ID de la obra: 1268

La Reina de Plata

Het
G
Finalizada
1
Fandom:
Tamaño:
276 páginas, 109.466 palabras, 30 capítulos
Descripción:
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6. Tensión

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Buenas noches: Sé que voy lenta, el trabajo me quita mucho tiempo. Les dejo el sexto capítulo y de antemano les doy las gracias por sus comentarios. Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo sólo escribí la historia por gusto y diversión.

***

Capítulo 6: Tensión Territorio del Sur, palacio Austral. Un youkai alado miraba fijamente al suelo, en espera de las órdenes de su señor. Estaba frente a la mesa de trabajo de Lord Karasu y éste permanecía sentado, leyendo con mucha atención un pergamino. —No, definitivamente no— dijo con algo de molestia. —Lady Irasue quiere modificar las condiciones de nuestro acuerdo y eso no es muy conveniente para el Sur. — A su derecha, estaba un Tengu rojizo, quien expresó su opinión. —Pero mi señor, lo que plantea la señora del Oeste tiene lógica, si los humanos han comenzado a emboscar a los mercaderes, será necesario ofrecer protección y otras rutas de viaje. — —Esa hembra no sabe lo que dice, cree que es tan fácil buscar rutas nuevas en estos territorios— dijo el Lord con desdén. —Para la protección se requeriría enviar más soldados, lo cual es un problema, ya que no hay suficientes. — El demonio cuervo tenía razón hasta cierto punto. Los guerreros alados que le servían, estaban cuidadosamente distribuidos para proteger los límites territoriales y el palacio. No eran suficientes como para asignar un grupo de vigilancia a los comerciantes. Ese era el inconveniente, sólo los youkais alados podían proteger de manera eficiente el viaje de la mercancía y a sus portadores. De lo contrario, tendría que emplear a otros súbditos, los cuales únicamente podían andar por tierra. Pero esto haría que fuera más lento el viaje e igual de arriesgado. —Entonces, ¿Qué es lo que hará, mi señor? — preguntó el Tengu rojo. El Lord del Sur cerró los ojos y meditó por algunos segundos. —Bien, quizás podamos obtener algo de ventaja de esta situación— sonrió de manera caprichosa. —Quiero que redactes una nueva lista de tributos, deseo obtener más ganancias si voy a enviar a mis guerreros a vigilar las caravanas. — El asistente tuvo la intención de decir algo más, pero sabía que su líder no le haría caso. El problema vendría después de que el mensajero entregase la respuesta en el palacio del Oeste. En el pasado, InuTaisho había sido bastante paciente con su homólogo cardinal respecto a los acuerdos comerciales. Pero ahora, era poco probable que la viuda tuviera ese mismo nivel de tolerancia para los caprichos del Lord. Las nuevas condiciones fueron redactadas tal y como ordenó Karasu. Posteriormente, el youkai mensajero recibió el pergamino y se marchó rápido para entregarlo.

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Algunos días después. Territorio Occidental. Sesshomaru leía sin mucha atención el lote de papeles frente a él. No estaba concentrado en sus deberes como nuevo Lord de esas tierras. Y menos ahora que ya tenía ubicado el paradero de la mujer y su cría. Recientemente los había rastreado hasta un valle en los límites del Este. Permanecían refugiados en una mansión de campo, ocultándose de otros humanos que también los perseguían. El joven Inugami sonrió levemente, sus presas creían estar a salvo de él. A lo largo de los últimos días, sus pensamientos se mantuvieron agitados por el rencor. La única idea que se mantenía constante en su cabeza, era la forma en la que asesinaría a la princesa humana y a su bastardo. Él era consciente de sus obligaciones, pero su orgullo y el dolor que sentía en el pecho, estaban muy presentes todavía. El viejo Kamaitachi entró al despacho en ese momento, sacándolo de sus cavilaciones. —Lord Sesshomaru, aquí están las respuestas de los señores del Sur. Es necesario que le dedique tiempo a éste asunto para una pronta resolución— dijo, colocando los nuevos rollos frente al Inugami. El joven demonio se reclinó en el respaldo de su asiento, cerró los párpados y masculló alguna maldición entre dientes. Ya no tenía intención de seguir con esto, no por ahora. Y a pesar de que su madre le prohibió distraerse en otras cosas, decidió salir una vez más. —Encárgate de eso— contestó, mientras se ponía de pie y caminaba a la salida. —Tengo un asunto pendiente. — —Pero mi señor, usted debe… — se quedó en silencio al ver que el inmaduro gobernante ya se había ido. … Varias horas después. El enojo de Irasue no podía ser más evidente. —¡¿Dónde está mi hijo?! — preguntó irritada. —Mi señora, el joven amo salió esta mañana del palacio y no ha vuelto— contestó el escribano, quien sostenía varios pergaminos, algunas plumas de ave y un contenedor de tinta. —Espero que regrese pronto, es necesario que comience a revisar estos registros y que firme los acuerdos pendientes, de lo contrario, los señores del Sur se molestarán y podrían dejar de comerciar con nosotros— explicó nervioso. —Maldita sea, se comporta como un cachorro idiota, aún no entiende lo grave de esta situación— se masajeó las sienes mientras exhalaba lentamente. —Lleva todo a mi terraza, yo misma lo revisaré. — El Kamaitachi se retiró de inmediato. Irasue caminó a otro pasillo, rumbo al patio del lugar. Llegó a una zona de entrenamiento, donde un grupo de soldados practicaban. Tan pronto la vieron, todos hicieron una reverencia. —Envía a uno de tus hombres al Este, para que rastree a mi hijo— le ordenó al capitán de guardia. —Que no se dé cuenta, y tan pronto lo localicen, avísenme de inmediato. — —Sí, mi señora— asintió el youkai, para luego alejarse rápidamente. … Más tarde, la demonesa revisaba a detalle el acuerdo enviado por Lord Karasu. Al paso de los minutos, su rostro fue cambiando hasta formar una mueca de enojo. Entonces, tomó el pergamino por la mitad y lo rompió en varios pedazos, para luego arrojarlos al suelo con desprecio. Los demonios cuervo eran bastante ambiciosos y ella no tenía planeado seguirles el juego. —Estúpido InuTaisho, algunos de tus gestos amables dejaron consecuencias muy desagradables— se expresó fastidiada. La relación entre el Oeste y el Sur era ácida. Se toleraban porque era necesario, pero la mayoría de las veces, siempre tenían sus diferencias en temas de comercio, en cuestión de límites territoriales y en aspectos militares y de alianzas por conveniencia. Algunas décadas atrás, el gran InuTaisho recurrió a los Tengu como fuerza de choque para sus invasiones fuera del país. A cambio, Lord Karasu pidió algunas concesiones y caprichos para su beneficio propio y el de su gente. En pocas palabras, la relación entre ambos Lores fue un constante estire y afloje, pero sin llegar a la violencia. Sin embargo, Lady Irasue no era como su marido. —Estos idiotas creen que pueden verme la cara porque no hay un hombre haciéndose cargo— sonrió con altivez. —Pobres ignorantes, no saben que conmigo no se juega. — Sabía que los demás Lores aún no consideraban a su hijo Sesshomaru lo suficientemente centrado como para tomar las mejores decisiones. Así que, de momento, continuarían dirigiéndose a ella para los temas políticos y económicos. No obstante, había algunos nobles que tenían el descaro de subestimarla por el hecho de ser hembra. Hizo sonar la pequeña campana para llamar al escribano. —¿Llamó usted, mi Lady? — —Quiero que redactes una solicitud de aplazamiento para los señores del Sur— indicó. —Pero mi señora, eso generaría tensiones políticas con el territorio Austral— se expresó tímidamente la vieja comadreja. La demonesa lo sabía, pero ya era tiempo de poner en su lugar a esos pajarracos. Mientras Sesshomaru no leyera a conciencia y resolviera correctamente dichos temas, ella tomaría las decisiones más adecuadas para el territorio de Occidente. Si Lord Karasu no aceptaba, quien más perdería sería él. —No me importa, mi hijo es quien debe encargarse de esto, no tengo porqué solucionarle la vida, así que, tan pronto regrese, tendrá mucho trabajo por hacer— habló con firmeza y después amenazó. —Y si esos estúpidos pájaros tienen alguna objeción, que me lo digan de frente— sus ojos destellaron en un escarlata amenazante. El Kamaitachi asintió sin decir palabra alguna. No por nada Irasue continuaba siendo la soberana de aquellas tierras y nadie se atrevería a llevarle la contra, dado que aún conservaba el mismo poder y dominio que su fallecido esposo. Pero a veces, era necesario recordarles a los miembros de la nobleza que ella estaba al mando, les gustase o no. Al menos hasta que su caprichoso hijo tomase por completo el poder. … El crepúsculo ya descendía sobre el territorio. Irasue permanecía reclinada en el barandal del mismo balcón que siempre visitaba cada vez que debía meditar algo. Durante años, aquel había sido el sitio preferido de ella, donde presenció muchas pláticas, acuerdos, discusiones y sorprendentes confesiones. Su gesto reflejó algo de molestia al recordar las últimas palabras de su marido. Fue en ese mismo palco donde habló con él por última vez.

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—Me marcho, Irasue— dijo InuTaisho a espaldas de ella, quien miraba a la lejanía del cielo. —¿Estás seguro de la decisión que has tomado? — preguntó sin voltear a verlo. —¿Vale la pena morir por una humana? — —Jamás lo comprenderás, no es necesario que te esfuerces. Nos conocemos desde hace siglos y sé que nunca me darás algo más que un cariño fraternal. Lo nuestro siempre fue un compromiso político, respaldado por siglos de tradiciones y convenios de poder— respondió el gran demonio. —Pero antes de irme, quiero pedirte un último favor. — Un último favor. Siempre pidiendo para él, y sólo para él. La demonesa siguió mirando a la distancia sin girar el rostro, no quería que esto se extendiera más allá de lo necesario. No deseaba escuchar sus justificaciones ni sus disculpas, no quería detalles de su futuro. Sólo deseaba que se largara lo más pronto posible. Había tomado su decisión, había sellado su destino. —¿Qué deseas InuTaisho? — contestó fríamente y sin titubear. —No se te ocurra pedirme amor, no creas que voy a rogar para que te quedes, y no pienses que voy a detenerte por lo que harás— finalizó. Sus palabras sonaron crudas y directas, como si le hablase a un enemigo y no a su marido. Él exhaló con resignación. A estas alturas de la situación, Irasue ya sabía de su relación con la princesa humana y del bebé que estaba por nacer. Sin embargo, jamás le reclamó nada, nunca lo enfrentó con dicho tema. Ella simplemente se comportó como si el engaño le resultara algo sin importancia. La señora de Occidente jamás volvería a mostrar una faceta de debilidad. La última vez que lo hizo, cayó en una trampa, y el sufrimiento que la embargó, fue demasiado doloroso. —No espero que hagas eso, únicamente pido que te encargues de Colmillo Sagrado y Colmillo de Acero cuando llegue el momento. Ya sabes cuáles son sus destinos y lo que deben hacer cada uno de mis hijos— indicó InuTaisho. —Claro, recuerdo toda tu explicación respecto a esas katanas y lo que tienes planeado para Sesshomaru y el mestizo, pero, ¿No crees que tu decisión es una cruel broma para tu primogénito? — preguntó Irasue. —Sesshomaru es mi sucesor, tiene el poder, pero no tiene la humildad ni la nobleza que se requiere para gobernar las tierras del Oeste, ese honor debe ganárselo— explicó el gran demonio. —Y tú sabes que es cierto, por eso te pido que te encargues de decírselo a su debido tiempo. — Maldito hipócrita, hablando de humildad y nobleza, cuando estás a punto de largarte con tu amante. Al parecer, el poderoso Lord ya olvidó a todos los que pisoteó, sometió y asesinó para llegar hasta donde estaba. Lo único en lo que tenía razón, era que su hijo Sesshomaru no podía gobernar aún. Y no tenía planeado quedarse para ayudarlo con esa enorme responsabilidad. Como siempre, es la hembra quien se encarga del cachorro. —Mi hijo ya no es ningún niño y sé que podrá hacerse cargo. Pero qué me dices de tu hijo, ese mestizo tiene el destino marcado por tu culpa— reprochó ella, girando un poco el rostro para verlo de soslayo. —Me haré cargo de él, le enseñaré todo lo necesario, y si hay alguien al que no le agrade la idea, puede decírmelo— respondió con altivez. Existía alguien dispuesto a decírselo de frente. InuTaisho no veía la realidad de las cosas y no quería aceptar todas las consecuencias de sus actos. Después de todo, su primogénito ya había crecido fuerte y poderoso. No necesitaba más cuidados y según él, ya era tiempo de que se encargase del Oeste. En cambio, el cachorro que estaba por nacer, requeriría de la protección de sus padres, ¿Quién podría negarle ese derecho al gran Lord? —¿Estás seguro de que podrás vencer al espíritu dragón como para asegurar que te encargarás de ese niño? — de nuevo cuestionó Irasue. El señor del Este, el poderoso Ryukotsusei, le plantó cara al Inugami. Lo había desafiado a un duelo por el dominio de ambos territorios cardinales. Y más que nada, para echarle en cara todos los errores cometidos por su ambición y desmedida hambre de poder. Todo aquello estaba llevando a Occidente al caos, afectando directamente a los demás Lores y a sus tierras también. —Nada está escrito… pero si el destino me alcanza, sólo te pido que cumplas esta promesa— declaró él. —Me doy cuenta de que no eres capaz de ver más allá de la relación que tienes con esa humana, no entiendes todo lo que está en juego, ni las consecuencias que esto traerá— increpó la demonesa, dándose la vuelta y encarándolo de frente. —Haré lo que me pides, pero no creas que iré a tu funeral. — Esa era la fría respuesta que se merecía. Los ojos de ambos se encontraron por un instante en una silenciosa mirada de rencor. Ya no importaba lo que sucediese después de esto. Todo había terminado entre ellos. Con estoico gesto, Irasue pasó a su lado en total silencio, alejándose por el pasillo. Sin mirar atrás nunca más.

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Irasue suspiró con hastío al evocar dicho recuerdo. —Fuiste un imbécil, esa humana te idiotizó tanto, que a final de cuentas perdiste ante el espíritu dragón— masculló. Apenas había pasado una semana desde la muerte de su marido y las consecuencias parecían no disminuir. Ella no esperaba que Ryukotsusei hiriera de gravedad a InuTaisho. Pero, haya pasado lo que haya pasado en ese campo de batalla, ambas zonas cardinales perdieron a sus gobernantes. Lamentablemente, las repercusiones estaban presentes. Aparte de lidiar con los problemas de gobierno, ahora llegaban rumores de los destrozos ocasionados por algunos youkais menores y otras criaturas, quienes se creían con el derecho de tomar las tierras Occidentales. —Y lo que más me molesta, es que Sesshomaru no ha sido capaz de superar esta situación— recalcó enojada. Debía hacer algo con su vástago, no podía permitir que siguiera buscando venganza. Había cosas más importantes que atender como, por ejemplo, matar a esos demonios rebeldes. Giró el rostro cuando escuchó pasos, el capitán de guardia se acercaba con rapidez. Éste hizo una reverencia antes de hablar. —Mi señora, hemos localizado a su hijo. — Irasue no respondió, pero su gesto le indicó que podía proceder con su reporte.

***

Continuará…
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