***
Capítulo 8: Enmendando Límites territoriales del Sur. En silencio, la enorme figura canina se desplazaba por el cielo, su pelaje blanco la hacía pasar desapercibida por entre las nubes. Irasue se sentía fastidiada con esta situación, pero debía tomar cartas en el asunto. Su hijo Sesshomaru no podía encargarse de esto, ya que era necesario resolverlo discretamente y lo más pronto posible. Tal y como le había dicho a Leiko esta mañana. Cruzó la frontera y se dirigió a la parte de las planicies. De acuerdo a los informes de sus soldados rastreadores, se enteró que en esa zona existían cuevas subterráneas, las cuales eran empleadas como refugio y escondite por los demonios Nekomata que fueron expulsados por InuTaisho. Otro pequeño desliz provocado por sus oscuras decisiones. Si tan sólo no hubiese sido tan soberbio, manteniendo el respeto hacia el representante de la casa NekoYoukai. Si no hubiera insultado a Oyakata, las cosas serían muy diferentes ahora. Chasqueó la lengua, no tenía tiempo para remembranzas. Debía encontrar a la lideresa de los clanes leopardo y hablar con ella, para intentar negociar un acuerdo y no tener que llegar a métodos bélicos. Entonces bajó la mirada, su olfato había localizado al grupo de felinos. Descendió rápidamente y transmutó a su forma humana, tratando de disminuir lo más posible su aura sobrenatural. El viento soplaba a su favor, ellos no se darían cuenta de su presencia. Los Nekomata estaban acampando cerca de la entrada de una enorme cueva, disimulada por una gran cantidad de arbustos. Parecían tranquilos, quizás planeando su siguiente escaramuza contra los Tengu. A cierta distancia pudo verla, la hembra felina que los dirigía estaba cerca de lo que parecía ser un arroyo seco. La observó en silencio, manteniéndose oculta detrás de algunas formaciones rocosas. La joven Nekomata hacía uso de su poder sobrenatural para abrir un hoyo en el suelo y permitir el flujo de agua subterránea hacia el exterior. A pesar de su juventud, se le notaba la preocupación en el rostro por la gran responsabilidad que significaba dirigir a todo un clan de felinos. —Espero que esto sea suficiente— murmuró la joven, mientras concentraba otro rayo de hielo sobre la superficie polvosa. El agua se hizo presente y aumentó su flujo conforme se fracturaba el suelo, formando poco a poco un gran manantial. De pronto, las orejas de la felina se agitaron. Volteó de inmediato al sitio de donde provenían los pasos, al mismo tiempo que creaba una lanza de hielo. Apuntó con gesto firme, lista para atacar. Pero el desconcierto la invadió al ver de quién se trataba. —Hola, pequeña Toran. — La Inugami caminaba hacia ella con paso tranquilo y expresión curiosa, manteniendo su elegante porte. —¡L-Lady Irasue! — dijo sorprendida. La joven felina no podía creer lo que veía, la señora del Oeste estaba frente a ella, en ese lugar. Hacía tanto tiempo de su última conversación, cuando las cosas eran completamente diferentes con ella y con Sesshomaru. —Sí que has cambiado niña— habló de nuevo Irasue. —N-No me diga niña… — intentó serenarse, mientras bajaba el arma. —Tienes casi la misma edad que mi hijo, continúas siendo demasiado joven y, por lo tanto, puedo llamarte así— sonrió levemente. —Nunca te molestó eso antes. — Toran desvió la mirada, manteniendo un gesto melancólico. La relación entre felinos y caninos nunca volvería a ser la misma después de los eventos ocurridos con su padre y Lord InuTaisho. —Usted lo ha dicho, antes, eso ya es tiempo pasado— la miró de nuevo. —Dígame qué está haciendo aquí. — Irasue la observó fijamente, ella tenía razón, el tiempo no podía retroceder para corregir el pasado. —He venido a proponerte una tregua, a todo tu clan— explicó, mientras daba un vistazo rápido a los alrededores. —Éste no es el lugar al que pertenecen los gatos leopardo. — La felina hizo un leve siseo y su mueca se tornó rencorosa. —¡Éste es el destino al que nos condenó su marido! — La señora del Oeste hizo un gesto de confirmación con el rostro, no iba a negar la verdad. Los felinos jamás perdonarían al difunto Lord, y ella no podía hacer nada para suavizar el daño hecho. Pero era necesario buscar una solución al problema actual, así que se tomó un instante para pensar en sus siguientes palabras. No tenía tiempo que perder y no quería conflictos con los Tengu por haber entrado sin permiso a sus fronteras. Pero, como le había dicho a Leiko que se encargaría de los Nekomata, no le quedó más opción que adentrarse en territorio Austral sin previo aviso. —Toran, escucha bien lo que voy a decirte, tu resentimiento no es contra mí y lo sabes— hizo una pausa y la miró directo a los ojos. —Así que, te propongo posponer tus rencores por un tiempo y aceptar mi invitación a otro lugar, donde tú y tu clan podrán vivir tranquilamente. Al menos hasta que llegue la oportunidad de tu venganza. — La Nekomata se quedó en silencio, no sabía cómo reaccionar a semejante propuesta. Ya estaba enterada de la muerte de InuTaisho, pero la promesa hecha a su padre le exigía buscar venganza contra los descendientes de quien asesinó a su líder supremo y de paso, fracturó irremediablemente la lealtad de los felinos para con la casa InuYoukai. Sin embargo, la vida se había vuelto difícil en el territorio Sur. Los humanos ya sospechaban de ellos como instigadores, y los demonios cuervo estaban cazándolos en éste momento. Los recursos de agua y comida habían escaseado en las últimas semanas y ya no deseaba seguir arriesgando a su gente. Principalmente, ya no quería poner en peligro a sus hermanos pequeños, los cuales aún eran unos cachorros indefensos. Debía tomar una decisión por ellos. La venganza podía esperar un tiempo, en lo que sus hermanas y hermano crecían y se fortalecían. Cerró los ojos y exhaló con lentitud, deshaciendo la lanza de hielo en su mano. Nuevamente miró a la Inugami. —¿Qué tiene en mente, señora Irasue? — —Necesito que dejen de provocar conflictos aquí, los asuntos políticos con mi territorio se han vuelto complicados y no deseo que tú seas uno más— la demonesa caminó hacia el borde del riachuelo, mirando a donde se encontraban los demás felinos. —Por lo tanto, te propongo migrar a las tierras del Este, para que puedan vivir tranquilos. — La joven de pelo azul parpadeó intrigada. Hacía mucho tiempo que los clanes leopardo no vivían en las tierras Orientales. En el pasado, el dragón Ryukotsusei les había permitido estar ahí como un grupo más que vivía bajo sus órdenes, sin conflictos y con un estilo de vida tranquilo. Pero, con el pasar del tiempo, la relación con el Oeste se hizo más cordial, así que optaron por migrar. Hasta que llegó InuTaisho al poder y lo cambió todo. —Lord Ryukotsusei ha muerto, no existe esa posibilidad— respondió la felina. —El nuevo señor del Este los aceptará, yo me encargaré de eso— dijo Irasue, manteniendo una expresión enigmática. Toran hizo un gesto de sorpresa. —¿Nuevo señor?, ¿Eso quiere decir que hay un heredero de aquellas tierras? — —Así es, su nombre es Lord Ryujiro, y me aseguraré de que los reciba, pero a cambio, quiero tu promesa de que se mantendrán en paz— caminó hacia ella y colocó una mano sobre su hombro. —Hazlo por tus hermanos, y si dentro de algunos años aún quieres buscar a los hijos de InuTaisho para vengarte, yo no intervendré para nada. — La líderesa del clan lo meditó por un momento. Era una decisión importante que implicaba el futuro de su grupo. —Acepto, señora Irasue, y juro que mantendré mi promesa de paz, hasta que llegue el momento de saldar deudas. — La Inugami asintió solemne. —Prepara a tu gente, mañana vendré por ustedes a esta misma hora— finalizó. Empezó a caminar, mientras su mano tocaba la piedra Meido. Un portal se abrió frente a ella. Miró de reojo a la joven felina y después se adentró en el túnel hasta desaparecer.:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:
Palacio del Oeste. La soberana avanzó por los jardines del lugar. Ver a la jovencita de pelo azul le trajo el recuerdo de su buen amigo Arashimaru. El Nekomata de alegres ojos verdes que fuera su esporádico compañero de juegos en la infancia y después, un potencial pretendiente para casarse. Las madres de ambos se habían llevado bien, haciéndolos convivir de cachorros. No todo el tiempo podían jugar juntos, pero su amistad se mantuvo a pesar de los distintos compromisos sociales que cada uno fue adquiriendo con el paso de los años. Cuando Arashimaru se presentó como el último de sus pretendientes, ella supo de inmediato que no lo escogería. Simplemente porque lo consideraba como un hermano. Sonrió un poco al recordar su primer acercamiento después de la ceremonia de presentación de los candidatos.:*=*=*=*=*=*=*:
La joven Irasue caminaba distraída por un pasillo cercano a los jardines. Por fin había conseguido distanciarse un poco del ajetreo de la fiesta. Después de aceptar las propuestas de los aspirantes a su mano, el jolgorio no hizo sino aumentar. Todos los invitados reían, comían y bebían sin parar. Los sirvientes y los bufones no se daban abasto atendiendo las peticiones de comida y diversión. Pero ella no tenía muchas ganas de tolerar las falsas sonrisas de nadie, y aunque sus padres le dijeron que se paseara entre la multitud para empezar a “romper el hielo” con cada uno de los pretendientes, ella optó por escabullirse un rato. Realmente no estaba lista para esto. No sabía cómo debía actuar frente a un potencial compañero. ¿Qué preguntar?, ¿De qué hablar?, ¿Qué esperar de él?, ¿Cómo escoger al mejor? —Esto sólo es el comienzo, y no tengo ni la menor idea de lo que va a suceder— razonó para sí misma. Cuando recibió la educación para convertirse en una esposa digna, los encargados de prepararla sólo se centraron en los comportamientos refinados y elegantes que debía demostrar ante los demás. Hicieron mucho hincapié en la sumisión y obediencia que debía profesar a su futuro marido y, finalmente, casi le dijeron que debía ser una “hermosa muñeca” que el nuevo Lord de Occidente pudiese presumir. Evidentemente, quedaban sobreentendidos los temas de la primera noche juntos, la posterior vida conyugal, y la inevitable obligación de darle herederos. Temas considerados tabú hasta cierto punto. Por fortuna, ella no iba en blanco respecto a esto, ya que su madre se encargó de instruirla. Irasue estaba agradecida, porque a muy pocas hembras se les preparaba para la vida matrimonial, y aunque no era amplio el conocimiento, le bastaba para sacar adelante su compromiso. Inesperadamente, un susurro la sacó de sus cavilaciones. Levantó la vista y pudo ver al Nekomata sentado en la rama de un árbol. Le sonreía cordial, mientras la llamaba para que se acercara a esa parte del jardín. Ella le devolvió el gesto y caminó en su dirección. —¿Qué pasa contigo Irasue?, tienes una cara muy sombría— dijo el felino, saltando al suelo. —Es bueno verte de nuevo Arashimaru, quién lo diría, ¿Tú, uno de mis pretendientes? — El joven de pelo azul se acercó a ella con un gracioso andar. Sus vivos ojos verdes eran atrayentes y su porte, aunque cándido, no dejaba de ser gallardo. —Así es la vida a veces— extendió los brazos hacia ella. —Vamos, dame un abrazo, ya pasaron varios años desde la última vez que nos vimos. — Irasue volvió a sonreírle y correspondió al cariñoso gesto. Era un abrazo de amistad, casi llegando a la fraternidad. Esto la hizo recordar cuando ambos corrían por el jardín sin preocuparse de absolutamente nada. Podía decir con sinceridad que, Arashimaru, era como el hermano que nunca tuvo. Momentos después, él la soltó despacio. —No estás lista para esto, ¿Verdad? — Ella hizo un movimiento de negación con la cabeza, su mirada ahora parecía triste. —Tú bien sabes lo que a mí me gustaría poder hacer— comentó en voz baja. —Lamentablemente, tengo esta obligación. — El Nekomata la miró comprensivo, pues entendía por lo que estaba pasando. Él también se encontraba atado a un compromiso ineludible con sus clanes y la obediencia hacia su líder supremo. —Ya somos dos— dijo, tomándola de la mano para llevarla con él. —Mi deber es cortejarte por orden de Oyakata— suspiró. Ambos caminaron por un sendero hasta llegar a una banca tallada en piedra, que hacía la función de decoración y asiento al mismo tiempo. Se sentaron a contemplar el ir y venir de las carpas moteadas en el estanque. —Seguramente mi padre lo acordó con Oyakata, por la lealtad que existe entre ambas casas nobles. — —Me temo que sí, y también porque dentro de poco, me nombrarán dirigente de los clanes leopardo— explicó Arashimaru sin mucha emoción. —Te escuchas decepcionado— observó Irasue. —También estás perdiendo algo valioso, ¿Verdad? — El Nekomata miró a lo lejos y soltó una exhalación nostálgica. —Hace tiempo conocí a alguien… pero cuando estaba a punto de pedir su mano… Oyakata mandó a llamarme— hizo una pausa, intentando no parecer dolido. —Los compromisos con el clan son primero. — Irasue sintió tristeza al comprender de qué hablaba su amigo. Así como a ella, al felino también lo estaban encadenando a un destino no deseado, y probablemente, ya había renunciado a quien amaba. —Arashimaru, te propongo algo— dijo la Inugami, colocando su mano sobre la de él. —Mantén éste protocolo hasta donde puedas y finge todo lo que sea necesario… yo te prometo que no serás mi elección. — El joven parpadeó sus ojos verdes e intentó sonreír, sin conseguirlo del todo. —Gracias Irasue… pero, si no soy yo, ¿En quién de ellos vas a confiar? — —Deberé tratarlos, y haré todo lo posible por conocerlos lo mejor que pueda en el lapso que dure el cortejo— explicó, haciendo un gesto de resignación. El felino estrechó las manos de ella, aceptando el trato. —Está bien, hagamos esto, y te prometo que siempre tendrás mi lealtad para lo que sea. — Ambos siguieron conversando, poniéndose al día de sus respectivas vidas. Ninguno de los dos se dio cuenta de que un par de ojos recelosos los observaban a distancia, malinterpretando el fraternal comportamiento.:*=*=*=*=*=*=*:
La Inugami chasqueó la lengua y liberó una exhalación, estas remembranzas estaban volviéndose recurrentes. Salió de los jardines para dirigirse a su terraza. Debía pensar en el mensaje que le enviaría al Lord del Este para hablar de la situación de los clanes leopardo. Súbitamente, el aura del dragón se hizo presente, como si lo hubiese llamado con el pensamiento. Cuando llegó a la terraza, pudo distinguir en lo alto del cielo, la forma serpentina volando con elegancia. Irasue podía percibir claramente su fuerza, sin lugar a dudas, era una criatura poderosa. Pero no sólo eso, el nuevo señor de Oriente también tenía la misma apariencia imponente de su hermano Ryukotsusei, un gigantesco dragón de color acerado. Conforme se aproximaba, su aspecto y tamaño cambiaron, quedando al final una forma humana. Descendió a unos cuantos metros frente a ella e hizo una reverencia como saludo. —Buen día, Lady Irasue. — —Bienvenido Lord Ryujiro, ¿A qué debo el honor de su visita? — lo miró detenidamente, percatándose de que parecía agitado. —Tengo algo que mostrarle, es acerca de mi hermano— soltó de pronto, mientras recuperaba el aliento. La demonesa hizo un gesto de asombro. Ella le había pedido compartir la información si descubría algo acerca de la pelea entre Ryukotsusei e InuTaisho. Al parecer, estaba a punto de enterarse de algo increíble. —¿De qué se trata? — —Será mejor que venga conmigo para que lo vea usted misma— explicó seriamente.:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:
Un par de horas después. El recorrido había sido largo a pesar de haber viajado por los cielos, alejándose mucho más allá de las regiones cardinales. Se trataba de un lugar solitario y deshabitado, donde un gran desfiladero se extendía por varios kilómetros. En su parte más agreste, había una ladera escarpada, donde se podía ver la imponente forma del espíritu dragón. Su cuerpo permanecía clavado contra la inmensa pared rocosa, debido a la garra enterrada en su pecho. El estéril abismo fue el campo de batalla donde Ryukotsusei e InuTaisho se disputaron el dominio de sus territorios y enfrentaron sus diferencias cara a cara. Irasue y Ryujiro descendieron en la orilla del barranco más próximo al dragón aprisionado. Ella se estremeció ante lo que veía, su viejo amigo aún conservaba su colosal forma, emanando una muy ligera aura de energía, permaneciendo en un extraño letargo, ya que… no estaba muerto. —¿Qué sucedió? — finalmente preguntó ella, sin dejar de observar la escena. —Estuve buscando su presencia, él y yo teníamos un vínculo mental muy fuerte y sabía que no estaba muerto— explicó en un tono serio, parecía molesto y al mismo tiempo desconcertado. —Pero no pude encontrarlo antes, debido a que ha perdido mucho poder y, por lo tanto, su aura ha decaído. — —¿Está muriendo? — cuestionó preocupada. —No. Él simplemente se encuentra en un coma profundo, debido a una reacción instintiva de supervivencia— dijo, mientras se elevaba hacia su hermano. La demonesa lo siguió y ambos quedaron suspendidos en el aire, cerca del enorme rostro. Los ojos de la forma reptiliana estaban cerrados y la máscara en su frente permanecía igual. Ryujiro colocó su mano sobre una de las crestas y la recorrió lentamente, murmurando para sí mismo. —Lamento esto, hermano— soltó una exhalación. —Ahora descansa. — —¿Por qué dice eso? ¿No puede despertarlo? — quiso saber Irasue, tratando de comprender lo que sucedía. —Como dije antes, está en un coma autoinducido. La pelea debió ser terrible, InuTaisho lo obligó a usar la mayor parte de su poder y para sobrevivir al ataque mortal, su energía sobrenatural lo sumergió en un sopor indefinido— hizo una pausa, mirando la garra clavada. —Lo sé, porque éste no es su verdadero tamaño. — Ella hizo un gesto de sorpresa. —¿Ryukotsusei tenía dimensiones mayores? — Nunca había visto al anterior Lord del Este en su forma real, porque jamás hubo un motivo por el cual él tuviese que transformarse antes. Su forma humana era suficientemente poderosa como para gobernar sobre su territorio sin ningún problema. Así como lo hacía InuTaisho. —Así es, mi hermano era uno de los dragones más grandes y poderosos de la casa RyuYoukai. La forma que tiene ahora es más pequeña, para mantener concentrada su energía y lograr sobrevivir. Esa garra lo ha debilitado demasiado, pero Ryukotsusei rivalizaba fácilmente con el gigantesco tamaño de su difunto esposo— explicó. —¿Por qué no retiramos la zarpa? — propuso Irasue. El Lord hizo un gesto de negación, volviendo a acariciar la cresta de su hermano. —No podemos hacer eso ahora, lo mataríamos— respondió con frialdad y un timbre de dolor en la voz. —Su poder es lo que lo mantiene vivo y en letargo, esa misma energía le permitirá regresar a su debido tiempo, sólo queda esperar a que eso suceda— finalizó, apartándose poco a poco. Irasue exhaló con tristeza. Acercó su mano a la máscara y la rozó ligeramente para despedirse. —Adiós, viejo amigo— susurró.:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:=:
Más tarde, ambos volvieron al palacio del Oeste. El regreso fue silencioso y la demonesa no hizo mención alguna de los felinos. No obstante, era un tema que debía solucionar. —Ahora que ya sabe lo que pasó con Ryukotsusei, ¿Qué hará, Lord Ryujiro? — —Seguir como hasta ahora, tengo una responsabilidad como el nuevo señor del Este, eso no va a cambiar— respondió, mientras descendían en la terraza principal. —Mi hermano estará al menos un par de siglos en ese estado, así que no voy a permitir que sus tierras se pierdan en el caos. — —Lamento lo sucedido con InuTaisho— se sinceró ella. —No tiene porqué disculparse, su marido ya ha pagado por su soberbia— la miró con gesto tranquilo, ya estaba más relajado. —Sé que mi hermano la apreciaba mucho, creo que más allá de la amistad, aunque nunca lo quiso aceptar. — La demonesa disimuló una sonrisa. —Ryukotsusei nunca habló de su familia, ¿Por qué? — —Por seguridad, yo era muy joven cuando él tomó el poder de las tierras Orientales. Se ganó muchos enemigos y prefirió mantenerme en secreto por mi propio bien y por ser su único heredero— reveló el dragón. —Entiendo— hizo una pausa, debía hablarle sobre los Nekomata. —Lord Ryujiro, quiero pedirle un favor. — —Claro, ¿De qué se trata? — —Estoy resolviendo las fallas de mi esposo, y una de ellas tiene que ver con los clanes leopardo— planteó la situación. —Los miembros de la casa NekoYoukai, manipuladores de los elementos de la naturaleza— interrumpió el dragón. —Ryukotsusei dijo que InuTaisho rompió lazos con ellos y los expulsó del Oeste luego de que Oyakata se revelara contra él. — La señora de Occidente asintió. —Hubo conflictos que no pudieron resolverse, y ahora los clanes están errantes en el territorio Sur, provocando problemas con Lord Karasu— hizo una pausa momentánea. —Debo sacarlos de ahí y llevarlos a otro sitio. — —¿Quiere que los reciba en mis tierras? — adivinó con facilidad. —Así es, pero con la promesa de que ellos no le generarán ningún problema, lo prometo— contestó Irasue. —Bien, mi hermano ya los había alojado antes y nunca se quejó de ellos, por lo tanto, no tengo problema en recibirlos— aceptó de buena gana el Lord. —Además, sus habilidades pueden serme de gran ayuda— sonrió. La demonesa se relajó, al menos ahora podía confirmar que Ryujiro era un posible aliado. Lo necesitaría por si los conflictos con los humanos crecían. Y porque no estaba segura de que Kiba y Karasu aceptaran de buena gana las decisiones de su hijo Sesshomaru como nuevo gobernante Occidental. Quizás necesitaría un voto a favor por parte de otro Lord. Ahora que los clanes leopardo eran un problema menos, sólo le quedaba resolver los pendientes en su territorio y darle seguimiento a la promesa de InuTaisho respecto a sus katanas.***
Continuará… De nuevo, gracias por su paciencia y comentarios.