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Capítulo 2: Obligación El viento mecía furiosamente las copas de los árboles y agitaba las olas en un monótono ir y venir. El anochecer estaba pintado de colores sombríos, los cuales contrastaban con la plateada luz de la luna llena, dándole un enigmático aspecto a la playa antes de que el eclipse se presentara. En los alrededores, las criaturas locales se ocultaban en la floresta, contemplando con recelo la escena. Dos demonios de blancos cabellos mantenían una tensa conversación. Después de las palabras finales, uno de ellos se transformó. La gran bestia blanca quedó perfectamente delineada contra la luna cuando se irguió, rugiendo hacia el cielo. Su pálido pelaje resplandeció en la noche, al igual que su roja mirada. Todos los seres vivos alrededor del lugar se agazaparon en silencio y contuvieron la respiración. Sesshomaru se quedó quieto al ver la imponente transformación de su padre. Pocas veces lo había visto en su forma real. Cuando InuTaisho llegaba a dicha fase, era porque estaba jugando su última carta para bien, o para mal. La liberación de su poder a ese nivel significaba la muerte para un enemigo, o su total intimidación y sometimiento. Pero para el joven Inugami, sólo simbolizaba que su progenitor había tomado una decisión. Una infame decisión desde su punto de vista: Abandonar a su familia para ir a formar otra… con una humana. El hecho de exigir las katanas como meras herramientas para su búsqueda de poder, era un deseo que venía abrigando desde hace mucho tiempo, pero no lo era todo. La situación de su familia y la realidad actual del reino, eran un par de losas sobre sus hombros, que ahora se habían hecho más pesadas que nunca. Las decisiones y acciones de su padre habían traído funestas consecuencias. InuTaisho giró su gigantesca forma y su mirada se encontró con la de su hijo. No vio rastro alguno de desafío, no había amenaza de ataque, ni siquiera la intención de reclamarle nada. Sólo una mezcla de ira y dolor expresaban aquellos ojos color ámbar. El duro semblante de Sesshomaru indicaba que no comprendía la pregunta que le había hecho, y muy probablemente lo único que inundaba su mente, era que no recibiría las katanas. Aunado a la dura verdad de que su padre los abandonaba a él y a su madre para siempre. No, su primogénito no diría ni una sola palabra al respecto. La última imagen que tendría de él, sería su estoico semblante, idéntico al de Irasue. El poderoso demonio canino era consciente de lo que provocó, pero no podía dar marcha atrás, estaba hecho. No dijo absolutamente nada, no tenía caso y era mejor así. Jamás podría contestar el ataque de su hijo si éste lo hubiese intentado. Ya le había hecho suficiente daño y aunque no lo expresara, sabía que existía malestar y rencor en su corazón. Cerró los ojos por unos segundos e hizo una leve inclinación con el hocico, aquel fue su gesto de despedida. Le dio la espalda y comenzó a correr, alejándose de la costa hasta perderse en el bosque. El único testigo de tan amarga escena, fue la pulga Myoga, quien se mantuvo en silencio. Él no era nadie para opinar al respecto, a pesar de ser tan cercano al señor del Oeste. Todo pareció quedar en silencio, excepto por el viento y el mar. Sesshomaru observó la silueta de su padre hasta que el último destello de su plateado pelaje desapareció para siempre. Esa era la verdad, algo dentro de él le decía que jamás volvería a verlo con vida, a pesar de saber que se iría con una humana a otras tierras. Apretó los puños con tanta fuerza, que sus zarpas le lastimaron la piel. Empezó a caminar, restándole importancia a las últimas palabras de InuTaisho. Sus ojos ambarinos se cerraron y agachó el rostro por un breve instante. Sus pasos avanzaron por la playa, donde el agua alcanzó sus pies una y otra vez por largo rato. En silencio, el viento se llevó sus pensamientos, nadie jamás podría saber lo que pasaba por su mente.:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:
Palacio del Oeste. En la terraza principal, permanecía sentada y en silencio Irasue, la señora de Occidente. La joya en la palma de su mano resplandecía con suavidad. —Sesshomaru… — murmuró. Terminó de ver el reflejo en la piedra Meido. Podía percibir el dolor de su hijo a pesar de la distancia, sabía por lo que estaba pasando. Pero también era consciente de que no expresaría sus emociones y que él solo lidiaría con su propia frustración, después de todo, ya no era un niño. Sin embargo, debía estar preparada para sus posteriores reacciones y para todas las posibles consecuencias que la decisión de su marido provocaría. No estaba segura de lo que haría Sesshomaru, pero lo que sí tenía en claro, era que las cosas en el reino iban a cambiar drásticamente. La muerte de su esposo provocaría un caos en el Oeste y en las tierras aledañas. Los otros Lores cardinales ya lo presentían y el dragón se lo advirtió en aquella ocasión. Pero ella no hizo absolutamente nada, porque no era su responsabilidad lidiar con los errores de InuTaisho. Ahora no quedaba más remedio que enfrentar los resultados. —El muy idiota se largó sin siquiera esperar a que sanaran sus heridas— pensó, dirigiéndose rumbo al gran salón. —Será mejor que me prepare para salir, él no pasará de esta noche. — … Algunas horas después. La demonesa caminaba por el solitario pasillo. Ya pasaba de media noche y el lugar se mantenía en un extraño silencio. Todos los habitantes guardaban luto por su recién fallecido amo. Incluso los soldados, que siempre estaban serios y vigilantes, tenían el rostro sombrío. Conforme avanzaba, podía sentir la mirada disimulada de sus siervos. Tal vez se preguntaban por qué ella se mantenía estoica e inmutable ante semejante suceso. —Porque no tengo ganas de derramar lágrimas por InuTaisho y porque ya no tengo las suficientes para hacerlo… — Se encaminó a su terraza favorita, una que estaba en la parte sur del palacio. Ese lugar siempre ha sido su testigo silencioso, y no sólo porque era un sitio aislado y con una vista espectacular del valle, sino porque ahí sucedieron eventos importantes en su vida, buenos y malos. El eclipse había terminado hace rato y la plateada luna iluminaba los territorios y opacaba tenuemente las estrellas. Fue una noche como esa cuando recibió la primera noticia cruel de su vida. Caminó hacia el borde del balcón y se apoyó en el ancho barandal, mirando a lo lejos, permitiendo que su mente viajara al pasado unos siglos atrás.:*=*=*=*=*=*=*:
Una joven Irasue recorría en silencio el pasillo que la llevaría a los aposentos de sus padres. Su andar era elegante y serio, como debía serlo para una hembra perteneciente a la nobleza. Las estrictas normas de su sociedad así lo exigían, limitando su libertad en muchos sentidos. Ella envidiaba a las castas menores, quienes no estaban atadas a obligaciones tan estrictas como en su poderosa familia. Iba pasando frente a una ventana y dio un vistazo hacia el exterior, para luego soltar un suspiro apagado. La luna brillaba resplandeciente por encima del firmamento. Ya estaba oscuro y el cielo se había despejado después de una ligera llovizna. La sensación agradable del panorama no suavizaba el mal presentimiento que la invadía, pues fue mandada a llamar cuando ya se preparaba para descansar en su dormitorio. Llegó ante la puerta corrediza de la habitación y se arrodilló frente a ella. Hizo una reverencia y saludó. —Padre, Madre, ¿Han solicitado mi presencia? — Una voz al otro lado le contestó. —Irasue, tu padre no se encuentra en éste momento, salió de viaje para arreglar un asunto importante. — —Madre, explícame qué sucede, ¿Por qué me llamaste a estas horas? — cuestionó la joven. La hoja de madera se abrió un poco y entre las sombras se pudo distinguir la figura de otra mujer, ataviada con un elegante kimono y adornos dorados sobre su cabello. Permanecía hincada sobre coloridos cojines, en posición recta y con las manos guardadas en las enormes mangas de su vestimenta. —Hija, ya has cumplido la edad adecuada para comenzar con tu nueva instrucción— dijo con voz tranquila. —Siendo la única heredera de esta noble casa, debes prepararte para tu futuro matrimonio. — Irasue abrió los ojos con asombro y desconcierto. Quiso decir algo, pero su madre la interrumpió. —Antes de que digas cualquier cosa, ten en cuenta que es tu obligación, y es una responsabilidad inalterable para nuestro linaje. — —Pero madre, esto es demasiado sorpresivo— contestó la joven, sin poder ocultar su desconcierto. —Yo no estoy lista para esto y no deseo… — —Comprendo lo que sientes, pero no es algo que esté a discusión— aclaró la madre. —Cumplirás la mayoría de edad el año que viene y ya es tiempo de que te comprometas con un youkai de noble linaje. — —¿Por qué tiene que ser así?, ¿Por qué es obligatorio que me case? — protestó. La demonesa entre sombras guardó silencio. Evidentemente, darle esta noticia a su hija no era lo que deseaba, sin embargo, no podía ser de otra manera. Al ser una hembra, y siendo hija única, debía casarse con un noble para continuar con el reinado del Oeste. La casa InuYoukai había estado gobernando esas tierras desde hace más de mil años, y no cedería el poder a nadie. —¡Porque es la ley! — alzó la voz, provocando que su hija la mirara extrañada. —Hazte a la idea, porque, de ahora en adelante, comenzará tu educación para ser una digna esposa para el próximo gobernante del Oeste. — Se escuchó un bufido y una exhalación de fastidio. —¡¿Al menos podré elegir a mi futuro marido?! — preguntó enojada. —Tendrás algunos pretendientes, todos escogidos por tu padre. El mejor candidato se casará contigo, y deberás aceptarlo, sea quien sea— explicó la demonesa mayor. —Pero, por suerte, habrá un periodo de cortejo. — —¿Por suerte? — replicó Irasue. —No entiendo tus palabras, madre. — —Hija, no puedes eludir tus responsabilidades, pero, si tienes la oportunidad de tratar previamente al que será tu compañero, ¿No crees que eso es una ventaja al menos? — comenzó a explicar. —Piénsalo, nosotras, al estar en la cima de la pirámide, podemos tener esa mínima oportunidad. Otras hembras conocen a su marido en el momento en que se están casando con él— finalizó con total seriedad. Irasue se quedó en silencio, meditando lo último que dijo su progenitora. Siendo una sociedad patriarcal, el poder se hereda a los varones, y si estos no existen, se busca casar a la mujer con el primogénito de alguna de las casas nobles que les siguen en jerarquía y poder. Muchos machos matarían por semejante oportunidad. Para Irasue, era el comienzo de un largo martirio que culminaría en un matrimonio arreglado con alguien al que tal vez jamás aceptaría por completo. Y después, la vida continuaría, sin saber lo que le depararía semejante unión. El único y mínimo consuelo, era que conocería a sus pretendientes, y si jugaba bien sus cartas, al menos podría unir su vida a alguien con quien pudiera llevarse bien.:*=*=*=*=*=*=*:
La soberana suspiró largamente, guardando sus memorias. Se quedó un rato más en aquel sitio, mirando el oscuro cielo que cobijaba el valle.***
Continuará… Mis mejores deseos para todos ustedes. Esperemos que el próximo 2018 sea mejor que éste año.