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Capítulo XXIV: El Altar Viernes 12, por la tarde. Santuario de Athena, Templo de Piscis. Shion se encontraba en el lugar, supervisando las actividades de las doncellas. Minutos atrás, los sirvientes habían terminado de ensamblar las piezas de madera que formarían el altar para Deméter, por lo que ahora comenzaría el proceso de decoración. Ubicada en la estancia central del edificio, debajo de la cúpula del techo, la estructura de aproximadamente metro y medio de altura, estaba formada por dos niveles con plataformas amplias para colocar varias cosas. Así que, una vez limpiado todo el aserrín y otros restos del trabajo ebanista, una de las mozas se aproximó. Llevaba un canasto, de donde extrajo unos lienzos doblados de llamativas tonalidades anaranjadas, verdes y doradas. Colores asociados con el sol y la cosecha. Casi con ceremonia, un par de doncellas extendieron las telas, colocándolas sobre ambas superficies. Su labor era calmada y minuciosa, pues era importante que todo se viese acomodado, que la estructura estuviera bien cubierta y alineada, y que los pliegues de los lienzos cayeran con elegancia de un nivel a otro. A continuación, otras dos mujeres comenzaron a sacar piezas de cerámica de una caja de mimbre traída previamente. Tazones, vasijas, platos y una gran ánfora, fueron colocados de forma ordenada en los lugares indicados por Shion. En ellos se colocarían más adelante las ofrendas. Así mismo, enormes floreros se situaron a los lados del altar, formados como séquito protocolar. El guardián de Aries se sentía orgulloso, pues estaba seguro que todo esto complacería a la madre de las cosechas. Mañana temprano, comenzarían con la preparación de los alimentos y la recolección del resto de ofrendas. Estas eran fáciles de conseguir, pues las tenían a la mano en los graneros y en el bosque circundante. Sólo faltaban las rosas de Piscis, y justo en ese momento, percibió el cosmos de Albafica saludando, lo que significaba que ya habían regresado. … Agasha y compañía se tomaron su tiempo para subir las escaleras y atravesar los templos. Cuando llegaron a la doceava casa, la florista y el curandero estaban agotados. Incluso Albafica tuvo que ayudar a Pefko con su enorme morral, pues el chiquillo ya tenía la lengua de fuera mucho antes de llegar a Géminis. Así que decidieron tomarse un respiro cuando vieron a Shion saludándolos desde la entrada de Piscis. —Bienvenidos, veo que les fue bien— dijo, contemplando los canastos llenos de rosas rojas. —Así es, Agasha y su padre hicieron un excelente trabajo cuidando el rosal— Albafica tomó una de las flores y generó un poco de cosmos en la palma de su mano, para luego acariciar los pétalos. La rosa se abrió un poco más, exponiendo sus corolas y liberando una suave fragancia. —Son increíbles— sonrió el lemuriano, sujetando la flor y acercándola a su rostro. —Y veo que tienen la capacidad de responder a tu cosmos, seguro que esto le será muy útil a Deméter. — —Shion, no te confíes… — quiso advertirle. De repente, el Patriarca comenzó a estornudar una y otra vez. Así que apartó rápido la rosa de su nariz, pues su esencia le provocó una súbita alergia. Pese a que el guardián de Aries era un guerrero, necesitaba acostumbrarse a las flores para estar cerca de ellas. No le pasaría nada malo, pues no eran mortales, pero lo mejor sería mantener un poco la distancia. —Sí, ya entendí— le regresó la flor, mientras se tapaba la nariz con la manga de su túnica. —En ese caso, déjame despachar a las doncellas— se adentró en el templo. Un momento después, los demás también ingresaron. —¡Wow, que bien se ve el altar! — exclamó Pefko, aproximándose a la estructura. Albafica y Agasha dejaron los canastos y el morral del sanador en la entrada, para acercarse también. El Santo de Aries había hecho un excelente trabajo siguiendo al pie de la letra las instrucciones del libro de rituales, cumpliendo con todos los requisitos que Deméter solicitaba. El altar se veía elegante y fastuoso, a pesar de que todavía no tenía las ofrendas colocadas, ni la estatua de la deidad. —Ha quedado muy bien— comentó Agasha. —Supongo que las rosas las colocaremos al final en estos floreros, una vez que todo esté en su lugar. — Shion asintió. —Mañana se preparará todo a lo largo del día, así estará listo para la ceremonia. — —¿A qué hora será? — preguntó la florista. —Al anochecer, cuando la luna llena alcance su cenit y las estrellas estén alineadas, ahí es cuando el poder de la diosa es más fuerte— explicó, mirando a la pareja con detenimiento. —El altar está preparado con lo necesario, ustedes ya están listos para el ritual de fertilidad, y las rosas descendientes están aquí. Tenemos todo— sonrió satisfecho. Sin querer, los dos sintieron un ligero sobresalto. Era inevitable, pues sabían que, parte del ritual de fertilidad, radicaba en ejecutar todo el proceso ante los ojos de la diosa. Una situación que aún los inquietaba, y que no estaban seguros de cómo manejarla. El Patriarca los vio sonrojarse y desviar la mirada, evitando verse el uno al otro. Sabía que ambos eran conscientes de lo que debían hacer. Albafica se enteró por boca del propio Shion, y Agasha estaba al corriente por las enseñanzas del culto a Deméter. Decidió desviar el tema para darles un respiro. —Hoy dormirán en los aposentos del edificio Patriarcal, para que las doncellas purifiquen el templo con incienso toda la noche— empezó a caminar a la entrada. —Por favor, lleven las rosas a tu habitación y déjala cerrada con llave— miró a Albafica, mientras levantaba el morral del sanador. —Nosotros nos adelantamos al comedor, pues ya se acerca la hora de cenar. Vámonos Pefko. — —¡Qué bien, ya tengo hambre! — el chiquillo siguió de inmediato al lemuriano. La florista soltó una leve risita, encaminándose a tomar su canasto. Debía controlar sus emociones, pues Albafica todavía dependía de ella para desenvolverse correctamente en el ámbito de pareja. Y claro, en el tema del ritual de fertilidad. —Ese borrego metiche— murmuró Albafica, sonriendo un poco. —Sabes que a veces no mide sus palabras, pero lo hace por ayudar— mencionó ella. El doceavo guardián se acercó y tomó los otros dos canastos, soltando un largo suspiro. —Lo sé— la miró de soslayo mientras caminaban hacia los aposentos. —Es sólo que… no estoy seguro de saber qué hacer en el ritual… tal vez incluso necesite que… Deméter intervenga— reveló con preocupación. La mujer lo miró con ternura, pues comprendía cuál era su miedo. Sin embargo, no había mucho que pudiese hacer por el momento, sólo infundirle confianza con sus palabras. Y tal vez comentarle esto a la diosa de la agricultura. —No pienses en eso por ahora— dejaron los canastos en la habitación. —Y ten presente que yo estaré a tu lado, apoyándote en todo— sonrió con suavidad. Albafica sintió de nuevo ese cálido sentimiento en el pecho. Aquel que le recordaba que ahora ella estaba a su lado, y que su nueva vida sólo podía mejorar. —Te lo agradezco Agasha— cerró la puerta con llave y después la abrazó. Se miraron por un segundo, para luego besarse despacio. Reafirmando con aquel sencillo acto, sus sentimientos y compromiso mutuo. … Al anochecer. Edificio Patriarcal. Todos cenaban con tranquilidad, mientras le platicaban a Shion cómo había sido la presentación de Albafica con el padre de Agasha. Un tema que le daba curiosidad al borrego, pues no tenía ni idea de cómo su compañero de armas se desenvolvía con otras personas ahora. Sabía que Piscis estaba en proceso de acostumbrarse, pero era notoria su rápida capacidad de adaptación. —Entonces, ¿No te pusiste nervioso? — inquirió Aries. —Claro que estaba nervioso— respondió Albafica. —Y como no tenía referentes previos, lo que hice, fue tomarlo como una misión. — El Patriarca y la florista lo miraron con asombro antes de sonreír divertidos. —No me imagino qué estaba pasando por tu cabeza— comentó Agasha. —Pero puedo decirte que, a mi padre también le estaba costando trabajo hablar contigo, pues aún tiene presente que eras un caballero dorado. — —Lo entiendo, y quizás eso me ayudó también, pues su serenidad y carácter tranquilo facilitaron la explicación de todo— comentó el hombre de cabello aguamarina. —Temía que me viese como un intruso o una persona mal intencionada. — La joven se rio un poco. —Cualquier padre emana un aura de advertencia ante el pretendiente de su hija. Pero bueno, tú mismo comprobaste que mi papá te aceptó— colocó su mano sobre la de él, en un gesto de apoyo. —Y me siento muy honrado por ello— sonrió, elevando su mano con la de ella, para acercarla a sus labios y depositar en el dorso un afectuoso beso. Un par de aplausos se oyeron de pronto. Pefko expresaba efusivo su alegría por ellos. —Insisto, ustedes son una linda pareja, estoy seguro que nuestros maestros estarían contentos de verlos así— declaró con innegable simpatía. Ambos sonrieron, con las mejillas coloreadas, notándose que poco a poco se adaptaban mejor a la dinámica de pareja. —Te lo agradezco Pefko— habló Albafica, sintiéndose en verdad contento por dichas palabras. Ni Luco ni Lugonis estaban presentes, pero estaba seguro que ambos se sentirían orgullosos. El anterior Santo, porque su discípulo consiguió encontrar la felicidad en esta nueva vida. El sanador, porque su aprendiz halló la cura para la maldición de las rosas demoníacas. En cuanto a la florista, ella se sentía emocionada, pues estar con Albafica era un sueño hecho realidad. Mientras que Shion y Pefko, estaban contentos por sus logros. Uno por haber cumplido cabalmente su misión, y el otro, por desarrollar un antídoto y conseguir una nueva familia. Todos ganaban. —¿Y qué es lo que harás con las rosas? — inquirió Piscis. —Voy a diseccionar unas para ver su estructura interna y documentarla, después quiero hacer pruebas de reacción con otras sustancias, también deseo ver cuánto viven sin agua— explicó Pefko, sin ocultar su emoción. —Por cierto, Patriarca Shion, quiero pedirle permiso para usar mañana el dispensario, me gustaría conservar algunos ejemplares en frascos sellados. — —Claro, no hay problema, lo que necesites— aceptó el lemuriano. —Y ahora, brindemos por las buenas circunstancias que nos han otorgado las diosas— propuso, elevando su copa. Agasha y Albafica lo imitaron, mientras que Pefko, los acompañó con su vaso de jugo. Más tarde, la cena concluyó. Piscis tomó otra cucharada del antídoto y el sanador lo documentó en su compendio médico. Posteriormente, todos se retiraron a dormir. … Aposentos del edificio Patriarcal. Después de una ducha rápida en el salón de termas, la pareja se disponía a descansar. Albafica permanecía recostado en la cama, mirando al techo mientras esperaba que Agasha terminase de peinar su cabello. Él no se sentía agotado por las actividades del día, pero podía ver que su compañera sí lo estaba. Algo que quizás lamentaba un poco. Sólo un poco. No podía negar que su curiosidad por conocer más del acto carnal y la cercanía física con una mujer, eran anhelos muy presentes en su cabeza. Pero también razonaba que había momentos para ello, y momentos para esperar. Después de todo, tenía su nueva vida por delante. Entonces notó la cercanía de ella, sacándolo de sus pensamientos. —Hoy hace un poco de frío— comentó la joven, recostándose junto a él y jalando la frazada para cubrirse. El Santo se giró de lado, abrazándola de inmediato para compartir su calor corporal. Agasha sonrió, acurrucándose contra su pecho, posando la cabeza encima del almohadón para mirarlo a los ojos. Aquellos iris azules eran tan lindos y expresivos, que el corazón le brincó en el pecho de la emoción. Además, notar sus brazos fuertes envolviéndola, le hacía sentirse protegida. —Así es, pero puedes abrazarme toda la noche, así no sentirás el fresco— mencionó él como si nada. La florista mantuvo su contemplación y su sonrisa. Era fascinante escucharlo y verlo actuar con tanta naturalidad respecto al contacto físico. Algo que hubiera sido imposible hace seis años. —Me alegra tanto verte así— acercó el rostro hasta rozar los labios masculinos. —Tan feliz. — Albafica apenas alcanzó a sonreír, ya que su linda florista le robó un pequeño beso. Su abrazo se estrechó un poco más, pues deseaba mantener muy cerca su cuerpo, sentir la suavidad de su piel, escuchar el latir de su corazón y oler el aroma de su cabello. Una experiencia placentera que todos sus sentidos agradecían. No hubo más palabras. Simplemente se observaron por unos segundos más y luego se quedaron dormidos.:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:
Sábado 13, por la mañana. El nuevo día ya iluminaba el Santuario y los primeros rayos del sol apenas se colaban por los aposentos. La joven florista, acostumbrada a levantarse temprano, comenzó a abrir los ojos. Se removió un poco, intentando no despertar a Albafica. Sin embargo, notó que éste parecía dormir profundamente todavía, lo que se le hizo raro. De pronto, por el rabillo del ojo, vio un repentino brillo en medio de la tenue oscuridad. Giró el rostro hacia la entrada de la alcoba, dándose cuenta que la diosa de las flores empezaba a manifestarse en medio de resplandores dorados y verdes. De inmediato bajó de la cama, pues debía aprovechar esta visita. —Hola pequeña Agasha— saludó la deidad con una sonrisa. La mencionada hizo una reverencia. —Bienvenida, madre de la naturaleza— levantó la vista para mirarla. —Hoy es el gran día, y veo que todos ya están listos y tienen todo preparado— Deméter se acercó a ella. —No te preocupes, hice que Albafica se mantenga dormido un poco más— miró al hombre recostado en la cama y luego a la joven. —Aún está preocupado, ¿Verdad? — La florista asintió, dándole un breve vistazo también. —Así es, ayer me dijo que tenía dudas de cómo actuar en su presencia una vez que iniciase el ritual— soltó un leve suspiro. —Y debo decir que yo también me siento nerviosa. — La diosa de las cosechas sonrió un poco más. Era de esperarse, los tiempos habían cambiado y el culto a su persona ya no se practicaba como antes. Los adeptos ya no poseían el mismo nivel de conocimiento y compromiso que hace milenios. Participar en un ritual de fertilidad no era común en éste siglo, y eso debía tomarlo en cuenta con la pareja. Lo bueno era que aún tenía con ella el poder de Afrodita, destilado en un pequeño frasco. Y lo usaría más adelante, pues no podía arriesgarse a que algo fallase al momento de realizar la ceremonia. —Entiendo— acercó su mano, colocándola sobre el hombro de Agasha. —No te preocupes mi querida muchachita, todo saldrá bien. Sólo asegúrense de estar presentes en el altar, justo cuando inicie el crepúsculo— indicó, manteniendo una voz suave. La joven confirmó, sintiéndose un poco más tranquila. —Como usted diga. — —Nos vemos más tarde— la diosa se apartó y empezó a retroceder, al mismo tiempo que se desvanecía entre pétalos. La florista regresó a la cama y se reclinó sobre Albafica, pasando los dedos por su mejilla, apartando su largo cabello para despertarlo. —Buenos días. — Justo en ese momento, él abrió los párpados con lentitud. No se había percatado de la visita de la diosa, así que sólo atinó a sonreír con modorra. —Hola Agasha, ¿Dormiste bien? — —Sí, gracias a tu abrazo, no pasé frío— le sonrió con afecto. —Vamos, levántate, que hoy será un gran día. — El hombre se sentó en la orilla de la cama, pero evadió la mirada de la florista, dejando entrever su preocupación nuevamente. —Agasha, yo… — Ella no le dio tiempo de hablar, tomando una de sus manos entre las suyas. —Ya te lo dije, estoy a tu lado, y ten por seguro que Deméter nos ayudará— le dio un apretón para transmitirle confianza. —Qué te parece si no pensamos en eso y nos distraemos con otra cosa— Piscis regresó a mirarla, expectante. —Podríamos apoyar a Shion con las ofrendas, o si no, ayudemos a Pefko para que estudie las rosas— propuso. Él sonrió, sintiéndose cada vez más convencido de que esta mujer, era el regalo más valioso que jamás podría haber recibido en la vida. —De acuerdo— asintió, poniéndose de pie para estirarse un poco. —Shion ya se encargó de todo lo necesario para el altar, así que lo mejor será que ayudemos a Pefko. No quiero que se arriesgue, y se nota que las rosas lo tienen demasiado emocionado. — Agasha suspiró más tranquila, ya que Albafica parecía relajarse. Y también se ruborizó, pues le era imposible no mirar el marcado cuerpo del guerrero, quien se mostraba mucho más seguro y confiado ante ella. Esto era bueno y sólo podía mejorar. … Rato después, al finalizar el desayuno. Shion estuvo de acuerdo con la propuesta de la pareja, acompañar a Pefko el resto del día para examinar las rosas, en lo que las doncellas preparaban las ofrendas y recolectaban lo que faltase. Por supuesto que al joven curandero le agradó la idea, pues nadie mejor que ellos para ayudarle a estudiar los ejemplares, y así poder iniciar la documentación oficial de las técnicas de Piscis. —Adelántense, yo los alcanzo después, quiero hablar con Shion— pidió Albafica de pronto. El chiquillo y la florista aceptaron, encaminándose al dispensario, mientras Shion miraba curioso a su amigo. —¿Sucede algo? — —¿Podemos hablar en tu oficina?, por favor. — El lemuriano asintió. … Despacho del Patriarca. Una vez que ambos tomaron asiento frente al escritorio de Shion, el doceavo guardián inhaló profundo. Buscaba las palabras adecuadas para exponer un par de cosas que consideraba importantes, aparte de lo que iba a suceder hoy. —¿Qué pasa? — inquirió el santo de Aries, pues su amigo lo observaba con una ligera seriedad. —Antes que nada, quiero darte las gracias por todo lo que has hecho— el rostro de Albafica se relajó, dando paso a una sincera sonrisa. —Eres el mejor amigo que alguien puede desear. Agradezco tu paciencia, y me disculpo por los malos ratos que te hice pasar, no solo ahora, sino también hace seis años. Ahora veo las cosas de otra manera, y sé que me equivoqué contigo y con otros que sólo me ofrecían su amistad. — Shion abrió los ojos en grande por un instante, para luego sonreír también. Esto resultaba un poco sorprendente, pues jamás imaginó que Albafica, un santo bastante orgulloso, se disculpara de esta manera. No es que hubiera hecho algo malo, pues las circunstancias de su vida no fueron fáciles. Shion y los demás Santos dorados siempre lo supieron, el comportamiento huraño de Piscis no reflejaba su verdadera personalidad. Así que nunca se tomaron a mal sus desaires. —No hay nada que perdonar, eso ya quedó en el pasado y no tiene cabida en tu nueva existencia— indicó el Patriarca, sin dejar de alegrarse. —Mi amistad la tendrás siempre, puedes contar conmigo para lo que sea. — El guardián del pez dorado se sentía contento, pues sabía que su amigo le ayudaría en lo que necesitase. —Te lo agradezco, y ahora, precisamente, necesito de tu apoyo para dos cosas importantes. — —Dime— el lemuriano se apoyó en el escritorio, intrigado por lo que le diría. —Primero, necesito saber si en mi templo se mantuvieron intactos los aposentos, o fue necesario reconstruirlos. — —Están intactos. Tu templo sólo sufrió daño en la entrada posterior, así que fue necesario rehacer esa parte. En cuanto a lo demás, la estructura es la original, con un par de arreglos y pintura, ¿Por qué lo preguntas? — El hombre de cabello aguamarina hizo un gesto de alivio, pues eso era una buena noticia para lo que deseaba hacer. —Me alegra saberlo, porque eso significa que mis ahorros están intactos— hizo una mueca pensativa. —Sólo espero que no haya cambiado mucho el valor del oro y la plata. — Shion alzó un lunar de su frente, no comprendiendo a qué se refería. —¿Hablas de dinero?, ¿Guardabas tu paga en el templo? — —Así es— confirmó Albafica. —Sabes bien que yo casi no salía a ningún lado, así que fueron contadas las veces en que gasté algo de dinero. Además, el Santuario nos proporcionaba todo, por lo que solía ahorrar bastante. — Normalmente, los guerreros de Athena tenían todos sus gastos alimentarios, de vestimenta y otras cosas, solventados por la administración Patriarcal. Pero incluso así, se les otorgaba un sueldo en monedas de oro y plata para su uso personal, a modo de viáticos cuando viajaban, o como pago por sus servicios a la causa. Su lealtad y vida pertenecían a la diosa, pero eso no significaba que no se les retribuyese algo más. —Entiendo, ese dinero piensas usarlo ahora, ¿Verdad? — —Debo pensar en el futuro, pues Agasha desea vivir en Rodorio y yo quiero estar con ella. Mi futura esposa y descendencia se merecen un hogar digno— explicó el santo de Piscis. El lemuriano sonrió aún más, sintiéndose contento por su amigo y su determinación para tomar decisiones respecto a su nueva vida. Él había pensado en ofrecerle quedarse en el Santuario, pero quizás la idea de vivir en el pueblo era lo mejor, pues lo haría sentirse como un hombre normal y feliz. —Me parece correcto lo que deseas hacer— reconoció Shion. —Si gustas, te puedo ayudar con eso, la administración del alcalde Aristo también se encarga de los temas de vivienda en la villa— Albafica confirmó con un movimiento de cabeza. —¿Y el segundo tema a revisar es? — El otro desvió la mirada, pues no estaba seguro de cómo sonaría su petición. Hizo el amago de decir algo, pero no se atrevía, pues tenía la impresión de que el borrego se burlaría. —Vamos Albafica, no es momento para que dudes— lo animó. —Necesito… aprender a… bailar— habló con voz renuente, mirando a su colega. Éste parpadeó un par de veces y luego asintió con firmeza. —Claro, no hay problema— aceptó Shion, como si le hubiera pedido algo común y sencillo. —Yo no sé bailar, pero conozco a alguien que puede ayudarnos— hizo un gesto de curiosidad. —¿Es para Agasha? — Piscis asintió nuevamente. —Sí, deseo darle una sorpresa— soltó un pequeño suspiro. —Ella me enseñó lo básico el otro día que fuimos a la fiesta, pero me falta demasiado para poder acompañarla en un baile completo. — —Me alegra que pienses de esa manera— el Patriarca se puso de pie. —Te apoyaré, pero antes, debemos concluir con lo solicitado por la diosa Deméter. — —De acuerdo— Albafica lo imitó, pues era momento de ir con Agasha y Pefko. —Gracias, amigo. — Ambos salieron de la oficina, tomando diferentes rumbos.:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:
Dispensario. La florista terminó de ayudarle a Pefko a colocarse la túnica, los guantes y la máscara de piel. Esto era necesario para poder revisar las flores sin el contratiempo de estornudar o toser a cada rato. La inmunidad a las rosas descendientes tardaba meses en desarrollarse, pero el chiquillo no esperaría tanto. —Listo, podemos comenzar— dijo ella, colocándose únicamente sus guantes de piel. —Tú dime que necesitas que haga. — —¡Que emoción! — Pefko se acercó de inmediato a su morral, comenzando a extraer algunos frascos con diferentes muestras. —Primero, quiero revisar la estructura interna de las rosas, ¿Me ayudarías a seccionar algunos ejemplares en pétalos, hojas, espinas y ramas? — La joven asintió, extrayendo las flores del frasco, mientras veía que el chiquillo se acercaba a un objeto de curioso aspecto que estaba en una mesa contigua. Lo revisó un poco y ajustó sus tornillos integrados. Luego lo miró preparar algunos objetos pequeños y cuadrados de cristal, así como un juego de instrumentos, que intuyó, se usaban en el dispensario por parte de las enfermeras. Ella no conocía de estas cosas, pero seguro se trataba de algo relacionado con la medicina. —Por favor, coloca una muestra de cada cosa en estos portaobjetos— el adolescente le acercó cuatro piezas de vidrio. —Claro, ¿Eso para qué es? — señaló el objeto que Pefko continuaba revisando. —Es un microscopio y sirve para observar lo que contiene la materia a un nivel muy pequeño— explicó, a la vez que se rascaba la cabeza. —Pero éste modelo es más reciente que el de mi maestro, así que debo aprender a enfocar el lente. — En ese momento, se oyeron pasos y la puerta se abrió. —Ya vine— habló Albafica, mirándolos y luego al microscopio. —¿Gustas que te ayude con eso? — —¿Usted sabe utilizarlo? — —Sí, yo lo usaba a veces— el Santo se acercó. —De vez en cuando apoyaba a las enfermeras a realizar brebajes curativos de plantas exóticas, por lo que antes debía inspeccionarlas y valorar si eran aptas— ajustó el tornillo lateral del aparato mientras revisaba el ocular y movía un par de mecanismos. —Listo, haz unas pruebas. — Agasha le entregó a Pefko los portaobjetos con las muestras y el chiquillo se acercó para comenzar a revisarlas. —¡Wow, es fascinante! — se emocionó al contemplar la capacidad de aumento del microscopio. —Tengo que conseguir uno de estos, es muy práctico— miró al hombre con una sonrisa. —¿Sabe dibujar? — Albafica asintió, comprendiendo que el curandero necesitaría documentar el proceso con dibujos de las rosas, esquemas de las disecciones y otras cosas más. Por lo que cada uno tomó una tarea específica para ayudar al joven sanador con su investigación. … El día avanzó y el tiempo fue bien aprovechado por todos. Pues no sólo se hizo la revisión estructural de las rosas descendientes, sino que también se elaboraron cultivos químicos para estudiar sus diferentes reacciones con otras sustancias. Esto con el objetivo de valorar sus propiedades químicas, su nivel de toxicidad, sus capacidades de adaptación, resistencia, etc. Pefko fue documentando todo en su libro de cubiertas cafés: Las observaciones hechas por él, los dibujos elaborados por Albafica y las notas informativas de Agasha respecto al cuidado y crecimiento del rosal. Aunado a esto, también almacenó frascos con especímenes en conservante, ya fueran rosas completas o sus componentes individuales, pues se los llevaría para su uso futuro. Posteriormente, decidieron tomar un descanso para comer algo en el merendero de la enfermería. … El resto de la tarde continuaron trabajando con las flores rojas. Mientras Agasha le explicaba a Pefko cómo preparar el mejor abono para alimentarlas, pues el chico tenía planeado sembrar algunas, Piscis recibió un llamado vía cosmos que lo dejó sin palabras. —Albafica, ya es hora. —:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:
Doceavo templo, al atardecer. Shion miraba a las doncellas dar los últimos toques a las ofrendas. Todo lo que se exhibía en el altar, fue cosechado, adquirido, cocinado, extraído, o preparado a conciencia, ofreciendo una vista espléndida. En el segundo nivel, el más grande, se colocaron platos con frutas de temporada, como higos, uvas, mandarinas y manzanas. También algunas semillas recién cosechadas como almendras y castañas, y otras que ya tenían almacenadas, como trigo, cebada y maíz. En tazones decorados, se sirvieron raciones individuales de alimentos como carne de cerdo, pan recién horneado, miel fresca, y una redoma de vino. A un lado, se dejaron un par de copas, una de plata y un cáliz antiguo de cerámica con representaciones pictóricas de Deméter. Una bonita ánfora, con otros dibujos griegos y dos grandes asas, rebosaba de agua fresca de manantial. A su alrededor se pusieron platos pequeños con cantidades reducidas de tierra de campo, piedras, hojas y ramas del bosque cercano. En el primer nivel, un poco más pequeño que el otro, se erigía una estatua de la diosa Deméter, de aproximadamente un metro de altura. Detallada en su hechura y coloreado, la efigie se ubicaba en el centro, flanqueada en ambos lados por los símbolos de su poder, un ramo de espigas de trigo y una afilada hoz. Y frente a ella, un pequeño cuenco de piedra tallada, el cual contenía guijarros que daban soporte a múltiples varillas de incienso. En la base del altar, permanecían las dos hileras de grandes floreros. Una fila contenía amapolas púrpuras, la flor asociada con la deidad. Las otras vasijas aún estaban en espera de las rosas descendientes, las cuales debían ser colocadas por la pareja. Finalmente, en ambos lados de toda la estructura, se repartían ocho candeleros con grandes cirios, listos para ser encendidos. El Patriarca sonrió satisfecho, haciendo un gesto con la mano para despedir a las mozas. Estas se retiraron por la salida posterior, mientras él caminaba a la entrada principal. Alzó la vista y contempló la luna llena iniciando su ascenso en el firmamento. Desvió la mirada al otro lado, donde el sol ya descendía con calma. —Albafica, ya es hora— llamó al Santo de Piscis con su cosmos. —Agasha y tú deben venir al templo para que les dé tiempo de tomar una ducha de purificación antes de comenzar el ritual.— Hubo un silencio de un par de segundos antes de recibir respuesta. —C-Comprendo… vamos para allá.— Aries notó el titubeo en su voz, pero no dijo nada. A estas alturas de la situación, no había espacio para las dudas, ambos estaban obligados a realizar esto sin fallas. Era el paso final, el tributo que debían entregarle a la diosa Deméter por haberles permitido encontrarse de nuevo. … La pareja ingresó a la casa zodiacal, llegando ante el altar y fascinándose con su belleza. —No perdamos tiempo, vayan por las rosas para colocarlas en su sitio— pidió Shion, sin darles oportunidad de decir nada. A pesar de notárseles un poco el nerviosismo, obedecieron de inmediato. Momentos después, ya se encontraban arreglando las rosas en sus respectivos floreros, cosa que Albafica aprovechó para perderse un instante en sus pensamientos. Debía reconocer que Shion había hecho un excelente trabajo preparando todo para la ceremonia, así que no podía permitirse dudar ahora. Miró de soslayo a la florista, quien parecía más tranquila. Cuando le comentó que debían ir al templo, ella sólo asintió, se quitó sus guantes y le dijo a Pefko que, al terminar de usar el dispensario, se fuera al edificio Patriarcal. El chiquillo aceptó sin decir nada, pues ya sabía de sobra que ellos tenían un compromiso con la madre de la agricultura. Durante el recorrido, se mantuvieron en silencio. No era miedo lo que sentían, sólo era el hecho de saber que realizarían un ritual de fertilidad ante una deidad, y eso pone nervioso a cualquiera. En cuestión de minutos, ambos llenaron las vasijas con las flores rojas, acomodándolas de forma elegante. Su tonalidad era mucho más intensa, sobrepasando la de las amapolas. Una vez que terminaron, se dieron cuenta que todo en el altar se conjugaba armoniosamente: El color, el aroma y la presencia, creaban algo majestuoso. —La hermosura de estas flores supera por mucho a las otras— mencionó Shion. —Son todas— Agasha colocó la última rosa. —La recreación del tabernáculo es perfecta, está todo lo que se necesita. — —Toma, tú debes encender los cirios justo cuando finalice el crepúsculo y entre la noche— dijo el Patriarca, entregándole una pequeña lámpara de aceite, encendida previamente con un fósforo. —¿Sabes lo que debes hacer, cierto? — La mujer asintió con firmeza. Un ritual de fertilidad no sólo se trataba de la unión carnal como acto de adoración a la deidad. También era necesario realizar algunos procedimientos que incluía el consumo de las ofrendas, plegarias específicas, la entrega de su sangre y el himeneo con la diosa. En otras palabras, para que Deméter les otorgase su bendición a ellos, a las rosas y a su linaje, era necesario “casarse” con ella. Shion soltó una larga exhalación, revelando un poco de agotamiento, pero contento de haber llegado a éste punto. Su trabajo estaba hecho, ahora los dejaría solos, pues la diosa de la naturaleza no demoraría en aparecer. —Entonces ya me retiro— los observó a ambos, extendiendo las manos para cada uno. Ellos las tomaron, pues era un gesto de felicitación por parte del lemuriano. —Estoy muy contento por ustedes, se merecen la felicidad que están viviendo, mis congratulaciones por su unión— les guiñó un ojo en complicidad. —La próxima semana planearemos la ceremonia civil, yo mismo los casaré. — Albafica soltó una pequeña risa, alegre y sincera, feliz de escuchar aquello. En el pasado, alguna vez fantaseó con casarse y siempre deseó que un Patriarca formalizara su matrimonio. Agasha se sonrojó y su mirada brilló con evidente emoción. Era una idea que agradaba a los dos por igual, dando su respuesta con un asentimiento. —Gracias Shion— dijo el doceavo Santo. Aries se marchó por la salida posterior, mientras la florista soltaba un suspiro y colocaba la lámpara en un espacio vacío del altar. —Bien, será mejor apresurarnos— miró la luz opaca del atardecer a través de la cúpula. —Debemos ducharnos antes, como símbolo de purificación. Ahí te explico en qué consisten los procedimientos iniciales. — —Sí, haré lo que tú me indiques— confirmó él. … El área de aseo también había sido preparada con antelación. El ambiente olía a incienso de sándalo. El agua, previamente calentada, desprendía un relajante aroma a lavanda y romero. A unos metros de la orilla de la piscina, estaba dispuesto un anaquel con lienzos para secarse, túnicas para vestirse, dos pares de sandalias y un cesto mediano que aún no sabían lo que contenía. En el borde cercano a los escalones de acceso, reposaba una mesita con líquidos especiales para la limpieza. Tan pronto ingresaron a la habitación, las fragancias golpearon sus sentidos, provocando una relajación inmediata. Sin darle más vueltas al asunto, procedieron a desnudarse y entrar a las cálidas aguas. La temperatura era agradable y la sensación dérmica placentera. Tomaron lo necesario y empezaron con la limpieza de sus cuerpos. —Para empezar, debemos encender los cirios y esperar la llegada de la diosa— comenzó a explicar Agasha. —Diremos oraciones de alabanza, y cuando ella dé la señal, ofrendaremos los alimentos y haremos cualquier otro proceso que nos indique. Luego realizaremos el ritual de himeneo y tomaremos vino como signo de compromiso— guardó silencio, quedándose pensativa un momento. —Tal vez pida un poco de sangre… — Piscis se quedó inmóvil, palideciendo de inmediato. —Pero… mi sangre es… — —Lo sé, pero si la madre de las flores lo pide, debemos hacerlo— aclaró la joven con seriedad. —Éste ritual no es como el tradicional, su ejecución será muy diferente. Además, ella me explicó que tus rosas demoníacas volverán a la vida. Entonces, tu sangre es necesaria, pues contiene las memorias de tu cosmos y tus técnicas. La rosa que me regalaste es parte de aquel linaje, por lo tanto, debe recordar su pasado. — Albafica enmudeció, desviando la mirada a otro lado. Lo que decía Agasha tenía lógica. Sin embargo, aunque deseaba mantenerse tranquilo y asimilarlo, imaginar que su sangre sería expuesta, le provocó una repentina convulsión en el estómago. De pronto, sintió la mano de ella acariciando su mejilla, haciendo que la mirara. Parpadeó rápido para salir de su breve abstracción. —No tengas miedo— Agasha le sonrió con calidez. —Deméter no permitirá que algo salga mal, así que confiemos en ella. — El doceavo guardián asintió, inhalando y exhalando profundo un par de veces para recuperar el control. —De acuerdo— retomó la palabra. —Entonces practiquemos las oraciones que diremos para que las pueda memorizar. — Continuaron duchándose, mientras la joven citaba las plegarias que pronunciarían y cómo ejecutarían los pasos para el ritual. Una vez concluido el aseo, retiraron la humedad con los lienzos y procedieron a vestirse sólo con las túnicas y las sandalias. Se cepillaron mutuamente el cabello, dejando sueltas y alisadas sus melenas. A pesar de que la cabellera femenina no era ni la mitad de larga que la masculina, la combinación de aguamarina y castaño brillante resultaba hermosa. Salieron de los aposentos y se encaminaron al altar, llevando el cesto mediano con ellos. … Entrada al templo de Piscis. Deméter comenzó a manifestarse en medio de un remolino de pétalos coloridos y hojas verdes. Alzó la vista al cielo, notando que el sol se había ocultado y el crepúsculo ahora dominaba la bóveda celeste, junto con la luna llena encumbrándose hacia el cenit. —Ha llegado el momento de concluir éste pacto. —***
Continuará… Gracias por leer y comentar. 8/Noviembre/2025