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Capítulo XXVI: La Celebración I Domingo 14, por la mañana. Despacho del Patriarca. Shion ya se encontraba despierto y trabajando, incluso antes de que saliera el sol. No podía descuidar sus deberes, y si no fuera por el apoyo de Teneo en estos días, no habría podido encargarse de su misión y del Santuario al mismo tiempo. El Santo de Tauro estuvo mandando reportes sobre las actividades que tenía asignadas, más la tarea de vigilancia en Rodorio. Así que en éste momento se encontraba leyéndolos. Aún no había noticias del herrero prófugo, sin embargo, era un tema que no dejaría de lado. En cuanto a los piratas del otro día, todos fueron ahuyentados, y a los que atraparon, los dejaron en la prisión del pueblo. Por otro lado, la fiesta de Rodorio continuaba sin contratiempos y en relativa paz, gracias a los soldados rasos que patrullaban constantemente. Terminó de leer el documento e hizo un par de anotaciones. Estaba por revisar el siguiente reporte, cuando de repente, notó por el rabillo del ojo un fulgor dorado cerca de la puerta. De inmediato supo que se trataba de la diosa de las cosechas, así que se levantó para quedar frente a ella y hacer una reverencia. —Diosa Deméter, es un gusto verla de nuevo— saludó, tan pronto la deidad se materializó por completo. —Buenos días, pequeño Shion— sonrió la dama. —Vengo a despedirme y a felicitarte por el excelente trabajo que hiciste apoyando a Albafica y encargándote de preparar el ritual. — —Ha sido un honor para mí ayudarlas a usted y a la diosa Athena. También estoy agradecido por la oportunidad que se le brindó a mi compañero y al joven sanador. — —Eres un excelente amigo— reconoció la divinidad. —Albafica por fin está viviendo una nueva vida sin el peso de su doloroso pasado, y Pefko pudo cumplir la promesa que le hizo. Con esto termina la misión que Athena nos encomendó. — —Me hace feliz escuchar eso— inclinó el rostro de nuevo. —Dele las gracias a la diosa Athena de mi parte, por favor. — —Por supuesto— Deméter asintió. —Ahora me despido, te deseo una vida feliz y próspera, joven Patriarca. — La diosa comenzó a desvanecerse, dejando únicamente una estela de brillos coloridos. —Gracias, madre de las flores. — Shion suspiró con tranquilidad, sintiéndose muy bien consigo mismo. Se desperezó un poco, notando que el estómago ya le exigía alimentos, así que se encaminó al comedor.:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:
Aposentos de Piscis. La pareja aún se encontraba durmiendo, abrazados y apacibles en el lecho cuando los primeros rayos del sol comenzaron a iluminar la habitación. De nuevo Agasha fue la primera en abrir los ojos, estirando con modorra su cuerpo, despertando en el proceso a Albafica, quien la imitó. —Buenos días— sonrió ella. —Buenos días, esposa mía— contestó caballeroso. La florista soltó una pequeña risita, emocionada por aquellas palabras, que seguro tenían mucho peso emocional para el Santo. —¿Me llamarás así de ahora en adelante? — preguntó la joven, mientras apartaba un poco el flequillo para contemplar aquellos ojos azules, los cuales en éste momento poseían un brillo inigualable. —Sí, de ahora en adelante, voy a presumirte como mi esposa a cuanta persona se cruce en mi camino— acarició su mejilla con el dorso de la mano. —Es un sueño hecho realidad— sus ojos se humedecieron brevemente. Agasha sintió que su corazón daba un pequeño vuelco. Comprendía muy bien la connotación de aquellas palabras. Porque, aunque él jamás se lo dijo, ella siempre intuyó lo doloroso que fue su soledad pasada. Así que, ahora que las diosas les concedieron esta nueva vida, era de esperarse que Albafica se sintiese muy emocionado. Tenía todo el derecho de expresar su felicidad, lo que incluía presumirla a ella como su desposada. —También eres mi sueño hecho realidad— le retribuyó la caricia. —Ahora soy tu esposa, y tú mi marido, ¿Cómo te sientes respecto a eso? — —Feliz, por fin puedo decirlo ahora, soy inmensamente feliz— habló con sinceridad. —Le debo una gran ofrenda y una ceremonia de agradecimiento a Athena por esta oportunidad. — La florista asintió, pues estaba de acuerdo en que, gracias a la diosa de la guerra y a la madre de las flores, ellos podían estar juntos ahora. El presente era hermoso y el futuro se veía prometedor. —Es cierto, también debemos agradecerle a ella, porque así podrás volver a tener tus rosas demoníacas reales para que tus herederos… — Se quedó en silencio por un instante, desviando la mirada hacia otro lado. Esa última palabra le trajo un recuerdo doloroso sin querer. Una idea oscura que pronto empezó a llenar su mente. El doceavo guardián notó la pausa y su repentino cambio de semblante. Algo no estaba bien, por lo que de inmediato preguntó. —¿Qué sucede?, ¿Qué te preocupa? — la vio negar con el rostro, pero no pudo ocultar la preocupación que se reflejó en su mirada. —Entiendo que el tema de tener hijos es incómodo y… — —No es eso— ella lo interrumpió, mirándolo de nuevo. —Deméter me dejó en claro que debo tener descendencia contigo. Dicha situación no me incomoda para nada, lo acepto por completo, e incluso me emociona la idea de tener hijos, pero… — otro silencio. Albafica sintió preocupación por ella, así que la atrajo hacia su pecho, intentando trasmitirle su apoyo y protección. —Si no quieres hablar del tema, dejémoslo para otra ocasión. — La joven sonrió enternecida, sintiendo que se le humedecían los ojos. Un calor agradable se generó en su pecho, eran sus sentimientos reaccionando a los de éste hombre tan especial. Sabía que en algún momento debía hablar del incómodo tema, y tenía que hacerlo sin miedo, pues contaba con el apoyo de Albafica. —La otra vez, cuando fuimos a la feria del pueblo, te comenté que, años atrás, me juzgaron por no poder darle hijos a mi difunto marido— comenzó a sincerarse, permaneciendo contra el pecho del Santo. —Se burlaron de mi situación, diciendo que me quedaría sola el resto de mi vida. Pero, lo que no te dije, fue que aún en el presente, aquello sigue ocurriendo. — El guardián del pez dorado escuchó en silencio, abrazándola un poco más. —Algunas personas me llamaron la “viuda joven” cuando Alexander, mi anterior esposo, murió. Aquel fue el apodo más simple que me dieron. Pero otras, desde tiempo atrás, me dijeron cosas horribles por no apegarme a las costumbres— tomó aire y luego soltó una larga exhalación. —No es normal que una mujer se quede sola, incluso es mal visto que después de medio año de viudez, no busque de inmediato un nuevo marido. — Albafica pasó saliva despacio. Recordaba dicha conversación en la feria, pero en aquel momento, no ahondaron en el tema. —Yo no quise buscar a nadie, no estaba interesada. Además, todavía me sentía molesta, pues Alexander muchas veces me reclamó por no darle hijos— hizo una pausa, tomando más aire, intentando mantener controladas sus emociones. —En el último año de matrimonio, los rumores en el pueblo aumentaron, diciendo que yo era estéril y que no servía para engendrar niños. Mi marido comenzó a juzgarme incluso más, diciéndome que buscaría a otra mujer que le diera un heredero para transmitir su apellido. No dudo que me haya engañado en algún momento. — El Santo apretó los dientes, molesto por semejante situación. Quizás aquello ocurrió en el pasado, pero no podía evitar empatizar con el dolor de Agasha. —Algunas mujeres hablaban a mis espaldas, diciendo que ellas podrían darle el hijo que buscaba y que lo mejor era divorciarnos, e incluso, que debía pagarle una compensación por el tiempo perdido. En cambio, los hombres, murmuraban que sólo les serviría para una noche de diversión, porque, “la que no puede engendrar hijos”, no sirve para segundas nupcias. — En ese momento, Albafica sintió la furia crecer en su interior. No sabía quiénes eran aquellas personas, pero si se las encontraba en Rodorio, les haría pagar por semejantes ofensas hacia la florista. Tomó un poco de aire y lo liberó despacio, serenándose. Después apartó a la joven un poco para mirarla. Ella no lloraba, pero sus ojos estaban tristes y su expresión afligida. —Yo me encargaré de que nadie vuelva a insultarte de esa manera— habló con voz seria, acunando el rostro femenino entre sus manos. Agasha parpadeó un poco e intentó sonreír, sin conseguirlo del todo. —Te lo agradezco, pero aquellos motes no me importan, hace mucho tiempo que dejé de darle importancia a las habladurías y a esos idiotas— exhaló con desánimo. —Lo que me preocupa es que, a final de cuentas, sea verdad lo que dicen y no tenga la capacidad de darte un hijo— lo miró con tristeza. —Tengo miedo de fallar. — El hombre negó con el rostro, abrazándola de nuevo con más intensidad. —No tengas miedo de eso, no permitas que tus temores te superen— le habló con suavidad, depositando un beso en su coronilla. —Recuerda que Deméter nos unió por algo. Ella es la diosa que fecunda la tierra, tú misma conoces su mito y sus dones, así que no debes preocuparte. Confía en ti, confía en mí, confía en nosotros. — Aquellas palabras reconfortaron a la mujer, quien por fin sonrió de nuevo. Con sus brazos rodeó el torso masculino, aferrándose a él para disfrutar de su calor corporal y el evidente amor que le prodigaba. —De acuerdo— confirmó, levantando un poco el rostro para besarlo. Aquel roce de labios fue tierno, sellando la confianza que se tenían ahora. De pronto, los dos sintieron que algo cambiaba en el ambiente. Quisieron apartar las sábanas y vestirse rápido con las túnicas cuando percibieron el aroma a flores llenando la habitación. Pero ya era demasiado tarde, pues la deidad se manifestó en un santiamén frente a ellos. —No se preocupen, mi adorada parejita— sonrió Deméter, haciendo un gesto con la mano para detenerlos. —Quédense en el lecho y escuchen con atención— su voz tenía un matiz alegre. Ellos obedecieron, manteniéndose cubiertos y atentos. —Los felicito por haber cumplido al pie de la letra el ritual de fertilidad. Me siento orgullosa de haber conseguido lo que pidió Athena, así que ahora, les explicaré el destino de su futuro linaje. — Contempló a cada uno mientras hablaba. —Para empezar, sus hijos tendrán inmunidad completa al veneno de las rosas demoníacas, y ya no será necesario realizar nunca más el ritual de lazos rojos. El antídoto de Pefko se encargará de eliminar el veneno de tu cuerpo en su totalidad— observó al Santo de Piscis. —Albafica, adiéstralos bien, enséñales a cultivar las flores y usarlas cuando sea necesario. Asimismo, documenta tus técnicas para el futuro, excepto “Espinas carmesí”, dicha habilidad ya no es necesaria. — El mencionado asintió con firmeza, percibiendo un pequeño sobresalto al recordar que dicha técnica era muy peligrosa, incluso para el ejecutor. Se sintió agradecido por esto, pues deseaba dejar en el pasado varias cosas. —Segunda situación— la diosa le sonrió a Agasha. —No temas por tu fertilidad pequeña, ya que más adelante procrearás niños y niñas sanos. Pero tengan presente que, al ser parte de la estirpe del pez dorado, únicamente nacerán bajo éste signo zodiacal, y cualquiera de ellos podrá convertirse en un Santo de Athena, sin importar si es hombre o mujer. — Ambos hicieron un gesto de asombro, pero no dijeron nada, aceptando las palabras de la elegante dama. Eso significaba que sólo podrían engendrar un hijo entre mayo y junio, para que siempre naciese entre febrero y marzo, bajo la constelación de Piscis. —Son tiempos de paz, así que su servicio al Santuario no durará mucho. Cuando concluya, podrán formar una familia y continuar con su línea de sangre, heredando el cultivo de las rosas y el uso de las técnicas de Piscis. Más adelante, si sus descendientes se propagan por tierras lejanas, el portador de la armadura volverá aquí, pues está predestinado. — Esta vez los dos asintieron con el rostro, comprendiendo que ahora formaban parte de algo enorme y trascendental. —Tercero, y muy importante— de nuevo llevó su mirada hacia el doceavo guerrero. —La diosa del amor también apoyó indirectamente esto, facilitando que ambos expresaran sus sentimientos— no entró en detalles, pues no era necesario. —Así que, como agradecimiento, el destinado a la armadura dorada de Piscis, deberá cambiar su nombre por el de Afrodita, una vez que se convierta en Santo— los miró hacer un gesto de confusión. —Sí, como lo oyen. Únicamente será mientras dure su periodo de servicio, al concluirlo, retomarán su apelativo civil. — Deméter sabía que no harían preguntas, por muy raro que sonase aquello. Quizás lo mejor era que creyesen que la diosa del amor fue quien influyó en su acercamiento carnal. Lo cual no estaba alejado de la realidad. —Esto se mantendrá así hasta que llegue el tiempo de la próxima guerra santa— indicó, sonriéndoles de nuevo. —Pero aquello es algo que está muy lejos por ahora, así que no se preocupen. — —Gracias, madre de la naturaleza— dijeron ambos, haciendo una reverencia con el rostro. —Es todo de mi parte, vivan sus vidas y sean felices, mi querido floricultor y mi pequeña florista. — La deidad se despidió con un gesto de mano, para luego desmaterializarse en pétalos y hojas, dejando su fragancia a bosque como recordatorio final. Albafica y Agasha se miraron, sintiéndose sorprendidos, felices, desconcertados y emocionados, todo a la vez. —No sé qué decir— murmuró el Santo, asimilando la situación. —¿Qué te parece si vamos a desayunar? — propuso ella con una renovada energía. —Creo que Shion querrá saber esto. — El hombre estuvo de acuerdo, por lo que ambos se alistaron para salir del templo.:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:
Habitación de Pefko. El joven curandero abrió los ojos con lentitud, notando que el ambiente olía a flores. Cuando enfocó la mirada, vio que alguien estaba de pie junto a su camastro. —¡Diosa Deméter! — se levantó rápidamente, sonriendo con emoción. —¡Ha vuelto! — —Hola Pefko— tomó asiento en la orilla de la cama. —Vengo a despedirme y a otorgarte mi bendición, pues cumpliste cabalmente tu promesa de crear el antídoto para las rosas demoníacas. — —Me siento feliz de haber podido ayudar al señor Albafica— sus ojos se humedecieron. —¿Cree que mi maestro Luco esté orgulloso de mí? — —Claro que sí pequeño, no lo dudes. Tú pasarás a la historia como la persona que curó la maldición de Piscis— sonrió la deidad. —Y ahora, te concedo mi bendición— el chiquillo inclinó el rostro con solemnidad. —Serás el mejor sanador de estas tierras y sus alrededores— depositó un pequeño beso en su coronilla. —Gracias, diosa del campo— Pefko la miró con devoción. —Es tiempo de que me vaya— se puso de pie. —Sé feliz con tu nueva familia y siempre da lo mejor de ti— se despidió con un gesto de mano, desapareciendo entre flores coloridas y olor a bosque. El adolescente se quedó unos segundos en silencio, asimilando el momento. Después se levantó de la cama y corrió a prepararse para bajar a desayunar, pues debía contar esto a los demás.:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:
Edificio Patriarcal, comedor. Se respiraba un ambiente grato, pues todos estaban reunidos, desayunando y compartiendo sus respectivas anécdotas acerca de la despedida de la diosa Deméter. Shion estaba orgulloso de haber hecho su parte para que su amigo fuera feliz. El Santo de Piscis, emocionado por estar viviendo la felicidad de una nueva vida junto a su linda florista. Por su parte, Agasha compartía el mismo sentimiento, agradecida por la recompensa de las diosas. Y Pefko, él no cabía en sí mismo de la emoción, ya que ahora tenía la aprobación total de la divinidad. Posterior a esto, la conversación se desvió a otros temas. —Bien, pasando a otros asuntos— habló el Patriarca, mirando al Santo y a la florista. —Debemos planear su boda civil, no pueden andar por ahí diciendo que son pareja, sin haber recibido mi anuencia. — Los dos sonrieron con sutil rubor. A pesar de que ya estaban unidos gracias al ritual de la diosa, era necesario formalizarlo con una ceremonia. —Es cierto, mi padre debe saberlo y aprobarlo— dijo la joven. —Aunque bueno, es muy probable que ya lo haya aceptado por completo. — El doceavo guardián asintió, tomando una breve expresión de formalidad. —Si tú lo deseas, estoy dispuesto a realizar todo el procedimiento de pedir tu mano y entregar la dote correspondiente. — La mujer se sonrojó aún más, sintiéndose contenta de ver aquella seguridad en él. —Te lo agradezco, y sí, me gustaría hacer el procedimiento formal. Pero antes, debo poner al tanto a mi padre y a la señora Calíope, deseo que ambos estén presentes en esto. — —De acuerdo, me pondré manos a la obra para tener todo listo— confirmó Piscis, mirando luego al Patriarca. —Shion, de nuevo necesito tu ayuda. — El Patriarca confirmó con la cabeza y otra sonrisa. —Por supuesto, ya sabes que cuentas conmigo— giró el rostro hacia el curandero. —Pefko, ¿Te quedarás un poco más?, no puedes faltar a la boda. — El jovencito hizo un gesto emocionado. —¡Sí, claro que sí!, ¡Ay que emoción, se van a casar! — El júbilo que demostraba el sanador era contagioso. Se notaba que en verdad estaba feliz por todos los eventos respecto a Albafica y Agasha. También porque, como dijo Deméter, ellos eran su nueva familia. —Supongo que debes continuar registrando los resultados del antídoto, ¿Cierto? — interrogó el lemuriano, a lo que el chiquillo asintió. —Es correcto, debo vigilarlo por al menos dos semanas— contempló al guardián del pez dorado. —Y de paso, lo ayudaré a documentar las técnicas de Piscis. — El Santo y el Patriarca estuvieron de acuerdo, pues era necesario resguardar esta información, así como el proceso de creación del antídoto. Todo con miras a que hubiera un archivo en las crónicas del Santuario para los futuros guerreros de Piscis. —Perfecto, entonces hagámoslo— con esas palabras Shion dio por concluido el desayuno. Cada quien se ocuparía de sus respectivas actividades. Agasha bajaría al pueblo para hablar con su padre. Pefko terminaría de documentar las rosas descendientes, antes de pasar con Albafica. Los hombres revisarían el tema de la boda y un par de cosas más. … Rato después. Despacho del Patriarca. Sentados frente al escritorio, Shion y Albafica conversaban de los próximos pasos a realizar. —Antes que nada, debes ir a tu templo y buscar tus ahorros— indicó el lemuriano. —No es necesario hacer un gran evento, pero sí debe ser representativo, en especial para ella. — —Estoy de acuerdo, yo me encargaré de todos los gastos, puedo hacerlo sin ningún problema— explicó el doceavo Santo. —Pero necesito que me ayudes con la logística de todo. — —No te preocupes, aquí tenemos lo necesario. Me encargaré de preparar el templo, los adornos y los alimentos— Shion hizo un gesto meditativo y mantuvo un breve silencio. —Albafica, debes aprovechar los siguientes días para hablar con Agasha de su vida futura. Pueden vivir aquí mientras consigues una casa, y ten presente que quizás, debas aprender un oficio. — El mencionado asintió con tranquilidad. —Lo sé, ahora soy un civil, y estoy dispuesto a adaptarme a ello— hizo una leve sonrisa. —Agradecería mucho si me consigues una entrevista con la persona que administra los temas de vivienda en el pueblo. También está pendiente el tema de aprender a bailar. — —Sé quién puede ayudarnos, la ama de llaves— mencionó el Patriarca. —Es la encargada de dirigir a las doncellas del Santuario. Ella conoce diferentes artes, como el canto y el baile, así que nos será de mucha ayuda. — —Te lo agradezco. — Ambos continuaron charlando y afinando otros detalles.:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:
Rodorio, casa de los floristas. Ya pasaba del mediodía cuando Agasha llegó a su domicilio. Como era domingo, y la fiesta de Rodorio estaba por terminar, era probable que su padre estuviera descansando. Dado que dejó su llave el otro día, tuvo que tocar la puerta. Un par de segundos después, Estelios abrió. —¡Hija, bienvenida! — le dio un abrazo. —¡Hola papá, me alegra verte! — correspondió con efusividad. —¡Tengo mucho que contarte! — —Llegas a buena hora, Calíope está de visita, preparando su especialidad de albóndigas fritas— comentó el hombre. De inmediato la florista se percató del agradable aroma de los alimentos. Esto le alegró bastante, pues era evidente que su padre y la costurera ya convivían como pareja. Esto facilitaba las cosas, porque deseaba platicar con ambos y explicarles que iba a casarse en el Santuario y con la bendición del Patriarca. Después de los saludos y las buenas nuevas, Agasha se dispuso a dar los detalles necesarios para la próxima celebración.***
Continuará… Gracias por leer y comentar. Feliz año nuevo. 31/Diciembre/2025