Contacto Humano

Het
NC-17
Finalizada
3
Tamaño:
409 páginas, 165.808 palabras, 30 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

29. La Descendencia

Ajustes
Buen día: Capítulo veintinueve. Después de la boda, viene la vida familiar y los hijos. Aunque veo que ya nadie lo está leyendo, ni modo, suele pasar. De todas formas, voy a concluir el fanfic. Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. Los OC son de mi autoría personal, así como la historia, la cual solamente escribí por gusto y diversión.

***

Capítulo XXIX: La Descendencia Miércoles 24, mediodía. Puerto de Rodorio. Se cumplieron dos semanas desde que Albafica comenzó a tomar el antídoto. Durante todo ese periodo el sanador estuvo atento, vigilando que Piscis no olvidara ninguna dosis, registrando las porciones, las fechas y horas, los síntomas y la evolución general del paciente. Asimismo, fue tomando nuevas muestras de su sangre para examinarlas bajo el microscopio y anotar todo en su compendio médico. Todavía era muy pronto para distinguir un cambio evidente, pero el chiquillo se percató de que las moléculas de veneno mostraban menos movilidad que en un principio, lo que significaba un buen avance. Por lo que decidió que el tratamiento continuaría con los mismos parámetros. Y aunque era tiempo de volver a la isla de los curanderos, Pefko se comprometió a destilar más del antídoto, viniendo de visita cada mes para entregarlo, y de paso registrar los progresos. Ahora era tiempo de despedirse, por lo que la pareja y el Patriarca lo acompañaron, ayudándolo con todo su nuevo equipaje. El curandero llevaba sus plantas medicinales, las rosas descendientes y una que otra cosa más, como el microscopio del dispensario, un regalo de Shion. —Me voy, ha sido un gusto enorme estar aquí— se sinceró el chiquillo, mirando a todos con los ojos húmedos. —Sé que no es un adiós, pero me gana la emoción. — Albafica se acercó y lo abrazó con evidente cariño. —Nos veremos el próximo mes, así que no te sientas triste— alborotó su cabello cenizo. —Te prometo que después iremos a visitarte, pero no olvides que la gente de la isla también te necesita. — —Es verdad, muchas gracias— sonrió, apartándose despacio, para luego abrazar a Agasha. —Cuando vengas, te regalaré semillas de las plantas más bonitas de la isla. — —Gracias Pefko, ve con cuidado— le dio un beso en la mejilla, lo que provocó el sonrojo del muchachito. Shion también lo abrazó con afecto. —Que te vaya bien Pefko, nos vemos después, y te encargo el pedido de plantas medicinales que siempre llevas al dispensario. — —Claro que sí, nos vemos pronto— se despidió con la mano y una gran sonrisa, mientras subía al barco. Tan pronto el navío partió, los demás se despidieron, pues debían retomar sus actividades. El Patriarca regresó al Santuario y la pareja se encaminó a la casa de Estelios. Albafica había estado ocupado en los días posteriores a la boda, revisando el tema de la parcela y la adquisición de materiales para la construcción de su nuevo hogar. El día de hoy, por fin el carpintero entregaría la primera parte de la madera solicitada, así que el Santo debía ponerse de acuerdo con su suegro para ver cómo prepararían el terreno para la construcción. Piscis tomó la decisión de no contratar gente para la obra. Él mismo se haría cargo de levantar con sus propias manos la casa para su esposa. Tenía la fuerza y resistencia física para ello, además, se sentía muy orgulloso de hacerlo, pues esto también representaba los cimientos de su nueva vida. En cuanto a los conocimientos para edificar una casa, Estelios se encargaría de apoyarlo con eso.

:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:

Un mes después. La casa fue terminada y amueblada, por lo que la pareja se mudó a vivir en ella. El terreno se ubicaba en los límites, en un área muy agradable cerca del bosque y de la zona por donde pasaba el río que alimentaba al pueblo. Además, contaban con el espacio suficiente para tener una huerta y un corral para crianza de animales. Estelios y Calíope podían visitarlos seguido, pues vivían a un par de calles de distancia. Con el tiempo, más gente llegaría a ese sitio, ya que Rodorio no dejaba de crecer. Por fin Albafica podía apreciar lo que era ser una persona común. Vivir junto a otros pueblerinos sin el temor de lastimarlos. Salir cada mañana a la calle y poder brindar un saludo a los conocidos. Recibir la noche y saber que nunca más estaría solo, ya que Agasha siempre lo acompañaría. Una vida completamente diferente a la anterior. El guardián de Piscis era consciente de que aún tenía una misión por delante y que no podía desligarse por completo del Santuario. Pero estaba seguro de que ahora sólo le esperaban tiempos felices y de próspera paz.

:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:

Algunos meses después. Julio de 1754. Aquella mañana, el destino les tenía una grata sorpresa. Agasha se encontraba en la cocina preparando algo especial, pues era el cumpleaños de su padre. Estaba concentrada en su labor, mientras esperaba a Calíope, quien le ayudaría con el resto de la comida. Esto era algo que ya había planeado con antelación, por lo que Albafica también estaba involucrado. Él fue el encargado de llevarse a su suegro a otro lado para distraerlo y darle la sorpresa de regreso. Entonces, se oyeron toquidos en la puerta. La joven florista atendió, recibiendo a la costurera con una sonrisa. —¡Buenos días querida! — le dio un abrazo. —¿Cómo vas con el pastel? — —Hola Calíope— correspondió al gesto, para luego invitarla a pasar. —Ya tengo fermentando la masa, así que ahora voy a preparar la fruta para el relleno y… — Agasha sintió un súbito mareo, la vista se le nubló y las piernas le temblaron. La mujer mayor la sostuvo de inmediato para evitar que cayera, ayudándola a sentarse en el suelo. —¡Ay por Athena, ¿Qué te sucede mi niña?! — rápidamente colocó su cabeza sobre su regazo y comenzó a abanicarla. La florista sólo demoró un par de minutos en volver a la vigilia. Su mirada estuvo perdida un instante, en lo que enfocaba de nuevo, notando la preocupación en el rostro de la costurera. —¿Qué sucedió? — quiso saber. —Te desmayaste— la mujer la ayudó a enderezarse, tomándola luego del mentón para revisar sus ojos. —Querida, ¿Ya te había pasado antes? — —No, es la primera vez… — se llevó la mano a la boca, sintiendo unas repentinas ganas de vomitar. Calíope le acercó rápido una cubeta y procedió a sobarle la espalda cuando la joven empezó a regurgitar sin control. Un momento después, le trajo un pañuelo y una taza con agua fría. —Bebe despacio, para que se te asiente el estómago— indicó, sin dejar de mirarla con curiosidad. Cuando por fin pudo hablar la florista, notó que le faltaba un poco el aire y todavía sentía un leve mareo. —Creo que algo me hizo daño— tomó un par de tragos, recuperándose poco a poco. —No lo creo— sonrió la costurera. —Dime algo, ¿Has tenido tu sangrado mensual? — Agasha la miró con sorpresa por un segundo, para luego hacer un gesto pensativo. Ella siempre había sido muy regular en sus ciclos de cada mes. Pero cayó en la cuenta de que ya llevaba un retraso de quince días. —Ahora que lo mencionas… no lo he tenido— dijo, poniéndose de pie. Calíope la ayudó, llevándola al comedor para sentarse un momento y platicar. Aunque ella ya intuía de que se trataba el asunto. —Bueno querida, será mejor poner atención a esos mareos y desmayos. Tal vez deberíamos ir con las comadronas del dispensario— Agasha la miró sin comprender. —No me mires así cariño, recuerda que la experiencia me sobra, y tengo el presentimiento de que estás embarazada— sonrió con calidez. La joven abrió los ojos en grande, quedándose atónita. El corazón le brincó en el pecho con fuerza y una intensa emoción le recorrió el cuerpo. De un momento a otro, sintió que su mundo cambiaba por completo. La idea de que podría estar embarazada llenó su mente, tanto, que se quedó ensimismada por unos segundos. —Me siento feliz por ti— la costurera le acarició la mejilla. —Es un regalo del cielo. — De inmediato Agasha pensó en las diosas Athena y Deméter, comprendiendo que por fin llegó el momento de continuar con el linaje de Piscis. Pero apenas si lograba asimilar semejante noticia. —¿Crees… que en verdad… estoy? — La mujer mayor confirmó con un movimiento de cabeza. —Así es, incluso tu mirada se ve diferente, es uno de los primeros cambios físicos— se puso de pie para comenzar a preparar la comida faltante. —Pero no me creas a mí, apresurémonos con esto y vayamos con las parteras. — La florista asintió, poniéndose también manos a la obra para terminar el pastel. Si existía la posibilidad de confirmar un posible embarazo, quería hacerlo de inmediato. … Varias horas más tarde. Ya pardeaba la tarde cuando Estelios y Albafica entraron al pueblo. Ambos habían salido temprano a la sierra para practicar la cacería. El guardián del pez dorado tomó la decisión de aprender diferentes oficios civiles, ya que no bastaba con tener ahorros de su anterior cargo como Santo dorado. Aparte de ser floricultor y ayudar a su esposa con la venta de flores, también estaba aprendiendo carpintería y herrería. Asimismo, iba de vez en cuando a misiones particulares que Shion le pedía cuando les faltaba apoyo en el Santuario, lo que significaba una recompensa extra. Sin embargo, esto no era constante, por lo que, cuando su suegro le propuso aprender a cazar, pues la venta de pieles dejaba buen dinero, decidió aceptar. Ese día, Estelios le enseñó lo básico del rastreo y cómo usar una escopeta. Piscis no necesitaba emplear armas de fuego para cazar animales, pero lo mejor era aprender a utilizarlas. Además, esto fomentaba una mejor convivencia y amistad con el padre de su esposa. Así que ahora que iban caminando por la calle para llegar a casa, su plática era muy amena. —Para ser tu primera cacería, lo hiciste muy bien— sonrió Estelios, mirando el par de enormes conejos que Albafica llevaba. —Gracias, pero no hubiera podido hacerlo sin sus consejos de rastreo. — —Recuerda, los excrementos, las huellas y el pelaje, son la clave para encontrar las madrigueras— asintió el hombre mayor. —Le agradezco— ofreció uno de los conejos a Estelios. —Para usted y la señora Calíope. — —No es necesario muchacho— hizo un gesto de negación. —Por favor acéptelo. Es mucha carne para Agasha y para mí, y no es bueno desperdiciar— Albafica insistió con amabilidad. El hombre mayor sonrió, ya que estaba de acuerdo con dichas palabras. Aceptó la presa y estaba a punto de despedirse, pues ya habían llegado a su casa, pero su yerno se adelantó. —Venga conmigo, Agasha y Calíope nos están esperando— le hizo un gesto para que fueran a su propio hogar. —Oh vaya, ¿Y a qué se debe el motivo de la reunión? — El Santo sonrió cordial e hizo un gesto de complicidad. —Creo que se trata de una sorpresa. — Estelios soltó una pequeña risa, para luego acompañar a su yerno, pues ya presentía de que se trataba el asunto. … La cena sorpresa fue bien recibida. Agasha y Calíope le dieron a Estelios la bienvenida, los abrazos y las felicitaciones correspondientes por su cumpleaños. Posteriormente pasaron a cenar, conviviendo con amenidad, degustando los alimentos y el pastel, el cual fue muy grato al paladar. Más tarde, en la sobremesa, el broche de oro lo dio Agasha. —¿Y qué te pareció papá? — preguntó ella. —Delicioso hija, tú y Calíope se lucieron con todo, muchas gracias— reconoció. —Me alegra saberlo— la florista tomó un poco de aire y miró a los hombres con emoción. —Ahora, quiero darles una última sorpresa a los dos. — Albafica y Estelios se miraron entre sí y luego a ella, prestando completa atención. —Estoy embarazada. — Soltó las palabras sin mesura, provocando un repentino silencio. El padre y el esposo abrieron los ojos en grande, quedándose completamente mudos. La costurera casi se carcajeó al ver su desconcierto, por lo que chasqueó los dedos con fuerza para sacarlos de su asombro. —Oigan, reaccionen, no se queden embobados. — El primero en hacerlo fue Estelios, levantándose de la silla para acercarse a su hija y abrazarla con emoción. —¡Es increíble hija! — le dio un beso en la frente. —¡¿Es en serio?, ¿Ya lo confirmaste?! — la joven asintió con un movimiento de cabeza y una gran sonrisa. —¡Voy a ser abuelo, que felicidad! — La respuesta del hombre mayor fue alegre, pero cuando volteó hacia su yerno, se dio cuenta que la reacción de Albafica fue más que emotiva. El anterior guardián de Piscis sonreía levemente, pero sus ojos estaban húmedos, casi al borde del llanto. Y no era para menos, pues Albafica añoró esto desde hace mucho tiempo atrás. Una ilusión que siempre se mantuvo latiendo en el fondo de su corazón. Un deseo que iba más allá del pacto hecho con Deméter. Se acercó despacio a la florista, pues la noticia lo dejó impactado. —Yo… — la voz le salió quebrada. —Gracias… por… esto— la abrazó con intensidad, soltando un pequeño sollozo. —Gracias… Agasha… — La florista sintió que el pecho se le contraía, ya que no esperaba una reacción tan emocional por parte de un hombre como él. Correspondió al abrazo, notando que temblaba un poco. Era evidente que no sabía cómo expresarse respecto a esta noticia. Ella lo entendía bien, así que le susurró palabras de confort. —Recuerda que esto es mutuo— alzó las manos para tomarlo del rostro y hacer que la mirase. —Gracias a ti, por fin seré madre— le sonrió con ternura. Albafica parpadeó un poco, pero las lágrimas le nublaban la vista. No le importó dejar que las emociones lo rebasaran, pues se sentía inmensamente feliz. Saber que se convertiría en padre, era uno de los más hermosos regalos que podría haber recibido. No sólo él, sino todo el linaje de Piscis que lo precedía. Se acercó para besar sus labios con suavidad, mientras sus brazos la acunaban con evidente cariño. Estelios y Calíope se miraron alegres, soltando un pequeño suspiro de empatía por la joven pareja, contentos de poder compartir su felicidad.

:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:

Tiempo después. 10 de marzo de 1755. Los meses pasaron rápido, en los cuales Agasha llevó su embarazo de forma saludable y sin contratiempos gracias a los cuidados de Calíope y las recomendaciones de las parteras. Por lo que, cuando llegó el día del parto, ya todo estaba preparado para ayudar a la futura madre. Piscis había tomado la decisión de estar presente, pues no quería dejar sola a Agasha en un momento tan importante como éste. Aunque su suegro le recomendó esperar fuera de la habitación, él se negó. La comadrona no se opuso al ver que el hombre mantenía cierto temple y no parecía nervioso. … La labor de parto demoró algunas horas y cuando todo terminó, Albafica sostuvo a su primer hijo en brazos. Las lágrimas de felicidad rodaron por sus mejillas al contemplar a ese pequeño ser. Un niño que compartía un lazo biológico con él, y con la mujer que amaba. El primer descendiente de sangre que marcaba el inicio de la nueva estirpe del pez dorado. Ser consciente de esto le provocaba una emoción difícil de describir. Pero estaba completamente agradecido con las diosas y con su esposa. Se aproximó a ella y la besó en la frente. —Gracias, mi hermosa flor, prometo que daré mi mejor esfuerzo— la miró con ternura y devoción. Agasha le devolvió la mirada, también empañada por las lágrimas, pero con la felicidad brillando en sus ojos. —Serás un excelente padre, lo sé— habló con sinceridad. Albafica asintió, dándole un beso a su hijo en la frente, para luego colocarlo en el pecho de la florista. Ahora que su familia crecía, su felicidad aumentaba un poco más.

:*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*:

El tiempo continuó su marcha y los momentos felices de la pareja se fueron dando con el pasar de los años.

*:*:*:*:*

Aquella mañana, el sol iluminaba el jardín de la casa. El pasto había sido cortado recientemente, por lo que la alfombra verde era muy agradable bajo los pies del pequeño niño. Sus padres estaban sentados uno frente al otro a cierta distancia, listos para verlo caminar por sí mismo. Albafica sostenía a su hijo de los costados, ayudándole a mantener el equilibrio, mientras Agasha lo llamaba con un gesto de mano. —Ven mi amor, tú puedes— dijo ella. —Anda, un paso primero y luego otro— comentó Albafica, soltándolo despacio. El bebé se rio alegre, mientras daba pasos temblorosos para llegar a su madre. Fue un momento muy especial, ya que era su primera caminata sin caerse. Algo de lo que ambos padres se sintieron muy orgullosos.

*:*:*:*:*

El huerto estaba en su mejor momento. La época de lluvias había llegado, así que era tiempo de sembrar. Cosa que Agasha decidió aprovechar para enseñarle a su primogénito el arte del cuidado vegetal. —Primero, hacemos un hoyo en la tierra lo suficientemente profundo— explicó la florista. —Ahora depositamos unas cuantas semillas y tapamos con una capa uniforme. — —Luego echamos agua, ¿Verdad mami? — sonrió el niño, sosteniendo una pequeña regadera entre sus manos. —Es correcto, hazlo despacio, alrededor del hoyo, dejando húmeda la tierra— Agasha sonrió al ver que su hijo regaba con cuidado y dedicación. —Recuerda que debemos dar las gracias a la diosa Deméter, de esta manera siempre tendremos cosechas abundantes. — El niño asintió, dejando la regadera a un lado y juntando sus manitas sobre su pecho. Ambos comenzaron a recitar una oración de agradecimiento para la madre de la agricultura. El arte de cultivar flores y frutos sería inculcado en sus descendientes sin falta, pues era algo inherente a la estirpe de Piscis.

*:*:*:*:*

Estelios sonreía orgulloso, pues su nieto era muy hábil jugando con la pelota de cuero que había hecho para él. Aquella tarde, su hija y su yerno fueron de compras al puerto, por lo que el hombre se ofreció como niñera. El pequeño estaba por cumplir dos años y jugar de esta manera ayudaba mucho en su coordinación motora. —¡Atrápala abuelito! — gritó el chiquillo. La pelota rodó hacia Estelios, quien la detuvo con un pie y la pateó de regreso. El balón corrió, pasando a un lado del niño, quien de inmediato lo persiguió sin dejar de reír emocionado. —Muy bien hecho pequeño— aplaudió el hombre cuando vio a su nieto atrapar el juguete. Se sentía contento, no sólo porque ya era abuelo, sino porque ahora su hija era completamente feliz siendo esposa y madre.

*:*:*:*:*

Ya era de noche y la luna llena resplandecía en el cielo. Agasha y Albafica salieron al jardín, sentándose en una banca de madera. Los fríos de octubre ya comenzaban a sentirse, por lo que ambos llevaban tazas con chocolate caliente. Su hijo dormía en su habitación, así que aprovecharon para tomarse un momento para ellos. —Que bella está la luna en estas fechas— comentó Agasha. —Sí, estos días me recuerdan cuando Deméter me otorgó una nueva vida— suspiró Albafica. —Hablando de eso, no crees que ya es hora de darle un hermanito a nuestro hijo— dijo la joven como si nada, tomando un poco de su bebida. Albafica abrió los ojos en grande, volteando a mirarla con asombro y diversión. Es decir, él estaba feliz de ser padre, pero había decidido que sus próximos descendientes vendrían sólo cuando ambos estuvieran listos. Quizás ese momento había llegado. —Por supuesto, mi bella flor— se acercó a ella, mirándola con cariño. —Si tú lo deseas, yo también lo quiero— le dio un beso en los labios. La florista sonrió, contenta de escucharlo hablar con aquella ternura que tanto adoraba. Los dos estaban satisfechos con su presente, contentos de vivir una vida plena y feliz. Ninguno necesitaba nada más, todos sus sueños se habían vuelto realidad.

***

Continuará… Próximamente el epílogo. Gracias por leer y comentar. 18/Abril/2026
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección