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Capítulo 5: Pretendientes Tierras fronterizas del Este. Un pequeño grupo de humanos y una carreta recorrían un sendero flanqueado de árboles. Su andar era cauteloso y el soldado que lideraba, permanecía alerta, mirando en todas direcciones. Sin embargo, por muy bien entrenado que estuviera, le era imposible detectar el peligro que los observaba a unos cuantos kilómetros. A una distancia considerable, en lo alto de la colina que sobresalía de ese bosque, un par de ojos ambarinos observaba el avance de la caravana. El viento sopló de manera casi imperceptible, pero fue suficiente para brindarle información al acechante. Había captado el olor del demonio pulga que viajaba con esas miserables criaturas. El fiel sirviente de su padre. Su gesto frío no cambió, pero los músculos de su mandíbula se tensaron levemente en un claro gesto de rencor. La pulga Myoga siempre sería fiel a InuTaisho, incluso después de la muerte de éste. Y ahora marchaba con ese grupo de humanos por algún motivo en especial. Grave error, porque solamente facilitó la tarea de búsqueda para el primogénito de su difunto señor.:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:
Territorio Occidental. Nuevamente amaneció y la señora del Oeste se pasó toda la noche en su diván. Prefería estar en aquel sitio en vez de dirigirse a sus aposentos. No tenía ganas de poner un pie en la alcoba principal por el momento. El olor de InuTaisho aún persistía en sus pertenencias y en general en todo el lugar. A pesar de sus cínicas acciones, tuvo el descaro de pasearse campante por todo el palacio como si nada. Sin la más mínima muestra de vergüenza o remordimiento, y sin preocuparle en absoluto el seguir ocupando el lecho que compartieron ambos durante demasiado tiempo. Ya desde hace algunos años, dicho lugar solamente era una zona temporal de reposo para dos desconocidos que sólo compartían el vínculo de estar casados para siempre, y el haber engendrado un hijo para continuar con el linaje Inugami. Pero nada más. Irasue no podía entender por qué los sentimientos de repulsión hacia su difunto esposo comenzaron a emerger recientemente con gran fuerza. Quizás porque en el pasado, tuvo que tragarse su rencor y soportar el dolor en silencio, detrás de aquellos muros. No le quedó opción, haber sido la esposa del gran demonio de Occidente, implicó cargar un pesado grillete. Aunque no quisiera, debía lidiar con las consecuencias emocionales de la viudez, incluyendo los desconcertantes periodos de ira y frustración acumulada que, tarde o temprano, se manifestarían. Pero, de momento, no tenía tiempo para eso, los asuntos pendientes no se resolverían solos, y menos si su desaparecido hijo no daba señales de volver pronto. Podría intentar buscarlo con la piedra Meido, pero sabía que, si él estaba ocultándose a propósito, el poder de la joya no lograría localizarlo. Se desperezó un poco e hizo sonar una campanita que tenía en una mesa contigua. De inmediato, una sirvienta llegó ante ella, inclinando la frente. —Prepara mi ducha matutina y después, que dispongan mi desayuno aquí mismo— ordenó. —Sí, mi señora— confirmó la sierva, para luego retirarse. La demonesa miró el rollo de pergaminos que aún le faltaba por revisar. Chasqueó la lengua en gesto de aburrimiento, pero sabía que tarde o temprano debía leerlos. Se levantó, agrupó los que estaban listos, y se dirigió al despacho donde se encontraba el Kamaitachi. Al entrar a la habitación, vio al viejo demonio leyendo y tomando notas. No parecía haber dormido, pero tampoco se notaba cansado. Esas criaturas eran bastante activas y decididas cuando tenían una idea metida en la cabeza. Sabía perfectamente que el escribano se encargaría de arreglar “políticamente bien”, todo lo que InuTaisho pudiera haber dejado mal. Pero claro, la paga debía ser generosa, aunada a la garantía de que siempre sería bien recibido y protegido por la casa InuYoukai. —Buenos días, mi Lady— saludó. —Buen día escribano, ¿No piensas dormir? — —Soy viejo mi señora, el sueño ya no llega a mi tan fácilmente y en realidad no lo necesito en estos momentos. — Ella caminó al escritorio y depositó los rollos. —Encárgate de enviar a los mensajeros, es tiempo de arreglar esto— indicó. La comadreja hizo un gesto de confirmación y siguió escribiendo. … Dos días después. Irasue estaba molesta, su hijo Sesshomaru apenas se había dignado a regresar. Mirando a lo lejos, sin enfocar su atención en nada, permanecía apoyada en el barandal de un balcón, cuando notó la presencia de su heredero acercándose al palacio. Exhaló despacio, tratando de mantenerse serena, pensando en la mejor forma de hablar con él sin tener que regañarlo. Se escucharon pasos ligeros, Sesshomaru estaba subiendo las escaleras que llevaban al palco. La demonesa no volteó cuando él se detuvo a sus espaldas, pero de inmediato lo interrogó. —Por fin has vuelto, ¿Dónde estabas? — —Buscando— respondió secamente. Una vena de irritación comenzó a hincharse en su frente, esa simple contestación empezó a sacarla de sus casillas. No podía entender por qué su hijo no tomaba más en serio sus responsabilidades. Probablemente ella tenía la culpa por haberlo malcriado de cachorro. Ningún hijo de demonios poderosos y longevos tiene en mente asumir compromiso alguno cuando ha llevado por mucho tiempo una vida fácil y resuelta. —Pregunté dónde estabas, no lo que hacías— dijo, sin voltear todavía. —Estaba en las tierras del Este— respondió Sesshomaru con indiferencia. Irasue se masajeó el puente de la nariz y soltó el aire lentamente, consiguiendo mantener su voz severa, pero sin caer en el enojo. —Deja de hacer eso, ya no eres un niño, ahora tienes una gran responsabilidad y debes afrontarla. — —¡No quiero dejar esto así! — gruñó el joven Inugami, alzando la voz. —¡No es justo lo que hizo! — Un leve siseo por parte de ella se oyó. —¡La vida no es justa, ya deberías saberlo! — pronunció fríamente, a la vez que volteaba para mirarlo. —¡Ahora escucha con atención!, ¡No pienso tolerar tus caprichos, no ahora que tu padre ha muerto y todo el peso del reino se viene encima de nosotros! — Hizo una pausa al ver el gesto desconcertado que se formaba en el rostro de su hijo. —Es tiempo de que te encargues de tus obligaciones, ya tienes edad para hacerlo. — —Pero… ¡Maldita sea, ¿Por qué tengo que aceptarlo así nada más?! ¡Debo arreglar esto, es una deshonra dejarlo así, y mi orgullo no estará satisfecho hasta limpiar con sangre tal insulto! — respondió enojado. La demonesa comprendía muy bien el sentir de su vástago. El rencor que expresaba por lo que había hecho su padre era válido y aceptable. Sin embargo, no podía permitir que se obsesionara con una venganza. No tenía caso complicar más la situación, principalmente porque los otros Lores no serían tan pacientes con un gobernante distraído de sus deberes. —¡Retírate, no quiero seguir escuchando tus rabietas! — alzó la voz, dejando en claro que su paciencia había terminado. El joven demonio la miró por un par de segundos sin ser capaz de decir una sola palabra. La mirada de su madre era tan estricta y autoritaria, que terminó por someterlo. Bufó con molestia antes de darse la media vuelta y marcharse del lugar. Ella lo observó alejarse e hizo un gesto de negación con la cabeza. Todo esto era culpa de su marido. ¿Qué hijo no se pone rebelde o demuestra un comportamiento alterado cuando descubre que su padre ha decidido abandonarlo por otra familia? Y para empeorarlo todo, ahora también era consciente de que su progenitor había muerto por salvarle la vida a esa humana y a su bastardo. Definitivamente eso es algo que no se supera en un par de días, e Irasue lo sabía. A pesar de que Sesshomaru tenía la apariencia de un muchacho acercándose a la adultez, en términos de edad youkai, aún era bastante joven y no tenía la madurez necesaria para sobrellevar una situación como esa. Lo que significaba que los problemas del Oeste debían esperar un poco más. Dirigió su mirada al cielo nuevamente. —Sí que fuiste un estúpido al tomar esa decisión InuTaisho, ahora que ya no estás aquí, debo lidiar con los problemas que dejaste y los berrinches de éste mocoso inmaduro— pensó. Suspiró con lentitud y se dirigió al otro extremo del palacio. Caminó hasta llegar a un área delimitada por unas mamparas decoradas con dibujos de todo tipo de flores. El ambiente cambió de temperatura cuando ingresó a la zona de aguas termales. Un par de sirvientas ya la esperaban para ayudarla. Retiraron su atuendo y ella entró al agua, dejándose llevar por la agradable sensación. Su mente necesitaba un poco de descanso, así que se tomaría el resto de la tarde libre. Con una señal indicó que la dejaran sola y luego cerró los ojos, quedándose así por largos minutos. Sus recuerdos iban y venían, resurgiendo de manera inesperada.:*=*=*=*=*=*=*:
El sonido de los tambores fue disminuyendo conforme Irasue salía por la puerta principal. Todos la observaban, todos la admiraban y algunos la deseaban. Su belleza era innegable, pero contrastaba con su gesto frío y altivo. Su tocado de joyas brillaba sobre su cabello, haciendo una combinación perfecta con su hermoso kimono. A cada paso que daba, dejaba en claro que ella era la heredera y que no sería tan fácil ganar su favor. Sus padres la miraron con orgullo, sabían que su hija era digna representante de la casa InuYoukai y que sería la esposa perfecta para el próximo gobernante. Los demás invitados sonreían y murmuraban acerca de su porte y distinción. Cada pretendiente se mantuvo atento, escuchando consejos de sus familiares, quienes les deseaban suerte para ser el elegido. Irasue descendió con paso elegante por las escaleras y cuando llegó al final, saludó con una formal inclinación. —Sean todos bienvenidos. — El gesto fue correspondido por los asistentes, para luego comenzar a ubicarse en los lugares designados, la presentación daría inicio. Los ojos ambarinos de ella recorrieron rápidamente a toda la multitud, evaluándolos y pensando en cuanta hipocresía e interés ocultaban debajo de aquellas sonrisas. No eran pocos, ya que cada aspirante venía acompañado de uno o más parientes, así como de algunos miembros de sus respectivas cortes. Entonces alcanzó a distinguir al joven de cabello lila, quien la miraba con gesto desconcertado. Vaya sorpresa que se había llevado. Imperceptiblemente le dirigió una sonrisa comprensiva, si él provenía del continente, era lógico que no supiera quién era ella. Notó que alguien lo llamaba, un demonio adulto parecido a él, tanto en aspecto físico como en indumentaria. Ambos se movieron y ella los perdió de vista. —Bien, aquí vamos— pensó, mientras caminaba a la mesa principal, donde compartiría espacio con sus progenitores. Después de tomar asiento al lado izquierdo de su padre, volvió a pasear la mirada, buscando a los demonios de oscuras vestimentas, el aura que emanaban la tenía intrigada. Y no sólo a ella, otros youkais también podían sentirla y se mostraban un poco recelosos de su cercanía. No obstante, eso era lo de menos, porque en un evento como éste, quedaban terminantemente prohibidas las rencillas entre especies, so pena de recibir un castigo por faltarle al respeto al palacio del Oeste. La voz grave de un viejo Kitsune se dejó escuchar. El portavoz del Lord, consejero, maestro de ceremonias y ministro encargado de oficiar el futuro matrimonio. Un youkai de gran respeto que ya estaba al servicio del Inugami antes de que ella naciera. —Ahora daremos inicio— se aclaró un poco la garganta. —Cada uno de los candidatos pasará al frente, se presentará como es debido, enunciará su estirpe y declarará su ofrecimiento por la mano de la señorita Irasue. — Algunos cuchicheos y comentarios se oyeron. Todos los espectadores dirigieron su atención al centro del patio. Esta zona era el escenario de presentación y toda la concurrencia formaba un semicírculo alrededor, con espacios perfectamente delimitados. Cada uno de los cinco pretendientes permanecía sentado en primera fila y sus familiares inmediatamente atrás, en segunda línea. Ya tenían designados sus turnos de acuerdo al orden en que fueron invitados por el señor de Occidente. El primero en levantarse fue un demonio de rasgos felinos que caminó con paso seguro hasta quedar frente a los anfitriones. Hizo una marcial reverencia y se presentó. —Mi nombre es Kurotsume, soy hijo de la casa ToraYoukai y mi linaje desciende de los tigres blancos de las montañas boscosas. — Irasue lo miró con detenimiento, la forma humana del demonio tigre era muy llamativa. Alto y corpulento, con rasgos fuertes y unas llamativas rayas negras por toda su piel, las cuales hacían juego con su oscuro y largo cabello. Sus ojos azul zafiro reflejaban mucha seguridad y su sonrisa era bastante altiva. Vestía con atuendo y armadura en colores rojos brillantes. Seguramente era de ideología militar y quizás pertenecía a las especies belicosas que les gustaba demostrar su fuerza bruta. Ella suspiró con indiferencia, no podía sacar conclusiones hasta que comenzase a tratarlo. —Yo ofrezco una alianza militar, mi ejército estará a su servicio. Nosotros somos guerreros natos y jamás nos rendimos en una batalla— continuó hablando el enorme felino. —Prometo mi lealtad y la de mis soldados para el Oeste, jamás habrá enemigo que no podamos vencer. — La casa ToraYoukai era una de las más poderosas militarmente hablando. Esas criaturas eran hábiles guerreros, magistrales estrategas y, además, tenían dominio completo de las montañas que hacían las veces de muralla protectora para Occidente. Tal vez eso es lo que tomó en cuenta el Lord para elegirlo como candidato. Un reino jamás tiene suficiente poder defensivo para conservar la soberanía a toda costa. Una vez que terminó de hablar, la joven demonesa se levantó e hizo un ademán de bienvenida con la mano. Aquella era la señal para agradecer sus palabras e indicar que ahora podía tomar asiento de nuevo. El tigre se inclinó y después retrocedió a su lugar. El segundo en caminar al centro del patio fue un youkai de aspecto refinado, con un extraño y sutil brillo que se desprendía de su cabello rubio. Su andar era agraciado, sus gestos corporales indicaban una pulida educación y cuando llegó ante los gobernantes, habló con agradable tono de voz. —Me llamo Gakinmaru— dijo, al mismo tiempo que se agachaba respetuoso. —Pertenezco a la nobleza Lepidóptera de las tierras continentales, mi familia desciende de la casta dorada. — La joven heredera alzó una ceja con algo de sorpresa, aquel muchacho era representante de una especie de demonios polilla nocturnos. Tenían poderes sobrenaturales para controlar y manipular a otras criaturas, basándose en las propiedades de su seda y en el polvillo que desprendían sus alas. En su forma humana, el destello de su pelo era un rasgo indicativo de esta habilidad, y también significaba que era superior a otros tipos de youkai insecto. Era joven y atractivo, de cabello rubio sujetado en una coleta baja, con ojos anaranjados y piel pálida. Vestía de manera formal con un atuendo sumamente pulcro y elegante, en colores amarillos, lo que dejaba en claro que era muy acaudalado. Y no era para menos, la seda que podían crear estos demonios, era la más fina y resistente que existía. Por lo tanto, la más deseada por otras criaturas, e incluso por los seres humanos. —Mi ofrecimiento consiste en riqueza y bienes, puedo proveer todo lo que desee la heredera y todo lo que necesiten estas tierras— finalizó con una gran sonrisa. De inmediato, Irasue comprendió que su padre lo había seleccionado por eso, por su poder adquisitivo. Si tienes riqueza, tienes poder para hacer y deshacer a placer. Ella se levantó de nuevo y le dio la bienvenida con otro movimiento de su mano. El demonio agradeció y tomó asiento. De repente, se sintió una extraña sensación en el aire, el tercer pretendiente se había puesto de pie y ya caminaba hacia la mesa de los señores de Occidente. Se escucharon susurros nerviosos y algunas respiraciones agitadas, pues el aura de aquel demonio los había inquietado bastante. La joven Inugami clavó su mirada en él, se trataba del youkai de cabello lila. Volteó para ver la reacción de sus padres y notó que ellos estaban calmados, al parecer, conocían la especie a la que pertenecía y no se mostraban para nada preocupados. El muchacho caminó con paso firme hasta quedar frente a ellos. Ya no parecía nervioso y sus ojos violetas miraban ahora con curiosidad a Irasue. Tal vez su padre por fin lo convenció de que podría cortejar a la heredera. Saludó ceremonioso y procedió a presentarse. —Mi nombre es Narashinki— hizo una pausa y levantó la vista hacia Irasue. —Pertenezco a la casa Shinigami continental, y mi linaje… desciende del otro lado. — Del “otro lado”, significaba otra dimensión. Los murmullos aumentaron y algunos invitados se alteraron un poco más. La joven heredera no entendía bien porqué, pero se daba una idea, ya que uno de sus pretendientes era un ser con la capacidad de controlar la vida y la muerte. Se trataba de un demonio emparentado con la estirpe del inframundo, lo que significaba que era más poderoso que los Shinigamis de éste plano existencial. Una criatura a la cual temen otros seres sobrenaturales. En pocas palabras, el joven de cabello lila podría significar una alianza más que poderosa para la casa InuYoukai. Sin lugar a dudas, el Lord quería asegurar el dominio del Oeste de forma permanente. Al menos eso es lo que intuyó Irasue al notar que sus progenitores le daban una sutil mueca de aceptación al candidato frente a ellos. —Silencio por favor— dijo el Kitsune presentador. Con un leve movimiento de su mano, ella le indicó al Shinigami que continuara. Lo miró tomar aire y soltarlo despacio, al parecer, no había querido revelar la información acerca de su linaje, aunque era obligatorio hacerlo. —Ofrezco el poder de la casa Shinigami para el Oeste, así mismo, juro lealtad y respeto para la heredera. — Eso era todo lo que tenía que decir, no necesitaba hablar más. Su estirpe lo precedía y era innecesario explicar lo que significaría una unión como esa. ¿Quién no desearía una alianza con una de las casas más poderosas que existían en el mundo youkai? Irasue lo comprendía perfectamente y también pudo notar algo más. El Shinigami demostraba cierto grado de empatía en su mirada. Algo que los demonios de alto rango no solían poseer. Ella se incorporó y de nuevo hizo el ademán con la mano levantada, aceptando su presentación. Él se retiró con otra reverencia, regresando con su padre. La heredera pudo notar que solamente ellos dos estaban ahí, en representación de su noble casa, los demás eran sirvientes y guardias personales. Ahora sólo faltaban dos pretendientes. Una sirvienta se aproximó con una redoma, para luego servir su contenido a los gobernantes y a Irasue. Antes de que ella pudiera dar un trago, los rumores empezaron una vez más, pero ahora en un tono de admiración. El cuarto aspirante ya se dirigía a su mesa con paso marcial y altivez en la mirada. Irasue lo observó con atención al ver que se trataba de un ejemplar de su misma especie. El youkai se postró con una rodilla al suelo y después saludó formalmente. —Yo soy InuTaisho, de la nobleza InuYoukai, descendiente de los guerreros caninos de las costas Occidentales— declaró con orgullo en la voz. Los cuchicheos confirmaron lo poco que la joven heredera había escuchado acerca de él. En el territorio, existían varias familias de la especie Inugami, algunas con alta jerarquía en la sociedad youkai. InuTaisho pertenecía a una de ellas y desde joven inició su carrera militar. En resumen, se trataba de un guerrero con un amplio historial de triunfos en batallas y se rumoreaba que estaba en camino de alcanzar el rango más alto de conquistas sobre otras regiones, cuyos beneficios y botines favorecían al Oeste. De nuevo, otra sutil mueca de aceptación para el pretendiente que sólo Irasue pudo notar, pero únicamente por parte de su padre. En cuanto a su madre, ésta miraba a InuTaisho con algo de desconfianza. Ya le preguntaría más tarde acerca de su gesto, por el momento, su mirada lo examinó a detalle. Llevaba el cabello plateado recogido en una coleta alta. Vestía armadura en tonos grises y su tez revelaba que pasaba mucho tiempo al aire libre. Su mirada dorada reflejaba autoridad y algo más que ella no pudo identificar. Sin lugar a dudas, era un poderoso Inugami, ya que las marcas faciales de su rostro eran un rasgo común en los especímenes más fuertes. Entonces, esto se traducía como otra potente alianza para el beneficio del reino Occidental. —Por la mano de la señorita Irasue, yo ofrezco llevar al Oeste más allá de la cima del poder, por encima de las demás regiones cardinales y fuera de éste país— declaró con vanidad. —Lo lograré como sea, nada ni nadie me detendrá, y no importará lo que tenga que hacer para conseguirlo. — Más murmullos por aquí y por allá. Al parecer, muchos en esa reunión admiraban al guerrero InuTaisho. Irasue alzó una ceja en gesto de extrañeza, él estaba prometiendo algo improbable. El Oeste tenía gran poder en esos momentos, así que, para alcanzar el ambicioso objetivo que prometía, se necesitaban más que simples palabras, y ella tendría que verlo con sus propios ojos para creerlo. Además, sonaba demasiado egocéntrico el desear tanto poder, sin mencionar el hecho de que estaba implícita la intención de hacerlo por la fuerza y no por negociación. Ella levantó la mano en señal de bienvenida. El Inugami agradeció y se marchó de nuevo a su lugar. Ahora era el turno del último pretendiente, a quien ya conocía de tiempo atrás. Un joven de aspecto cándido se acercó al centro del patio y, gesticulando exageradamente, se inclinó ante los gobernantes para saludar. —Yo soy Arashimaru, hijo de la noble casa NekoYoukai, de las tierras céntricas del Este y del Oeste— explicó en un claro tono de voz, mientras alzaba la vista y le sonreía a Irasue. —Mi estirpe desciende de los grandes Nekomata, manipuladores de la naturaleza. — Irasue le correspondió levemente la sonrisa. Éste demonio felino pertenecía al clan más grande de los gatos leopardo, cuya lealtad para con los señores de Occidente, era incuestionable. La casa NekoYoukai era muy importante e influyente, su relación con los Inugamis era cordial y de respeto. El mejor ejemplo de ello estaba en el hecho de que la señora del Oeste era amiga de la madre de Arashimaru. Por esto mismo se conocían y tenían cierta amistad. En su forma humana, el muchacho era simpático a simple vista. Su pelo azul claro brillaba a la luz del sol, lo llevaba corto y con algunos flecos en la frente. Sus ojos eran verdes y perspicaces, los cuales hacían juego con su blanca sonrisa. Vestía con atuendo sencillo pero formal, sin armadura, llevando consigo sólo una katana. —Yo prometo la lealtad de todos los clanes leopardo— indicó el felino, dirigiéndose principalmente al Lord. —Y pondré a disposición de la casa InuYoukai todos los poderes sobrenaturales de mi especie… sin límite alguno— finalizó, haciendo otra reverencia. Una alianza muy conveniente. La joven heredera pudo intuir que su padre lo había elegido como aspirante por la estrecha relación que mantenía con el líder supremo de los felinos, el gran Oyakata. Un poderoso Nekomata con habilidades de nigromancia. A decir verdad, la mayoría de estos youkais tenían poderes que controlaban los elementos de la naturaleza y se decía que, si alcanzaban cierta longevidad, podían adquirir destrezas místicas para manipular a los muertos. Un poder parecido al de los Shinigamis, sólo que en menor grado. La primogénita le dio la bienvenida a sus palabras y le indicó que podía tomar asiento. Tan pronto el último candidato se retiró, ella se levantó de la mesa y caminó hasta llegar a donde estaba el Kitsune presentador. La ceremonia de bienvenida había terminado, ahora la celebración debía continuar. —Gracias a todos por estar aquí— dijo Irasue, dirigiéndose a toda la concurrencia. —Sus palabras han sido escuchadas y sus promesas aceptadas— miró a cada uno de los cinco pretendientes. —Que continúe el cortejo. — Todos ellos hicieron una reverencia final. Ahora comenzaría el verdadero desafío: Ganarse el favor de la heredera del Oeste.:*=*=*=*=*=*=*:
La demonesa abrió los ojos de golpe, aquel recuerdo había sido muy vívido. Mientras salía del agua y se colocaba una suave yukata, no pudo evitar reconocer que ese corto periodo de tiempo fue entretenido, al menos al principio. El haber tenido la oportunidad de interactuar con sus pretendientes le dio la oportunidad de conocerlos y elegir al mejor. Lamentablemente, el destino tuvo planes muy diferentes.***
Continuará…