¿Desde cuando el león no se come al ave?

Slash
NC-17
En progreso
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 264 páginas, 155.947 palabras, 42 capítulos
Descripción:
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Cuando el león durmiente ruge

Ajustes
Haul no estaba en contra de jugar un poco con el niño, de hecho, ayudó mucho a bajarle los nervios por la presencia tan aterradora de ese hombre viejo que le recordó un poco al Rey. Su mirada profunda como un corte de daga eran similares. El aviario chipió al encontrar por cuarta vez a Cheka escondido detrás de uno de los sillones en la sala de estar principal, los dos se rieron fuerte dándose un abrazo de alegría, se separaron iniciando la nueva ronda de escondidas. —¡Ahora yo cuento, ahora yo! Tu escóndete. Cheka empujó con inocente fuerza al mayor antes de ir corriendo al pilar a taparse la carita, Haul sonrió divertido dándose la vuelta para buscar un lugar donde esconderse. Cuando llegó a la fuente del lugar escuchó la puerta abrirse, una mano lo jaló sin medir la fuerza dándole un ataque de pánico al chico. Cheka dejó de contar en el diez girándose con los ojitos bien abiertos, miró en cada rincón sin encontrar a Haul, el niño de cinco años se asustó de haber perdido al pájaro rosa en su juego de escondidas. En su inocente mente pensando que el pájaro había caído en un escondite muy profundo, perdiéndose para siempre. Salió del salón viendo a las dos Guardias que los estuvieron escoltando a ambos desde la cocina, el pequeño príncipe juntó sus manitas asustado. —¡El pájaro rosa no está! El pequeño león comenzó a sentir sus ojitos llenándose de lágrimas por creer que era su culpa, que algún monstruo se había llevado al ave mientras jugaban. Las dos escoltas lo calmaron dándole la esperanza de ir a buscar a Haul, el pequeño león pelirrojo asintió dando gimoteos tristes tomándose de la mano de una de las mujeres. Mientras ellas iban a buscar al aviario por los corredores cercanos, Haul iba de camino bajo la mirada despectiva de ese hombre viejo que le había dado un buen pellizco en su brazo otra vez por estar “perdiendo el tiempo” jugando con el príncipe. Escuchando sobre la regla de no involucrarse con el pequeño Cheka como si fueran amigos porque la servidumbre no podía interactuar con el niño, una regla muy fija entre ellos. Haul no tuvo ni voz para explicarse cuando fue amenazado con recibir un golpe, el aviario caminó sin querer mirar atrás sintiendo el sudor frío bajar por su espalda. Llegaron a un salón donde varias personas estaban cargando cajas de madera donde estaban los alimentos frescos para la cena de esa noche, como habría un Invitado de Honor harían un festín en nombre del rey en turno, Farena, para recibirlo como era debido. Aunque Farena no fuera a estar presente por ocupaciones en Sunrise City, debía hacerse un banquete por la asistencia del príncipe Cheka y el segundo príncipe. Bowanii empujó a Haul para acercarlo a una pila de cajas, importándole poco cuando el chico casi se estampó en una de las columnas por la fuerza del empuje. —¡Rápido! Lleva esas cajas a la bodega de la cocina, y si tiras un solo ingrediente sabrás lo que sucede a los que manchan la excelencia de los sirvientes del Palacio Real. Haul se sintió lleno de pánico por ser agredido, recuerdos de él siendo un niño a merced de la furia del Rey por desobedecer sus órdenes de quedar dentro del Árbol Sagrado nublaron su visión. En su mente los pensamientos se apagaron como una vela mezclando sus recuerdos desbloqueados con la realidad, obedeciendo de una sin pelear o decir algo, agarró una de las cajas usando su fuerza al extremo para cargarla. Del esfuerzo sintió su sangre bajarse a los pies, sacudió la cabeza despejando su mente nublada hasta poder llevar como podía la caja. En el camino escuchó a otros sirvientes reírse de la poca fuerza que tenía, de cómo era posible que alguien así haya sido aceptado por el Chambelán para servir a la Familia Real. De repente las “voces” regresaron como una avalancha en la cabeza de Haul, esas risas se volvieron chillonas, entre ellas la voz del Rey se coló recordándole que era un error. Que no serviría ni para poder volar sin caer en picada por la insolación, de como no podía ni cargar su peso con sus alas al inicio. El estómago se le revolvió amenazando con vomitar la fruta picada, se tragó la saliva acumulada en su boca para ir por otra caja siendo empujado en la espalda una segunda vez. Ese hombre viejo de Bowanii se había quedado para asegurarse que el chico no se fuera a escapar, sonrió con deleite al ver como Haul apenas podía levantar la caja con verduras caminando lento. —¡Rápido, no tenemos todo el día para estarte esperando! Haul intentó apurar el paso sintiendo el dolor de sus brazos aumentar a casusa del esfuerzo titánico para alzar las cajas, no iba a aguantar mucho así. Menos con los murmullos y burlas de los otros sirvientes retumbando en sus oídos, pero a quienes oía no eran ellos, eran "otras personas" en su mente. —Hmm, si le pesa tanto levantar cajas no quiero ver cuando lo manden a lavar platos sucios. —Está muy delgado para esto, por eso no deberían de darle trabajos como estos a los chicos de hoy en día ¡Ve como apenas puede estar de pie! —Debería de renunciar, a este paso solo causará penas. —No eres digno del nombre Akarrava Haul alzó la cabeza de golpe buscando con ansiedad al dueño de esa voz, como un fantasma a lo lejos vio la figura de ese hombre de plumaje negruzco, solo que sus ojos eran feroces. El aviario se dio la vuelta apenas dejó la caja, la vista se le nubló por un segundo. Consiguió apoyarse a duras penas en el marco de la puerta.   Tarde o temprano se iba a desmayar.  

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  El toque en la puerta lo hizo abrir los ojos, con la pereza habitual soltó un bostezo enterrando su cara en la almohada. Su mano buscó al otro que debería de estar acostado ahí también, al sentir el vacío frunció el ceño alzando la cabeza. No estaba. Leona se sentó un tanto alarmado sin mostrarlo con tanta claridad en sus gestos faciales, caminó a la puerta abriéndola sin quitar su ceño fruncido encontrándose de frente con Kifaji y una mujer de complexión robusta. A ella ya la conocía, era la primera al mando en la servidumbre, se llamaba Makali si no fallaba su memoria. Los dos recién llegados abrieron los ojos solo un poco antes de recomponerse al ver que era Leona quien abría la puerta y no Haul. —¿Qué quieren? —Joven Leona, venimos para hablar con el joven Haul, ya casi se acerca la hora de la cena y queríamos saber si quería algún platillo en especial. Kifaji señaló a la mujer que se cruzó de brazos alzando una ceja, al notar que solo estaba el león en la habitación de huéspedes supuso el otro chico debía estar en el baño, pero la puerta estaba abierta. Eso significaba que Haul se había ido de la habitación desde quien sabe cuánto tiempo. —¿Y el chico? No lo vi por los pasillos, sería imposible no verlo si es como lo describió nuestro chambelán aquí presente. —No lo sé, se fue hace un rato— Leona se talló la cara viendo al interior también— ¿No lo han visto? —No, aunque el Palacio es grande nos habríamos dado cuenta de su figura si fuera incluso a la distancia, pero no hay una sola señal— Makali frunció el ceño de igual forma dándole una mirada de soslayo a Kifaji. —Debe de estar por ahí— el león pensó un poco en qué comidas pudiera pedir Haul para la cena— En cuento a la comida, a él le gustan las frutas y verduras, solo no involucren platillos con huevo o pollo, tal vez mariscos. —¿Solo eso? ¿Puede comer especias de la región o solo platillos al vapor? —No sé, háganlo sin especias por si acaso. —Que respuestas tan poco observadoras de su parte, joven Leona, sí él es su Invitado de Honor debería de conocerlo— la mujer frunció ahora sus labios en una delgada línea. —¡Ya sé, cállate! No he tenido tiempo de preguntarle… sus gustos, pienso hacerlo en estas vacaciones y preguntarle otra cosa. —Al menos arréglese de forma decente para la cena, si ese jovencito aparece no queremos que vea una imagen tan deshonrosa de parte de la Familia Real. Leona cerró la puerta con un bufido respirando hondo para calmar sus nervios, la idea de que Haul estuviera en alguna parte del Palacio Real sin supervisión lo alarmaba, pero estaría bien ¿No? Habían dado el anuncio de que él llevó un Invitado de Honor y la mayoría de la Guardia Real los vio entrar juntos. Sabrían al instante que Haul era un invitado distinguido de Leona, y uno muy cercano. —Me estoy preocupando demasiado, de seguro hasta se fue a volar aprovechando el atardecer y yo aquí perforándome las entrañas por la ansiedad. Leona se dio la vuelta sacudiéndose ese escalofrío de sus hombros, se desperezó antes de abrir de nuevo la puerta para recorrer el pasillo hasta su habitación personal. Ahí cerró con seguro solo por si acaso, no quería que los sirvientes entraran mientras se cambiaba, aunque su mente se sentía algo en paz por la ausencia “justificada” del aviario. Su corazón latía a mil por hora, eso no le gustaba. Se cambió rápido de ropa poniéndose su atuendo normal de príncipe en descanso, salió a paso desinteresado arrastrando un poco los pies en su andar mirando con desdén a los sirvientes que cruzaban con los esmeraldas en su andar. Leona se rascó la nuca agarrándose el cabello hasta hacerlo una cola de caballo alta usando una de las pulseras de cuero como liga para el cabello, se acomodó un poco el cabello revuelto ignorando a los demás a su alrededor, gruñó de fastidio al ver a lo lejos a Cheka acompañado de una de sus escoltas en turno. Su ceño se frunció cuando vio la carita triste de su sobrino, no era que fuera una reacción capaz de ablandarle el corazón en preocupación, eso solo lo tenía el aviario. Aun así, Leona se acercó al niño que chilló más al tener en su vista a su tío. Cheka se abrazó a su pierna llorando por cuarta vez en ese rato, el león mayor abrió los ojos de golpe. —Oye, oye, no me abraces de esa forma. —Oji-tan… no encuentro al pájaro rosa… tengo miedo. —¿Pájaro rosa? ¿Qué es eso? Leona volteó a ver a la escolta que suspiró ya cansada de estar buscando por cada rincón junto al pequeño príncipe, le dio una mirada estoica al otro león. —Se refiere a su Invitado de Honor, joven Leona, al joven Haul. Es un apodo que el príncipe le ha dado al chico. —A Haul… oye, mocoso— Leona bajó su mirada al pequeño león que lo miró con los ojitos llorosos— ¿Cuándo viste a Haul? ¿A qué hora? —Estábamos jugando a las escondidas… y después ya no. Cheka lloró de nuevo abrazándose más a su tío buscando consuelo por los nervios, el león mayor bajó las orejas sintiéndose incómodo de tener a un niño pegado de esa forma tan aferrada a él. De igual forma, la mente de Leona comenzó a trabajar con esa información vaga sobre donde podría estar Haul, si el aviario estuvo jugando con Cheka significa que no se había ido tanto tiempo. Era algo reciente. Eso no le quitaba la duda de la cabeza ¿En dónde carajos estaba el ave? Algo debió de suceder para tener al niño tan triste. Una palabra emergió en su cabeza, dudaba mucho fuera verdad si estaban en las paredes del Palacio Real un lugar cuidado veinticuatro siete, pero la posibilidad estaba ahí. Leona se dio la vuelta para irse a buscar él mismo a Haul si era necesario, el ruido de la puerta del comedor principal los hizo voltear al interior alumbrado viéndolo acomodado para la cena. Sin darle tiempo de decir o negarse, Leona entró con Cheka de la mano para darle ese consuelo silencioso al niño, y un poco a él mismo.  

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  Había pasado media hora de espera sentados en el comedor principal, Haul no había llegado ni había sido visto por ningún lado y eso ya tenía alarmado incluso a Kifaji. Mientras ellos buscaban en los alrededores del Palacio Real con la vista en el cielo nocturno para divisar una silueta de “algo grande” según había dicho Leona de forma vaga para mantener lo más posible la identidad del aviario en secreto, en el pasillo que daba afuera de la cocina por la entrada de la servidumbre el chico de ojos celestes no podía más. Haul cargó una caja mediana con platos recién lavados para ir a ponerlos en la mesa donde los guardarían, pero su cuerpo no aguantaba el peso ni por un segundo extra. Sin darle tiempo de amortiguar el golpe, dejó caer la caja apoyándose a duras penas en el suelo, las piernas se le doblaron dejándolo caer casi de cara sino fuera porque metió sus manos al instante para no golpearse la cabeza. Para su suerte los platos no habían volado por el aire, la mayoría de los pedazos astillados quedaron en la caja. El resto de los sirvientes a su alrededor abrieron los ojos de golpe alejándose ya del chico, el ruido de seguro se había escuchado hasta la entrada del Palacio, los platos estrellados o astillados se esparcieron por el suelo cuando el chico intentó levantarse usando la caja como apoyo. Esta solo se había ladeado dejando caer el resto de platos. Haul parpadeó varias veces intentando no desmayarse por la combinación del calor nocturno, el cansancio extremo y el esfuerzo que no debía hacer en su condición en general. Además de esa sensación de sentir a alguien viéndolo cada jodido segundo, de esos ojos penetrando en su coraza por primera vez en mucho tiempo para mantener lejos sus comentarios. Su odio, de una aberración inmensa por él y su mera existencia. Las “voces” se apagaron, por un segundo pensó que estaba comenzando a manifestarse como un esquizofrénico si seguía oyendo esas voces. Las zancadas pesadas de esa persona resonaron en el pasillo, Haul estaba luchando contra sí mismo para mantenerse consciente como para dar explicaciones, no pudo evitar el agarre en su hombro con brusquedad. El dedo pulgar encajándose en su articulación sacó un débil graznido de dolor, su muñeca siendo jalada hasta ponerlo de pie lo despabiló solo un segundo. La cara enfurecida de Bowanii fue su panorama completo, su voz no entraba bien en sus oídos, estaba demasiado aturdido por la amenaza de desmayo que apenas pudo sujetarse al caer sentado al suelo. Sacudió su cabeza buscando despejar la niebla en sus ojos, abrió los párpados por completo al ver la mano alzada en dirección a su cara. —¡BASTA! Haul gritó con la voz rota viendo borrosa la imagen de Bowanii mezclada con la de esa figura de plumaje azabache, se cubrió la cara con sus brazos cerrando los ojos esperando el golpe. La sensación de dejá vú se le acumuló en sus nervios haciéndolo temblar de pies a cabeza. Bowanii apenas había bajado la mano a punto de golpear la mejilla del aviario cuando el rugido encolerizado de alguien lo detuvo, el golpe seco de su cuerpo siendo estampado contra la pared fue la primera sorpresa, la segunda fue la mano en su cuello apretándolo con tanta rabia que no podía hablar. Sus ojos desorbitados se esclarecieron al ver al dueño de esa rabia iracunda. Kifaji corrió junto a un puñado de escoltas, al inicio por ver huir a Leona a paso veloz por el corredor lateral, después a Cheka siguiendo a su tío. El Chambelán se detuvo en seco al ver la escena. No sabía por dónde empezar. Leona sujetando con tanta ira a Bowanii amenazando con convertirlo en arena al tener su mano libre imbuida en delgados hilos alrededor de sus dedos, por otro lado, estaba Cheka corriendo hacia Haul con los ojos bien abiertos abrazándose al aviario, y al final estaba el propio Haul con los ojos vidriosos luchando por mantenerse sentado con sus brazos aferrándose de forma débil al niño lloroso. Kifaji se enfocó en la situación más alarmante. —¡Leona Kingscholar, suelte al sirviente Bowanii! El león gruñó enseñando los colmillos en esa amenaza de arrancarle la garganta antes de convertirlo en arena, lo estampó con un fuerte golpe en la pared seguido de soltarlo. Leona se giró disipando la magia en su mano para quitar de su camino a dos Guardias y llegar con Haul, la escolta del príncipe Cheka quitó al niño por su seguridad al ver como el león mayor se pegaba al cuerpo de la debilitada figura temblorosa del aviario. Leona lo rodeó con sus brazos peinándole el cabello dándole golpes sutiles en su hombro, Haul se veía pálido, desorientado y con los labios resecos. —Oye, oye ¡Haul! No te atrevas. Leona buscó la mirada celeste viendo como apenas tenía fuerza para respirar, el cuerpo no aguantó más antes de desmayarse en los brazos del león. Kifaji pidió a los Guardias que se llevaran a Bowanii para ser juzgado por su acción y una explicación de lo sucedido, al ver a Leona abrazando con firmeza al aviario con los ojos cerrados dio un paso al frente sin mala intención. Quería revisar al chico inconsciente, pero el león mayor le gruñó. Fue un ruido gutural lleno de amenaza salvaje, sus iris esmeraldas brillaron de forma peligrosa. —No. Lo. Toques— la voz profunda del león mayor fue como el ruido de una bestia enfurecida. —Joven Leona, solo quiero revisarlo, si se ha desmayado por una insolación u otra causa debe ser atendido por el personal médico de inmediato. —¡Pues mándalos a llamar! ¡¿Qué haces ahí parado sin hacer nada?! ¡MUÉVETE! Kifaji asintió dejando pasar el comportamiento del león mayor solo por esa vez, pidió a las dos escoltar llevarse a Cheka de ahí por su seguridad al ver tan alterado a Leona, si el niño llegaba a acercarse en su inocencia de querer ayudar podría salir herido. No querían saber de qué forma. Leona pegó su mejilla a la frente del aviario respirando profundo para mantenerse calmado, si llegaba a descontrolarse igual a hace segundos atrás daría más problemas que soluciones. Era difícil. Sentir el cuerpo flácido de Haul en brazos tan callado y dócil como una muñeca de porcelana rota le daba escalofríos, la primera vez al verlo en ese estado fue en el Dormitorio de Savanaclaw. Esa vez se sintió aliviado de recibir ayuda de Jack y Ruggie junto a los demás chicos. No lo dijo ni lo diría, pero verlos ya capacitados para situaciones como estas había causado un sentido de seguridad profundo en el mayor. Aquí siendo él solo sin tener a la mano quien pudiera asistir al aviario, generó un nuevo horror. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera ido a ver la causa de ese ruido? Haul se habría desmayado y seguro estaría más herido, o peor aún, habría sido traumatizado de por vida más de lo que ya estaba en su subconsciente. Ese Palacio, ese maldito Palacio era el cáncer, el principal culpable de lo que era Leona mismo ahora. Como si eso no fuera suficiente, ahora querían romper a su pequeño pajarito. Debía sacarlo de ahí, necesitaba sacarlo de ahí cuanto antes. Una lágrima negra bajó por su mejilla manchando el sedoso cabello rosa pálido, otra más goteó en la ropa de Haul. Leona no lo sentía. Solo podía enfocarse en esa sensación de horror combinada con protección feroz, no sentía su inestabilidad mágica bajo sus pies que llamaba al Blot una segunda vez. Cuando se sintió al borde del abismo manteniendo los ojos cerrados escuchó esa débil inhalación en sus brazos, abrió los ojos chocando su mirada esmeralda con la débil y exhausta mirada celeste. Con algo de esfuerzo para enfocar, Haul miró las líneas negras de las lágrimas cayendo por los ojos del león, sintió el vuelco de pánico de su frágil corazón. Extendió su mano cerrando los ojos. —Requiem… Forest… Así como aquella vez, el panorama cambió a un bosque en mitad de la noche lleno de luciérnagas. Los ruidos nocturnos calmaron el agitado corazón y la ansiosa mente de Leona, el aviario consiguió llegar a la mejilla del león limpiándole esa línea negra con su pulgar. El león cerró los ojos respirando profundo, inhaló el aroma del cabello rosa pálido hasta que esa ira y horror se calmó. Apretó un poco más el abrazo solo para asegurar que ese chico, quien lo miraba de esa forma tan dulce, aun en ese estado tan vulnerable. Era increíble ese pajarito. Su pajarito. —Leona… ¿Qué pasó? Haul susurró aclarándose la garganta al fruncir el ceño por la dificultad de hablar debido a la sequedad en su boca, el mencionado abrió los ojos frotando su nariz con la frente ajena. —Me sentí… inútil, sí no hubiera venido a saber el origen de ese estruendo… sí hubiera llegado tarde… no quiero pensarlo. —Ssh, ssh… estoy bien, solo tuve un pequeño problema— Haul resopló con una delgada sonrisa— … Estamos bien ¿Mm? —No, no estás bien, nada está bien… por eso no quería venir aquí, no te quiero dejar aquí… déjame llevarte a otro lado, por favor. —Está bien, está bien… ahora solo ayúdame en algo ¿Hm? —…Lo que sea. —Respira profundo, necesito que lo hagas. La mano del aviario se movió al pecho del león para ayudarlo a respirar en un ritmo pausado, poco a poco el corazón desbocado de Leona se calmó en su totalidad bajando los niveles de Blot, su magia se disolvió bajo sus pies regresando a un estado sereno. Haul acarició con su pulgar por encima de esa tela bien puesta en su pecho, él también se sentía mejor ahora.   Cuando estuvo seguro de que Leona se había calmado, deshizo la ilusión.
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