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El aviario abrió los ojos algo desorientados por el cambio en la iluminación que entraba por la ventana, se veía el sol a comienzos de meterse por el horizonte. Seguro eran más de las seis de la tarde, no había comido en el día por quedarse profundamente dormido en esa habitación aclimatada para su comodidad. Se removió con la intención de levantarse para cambiarse de ropa por una más cómoda, el agarre firme en su cintura lo detuvo de girarse por completo, recordando a cierto león perezoso aferrado a su costado, sonrió mirando por encima de su hombro esa figura dormida. Cuidando de no despertarlo se quitó el brazo de alrededor de su cuerpo hasta dejarlo con suma sutileza sobre el colchón moviéndose en el proceso, Haul se levantó de la cama caminando en puntitas hasta su maleta encontrándola vacía. Por un segundo sintió el micro infarto en su pecho hasta recordar donde estaba, se movió al armario encontrando su ropa acomodada en las repisas con unas pocas en ganchos, se le bajó el casi paro cardiaco con un suspiro de alivio. Estiró su mano a un conjunto que no había visto y sabía que no era suyo, era de esa ropa típica de la región. Un poco personalizada para él con los hombros y brazos cubiertos por una camisa blanca de manga larga conectada a los brazaletes y pulseras, con la túnica de patrones más suaves a los colores terrosos. El pantalón de tela si era café oscuro, pero las sandalias apoyadas con cuidado en el suelo del armario eran de corte alto con correas. Haul alzó las cejas sin saber cómo ponerse eso, se giró esperando encontrar al león despierto, seguía tan dormido como lo había dejado. —Bueno, haré lo mejor que pueda. El aviario batalló en el amplio baño de la habitación al ponerse el cinturón de piel y la faja de tela para mantener en su lugar las telas de la túnica, graznó al casi caerse cuando subió el zipper de las sandalias. Al estar listo o como él se pensó listo salió del baño, Leona no parecía propenso a levantarse en esos minutos o en las siguientes horas, Haul llevó sus manos a su abdomen al tener un gruñido de queja de su estómago. —No creo que se enoje si lo dejo aquí un rato en lo que voy a buscar comida, o preguntar si hay comida sobrante del almuerzo. Haul caminó de puntas hasta la salida dándole un vistazo final al león antes de salir, cerró la puerta sin dar el portazo por si las dudas, caminó sin saber muy bien por dónde ir. Cuando Kifaji ofreció ese pequeño tour de las diferentes áreas del Palacio se perdió después de la sala de estar inmensa con la fuente en la pared, los caminos eran difíciles de aprender. Era diferente al Árbol Sagrado, por mucho. Dio vuelta en varios corredores encontrando salas de nombres raros o de las que no recordaba sus usos, sin saber cómo era posible, en su camino no encontró ni a un solo sirviente o escolta para pedirle ayuda a ubicarse. Resopló frustrado al encontrar un jardín lateral, se sentó en la banca con un chipido triste sintiendo sus intestinos en queja por la falta de comida, inhaló profundo viendo a la flor más cercana. Podía comerse las flores, pero temía fueran venenosas para él. —Creo que me perdí, hubiera despertado a Leona, aunque se enojara por interrumpir su siesta. —¡Oye, tú! Haul graznó de sorpresa girándose sin levantarse, unos Guardias Reales se acercaron a él con la mirada dura. No eran mujeres como las de la entrada, solo eran tres con orejas de otros animales que no eran leones ni herbívoros como algunos sirvientes. El que estaba al mando del trío se puso enfrente con las manos en su cintura. —¡¿Qué estás haciendo aquí?! No puedes entrar al jardín sin permiso de la Familia Real, se le dijo a la servidumbre muchas veces. —No fue mi intención…— las palabras se le quedaron atoradas en la garganta, Haul abrió los ojos consternado— ¿Servidumbre? ¿Se me ve tan mal la ropa? Haul se miró a sí mismo con la ropa sintiendo esa ansiedad surgir en su pecho, seguro que se había equivocado en alguna de las formas de ponerse las prendas que por eso lo estaban confundiendo, o debían ser los colores claros diferentes a los típicos de la región. Viéndose a él y a los Guardias, si se veía diferente. —Anda, ponte de pie ¿Eres de los asistentes personales? Vamos. El aviario se tuvo que poner de pie para no hacer una escena si se ponía a discutir sobre ser un invitado o cosas así, de igual forma si se encontraba con los sirvientes del Palacio Real podría preguntar por comida. Caminó frente al grupo de tres hasta entrar por un corredor escondido detrás de un pilar, ahí vio a varias personas con cosas en manos y algunos dándoles órdenes a otros. Haul abrió los ojos viendo por los ventanales en arcos que daban a la sabana verdosa, alzó las cejas al sentir el empujón leve en su espalda de que siguiera avanzando. —¿En dónde está Makali? Aquí hay un novato que estaba vagando por el jardín. El chico que lideraba el trío se detuvo al llegar con un hombre viejo de ojos juzgadores, Haul sintió un escalofrío en su espalda al recibir la mirada parda encima. —Makali no está, fue a buscar al Invitado de Honor que recibimos junto a la llegada del segundo príncipe— el hombre dio una mirada a los tres antes de dar las gracias— Yo me encargo de aquí en adelante. Así como aparecieron se fueron, Haul iba a decir algo sobre ser ese invitado ya en un ambiente más calmado antes de tener enfrente al hombre viejo con cara impaciente. Un pellizco en su brazo sacó una queja callando el graznido agudo, el aviario se sobó la zona viendo al mayor. —Esa solo es la primera llamada de atención, la siguiente no será tan suave— el hombre vio de arriba abajo al chico de ojos celestes— ¿Qué es esa forma de arreglado? Es impropio para alguien que sirve a la Familia Real verse como un mendigo ¡Ve a cambiarte esos colores! Haul soltó un respingo cuando vio alzar la mano del hombre señalando al otro lado del corredor, pensó por un segundo que recibiría un golpe de verdad. El aviario no le quedó de otra, con ese hombre viejo no iba a poder razonar ni aclarar el malentendido. Caminó a paso veloz alejándose lo más posible de ahí, salió a un corredor con dos puertas entrando por otra donde salía un aroma embriagante, con una sonrisa llegó a la cocina. Se acercó a los cocineros dándoles una inclinación de cabeza, los dos se miraron confundidos antes de saludarle de igual forma. Haul juntó sus manos a punto de preguntar si había verduras o alguna fruta que pudiera picar para comer un poco, pero fue tacleado por una pequeña bola de pelos que dio como única advertencia un “¡Pájaro rosa!” antes de lanzársele en brazos. —¡Por los cielos! …— Haul bajó la mirada encontrando esos enormes ojos de ese bello niño pelirrojo, su sonrisa se agrandó— ¡Cheka! —¡Haul pájaro rosa! ¡Te encontré! — Cheka se rió subiéndose en los brazos del aviario con una sonrisa— Escuché que regresaste con mi Oji-tan, pero no te vi en todo el día ¡Pero ya te encontré! —Oh, disculpa, el calor de tu casa no me ayuda mucho y me quedé dormido en mi habitación para recuperarme— Haul sonrió sujetando mejor al niño de seis años— Apenas me levanté, y estaba buscando la cocina porque tengo un poco de hambre. —¿Hambre? Yo te ayudo. Cheka pidió con ternura siendo de forma amable su petición bajar de los brazos del chico, el aviario rió un poco bajando al niño viendo cómo iba corriendo ese pequeño de melena pelirroja hasta los cocineros, el pequeño dijo algo al señalar a Haul antes de alzar sus manitas. Los dos vieron al aviario con el ceño fruncido antes de abrir sus ojos y bocas con un “ah” al reconocerlo, él era el Invitado de Honor. Haul se alivió un poco, cuando menos los cocineros ya sabían que se trataba de él. Cheka regresó corriendo con un plato de fruta picada alzándolo por encima de su cabecita. —No hay comida ahora, pero hay fruta ¿Quieres fruta, pájaro rosa? —Claro que sí, muchas gracias pequeño príncipe. Haul tomó el plato con cuidado sonriendo lleno de ternura al ver a ese pequeño niño tan entregado en ayudarle, los dos caminaron fuera de la cocina a la larga mesa de piedra. Los escoltas de ahí saludaron a Haul con un ademán de cabeza corto antes de hacer una reverencia hacia Cheka, los dos se sentaron en las sillas de madera comiendo la fruta picada. —¿Dónde está mi Oji-tan? —Está durmiendo, se quedó dormido también como yo, por eso vine solo hasta aquí. De hecho, me perdí en el camino y… sucedieron cosas interesantes antes de encontrar la cocina. —¡Y después te encontré yo! Bueno, si mi Oji-tan está dormido, puedo quedarme yo contigo hasta la cena ¿Quieres jugar conmigo? —¡Sip! Solo dame un poquito de tiempo para comerme la fruta. —Sí, yo espero. Cheka se quedó quieto en su silla moviendo sus piecitos, Haul sonrió divertido mientras contaba en su mente cuanto tiempo duraba el silencio antes de ver de reojo al pequeño león viéndolo con atención infantil. La sonrisa en los labios del aviario se ensanchó al ver como el pequeño niño alzaba sus orejitas y abría sus ojitos en emoción. —¿Ya acabaste? —Nope. —¿Ya casi? —Ya casi. Haul se controló las ganas de reír de adoración por ese pequeño niño. Cheka bajó su mirada a sus piecitos quietos antes de moverlos un poco con lentitud, después los movió rápido como si corriera en el aire. Justo cuando el chico de ojos celestes acabó el último pedazo de mango con la rodaja de naranja, el niño alzó la vista. Cheka ya estaba sonriendo. —Ya acabé— Haul dejó a un lado el plato vacío con una sonrisa dulce al ver a Cheka. —¡Vamos a jugar!Confesión de dos corazones
10 de abril de 2026, 10:47
Leona agachaba las orejas de vez en cuando al escuchar algo sobre el Dormitorio y como Haul disfrutaba de mantener algunas rutinas, entre ellas lavar su ropa por las mañanas los martes y los fines de semana tomar jugos de naranja. El león suspiró profundo pensando si debía intervenir a veces, solo cuando Haul decía algo sobre su raza de forma indirecta. La palabra “amigos” golpeó su mente una y otra vez, sí, lo había dicho al segundo sin dudar en si era una buena forma de describir la extraña relación de ambos.
Haul era alguien increíble con una voluntad de hierro, de ese temperamento tan conflictivo cuando se trataba de lidiar con los comentarios y ataques de Leona por su gran ego, al mismo tiempo podía ser la persona más dulce llena de comprensión por la otra persona que hasta podía causarle diabetes al león. Una diabetes que no era molesta en lo absoluto, en realidad, disfrutaba de ser quien recibiera esa mirada brillante del chico. Verlo sonreír cuando se encontraba de frente una nueva maravilla del mundo moderno, o cuando se sonrojaba por un comentario dicho al aire por el león que no pensaba fuera a hacer sonreír al aviario. No, eso no era de amigos solamente ¿No? Era de algo más… Leona sacudió la cabeza.
¡Claro que no era eso! Leona hizo la vida imposible al chico en los primeros meses del ciclo escolar, casi lo lastiman de gravedad por enviar a esos animales de tercer año en su lugar, después manchó con refresco de uva el morral todo viejo que llevaba a cualquier lado. No podía sentir afecto hacia el león, sería lástima, sí, eso era. Lástima por ver una personalidad tan ingrata en alguien solitario, pero si eso fuera cierto ¿Por qué sentía esa punzada en el pecho cada que buscaba la mirada celeste y no la recibía? No, Haul no sería alguien de ese tipo. Volvió a sacudir la cabeza quitando la maraña de pensamientos enredados en su propio juicio y los hechos, no era momento de pensar en esas cosas.
Los iris esmeraldas alzaron su atención a la puerta que estaba a unos metros de aquella otra habitación que reconocería hasta con los ojos cerrados, era una habitación de huéspedes cerca de la suya, algo alejada para su gusto. Haul se detuvo frente a la puerta escuchando las palabras del chambelán con una sonrisa, dio las gracias mirando la figura de Kifaji irse en pasos modestos sin tanto ruido, ni cuando Haul pasó a un lado de Leona dirigió alguna mirada o comentario. Siguió de largo como si nada.
El león respiró profundo caminando hacia el aviario, extendió su mano deteniéndose a pocos centímetros de él, pensó en no acortar esa distancia para proteger su orgullo.
Él no se inclinaba ni rogaba, eso se decía, ahora era necesario. Haul lo miró de soslayo frunciendo el ceño, esperaba ese comentario seco sobre sí ya podía irse a su habitación. O felicitar que, si estaría cerca de él a final de cuentas, se cruzó de brazos esperando ese comentario.
—Haul…
—Kingscholar.
—Hablo en serio— Leona dio el paso decisivo poniendo su mano en la nuca del aviario sin apretarlo— Perdóname, lo sé, fui demasiado idiota allá atrás. Lo admito, es que venir aquí me pone… me pone de mal humor.
—¿Cuándo no estas de mal humor?
El bufido de exasperación de Haul hizo apretar un poco la mano del león en la nuca del aviario, Leona quitó su mano para girar al chico y verlo a los ojos. Los esmeraldas chocaron con los celestes después de tantos minutos de silencio, se observaron cada uno de forma distinta. Los celestes miraban con enojo a los otros por haberse sentido como un lindo adorno para la sala de estar, los esmeraldas miraban con disculpa sincera sin saber cómo expresarlo sin sentirse vulnerable. Haul alzó las cejas dándole ese momento de hablar a Leona.
—Haul, carajo ¡Ya sé, ya sé! Poner de excusa que me pone de mal humor venir… no cuenta, pero no sé cómo expresarlo. No puedo.
—No, sí puedes…— Haul miró al pasillo notando a lo lejos un grupo de sirvientes en las sombras viendo la escena— Entremos a la habitación.
Los dos abrieron la habitación de huéspedes siendo golpeados por el aire frío en la cara, tanto Haul como Leona hicieron gestos al sentir la frescura entre tanto calor de invierno, algo contradictorio. Parpadearon varias veces antes de entrar, ya después el aviario exploraría su habitación temporal, primero ocupaba atender esto.
—Aquí puedes— Haul lo tomó por los hombros al león en una inhalación profunda calmando su propio enojo para oír lo que fuera a decir el otro— Sin evasivas, sin comentarios estúpidos ni bromas. Dilo tal cual lo sientes, aquí.
La mano en el pecho del león se sintió cálida, Leona posó su mano sobre la nívea controlando una sonrisa aliviada en ese bálsamo tácito. La tomó sin quitarla del centro de su torso, su pulgar acaricio la punta de los dedos ajenos.
—Yo… me siento apenado y… dolido, porque no fui prudente ni un segundo contigo cuando yo mismo te traje hasta acá— Leona cerró los ojos usando esa cercanía de “Lugar Seguro” que era tener a ese aviario a su lado— Apenado por rebajarte a algo tan pequeño como “adorno” y dolido por ser regañado por ti.
—Te merecías el regaño.
—Lo sé, de igual forma me dolió, no es una queja solo algo que quería expresar— el león resopló en risas suaves abriendo los ojos chocando con los celestes— No sé qué somos, y me gustaría decir que así estoy bien… pero esa punzada no me deja en paz.
—¿Estás seguro de que no es un intento de infarto?
Leona chasqueó la lengua riéndose un poco más fuerte dándole un jalón de mechón de cabello al otro sin tanta fuerza, las risas combinadas se escuchaban tan jodidamente bien. El león mantuvo esa sonrisa vulnerable llena de sentimiento.
—No, no es un infarto, tonto— Leona respiró profundo hinchando su torso y desinflándolo en una exhalación lenta— Cada que la cago o te enojas conmigo, cuando me privas de verte a los ojos aparece, y no sé qué es… solo sé que duele.
—Bueno, diría que yo… me pasa algo igual cuando actúas como idiota, pero no es una punzada.
—¿Qué es lo que tu sientes?
—Decepción… y una opresión en el pecho, pensando que ya estabas mejorando y caes de nuevo por ese ego enorme tan inflado que tienes.
Leona gruñó viendo a otro lado antes de sentir el jalón suave en su mano, ese permiso silencioso de poder acercarse sin ser golpeado por invadir el especio personal del aviario. Haul cerró los ojos cuando sintió los brazos del león alrededor suyo escondiendo su cara en el cabello con olor a frambuesa floral, el aviario apoyó su barbilla en el hombro del dueño de esos ojos esmeraldas. Se quedaron en silencio saboreando esa quietud en el abrazo espontaneo, de repente lo que dolía se calmó, lo que se estaba rompiendo se juntó.
Se sentía bien.
—¿Hacemos un acuerdo?
—Depende ¿Vas a pedirme algo imposible, Kingscholar?
Los dos se rieron por la ironía, últimamente las peticiones del león resultaban un tanto descabelladas para él o a veces algo exageradas para cumplir por parte de Haul. Se quedaron así solo un poco más.
—No, es como un pequeño acuerdo entre ambos— Leona cerró los ojos inhalando ese aroma tan calmante— Sí estoy siendo un idiota contigo o empiezo a ser demasiado agresivo con mis palabras, tienes la libertad de jalarme una oreja.
—¿Así te reinicias? Con un jalón en tu oreja, eso no me lo esperaba.
—Y... Que si nos enojamos debemos hablarlo a solas, para no fingir con tal de mantener las apariencias. No me gusta no verte a los ojos para saber si estamos bien.
—… Leona, no somos algo tan cercano para poner una condición como la segunda ¿Sabes? Solo somos dos chicos que se prometieron estar para el otro, más en específico, yo como tú “Lugar Seguro” y tu vas mejorando poco a poco.
Leona se mantuvo firme en su abrazo cuando sintió que Haul se iba a soltar, no quería verlo alejarse otra vez después de tantas veces en el pasado. Habían arreglado aquello roto por el león a causa de su orgullo terco de ser el rey en su Dormitorio, ahora que estaban en ese limbo, quería arriesgarse. La maraña de pensamientos se aclaró en uno solo, no lo diría en voz alta porque parecía un maldito comentario de película romántica, además no era su estilo. Tampoco podía esperar a que “eso” fuera dicho por el aviario.
—Quiero… que seas mi “Lugar Seguro” por siempre, pero antes de eso quiero hacerlo bien.
—No entiendo de que hablas ¿A qué te refieres con eso?
—¡Por el amor a…! Haul.
El mencionado se atacó de risa alzando su rostro para ver a los esmeraldas, el león frunció el ceño con los ojos entrecerrados al notar como ese chico se estaba haciendo el loco. Por supuesto que había captado la indirecta, solo quería oír a Leona explicar sus palabras, Haul ladeó inocente la cabeza cuando sus celestes vieron a los ojos ajenos. El león entrecerró los ojos con esa sonrisa acusadora, el aviario fingió inocencia alzando las cejas.
—Eres malvado, muy malvado.
—Es un don nato, lo uso cuando tengo personas idiotas cerca.
—Que gracioso eres pequeño pajarito, que gracioso.
—¿Entonces? Dímelo como es y tal vez lo piense un poco antes de decirte mi respuesta— Haul entrecerró los ojos de esa linda manera que hacía cuando quería algo, el león solo se rió viendo a un lado maldiciendo por no saber cómo negarle algo en ese momento— Anda, solo estamos tu y yo aquí, y después me voy a dormir el resto de la tarde, me duele la cabeza por la casi insolación.
—Ah, entonces te la digo al despertarnos, vamos a ponerte a dormir.
Leona se agachó sin pensar mucho en si eso se vería bien o mal por si algún sirviente entraba o no, con un agarre fuerte alzó al aviario poniéndolo sobre su hombro cual costal riéndose con el chico ave. Leona se subió a la cama antes de bajar el chico de ojos celestes entre risitas embobadas por ambos, Haul se tomó el abdomen con una mano y se tapó la cara sonrojada usando la otra. Miró a un lado al sentir el colchón hundirse a su izquierda, volvió a chocar con los esmeraldas en una sonrisa altanera.
—Buenas noches.
—Son las once de la mañana, por lejos son “buenas noches”, Leona.
—Son noches para mí, ya guarda silencio.
La mano del león cayó en la cara del aviario tapándole solo la boca para dejarlo callado, Haul soltó risas ahogadas girándose de espaldas al aventar la mano a un lado, se acomodó para dormitar ese rato en lo que su cuerpo se volvía a enfriar.
—Oye.
—¿Qué, Leona?
—Hace unos días me sucedió algo.
—Hmm…
—Antes podía dormir en cualquier posición sin ningún problema, pero ahora necesito una almohada para abrazar.
Haul abrió los ojos cuando sintió la mano acostarlo boca arriba antes de ser víctima del peso de Leona parcialmente encima suyo, alejó su cara con una sonrisa resignada al sentir la cabeza de cabello rebelde en su hombro y el brazo abrazándolo por la cintura. La cereza del pastel, una pierna entre las suyas antes de oír un gruñido cómodo de Leona.
—Listo, a dormir.
—Yo no recuerdo dar mi consentimiento para ser una almohada humana.
—Y no me importa, esta habitación es mejor a la calurosa habitación que tengo al otro lado del pasillo, y aquí está el pajarito que tantos conflictos me hace tener conmigo mismo. Es perfecta.
Haul resopló divertido por ese atrevimiento tan directo del león para abrazarlo como si nada, en una habitación donde se supone el aviario iba a tener privacidad y un rato para él mismo, ahora tenía a un león abrazandolo sin darle tiempo de tener espacio personal. Leona ya estaba dormido tan profundo que si lo movía seguro se aferraba más a su abrazo de costado, el chico ave solo negó al removerse un poco hasta buscar una posición relajante. Cerró los ojos sintiendo en su mejilla los golpeteos de las orejas leoninas del otro, de todas formas, pudo tomar la siesta para nivelar su temperatura.