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Capítulo XXVII: La Celebración II Domingo 14, mediodía. Luego de la plática que tuvieron Shion y Albafica, éste último salió del despacho, encaminándose a su templo. El lemuriano le dijo que enviaría a las doncellas para recoger lo que se empleó en el ritual y realizar el aseo general. Por lo que el Santo decidió ir primero para ocuparse de las rosas descendientes. La diosa Deméter no especificó qué hacer con ellas, pero tuvo el presentimiento que esas flores eran clave. Ingresó a la casa zodiacal y caminó por la estancia hasta llegar al altar. Se tomó algunos minutos para despejar la estructura, dejando todos los elementos en el suelo, así como los lienzos doblados. Desmontó las piezas de madera y las dejó acomodadas a un lado, junto a los cirios, candeleros y floreros con las amapolas. Esto facilitaría a las doncellas recoger todo y limpiar. Posteriormente, se ocupó de los jarrones que contenían las rosas descendientes y el ánfora decorada que estuvo en el altar. Se llevó todo a sus aposentos, para mantenerlo guardado bajo llave. Reunió las flores en los canastos en que las trajeron, pues las regresaría al jardín de los floristas. Después revisó la vasija, recordando que en su interior y nadando en agua de manantial, permanecían los ejemplares bendecidos con la sangre de la deidad, la de Agasha y la de él. Contempló el recipiente por unos segundos, notando que ya no se percibía rastro alguno del poder divino, ni de la esencia humana. Entonces, tomó la decisión de hacer una prueba, escogiendo una flor al azar. La sostuvo entre sus manos e invocó su cosmos, envolviendo la rosa por completo. Un segundo después, sus pétalos fueron tornándose de color negro. Su tallo permaneció verde, pero las espinas que tenía se robustecieron notoriamente. El cambio fue obvio, quedando una rosa oscura, endurecida y brillante. —Increíble— murmuró asombrado. Examinó el ejemplar a detalle, sonriendo emocionado al haber conseguido manifestar una rosa piraña. No estaba seguro si era efectiva como arma, pero fue grato descubrir que las flores cuidadas por Agasha y bendecidas por la deidad, respondían muy bien a la ejecución de su técnica. Entonces, caminó hacia una pared de la habitación y tomó una posición de ataque a un par de metros de distancia. Esgrimió la rosa negra y apuntó a un sitio determinado. Sostuvo la respiración por un segundo, y con la memoria muscular que conservaba su cuerpo, arrojó la flor en un veloz movimiento. La saeta se clavó limpiamente en la superficie de roca, generando pequeñas grietas alrededor. El Santo se acercó para examinar el resultado, pues había usado poca fuerza y cosmos. Tocó los pétalos y estos comenzaron a desintegrarse, dejando al descubierto el tallo fracturado y las espinas dañadas. Concluyó que sí podía usar las flores tras retirar todo y notar el pequeño agujero que dejó en el muro. Sin embargo, era necesario cultivar nuevos ejemplares con su cosmoenergía, para fortalecerlos y así regenerar sus otras rosas, bellas y letales. … Una vez que aseguró la puerta de sus aposentos, Albafica se dirigió a otra habitación contigua. Se trataba de una bodega donde se almacenaban cosas que ya no se empleaban. Al abrir la vieja portezuela, se percató de que aquel lugar no había sido revisado en mucho tiempo, pues olía a encierro y madera vieja. Encontró muebles antiguos, varios cofres y uno que otro costal. Todo bien acomodado y en buen estado, sólo un poco polvoriento. Se dirigió a un muro determinado y comenzó a tocar los bloques. Dado que no había nada estorbando, no le fue difícil encontrar la baldosa correcta. Esta se aflojó cuando presionó lo suficiente, dejando al descubierto un gran hoyo en la pared. —Aquí está— murmuró, sacando un morral de cuero de tamaño mediano. Lo sacudió un poco y lo abrió, encontrándose con múltiples monedas de oro. Era su salario como guerrero de Athena, ahorrado la mayor parte de las veces durante los años que sirvió a la diosa. Lo cerró y echó otro vistazo en el agujero, confirmando que ahí permanecían otras bolsas, amontonadas al fondo. Con eso sería suficiente para empezar, más tarde sacaría el resto si lo necesitaba. Colocó de nuevo la baldosa, cuadrándola bien para que no se notase en la superficie de la pared. Guardó el saco de monedas entre sus vestiduras y posteriormente salió de la bodega. Cerró con llave y se marchó del templo. … Dispensario. Albafica llegó al área de trabajo de Pefko. El muchachito, cubierto con sus aditamentos de protección, revisaba un botón de rosa, buscando la mejor posición para colocarlo sobre una hoja de pergamino. —Hola Pefko, ya vine para ayudarte— saludó Piscis. —¿Cómo vas con la documentación? — —Muy bien, casi termino— sonrió el sanador al verlo. —Ya tengo toda la teoría, los dibujos y las descripciones, ahora sólo estoy conservando algunos ejemplares en papiro, pues así es más fácil desecarlos. — —Me parece muy bien, dime con cuáles te apoyo. — El adolescente señaló una mesa donde había otros frascos con muestras en espera de ser conservadas. Albafica se acercó y empezó a trabajar, pues entre más rápido terminasen con esto, más pronto comenzarían con el registro de sus técnicas zodiacales. Así que el resto de la tarde se quedaron en el dispensario. … Despacho del Patriarca, por la noche. Luego de cenar, y de que Pefko se retirara a dormir, Shion y Albafica fueron a la oficina para concluir la plática del mediodía, pues esta tuvo que pausarse por las tareas administrativas del lemuriano. —Bien, respecto al tema de aprender a bailar— habló el Patriarca, tomando asiento frente al escritorio. —En unos momentos más, vendrá la ama de llaves para que la conozcas y podamos pedirle su apoyo. — El doceavo Santo se acomodó en otra silla. —Te lo agradezco Shion, aunque si te soy sincero, tengo un poco de nervios. Nunca aprendí a bailar, y estar cerca de otra mujer que no sea Agasha, me inquieta. — —No tienes de qué preocuparte, Helena es una persona bastante amable y paciente— declaró Shion. —Ella y otras doncellas llegaron al Santuario medio año después de la guerra santa, y te puedo asegurar que son de confianza. — —De acuerdo, confío en ti— Piscis comenzó a buscar algo entre sus ropajes. —Y ahora, quiero entregarte esto— extrajo la bolsa de cuero, depositándola en el escritorio. —Dime si esto alcanza para los gastos de la boda. — El lemuriano hizo un gesto de asombro al abrir la bolsa y ver las monedas brillantes. —¿En serio nunca gastaste nada de tu paga? — su amigo negó con el rostro. —Ya veo. Pero recuerda que tienes mi apoyo, no es necesario esto. — —Por favor Shion, la guerra santa fue hace poco, no creo que las arcas del Santuario estén rebosantes, y menos con la reconstrucción— señaló el guardián del pez dorado. —Quiero retribuir tu ayuda y también deseo tomar la responsabilidad que implica ser un civil con una vida normal. — Aries sonrió, pues su amigo no dejaba de progresar en la adaptación de su nueva existencia. —Está bien, lo acepto— tomó la bolsa y la guardó en un cajón del escritorio. —Te recomiendo que saques más, pues debes entregar una dote generosa al padre de Agasha, y solventar lo que ella quiera para la boda. — —Claro, estoy al tanto. El día de hoy, Agasha se quedará en la casa de su padre, así que mañana voy a visitarlos para pedir su mano y entregar la dote— comentó Piscis. —Excelente, me alegra ver que no te cuesta trabajo adaptarte a las costumbres fuera del Santuario. — —No es complicado, mi maestro Lugonis me educó en muchos ámbitos, y cuando llegué aquí, también aprendí viendo a los demás y en las misiones— reveló Albafica. De pronto, se oyeron unos toquidos en la puerta, la ama de llaves había llegado. —Adelante— confirmó Aries. La puerta se abrió y una mujer entró a la oficina, haciendo una reverencia formal. —Helena a sus órdenes su excelencia, ¿En qué puedo ayudarle? — Se trataba de una señora madura, que vestía los mismos atuendos de una doncella, pero llevando una capa extra sobre los hombros, cuyos diseños bordados indicaban algún tipo de jerarquía. Su cabello exhibía algunos mechones de color blanco y permanecía sujetado en una trenza recogida en su cabeza con una pañoleta rosa. Ella era quien dirigía a los sirvientes del Santuario, y la subordinada más cercana a Shion, después de Teneo. —Helena, te presento a Albafica, un viejo amigo mío— detalló Shion, por lo que la mujer hizo una inclinación respetuosa hacia Piscis. —Seguro que ya lo has visto rondando por el Santuario, acompañándome en estos días. Y si no me equivoco, la encargada del dispensario y algunas doncellas, ya te hablaron de él. — —Es correcto señor, pero no había tenido el gusto de conocerlo de primera mano— sonrió un poco, sin disimular su curiosidad por los rasgos llamativos del hombre. —Tienes razón, me disculpo, estuvimos ocupados en unos asuntos importantes— aclaró el Patriarca. —Pero ahora, me gustaría contar con tu apoyo para ayudarlo— la ama de llaves asintió, prestando completa atención. —Albafica necesita aprender a bailar, pues pronto se casará, y desea sorprender a su futura esposa con un baile en la ceremonia. — —Comprendo, yo me encargo de todo— miró al doceavo guardián con gesto amable. —Señor Albafica, ¿Cuál danza le gustaría aprender? — El representante del pez dorado dudó por un instante, aunque conocía los nombres de los bailes de moda, no sabía cuál era el más adecuado. —No estoy seguro, ¿Podría darme una sugerencia? — —Le recomiendo el minueto— explicó la mujer mayor. —No es complicado de aprender, y aunque es la danza más popular en las cortes reales, también se adapta bien a los bailes de pueblo, o en una boda. — —De acuerdo, entonces que sea minueto— Albafica sonrió levemente. —Quiero sorprender a Agasha con esto, así que me gustaría empezar a practicar lo más pronto posible, y que se mantenga en secreto. — Helena hizo un gesto de sorpresa, pues el nombre le parecía familiar. —Perdone mi curiosidad señor, ¿Se refiere a la joven florista de Rodorio? — —Efectivamente, ella es mi prometida— el Santo no dudó en recalcar esto. De ahora en adelante, se aseguraría de dejar en claro que él era la nueva pareja de Agasha, pues se había tomado muy en serio la confesión de la joven respecto a los rumores que corrían de ella. No iba a permitir que eso continuase, por lo que, desde ya, empezaría a difundir otra historia. En el Santuario esto no tenía importancia, pero como también había civiles trabajando ahí, el chisme viajaría solo. —Que grata sorpresa, Agasha es una chica muy amable y sus adornos florales son preciosos. Es maravilloso saber que se casará de nuevo— dijo con sinceridad la mujer, pues conoció a la florista tras llegar al Santuario. —Estaré encantada de ayudarlo con el baile de su boda. — Ambos hombres estuvieron de acuerdo que esta fue una excelente idea. Ahora sólo era cuestión de planear dónde y cuándo se realizarían los ensayos, manteniendo oculta la sorpresa para Agasha. —Te lo encargo Helena, y también ocúpate de planear un menú para la comida, la boda está planeada para el próximo sábado— señaló Shion. —Entendido, empezaré de inmediato gran Patriarca— volteó hacia el hombre de cabello aguamarina. —Voy a reunir a las doncellas que interpretarán la música y mañana le aviso cuáles serán los horarios para ensayar. — Piscis confirmó haciendo otra sonrisa. —Muchas gracias. — La reunión concluyó, retirándose todos a dormir.:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:
Olimpo, templo de Athena. Ya era de noche cuando la diosa de la guerra sintió aquellas presencias, por lo que salió de inmediato a recibirlas. Bajó con premura los escalones, acercándose a los jardines laterales que decoraban su residencia. La floresta era enorme, por lo que disimulaba muy bien a quienes se adentraban en ella. Athena caminó varios metros hasta llegar a donde terminaban los altos arbustos y comenzaba un extenso bosque. Aunque los otros dioses estaban en letargo, no se arriesgaría a que alguien escuchase esta conversación. Así que decidió perderse un poco más entre los árboles, hasta llegar a un pequeño claro, donde dos figuras ya la esperaban. Al principio se sorprendió al notar que la divinidad del amor acompañaba a Deméter, pero rápido recordó que su tía le pidió ayuda para la misión con Albafica. Entonces, era tiempo de conocer los resultados finales. —Hola niña, te vez muy bien, a pesar de haber librado una guerra santa hace poco— Afrodita sonrió con indiferencia, pero mostrándose amable. —Hola cariño— saludó la madre de las flores, abrazándola con afecto. —Bienvenidas, Deméter, Afrodita, es grato tenerlas aquí, en especial si traen buenas noticias— Athena invocó su cosmos, aislando por completo la zona donde estaban. —Claro que sí pequeña, por eso las hice venir— sonrió la madre de las flores, intercambiando su mirada entre ambas. —Me es grato informarles que la misión ha sido un éxito. Athena, tu Santo de Piscis al fin tiene una vida feliz junto a la florista, se han unido en mi ritual y ahora tienen mi bendición para su linaje y para las rosas demoníacas— miró a la diosa del amor. —Afrodita, el trato está hecho, los próximos portadores de la armadura del pez dorado, llevarán tu nombre a modo de agradecimiento por facilitar la unión de la pareja. — —Vaya, me gusta éste tipo de halagos— sonrió coqueta la dama rubia. —Y debo decir que estoy orgullosa de los guerreros de dicha constelación, ellos siempre son hermosos— observó a Athena. —Te felicito niña, me alegra que les hayas otorgado la oportunidad de ser felices. — La mencionada asintió con una pequeña sonrisa. —Agradezco el apoyo Afrodita, y créeme, no tengo inconveniente alguno en que mis guerreros usen tu nombre, después de todo, fuiste la creadora de la constelación de los peces gemelos— regresó su atención a Deméter. —¿Y qué hay del antídoto y el sanador que lo creó? — La diosa de las cosechas hizo un gesto de suficiencia. —El antídoto es una realidad, Pefko logró perfeccionarlo después de que le entregué la flor calavera verde. No tienes que preocuparte de nada, su sangre quedará limpia en menos de medio año. Además, su inmunidad natural al veneno de las rosas pasará de generación en generación de ahora en adelante. — —Qué alegría escuchar eso— Athena se sintió feliz. —Bueno, si eso es todo, yo me retiro a dormir— dijo Afrodita, haciendo un gesto de despedida con la mano. —Hasta luego queridas. — La diosa se alejó, desapareciendo en una etérea nube de color rosa. —Yo también me despido, tengo que ocuparme del próximo cambio de estación— indicó Deméter. —Ahora descansa pequeña, que los humanos estarán en paz por largo rato. — —Te lo agradezco mucho, tía— se despidió de ella con otro abrazo. La madre de la agricultura se desvaneció entre flores y hojas. Athena se quedó ahí por un momento más, satisfecha con los eventos. Emprendió el regreso a su templo, pues era tiempo de tomar un descanso.:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:
Lunes 15, por la mañana. Templo de Piscis. Albafica se levantó con los primeros rayos del sol. Tomó una ducha rápida, se vistió formal, y preparó el dinero para la dote que entregaría al señor Estelios. El día de ayer, antes de que Agasha bajara a Rodorio, ambos se pusieron de acuerdo en cómo se llevaría a cabo la petición de mano. Por lo que, tras despedirse de Pefko y Shion, bajó al pueblo. … Casa de los floristas. El Santo de Piscis estaba nervioso. No como la vez anterior, pero sí lo suficiente como para sentir una leve incomodidad en el estómago. Se detuvo frente a la casa y esperó un par de segundos, tomando una profunda bocanada de aire para serenarse. Revisó la gran canasta que portaba en el brazo izquierdo, donde guardaba los regalos, incluyendo la dote. De acuerdo a lo mencionado por Agasha, su padre no sería el único en recibirlo, sino que también la costurera Calíope estaría presente, a modo de figura materna. Por lo tanto, los obsequios eran para ambos, así como su presentación como futuro marido de la joven. Albafica no estaba al día con todo lo que implicaba una dote tradicional, pero con el asesoramiento de Shion, pudo preparar esa canasta, la cual no era pequeña. Esta contenía un par de botellas de Ouzo, enseres domésticos como una vajilla de cerámica, algunas telas finas con hermosos bordados, herramientas nuevas de jardinería, etc. Asimismo, incluyó alimentos como carne salada de alta calidad, frascos de diferentes conservas, frutos y semillas, panecillos de miel y granos de café con su respectivo briki decorado para preparar la bebida. Y en medio de todo eso, resaltaba el morral de cuero con el dinero que serviría para solventar los gastos de la ceremonia, y un extra como apoyo económico. Tras confirmar que todo estaba en orden, el hombre tocó la puerta con un par de golpes firmes. La puerta se abrió, encontrándose con la sonrisa de Agasha. —Hola, bienvenido de nuevo— saludó ella con emoción. —Buenos días, mi linda flor— Albafica tomó su mano y depositó un beso. La joven se sonrojó, pues era inevitable sentirse halagada con su comportamiento. —¿Estás listo? — lo invitó a pasar. —Lo estoy— el doceavo Santo ingresó con paso firme. Avanzó por la estancia hasta encontrarse de frente con Estelios y Calíope, quienes permanecían sentados en el sillón, mirándolo con una expresión amable. Era la primera vez que conocía a la costurera, pero de inmediato notó que lo examinaba de pies a cabeza, evaluándolo en menos de un segundo. Algo que haría cualquier madre, o tutora. Su mirada se mantuvo cordial, así como la del padre, situación que lo tranquilizó. —Buenos días, señor Estelios, señora Calíope, me presento ante ustedes como Albafica, prometido de Agasha— hizo una inclinación respetuosa. —He venido a pedir su mano, siguiendo el protocolo correspondiente para poder casarme con ella. Asimismo, hago entrega de la presente dote para obtener su aprobación— colocó la canasta frente a ellos con suma cortesía. —Bienvenido muchacho— el padre de Agasha se puso de pie, extendiendo su mano para saludarlo. —Te presento a Calíope, mi compañera— la mujer se levantó y sonrió con una inclinación de rostro. —Después de todo lo que ha pasado y lo que me ha dicho mi hija, no es necesaria tanta formalidad— su apretón fue firme como la última vez. Dio un vistazo rápido al contenido de la canasta, sin prestarle mucha atención. Estelios no era una persona interesada o ambiciosa. Lo que realmente valoraba, era el aprecio que el Santo le tenía a su hija. El cariño que demostraba en todos sus gestos y acciones por ella, eso era lo que en verdad estimaba. —Ya eres parte de esta familia— le sonrió a Albafica, colocando la mano sobre su hombro, en un gesto de aprobación. —Así que acepto la dote con agrado, y claro que sí, te otorgo la mano de mi hija. — —Gracias señor Estelios— inclinó un poco el rostro, luego miró a Calíope. —Señora, espero también tener su beneplácito. — —Ay por Athena, que guapo eres muchacho— dijo sin pena alguna, pues los rasgos de Albafica no eran comunes, después hizo un gesto pícaro hacia la florista. —Mi querida Agasha, tienes un excelente gusto, te felicito por traer a éste mancebo tan distinguido. — El Santo de Piscis expresó una pequeña sonrisa ante el comentario. No se había ofendido, para nada, pues el halago venía de una persona especial para Agasha. Además, que se mencionara su atractivo, ya no tenía importancia para él. Pero le pareció divertido ver el rostro de su prometida cambiando de color. —Calíope, no digas esas cosas— Agasha se cubrió el rostro, ligeramente avergonzada, pues sabía que sus palabras tenían otra connotación. La costurera era muy directa con sus opiniones, y si hubieran estado a solas, su felicitación habría sido más efusiva. En especial porque sabía que a la florista no le fue bien en su anterior matrimonio. Pero con la llegada de Albafica, quedaba en claro que era un hombre a otro nivel. Alguien que podía ofrecerle verdadera felicidad. Se acercó a ella, abrazándola con cariño y recalcando su aprobación. —Mi niña, estoy tan feliz de saber que te casarás de nuevo, y por lo que veo, con alguien sumamente especial para ti— la miró a los ojos, notando aquel brillo especial en su mirada. —Sin lugar a dudas, te lo mereces. — Estelios también se acercó, sonriendo afable. —Te lo dije ayer, y te lo confirmo de nuevo, me alegra mucho verte feliz, en especial con él— miró de reojo a Piscis. —Sé lo mucho que significó antes y lo especial que es ahora, así que te deseo lo mejor, hija— la abrazó. —Muchas gracias a los dos— Agasha respondió emocionada. —Entonces, Albafica— el hombre mayor contempló a su nuevo yerno con interés. —Afinemos los detalles de éste matrimonio. Mi hija nos comentó algo ayer, pero necesitamos platicar un par de cosas más, en especial dónde van a vivir, y que harás para mantenerla. — El guardián del pez dorado asintió con firmeza, notando cómo crecía la emoción en su pecho. Se sentía contento por estar viviendo éste instante, pues más que nervios, lo que sentía ahora, era un grato bienestar. —Por supuesto. — Todos se dirigieron al comedor, pues nada mejor que un delicioso almuerzo para acompañar la conversación. … Más tarde. Albafica se despidió de Agasha y de sus “suegros”, ya que debía regresar. La pareja acordó que él y Shion se encargarían de la boda en el Santuario. Mientras tanto, la florista se ocuparía de comprar lo que necesitasen más adelante, así como de investigar el mejor lugar para construir una casa. —Te veo después— dijo Piscis, abrazando a la joven. —Si necesitas algo, o se requiere más dinero, avísame por favor. — —Claro, no te preocupes— se alzó de puntitas, dándole un beso fugaz en los labios. Se apartaron, y luego de hacer un gesto de despedida para todos, Albafica se marchó.:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:
Santuario, mediodía. Albafica caminaba en dirección al dispensario, cuando vio a una mujer bajando por la escalera del edificio Patriarcal. Se trataba de Helena, la ama de llaves. —Buenas tardes, señor Albafica— saludó con una inclinación. —Le informo que ya tengo todo listo para comenzar los ensayos. Solo que, debido a mis actividades cotidianas, únicamente podemos practicar a partir de las seis de la tarde. Se lo comenté al Patriarca, pero me pidió hablarlo con usted. — —Gracias Helena, agradezco que hagas un espacio para mí— reconoció el Santo. —No hay problema con el horario, y me comprometo a aprender rápido. — —Entonces iniciamos hoy mismo. Lo espero en el jardín detrás del dispensario, es un área cómoda y que ofrece cierta privacidad. — —Ahí estaré— confirmó Piscis, observando a Helena retirarse. —Debo buscar a Pefko para fijar un horario también— pensó, retomando su camino. … Dispensario. Encontró al sanador despidiéndose de un soldado raso. Al parecer, le daba algunas indicaciones, así como un cono de papiro, del cual se asomaban algunas hojas. —No lo olvide, la infusión debe tomarse dos veces al día después de comer— dijo Pefko. —Entendido, así lo haré— el soldado se despidió, marchándose rumbo a las barracas. —Señor Albafica, ya regresó— el adolescente se aproximó. —¿Ya podemos revisar el tema de sus técnicas? — —Sí, justo venía a buscarte para eso. Necesito saber en qué horario estás libre, porque en la tarde debo ensayar para aprender a bailar— explicó el doceavo guardián. —Por cierto, es una sorpresa para Agasha, no vayas a decirle nada si la ves por aquí. — El chiquillo sonrió y asintió. —Yo guardo el secreto, no hay problema— hizo un gesto con la mano a modo de saludo marcial. —Respecto al horario, el Patriarca Shion me pidió ayudar en el dispensario por las mañanas, pues es cuando hay más pacientes. Así que al medio día estoy libre, justo ahora. — —Comprendo, entonces vamos, debemos buscar un lugar adecuado. Por seguridad, no puedo crear las rosas demoníacas aquí— concluyó Albafica. … Bosque aledaño al Santuario. Ambos llegaron a un pequeño claro, rodeado por arboles grandes y vegetación espesa. Era un buen sitio, cercano y lo suficientemente aislado para practicar. Lo que era necesario, pues Albafica debía crear de nuevo sus rosas demoníacas desde cero, ejecutar sus técnicas paso a paso, y darle toda la información necesaria a Pefko, para que estructurara un manual completo y entendible. Tomaron asiento en un tronco caído para empezar a redactar la teoría básica. Pefko llevaba en su morral todo lo necesario, su cuaderno de notas, pluma, tinta, sus guantes y un cubrebocas. Así que el Santo dio inicio, sacando de entre sus ropajes unas rosas descendientes. —Antes que nada, debes documentar que estas flores fueron bendecidas por Deméter en su ritual— exhibió los ejemplares, los cuales tenían un brillo particular. —Si no me equivoco, tan pronto las siembre y empiece a tratarlas con mi cosmos, sus características retornarán a su naturaleza original, las rosas de Piscis. — —Ya veo, es bueno saber que las tres volverán— el sanador tomó nota. —Correcto, pero debo aclarar que es una sola especie, con la capacidad de adquirir diferentes características dependiendo de la técnica que utilice— reveló Albafica. —La rosa demoníaca es la principal, roja y venenosa. La rosa piraña, de color negro y endurecida para destrozar. La rosa sangrienta, es de matiz blanco al inicio, pero se tiñe de carmesí cuando se clava en el enemigo. — —Que interesante, comencemos por las características de cada flor— dijo emocionado Pefko, dedicándose a escribir y hacer las preguntas necesarias por un buen rato. El Santo proporcionó toda la información que sabía de cada variante, y más tarde, creó de nuevo una rosa piraña. El curandero la examinó con cuidado, registrando a detalle sus singularidades. Posteriormente, Albafica hizo una demostración de su capacidad destructiva, arrojándola contra un árbol. Cosa que también quedó anotada y dibujada en bocetos que luego se pulirían para la versión final. … Santuario, por la tarde. Albafica llegó a la zona indicada por Helena. Se trataba de una pequeña plazoleta rodeada de un bonito jardín, justo detrás del dispensario. El área tenía bancas de piedra y techumbres, por lo que tal vez se usaba como área de esparcimiento para las enfermeras y doncellas. Pudo ver a un grupo de cinco mozas aparte de Helena, cada una con un instrumento musical. No le sorprendió esto, pues las doncellas que ingresaban al Santuario para servir, eran educadas en algún tipo de arte. El hombre pudo identificar cada uno de ellos, un clavecín, un violonchelo, un violín, una flauta travesera y un oboe. Eran los elementos básicos para interpretar la música del minueto. —Bienvenido, señor Albafica, ¿Desea que comencemos? — —Claro que sí, indíqueme qué hacer. — —Bien, primero le voy a mostrar los pasos básicos, es lo principal que debe memorizar. Después, ejecutaré algunas demostraciones y usted deberá imitarme. Para finalizar, seré su pareja de baile y practicaremos la pieza completa. Claro que todo esto lo he distribuido en cinco días, para que esté listo en la fecha acordada— explicó Helena. Piscis confirmó a cada palabra, sintiendo curiosidad por esta actividad, la cual aprendería por primera vez en su vida. Tan pronto hizo una señal la ama de llaves, las doncellas comenzaron a interpretar una elegante melodía. Y en ese instante, notó una mezcla de nervios recorriéndolo cuando vio los primeros movimientos realizados por la mujer. Estos eran gráciles, presentándose como pasos hacia adelante y hacia los lados, con ambos brazos extendidos y haciendo ligeros ademanes con los dedos. Al mismo tiempo, ladeaba un poco el rostro, esbozando una pequeña sonrisa, mientras realizaba un par de vueltas a la derecha y luego a la izquierda. Todo ejecutado con una escrupulosa pauta que seguía el ritmo de la música. —Éste es el ciclo base que debe dominar primero— indicó Helena, deteniéndose con una ligera caravana. —Es repetitivo a lo largo de todo el baile, así que no es tan complicado de aprender. — Albafica soltó un pequeño suspiro. No se veía difícil, pero cuando dio el primer paso para tomar la posición inicial, claramente sintió que las piernas le temblaron. Esto no sería tan sencillo.***
Continuará… Gracias por leer y comentar. 6/Febrero/2026