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Haul sintió el golpe de aire caliente en la cara primero, cuando el aire golpeó su cuerpo entero sintió sus piernas de gelatina por el cambio tan brusco de ambiente. Podía ser invierno, pero el clima no era amable para un visitante primerizo en climas cálidos, Haul tomó bocanadas de aire ignorando la ciudad con jardines y edificios altos del fondo para apoyarse en un poste cercano. Leona le ofreció una botella de agua con hielo ya preparada anteriormente, el león conocía a la perfección la clase de clima de su ciudad natal, aunque repudiaba aún tener que regresar para vacaciones de invierno cada año escolar. El aviario tomó la botella de agua tomando grandes sorbos hasta dejar vacía la botella tres cuartas partes, se limpió el agua que escurrió de su barbilla poniendo una mano en su cintura para ahora apreciar la vista. Sus ojos se abrieron de golpe viendo tanta vegetación, colores, esas cosas enormes alargadas con cristales, que Leona dijo que eran edificios. Haul señaló curioso las cajas de metal con ruedas que hacían ruidos chillones cuando una se detenía en la curva, la palabra “automóvil” fue la maravilla para el chico ave. —¿Esto es el mundo moderno del que hablaba Cater e Idia? Haul giró sobre sus talones viendo a la fuente central en la glorieta donde un mandril sostenía en sus manos a un bebé león con estatuas de varios animales haciendo reverencia, iba a dar el paso para acercarse cuando Leona lo agarró de la solapa alzándolo por unos centímetros para ponerlo a su derecha. Por suerte no venía ningún auto en ese momento. —¿Moderno? Esto es solo una ciudad, ni siquiera es de las mejores, podrían serlo si tuvieran una mentalidad con colmillos. Tienen los recursos y no los aprovechan— Leona chasqueó su lengua viendo a otro lado para no enojarse con el aviario presente— Da igual, no es increíble cómo crees… —¡¿Por qué dices eso?! Mira cuantos colores hay, las personas que caminan de un lado a otro, la fuente… ¡Es asombroso! Haul miró a cada rincón con sus ojos brillando de emoción a una forma de ver el mundo lejos de la comodidad Aviaria a la que lo mantuvieron encerrado, Leona no podría comprenderlo del todo. Tal vez él no era querido por ser el segundo príncipe, pero vivió con lujos, podía salir a explorar si así lo deseaba. El aviario no, por eso rebuscó entre sus cosas hasta sacar la cámara dada por Lilia hace unas semanas atrás, recordó los consejos de Cater sobre cómo enfocar las imágenes para que fueran dignas de ser publicadas en Magicam. Hizo click capturando una buena foto de la entrada de la ciudad, no profesional, pero si suficiente para hacer chipiar a Haul mientras la miraba en la pantalla. Leona miró a los lados notando el interés de las personas y hombres bestia de alrededor, los chipidos de Haul no eran discretos, llamaban atención innecesaria. Con eso miradas curiosas señalando al chico de cabello rosa pálido, como si fuera una atracción viviente. Eso irritó al león, el aviario no era un fenómeno ni un objeto el cual andar admirando cual fósil en museo. —Vámonos ya, ya quiero descansar. Haul se giró viendo al león, un mareo lo hizo tambalear antes de hablar sujetándose del poste una segunda vez, Leona se detuvo regresando al chico para ponerle su abrigo en la cabeza del aviario, simulando un sombrero mal hecho. —¿Iremos al Palacio Real? —¡Por los Siete! No, que molesto estar ahí contigo siendo el centro de atención como si fueras un animal raro— Leona abrió los ojos aclarando la garganta, eso había sonado mal— Es decir… no quiero que te estén viendo como si fueras una atracción turística, los sirvientes podrán ser discretos cuando quieren, pero de seguro te estarán lanzando comentarios "amables" si te oyen hacer esos ruidos tiernos de ave. —¿Eso fue un cumplido a tu manera? —Sí, sí, cállate ya. Vamos, nos iremos a un hotel. Leona se enderezó tomando las maletas de Haul en ambas manos, apenas dio un paso para cruzar la glorieta la cara familiar de cierto chambelán viejo en su campo de visión causó un gruñido al león. El aviario se detuvo viendo como ese hombre de porte elegante y con una ropa típica de la región miraba a Leona con una sonrisa… ¿Burlona, respetuosa? Haul alzó una ceja. —Joven Leona, ya se había tardado en regresar a casa para las vacaciones de invierno. —Ah, tú. El león frunció el ceño con una clara molestia, el hombre con cara dura, o eso parecía antes de desviar sus ojos hacia el chico de ojos celestes. Haul solo dio un leve graznido al sentirse analizado de pies a cabeza en un segundo, se tragó la timidez con una sonrisa nerviosa dando dos pasos para presentarse. —Disculpe por no hablar, o presentarme, mi nombre es Haul… —¡Y es MI invitado! De honor, sí— Leona habló con moderación aun cuando los nervios también le comían la lengua— Es un amigo de la escuela, vino conmigo a pasar las vacaciones de invierno. La palabra “amigo” caló hondo en el pecho del chico, parpadeó varias veces recomponiendo su postura cuando el hombre de sonrisa diplomática se acercó e hizo una inclinación respetuosa. —Un gusto conocerlo, mi nombre es Kifaji, chambelán principal de la Familia Real. Es un honor tenerlo aquí. —Gracias, supongo…— Haul miró a un lado dándole una mirada de soslayo al león malhumorado— ¿Vino usted a escolta al príncipe Leona al Palacio? —Sí, pero no hay molestia en que usted venga, al contrario, les enviaré un mensaje a los sirvientes para que preparen una habitación de huéspedes. Haul asintió con esa sonrisa forzada para no dejar ver sus ánimos decaídos por las palabras anteriores, agarró sus maletas chocando las manos por accidente con las del chambelán que iba a subir las cosas al coche. —¡Ah, no se preocupe! Yo puedo subirlas, son algo pesadas y no quiero que se lastime ¡No porque diga que usted no pueda! — Haul rió nervioso sin saber qué hacer con sus manos— Es decir… está bien. —Descuide, como una de mis tareas es asegurarme que usted no pase inconvenientes con su equipaje, puede confiar en que no romperé o dañaré sus artículos. —… Está bien— el aviario se quedó ahí parado viendo como subía Kifaji una maleta, a la segunda sintió que le picaban las manos, no aguantó mucho— Igual déjeme ayudar, no se preocupe, no es desconfianza es solo costumbre por… hacer yo las cosas. —Ya veo, es un jovencito muy amable. A diferencia de uno que conozco desde hace un tiempo. Leona se cruzó de brazos viendo a otro lado cuando se subió al todoterreno de un salto, se acomodó en los asientos de atrás abarcando los dos al acostarse. Haul se rió un poco al chocar sus movimientos con los del chambelán por segunda vez pidiendo disculpas en seguida, al darse la vuelta se detuvo. —¿Puedo subirme aquí? —Claro, donde usted guste— Kifaji abrió la puerta del copiloto al aviario dándole una mirada reprobatoria a Leona. —Tch, que molesto— el león solo se giró apoyando su cabeza en su brazo. Así el chambelán se subió después de asegurar al otro chico, arrancó el coche sacándole un graznido corto a Haul por el repentino movimiento de esa “caja de metal con ruedas”, Kifaji lo miró de reojo con una ceja alzada. Eso había sido un graznido, uno muy claro. Después de todo, el chambelán era un hombre bestia de clase pájaro y conocía perfecto los ruidos, no podía replicarlos, pero lo distinguió al segundo. Haul no era humano como aparentaba, tampoco era un hombre bestia de una clase similar a la suya. Mientras conducía, Kifaji habló de esa forma cortes sin sonar grosera o discriminante. —Si no es irrespetuoso preguntar, joven Haul ¿Qué raza es usted? —Soy un… —No te interesa, anciano. Leona respondió cortando de tajo las palabras del aviario, el chico sabía que lo hacía por eso de que el león no quería ver como los demás trataban a Haul como una rareza nueva, pero estaba siendo demasiado grosero al no dejarlo terminar de hablar. El ceño del aviario se frunció más notorio al respirar profundo, puso la mejor sonrisa mirando al frente como un comercial de dentífrico antes de hablar ignorando al león detrás. —Bueno, ya que al parecer no puedo decir nada sin ser callado, me parece que debo guardar silencio y solo ser un “invitado silencioso” por el resto del viaje— Haul sonrió a Kifaji con unas ganas inmensas de decapitar a Leona— Podemos hablar del presente, eso si no le molesta al príncipe a nuestras espaldas, o supongo tampoco puedo hacer eso sin su permiso. Oh espere un segundo. El aviario se giró viendo de esa forma a Leona, el león giró sobre su cuerpo al sentir la mirada asesina del otro chico encima, abrió los ojos con las orejas abajo al ver que la había cagado de nuevo. Después de tanto tiempo de haber esquivado balas, ahí estaba otra vez en la línea de fuego. Haul alzó sus cejas manteniendo esa sonrisa forzada con quijada apretada. —¿Me das permiso de hablar con el chambelán Kifaji o ya tampoco puedo socializar como una persona normal, Kingscholar? —Tú… es decir…— Leona miró la espalda de Kifaji como si de un minuto a otro ese hombre fuera a salvarlo, miró a Haul que dijo un “¿Hm?” muy firme— Sí… puedes hablar… yo no… —¡Que amable eres, Kingscholar! Ahora guarda silencio como una persona civilizada y deja de interrumpirme, te lo agradezco— Haul dio una última mirada estresada al león antes de pasarse una mano por el cabello y mirar más relajado a Kifaji— Lo estoy entrenando aún, va mejorando. El chambelán no pudo contener la risa seca que se salió de su pecho al escuchar la forma tan despreocupada en cómo alguien se refería a Leona con esa misma actitud irrespetuosa, similar a la que usaba el mismo león a veces con otros, era una divina comedia para Kifaji. Solo por eso, Haul ya tenía un punto a favor con él. Leona se quedó pasmado ahí en los asientos traseros sin saber si enojarse, apenarse o pedir disculpas al aviario cuando llegaran al Palacio.✴︎—♛—✴︎
El coche se detuvo en la rampa de entrada al Palacio Real, Haul observó el paisaje hasta llegar a ese Palacio construido en la piedra con un enorme complejo de salas en la parte donde se encontraba la cima de ese acantilado. El aviario abrió sus ojos un poco más cuando vio una pequeña escolta de cuatro Guardias Reales mujeres cargando lanzas y esa vestimenta de la región, detrás tres sirvientes aparecieron dándole la bienvenida a Leona primero de forma algo renuente con esas sonrisas respetuosas con algo de miedo, después miraron a Haul con un poco de confusión dándole la bienvenida de igual forma. El aviario se inclinó respetuoso sosteniendo la sonrisa ya un poco más suave a la que había hecho con Leona al salir de la ciudad, recordó sus maletas girando sobre sus talones para acercarse a cargarlas, se detuvo en su trayecto al ver a los sirvientes ya encargándose de eso. Sabía que era un trato normal por ser un invitado y ser recibido por el chambelán de la familia. Solo se sentía incómodo al observar sus cosas siendo cargadas por otras personas, esa maldita costumbre de nuevo. —Ah, espere— Haul trotó con ligereza hasta uno de los sirvientes que llevaba su morral— Este lo llevaré yo, si no es molestia. —Por supuesto. Abrazó el morral igual a cuando se abraza una muñeca de trapo querida, solo un poco sucia por lo de esa mancha oscura. Haul dio las gracias por sexta vez al mirar sus maletas irse por el camino principal, volteó buscando con la vista hasta chocar con los iris esmeraldas, su brillo cálido se apagó al recordar que estaba enojado con él por ser tan rudo en el camino. Haul se dio la vuelta manteniendo su dignidad intacta al tener en su visión panorámica a Kifaji. —Joven Haul, permítame acompañarlo hasta la habitación de huéspedes donde se hospedará en estas semanas. —Él va a quedarse en mi habitación, yo lo llevo. —Joven Leona, un invitado debe de tener su propia habitación, no importa la cercanía de las personas. Se debe respetar la privacidad. —Es MI invitado ¿No? Yo decido donde se va a quedar. —¿Perdona? Alto. Ahí. Haul alzó su índice viendo con ojos de pistola al león y esa mueca nada feliz de ser tratado cual objeto para adornar una habitación, caminó solo dos pasos lentamente haciendo retroceder al león uno. El aviario se colgó el morral en el hombro con una voz baja tan autoritaria que una miembro de la Guardia Real abrió los ojos por la impresión. Era la primera vez que alguien se ponía contra el segundo Príncipe sin miedo a ser convertido en arena o lidiar con su mal carácter, el silencio se hizo sepulcral. —No soy un florero, ni un adorno de pared, y disfruto de tener privacidad para hacer mis cosas— Haul barrió con la mirada a Leona similar a cuando se veían al inicio del ciclo escolar— Y somos “amigos” ¿Por qué estaría en tu habitación? Pusiste límites, ahora acéptalos. Los presentes se quedaron callados hasta olvidar respirar para no recibir palabras de ese chico de temperamento tan intimidante, en un parpadeo, Haul pasó de verse como el ser más mortal y frío a alguien incapaz de matar una mosca, con una sonrisa agradable. Miró a Kifaji en una afirmación sutil. —Le sigo, vamos. El chambelán alzó una ceja antes de darle una sonrisa satisfactoria al ver como Leona se quedaba callado como si hubieran cerrado sus labios con un zipper, incluso esa mirada baja de cachorro en problemas dio una pequeña pista al chambelán del tipo de problema en el cual se había metido el león. Seguro los dos estaban saliendo o tenían algún interés de esa índole, por eso Leona había llevado a Haul, solo que el león bruto no se animaba a revelar ese sentir tropezando cada vez más en sus palabras. Lo que agradó más a Kifaji fue ver como Haul no se dejaba hacer, al contrario, sacaba sus garras para poner en su lugar al león sin miedo a recibir una mordida. Eso era digno de respeto, y tal cual, el chambelán asintió caminando con calma por el corredor principal mostrándole las salas y algunas zonas donde el aviario podría ir a visitar después de acomodar sus cosas en la habitación. En el camino, Kifaji notó como Haul mantenía su botella con hielo cerca de su cuello, ahí descubrió otra singularidad del chico. Ese cabello rosa pálido, la piel nívea cubierta no por querer sino por necesidad, y los ojos celestes entrecerrados cuando veía al paisaje abierto donde el sol daba directo sobre sus cabezas. Era albino, o bueno, tenía cierto nivel de albinismo en su cuerpo. Rápidamente Kifaji desvió el pequeño tour dentro del Palacio para pedirle a un sirviente que fuera a poner un hechizo de regulación de ambiente en la habitación de huéspedes. Un ambiente más fresco para el chico. Leona iba detrás de ellos sin decir una sola palabra cuando Haul preguntaba por alguna sala o Kifaji preguntaba a Haul sobre su dieta y costumbres mañaneras. Por un segundo, Leona volvió a sentir esa punzada en su pecho.