¿Desde cuando el león no se come al ave?

Slash
NC-17
En progreso
1
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 264 páginas, 155.947 palabras, 42 capítulos
Descripción:
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Sunrise City

Ajustes
Leona dejó caer las maletas en el piso de la habitación de hotel, las pateó a un lado sin enojo real, las acomodó con su pie para poder meter con cuidado las de Haul. El aviario se veía mejor después de dos días de descanso forzado a manos de Kifaji, en esos dos días el Palacio Real se puso patas arriba en la completa extensión de la frase. El chambelán, junto a la primera al mando, despidieron a un puñado de sirvientes, entre ellos a Bowanii al tener testimonios en su contra de otros sirvientes victimas del abuso de poder del hombre viejo. El resto de los sirvientes despedidos fue por testimonios ajenos que vieron como esas personas habían dicho cosas horribles a Haul cuando creyeron que era un recién contratado, además de haber hecho la vista gorda cuando Bowanii maltrató al chico, fuera o no de la servidumbre. Con eso no fue un problema darle la razón a Leona de sacar al aviario del Palacio Real para darle unos días de descanso real lejos de ese ambiente, Kifaji los llevó personalmente al Hotel Sunset Villa donde se hospedarían en la suit VIP como un gesto de disculpa de parte de la Familia Real al chico por esa desagradable experiencia como Invitado de Honor. Haul serenó al chambelán al verlo tan apenado por lo sucedido con la confusión y el maltrato de parte de la servidumbre, le sonrió con sutileza dulce hasta el final. Se despidió en el pasillo de la entrada antes de girarse el chico de ojos celestes, entró a la habitación enorme con una cocina funcional incluida. Era como una casa dentro de un edificio. Leona se peinó el cabello con la mano viendo los ojos asombrados del aviario, era una vista espectacular, después del episodio tan traumático seguía sonriendo con esa maravilla en su rostro. Esta vez no lo dudó, se acercó al aviario tomándolo del brazo primero antes de jalarlo a un abrazo inocente, Haul parpadeó consternado antes de reírse de forma clara como el agua de un manantial. Se abrazó al león pegando su cara al hombro ajeno. —¿Ya estás mejor, Leona? —Ah, con solo salir de ahí ya me sentía mejor, no ocupo irme tan lejos para sentir mis ánimos elevados— Leona enterró su nariz en el cabello rosa pálido— Dime mejor de ti, vi cómo te tomaste tu tiempo para bajar del auto ¿Todo bien? —Mejor ahora, un poco mareado por el calor, pero el aire acondicionado que dijiste que tiene esta enorme habitación me está ayudando. —¿Qué dices? ¿Qué nos quedaremos el resto del día aquí entonces? — los esmeraldas brillaron divertidos al chocar con los celestes. —Leona. Haul dio un golpe inofensivo en su espalda al otro, el león se quejó entre risas dándole un apretón con sus brazos seguido de soltarlo para peinarle el cabello hacia atrás, rodeó el rostro con sus manos observando esa sonrisa adorable, llena de inocencia tan pura como esos ojos. Se controló solo lo necesario para enterrar su nariz en la coronilla ajena sin hacer otra cosa, lo soltó mirando a las maletas. —Nos quedaremos aquí al menos hasta media tarde, y si quieres salir a caminar lo hacemos, hasta entonces vete a la cama y duerme. —Tampoco soy de cristal, Leona, puedo ayudarte a acomodar la ropa y las demás cosas. —Déjame pensarlo… no, ahora vete a dormir. —¡Ah! Que terco eres. Haul lo empujó de la espalda cuando se agachó Leona para levantar una de las maletas, los dos se rieron al irse cada uno a hacer lo suyo. Serían unas vacaciones de invierno interesantes mientras estuvieran ellos dos ahí solos, no pensaban en cosas ajenas a lo usual, pero tendrían más libertades de ser los dos mismos sin estar cuidando las apariencias.  

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  Haul abrió los ojos buscando a tientas la lámpara en la mesita de noche para alumbrar su lado de la cama, al sentir la base del objeto subió un poco más la mano hasta tomar la cadena. El leve click seguido de la luz lo despabiló por completo de forma sutil sin encandilar, se sentó buscando un reloj con la intención de ubicar la hora, su vista bajó a ver la figura dormida en el otro lado de la cama. Extendió la mano pasando sus dedos por esas hebras castañas revueltas hasta parar cerca de la oreja leonina, quitó la mano en una sonrisa agradecida acompañada de un suspiro sereno. Le gustaba más verlo así tranquilo con su humor normal, esa mirada de pánico en el Palacio Real le había dado escalofríos en su espina dorsal en su momento, no quería verla otra vez en lo que pasaba tiempo con ese huraño león. Se levantó de la cama escuchando al instante el rechinar del colchón, volteó la mirada encontrándose con un adormilado Leona que buscó a manotazos la figura de Haul en la cama antes de verlo, se sentó entre quejas antes de hablar perezoso, con ese tono rasposo ronco por el sueño. —¿A dónde vas…? —Solo tengo hambre, y como dormí toda la tarde ya no tengo más sueño, vuélvete a dormir. —¿…Qué vas a hacer? —Descuida, me quedaré en la sala de estar y capaz me ponga a colorear los mándalas o solo me quede ahí sentado, además debo de escribir una carta a mi mamá para asegurarle que estoy bien. Haul se puso las sandalias sin tanto problema ¿O eran pantuflas? No recordaba cómo las había llamado Leona cuando se las extendió minutos antes de irse a dormir. Rodeó la cama viendo al león, se acercó a su silueta medio dormida de ojos entrecerrados y orejas agachadas en queja, peinó el cabello rebelde usando sus dedos un poco. El león alzó su cara cerrando por completo sus ojos, su cola adormilada dio latigazos a los lados, cambió de ritmo al tamborilear en la orilla de la cama. —¿Sabes? Si sigues haciendo eso… me vas a hacer actuar de forma humillante. —¿Por qué? ¿Me vas a ronronear? Eres un león quieras o no, un felino salvaje sigue siendo un gato. —Tal vez, pero no se lo digas a nadie, tengo una imagen que cuidar. —Sí, sí, “chico rudo” no le diré a nadie si te pones a ronronear en plena madrugada— Haul se agachó tomando de las mejillas al de ojos esmeraldas, dio un casto beso de mariposa en su frente— Ya duérmete de nuevo, si ocupo algo te aviso. Promesa. —Más te vale o te juro que te encadeno a mí para asegurarme que no vayas a hacer algo estúpido. —Mira quien habla. Haul lo empujó sin fuerza de regreso a donde estaba acostado, lo cubrió con el cobertor y la colcha antes de salir de la habitación en busca de papel y tinta. Al no encontrar un bolígrafo agarró el lápiz de papel a un lado del teléfono en la barra de la cocina abierta, se sentó en la isla escribiendo sin hacer mucho ruido a como esperaba al usar tiza y no tinta. Procuró no tocar las letras con el dorso de la mano, no quería que se corriera la tiza por accidente dejando manchones en el papel, ya lista la carta la dobló en forma de pájaro de papel. Se levantó abriendo la puerta del balcón admirando la ciudad de noche, era hermosa. Lanzó el ave al aire observándola irse aletear por encima de los edificios hasta perderse en la oscuridad de la noche, a pasos veloces fue por la cámara procurando no tropezar o hacer ruidos fuertes, Leona podría despertarse asustado si algo pesado caía al suelo cuando Haul dijo que estaría bien. Sacó del morral la cámara de bolsillo corriendo de nuevo en silencio al balcón, enfoco un poco buscando el mejor ángulo para capturar la belleza nocturna de Sunrise City. Un chipido involuntario salió de sus labios al tomar la foto, era muy linda. Una grandiosa idea se le vino a la cabeza. Se giró sobre sus talones entrando a la habitación principal, había dejado prendida la lámpara en la mesita de noche, la iluminación suficiente para alumbrar el rostro dormido del león. Haul rodeó la cama agachándose a la altura del colchón haciendo un poco de zoom para encuadrar bien la expresión relajada de Leona con su cara apoyada parcialmente en la almohada donde había apoyado el aviario su cabeza unos minutos atrás. Sonrió al capturar esa vista de un Leona sereno, sin preocupaciones ni la necesidad de decir comentarios pasivo-agresivos. Solo él, durmiendo. El resto de la hora, Haul vagó por la enorme habitación de hotel buscando a qué más tomarle una fotografía, algunas cosas eran objetos tan sencillos que se veían cada día. Para el chico de ojos celestes eran un descubrimiento sorprendente, entre ellos una silla circular alta sin una barra debajo, la pantalla enorme enfrente del sillón en forma de L, los gabinetes con puertas de cristal que se abrían hacia arriba en vez de a los lados. Lo que más lo emocionó fue el dispensador de agua en el refrigerador, sin esperar que de verdad saliera agua puso el vaso limpio debajo, sus chipidos salieron de pronto al ver ese líquido cristalino llenando el vaso a los segundos de ponerlo bajo el detector. Las horas pasaron entre los ruidos sutiles del aviario en el resto de la habitación tomándole fotos a varias cosas cotidianas, hasta quedarse sentado en el suelo apoyado en la mesa de centro coloreando mándalas con esos plumones de agua. Los cuales no le había dicho a Leona, pero tres colores ya no rayaban y para no molestar con comprar unos nuevos cuando todavía servían los otros nueve se limitaba a no darle tanto color a los dibujos. Dando chipidos suaves de alegría dejó las cosas ahí regresando a la cama a las cuatro de la madrugada, se acostó sin mucho ruido apagando la lámpara de la mesita de noche. Dormiría solo un rato en lo que volvían a aparecer los rayos de sol por el ventanal de la sala de estar.  

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  Por obvias razones no saldrían después del desayuno a pasear por la ciudad, cuando llevaron la comida a la habitación en el carrito y las bandejas de plata, con esa diferencia a la vista de un plato lleno de diferentes tipos de carnes y el otro con mariscos acompañados de verduras, el aviario dio las gracias al hombre que les había llevado los platillos. Leona lo recogió sin darle una mirada a quien llevó las cosas, Haul le dio un manotazo en su brazo con un ligero “Oye” señalando al que llevó el carrito con la comida, el león refunfuñó dando las gracias a secas antes de cerrar la puerta sin tanta fuerza como hubiera querido. El aviario jaló de la oreja al mayor, alzando las cejas con obviedad al recibir un gesto enojado del otro, el león rodó los ojos dándole un golpe pequeño con su dedo en la frente del ave. —Ahora ven, deja de estar peleando conmigo. —Lo hago cuando te comportas como idiota ególatra, por eso te corrijo de formas amables, si quisiera te lanzaría por el balcón para atraparte en el aire como pelota de caza. —¿Pelota de caza? ¿Qué es eso? — Leona frunció el ceño con curiosidad no tanto por enojo, llevó los platos junto a las bebidas a la mesa de centro tomando el control remoto en el paso— ¿Es una pelota así literal? —Es una pelota de un juego que tienen en el Árbol Sagrado, algo similar al Magift solo un poco más agresivo y rápido por lo de las alas y garras— Haul se sentó en el sillón, al ver que quedaba lejos de la mesa se bajó al suelo— Un mediador agarra una pelota de lianas con cuero lanzándola al aire, hay tres equipos y cada uno debe de mantener la pelota el mayor tiempo posible llegando al minuto, cuando lo hacen deben anotar en un aro. Si fallan el tiro o les quitan la pelota en el proceso se reinicia el tiempo. —Suena divertido, como para golpear a alguien en el proceso y decir que fue un accidente— Leona terminó suspirando resignado al bajar al piso también cuando vio concentrado al aviario comiendo— O sacarle los ojos. —De hecho, si pasa, por eso es un deporte peligroso que solo acepta a jugadores con más de veinte años— Haul mordió con cuidado el pedazo de cangrejo dando ese chipido feliz por un sabor tan jugoso— Mi hermano Toris lo jugó una vez, consiguió ganar a cambio de tener una enorme cicatriz en su brazo, un abusivo del segundo equipo casi le arranca el brazo cuando iba por la pelota. —No entiendo ¿Cómo le iba a arrancar el brazo? ¿Llevaba un cuchillo o algo así? Haul se detuvo en su bocado viendo consternado al león dando un giro lento de su cabeza, los esmeraldas dejaron de comer el bocado de carne cerrando la boca con esa misma velocidad. Leona se quedó quieto sin saber si había dicho algo malo o tonto. —Con las garras fue, recuerda que la forma original de nosotros es un hombre mitad ave. —¡Ah, era eso! Pero no se ven tan grandes, cuando tú te transformaste en el entrenamiento de aquella vez no se veían tan letales. —Porque soy más pequeño a la media, Leona, los otros Aviarios son más grandes— el chico pasó el bocado de cangrejo con calma antes de hablar— Creo que si mi hermano Toris tomara una forma humana sería del tamaño de… ¿Los gemelos Leech? Más o menos, un poco más alto por dos centímetros. —¡¿Qué tu eres pequeño?! ¡Mides como dos metros y algo cuando te pones en esa forma! Y así como humano mides casi el metro ochenta ¿De dónde eres pequeño? Enano sería ese mocoso de Riddle. —¡Leona, no seas grosero! Los dos se rieron, uno por la barbarie dicha por el león, el segundo por la risa del ave. El manotazo en su brazo sacó una sonrisa más grande a Leona. —Es la verdad, para ser de segundo año es muy enano. —Suficiente, estás poniéndote muy grosero— Haul no pudo evitar dar una risita antes de empujarle el costado de la cabeza al león— ¿Para qué es esa cosa que tienes en la mano? —Para prender la televisión, así. Leona apretó el botón enseñándole a Haul que esa pantalla negra no era un espejo grande algo borroso, ver como se iluminaba mostrando imágenes en movimiento como las que aquella vez vio en el proyector de la clase de Alquimia, o las que vio en la laptop de Idia cuando lo pusieron a ver la película que fue su primer acercamiento a la cultura pop. Un graznido de sorpresa hizo alzar las cejas al león, un sutil choque de cabeza con el otro los hizo sonreír a ambos. —¡¿Para eso sirve el espejo negro?! —No es un espejo, es una televisión, puedes ver canales de cualquier tipo y buscar películas en las plataformas que tiene ya incluidas. —Sonaste similar a Idia. —¿Disculpa? ¿Te parece que me parezco en algo con ese cabeza de rábano? Haul dio esa mirada de ojos bien abiertos acompañado de un manotazo en su pierna, Leona le enseñó la lengua con esa sonrisa burlona antes de buscar en una plataforma de streaming. —¿Qué película quieres ver? Te doy la primera, la segunda y tercera serán mis opciones. —¿Puedes poner la primera que vi? —¿Cómo se llama…? — Leona levantó sus cejas recordando cual era, hizo muecas de disgusto falso— ¿Esa quieres? No, entonces no puedes escoger. —¡Leona! —Por los Grandes, eres como un niño en cuerpo de chico de dieciocho años. Leona buscó la película con una cara resignada llena de cansancio, Haul daba chipidos felices esperando ver la película en pantalla grande a diferencia de esa pantalla pequeña de la laptop. El león dio play al entrar a la pantalla principal del filme soltando un respiro profundo entre saber si seguía peleando o solo aceptaba su destino, escogió lo segundo. —Solo no vayas a cantar, por favor. —No prometo nada. Haul sonrió de oreja a oreja mostrando los dientes al recibir la mirada de sufrimiento exagerado de Leona, rodó sus ojos el león regresando su atención a la película. Era como estar con su sobrino Cheka, pero en este caso era un chico de hermosos ojos celestes que cuando sonreía de esa forma se ablandaba su terquedad, en cierta forma tenía su lado tierno. Leona le recordó a Haul que estaba comiendo cuando lo vio quedarse quieto viendo la pantalla, el león se dio por vencido al escuchar la voz del aviario cantando en la primera canción. Para la suerte del león, la comida se terminó antes de la segunda canción pudiendo moverse al sillón para acostarse en la parte alargada en L. Sus ojos esmeraldas se desviaron a los celestes cuando vio como el aviario iba a lavar los platos sucios, frunció el ceño contrariado por eso, no dijo algo para detenerlo a diferencia de lo que pedía su instinto principal. Lo dejó ser. Observó los movimientos suaves de sus manos al sostener los platos de porcelana, los vistazos rápidos a la pantalla entre lavar la loza y poner atención a la trama. La sonrisa se le plasmó en el rostro al verlo hacer ruiditos de ave mientras sacudía los hombros, acorde a la música de la segunda canción. Haul regresó sentándose a un lado de Leona sin mucho problema dejando ese metro de distancia, al león no le gustó eso. —¿Por qué estás tan lejos? Leona lo jaló del brazo sin ser brusco, lo condujo hasta su regazo poniéndolo entre sus piernas, aunque no lo rodeó con sus brazos se sintió mejor después de sentir el peso del cuerpo del ave sobre su pecho. Haul se acomodó titubeando solo al principio en si era prudente, conforme fue pasando la película se relajó terminando con su peso completamente apoyado en el cuerpo ajeno. El filme siguió con sus escenas nada impresionantes para el león, su cola incluso estaba quieta a un lado mientras miraba de forma neutra a la pantalla, solo sonreía cuando veía a Haul emocionándose por alguna parte. Y esos chipidos dulces, eso le gustaba más. Su ceño se frunció al llegar a la canción de los dos personajes principales, las líneas del coro le sonaron de algún lado. Trabajando a mil por hora como una máquina, el cerebro de Leona recordó el día de su Overblot en Savanaclaw. Un momento que vivía muy nítido en sus memorias, uno de colores cálidos gracias al chico ahí presente, recordó las palabras del aviario y lo encontró. Resopló divertido tapándose la boca con una mano al chocar su mirada con consternada mirada celeste. —¡¿De ahí sacaste la frase que me dijiste aquella vez?! —¿Cuál frase? —Cuando usaste tu magia de pajarito y me hablaste en medio de mi Overblot, dijiste una frase muy cursi ¿Era de esa canción? —… Sí, bueno— Haul miró a la pantalla con la canción de fondo— No me juzgues, fueron las primeras canciones que conocí y no eran ritmos aviarios. La letra es… muy bonita, y fue lo primero que se me ocurrió para traerte de regreso ¡No digo que te quede la letra! O que sea una canción importante, solo fue en su momento… ¡Ya cállate! Haul empujó la cabeza dl león tapándose la cara con la otra, era cierto que la canción llamada “Free” no era la mejor canción en su momento cuando los dos apenas se estaban poniendo en términos de paz. La letra era de un sentimiento más profundo, algo que podría quedar mejor ahora que los dos ya estaban en esa etapa. Leona dio una carcajada sin burla, sino algo como asombro y… otra cosa más profunda que no iba a darle palabra definida. Abrazó al chico de cabello rosa pálido frotando su mejilla con la frente del otro, se quedó con él en esa posición sin tantos problemas. —Al menos me dedicaron una buena canción, para ser la primera que me dan, y más porque viene de alguien como tú. —¿Es halago o burla? Si es lo segundo te voy a golpear en la cabeza para que se te reinicie el cerebro. —¡Halago, Haul, es un halago! Y eres el único al que le diría algo así, así que más te vale aceptarlo. —Que molesto eres, Leona, ya suéltame. —No, nunca. —¡Suéltameeeee! Haul fingió volverse de gelatina poniendo su cuerpo flojo, eso solo hizo reír más a Leona acomodándolo mejor entre sus brazos con su barbilla sobre la cabeza de aroma a frambuesa floral. Enterró su nariz en esas hebras rosas inhalando profundo, le encantaba tener ese aroma predominando en su nariz. Haul se quejó en un gimoteo agudo, riéndose al sentir como sus piernas quedaban dobladas por las piernas del león que lo rodearon por igual, no se movió dándole esa satisfacción al otro de tenerlo sujeto de esa forma. El silencio regresó sin más gimoteos o quejas siendo una atención dividida, Haul se mantenía atento a la película viendo esa escena donde el clímax estallaba por la pelea entre las tres chicas, Leona veía más las expresiones del aviario notando como se tensaba al ver la parte del conflicto de esas tres mocosas. El chipido nervioso causó más ternura en el león, detectando y entendiendo como ese pequeño pajarito de ojitos celestes no solo veía una película. La vivía. Leona lo entendió a su manera, Haul era alguien muy emocional en el fondo cuidando su verdadero sentir por el bien propio, no por el egoísmo o la falta de confianza sino por un mecanismo de defensa ya creado desde hace mucho. De repente, ese chico se veía como él, dejó vagar su mente para encontrar más pros que contras en ese pensar. Haul era alguien complejo ante los ojos del león que se la pasó la mayor parte de su vida alejando a otros para no recibir órdenes, se imponía sin remordimiento sobre los débiles y aquellos que le eran útiles para sus propios fines, sus palabras herían en vez de ser las de un líder. Ese aviario no, disfrutaba de estar con los demás, convivir con ellos, tal vez debido al rechazo de su propio pueblo. De esos bastardos con plumas que se creían mejores solo por no ser Haul en un mundo de aves rapaces. Le gustaba conocer, admirar, gritar y reír sin pena ni peso en verse ridículo. Prefería verse a él mismo que dejar ver una máscara falsa. Con unas cuantas grietas en esa sonrisa por los traumas en su subconsciente, Leona lo sabía de primera mano, podía ignorar los comentarios hasta cierto grado. Después venían como una ola colosal para ahogarte, a él le sucedió y por eso tuvo el Overblot en el Night Raven College porque su aguante ya estaba al límite, Haul no llegaba a ese tope. Aun. En el fondo de la mente del león surgió la idea, un nuevo principio. Cuidar a ese pequeño y vulnerable ser, aunque tuviera las garras, alas y esa ingeniosa cabecita tan astuta no era aprueba de golpes físicos. Ahí era donde él debía entrar, sí, eso sería ahora solo para él. Nadie más, solo Haul. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la canción con tonos tenebrosos, agachó las orejas sin entender en que momento pasaron de colores rosas y alegres a unos tan oscuros con el grupo de cinco chicos en sus versiones demonio dando un concierto. Para su colmo, Haul estaba cantando la letra con total emoción, le dio un leve jalón en su mechón de cabello. —¡Oye! No cantes eso, se supone que se están robando las almas de los idiotas de la audiencia. —¿Le estabas poniendo atención? —¡Claro que sí! Me gustan los colores del escenario, pero no es una canción que deberías de estar cantando— Leona sonrió de oreja a oreja en burla inocente— ¿Qué tal si te roban el alma por estar cantando de forma imprudente? —¡Ay Leona no seas ridículo! —Todo es posible. Los dos se rieron cuando Haul se removió para ver al mayor, lo cual hizo que terminara acostado en el sillón en vez de estar entre los brazos del león. El aviario se quedó acostado con las manos en su abdomen viendo de lado la pantalla, estiró su pierna empujando al león en su torso antes de sentir que Leona acomodaba sus piernas sobre las suyas para estar los dos a gusto y cómodos. Siguieron viendo la película a su modo, cuando llegó la canción final ocurrió algo que Leona no esperaba. Sí, no esperaba que la forma de salvar a los inocentes en ese filme fuera una canción tan pesada emocionalmente hablando, pero tampoco esperó ver a Haul con los ojos cristalinos después del primer coro.   Ese pajarito tenía un corazón de oro.
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