ID de la obra: 1268

La Reina de Plata

Het
G
Finalizada
1
Fandom:
Tamaño:
276 páginas, 109.466 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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4. Cortejo

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Buenas noches: Perdonen la tardanza, a veces no me inspiro tan rápido. Les dejo el capítulo 4, espero les agrade y me dejen un pequeño comentario, eso me hace muy feliz. Gracias por leer. Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo sólo escribí la historia por gusto y diversión.

***

Capítulo 4: Cortejo El herrero de los demonios vivía en solitario. La montaña de fuego era un lugar peligroso y el esqueleto que le servía de guarida tenía un aspecto tan tétrico, que pocas criaturas se acercaban a ese sitio. Las que lo hacían, debían enfrentarse con el calor ambiental y los gases sulfurosos de los alrededores. Sin embargo, nada de eso resultaba amenazante para la señora del Oeste. El portal dimensional se abrió a escasos metros de la cueva. Inmediatamente se escuchó ruido en el interior, y un momento después, el viejo forjador salió a su encuentro. Era un ser bastante antiguo, especializado en metalurgia sobrenatural. No por nada pertenecía a una raza de criaturas capaces de escupir fuego. El youkai la miró con gesto melancólico e hizo una solemne reverencia. —Lady Irasue, sea bienvenida— hizo una pausa y levantó el rostro. —Lamento la muerte del gran InuTaisho. — —Gracias, pero no deberías sentir tanta pena por él, y sabes bien porqué— contestó indiferente. —Lo sé… pero eso no evita que sienta tristeza por un amigo. — —Pues deberías escoger mejor a tus amistades… unas que no te obliguen a modificar tus creaciones por mero capricho y ambición— las palabras sonaron con evidente reproche. Irasue conoció al viejo herrero hace mucho tiempo, después de casarse con InuTaisho. En aquel entonces, él y su marido ya tenían décadas de amistad, en las cuales, el forjador fue el principal proveedor de armas especiales para el Inugami y sus soldados. Sin embargo, también había hecho el trabajo sucio en algunas ocasiones. Y la demonesa jamás le perdonaría lo que hizo por orden del difunto Lord, a pesar de que fue obligado a ello. —Mi señora, eso quedó en el pasado y… — quiso justificarse. —¡Escucha Totosai! — interrumpió ella, alzando la voz. —¡El hecho de que InuTaisho haya dejado sus colmillos para sus hijos, no lo exenta de sus pecados! — El youkai no dijo nada y sólo desvió la mirada. Era cierto, su viejo amigo hizo muchas cosas positivas por el Oeste. Pero eso fue solamente después de que tomara las decisiones más oscuras en primer lugar. Entonces, la demonesa extrajo de la manga de su kimono el envoltorio oscuro y se lo entregó. El viejo herrero tragó saliva nerviosamente al detectar una presión en el aire, y sus ojos se abrieron en grande al levantar la tela. Un leve destello de la espada Sounga fue suficiente para hacerlo temblar. —¡L-La espada i-infernal! — dijo asustado, al mismo tiempo que la envolvía de nuevo y la colocaba en el suelo. —¡S-Se supone que InuTaisho se desharía de ella! — —No lo hizo, un humano lo mató antes de tiempo. Si yo no hubiera llegado a recoger sus restos, esa arma se habría apoderado de la mente de cualquier bestia o demonio menor y tendríamos otro problema encima— comentó ella con enojo. —Sounga no puede ser destruida en éste plano existencial, no pertenece aquí— dijo con nervios Totosai. —Así que debemos ocultarla en algún lugar donde no sea un peligro. — Como lo había sospechado Irasue, la espada pertenecía a la casa Shinigami. Pero no a la de esta dimensión. Probablemente, el arma era de algún miembro del linaje del inframundo. Ese tipo de demonios eran sumamente poderosos, con habilidades que controlaban la vida y la muerte. Sin embargo, se mantenían en su propio mundo y sólo uno que otro pasaba a éste lado, quizás por aburrimiento o curiosidad. Tal vez aquel visitante traía consigo a Sounga, y por azares del destino, cayó en manos de InuTaisho. La señora del Oeste nunca pudo obtener más información acerca de dicha espada. Su marido siempre desviaba la mirada y sacaba otro tema de conversación, evadiendo decir la verdad sobre tan peligroso instrumento. Pero eso sólo alimentaba las teorías de ella. Ya que tenía razones de sobra para sospechar que InuTaisho estuvo obsesionado con el poder de los Shinigamis. Suspiró y dejó de divagar. Dio media vuelta y empezó a caminar hacia su portal. —Encárgate de eso, a mí no me interesa lo que hagas con ella— finalizó. —Ya tengo suficientes preocupaciones. 

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Palacio del Oeste. La puerta de la pequeña habitación se cerró detrás de ella, dejando a Colmillo Sagrado y a Colmillo de Acero sobre el pedestal, esperando su turno para ser entregadas a sus respectivos herederos. Irasue aún pensaba en la espada que le dejó a Totosai, podría ser peligrosa. Pero confiaba en que el viejo demonio se hiciera cargo, seguramente con la ayuda de otros sirvientes de su difunto marido. Por el momento, sólo deseaba tomarse un tiempo de reposo. Estaba cansada mentalmente y era inevitable que los recuerdos comenzaran a surgir. Conforme pasaban las horas y notaba poco a poco el cambio de ambiente en el palacio del Oeste, la idea de que ahora era viuda se asentaba con más fuerza dentro de ella. Ya no estaba atada a ningún hombre, ya no estaba obligada a ser la esposa digna. Ahora era libre. La libertad de continuar adelante sin el peso de ser la compañera de InuTaisho era algo nuevo en su vida. No obstante, era el comienzo de una etapa con demasiados cambios y, por lo tanto, debía asimilarlo y aceptarlo con serenidad. Lo único que debía resolver ahora, eran todos los pendientes que dejó su pareja, para bien y para mal. … El escribano terminaba de revisar el último cajón de pendientes cuando la señora del Oeste entró en la habitación. Había pergaminos extendidos por todos lados sobre el escritorio central. Algunos ya ordenados en los estantes de las paredes, y otros en espera de revisión, tirados por aquí y por allá. El demonio comadreja estuvo buena parte del día revisándolos y clasificándolos por importancia. Todos eran pendientes políticos y de comercio, en espera de ser atendidos. —Bienvenida, mi Lady— hizo una reverencia. —Estoy terminando de revisar lo último y debo decir que, su hijo Sesshomaru, tiene bastante tarea por delante. — Ella suspiró cansada, no había señales de su vástago por ningún lado. —Me imagino que no lo has visto por aquí, ¿Verdad? — preguntó. —No mi señora, pero espero que regrese pronto, ya que lo más urgente son los convenios con el territorio del Sur— dijo el escribano. —Yo revisaré esos pendientes, llévalos a mi terraza y continúa con lo demás— finalizó, caminando a la salida. —Me pregunto cuánto tiempo tardará Sesshomaru en superar su dolor— pensó. Como madre, debía entender a su hijo, ya que éste apreciaba y respetaba demasiado a su padre. Eso jamás cambiaría a pesar de los últimos eventos. No le quedaba más que esperar unos días y sobrellevar la situación. Era ineludible la obligación que ahora tenía Sesshomaru, él debía tomar el cargo de Señor del Oeste. Ya tenía edad para ello. Lo que le faltaba, era experiencia para tratar con los demás Lores, por lo tanto, sería necesario que ella lo instruyera. … Ya era de noche cuando terminó con la primera tanda de papeles. La mayoría de ellos eran renovaciones de acuerdos comerciales y negociación de aduanas entre territorios. Eso era fácil, lo complicado vendría después, ya que ahora los humanos estaban más irritables con los youkais, por lo tanto, los mercaderes de ambas regiones debían andarse con cuidado por el riesgo de ser atacados. Sería necesario llevar a cabo otra junta con los señores del Sur, para llegar a un arreglo y buscar nuevas vías de intercambio, en las que ambos gobernantes se comprometieran con la protección de sus respectivos siervos. A final de cuentas, eran éstos los que llevaban y traían mercancía e información que beneficiaba a los dos reinos. Irasue hizo a un lado el último papel y miró al cielo. Ya estaba algo cansada, así que se quedó viendo la luna, que aún permanecía plateada y enorme. Su mente se relajó y de nuevo los recuerdos fluyeron.

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La joven Inugami se encontraba mirando una cartografía, donde aparecían marcados los límites de diversos territorios. Leía con atención las acotaciones y con el dedo índice delineaba cada marca y simbología, al tiempo que aprendía lo que representaba. Estaba tan entretenida, que no se percató de la presencia de su madre a sus espaldas. —Se supone que deberías estar aprendiendo sobre la etiqueta para ceremonias reales, en vez de perder el tiempo con mapas— reprendió. Su hija se sobresaltó por un momento e inmediatamente dobló los pergaminos. —Ya estudié eso, madre— volteó a mirarla. —Y no tiene nada de malo que quiera aprender otras cosas, y más si tienen que ver con gobernar un territorio. — —Hija, tú no deberás preocuparte por eso, son temas de los que se encargará tu futuro marido. — Irasue hizo un gesto de molestia por las palabras de su madre, no le agradaban esas ideas tan limitativas. —¡Eso no me parece justo!, ¡Yo soy la heredera del Oeste, por lo tanto, también tengo injerencia en todos los asuntos que atañen a estas tierras! — reclamó. La demonesa mayor la miró fijamente por unos segundos, pensando en cómo refutarle sus palabras. Pero sabía que la rebeldía innata de su hija no desaparecería, y si trataba de convencerla, más se empecinaría en llevarle la contra. Desde pequeña siempre se mostró en desacuerdo con varias reglas de su jerarquía, a pesar de la estricta educación que recibió. Quizás si hubiese nacido en otra familia de menor rango, no estaría discutiendo su falta de libertad en éste momento. Lamentablemente, la primogénita, e hija única, de la casa InuYoukai, tenía una obligación imposible de eludir. —Está bien, no voy a discutir contigo. Pero te pido que seas más discreta, recuerda que en nuestra sociedad se aprecia mucho que una mujer sea reservada y moderada en varios aspectos— explicó la madre. Un sonoro suspiro de aburrimiento se escuchó, y al ver la mueca disgustada de su hija, no le quedó más remedio que alzar la voz. —¡Escúchame bien Irasue, no voy a impedir que aprendas, pero sí te voy a exigir que cumplas con tus deberes! — dijo, aproximándose a ella y mirándola a los ojos con expresión severa. —¡Y no esperes que tu padre sea tan flexible como yo!, ¡Si él nota que no estás esforzándote para tu futuro matrimonio, tomará la decisión de escoger a tu marido sin siquiera preguntarte! — En ese momento, Irasue comprendió que no tenía muchas alternativas. La advertencia de su progenitora no era para molestarla, pues sólo le estaba diciendo que no debía echar a perder la poca libertad que aún poseía. Su padre era un hombre estricto, siempre fijado y rígido en el cumplimiento de las normas y tradiciones de la nobleza. Si él se enteraba que su hija le daba más importancia a los estudios que a convertirse en una “esposa digna”, probablemente la castigaría. Volvió a suspirar lento e hizo una reverencia. —Lo comprendo muy bien, madre. No volverá a suceder. — … El tiempo continuó su marcha. La escrupulosa etiqueta de comportamientos e ideología que debía demostrar una “esposa digna”, fue aprendida al pie de la letra por la joven demonesa. No le fue difícil, era inteligente y sabía qué hacer y qué decir, para complacer a las personas que la evaluaban cada día de esas largas semanas previas a su mayoría de edad y futuro compromiso. No obstante, también se dio su tiempo para leer y educarse en otras disciplinas. Quizás no podía tener la autonomía de otras mujeres, pero tampoco estaba dispuesta a someter su hambre de conocimiento. … Finalmente, llegó la fecha señalada para el comienzo del cortejo. Los preparativos para la ceremonia de presentación estaban casi listos. En poco más de doce horas, comenzarían a llegar los candidatos elegidos por el actual señor del Oeste, para que su primogénita los conociera y evaluara. Sería un evento en el cual lo mejor de la sociedad youkai estaría presente. Evidentemente, todos pertenecían a casas nobles, e incluso había algunos pretendientes originarios de las tierras continentales. No todos provenían del linaje Inugami, aunque eso no era inconveniente si poseían sangre noble y estatus social. El padre de Irasue deseaba que contrajese nupcias con otro de su misma especie. Sin embargo, tomó la decisión de permitirle escoger a su futuro marido, así que optó por convocar a los mejores candidatos. Diferentes especies de youkais, pero todos de gran estirpe y poder. Sin lugar a dudas, todo era con miras a forjar una fuerte alianza que beneficiase al Oeste. La casa InuYoukai no renunciaría a su dominio por encima de las demás zonas cardinales, y la mejor forma de conservar el poder, era con matrimonios arreglados entre poderosas familias. … Atardecía cuando Irasue se encaminó al salón principal, su progenitor la había mandado a llamar. —Aquí estoy, padre— se anunció desde la puerta. El viejo Inugami permanecía de pie, mirando por el gran ventanal. Su aspecto maduro y serio provocaba respeto y algo de temor. La luna en su frente y las zigzagueantes líneas de sus mejillas le daban un porte distinguido. Vestía de manera formal, sin armadura y con el cabello grisáceo recogido en una larga trenza. La tonalidad de sus ojos era de un frío ámbar, pero su mirada ya reflejaba cansancio. Llevaba gobernando varios siglos y la longevidad ya pesaba sobre sus hombros. Era tiempo de pasar el poder, pero para ello, su heredera debía casarse. —Hija, acércate por favor— pidió. La joven llegó a su lado y puso atención a lo que su padre observaba. El ocaso pintado de colores brillantes era común en esas fechas, y generaba una vista inmejorable de la región. Eran buenos tiempos, la prosperidad de las tierras Occidentales se podía apreciar claramente, así como la paz entre territorios y la, relativamente tranquila, coexistencia con humanos y seres menores. —¿Estás lista para el día de mañana? — preguntó él. —No, padre— respondió sin mirarlo. —Es algo que no termino de entender, pero estoy dispuesta a poner todo de mi parte para ser una esposa digna del siguiente Lord del Oeste. — El viejo Inugami exhaló despacio y después volteó a mirarla. Ella hizo lo mismo, esperando escuchar algún regaño. —Sé que no es fácil, pero así debe ser, y confío en que tomes la mejor decisión para el bien de éste reino y de la casa InuYoukai. — —Sacrificando mis propios deseos— pensó ella. —Eso haré, padre. — El soberano asintió, satisfecho con la respuesta de su hija. Para él, era fácil pensar que ella ya había asimilado la idea desde hace tiempo. No importaba si tenía dudas o si no quería hacerlo. Esto se llevaría a término, porque era costumbre y tradición, porque era casi una ley inmutable, y jamás se esperaría que una hembra de sangre noble, pudiese desear otra cosa que no fuera el convertirse en la compañera de un poderoso Lord. Sumisión y obediencia, ese era el mundo de Irasue. —Puedes retirarte— indicó. Ella abandonó el lugar en silencio. Ahora sólo debía revisar una vez más el elegante vestuario que usaría mañana. … Al día siguiente. Todo el palacio de Occidente estaba muy activo. Desde temprano, la servidumbre se había preparado para recibir a la crema y nata de la sociedad youkai. Las actividades comenzaron, y estas iban desde recibir a los invitados, hasta ofrecerles alimentos y espectáculos de entretenimiento. El escenario se volvió común: Pláticas entre hombres, risas disimuladas de las mujeres, y el ajetreo general que implicaba un evento de ese tipo. Los soberanos del Oeste permanecían en medio del barullo, saludando a sus semejantes, riendo con las buenas nuevas de otras regiones, platicando acerca de futuras alianzas y, sobre todo, escuchando las justificaciones de por qué el hijo de tal familia, era el mejor candidato para casarse con su heredera. Por otro lado, Irasue continuaba en su habitación. No había prisa por salir a recorrer la fiesta. Estaba reclinada en el barandal de su ventana, mirando al cielo. Su hermoso kimono con bordados rojos y dorados permanecía impecable, así como el elegante tocado de joyas que decoraba su largo cabello plateado. No obstante, por su cabeza sólo pasaba la idea de que estaba a punto de ser encadenada para siempre. Un grupo de grullas blancas pasó volando a lo lejos, dirigiéndose al sur para anidar. El vuelo de las aves representaba un sueño que jamás se cumpliría: La libertad de ir y venir a donde quisiera, el libre albedrío de ser y hacer lo que deseaba. Suspirando por décima vez, observó a la parvada hasta que se perdió en el horizonte. En ese momento, desvió la mirada hacia el patio lateral. Estaba a punto de tomar la decisión de ir a la reunión, cuando de pronto, notó a alguien caminando por el jardín. Enfocó su vista y pudo ver que se trataba de un joven de llamativo porte, con atuendo oscuro y curioso color de pelo. —¿Y ese quién es? — Se le hizo un poco extraño, porque los ademanes del sujeto indicaban que parecía desorientado. Tal vez se había perdido en medio de los jardines, los cuales eran extensos y un poco laberínticos. Decidió que era más entretenido ir a investigar que presentarse ante los invitados. Después lo haría, pues a final de cuentas, debía convivir con todos sus pretendientes tarde o temprano. Salió de su habitación y miró el largo pasillo. No había nadie, así que se encaminó a la parte posterior del lugar, pues ahí existía un sendero que pasaba por un estanque, el cual estaba junto a los jardines laterales. Caminaba con algo de lentitud, ya que su atuendo era bastante estorboso. Afortunadamente no había servidumbre a la vista, todos estaban en el patio principal, atendiendo a los invitados. Unos pasos más y pudo distinguir al youkai, el cual estaba ahora reclinado en un frondoso árbol con las manos por detrás de la nuca. Desde su posición podía verlo perfectamente, aparentaba tener su misma edad, vestía un uniforme negro de pies a cabeza, protegido por una armadura en tonos carmesí oscuro, con brazaletes y faja del mismo color. Era de tez clara y con largo cabello lila que le llegaba a media espalda. Tenía los ojos cerrados y masticaba una ramita seca con los dientes. A la joven demonesa se le hizo curioso el color de su pelo, no era común en los youkais de esos lares. Entonces comenzó a caminar hacia el jardín, y en ese momento, pudo notar su energía sobrenatural. Aunque el extraño invitado parecía tranquilo, el aura que emanaba era enigmática, y ella no pudo distinguir a cuál especie pertenecía. —¿Qué estás haciendo aquí? — preguntó Irasue. El joven demonio abrió los ojos de golpe y aspiró accidentalmente la ramita, provocando que se atragantara con la misma. Algunos segundos después, cuando recuperó el aire, volteó hacia la joven con gesto nervioso. —Yo… sólo estaba admirando… los bellos jardines— habló despacio, haciendo una leve inclinación de rostro. La Inugami lo miró detenidamente, sus ojos eran de un intenso color violeta, y la expresión general de su rostro reflejaba cierta amabilidad. —¿Acaso te perdiste? — cuestionó ella. —Sólo al inicio, pero ya sé cómo regresar. No era mi intención importunarla señorita, así que me retiro— se disculpó, dispuesto a marchar en dirección contraria, pero ella lo detuvo con otra pregunta. —¿Eres uno de los invitados? — Él dudó por un instante en contestar. —Este… sí, así es… aunque realmente no quisiera estar aquí— murmuró por lo bajo. Irasue alzó una ceja, sorprendida, pues todos en ese evento estaban ahí precisamente por ella. Para tener una oportunidad de cortejarla y aspirar a convertirse en el nuevo señor del Oeste. Sin embargo, aquel raro youkai parecía querer salir corriendo de ahí, ya que se notaba inquieto y no le prestaba mucha atención a ella. Es decir, a la distancia se notaba que Irasue era la princesa de ese palacio, pero él la miraba indiferente, como si fuese una demonesa común que encontraría en cualquier otro lado. —Si no quieres estar aquí, ¿Por qué viniste? — quiso saber. —Mi padre me trajo— explicó, relajando un poco su expresión. —Quiere que conozca a la heredera del Oeste y que intente cortejarla. — —¿Ah si, en serio? — ella sonrió levemente, consciente de que el demonio de pelo lila no sabía ante quién estaba. —Sí, pero creo que se equivoca, dudo que una hembra de su nivel, se interese en alguien de nuestro tipo— respondió con bastante naturalidad en sus palabras. —¿De dónde vienes y cuál es tu especie? — volvió a interrogar Irasue. De pronto, sentía curiosidad por saber más acerca del joven perdido en los jardines que no la reconocía a primera vista. —Disculpe señorita, pero creo que yo no debería estar aquí, contestando esas preguntas sin siquiera saber quién es usted— se mostró reacio. —Eso no importa, sólo responde— insistió ella. —¿A cuál casa noble perteneces?, el aura que desprendes jamás la había percibido en otros demonios, así que lo más probable, es que provengas de tierras continentales, ¿No es así? — Los ojos violetas del youkai parpadearon con evidente sorpresa, ella había deducido algo que lo inquietó de nueva cuenta. Tuvo la intención de responder, cuando de repente, se escuchó el sonido de unos tambores provenientes del patio principal. La joven Inugami hizo un gesto de molestia, aquella era la señal de que debía presentarse ante los demás. Era el momento de empezar con la ceremonia de bienvenida para los pretendientes. —Debo irme, señorita— se despidió él con una rápida reverencia. Irasue lo miró alejarse velozmente por entre los jardines, quedándose con la duda de quién era. Aunque tal vez lo sabría dentro de poco, cuando su casa noble se presentase ante los señores del Oeste. Exhaló de nuevo y comenzó a caminar de regreso. Debía hacer su entrada por la puerta principal, ante los ojos de todos. El momento había llegado.

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Una sutil sonrisa se formó en el rostro de la demonesa, aquel recuerdo le era muy grato. El primer encuentro con el youkai de ojos violetas significaba mucho para ella.

***

Continuará…
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