ID de la obra: 1268

La Reina de Plata

Het
G
Finalizada
1
Fandom:
Tamaño:
276 páginas, 109.466 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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3. Reunión

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Buenas noches: Perdonen la tardanza, anda un poco floja mi inspiración. Les dejo el tercer capítulo, y de antemano, agradezco su tiempo y comentarios. Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo sólo escribí la historia por gusto y diversión.

***

Capítulo 3: Reunión El amanecer encontró a Irasue en su diván de colores magenta. Había pasado la noche mirando el paisaje y divagando en sus recuerdos. Permanecía con los ojos cerrados, apoyada sobre su codo, encima del reposabrazos. No estaba durmiendo, simplemente meditaba las actividades para ese día. Sería una agenda pesada, porque tenía la obligación de recibir a los representantes de los demás puntos cardinales y a sus respectivos séquitos. Todos con la intención de mostrar su respeto por la muerte de InuTaisho. Algunos con el interés de saber qué sucederá con el control del Oeste. Otros, con el propósito de reclamar deudas y compromisos no cumplidos. Y quizás unos pocos más, con la única misión de ver y escuchar para después conspirar. Irasue estaba instruida en todas las actividades políticas que implicaba ser jerarca de Occidente, porque su difunto marido no siempre podía atender todo lo que esto abarcaba. Pocos lo sabían, pero lo cierto era que, el reino del Oeste creció en poder y posición, por la inteligencia de ella, y no sólo por la fuerza de InuTaisho. No fueron pocas las veces en que la demonesa lo apoyó y aconsejó para administrar esas tierras, así como el sobrellevar la convivencia con los demás Lores y señores feudales que les seguían en rango. Sin embargo, estaba al tanto de que no todas las asperezas fueron limadas correctamente. Se escucharon pasos en la parte baja de las escaleras. Un guardia subió rápido y se arrodilló frente a ella. —Mi señora, el escribano ha llegado. — —Que pase. — Momentos después, un viejo youkai de aspecto semi humano hizo acto de presencia. Un Kamaitachi de pelaje gris oscuro, cuyo andar era lento y encorvado. Traía cargando una gran bolsa de piel con múltiples pergaminos sobresaliendo de sus bordes. El escribano oficial de la casa InuYoukai, el encargado de documentar todo lo que implicara leyes, decretos, cartas, declaraciones, avisos, invitaciones, etc. Así mismo, era el asesor político de los gobernantes del Oeste, trabajo que se ganó debido a su larga vida y experiencia en dichos temas. El demonio comadreja se acercó e hizo una reverencia. —Lady Irasue, estoy a sus órdenes. Mi más sentido pésame por la muerte del gran InuTaisho. — —Gracias escribano, pero no es necesario extender tanto esto del luto— respondió con indiferencia. —Te he mandado a llamar porque voy a requerir de todos tus conocimientos para lo que se viene encima. — El anciano no se sorprendió por la fría indolencia que mostraba. Él sabía que la relación entre ella y su marido nunca fue del todo cordial. Más bien, se trató de una unión de conveniencias y poder. Beneficios que no fueron del todo equitativos para ambos. Aquella comadreja conocía muchos secretos oscuros, tejidos detrás de esos muros. —Mi señora, usted tiene el mismo poder que su difunto esposo para llevar el control del Oeste, pero ambos sabemos quién debe encargarse de ello— comentó el viejo demonio con discreción. —Su hijo Sesshomaru tiene dicha obligación. — Irasue soltó un suspiro y se reclinó en el respaldo del diván, mientras observaba el cielo. Su heredero no estaba en el palacio desde hace horas y no sabía nada de él. Después de encargarse de los restos del señor del Oeste, pensó que lo encontraría en la residencia. Sin embargo, no había señales de su presencia. Y la verdad era que, Sesshomaru no tenía cabeza para asumir el control del territorio en éste momento. —No sé dónde está, y es probable que necesite algunos días… después de todo, le tenía un gran respeto a su padre. — —Entiendo. Mi señora, ¿Con qué desea comenzar? — preguntó, al mismo tiempo que alistaba pergamino, pincel y tinta.

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Reunión de Lores Cardinales. Era media mañana cuando las visitas comenzaron a llegar. Irasue estaba en el salón principal, sentada a la cabeza de la gran mesa que decoraba el lugar. Paciente y preparada para afrontar lo que viniera. Un soldado abrió la puerta desde el exterior, permitiendo el paso a los recién llegados. El primer Lord apareció en el umbral de la entrada. Conocido como el gran sabio, Kiba era un enorme lobo albino con ojos gris claro. Él era el gobernante de las montañas del Norte, y lideraba a los suyos en manadas y tribus, viviendo tranquilamente en esas tierras. La relación que mantenía con el Oeste era pacífica y de intercambios comerciales constantes. El grupo que lo seguía estaba formado por ocho lupinos de pelaje oscuro y gran tamaño también. Se acercaron a la mesa y en ese momento, hubo un crepitar en el aire. La energía sobrenatural fluyó en el líder y en otros tres de sus seguidores, provocando la transmutación a una forma humana. El Lord del Norte tenía apariencia madura y gesto severo, su cabello era de un blanco grisáceo, sujetado en una coleta alta. Portaba pieles claras y un peto rojo como armadura. Los subalternos vestían igual, pero en colores oscuros y con un aspecto más joven. —Bienvenido, Lord Kiba— saludó la demonesa. Todos los demonios lupinos hicieron una reverencia. —Lady Irasue— habló el lobo blanco, alzando la vista. —Hemos venido desde el Norte para brindar nuestro más sincero pésame. La muerte de alguien como InuTaisho deja un gran vacío para todos. — —Gracias— asintió levemente y luego señaló un sitio. —Tome asiento por favor, los demás están por llegar. — Kiba se sentó a su derecha y su séquito se replegó en una esquina del gran salón, esperando y escuchando. Una sirvienta entró con varios recipientes y una botella, sirvió un poco de su contenido para ambos y después se marchó. —Mi Lady, dígame, ¿Cómo sucedió el deceso de su marido? — preguntó con lentitud. —Es un tema delicado, así que solamente diré que el muy tonto cometió el error de confiar demasiado en su fuerza— explicó ella con tranquilidad. —Tengo entendido que hubo un conflicto con el Lord del Este y… escuché rumores relacionados con humanos. — —Veo que no ha estado tan alejado de las noticias— sonrió Irasue, sin el menor gesto de incomodidad. —Aquellos rumores son ciertos, y fue por eso mismo que Lord Ryukotsusei desafió a mi difunto esposo. — —Es una situación muy grave, y si es verdad lo que hizo InuTaisho, a mí ya me están llegando las consecuencias también— dijo Kiba, soltando una lenta exhalación. —Los humanos son muy rencorosos y no distinguen entre especies cuando algo los amenaza. No quiero conflictos con ellos, pero tampoco puedo permitir que nos ataquen sin motivo aparente. — —Entiendo su preocupación, pero ahora lo que debemos hacer, es tratar de sobrellevar dichos problemas. Espero que los demás vean lo importante que es esto y podamos llegar a un acuerdo— comentó Irasue, tomando un poco de su bebida. —¿Quién vendrá en nombre del Este? — cuestionó el lobo. Irasue clavó la mirada en la mesa. No había tenido tiempo de preguntarse quién sería ahora el encargado de regir los territorios de aquella zona cardinal. Al parecer, el espíritu dragón estaba muerto, y ella no sabía lo que estaba sucediendo en la casa RyuYoukai. Si bien, la relación con el Este era tranquila, el poderoso dragón que gobernó ahí, nunca estuvo de acuerdo con las ideas extrañas que a veces tenía InuTaisho. Ryukotsusei fue un líder centrado y pocos llegaron a conocerlo tan bien como Irasue. Realmente nadie podía imaginarse que ella tuvo cierta simpatía por el dragón y que su muerte le dolió. Y es que la demonesa forjó en su juventud amistades y relaciones benéficas de las cuales su marido no estuvo del todo enterado. Ahora sólo quedaba esperar para conocer el estatus de la zona Oriente. De un momento a otro, recibirían noticias de los seguidores de Ryukotsusei, así como de los youkais que vivían bajo su gobierno. La demonesa inhaló despacio, pensando en qué contestarle al lobo, sin embargo, no tuvo tiempo de hacerlo. —Vendrá alguno de esos molestos reptiles, ténganlo por seguro— se oyó una voz, que al mismo tiempo parecía un graznido. —Lo que importa ahora, es lo que sucederá con el Oeste, con el comercio entre nuestra gente, y con los humanos— declaró con molestia. Ambos gobernantes voltearon al mismo tiempo. En la puerta de entrada, ya se abría paso el segundo Lord visitante. —Y aquí llega el prepotente Karasu— se quejó Kiba en voz baja. El representante de las tierras del Sur era un gran Tengu de oscuro plumaje y afilado pico. Su apariencia era antropomorfa, excepto por el rostro de cuervo, las enormes alas en su espalda y sus poderosas garras en lugar de pies. Éste tipo de youkais eran los amos de los cielos en las grandes planicies y montañas australes. Pero tenían una relación ácida con el Oeste y el Norte, porque eran ambiciosos y a veces no aceptaban los acuerdos grupales si no era con un beneficio extra para ellos. Detrás del demonio cuervo, lo seguían cinco seres alados también, cuyos plumajes oscilaban del negro al rojo. Sus atuendos y emblemas indicaban que eran señores feudales al servicio del Lord. Entre ellos había una hembra, la señora del Sur y esposa de Karasu. —Sean bienvenidos Karasu y Leiko— dijo Irasue, haciendo un ademán para que tomasen asiento a su izquierda. —Saludos, señora del Oeste— dijeron al unísono los Tengu. La pareja se sentó y los otros demonios alados se ubicaron en otra esquina del salón. —Querida, lamentamos mucho la muerte de tu marido, no me imagino el dolor por el que estás pasando— comentó la hembra cuervo, en un tono de voz que sonaba a cualquier cosa, menos a una condolencia. Irasue la observó impasible y con evidente pereza. Sabía perfectamente que la señora del Sur quería burlarse de ella por la última infidelidad de InuTaisho. No era la primera vez que una hembra pretendía molestarla por envidia. Ser la esposa del demonio más poderoso de Japón le trajo muchas rivalidades y rencillas. —No te preocupes por mí Leiko, ahora estoy mejor y no lloro por quien no vale la pena— sonrió de repente, haciendo gala de su estoica personalidad. —Cada quien obtiene lo que se merece, mi marido no vio dónde metió las patas, así que pagó caro su error. — —¿En serio no te molesta lo que hizo?, es decir, fijarse en una humana es tan denigrante— se burló la Tengu. —Es suficiente Leiko— intervino el Lord del Sur. —Ese asunto es lo de menos, lo que importa ahora son los pendientes que dejó InuTaisho, ¿No es así, Lady Irasue? — La demonesa de pelo plateado hizo un gesto de confirmación y tomó otro trago de su bebida antes de hablar. —Estoy al tanto de los temas que quedaron incompletos con usted, Lord Karasu, pero quisiera que me diera algunos días para poner al corriente a mi hijo respecto a sus nuevas responsabilidades— dijo, centrándose en el nuevo tema. —Los acuerdos comerciales deben revisarse para mantener una equidad entre ambos territorios. — —De acuerdo, ese tema puede esperar— mencionó el Tengu. —Lo primero que quiero, es que solucionen el problema que provocó InuTaisho en mis dominios. — —¿A qué se refiere? — —No hace mucho, su difunto marido expulsó a los gatos leopardo del Oeste, y estos se fueron a esconder a mis tierras, provocando conflictos con mi parvada, e incitando a los humanos para que nos atacasen— reclamó el demonio cuervo. La Inugami se llevó una mano a la frente, masajeándose despacio, pues la noticia le molestó bastante. Ya no recordaba ese problema con los gatos rebeldes. Su esposo había frenado las ansias de poder del rey felino, terminando todo en una feroz batalla. Y aunque sus súbditos fueron perdonados, una facción de ellos no quiso acatar las leyes de InuTaisho, así que fueron exiliados. Irasue no sabía que ahora estaban creando dificultades en el Sur. Por lo tanto, era responsabilidad del Oeste y de Sesshomaru hacerse cargo del problema. Pero no en éste momento. —¿Y por qué no los eliminas y ya?, es fácil para ustedes que pueden volar— habló de pronto Kiba, quien había permanecido en silencio. El Tengu lo miró con enojo. —Claro, ¿Por qué no?, así como ustedes devoran a los que los provocan— contestó burlón. El lupino le enseñó ligeramente los colmillos. —¿Acaso crees que no estoy enterado, Kiba?, tus lobos andan cazando indiscriminadamente y están llamando demasiado la atención de los humanos. — Irasue dirigió la mirada hacia el señor del Norte y alzó una ceja en gesto de extrañeza. —¿Algo de lo que deba enterarme? — preguntó. Kiba rodó los ojos y bebió un trago antes de hablar, el demonio cuervo había tocado un tema complicado. —Lady Irasue, a veces es necesario defenderse, y en ocasiones, la comida escasea— se justificó. —No tengo problema con sus métodos, pero tenga en cuenta que eso puede traernos más inconvenientes— señaló la Inugami en un tono severo. —¿Debo recordarle que InuTaisho ya había asesinado a otro comandante humano y que eso provocó el resentimiento de sus hombres, los cuales después masacraron al grupo de Kitsunes que vivían en su frontera? — El lobo blanco terminó de beber y guardó silencio por un momento. Incluso él estaba al tanto de que algunas de las acciones de InuTaisho no habían sido las más correctas ni éticas. El demonio más poderoso a veces no era tan justo como todos creían. Kiba también compartía algunos secretos oscuros con el difunto Lord del Oeste. Karasu estaba a punto de decir algo más, pero, repentinamente, todos sintieron una poderosa presencia. De inmediato supieron que quien había llegado a la reunión, era el nuevo representante de la zona Este. El silencio se mantuvo por varios segundos, hasta que la puerta de la estancia se abrió, dando paso a la forma humana del dragón. —Buenos días a todos— saludó con formalidad. —Mi nombre es Ryujiro. — Hubo un breve silencio, en el que todos asimilaron rápidamente su imponente presencia. —¿Vienes en representación de la casa RyuYoukai? — preguntó Kiba con algo de curiosidad. Anteriormente, el lobo y Ryukotsusei se llevaron bien en la mayoría de los acuerdos. No obstante, mantenían distancia la mayor parte del tiempo, pues no eran amigos. Al menos el señor del Norte podía estar seguro de que sólo tendría discusiones con el Sur, dado que el Este permanecía siempre apartado, en sus propios asuntos. Ahora deseaba saber quién era el sucesor del espíritu dragón y ver si podría mantener una buena relación con él. —No— contestó sereno el recién llegado. —De ahora en adelante, yo soy el señor del Este por derecho de familia, ya que soy el hermano menor de Ryukotsusei. — Todos los presentes hicieron un gesto de asombro, pues nadie estaba enterado de que el dragón tuviese parientes. Por lo regular, estas criaturas se mantenían solas y sus lazos familiares eran poco conocidos. Los demás gobernantes sabían que el espíritu dragón no tenía pareja ni hijos, pero no se esperaban algo así. Ni siquiera Irasue, a pesar de su amistad con él. Ella lo observó con detenimiento. El dragón exhibía las mismas líneas faciales que Ryukotsusei, pero más claras, iris escarlata, piel de color azul pálido y cabello gris acero que caía por su espalda libremente. Llevaba armadura en colores oscuros y su porte militar indicaba que era algún tipo de soldado. Definitivamente no parecía ser el nuevo Lord del Este, pero su aura sobrenatural dejaba en claro que era un demonio lo bastante poderoso como para tomar el cargo. —Bienvenido, Lord Ryujiro— saludó el lobo finalmente. —No nos conocíamos, pero ahora que usted es el sucesor de su hermano, me presento, soy Kiba, el señor del Norte. Ellos son Karasu y Leiko, señores del Sur. Y ella es Lady Irasue, viuda del gran InuTaisho y señora del Oeste. — El dragón hizo una leve inclinación con el rostro a modo de saludo. —Es un gusto conocerlos, y ahora, quiero dejar en claro mi posición respecto a la muerte de mi hermano— habló, manteniendo la voz relajada. —Tengo entendido que hubo una rivalidad con Lord InuTaisho, sin embargo, eso no es de mi incumbencia. Lo que ahora me importa, es renovar las alianzas, mejorar los acuerdos y corregir los errores que mi hermano haya tenido. No deseo vengar su muerte, no quiero enemigos y no me interesan las fricciones que existan entre ustedes. Únicamente pretendo que se me respete y tome en cuenta en todo lo relacionado a esta sociedad cardinal— finalizó, encaminándose al otro extremo de la mesa. Tomó asiento en el lugar que le correspondía, frente a Irasue. Ya que, en jerarquía de poder, el Este era el segundo después de Occidente. Los demás se miraron entre sí, para luego asentir. Realmente nadie quería tener conflictos serios con los demás, pues debían enfocarse en los temas generales que podrían afectar o beneficiar grupalmente. La reunión continuó por un rato más. … Pasaba de medio día cuando los gobernantes y sus respectivos súbditos partieron en distintas direcciones. El último en irse fue Ryujiro, quien deseaba hablar con la Inugami. —Lady Irasue, debo decirle algo respecto a mi hermano. — —Lo escucho— contestó ella con gesto cansado, seguramente le reprocharía las acciones de InuTaisho. —Ryukotsusei no está muerto— susurró por lo bajo. Ella hizo un gesto desconcertado. —¿Qué quiere decir? — —No lo puedo explicar, pero sé que no lo está— indicó Ryujiro, hablando casi en secreto. —Nadie sabe dónde fue su pelea con InuTaisho, pero lo voy a investigar. — —Tal vez encuentre algo que no le agrade— dijo Irasue. —Pero si lo descubre, me gustaría que lo compartiese conmigo. — El dragón asintió. —Mi hermano me dijo que usted y él tuvieron cierta amistad, y que eso provocó también la fricción con su marido. Sin embargo, eso no fue la principal causa del conflicto, ¿Verdad? — cuestionó, ya sin bajar la voz. —El motivo principal de todo éste alboroto, es que mi estúpido compañero se enamoró de una humana y no midió las consecuencias— respondió la demonesa con enojo. —Comenzó a descuidar sus deberes, dejó de ocuparse de sus tierras y le dio la espalda a su familia. No conforme con ello, tenía planeado largarse con su amante y su bastardo al Norte, dejándonos a Sesshomaru y a mí con toda la responsabilidad del Oeste. — —Comprendo— se expresó en tono conciliador. —InuTaisho no era tan buena persona como muchos creen, y apuesto lo que sea a que, si estuviera vivo, dentro de unas décadas, tendría el cinismo de presentarse aquí y reclamar de nuevo su posición como gobernante. Y no sólo eso, sino que traería a la humana y al mestizo con él— declaró con frialdad. —Es por eso que mi hermano quiso derrocarlo, ¿Cierto? — justificó Ryujiro. —Él no estaba de acuerdo con las acciones de InuTaisho, porque traían vergüenza y deshonra para el Oeste, manchaban el honor de la casa InuYoukai, y como daño colateral, también ofendía la alianza con los demás jerarcas. Tantos siglos de poder y respeto desechados en un instante por habladurías, malas decisiones y juicios erróneos. — La señora de Occidente confirmó con severidad, el dragón había resumido crudamente la verdad. —La deshonra ha sido sólo el comienzo. Existe algo más grave que nos afecta a todos y a nuestros territorios: Los humanos han comenzado a declararnos la guerra abiertamente, y adivina quién tuvo la culpa. — Ryujiro resopló lentamente. —Bien, me queda en claro que hay mucho trabajo por hacer— comenzó a caminar rumbo a la salida. —Iniciaré con mi territorio y trataré de suavizar los conflictos de ahí, pero será necesario que su hijo Sesshomaru tome el mando cuanto antes, porque hay rumores de que algunas criaturas menores están provocando caos en sus tierras, y usted no podrá manejar toda la situación sola— finalizó. Irasue tuvo que aceptar sus palabras a regañadientes. Era cierto, ella tenía mucha carga encima y no podría solventar todo, necesitaba que su hijo se encargase de algunos asuntos. —Lo sé. — Una vez en la terraza, el Lord del Este hizo una reverencia en despedida y luego inició el vuelo, alejándose rápidamente. La Inugami exhaló con pesadez, sentía que las sienes le punzaban demasiado, y aún no habían pasado ni veinticuatro horas de la muerte de InuTaisho. … Rato después. Irasue no quería pensar en nada por el momento, aún estaba estresada por la reunión con los demás Lores y por lo poco que se avanzó en ella. Y también por la extraña revelación de Ryujiro respecto al espíritu dragón. No deseaba gastar más energía en ello, así que optó por distraerse con otra de las encomiendas que tenía pendientes. Caminó por el largo pasillo hasta llegar a la pequeña habitación. Miró por encima de su hombro para verificar que nadie estuviera observando, después entró y cerró la puerta. La penumbra se mantenía limitada por el débil destello de las armas ubicadas en el pedestal. Se quedó mirando fijamente la espada Sounga. La energía de su hoja pulsaba con insistencia, buscando un nuevo portador. —La espada infernal, me pregunto cuál fue tu origen— dijo en voz baja. —Seguramente alguno nefasto, porque él nunca quiso contarme sobre ti. — Observó detenidamente el arma y se detuvo en la empuñadura. La gema redonda que adornaba dicha zona, parecía tener la misma textura que la piedra Meido. Entonces acercó la mano y pudo percibir la vibración en el aire, la sensación era similar al aura que emanaba su medallón. Alzó una ceja, sorprendida. —Quizás también fuiste robada a algún miembro de la casa Shinigami, teniendo en cuenta que a InuTaisho le encantaba usurpar poderes ajenos— masculló con cierto rencor, pues a su mente había llegado un recuerdo desagradable. Suspiró con fastidio, mientras la tomaba por la empuñadura y la colocaba en una funda corriente. Sintió como la energía de la espada punzaba contra su piel. Ella no tenía el mismo poder que su difunto esposo, pero sí poseía la fuerza suficiente para someter la voluntad del arma. —¡No me des problemas! — gruñó, guardándola y cerrando la funda, para después envolver todo en una tela oscura. —Como dije antes, sólo has dejado molestias InuTaisho, ¿A dónde rayos llevaré esta cosa? — Tomó su collar y lo frotó con la mano. El portal dimensional se abrió frente a ella. —Creo que debo hacerle una visita a ese viejo herrero… —

***

Continuará…
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