ID de la obra: 1268

La Reina de Plata

Het
G
Finalizada
1
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276 páginas, 109.466 palabras, 30 capítulos
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13. Amenaza

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Buenas noches: Perdonen mis tardanzas, la vida cotidiana me quita mucho tiempo. Dejo el treceavo capítulo, y de antemano les agradezco su tiempo de lectura, sus visitas y sus comentarios. Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo sólo escribí la historia por gusto y diversión.

***

Capítulo 13: Amenaza Irasue caminaba por el pasillo rumbo al comedor. Su hijo Sesshomaru ya la esperaba para cenar. Esa tarde había comenzado a llover temprano y la llovizna se mantenía leve, pero constante, a pesar de las horas transcurridas. Los últimos días pasaban tranquilamente en el territorio Occidental, conforme el nuevo gobernante imponía su autoridad. Las criaturas que aún osaban rebelarse, sólo tenían dos alternativas: Abandonar el Oeste, o ser castigados por el heredero de InuTaisho. Pocos se atrevían a retarlo de frente, pues el joven Inugami era bastante poderoso a pesar de su juventud. Ni siquiera los youkais más viejos que habitaban en esas tierras intentaban decir algo al respecto. Y es que, para muchos, no era necesario hacer tanto alboroto. El difunto señor del Oeste se ganó muchas lealtades, algunas francas y otras forzadas, pero lo cierto era que, en aquella zona cardinal, la mayoría de los demonios y seres sobrenaturales respetaban al nuevo Lord y lo que estaba haciendo para disminuir los conflictos. Sesshomaru se encargaría de corregir los errores de su padre, y aunque no pediría perdón por sus acciones pasadas, haría lo que estuviera en sus manos para tratar de enmendarlas. Una tarea sumamente complicada y que tomaría tiempo. La demonesa lo tenía muy en claro, así que trataría de ayudarlo. A pesar de que ahora su hijo era el gobernante, las responsabilidades en los diferentes temas que concernían a la zona cardinal, debían ser repartidos entre ambos. Ella continuaba siendo la señora del Oeste, y sus responsabilidades no terminaban sólo porque su vástago hubiese sido coronado. Entró en la amplia estancia y tomó asiento frente a Sesshomaru, quien la saludó con una inclinación de cabeza. —Pensé que no cenarías hoy— comentó el joven Lord, al mismo tiempo que hacía una señal para que los sirvientes colocaran las viandas. —He estado un poco ocupada, hijo— contestó ella, liberando un suspiro de aburrimiento. —Los nuevos acuerdos de Lord Ryujiro son bastante extensos y un poco tediosos. — Él alzó una ceja, extrañado, pues creía que ya había terminado con esa molesta tarea de revisar papeles y papeles. —¿Qué tiene planeado ese dragón?, pensé que sería suficiente con firmar las renovaciones que ya existen entre ambos territorios. — Irasue empezó a comer mientras le explicaba a su hijo. —Lord Ryujiro quiere asegurarse de que los conflictos con los humanos de nuestras tierras no se extenderán a su zona, por eso ha decretado algunos pactos para que los firmemos— tomó un poco de agua y prosiguió. —Él está enterado del control que has ejercido sobre las criaturas rebeldes, pero eso no es suficiente para asegurar que los soldados humanos no intentarán algo por rencor, recuerda que no es lo mismo un pueblo de campesinos asustados, que un ejército entrenado. — El joven Inugami frunció el entrecejo, su animadversión por el dragón no desaparecería pronto. —¿Y en qué consisten esos pactos? — preguntó, al mismo tiempo que engullía un bocado de carne. —Todavía no termino de revisarlos y el escribano debe ayudarme a redactar nuestra contestación, pero básicamente, se trata de mantenernos al margen de sus riñas internas, y cuando sea un conflicto contra youkais, se debe manejar por medio de una negociación— detalló Irasue. —Eso es una estupidez, los humanos no son capaces de negociar equitativamente— gruñó el Lord. —Hijo, te recuerdo que los youkais no son mejores, un claro ejemplo lo tienes en Karasu y Leiko— explicó, mordisqueando una fruta. —Además, los cuervos han sobrellevado de mejor manera sus interacciones con los humanos, eso debo reconocerlo, aunque no quiera. — Sesshomaru rodó los ojos, no muy a gusto de escuchar acerca de los Tengu. —Es muy diferente, el territorio Austral es una zona complicada para vivir, los recursos están más limitados y, por lo tanto, el número de humanos es menor. — Irasue negó con lentitud después de beber un sorbo. —Las tierras del Sur pueden ser complicadas para esas débiles criaturas en éste momento, pero da la casualidad que, una parte de sus límites geográficos corresponde a una gran extensión del océano, y los humanos que viven más allá del mar, tarde o temprano, llegarán a curiosear— sonrió levemente. —Así que los Tengu también tendrán problemas a futuro si se confían. — El joven Lord exhaló despacio, le alegraba escuchar eso. —Al menos nosotros no tenemos que preocuparnos por algo así— dijo confiado. —Yo no estaría tan segura— comentó la señora del Oeste, haciendo un gesto serio. —Las montañas en los límites Occidentales también colindan con el mar, del otro lado de ellas, es tierra de nadie, y solamente los bosques espesos, custodiados por los demonios Tora, son nuestra muralla defensiva. — Sesshomaru hizo un gesto de meditación, al mismo tiempo que terminaba de comer. Hacía bastante tiempo que no escuchaba nada sobre los tigres blancos que habitaban en dicha área. A decir verdad, era poco lo que sabía acerca de ellos. Su padre alguna vez le dijo que los líderes de la casa ToraYoukai, serían fieles al mandato Inugami siempre y cuando él estuviese presente. Jamás entendió qué quiso decir con eso. Su madre pareció leer sus pensamientos. —Veo que no estás al tanto sobre ese tema— lo miró comprensiva. —¿Qué sabes acerca de los tigres blancos? — preguntó, mientras se ponía de pie luego de concluir su cena. —No estoy seguro, pero tengo entendido que ellos vigilan esas montañas, y que sus habilidades militares, han sido la mejor defensa cuando algún enemigo se ha aproximado al Oeste por ese lado— respondió, finalizando su bebida y levantándose de la mesa también. Ambos Inugamis salieron del comedor y se dirigieron a un porche cercano sin dejar de conversar. La llovizna ahora era menor, pero seguía presente, manteniendo ensombrecido el cielo nocturno. —Eso es correcto hijo, pero hay algo más— hizo una pausa y su mirada se dirigió a la lejanía. —La casa ToraYoukai mantenía un lazo muy frágil con la nuestra, ellos sólo serían leales al Oeste hasta que tu padre muriese. — El joven Lord la miró con cierta sorpresa. De pronto, las palabras dichas por su progenitor en el pasado empezaron a cobrar importancia. ¿Acaso la lealtad de los poderosos tigres blancos de las montañas Occidentales tenía fecha de caducidad?, y si era así, ¿Qué es lo que sucedería ahora que InuTaisho estaba muerto? —¿Qué significa eso, madre? — interrogó con leve curiosidad. —Lo que quiero decir es que, sólo es cuestión de tiempo para que un heraldo de ellos venga con un mensaje de desafío para ti— volteó a mirarlo con seriedad, antes de decirle lo más importante. —Los tigres blancos fueron acusados de conspirar contra la casa InuYoukai tiempo atrás, y tu padre los obligó a mantener su obediencia hacia él… a cambio de su vida. — Sesshomaru permaneció en silencio mientras asimilaba semejante revelación. En el territorio del Oeste existían muchas especies de demonios, algunos eran débiles y otros poderosos. Todos se dividían en niveles, y los más bajos, eran la escoria salvaje que deambulaba como animales por los bosques, el mar o los cielos. Otros tenían sociedades, viviendo en pueblos o comunidades de diferente tamaño, podían incluso convivir con humanos y esconderse entre ellos, llevando un estilo de vida civilizado hasta cierto punto. Finalmente, estaban los youkais más poderosos, en cuya sociedad existían diferentes casas nobles y linajes de poder. La casa más fuerte era la que mandaba y los que seguían en jerarquía, se convertían en un tipo de feudales que obedecían las órdenes del líder de dicha casa, es decir, el Lord cardinal. Por debajo de ellos, estaban otros youkais con habilidades medias y bajas, que básicamente se volvían los vasallos, soldados y campesinos de esta pirámide. Si algún miembro de una de esas casas cometía traición, debía ser ejecutado inmediatamente, garantizando así la lealtad de los demás. La casa ToraYoukai también se subordinaba al Lord, pero a lo largo de los siglos, los felinos siempre se mantuvieron en sus bosques, obedeciendo desde las sombras, pero mostrándose renuentes a rendir pleitesía todo el tiempo. Así era su naturaleza rebelde, pues no les agradaba recibir órdenes del todo. Éste detalle no le importaba mucho a la casa InuYoukai. Toleraban su comportamiento reservado, pero siempre los vigilaban, porque quedaba en el aire la constante sensación de que, en algún momento, podrían ir en contra de los Inugamis. —¿Todos ellos conspiraron contra mi padre? — por fin preguntó Sesshomaru. —Eso no pudo ser posible, no estarían vivos ahora y no tendrían su lugar en los bosques de las montañas. — Irasue suspiró cansadamente, no quería recordar aquello, pero su hijo debía estar enterado. Los tigres blancos ya se habían tardado en aparecer después de la muerte de InuTaisho. Quizás no tenían la intención de hacer algo al respecto, después de todo, sólo uno fue el culpable. Aunque todos pagaron el precio. —No traicionaron a tu padre, más bien, uno de ellos me amenazó, e hirió a alguien a quien tenía en muy alta estima— dijo ella, con un gesto inexpresivo que ocultaba un sentimiento de nostalgia. —¡¿Cómo dices?, ¿Qué sucedió?! — cuestionó sobresaltado. —Pasó hace mucho tiempo, antes de que tú nacieras… antes de que me casara con InuTaisho— hizo una pausa y se encaminó a una banca para tomar asiento. Su vástago la siguió y se detuvo frente a ella, dispuesto a escuchar sus palabras. —Fue en el periodo de cortejo… —

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Día cuatro del cortejo. El desayuno con sus progenitores fue tranquilo. La joven Irasue platicó ante su padre lo bien que la había pasado en su cita con el capitán InuTaisho. Su madre asintió y fingió como si la escuchara por primera vez. Después de todo, era mejor mantenerse prudentes con la información descubierta acerca del soldado canino. El viejo Inugami se sintió complacido, ya que el capitán era uno de sus candidatos favoritos para desposar a su hija. A final de cuentas, su fama lo precedía y su noble casta había ayudado bastante al crecimiento del Oeste. Pero ahora, era tiempo de tratar con el cuarto aspirante. … Irasue salió de su alcoba y se encaminó a los jardines. Avanzaba distraídamente por el pasillo, cuando de pronto, escuchó un gran alboroto. Se acercó a la ventana más próxima para mirar en dirección del patio de entrenamiento. Había bastantes soldados rodeando a dos contendientes, quienes parecían estar peleando con seriedad y no practicando. Uno de ellos era el capitán InuTaisho, y el otro, su próximo pretendiente. Ella hizo un gesto de asombro e intentó agudizar el oído para escuchar lo que sucedía. —¡Vamos Inugami, ¿Eso es todo lo que tienes?! — gruñó prepotente el demonio Tora, al mismo tiempo que lanzaba un veloz golpe con su espada. InuTaisho retrocedió de un salto, apenas evitando el filo. Entonces comenzó a caminar lateralmente, preparando su contraataque mientras le enseñaba los colmillos. —No seas tan confiado, felino— dijo con voz fría. —Estás muy equivocado si crees que estoy usando toda mi fuerza. — Entonces, con un rápido movimiento, se arrojó contra su corpulento rival. Los aceros chocaron y el sonido se escuchó con gran fuerza. Sus auras de energía demoníaca comenzaron a crecer, perturbando el ambiente a su alrededor. El guerrero de rayas negras era el más alto de todos los candidatos, y su fuerza física era evidente. Sin lugar a dudas, se trataba de un oponente peligroso. No obstante, el demonio canino le hacía frente sin problema alguno. La heredera observaba con atención. Aquel tipo de exhibiciones debían ser equilibradas y no pasar más allá de una demostración de habilidades, de lo contrario, los señores del Oeste podrían molestarse. Después de todo, estaban en medio del periodo de cortejo. Los soldados en torno a ellos los incitaban a continuar luchando para demostrar quién era el mejor. De repente, se escuchó una voz imperativa desde la terraza principal. —Es suficiente jóvenes. — Los padres de Irasue estaban en el balcón, mirando toda la escena. Ambos demonios se detuvieron y cada uno tomó una posición recta para después agacharse en un saludo respetuoso. —Es bueno ver que ambos mantienen el ímpetu en éste cortejo, pero… — hizo una pausa, mirándolos reprobatoriamente. —Mi hija está esperando por su siguiente cita— observó al tigre. —Así que será mejor que no desperdicie el tiempo, candidato de la casa ToraYoukai. — El gran felino se disculpó con otra reverencia y enfundó su katana. —Sí, mi señor, entendido— se dio la media vuelta para después marcharse. El gobernante mantuvo su gesto severo, dirigiéndose ahora a InuTaisho. —Capitán, le recomiendo mantenerse tranquilo hasta que esto termine, créame que no es necesario continuar presumiendo su poder. — —Así será, mi Lord— se agachó de nuevo, para después alejarse rumbo a sus habitaciones. … La joven demonesa no sabía que pensar. Ahora se preguntaba si eso no había sido simplemente una escaramuza. Quizás ambos pretendientes tuvieron algún desacuerdo y quisieron resolverlo de esa manera. Típico de los machos. Soltó una exhalación y siguió caminando hacia el estanque en medio de los jardines. Ahí esperaría al tigre de ojos azul zafiro. —Oye, Irasue— alguien le susurró desde lo alto. Ella alzó la vista y pudo ver a su amigo Arashimaru, sentado en la rama de un árbol, ocultándose entre el follaje. —¿Qué haces ahí? — cuestionó intrigada. —Sé que ahora vas a tratar con ese tigre idiota— dijo con gesto serio. —No confío en él, así que ten cuidado, y por si las dudas, andaré cerca. — Irasue sonrió, en verdad agradecía que el Nekomata le ofreciera su apoyo. —Gracias Arashimaru, pero no te preocupes, yo sabré lidiar con esto— habló, reanudando su marcha. —Procura que nadie se dé cuenta, ya sabes que las reglas prohíben que un pretendiente intervenga en el cortejo de otro. — El felino asintió y se quedó encaramado, ocultándose muy bien entre las hojas, incluyendo su presencia sobrenatural. … Momentos después, la heredera esperaba sentada frente al estanque, mirando el ir y venir de los peces. Entonces escuchó pasos, y al levantar la vista, vio la enorme figura de Kurotsume dirigiéndose hacia ella. —Buenos días, preciosa señorita— saludó meloso, inclinando medio cuerpo. Irasue levantó la ceja ante su extraño piropo. No es que fuera ofensivo, simplemente no era correcto dirigirse a ella de dicha forma si aún no la conocía lo suficiente. Pero decidió dejarlo pasar. —Buen día, coronel Kurotsume— respondió, mientras lo miraba detenidamente. La forma humana del demonio tigre era imponente, vestía con armadura de color rojo oscuro y los respectivos emblemas de la casa noble a la que pertenecía. Su largo cabello negro ondulaba libremente, contrastando con la tonalidad zafiro de sus ojos. Las rayas negras, típicas de su especie, se mantenían visibles sobre su piel clara, resaltando en rostro y brazos. En cierta forma, era bastante atractivo. —¿Puedo sentarme? — preguntó, señalando el lado vacío de la banca de piedra. —Adelante. — Lo observó tomar asiento con sobrada confianza, como si estuviera en su casa. Se reclinó contra el respaldo y colocó las manos detrás de su nuca, al mismo tiempo que estiraba las piernas relajadamente. A ella se le hizo extraño que el felino se tomara esas confianzas. —Es un honor poder conversar con la hija de los señores del Oeste— dijo, mirándola de arriba hacia abajo con sus ojos azules. —Es más linda en persona que en los retratos. — Al parecer, el tosco guerrero no conocía la etiqueta que debía utilizar estando frente a la heredera. Su mirada fue descarada, pero una vez más, ella lo dejó pasar. Era necesario tratarlo un poco más antes de rechazarlo definitivamente. —Gracias— alzó una ceja con sutileza, ahora comenzaría a evaluarlo. —Y dígame coronel, ¿Cómo es que alcanzó ese rango? — Una sonrisa egocéntrica se dibujó en su rostro antes de responder. —Debido a mi habilidad sin igual en la batalla y a mi gran capacidad marcial para dirigir a los soldados de mi ejército— explicó orgulloso. —He sido entrenado desde cachorro para convertirme en uno de los mejores. — Irasue asintió, poniendo atención a su mirada y a sus gestos corporales, valorándolo como a los demás. Ella sabía que los tigres blancos era los guardianes de los bosques colindantes a las cordilleras Occidentales y que, gracias a ellos, el Oeste tenía bastante poder defensivo. En especial contra las especies nocivas que a veces llegaban del continente y que deseaban pasar desapercibidas utilizando los caminos montañosos. —Y le puedo garantizar, señorita Irasue, que cuando sea mi esposa, jamás tendrá que preocuparse por nada— se expresó vanidoso, recorriéndose de pronto sobre la banca para acortar la distancia entre ambos. —Nadie en las tierras del Oeste puede superar la habilidad de los guerreros Tora. — La joven demonesa hizo un gesto de irritación ante sus palabras. El tigre era más ególatra que Gakinmaru, y bastante pretencioso al dar por hecho de que sería el elegido. Su cercanía empezó a incomodarla. —Por favor coronel, ¿Qué le hace pensar que otros demonios no tienen el mismo nivel que la casa ToraYoukai? — replicó ella en tono serio. —Es mucha vanidad de su parte el pensar eso, además, yo no he dado mi veredicto final, así que tampoco puede asegurar que seré su esposa. — Kurotsume soltó una risita burlona. —¿Qué tengo de malo?, mi linaje está al mismo nivel que el de los Inugamis, e incluso, es más antiguo y con más historia en estas tierras que el de muchas otras criaturas— presumió vanidoso. —Además, yo dirijo todo un ejército de youkais curtidos en batallas contra extranjeros peligrosos, sin nosotros, el Oeste ya habría sido invadido tiempo atrás— dijo con total seguridad. —Vamos preciosa, tienes que admitir que no hay mejor candidato que yo— finalizó, guiñándole un ojo. La heredera no lo podía creer, éste felino tenía demasiados aires de grandeza. —Tengo que pedirle que modere sus palabras coronel, en ningún momento le he dado el permiso de dirigirse a mí de esa manera— se levantó, mirándolo con reproche. —Y si no piensa cambiar su comportamiento, no tiene caso continuar desperdiciando mi tiempo con usted. — El guerrero de rayas negras parpadeó divertido ante su reacción. —Princesa, no tienes porqué alterarte, así es mi forma de ser y en ningún momento te he faltado al respeto— se puso de pie, quedando frente a ella. —Ustedes los Inugamis son un poco exagerados en esto de la etiqueta y los buenos modales— se rio levemente, inclinándose a la altura de su rostro. —Pero déjame decirte una cosa, ustedes no son mejores que los demás, sólo aparentan rectitud frente a todos, y luego hacen lo contrario a sus espaldas. — Irasue le sostuvo la mirada, al parecer, el demonio Tora quería intimidarla. —No pretenda decir calumnias contra la casa líder del Oeste, recuerde que la difamación también se castiga. — Los ojos azules del tigre reflejaron satisfacción, le agradaba ver que la hembra no se inmutaba ni retrocedía ante la incómoda cercanía. —Ninguna mentira, preciosa— continúo hablando. —Tu padre es un gran gobernante, pero no creas que sólo con sus nobles intenciones ha podido mantener el esplendor de éste reino— su expresión se tornó grave. —Todas las casas nobles del Oeste lo han ayudado, pero no todas han recibido el reconocimiento que se merecen. — La demonesa hizo un gesto de asombro ante su comentario. —Eso no es cierto, mi padre siempre ha sido generoso y agradecido con todos sus seguidores— replicó. Kurotsume se enderezó y retrocedió un par de pasos, cruzando los brazos y alzando una ceja en gesto de reproche. —¿Tú crees que los tigres blancos vivimos al filo del territorio porque queremos? — Ella se mantuvo en silencio, no entendía su pregunta. —¡Pues no es así! — gruñó con leve frustración, haciendo una pausa para después exhalar despacio. —Durante siglos hemos sido relegados a esos bosques por dos razones: En primera, porque somos los únicos capaces de proteger los caminos montañosos, debido a nuestro número y fuerza. Y en segunda, porque los Inugamis nos consideran una potencial amenaza para su hegemonía. — Antiquísimos relatos cuentan que los demonios Tora fueron de las primeras criaturas sobrenaturales en llegar a estas tierras, mucho antes de que fueran bautizadas con un nombre. Pero, con el paso del tiempo, otros seres también arribaron y se apoderaron de ciertos lugares, luchando unos contra otros por el liderato. Algunos de esos monstruos eran perros gigantes con hambre de poder. Y debido a su ventaja física, consiguieron someter a muchos, entre ellos, a los tigres y a los dragones. Pero sólo porque éstos últimos no se interesaron en el Oeste, sino que se establecieron en la zona opuesta, las tierras Orientales. Un dragón podía perfectamente hacerle frente a un Inugami, pero resultaba que, los reptiles eran mucho más pacíficos de lo esperado y casi siempre optaban por ignorar a los prepotentes caninos. Y a pesar de los milenios transcurridos, aún se escucha decir que los verdaderos señores de Occidente deberían ser los felinos blancos, quienes, por el momento, no han logrado tomar el lugar que les corresponde y que sólo están esperando la oportunidad para levantarse desde las sombras. Oportunidad que sería entregada en bandeja de plata si la heredera del Oeste se casase con Kurotsume. —Eso no puede ser verdad, la casa InuYoukai valora a todos por igual— contestó Irasue a la defensiva. —Ustedes jamás podrían ser considerados otra cosa que no fuese los poderosos guardianes del territorio, por eso se les encomendó la noble tarea de proteger las montañas y los bosques. — La mirada del tigre se estrechó, ella nunca creería nada de lo que él dijese respecto a los motivos del porqué la casa ToraYoukai había sido mantenida a distancia, vigilada todos estos siglos. —Eres demasiado joven e inocente lindura, así que no te equivoques al escoger a tu futuro marido. — —¿Acaso está amenazándome, coronel Kurotsume? — un destelló de irritación brilló en sus ojos ámbar. El demonio Tora sonrió con malicia. —Me gustan las hembras con carácter— se acercó y la tomó por la barbilla desprevenidamente. —Pero te recomiendo mantenerlo guardado, porque te convertirás en mi esposa y no me agrada la desobediencia— su rostro se aproximó intimidante. —Y por si no te quedan claras mis palabras, te advierto que, si no soy el elegido, tu familia podría pagar las consecuencias. — El ultimátum fue contundente y por un momento Irasue se quedó perpleja. La estaba amenazando directo a ella y a su familia, aquí y ahora, sin importarle estar en el palacio del Oeste, rodeado por los súbditos de su padre y los otros pretendientes. Definitivamente, Kurotsume debía tener todo planeado como para atreverse a semejante comportamiento. Entonces se apartó de ella, liberándola y tomando asiento de nuevo en la banca. Irasue exhaló lentamente el aire que había retenido por algunos segundos, mirándolo desconcertada todavía. —Coronel, ¿Sabe que en éste momento yo podría ordenar que lo capturen y ejecuten, tan sólo por lo que dijo? — El tigre le enseñó los colmillos en advertencia. —No te conviene lindura, podría sucederle algo a tu padre en el mismo instante en que yo sea detenido— hizo un ademán con la mano, llamándola para que se sentase a su lado. —Ahora, continuemos con nuestra cita. — La joven demonesa titubeó, sus palabras podrían ser ciertas. Después de la celebración principal, muchos vasallos de los candidatos se quedaron acampando en las afueras del palacio, esperando a sus amos hasta que terminara el periodo de cortejo. Es decir, podría haber asesinos entre ellos, caminando por el patio principal, listos para ejecutar una orden dada previamente. Ningún soldado sospecharía, porque simplemente los verían como siervos cumpliendo tareas para sus respectivos señores. Si era verdad que la casa ToraYoukai había sido relegada a propósito por temer a una sublevación, éste era el momento oportuno para incubar un plan y revelarse. Justo cuando la familia del Oeste tenía la guardia baja. —Me siento indispuesta en éste momento— contestó Irasue, tratando de mantenerse tranquila. —Tendré que pensar bien en su propuesta, coronel Kurotsume— se dio la media vuelta para alejarse. Un gruñido amenazante se escuchó detrás de ella y un segundo después, sintió dolor en el brazo izquierdo. —No puedes irte tan pronto, señorita Irasue, todavía tenemos cosas por hablar— masculló con filo en la voz, reteniéndola por la fuerza. —¡No me toques! — expresó con enojo. Inesperadamente, un silbido cortó el aire. El candidato de rayas negras reaccionó veloz, retrocediendo de un salto y esquivando por casi nada las filosas navajas de hielo. La mayoría de éstas se clavaron en el suelo, muy cerca de sus pies, y sólo una alcanzó a tocarlo. El olor a sangre se percibió con claridad, su sien goteaba copiosamente. Un par de centímetros más y uno de esos filos estaría incrustado en medio de su frente. El Nekomata brincó hacia el suelo, quedando enfrente de Irasue, protegiéndola, a la vez que sus manos desplegaban un par de cuchillas largas, creadas a partir de su habilidad de manipulación glacial. —¡Maldito bastardo!, ¡Cómo te atreves a amenazar a la señorita Irasue en su propio palacio! — gruñó furioso. Kurotsume enseñó por completo sus afilados colmillos mientras desenfundaba su espada. —Has cometido un grave error al entrometerte, gatito— caminó hacia el Nekomata. —No deberías haber escuchado nada, ¡Ahora tendré que silenciarte! — La heredera retrocedió varios pasos, apenas asimilando lo que estaba sucediendo. Ambos felinos iniciaron el combate, chocando con violencia. Su aura sobrenatural empezó a crecer, llamando inevitablemente la atención de todos. Ella apenas lograba seguir sus rápidas acometidas, un golpe arrojado por un costado, una evasión de último segundo y el sonido de las armas cortando el aire. Los soldados llegaron rápidamente con las alabardas apuntando hacia el frente, rodeando a los contrincantes a prudente distancia. Pero estos ni se inmutaron, prosiguiendo con sus ataques, esquivándose uno al otro, intentando peligrosos acercamientos con sus garras y gruñéndose sin parar. De pronto, el Nekomata gritó de dolor, su rival había logrado asestarle un profundo arañazo en la espalda. —¡Arashimaru! — gritó Irasue asustada. —¡Deténganlos! — Los guardias estrecharon el círculo en contra de Kurotsume y él empezó a contestar sus asaltos con katana en mano. Por otro lado, el integrante de la casa NekoYoukai se limpió el sudor de la cara, mientras escupía alguna maldición y apretaba los dientes para controlar el dolor de su herida. Sus manos crearon hielo de nuevo, moldeándolo en forma de una gran lanza. El demonio Tora desplegó más de su fuerza, arrojando a varios soldados contra los árboles de un sólo golpe. Entonces, lanzó un potente rugido hacia el cielo, e inmediatamente después, volvió a enfrentarse contra los demás guardias que llegaban. Irasue sintió un escalofrío bajar por su nuca, eso parecía claramente una señal. Recordó la amenaza del tigre y tuvo un mal presentimiento. Tomó el frente de su kimono para levantarlo y empezar a correr fuera del jardín, en dirección a los aposentos de sus padres. Alguien pasó a su lado con rapidez, obligándola a hacer una pausa y voltear. El capitán InuTaisho apareció en escena, abriéndose paso entre los guardias ágilmente, con su arma lista para el combate. Se colocó al lado del Nekomata y ambos apuntaron al mismo objetivo. El youkai rayado hirió de gravedad a más soldados antes de dirigir su atención hacia ellos. —¡Ríndete o será peor para ti! — amenazó el Inugami. —¡Cállate, maldito perro!, ¡Ustedes jamás debieron pisar estas tierras, son una plaga! — desvió la mirada hacia Arashimaru. —¡Y tú, bastardo traidor, todos tus clanes pagarán muy caro el haberles dado la espalda a los dragones! — El felino de pelo azul frunció el ceño, pero no dijo nada y empuñó con más fuerza la lanza de hielo. Los dos se arrojaron contra Kurotsume, quién logró frenar ambos ataques con algo de dificultad. De nuevo, el choque de fuerzas se escuchó por todo el lugar y más allá. La heredera ya no quiso seguir mirando y corrió al interior del palacio. El miedo la hizo temblar cuando alcanzó el inicio de las escaleras y miró hacia arriba. El señor del Oeste ya bajaba con rapidez, atraído por todo el alboroto. Era escoltado por un par de soldados a cada lado, pero estos no alcanzaron a distinguir la figura agazapada en el techo a sus espaldas. El filo de un arma destelló. —¡Un asesino! — pensó ella. —¡Detrás de ti! — el aviso llegó demasiado tarde. El corazón se le detuvo cuando la silueta se arrojó contra su padre. La escena se pausó lentamente frente a sus ojos: Los guardias volteando asustados hacia su señor. Una espada dirigiéndose al cuello del viejo Inugami. Un youkai de rasgos atigrados con una sonrisa desquiciada en el rostro. Por un instante, el tiempo se congeló. Súbitamente, un aura extraña y pesada se desplegó, volviendo asfixiante todo a su alrededor. La realidad se distorsionó frente al asesino y su arma no pudo alcanzar al objetivo. Una fisura con forma de luna creciente, de colores violáceos y negros que recordaban a la muerte, apareció de la nada y engulló al sicario en el acto. La grieta dimensional se cerró tan rápido como apareció. El tiempo volvió a fluir, los guardias parpadearon desconcertados, y el señor de Occidente apenas trataba de comprender lo ocurrido. Irasue dirigió su mirada a la parte superior de la terraza, el Shinigami de cabello lila estaba ahí, con un brazo extendido hacia el frente. De la palma de su mano, irradiaba una luz de color violáceo. Él había creado ese extraño portal, él había salvado la vida de su padre.

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Sesshomaru no podía creer lo que escuchaba y pasaron algunos segundos antes de que pudiese hablar. —Ese maldito tigre… ¿Qué rayos pasaba por su cabeza? — gruñó por lo bajo. —¿Qué sucedió después? — La demonesa soltó un suspiro antes de continuar. —Kurotsume fue derrotado e inmediatamente sentenciado a muerte por traición a la casa InuYoukai. El Shinigami recibió el agradecimiento del señor de Occidente. Arashimaru se recuperó del ataque y… tu padre, InuTaisho, se encargó de llevar a cabo la ejecución— guardó silencio. El joven Inugami notó la pausa, faltaba algo más que su madre ya no quiso decir. La miró ponerse de pie y bostezar levemente. —¿Por qué no me dices todo? — preguntó inquieto. —Aún falta aclarar por qué los demonios Tora permanecieron en el territorio, ya que un atentado directo contra un Lord cardinal, significa no sólo la muerte de los culpables, sino también el destierro de toda su casa noble. — Irasue lo observó con gesto inexpresivo y dio una respuesta evasiva. —Hijo, estoy cansada, y por ahora es suficiente, mañana podemos continuar hablando— se despidió, para luego alejarse por el pasillo rumbo a su recámara. Sesshomaru se quedó pensativo, su madre aún guardaba muchos secretos. Así que no le quedaba más remedio que esperar, hasta que ella decidiera revelarlos.

***

Continuará…
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