ID de la obra: 1268

La Reina de Plata

Het
G
Finalizada
1
Fandom:
Tamaño:
276 páginas, 109.466 palabras, 30 capítulos
Descripción:
Notas:
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7. Confrontación

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Hola a todos: Perdón por la tardanza, la verdad es que perdí la noción del tiempo respecto a la actualización de éste fanfic. Les dejo el séptimo capítulo y espero me regalen un pequeño review, ya que me animan a seguir escribiendo. Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo sólo escribí la historia por gusto y diversión.

***

Capítulo 7: Confrontación Territorio del Este, medio día. El sol iluminaba con fuerza el extenso bosque. En lo alto de una saliente rocosa que dominaba gran parte del valle, un par de ojos ambarinos miraban fijamente al grupo de personas que se perdía entre la espesura forestal. Detrás de ellos, los restos de la construcción humana todavía desprendían humo blanco. Ya no había fuego, pero los escombros seguían consumiéndose y el olor a muerte persistía por todos lados. Carne humana quemada y cuerpos a medio devorar pudriéndose al sol, ese era el panorama general después de la masacre. La manada de youkais que había atacado el sitio donde se ocultaba la princesa humana no dejó a nadie con vida. Arrasaron violentamente en plena noche, buscando saciar su sed de venganza con la mujer y su cría. Sesshomaru estaba molesto, esas criaturas ignorantes estaban tomándose demasiadas atribuciones después de enterarse de la muerte de InuTaisho. Se creían con el derecho de reclamar el territorio del Oeste, o al menos una parte del mismo. Y no sólo eso, también buscaban eliminar a quien tuviera relación alguna con el Lord que los había sometido durante siglos. Esto era intolerable para el joven Inugami, pues la satisfacción de asesinar a la humana y a su bastardo, únicamente le pertenecía a él. —Esas malditas bestias se me adelantaron, pero al menos mis presas continúan con vida— dijo por lo bajo, sonriendo con malsano placer. Era cierto. Por extraños azares, la princesa, su hijo, un par de siervos y la pulga Myoga, habían sobrevivido al ataque. Tuvieron suerte de que los youkais no los detectaran en donde quiera que se hubieran escondido. Lograron rescatar una carreta con provisiones junto con un caballo, y ahora se alejaban por el monte, sin saber del nuevo peligro que comenzó a seguirlos.

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Palacio del Oeste, por la noche. Irasue caminaba de un lado a otro por la terraza, se notaba que el estrés comenzaba a invadirla de nuevo. Su capitán de guardia le había entregado los informes recabados por el hábil rastreador que siguió a su hijo durante las últimas horas. Casi gruñó de furia al enterarse que Sesshomaru estaba a punto de alcanzar a la princesa humana, con claras intenciones asesinas. A pesar de sus advertencias, él no había dejado de lado su venganza, y era obvio que sus actividades como nuevo Lord del Oeste, no se llevarían a cabo hasta terminar con ese pendiente. Maldito orgullo que tenía su vástago, a veces peor que el de ella misma. —No tengo tiempo para hacer un recorrido tan largo… pero si asesina al cachorro… ¡Maldición! — masculló con evidente enfado mientras tomaba su medallón y lo miraba fijamente. —Tendré que ir por él y reprenderlo. — Acto seguido, acarició la joya y un portal se abrió frente a ella, el cual cruzó con rapidez.

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En algún lugar del Territorio Oriente. La hendidura dimensional la llevó a un bosque denso. De inmediato empezó a caminar, dando un vistazo rápido a su alrededor. La noche ya cubría todo y media luna iluminaba tenuemente junto con las estrellas. En ese momento, su fino olfato captó en el aire el olor del miedo humano y el aroma exaltado de su hijo, ¿Acaso había llegado demasiado tarde? Chasqueando la lengua con molestia, se apresuró al área de donde provenían las esencias y se escuchaban algunos gritos. La escena la dejó desconcertada por un par de segundos. Sesshomaru atenazaba por el cuello a un soldado humano, levantándolo con facilidad y asfixiándolo cruelmente. Irasue escuchó un instante después el crujido de sus vértebras y notó como se aflojó el cuerpo ya sin vida. Vaya, él siempre era tan letal y eficaz. Pero se notaba que tenía prisa por alcanzar a su presa principal, la princesa humana. La demonesa se quedó en su sitio, a varios metros de distancia, esperando y observando. Entonces desvió su atención hacia la mujer cuando la escuchó hablar asustada. Miró de nuevo a su hijo y pudo notar la mueca perversa que se formaba en su rostro. Arrojó el cuerpo del guerrero al suelo, para luego caminar hacia la princesa y su sierva, quienes estaban juntas, con expresión de terror. Irasue exhaló despacio, decidiendo qué hacer. Estaba claro que no podía permitir que asesinase a la mujer ni a su cachorro, a pesar de que quizás se lo mereciera. Pero, pensando las cosas fríamente, aquella era una idea más acorde con una hembra despechada que odiaba a la amante de su marido. La soberana no odiaba a la mujer, e InuTaisho ya estaba muerto. Sus pensamientos se sinceraron dentro de ella, ya que realmente nunca le importaron los deslices de su compañero. El título de señora del Oeste siempre fue suyo, y las otras, eran sólo eso, las otras, muy por debajo de ella. ¿Por qué desgastarse mentalmente con esas situaciones, si jamás sintió algo profundo por el difunto Lord? No tenía caso. Además, parte de la promesa que involucraba las katanas de InuTaisho, también incluía la vida del mestizo. El futuro del cachorro estaba entrelazado con el de su hijo Sesshomaru, y esto no podía ser de otra manera. Burlona cláusula impuesta por su padre. Se escuchó el llanto del niño y un golpe de energía se percibió, la sirvienta cayó desmayada. El joven Inugami se acercó amenazante, mientras la princesa comenzaba a lloriquear y suplicar, sosteniendo a su cría protectoramente. Sesshomaru se presentó como el primogénito de InuTaisho y heredero del Oeste. Se notaba el disfrute que le provocaban las reacciones de desasosiego y pánico de la humana. La demonesa pudo notar con claridad el dolor reflejado en los ojos de la hembra al escuchar la verdad. Ella no sabía nada de la familia de InuTaisho. Probablemente vivió engañada todo el tiempo. Mentiras y engaños, así es como siempre se manejó el Lord, con todo y con todos, sólo para su beneficio. Inesperadamente, la pulga Myoga intervino, enfrentándose a Sesshomaru. Ese pequeño demonio, siempre tan fiel, indiscutiblemente leal, e hipócritamente silencioso con los secretos de su fallecido amo. Estúpida criatura chupasangre que, a pesar de conocer las verdades de cómo actuaba InuTaisho en las sombras, siempre se mantuvo indiferente y a distancia. Pequeño cobarde, que en éste momento demostraba ser todo lo contrario. ¿Tanta fidelidad para con esa humana y su bastardo?, ¿Por qué? Irasue chasqueó de nuevo la lengua, no le importaba si su hijo asesinaba a la pulga. Pero quizás no lo haría, porque tal vez buscaría la manera de sacarle la verdad sobre la última voluntad de su padre respecto a las katanas. Y así fue, otro golpe de la energía sobrenatural de Sesshomaru dejó aturdido a Myoga. Lo miró dar un paso más, atrapando a la princesa por el cuello, dispuesto a degollarla. Era el momento de intervenir. Los chillidos del mestizo y los gritos de la humana incitaron más el enojo del joven Lord, quien terminó arrebatando al bebé de los brazos maternos. Sosteniendo la tela que lo envolvía, lo miró con desprecio, mientras arrojaba a la mujer al suelo. Levantó las zarpas de su otra mano, tensándolas para cortar de tajo la vida de la indefensa cría. —Ya basta, Sesshomaru— pronunció ella con gélida voz. Su heredero abrió los ojos con gran sorpresa y tardó un par de segundos en reaccionar antes de voltear con lentitud. —¿Qué haces aquí?… madre— interrogó, totalmente desconcertado. La demonesa caminó despacio, contemplando la escena con más detalle. Su paciencia estaba al límite y su irritación fue a más cuando analizó el comportamiento de su hijo. Cada vez se asemejaba más a su padre. El soldado humano al que le rompió el cuello, había estado herido de un brazo, por lo tanto, no pudo defenderse como era debido. La sirvienta desmayada era una mujer mayor y se le notaba el peso de los años en el rostro. La pulga era demasiado débil como para encararlo. Así que, todo se reducía a una sola cosa: Su vástago se aprovechaba de su poder. —Ay hijo, te comportas de manera tan estúpida, se nota que sólo aprendiste las habilidades violentas de tu padre— pensó. Sus pasos la llevaron a un par de metros de Sesshomaru y la humana, quien palideció todavía más al verla. —Así que, esta es la humana por la que InuTaisho perdió la cabeza. — El joven Lord continuaba sorprendido, mientras sostenía al infante que no paraba de llorar. —¿Por qué has venido, madre? — volvió a inquirir. Irasue giró la vista hacia su descendiente, era el momento de darle un jalón de orejas. Antes de que se le ocurriera degollar a la cría, provocando el trastorno completo de su propio futuro. Le molestaba la decisión final de InuTaisho respecto a la herencia para su primogénito, pero también comprendía que era necesario. —¿Qué crees que estás haciendo? — cuestionó ella finalmente. —Lavo con sangre el pecado de mi padre. — —Así que a esto has llegado por una estúpida rabieta— dijo Irasue. —No puedo creer que caigas tan bajo, querido hijo. Mírate, eres el heredero del Oeste, y que mejor acto para tu coronación, que derramar la sangre de un ser que no puede defenderse. Me decepcionas, esperaba algo mejor de mi heredero. — Las palabras de la demonesa buscaban picar el orgullo de su hijo para distraerlo del mestizo. No tenía intención de llegar a una discusión más seria, y aunque sabía que Sesshomaru buscaba venganza por el dolor que le provocaba el abandono de su padre, y todas las consecuencias que esto trajo, ella decidió que esta situación debía terminar aquí y ahora. —¿Qué quieres decir? — preguntó él, entornando los ojos. —Vamos querido, no es posible que no te des cuenta— respondió, al mismo tiempo que su gesto se endurecía. —¡Yo no te eduqué para deshonrar nuestro linaje!, ¡No voy a permitir que se diga, que el nuevo Lord de Occidente se deleita con la sangre de humanos que no tuvieron la oportunidad de defenderse!, ¡No seas un maldito cobarde que se aprovecha de su posición para someter a las demás criaturas! — No seas como tu padre. Las palabras fueron crudas, pero era necesario llamarle la atención. Había demasiadas cosas en juego como para que cometiera un estúpido error por unos seres que no valían la pena. Si bien, su vástago era inevitablemente parecido a InuTaisho, no permitiría que adoptase los rasgos más oscuros del difunto Lord. —¡Pero, ¿Cómo te atreves a decirme eso, madre?! — gruñó Sesshomaru, todavía más irritado. Ella sonrió con burla, debía asestar el aguijonazo final. Psicología materna en su máxima expresión. —Dime, ¿Eres un miserable cobarde incapaz de buscar a un oponente de tu misma talla?, ¿Acaso el mestizo es demasiado para ti?, ¿Te sientes amenazado por un cachorro que sólo puede llorar y ni siquiera ha abierto los ojos al mundo? Y como postre final, la sangre de una hembra recién parida, casi tan débil como su cría. Qué vergüenza me das, querido hijo. — Lo miró directo a los ojos, y en ese instante pudo verlo, el gesto de su heredero cambió por completo. Estaba iracundo y sus iris parecían enrojecer por segundos. Sin embargo, una luz de comprensión brilló en su mirada, al mismo tiempo que observaba al cachorro sollozando. Posiblemente reconociendo que actuaba de manera incorrecta. Irasue lo observó bajar al mestizo, hasta que la madre lo aferró entre sus brazos. Se notaba la furia en su rostro crispado, pero sabía que no haría nada más. Lo conocía bien, así tuviera ocho, cien, o mil años, ella continuaba siendo su madre, y como tal, era capaz de aplicar muy bien la psicología inversa. Sesshomaru aún era demasiado joven para sobrellevar el peso del reino, así que tenía mucho trabajo por delante, y esta situación, era la primera que le ayudaría a corregir. —Regresa al palacio, hay asuntos pendientes con los señores del Sur. No quiero tener que salir a buscarte de nuevo— recalcó estricta. Él aún miraba con odio a la humana y a su hijo, pero no le quedó más remedio que obedecer. —Madre, esto no ha sido saldado, tarde o temprano, volveré— amenazó, para luego iniciar el vuelo y alejarse velozmente. La demonesa lo siguió con la mirada hasta perderlo en el firmamento, a la vez que soltaba una exhalación. Aquellas palabras le dejaron en claro que no desistiría, pero, por el momento, era mejor dejarlo así, una tregua temporal. Ya se le ocurriría algo más adelante. Ahora, sólo quedaban ella y la humana, quien parecía estremecerse ante su mirada. —Los hijos son tan traviesos a veces, ya te darás cuenta cuando crezca— dijo en un tono relajado e indiferente. La princesa mantenía una expresión de pavor, a punto de llorar otra vez, mientras intentaba calmar a su cría. —¿Cuál es tu nombre, humana? — La mencionada tembló de nuevo antes de responder con timidez. —Mi nombre es Izayoi, señora— hizo una reverencia. Irasue levantó un poco la ceja, sorprendida por su gesto. Tal vez la hembra creía que estaba a punto de morir y quizás rogaría por su vida. El aroma de su nerviosismo empezó a fastidiar su olfato. —Deja de temblar, me asquea el olor de tu miedo— ordenó. —Yo… no tengo palabras para expresarle mi agradecimiento por salvar a mi bebé… pero soy consciente de mi posición ante usted… imploro piedad, señora… por favor… — intentó hablar Izayoi. Suplicar. Ver dicho acto era particularmente placentero para los que tienen poder sobre otros. No obstante, la señora del Oeste no era de ese tipo de seres. A pesar de saberse poderosa, ella siempre tuvo una personalidad fría, pero empática para con los demás. No se regodeaba como otros demonios cuando tenía la vida de alguien en sus manos. Simplemente valoraba y decidía. —Cállate, no es necesario que continúes con tus súplicas. No he venido a matarte, no representas ningún interés para mí, sólo eres una simple humana— dijo con seriedad. —Una extraña humana que se enamoró de un demonio y tuvo el valor para tener un hijo con él, ¿Cómo es posible que te dejaras engatusar por InuTaisho? — Tenía curiosidad por saber qué había pasado por la cabeza de aquella mujer cuando se dejó convencer por los arrumacos del difunto Lord, ¿Tan fácil la engañó?, ¿O quizás hubo algo más? —Señora… yo me enamoré por decisión propia, él no me sedujo, no me obligó a nada… simplemente sucedió— explicó la princesa con algo de temor. Respuesta simple y tonta. Era muy probable que la mujer estuviese pasando por una situación de debilidad emocional, y eso fue lo que aprovechó el taimado Inugami. La misma trampa en la que cayó ella siglos atrás. —Estúpidos sentimientos los de tu especie, les nublan la razón al grado de no darse cuenta de las mentiras más obvias, ¿Jamás se te ocurrió que, un demonio como él, venía arrastrando todo un pasado? — cuestionó Irasue de nuevo. —Yo… nunca me imaginé la otra cara de InuTaisho… probablemente la soledad y mis ansias de amor no me dejaron ver más allá del cariño que me ofrecía— respondió la joven con la cara agachada. —Sin embargo, puedo asegurar con toda mi alma, que él correspondió con sinceridad a mis sentimientos… sé que realmente me amó— declaró, levantando el rostro y encarándola directo a los ojos. Vaya, la hembra humana tenía agallas. Por lo que pudo ver en su mirada, la soberana intuyó que sí hubo algo más entre InuTaisho y ella. Aunque eso ya no tenía importancia alguna. Suspiró con aburrimiento, las expresiones sentimentales le eran indiferentes. Para una dama de tan noble y poderoso linaje como ella, aquel tipo de demostraciones le eran innecesarias. Siglos de situaciones adversas la llevaron a sentir y pensar de esa fría manera. Ya era momento de finalizar tan extraña plática. —Al parecer, su amor no era tan sincero, porque la mentira fue muy grande— remarcó con crueldad. —En fin, no es momento de perder el tiempo en cosas tan aburridas. Ahora, escucha con atención, no me interesas en lo más mínimo, no me importa lo que sucedió con InuTaisho, y francamente, me tiene sin cuidado que Sesshomaru te asesine. No obstante, acepté hacerle un último favor a mi difunto esposo, el cual incluye a sus dos hijos. Y como te habrás dado cuenta, el honor es muy importante para nuestra familia, así que dicha promesa se cumplirá al pie de la letra. — —¿De qué se trata… esa promesa, señora? — interrogó nerviosa. —Ya lo sabrás a su debido tiempo. — Un manto de ligera niebla se formó a su alrededor cuando dio media vuelta y empezó a caminar. Entonces, se percató de que el demonio pulga ya se había recuperado y se acercaba con cautela. —Por cierto, Myoga, me sorprendió tu valor, InuTaisho supo escoger bien a sus amigos, pero ten cuidado con Sesshomaru, tú bien sabes lo caprichoso que es y no pasará por alto esta situación. — El pequeño sirviente aún mantenía mucho respeto hacia ella, así que hizo una reverencia, agradeciendo la advertencia. —Entendido mi Lady, tendré muy presente sus palabras. — La señora del Oeste no dijo más, continuó su marcha rumbo a la penumbra del bosque hasta desvanecerse. No usaría el medallón para regresar al palacio, deseaba recorrer el camino largo, pues tenía muchas cosas en que pensar.

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Al día siguiente. Tierras del Oeste. Sesshomaru no había regresado, era de esperarse. Irasue sabía que se comportaba como niño regañado, pero también intuía que ya estaba en el Oeste, de camino al palacio. Por el momento lo dejaría así, porque tenía otro asunto que atender de manera rápida: La llegada de Lord Karasu. La reunión entre ambos gobernantes era necesaria, pues a pesar de que los mensajeros llevaron y trajeron las propuestas, los acuerdos no fueron firmados. Era muy probable que el Tengu estuviese enojado porque ella había rechazado las nuevas disposiciones. Pero si el Sur no estaba dispuesto a proteger a los mercaderes sin pedir mayor tributo a cambio, entonces no merecía tener más comercio con Occidente. —¡Leiko, señora del Sur! — se escuchó el anuncio del guardia en la entrada del gran salón. Las puertas se abrieron, permitiendo el paso de las visitas. Irasue alzó una ceja, extrañada porque sólo la esposa del Lord se presentó, acompañada por dos nobles de su corte. Quizás el demonio cuervo estaba de tan mal humor, que prefirió mandar a su compañera a negociar. —Irasue— saludó la hembra con una inclinación de cabeza. —Bienvenida Leiko, toma asiento por favor. — Los Tengu acompañantes saludaron y se replegaron a una esquina en silencio. La señora del Sur se sentó y le lanzó una mirada de reproche a Irasue, esta no iba a ser una grata reunión. Ellas jamás se llevarían bien, a pesar de ser las únicas esposas de gobernantes cardinales. Siempre existió cierta rivalidad natural entre ambas, y jamás hicieron el intento por limar asperezas. Menos ahora con los conflictos provocados por InuTaisho. —Vamos al grano, ¿Por qué tu hijo Sesshomaru no ha firmado los acuerdos? — —Porque él todavía no está lo suficientemente instruido en dichos temas— respondió serena. —Así que, seré yo la que tome algunas decisiones de vez en cuando, y la que lo asesorará para tratar con los demás Lores. — La Tengu entrecerró los ojos, esas palabras le molestaron, pues insinuaban que la viuda no aceptaría las pretensiones de nadie. Ella continuaba siendo la señora del Oeste, su influencia y poder no estaban a discusión. Y eso era un problema. Con InuTaisho no fue tan complicado, ya que el Inugami solamente demandaba la lealtad de los demonios alados cuando iba a conquistar tierras lejanas. Después, se hacía de la vista gorda, tolerando la mayoría de los caprichos de Karasu. —Bien, así que tu hijo no es lo suficientemente maduro para dirigir el Oeste— soltó de pronto Leiko. —Era de esperarse, ustedes los Inugamis a veces son demasiado descuidados en la educación de sus cachorros. — Otro leve movimiento de ceja por parte de Irasue. Al parecer, el tema de los acuerdos comerciales acababa de ser descartado. —No eres la más indicada para hablar de crías— respondió secamente. —Aún no eres madre, ¿Verdad?, jamás podrás entender lo que es educar a un hijo hasta que lo tengas— dijo con burla. Los Tengu tenían una baja tasa de natalidad. Eran una especie monógama, y si una pareja perdía a uno de sus integrantes, el que quedaba, jamás volvía a buscar otro compañero, afectando gravemente su población. Nadie sabía por qué mantenían esa costumbre, pero era innegable que tarde o temprano, se extinguirían. Los señores del Sur eran un caso extraño. Ellos heredaron el dominio de las tierras Australes cinco años antes de que InuTaisho tomara el título de Lord del Oeste, y en todo ese tiempo hasta ahora, no habían podido concebir un heredero. Se trataba de un tema delicado para Leiko, ya que no era secreto para nadie que sus huevos no lograban llegar a la eclosión. Un siseo amenazante se escuchó por lo bajo. —Tal vez yo no pueda engendrar descendencia con Karasu, pero al menos, él siempre me será fiel. — Golpe bajo y equitativo. La mueca de Irasue pasó de la burla a la ira. La gobernante del Sur tenía razón, en términos de la naturaleza, los perros no son fieles a sus parejas. En cambio, los cuervos, lo son por el resto de sus vidas. —¡Fuera de mi palacio! — gruñó enojada. —¡Esta reunión se pospone indefinidamente! — La Tengu sonrió con soberbia, al mismo tiempo que desplegaba las alas de su espalda en forma amenazante. Se levantó de golpe, sin dejar de mirar a su anfitriona, para luego empujar la mesa con un sólo movimiento, arrojándola varios metros. Los otros demonios alados se quedaron quietos, dudando qué hacer, pues los guardias de la puerta los atajaron rápido, amagándolos con sus lanzas. —¡Acéptalo Irasue, tu querido InuTaisho fue un casanova! — dijo, mientras lanzaba su garra derecha contra ella, en un claro intento de arañarle la cara. La demonesa alcanzó a esquivarla, retrocediendo la silla y poniéndose de pie con rapidez. Ambas empezaron a caminar en círculos, midiéndose con la mirada, dejando que sus auras de energía sobrenatural crecieran amenazantes. La Inugami siseó con evidente irritación por su atrevimiento. No le molestaba que hubiera intentado atacarla, sino lo que había dicho. El difunto señor del Oeste tuvo mucha cola que le pisaran, pero Irasue siempre manejó esos temas con total frialdad. Lo que en verdad la enardecía, era que pensasen que lo tenía en alta estima, que quizás aún lo amaba, y que creyeran que podían herirla con ese tipo de comentarios. Gran error, ella jamás amó a InuTaisho. Muchos no comprenden que existe un abismo de diferencia entre querer a alguien y amarlo completamente. —¡¿Crees que eso me importa, o que me importó alguna vez?!— exclamó, al mismo tiempo que revelaba sus propias zarpas y hacía un gesto a sus guardias para que no intervinieran. —¡Déjame decirte algo Leiko, el único motivo por el que me casé con InuTaisho, fue porque yo no podía heredar el Oeste sin un compañero a mi lado!, ¡Todo lo demás sale sobrando! — Una risita burlona por parte de la Tengu la irritó aún más. —Entonces no te importará saber que, incluso a mí, me coqueteó el muy cínico— reveló, mientras agitaba sus alas para elevarse. La demonesa estrechó la mirada al escucharla. —No me extraña que lo digas y no dudo que sea cierto— pensó, siguiendo los movimientos de Leiko en el aire. —InuTaisho no le hacía el feo a ninguna hembra, y sé que de vez en cuando le sonreía incluso a las que estaban prohibidas. — La hembra cuervo mantuvo la distancia, preparando un segundo ataque. De pronto, escuchó el sonido del aire rasgándose, y por una fracción de segundo, alcanzó a ver la punta de un brillante látigo verde, dirigiéndose hacia ella. Sintió el impacto en su costado y la fuerza la arrojó contra la pared más cercana. Irasue se movió con celeridad, atrapándola por el cuello y sosteniéndola contra el muro. Inesperadamente, sintió calor en la mejilla izquierda y escuchó el sonido de algo afilado alejándose. La sangre goteó mientras la pluma navaja se incrustaba en una esquina del salón. Típico ataque de los demonios ave. Tenía la intención de apretar sus garras con más fuerza, pero se detuvo al notar que los bordes afilados de ambas alas amenazaban su propio cuello. Ninguna saldría ilesa de esta incómoda situación. —¡Hazlo, y estarás firmando una declaración de guerra! — graznó la Tengu. —¡Lo mismo digo! — gruñó, a la vez que sus ojos se volvían escarlatas. —¡Escúchame bien Leiko, no pienso solucionar esto como lo haría un estúpido macho, así que tú tampoco te rebajes! — —¡¿Y qué propones?! — cuestionó, sin apartar sus amenazantes alas. —¡Serás muy idiota si piensas que Karasu se va a quedar tan tranquilo! — La Inugami exhaló despacio, serenándose poco a poco, meditando sus siguientes palabras. —Éste es el trato: Dejaremos pendientes los acuerdos por un mes, hasta que mi hijo haya tomado una decisión— explicó, liberando su agarre. —No cesará el comercio entre ambas regiones, pero no habrá más intercambios hasta solucionar el problema con los humanos de tu territorio. — —Sabes que fue culpa de InuTaisho que los clanes leopardo migraran al Sur, y en represalia, comenzaron a fustigar a los pueblos de ambas regiones— reclamó Leiko, mientras plegaba sus alas también. —¿Qué piensas hacer al respecto? — Cada una se apartó de la otra. —Yo me encargaré de los felinos lo más pronto posible. Díselo a Karasu y hazle entender que, el Oeste ya no tendrá más consideraciones con él. Si no está dispuesto a rectificar, entonces el Sur perderá— finalizó, encaminándose a la salida del salón. —Y es mi última palabra. — Leiko la siguió con la mirada hasta que desapareció tras la puerta. Resopló con frustración, ahora tendría que buscar la manera de convencer a su compañero, el cual a veces era demasiado obstinado. Pero la Inugami tenía razón, el territorio Sur necesitaba más recursos del Oeste, y no viceversa. Entonces hizo un ademán a sus acompañantes. —Vámonos. — Los Tengu se alejaron volando, mientras Irasue observaba desde su terraza. Ahora estaba considerando seriamente la idea de hacer una visita a tierras Australes para buscar a los felinos rebeldes.

***

Continuará…
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