para evitar que fuera dañino para su salud. —¿Por eso le das la mano y le ofreces el brazo cuando caminan? —Solo cuando vamos por un terreno despejado, así si llega a sentirse mal puedo socorrerlo rápido o ser su apoyo. Leona miró al suelo con una mueca comprendiendo esa información, no la sabía, y claro que no la iba a saber si no preguntaba nada al chico aviario. De forma rápida se despidió del chico de primer año sin caer en cuenta que fue la primera vez que habló de esa forma tan educada a Jack, para cuando se dio cuenta ya estaba a mitad del camino para ir a buscar a la otra persona en su lista.  

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  Ruggie se tiró en su cama con los brazos abiertos mirando al techo, había tenido una batalla reñida contra una mancha en su camisa del uniforme, le dolían las manos, más al final cuando tuvo que ir a guardar las cosas en las repisas de la Lavandería. La hiena cerró los ojos con el cansancio cediendo al sueño, justo cuando se sentía en ese lapso de quedarse dormido y mantenerse alerta tocaron a la habitación. Como su compañero de cuarto no estaba debía ser él quien se pusiera de pie, un gruñido de coraje atorado salió de su garganta al abrir los ojos. —Uno no puede descansar solo ¡Cinco minutos! Ruggie caminó con cara de queja hasta la puerta, cuando la abrió de golpe su cara cambió a una de sorpresa pasando rápidamente a una de duda seguida de una de berrinche cansado. —¿Qué quieres ahora, Leona? —Quítate. Leona entró sin esperar la aprobación, miró el lugar con la nariz fruncida hasta ver la cama, se sentó en ella pensando en acostarse, así como en cualquier lugar donde deseaba descansar a sus anchas. Se arrepintió al segundo de acostarse cuando el aroma de Ruggie golpeó su nariz como un tren, no le gustaba ese olor. Se sentó quedando al lado de la mesita de noche donde vio una lámpara de led con una esfera de cristal conectada a la corriente, el dibujo era de una ballena volando entre nubes o algo así. Era demasiado cursi para ser algo escogido por el mismo Ruggie. El león tomó la esfera viéndola de cerca, apenas volteó su cabeza para cuestionar del origen de la lámpara cuando la hiena le arrebató la esfera pegándola a su pecho con una fiera voluntad de protección. —¡¿Qué te pasa?! Es mío, no lo toques. Ruggie dejó con sumo cuidado casi de forma milimétrica la esfera sobre el soporte de madera con luces led, checó que no tuviera los dedos marcados del león o suyos antes de volver a levantarse. —¿De dónde te la robaste? Eso es demasiado caro para que alguien de tu tipo se lo compre por capricho. La hiena recurrió a cada gota de control para no aventarle la silla a Leona con esa maldita sonrisa burlesca, Ruggie juntó sus manos antes de cruzarse de brazos. Conocía la situación actual de ese león ególatra atrapado en la necesidad de agradarle al aviario, así que usando eso a su favor, le regresó esa misma sonrisa. —Esta vez no, a diferencia tuya, yo sí sé cómo ser agradable con las demás personas. Por eso Haul me la regaló y como buen amigo la uso todos los días al dejarla conectada día y noche. Ruggie disfrutó de ver como la sonrisa de Leona caía solo un poco a algo parecido a una sonrisa de rabia por no tener ese beneficio, la hiena jaló la silla para sentarse de frente al león cruzándose de piernas también. —¿A qué viniste a mi habitación? ¿También vienes a robarme una almohada o solo a joderme el día? —Eres un cabrón de lo más bajo— Leona agarró una almohada para lanzársela antes de hablar— Vine a preguntar sobre tus tácticas que hiciste para volverte cercano al pájaro. —Ninguna en realidad, él solito se acercó a mí y ya después solo nos volvimos amigos— Ruggie se encogió de hombros, se levantó para voltear la silla apoyando sus brazos en el respaldo— Bueno, mi táctica fue no joderle la vida apenas puso un pie dentro de Savanaclaw, algo que creo no puedes revertir. —Hablo en serio. —Yo también, fuiste un idiota de los peores con él al inicio, después tú mismo le hiciste tener una crisis de ansiedad ¿Sabes que es tener una crisis? ¡No, claro que no! Así que, si yo fuera tu estaría pidiendo perdón por el resto de tu vida. Las orejas de la hiena se agacharon por ese coraje atorado en lo más profundo de sus intestinos, desde el inicio quería escupirle cada una de sus verdades a ese león. Un error así de grande no se tapaba con un curita ni con cinta, se reparaba con años de disculpas, y eso si Haul tenía el corazón tan grande para aceptarlas. Ruggie sabía que sí, el aviario era así, si fuera por la hiena nunca le daría el perdón a Leona. —Ambos sabemos que Haul es un santo, tarde o temprano te va a dar el perdón— Ruggie apoyó su barbilla sobre sus brazos chasqueando la lengua de molestia— Tal vez él te perdone, y hasta pueda estar en paz contigo, pero en esta vida ni en la siguiente serías digno de estar cerca suyo ni merecerlo. —¿Terminaste tu discurso de odio o tengo que seguir oyendo tus estupideces? —Puedo seguir todo el día, pero eso significa tener que verte a la cara, así que ya. Ya terminé. Leona se enderezó cruzándose de piernas para tener una postura más sólida, así la hiena no se daría cuenta de la culpa que se gestaba en el pecho del león. Era consciente de la mierda que hizo, pero no lo iba a decir a los cuatro vientos, o al menos no a Ruggie. —Ignorando tus gritos ¿Cómo le haces para ser tan natural al convivir con al pájaro? ¿No te sientes ridículo poniéndole el brazo en los hombros o riéndote de las idioteces que dicen? —Ay, Leona. Quiero que ya se adelanten las vacaciones de invierno, por favor— Ruggie se talló la cara exasperado antes de ver al león— ¡Obvio no me siento ridículo! Es algo llamado ¿Cómo se dice? Ah, sí ¡Amistad! Los dos nos llevamos así porque nos conocemos y nos tratamos bien, claro que no voy a sentirme ridículo al convivir con un amigo. —¿Y por qué cuando yo intento hacerlo él me mira como si fuera un idiota? —¡Porque eres tú, Leona! ¡No eres yo o Jack! Esas son cosas que nosotros dos hacemos y es natural, Haul ya lo ve natural viniendo de parte de NOSOTROS. Incluso cuando ese chico llamado Reser se abraza de Haul o Cater lo invita a salir a comer a algún lado, son cosas típicas de NOSOTROS— lo señaló con el índice con sus orejas agachadas— ¡Tú tienes que buscar tus expresiones propias de TI! Si te la pasas copiando a los demás se va a ver falso, y lo más probable es que Haul no te va a tomar en serio. —¿Qué se supone que haga con eso? Te estoy pidiendo tácticas, no decirme tonterías que no me sirven siquiera para decirle un “Hola” sin que me mire como bacteria. —No, no puedo más, no me pagan para esto— Ruggie se talló la frente contra sus brazos antes de extender su mano hacia el león— Págame al menos mil madols al día si quieres que te haga de consejero. —¿Pagarte? ¡¿Por consejos inútiles?! ¿De qué me viste cara, hiena? —¡De un mendigo hambreado, de eso te veo cara! —Estás loco si crees que te voy a pagar por esos consejos baratos, mejor lo sigo haciendo yo solo— Leona se levantó manoteando al aire con una risa socarrona llena de arrogancia— Eres solo una hiena muerta de hambre que quiere ganarse la vida jodiendo la cartera de otros, sigue muriéndote de hambre. El león abrió la puerta sin esperar a ver los ojos celestes de golpe, la sonrisa se le fue al suelo cuando el aviario lo miró de arriba debajo de esa forma en que hacía al inicio del ciclo. Desprecio y con una enorme aberración de tener cerca al león, y si Haul había escuchado las últimas palabras de Leona los pocos avances que tenía se habían caído como castillo de arena a causa de un tsunami llamado “Imprudencia”. Ruggie sonrió con tanta satisfacción que no pudo quitarse la sonrisa cuando quitó al león de la entrada para ver a Haul. —Dime, Haul, ignora la mancha de impotencia y testosterona de al lado ¿Qué paso? —Vine a traerte tu paleta de sombras que me prestaste, ya no la ocupo— Haul le dio el estuche de cuatro colores de sombras oscuras a la hiena— Gracias ¿Todavía vamos a ir a comer fuera con Cater, Jack y Reser? —¡Por supuesto! Te veo en cinco en la salida de Savanaclaw. Ruggie agitó su mano conservando esa sonrisa alegre con completo disfrute por ver como Haul se despedía dando una sonrisa reciproca a la hiena, sus labios se volvieron una delgada línea de indiferencia al ver los iris esmeraldas, se dio la vuelta con esa fría y afilada dignidad desapareciendo por el corredor. Leona se apoyó en la pared tallándose con lentitud la cara, no podía ser que tuviera tan mala suerte con el chico para decir semejante comentario engreído justo cuando Haul estaba ahí para escucharlo, se quería tirar desde la última grada del campo de entrenamiento. Ruggie dejó la puerta abierta con una mano en su cadera y la otra sujetando la paleta de sombras, su sonrisa se ensanchó al ver al león parpadeando varias veces con la vista en la nada. —¿Ya consideraste mi propuesta ahora? —… Cómo te odio, te odio tanto— Leona apretó los puños contra su cara antes de suspirar frustrado— ¡Bien! Solo mil, no más. —Págame. —¡¿De qué te voy a pagar?! ¡¿Por dejarme mal parado?! —No, te di un consejo momentos atrás, eso ya es suficiente para que me pagues el día. Dame. La hiena abrió y cerró su mano al dejar a un lado la paleta de sombras, el león bufó resignado sacando su cartera del bolsillo, contó los madols antes de darle con un manotazo el dinero a Ruggie. La hiena dio las gracias en fascinación corriendo de la habitación a Leona, el Líder no necesitó oír más para encaminarse de nuevo hacía su habitación a pensar muy seriamente sobre el consejo mal dado y tan estúpido de buscar gestos propios. Ahora debía sumar una disculpa por expresarse así de Ruggie frente a Haul sin saber que el aviario estaba ahí escuchando, era ridículo pedir perdón por eso, ni siquiera era su culpa que el chico ave estuviera ahí. Leona quería jalarse el cabello del coraje.  

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  No necesitaba ser un genio para saber que ese comentario había desparecido el poco avance que tenía con el aviario, al siguiente día cuando se acercó al chico para preguntarle si quería otro libro de mándalas porque el primero ya estaba a punto de acabarse, Haul solo lo miró de arriba abajo diciendo un “Haz lo que quieras” sin mucho interés. No fue un insulto ni gritó al decirlo, pero Leona sintió esa vieja punzada en su pecho. Agachó las orejas cuando vio como el chico ave se iba a paso calmado. El león apretó los puños dirigiéndose de inmediato al culpable y a quien le iba a ayudar con eso, por su culpa se había descontrolado al hablar justo cuando Haul estaba presente y ahora de seguro el aviario odiaba al león por ser doble cara. Amable con él, pero agresivo con los amigos del chico. Leona se sentó en una de las bancas en el Invernadero esperando al condenado “instructor” dador de consejos, cuando vio a Ruggie caminar con los brazos detrás de su cabeza y esa sonrisa tan burlesca casi se levanta para irse. La hiena se detuvo a su lado alzando las cejas. —Así que… ¿Haul ya te dio tu cachetada por ser un patán de primera? —Cállate y solo habla sobre esos consejos, haz que mi dinero gastado valga la pena. —Ah-ah, háblame con respeto por si Haul aparece por aquí de pura “casualidad”, no vayas a hundirte más tu solo por hablarme en ese tono. —Juro que te voy a…— Leona se frotó el puente de la nariz—¡Solo di ya lo que vayas a decir! —Lección número uno— Ruggie bajó sus brazos para ponerlos en su cintura adoptando una pose más “adecuada” a la situación— Haul es alguien que le importan mucho sus amigos, trátalos bien y entonces el pajarito verá que no eres un bruto. —¿Esa es toda la lección? —Cállate. Lección número dos— la hiena levantó otro dedo— Nuestro chico Haul es como un niño, cualquier cosa por más “barata” que sea, es como una maravilla para él. No es necesario sacarlo a ver cosas costosas o darle regalos extravagantes, incluso ponerse a ver las estrellas le será una salida increíble. —Eso ya me lo habías dicho, no me sirve, siguiente. —¡Ay que te calles, idiota! — Ruggie estuvo a nada de darle un golpe en la cabeza, pero se contuvo— ¡Lección tres! Los dos sabemos que no le vas a pedir perdón de forma verbal porque tu enorme EGO no te deja, así que puedes empezar por charlar con él para simpatizar un poco, pregúntale sobre sus gustos. No sé, sobre que sabor de helado le gusta, o si prefiere dulce o salado, sé creativo. Leona se quedó pensando al escuchar el tercer consejo, no era mala idea ponerse a platicar con el chico un día que estuviera en tiempo libre dentro del Dormitorio. O fuera del mismo. Haul se la pasaba su tiempo después de clases en Savanaclaw porque no había muchas razones para salir, o eso pensaba el león, podía sacarlo al pueblo a escondidas a algún lugar neutral donde platicar. Podía combinar el consejo dos con el consejo tres. —¿Crees que acceda si lo saco a pasear al pueblo en la noche a ver el cielo y después hablar? —… Sí, pero no lo digas así. Parece que vas a sacar a pasear a un perro y no a una salida con una persona. —Da igual, es lo mismo, no importa como lo vaya a decir. —¡Claro que importa, Leona! No es lo mismo decir “Quiero volverme millonario de la noche a la mañana” a decir “De la noche a la mañana me volveré millonario” ¿Hm? —Tus referencias son estúpidas, ni siquiera tiene sentido. —¡AH, como me estresas! Ya, suficiente por hoy, ya fui demasiado amable contigo— Ruggie se dio la vuelta metiendo sus manos a los bolsillos de su pantalón— ¡Adiós! —¡¿A dónde crees que vas?! No te he dicho que ya puedes irte. —Pues yo sí, le prometí a Haul ir a la Biblioteca a buscar libros sobre Historia de la Magia, así que ¡Adiós! La hiena se fue no sin antes sacarle el dedo medio al león, Leona se levantó de golpe estando listo para ir a perseguir a la desgraciada hiena cuando se acordó de lo dicho por Ruggie. Con esa suerte de siempre, sí llegaba a toparse de frente con Haul cuando le ganaba su impulsividad de decir algo fuera de lugar o típico de su lado arrogante podría cagarla más a como ya estaba de hundido, mejor se quedó quieto mirando a otro lado. Pasado un momento se giró para salir del Invernadero, la idea era muy clara en su cabeza como para ponerse a pensar en las palabras de Ruggie sobre cambiar su forma de expresar su idea. Para él, funcionaba bien en su cabeza como sonaba ¿Por qué lo diría con ese tacto impropio de él? así debía ser suficiente.   Eso pensaba Leona, de nuevo.
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