Contacto Humano

Het
NC-17
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3
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planificada Maxi, escritos 319 páginas, 130.425 palabras, 22 capítulos
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22. La Consumación II

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Hola a todos: Lamento la tardanza, pero al fin pude terminar éste capítulo. La verdad, aún se me complica redactar romance y Lemon suave. En fin, espero sea de su agrado y me hagan saber su opinión. Bienvenidos los nuevos lectores(as). *Pampanilla: Tipo de ropa interior usada antiguamente por las mujeres. Uso esta palabra porque no sé exactamente cómo se llamaban los calzones femeninos en el siglo XVIII. *Tesmoforias: Fiestas celebradas en honor a Deméter para agradecer sus favores y protección. Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. Los OC son de mi autoría personal, así como la historia, la cual solamente escribí por gusto y diversión.

***

Capítulo 22: La Consumación II Santuario, Templo de Piscis. Agasha y Albafica salieron por la parte posterior del lugar, con dirección al edificio Patriarcal. Iban tomados de la mano, con enormes sonrisas en sus rostros, e irradiando una muy evidente felicidad. Después de su encuentro, se tomaron un rato para relajarse, pero a esa hora de la tarde, el hambre era obvia en ambos. Así que decidieron ir a comer algo. Ella le dio un vistazo de reojo al Santo, notando que su expresión era bastante tranquila y algo pensativa. No en el aspecto de preocupación, sino más bien, en un estado de reflexión y asimilación. Iniciarse en el sexo cambia por completo la perspectiva de las cosas, y para el guerrero de Athena, eso debía tratarse de una experiencia totalmente nueva e importante. La florista se sentía alegre consigo misma, feliz de haber consumado su unión con él. Había muchos sentimientos revoloteando dentro de ella, muchas cosas en que pensar. No obstante, deseaba estar tranquila y no dejarse llevar por la avalancha de emociones. Principalmente, porque el compromiso con Deméter estaba sobre la mesa y muy próximo. En pocas palabras, sólo tenían hoy y mañana para prepararse. Continuaron subiendo las escaleras, en un silencio cómodo y casi cómplice. Por su parte, Albafica permanecía en un estado de ensoñación. Su mente aún divagaba en lo grato que fue su unión con Agasha, y en todo lo que sentía su corazón en éste momento. Jamás imaginó que practicar una actividad como el sexo pudiera ser tan intenso, emocionalmente hablando. Y es que no sólo se trataba del placer físico que experimentó, sino que ahora, percibía una dicha inigualable de saber que su nueva vida era por completo diferente. Muy lejos quedó la tristeza de la soledad, ya que ahora tenía un círculo de allegados que estaba cambiando su existencia. Y aunque sabía que les debía un favor a las diosas, ahora ese compromiso no parecía imposible de cumplir. Adaptarse a esto no sería sencillo, pero definitivamente, era algo que anhelaba vivir con todas sus fuerzas. De repente, se escuchó un silbido alegre, que llamó la atención de la pareja tan pronto ingresaron al edificio. Pefko venía caminando por un pasillo, contando ramitas de alguna hierba entre sus manos. —¡Agasha, señor Albafica, ya regresaron! — saludó efusivo. —¿Cómo les fue en su paseo por Rodorio?, ¿Aún continúa la fiesta? — Los mencionados contestaron el saludo sin poder disimular un leve sonrojo. El muchachito ni se imaginaba que dicho paseo había tomado otros rumbos. —Todo bien Pefko— contestó Agasha. —Pero no fuimos al festival, sino a mi casa, debía enseñarle a Albafica el rosal. — —Ya veo, ¿Creen que pueda acercarme a esas rosas?, quisiera estudiarlas— sonrió con genuino interés. —Es decir, son descendientes de las rosas demoníacas, deben ser tan interesantes como la calavera verde. — Albafica hizo un gesto de preocupación. Sabía que el rosal no era mortal, pero por la explicación de la florista, era probable que fuese peligroso para los que no convivían con dichas flores. Estuvo a punto de negarse, pero ella le ganó la palabra. —Claro que sí, pero debes usar protección, no puedes acercarte a ellas tan rápido. Primero es necesario que te acostumbres a su esencia, porque si no, podrías enfermarte. — —Por supuesto, la precaución ante todo— asintió el jovencito. —La madre de las flores fue muy insistente con eso, luego de mostrarme la calavera verde en sueños— miró al Santo de Piscis. —¿No hay problema, señor Albafica? — El hombre negó despacio. Debía hacerse a la idea de que todo era diferente ahora, por lo que dichas rosas no merecían ser satanizadas nuevamente. Después de todo, eran parte del trato con la deidad de la agricultura, y él tenía que volver a interactuar con ellas, por el bien de los futuros Santos de Piscis. —Puedes hacerlo Pefko, pero como dijo Agasha, se cuidadoso— sonrió levemente. —Además, voy a necesitar asesoría para documentar las técnicas que alguna vez utilicé. — El sanador amplió su mueca alegre, emocionado de escuchar eso. —¡Claro que sí, yo le ayudaré en todo lo que necesite! — guardó las ramitas en su mandil y se encaminó a la enfermería. —Voy por el antídoto, los veo en el comedor. — Lo vieron alejarse y después retomaron su marcha. —Le debo mucho a ese niño— murmuró el Santo. —A Shion, a las diosas, y a ti— miró a la joven con intensidad. —Creo que esto es algo que mereces— ella lo detuvo y se alzó de puntitas para alcanzar su rostro. —Todos estamos recibiendo una recompensa a final de cuentas— acarició sus mejillas. Él asintió, rodeándola por la cintura, acercándose para besar sus dulces labios. El contacto fue suave y cargado de sentimiento. Era notorio el cambio en la pareja, y eso lo pudo apreciar Shion, quien venía caminando desde su despacho. Aries sonrió. Ya había percibido desde hace rato que el cosmos de su amigo pulsaba alegre en su interior. Todo estaba saliendo a pedir de boca, y él se sentía orgulloso de ser parte de esta importante misión. —Lamento interrumpir tortolitos, pero ya es hora de comer— habló con picardía, tomándolos por sorpresa, haciéndolos ruborizarse. —¿Están bien?, los veo muy sonrientes. — Albafica lo miró con reproche, dándole a entender que fue muy inoportuno. —Todo bien, Shion. — El lemuriano mantuvo su sonrisa socarrona y no dijo más. Le bastaba con eso para saber que ya habían dado el gran paso. Ahora todo recaía en ellos de aquí en adelante. … Área del comedor. Los cuatro degustaban los alimentos entre pláticas y risas, debido a las anécdotas graciosas de Pefko. Después pasaron a temas cotidianos del Santuario por parte de Shion, y de Rodorio con el apoyo de Agasha. Era necesario que Albafica se pusiera al corriente de muchas cosas. No podían abarcar todo, pero poco a poco el caballero se acoplaría. —Aquí tiene señor Albafica— el chiquillo entregó la botella con el antídoto. —¿Cómo se ha sentido?, ¿Alguna molestia? — El doceavo guardián tomó una cuchara y se sirvió la porción correspondiente, para luego ingerirla. —Me he sentido bien, no tengo síntomas molestos, sólo la sensación de ardor en las venas. — —Entiendo, probablemente es la reacción natural del cuerpo— anotó la información. —Pero como esto apenas es el inicio del tratamiento, debemos esperar para ver los efectos. Por favor, avíseme de cualquier cosa, ya tengo listas las hierbas para las infusiones que hagan falta. — —Lo haré Pefko, gracias— le regresó el ánfora. … Terminaron de comer. Shion le solicitó a Piscis un momento a solas para hablar con él. Era necesario que el Patriarca explicara un par de cosas a su amigo, dado que también recibió instrucciones para el ritual de la diosa Deméter. Agasha y Pefko se fueron a la enfermería, para continuar con el inventario de plantas medicinales. Así que, una vez sentados frente a frente en el escritorio de la oficina, dio inicio la conversación. —¿Cómo te sientes? — su pregunta fue sincera y amable. Albafica lo miró por un instante, percibiendo su apoyo fraternal. Sonrió un poco y soltó el aire despacio, dándose cuenta que su recelo del pasado por dichos temas, ya no tenía razón de ser. El lemuriano era un hombre cabal y respetuoso, comprometido con su misión. Así que le quedaba en claro que la reunión era para darle seguimiento al compromiso que tenía con la madre de las flores. —Feliz— dijo con total seguridad. —Agasha me ha dado la bienvenida a una realidad mucho más amplia de la vida, llena de sensaciones fabulosas— sus palabras fueron casi poéticas. El lemuriano sonrió una vez más. —Me alegro por ti amigo, en verdad les deseo lo mejor a los dos— tomó un libro de pastas viejas que tenía cerca y lo abrió en una página previamente marcada. —Pero ahora, debo explicarte algo importante— giró el libro y le señaló una imagen. —El ritual de la diosa Deméter será el sábado 13, justo con la luna llena en su cenit, y con la formación correcta de las estrellas, así que… es necesario que estés preparado. — El Santo observó con atención. El dibujo ilustraba la posición del satélite y su alineación con los astros sobre un campo de cultivo. A la izquierda se apreciaba una especie de altar con ofrendas y la efigie de la deidad. Al otro lado, un grupo de mujeres arrodilladas y rezando con las manos levantadas. Era una representación de los ritos de adoración que se practicaban hace siglos en nombre de la divinidad de las cosechas. —¿Se trata de las Tesmoforias? — cuestionó Piscis. —Tengo entendido que sólo las mujeres podían asistir a dichas celebraciones. — —Efectivamente, pero en el caso de ustedes, me imagino que Deméter planea ejecutar una variante del rito. Es decir, tú eres el centro de esto, y Agasha será una especie de sacerdotisa que te apoyará en todo. Recuerda que se necesita recuperar tus rosas demoníacas reales. — Albafica tragó saliva despacio, sorprendido e inquieto por dichas palabras. Siendo floricultor desde niño, también fue instruido en la mitología de Deméter, dado que ella bendecía las flores que empleaba el linaje de Piscis desde la antigüedad. Pero no estaba al tanto de los rituales, porque dicha información era casi inexistente, excepto por algunas recopilaciones que sobrevivieron gracias a la tradición oral, y su posterior registro en papel. —Supongo que te dieron los pormenores, ¿Me explicarás en qué consiste? — Shion asintió, girando el libro nuevamente y pasando algunas hojas. —Básicamente, se trata de escoger el lugar, elaborar un altar, y elegir las ofrendas correctas—le enseñó una página donde se describía una lista de cosas. —Eso ya lo estoy preparando. Pero lo importante aquí, es que tus rosas deben estar presentes. O, mejor dicho, las flores que Agasha cuidó. — —No hay problema, puedo encargarme de eso, el rosal tiene de sobra— aclaró el doceavo guardián. —Pero por tu gesto, me imagino que falta algo más, ¿Verdad? — El Patriarca confirmó, exhalando pausadamente. —Albafica, por hoy pueden quedarse en tu casa y pasar la noche juntos— lo miró con una expresión tranquila, aunque dejándole en claro la insinuación. —Pero mañana viernes, les voy a pedir que se hospeden en los aposentos de aquí, porque será necesario preparar todo en tu templo. — —¿A qué te refieres? — —El ritual se llevará a cabo en tu casa zodiacal, dado que se trata de tus rosas y su vinculación con la futura estirpe de Piscis— hizo una pausa y lo miró con seriedad. —Además… tú y Agasha deberán… unirse en presencia de la diosa. — —¡¿Qué?! — el Santo abrió los ojos en grande. Efectivamente, los ritos de fertilidad tenían como fin alabar a las deidades, para que estas otorgaran a sus seguidores el don de la procreación. Ya fuese en términos de descendencia, o con la fecundación de la tierra para obtener sus frutos. En el caso de Albafica y Agasha, el objetivo era recuperar las rosas demoníacas reales, y ligarlas con los futuros hijos que tendrían juntos. El representante del pez dorado se quedó pasmado ante semejante revelación. —Lo sé, no es fácil de aceptar dicha situación, pero tampoco es imposible— habló Aries, tratando de convencer a su amigo. —Y si lo piensas bien, es un precio muy justo por la oportunidad que te brindaron las diosas. — Piscis parpadeó un par de veces con la boca abierta, no sabía que decir al respecto. El Patriarca tenía razón, no era tan complicado saldar su deuda con la divinidad de la agricultura. Pero, ¿Cómo se lo diría a la florista? —Oye, tranquilízate— prosiguió Shion. —En dicha ceremonia sólo estarán presentes ustedes y Deméter, nadie más— sin querer, hizo una media sonrisa. —Y perdona que te lo diga de esta manera, pero tú y Agasha deben practicar. — Albafica entornó la mirada, y por un momento parecía que iba a despotricar contra él. Pero no lo hizo, optando por cerrar los ojos, tomar una gran bocanada de aire, y luego soltarla muy despacio. —Bien, no puedo negarme— dijo con resignación. —Esto resulta muy incómodo, pero no cualquiera recibe una oportunidad como la que se me dio. — —Me alegra saber que lo entiendes— el lemuriano se puso de pie. —Es todo de mi parte, y ahora te toca explicarle a Agasha. Aunque existe la posibilidad de que ya esté al tanto. — El Santo también se incorporó, dando por concluida la reunión. Ambos salieron del despacho. Shion se dirigió al salón principal, pues debía recibir el reporte de Teneo. Albafica se encaminó a su templo, necesitaba pensar cómo explicarle éste asunto a la florista.

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Zona de enfermería. Agasha y Pefko terminaron de clasificar y guardar las plantas medicinales. —Bien, esa fue la última—dijo el sanador, cerrando la puerta del almacén. —Ahora tengo que documentar en limpio todo para la jefa de enfermeras. — —¿Quieres que te ayude? — ofreció amable la joven. —No te preocupes Agasha, yo me encargo— hizo un gesto con el rostro, señalando la entrada. —Además, creo que te busca el Patriarca. — Shion iba entrando a la enfermería, y desde la puerta, le hizo un gesto con la mano a la florista, llamándola. —Oh, es verdad, te veo después— se despidió del chiquillo para ir con el lemuriano. … Ambos caminaron hasta el patio externo. —¿Sucede algo? — preguntó ella. —No, para nada, sólo quiero pedirte un favor — sonrió tranquilo. —Albafica se fue a su templo después de que le expliqué los detalles del ritual— la vio respingar y sonrojarse. —Sí, lo sé, es un tema algo incómodo y lamento ser tan directo con ustedes, pero no tengo opción. — —No hay problema, yo entiendo que es necesario cumplir la solicitud de la diosa. — —Gracias Agasha, tú eres parte fundamental de todo esto, y ahora sólo queda continuar con la preparación de la ceremonia. Sabes de que te hablo, ¿Verdad? — El rubor se acentuó en sus mejillas y soltó un suspiro bajo. —Sí, Deméter me lo dijo, y conozco bien de que se trata. Supongo que debo hablar con él y… bueno… nosotros… — —Exactamente— confirmó Aries con otra sonrisa cómplice. —No te entretengo más— se despidió para, ahora sí, ir al salón Patriarcal. La joven volvió a suspirar. La emoción le estrujaba el estómago, y aunque sentía algo de nervios todavía, el gran avance que tuvo con Albafica facilitaría las cosas de ahora en adelante. Y para qué negarlo, estaba ansiosa por volver con él. Por ver el nuevo brillo de sus ojos y por escuchar sus sentimientos en palabras dulces. Sonrió como chiquilla, caminando en dirección de los templos.

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Casa de Piscis. Llegó a la entrada posterior, ingresando con paso tranquilo, escuchando el suave revote de sus pasos en el piso. Ya sabía cómo llegar al habitáculo, así que fue directo hacia allá. Hubo un instante en que Agasha creyó que sus pensamientos la estaban traicionando descaradamente al desear volver a intimar con Albafica. No obstante, si lo meditaba con calma, eso no tenía nada de malo, pues, ¿Qué mujer no quisiera volver a deleitarse con un guerrero como él? Después de todo, sus sentimientos eran claros y… necesitaban practicar. Lo encontró caminando de un lado a otro en la pequeña estancia, pensativo. —¡Agasha! — dijo sorprendido al verla. —¡Estaba por ir a buscarte… debo decirte algo importante…! — La florista sonrió y se aproximó a él, rodeándole la cintura con ambos brazos. —No es necesario que me expliques, Shion me dijo que habló contigo, y ahora… — lo miró directo a los ojos. —Todo queda en nuestras manos para llevar a cabo el ritual de Deméter. — El Santo tragó saliva y el sonrojo lo asaltó de nuevo. Pero eso no evitó que correspondiera al abrazo, disfrutando plenamente de su cercanía. Su hermosa mirada verde lo contemplaba con cariño, inspirándole cierta tranquilidad. La joven continuaba siendo su guía y él debía confiar en ella. —Él dijo que se encargaría de preparar todo para la ceremonia, será aquí en el templo— comenzó a explicar con algo de aprensión. —Las ofrendas deben ser muy específicas, asimismo, será necesario preparar las rosas, y también… debemos… es decir… — Ella colocó un dedo sobre sus labios para que guardara silencio, sonriendo divertida ante su inquietud. —Dejemos que el Patriarca se encargue de esas cosas— acarició su mejilla. —Nosotros aún tenemos pendiente otro asunto. — El hombre enrojeció incluso más, atinando únicamente a sonreír, mientras acercaba el rostro. La florista demostraba ser una mujer bastante firme en sus compromisos, y aunque ella no fue la que hizo el trato con la diosa, quedaba en claro que su apoyo era incondicional. —Siento un poco de vergüenza al reconocerlo, pero yo también quiero… — Agasha no lo dejó continuar, pues sin previo aviso, le robó un beso. Después de todo, fue Albafica quien le concedió el permiso de hacerlo, así que no desaprovecharía la oportunidad si se presentaba. Él respondió inmediatamente, atrayéndola contra su pecho, dejando de lado su nerviosismo y permitiendo que las sensaciones lo sacudiesen. El percibir su calor, su aroma, sus formas bajo la vestimenta, escuchar su voz y sentir sus labios, todo en conjunto, empezó a incitar su deseo. Y por un breve instante, se sintió como un pervertido, por anhelar demasiado aquel contacto físico. Pero, razonando con calma, nada de lo que deseaba era inapropiado. Albafica era muy consciente de que su existencia había dado un giro completo, lo que acarreaba nuevas emociones y sentimientos. Por lo tanto, querer estar de nuevo en los brazos de Agasha, era perfectamente normal. Y más para un hombre que apenas se iniciaba en las delicias carnales. Sumado a esto, el sentimiento de cariño que le despertaba la bella mujer, le confirmaba que su conexión con ella, era más fuerte de lo que alguna vez llegó a imaginar. La amaba, y ahora tenía la oportunidad de expresarlo abiertamente y sin que existiese barrera alguna de por medio. El ósculo se intensificó y la florista jadeó ansiosa contra los labios masculinos, notando que un delicioso calor crecía en su interior. Las manos se movieron por los costados de él, provocándole cosquillas e invitándolo a hacer lo mismo. Albafica no tardó más de un segundo en imitarla, deslizando con avidez sus palmas desde la cintura femenina hacia sus caderas. —¿Y si vamos… a la habitación…? — susurró ella. El beso finalizó, y cuando abrió los ojos, contempló una curiosa mueca en el rostro de Albafica. No tuvo tiempo de asimilarlo, porque casi de inmediato, él la levantó en brazos como si nada. Soltó un pequeño grito de sorpresa, y luego una risita al escuchar su entusiasmo. —¡Por supuesto, lo que tú digas! — sonrió incluso más. Sin demoras, se encaminó a los aposentos con ella, mientras volvían a besarse. No era necesario decir más, el deseo en ambos era notorio y sus sentimientos estaban a flor de piel. Por lo tanto, era muy natural continuar con su unión. … El Santo abrió la puerta con el pie, adentrándose sin prestar atención a nada que no fuera la bella mujer. La depositó encima de la cama con suavidad, deleitándose todavía con la fusión de sus bocas. No obstante, la falta de aire los hizo separarse para recuperar el aliento. Agasha lo miraba con una sonrisa divertida, levemente ruborizada por la emoción del momento. —Veo que estás muy ansioso, ¿Ya no tienes nervios? — La agitación del hombre era innegable, estaba deseoso por volver a vivir la maravillosa experiencia que ella le concedió hace poco. —Realmente no sé qué me pasa, tengo revueltas las emociones— explicó, acercándose de nuevo y mirándola a los ojos. —Sé que puedo parecer demasiado ávido por esto. Pero en verdad anhelo volver a sentir tu cercanía, tu toque, tu calor— exhaló despacio, haciendo un gesto de preocupación. —¿Esto es correcto?, no quisiera incomodarte. — La mujer también se perdió en aquellos iris azules, prestando completa atención a sus palabras, las cuales eran muy sinceras y expresaban una inquietud real. Para un hombre como Albafica, no era nada fácil comenzar a experimentar las interacciones que se dan en una pareja. Todo era nuevo para él, y tenía dudas a cada paso que daba, lo que era completamente normal. Agasha sabía que Piscis podría tener sentimientos encontrados, debido a sus valores inculcados. También por lo difícil que fue su vida anterior, pues lo que estaba viviendo ahora, era diametralmente opuesto a su pasado. Entonces, debía continuar apoyándolo, ser su pauta en esta nueva etapa. —No me incomodas, tenlo por seguro— dijo al fin, tomándolo del rostro. —Comprendo que tengas dudas y no hay nada de malo con eso, así que confía en mí y en tus sentimientos— le acarició las mejillas con los pulgares. —Te prometo que, si en algún momento algo me desagrada, te lo diré. — Él sonrió ante sus palabras, entrecerrando los párpados por la caricia. Eran tan suaves sus manos, y ese toque tan humano y tierno, que, de nueva cuenta, el guerrero se sintió inmensamente feliz. La florista era como un obsequio de las diosas, que jamás podría dejar de agradecer. —Te amo Agasha— dijo de pronto, mirándola con devoción. La mujer sintió que el corazón le brincaba en el pecho. Escuchar aquellas palabras era muy agradable, y le confirmaba que el Santo ya podía expresar sus sentimientos cada vez mejor. Asimismo, le hacía feliz saber que el amor que sentía por él, era gratamente correspondido. —Yo te amo mucho más— lo atrajo para robarle otro besito. Albafica se estremeció, dejándose llevar por sus emociones. Un momento después, decidió extender el arrumaco, deslizando sus labios por la mejilla de la joven y luego bajando hacia su cuello. Entonces sus manos se movieron hacia los muslos de ella, tocando despacio sobre la tela. Por respuesta, Agasha se aferró a sus hombros y comenzó a jadear suavemente. Sonrió para sí misma al notar la confianza de Piscis. Estaba emocionada, así que lo ayudaría a que se desenvolviera un poco más. Localizó el cravat y lo desanudó, arrojándolo por ahí, consiguiendo que la camisa se abriera fácilmente. Sus manos comenzaron a recorrer el torso masculino, provocando un divertido sobresalto en él, mientras disfrutaba trazando sus llamativos músculos. El hombre jadeó ante las cosquillas, pero no detuvo su actividad, sintiéndose en confianza para hacer lo mismo que ella. Así que, con lentitud, soltó los botones frontales del vestido, sin dejar de besar su tersa piel. La tela abierta le brindó un mayor rango para explorar, por lo que su boca continuó repartiendo besos y pequeñas lamidas. Esto consiguió que los jadeos femeninos aumentasen. La florista sintió que su respiración se incrementaba, así que se mordió el labio inferior con ansiedad. Tal vez en esta segunda ronda no necesitaría ir tan despacio con el guardián del pez dorado. Y es que no podía negarlo, en verdad anhelaba volver a disfrutar las caricias de un hombre, pues había pasado mucho tiempo desde que enviudó. No consideraba dicha necesidad como algo prioritario, pero desde su reencuentro con Albafica, el deseo natural se manifestó abiertamente. Notó las manos del guerrero arrastrarse por debajo de su falda, lo que fue suficiente para decidir que las vestimentas ya le estorbaban demasiado. —Será mejor quitarnos esto de una vez— tiró de la camisa, dejando al descubierto los anchos hombros. Él se sorprendió por la repentina acción, pero de inmediato asintió, retrocediendo un poco para darle espacio a ella, y para que él mismo se deshiciera de sus propias prendas. La joven bajó del lecho y en un par de movimientos se quitó el vestido, dejándolo caer a sus pies tras aflojar el cordel trasero. Quedó en ropa interior, conformada por un camisón corto y una pampanilla. Se descalzó y subió nuevamente a la cama. Hizo una sonrisa traviesa sin proponérselo cuando vio al Santo arrojando su camisa sobre el sillón, para luego desprenderse de sus pantalones con bastante soltura. Era probable que Piscis estuviese acostumbrado a desnudarse libremente en su templo. Cosa a la que podría acostumbrarse la florista sin tanto problema, excepto por el furioso rubor que le decoraba el rostro en éste preciso momento, al verlo quedarse en calzoncillos. Decidió dejar de mirar, recostándose en unos cojines, pensando en qué podría enseñarle al guerrero de Athena en esta ocasión. Aunque sólo habían pasado unas cuantas horas de su anterior encuentro, ya tenía ideas bastante amplias para hacer que su futuro marido disfrutara y aprendiera más de las relaciones íntimas. La proximidad de Albafica la sacó de sus pensamientos. Tener a éste hombre tan cerca y notar la felicidad en su mirada, generaba una emoción profunda en Agasha, algo que nunca había vivido con anterioridad. Y aunque a esto se le podía considerar un simple acto carnal, el hecho de que fuese acompañado por sentimientos y un compromiso mutuo, lo convertía en lo que se conoce como: Hacer el amor. —Eres preciosa— sonrió él, recostándose a su lado. —Gracias por los piropos, que caballeroso— le guiñó un ojo, al mismo tiempo que giraba para quedar frente a frente. —Tú también eres sumamente apuesto— reanudó su caricia sobre los pectorales masculinos. Albafica respingó por los hormigueos, encantado de sentir ese travieso toque. Así que también sus manos se movieron, concentrándose en palpar la suavidad de sus hombros y brazos. Pero al paso de los segundos, se percató de que no podía abarcar más en dicha postura. —Agasha… ¿Podrías hacer lo mismo… de hace rato? — pidió con cierta inocencia, rodeando la cintura de la joven para explicar lo que deseaba. Ella vio que se recostaba, al mismo tiempo que la levantaba un poco, para atraerla encima de él. —Oh, claro que sí— sonrió divertida. Colocó las manos sobre su torso, hizo un poco de fuerza con las rodillas, y finalmente se acomodó sobre su abdomen, percibiendo su estremecimiento. Las manos de Piscis se deslizaron hacia sus muslos, al mismo tiempo que resoplaba ansioso, dejando entrever que sus nervios se disipaban con rapidez. Esa posición era divertida y le dio una idea a la florista de lo que harían a continuación. Así que sujetó los bordes del camisón y comenzó a levantarlo para quitárselo. Pudo ver cómo las pupilas del Santo se dilataban al contemplar sus senos descubiertos. Dejó la prenda a un lado y se reclinó un poco para alcanzar su rostro. —¿Estás cómodo? — rozó tenuemente sus labios. —Por supuesto— respondió, arrastrando las palmas sobre sus piernas, subiendo por la cintura y llegando a sus costados. —Todo lo que haces me fascina. — La mujer se estremeció por las sensaciones, liberando un gemido suave, para después besarlo con intensidad. Sus lenguas se encontraron, iniciando una sensual danza que comenzó a excitarlos más y más. Ambos reanudaron sus caricias, ella sobre sus pectorales, y él, dibujando su espalda y hombros. Agasha se sintió eufórica, permitiendo que Piscis actuara libremente sobre su cuerpo. Sabía que la deseaba con vehemencia, así que se esmeró en hacerlo sentir en total confianza. El beso finalizó y ella se enderezó un poco, sonriéndole con deseo. Ese gesto fue suficiente para invitarlo a que palpara más de su piel. Las manos del Santo bajaron con lentitud, y sin poder disimular por más tiempo su lujuria, comenzó a masajear suavemente aquellos pechos. La respiración femenina se convirtió en un llamativo jadeo, que se acompañó de un mayor rubor en su rostro. Para Albafica era emocionante darse cuenta que sus sentidos reaccionaban enérgicamente, pues su sistema nervioso parecía volverse más receptivo al captar los deliciosos efectos de éste maravilloso acto. La florista se dejó envolver, advirtiendo la veloz respuesta de su cuerpo. Su piel se encendió, su resuello se incrementó, su intimidad comenzó a palpitar y el apetito carnal se manifestó con fuerza. No deseaba apresurar las cosas, pero el hombre debajo de ella la inducía sin poder evitarlo. Incluso él mismo ya reaccionaba por igual, expresando jadeos profundos y con el despertar de su masculinidad. El guardián del pez dorado sintió una repentina punzada en el vientre, que luego se propagó hacia su miembro. El sutil dolor lo sorprendió, ya que no esperaba que la rigidez de su carne se presentara tan pronto. Pero en esta ocasión, en vez de sentirse avergonzado, simplemente lo aceptó como algo normal y esperado. No podía controlar esas reacciones naturales, al menos no por el momento, dado que su aprendizaje apenas iniciaba. —Con esta situación… no podré… esperar tanto— pensó la mujer. Echó un poco hacia atrás la cabeza, dejando que su mirada se perdiera en algún punto de la nada, mientras disfrutaba de las caricias. Éstas parecían volverse más diestras, ya que el Santo no sólo tocaba sus pechos, sino que también dedujo cómo estimular sus pezones. Sintió que la ceñía por la cintura para atraerla y luego percibió una suave humedad. Él comenzó a libar su piel con deliciosa travesura. La sorpresa inicial de la florista fue reemplazada por las descargas cutáneas que le recorrieron la espalda. Sus manos se aferraron a los hombros, estrujando sus músculos, mientras que su cuerpo comenzó a danzar instintivamente sobre el marcado abdomen, rozando contra la creciente erección bajo la tela. El gruñido del hombre no se hizo esperar. —¡A-Agasha! — dijo exaltado, deteniendo un instante su caricia lingual. El movimiento del cuerpo femenino sobre su sexo era tremendamente excitante, y el caballero tuvo que reconocer que ya no podía contenerse. El juego previo de caricias le gustaba mucho, pero en éste momento, el impulso de su naturaleza masculina le gritaba que ya no postergase por más tiempo dicha necesidad. Pero no estaba seguro de cómo decírselo a ella, a pesar de verla estremecerse por igual. No obstante, la joven pareció leer su mente, ya que regresó a mirarlo con una clara decisión reflejada en sus ojos verdes. —¡D-Deseo continuar! — hizo una última y placentera oscilación. —¡¿E-Estás de acuerdo?! — Albafica confirmó antes de que terminase la pregunta, liberándola de su abrazo. Con ayuda de sus rodillas, ella retrocedió hasta quedar posicionada sobre sus muslos, para después enfocarse en liberar los botones de la prenda interior, provocándole un espasmo en el estómago. La mujer no perdió tiempo, sabía que podía omitir la delicadeza a estas alturas de la situación. Así que, tan pronto la tela se aflojó, comenzó a tirar de ella con cuidado para liberar la pulsante hombría. Un aliento se le escapó al contemplarlo en plenitud. El guardián de Piscis era un verdadero adonis en todos los sentidos. Esa traviesa sonrisa en los labios femeninos no pasó desapercibida para el guerrero de Athena, que sólo atinó a sonrojarse una vez más. Fue despojado de los calzoncillos y únicamente tuvo que levantar un poco las caderas, para que ella terminase de quitar la prenda, colocándola junto a su camisón. —Tranquilo, deja que me haga cargo— murmuró Agasha con voz suave, mientras que sus manos rodeaban el grosor masculino. La placentera estimulación comenzó, arrastrando al hombre a un mundo de sensaciones divinas. La suave fricción recorrió su dureza por varios segundos, haciéndolo jadear sonoramente. Sus manos apretaron con fuerza las sábanas y todo su cuerpo se sacudió, dándole una clara señal a la florista. Entonces, dejó de tocarlo y empezó a retirar la pampanilla que aún cubría su intimidad. La lubricación se hizo evidente cuando la tela fue apartada y puesta con lo demás. Agasha escuchó el estertor gutural de su compañero, sintiéndolo temblar de nuevo cuando se posicionó sobre su vientre. Así que, manteniendo una plena seguridad ante lo que hacía, tomó el miembro viril y lo llevó a la entrada de su cavidad, frotándolo suavemente contra sus pliegues. —Como te dije antes… concéntrate en sentir… y disfrutar— le sonrió voluptuosa, al mismo tiempo que guiaba la penetración. El mundo desapareció alrededor del Santo y una potente descarga eléctrica le recorrió la columna vertebral, dejándolo sin respirar por unos segundos. Sentir que su virilidad se hundía en aquel ardiente interior, le generaba una satisfacción que no tenía comparación alguna con nada en el mundo. Si fuera necesario, moriría con gusto una vez más, sólo por volver a tener semejante oportunidad. La mujer liberó un lúbrico sonido cuando quedó completamente sentada encima de él. Los espasmos de sus paredes íntimas, dilatándose y contrayéndose para amoldarse, le provocaron una avalancha de emociones y reacciones físicas que amenazaron con hacerla perder el control. Sus manos se posicionaron sobre el agitado pecho masculino, y por breves segundos se quedó quieta, disfrutando tan sublime momento. Albafica recuperó el aliento y de inmediato reanudó las caricias sobre los muslos de la joven. Subió por sus costados, haciéndola respingar por las cosquillas, consiguiendo que su cuerpo danzara de nuevo. La observó con atención, pues tenía los ojos entrecerrados y una expresión embelesada, que le daba un aire adorablemente sensual. Ella le regresó la mirada, cargada de placenteras promesas. El baile sensorial dio inicio y ambos participantes se desempeñaron con naturalidad. El cuerpo femenino osciló despacio al principio, y después fue adquiriendo mayor ritmo. Las manos del guerrero estrecharon sus costados, ayudándola con el grato movimiento. Dulces recompensas se expresaron con gemidos entrecortados y deliciosos temblores corporales. La temperatura de sus pieles aumentó y una tenue capa de sudor se hizo presente. No hubo necesidad de más palabras. Los dos se entregaron por completo al sentimiento compartido que ahora retozaba en sus corazones al compás de su unión. El arrebato final comenzó a crecer, lo que aumentó la intensidad del vaivén de la florista, haciéndola clavar ligeramente las uñas en la otra piel. Por su lado, el Santo la ciñó un poco más, permitiendo que el instinto lo guiase para embestirla con las caderas. Dicha acción perfeccionó el acercamiento de sus vientres, desencadenando el inicio del orgasmo. El clímax hizo erupción, consiguiendo que sus cuerpos se estremecieran al unísono. Agasha sintió el espasmo extendiéndose por sus palpitantes pliegues. Albafica notó la contracción de su hombría, liberando su simiente. La explosión de sensaciones golpeó ambos sistemas nerviosos, arrancándoles un potente clamor que llenó la habitación. La realidad desapareció y una celestial armonía los envolvió. … Había sólo tranquilidad en torno a la pareja. Ella reposaba sobre el pecho de Piscis, mientras que éste, la tenía abrazada por la cintura. El etéreo aroma del cabello castaño le provocaba una plácida relajación a Albafica. Sentir aquel frágil cuerpo contra su piel, escuchar su corazón y notar su temblor, era algo muy especial para él. Siempre había anhelado el contacto con otros y ahora comprendía el porqué: Era algo intrínseco de la naturaleza humana. Algo que todos necesitaban, y sin lo cual, podrían marchitarse hasta morir. Eso casi le sucedió a él. No literalmente, pero sí en términos emocionales. Si no fuera por Agasha, quizás hubiese perecido incluso antes de la guerra santa. Ahora podía afirmarlo una vez más: La florista le salvó la vida sin siquiera saberlo. De pronto, el movimiento de ella lo trajo a la realidad. —¿Por qué tan pensativo? — preguntó la joven, apartándose despacio y sin disimular su mueca complacida. Albafica se reacomodó para brindarle espacio y ella se recostó a su lado, abrazándolo cariñosamente. —Sólo estaba meditando— le colocó unos mechones de cabello detrás de la oreja. —Te debo mucho Agasha, y espero que mi nueva vida alcance para retribuírtelo— sonrió, para luego depositar un casto beso en su frente. —Gracias por esto, mi hermosa flor. — Ella sintió que el corazón se le encogía y un brillo cristalino se vislumbró en sus ojos. El doceavo guardián era tan honesto con sus sentimientos, que de pronto no supo qué decir. Simplemente esto parecía un cuento de hadas del que no quería salir. Así que sólo atinó a rodearlo con más fuerza. —Te amo— susurró cerca de su oído. Ambos se quedaron abrazados por largo rato, permitiendo que un agradable sopor los relajara.

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Edificio Patriarcal. Ya oscurecía cuando Shion terminó de revisar sus pendientes administrativos, así que se encaminó al comedor para cenar. Encontró a Pefko jugando con unos cubiertos, haciéndolos sonar con la cristalería a un ritmo curioso y divertido. Pero eso sí, teniendo cuidado de no romper nada. —Buenas noches Patriarca— saludó el sanador. Sólo estaban presentes el chiquillo y un par de doncellas, esperando para colocar las viandas. Éstas lo saludaron con una reverencia, para luego servir los alimentos. —Hola Pefko— tomó asiento frente a él. —¿No han venido Agasha y Albafica? — —Todavía no, ¿Quiere que vaya a buscarlos? — El lemuriano negó, haciendo una sonrisa divertida, intuyendo el porqué la pareja no los acompañaba. —No es necesario, probablemente están dedicando tiempo a conocerse. Recuerda que van a casarse, así que necesitan estar a solas— hizo una señal a una de las mozas. —Por favor, lleven los otros alimentos al templo de Piscis, sólo déjenlos en la cocina. — La mujer asintió y se puso a preparar las bandejas para ser transportadas. Shion y Pefko empezaron a cenar mientras platicaban de sus actividades.

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Casa de Piscis. Albafica abrió los ojos de repente al sentir una presencia ingresando al templo. De inmediato supo que era una de las doncellas y probablemente venía a dejar algo. Bostezó un poco y luego miró a la florista, quien continuaba dormitando contra su pecho. —Agasha, despierta— le habló en voz baja. —¿Eh?, ¿Qué sucede? — —Nada, es sólo que, nos quedamos dormidos un rato, y como no fuimos al comedor, ya trajeron la cena— explicó, liberándola de su abrazo para sentarse en la cama. —Oh, vaya— sonrió divertida. —Ni cuenta me di, ¿Crees que Shion se moleste? — —Lo dudo mucho, ese borrego metiche siempre está al tanto de lo que hacemos. Ya sabía que no iríamos a cenar, por eso envió los alimentos— bajó de la cama y se estiró un poco, para luego extender su mano hacia ella. —¿Te gustaría tomar una ducha, y luego cenamos? — Agasha contempló aquel portento de hombre con otro inesperado rubor, pero de inmediato aceptó su invitación. —Por supuesto— tomó su mano para incorporarse. Ambos se encaminaron a la habitación de baño. Se asearon mutuamente, y después de unos cuantos besos más, se dirigieron a la cocina para cenar con tranquilidad. … Fuera del templo. El búho grisáceo continuaba su vigilancia, ululando sereno. Rato después, se alejó volando hacia el bosque, en busca de la diosa Deméter.

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Continuará… Lamento si el Lemon resulta demasiado incómodo para algunos, pero es parte de la historia. Además, ya vamos a pasar al ritual de la diosa. Muchas gracias por leer. 24/Octubre/2021
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