ID de la obra: 1268

La Reina de Plata

Het
G
Finalizada
1
Fandom:
Tamaño:
276 páginas, 109.466 palabras, 30 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
1 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

14. Dudas

Ajustes de texto
Buenas noches: Aquí ando de nuevo y no abandono nada. Les dejo el catorceavo capítulo, donde veremos qué sucedió con el demonio Tora. De antemano, gracias por su tiempo de lectura y sus comentarios. Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo sólo escribí la historia por gusto y diversión.

***

Capítulo 14: Dudas Palacio del Oeste, medio día. Sesshomaru recorrió la terraza hasta llegar frente al enorme diván de su madre. Esa mañana no lo acompañó a desayunar, y él se había quedado intrigado por saber la continuación de su historia. Quería estar al corriente de la situación con los tigres blancos, ya que no sabía que tan real podría ser su amenaza ahora que InuTaisho ya no estaba. Irasue se encontraba leyendo el último pergamino de sus pendientes mientras tomaba té en pequeños sorbos, manteniendo un semblante relajado. Escuchó los pasos de Sesshomaru y alzó la mirada. —Buen día, hijo— saludó. El joven Lord correspondió al gesto con una inclinación de cabeza antes de hablar. —Madre, deseo que continúes con tu relato— pidió con seriedad. —Necesito saber si debo prepararme para una posible sublevación por parte de la casa ToraYoukai. — Ella negó despacio, mientras le hacía una señal para que se sentase a su lado. —No creo que debas temer, si los demonios Tora hubieran tenido algo en mente, ya habrían venido en los primeros días después del fallecimiento de tu padre. — —Hablaste de un posible heraldo trayendo un desafío— recordó él, tomando asiento en el espacio libre del diván. —Eso sigue en pie, no obstante, es probable que estén pensando cuidadosamente cómo plantarse ante ti— bebió otro sorbo de la infusión. —Realmente no puedo asegurar cuáles son sus intenciones en éste momento, InuTaisho siempre los mantuvo sometidos, y sólo a él le llegaban los comunicados por parte de sus líderes. — —¿Cómo terminó todo?, ¿Mi padre ejecutó a Kurotsume? — interrogó Sesshomaru. La mirada ámbar de la demonesa se desvió al cielo, remontándose al pasado.

:*=*=*=*=*=*=*:

Un atentado contra el soberano del Oeste. Esto no había sucedido en mucho tiempo. La última vez que el Lord sufrió un ataque contra su vida, fue cuando Irasue aún era un bebé de brazos. En aquel entonces, un grupo de Onis rojos intentaron emboscar al Inugami cuando hacía el recorrido de su territorio. Aunque la pelea fue violenta, él salió victorioso con unas cuantas heridas no graves, mientras que los ogros, murieron en el acto. A consecuencia de esto, su belicoso clan fue expulsado de las tierras Occidentales, y ahora ya no era posible encontrar ogros de dicha subespecie en estos lares. Ellos fueron un claro ejemplo de que el Inugami no toleraba la traición, y los youkais de todos los niveles lo sabían. Entonces, ¿Por qué la casa ToraYoukai se atrevió a semejante acto? Los tigres blancos eran magníficos centinelas, cuya responsabilidad mantenía a salvo al Oeste de los monstruos externos. Pero eso no quería decir que no ambicionasen algo más, y sólo los demonios más viejos eran conscientes de ello. El linaje Tora tenía derecho de antigüedad sobre Occidente, un derecho que fue arrebatado y que, por ahora, no podrían recuperar. —¡Todos guarden silencio! — ordenó en voz alta el Kitsune portavoz del Lord. —¡A continuación se juzgará a los miembros de la casa ToraYoukai! — Los murmullos corrían de un lado a otro, ahora todo mundo estaba enterado de lo acontecido con el candidato tigre y sus violentas intenciones. Todas las criaturas presentes, locales o visitantes, querían saber qué sucedería. Después de que el Shinigami frustrara el ataque contra el Lord, éste ordenó que las puertas del palacio se cerraran y que todos los seguidores del guerrero Tora fueran apresados inmediatamente. Se escuchó el arrastre de los últimos grilletes llegando al patio central. Los vasallos de Kurotsume fueron sometidos a punta de espada para que se hincaran junto a su señor y agacharan las cabezas en señal de derrota. No hubo distinción alguna, fueran ministros, guardaespaldas o siervas cocineras, todos los youkais tigre fueron aprisionados. —Madre… ¿Esto está bien? — interrogó dudosa Irasue. —Es decir, por lo regular las sirvientas sólo obedecen y no creo que supieran lo que Kurotsume haría. — —Hija, será mejor que te quedes en silencio, tu padre no hará distinción. Eres la heredera y fuiste amenazada, por lo tanto, es necesario un escarmiento— explicó la demonesa mayor en tono serio. Ambas observaban con atención desde la terraza principal, notando claramente el enojo del Lord. Enterarse que Kurotsume había amenazado a su hija y planeado su asesinato, lo había sacado de sus casillas. Así que era tiempo de aplicar el castigo. El demonio tigre ahora estaba arrodillado y sometido por al menos diez guardias, inmovilizado con pesadas cadenas, diseñadas para retener específicamente a los de su especie. Así mismo, múltiples puntas de lanza estaban dirigidas a su cuello para evitar cualquier intento de escape. Sangraba del rostro y de múltiples heridas en todo el cuerpo. Pero a pesar de eso, no dejaba de enseñar los colmillos con furia. La heredera estaba sorprendida por el estado en el que se encontraba su cuarto pretendiente. Ella no lo vio, pero el capitán de guardia le explicó lo ocurrido: InuTaisho y Arashimaru habían enfrentado al tigre blanco con un ataque combinado. Pero, cuando el guerrero rayado amenazó con transmutar a su verdadera forma de enorme bestia felina, el Inugami lo desestabilizó con una técnica que apenas estaba desarrollando. La acometida fue sorpresiva, impidiéndole transformarse y dejándolo bastante lastimado. InuTaisho tenía muchas cartas bajo la manga, y la que jugó en ese momento, le valió la admiración y el respeto del Lord, así como el reconocimiento de los demás candidatos. Entonces se oyó la voz de su padre. —Coronel Kurotsume, quiero conocer los motivos de esta agresión— ordenó el viejo Inugami, parado frente al prisionero. El youkai rayado sonrió burlón. —¿No es obvio, mi señor? — respondió con un escupitajo de sangre al suelo. —¡Llevamos demasiado tiempo esperando una oportunidad para recuperar lo que nos robaron ustedes los Inugamis! — El señor del Oeste gruñó con innegable molestia. —¡Esos son temas del pasado y no voy a discutir por algo que aconteció entre nuestros predecesores hace siglos! — hizo una pausa, tomando un poco de aire, intentando mantenerse ecuánime. —Debería ser suficiente con lo que tienen, se les concedió el control de los bosques y las montañas del Oeste, con la única condición de que mantuvieran protegido el territorio. — —No sea hipócrita, mi Lord— soltó una leve risa el felino. —Esa es una mentira disfrazada de buena voluntad… tú no sabes lo que es sobrevivir en aquellas zonas agrestes, y claro, jamás lo entenderás, porque tu especie se apoderó de lo mejor de estas tierras. — El gobernante entornó la mirada. Podría haber algo de verdad en esas palabras, pero no era el momento más adecuado para entrar en detalles de desigualdad social. Y aunque fuera cierto, eso no ameritaba un atentado contra él, o su familia. —¡Podríamos haber llegado a un entendimiento si hubieran hablado conmigo! — gruñó de nuevo. —Incluso tus líderes aceptaron la invitación de elegir a un candidato para el cortejo de mi hija, pero veo que ustedes los demonios Tora, no pueden dejar su rencor atrás. — El guerrero de rayas negras escupió a los pies del Lord. —¡Nunca!, ¡Quizás tu régimen sea el más equitativo que ha tenido el Oeste hasta ahora!, ¡Pero eso no los redime de ser unos perros ambiciosos y de siempre buscar la manera de mantenernos relegados!, ¡Simplemente porque nos tienen miedo! — De pronto, se escuchó un golpe seco y un gruñido de dolor. Kurotsume cayó al suelo, arrojando más sangre por la boca. El señor del Oeste le había dado una patada en la cara, derribándolo con fuerza. —¡He escuchado suficiente! — exclamó irritado el viejo Inugami, para luego voltear a su derecha. —¡Capitán InuTaisho, le concedo el permiso de ejecutarlo! — Más murmullos se alborotaron por todos lados. Los otros cuatro pretendientes de Irasue permanecían alineados y silenciosos en la orilla del patio. InuTaisho con semblante relajado y altivo, sabiéndose el héroe del momento. Arashimaru le seguía lateralmente, con un vendaje rodeando su torso semi descubierto debido a la herida que aún punzaba en su espalda. Tenía una mueca hostil hacia el tigre por haber agredido a la heredera. Después estaba el demonio polilla Gakinmaru, quien sólo miraba pensativo toda la escena. Y al final, el Shinigami de cabello lila, manteniendo un gesto serio y silencioso. Habían estado presentes, observando la acusación y esperando instrucciones, dado que no sabían lo que ocurriría con el cortejo. El soldado canino se aproximó con paso firme, hizo una reverencia al Lord y luego desenfundó su katana. Todos los youkai Tora subordinados a Kurotsume comenzaron a gruñir nerviosos. Irasue observó fijamente a InuTaisho, él tenía un brillo extraño en la mirada, como si todo esto le divirtiera demasiado. Entonces los guardias levantaron al prisionero, dejándolo de nuevo sobre sus rodillas. El felino rayado se irguió lo más que pudo, encarando al capitán con gesto orgulloso y sin el menor rastro de miedo por lo que estaba a punto de suceder. Entonces, su sonrisa se volvió cínica y en voz baja le susurró. —¿Te digo algo, maldito perro? — con un ligero movimiento de cabeza señaló la terraza donde estaban Irasue y su madre. —Ella no te elegirá. — InuTaisho frunció el entrecejo y entornó la mirada, aquellas palabras le molestaron, pero no dijo nada. Alzó la espada en el aire y luego dejó caer el golpe mortal. La joven demonesa no quiso mirar, así que volteó el rostro y solamente escuchó el golpe contra el suelo del cuerpo seccionado de Kurotsume. Los rugidos de rabia de los otros tigres por su señor caído se dejaron oír por todo el palacio. —¡Cállense!, ¡Pronto le harán compañía! — gritó el Lord furioso. —¡Y su detestable especie será expulsada del Oeste inmediatamente! — En ese instante, Irasue volteó de nuevo. Su padre alzó el brazo derecho para dar la fatídica orden a sus soldados, quienes rápidamente desenfundaron sus espadas y se posicionaron alrededor de los prisioneros para llevar a cabo la sentencia. De repente, InuTaisho se postró ante el gobernante, con una rodilla en el suelo, manteniendo a un lado la katana ensangrentada todavía. —¡Mi señor, si me lo permite, quisiera dar mi opinión! — dijo con voz firme, conservando la cabeza agachada en reverencia. El viejo Inugami hizo un gesto de extrañeza por la interrupción, así que bajó el brazo despacio. —Lo escucho capitán, ¿Qué desea expresar? — Sin levantar el rostro, InuTaisho habló. —Mi Lord, comprendo su ira, un atentado de semejante magnitud merece la pena de muerte para estos felinos y el deshonroso destierro de su traidora especie— hizo una pausa y levantó la mirada. —Pero en estos momentos, no conviene dejar desprotegidas las montañas del Oeste. — —¡Explíquese! — exigió frustrado. —Recién me acaban de llegar noticias de mis subalternos que esperan órdenes en la zona continental— detalló con rapidez. —Reportan que han comenzado varias migraciones de youkais hacia otras tierras, debido a una inesperada sequía que ha llevado la hambruna a esos lares. Muchas son criaturas de bajo nivel, pero hay otras, que tienen la capacidad de cruzar el mar y son bastante peligrosas. — El Lord comprendió de inmediato lo que el capitán quería decir. Aquellos monstruos hambrientos podrían tener la intención de venir a husmear al Oeste, y él no iba a permitirlo. Así que, los felinos blancos debían continuar con su tarea de vigilancia y protección. —Está bien, entonces sólo les daremos un escarmiento, para que les quede en claro lo que sucederá si intentan levantarse de nuevo contra la casa InuYoukai— sentenció. InuTaisho asintió con firmeza, se puso de pie y les dirigió una mirada maliciosa a los tigres encadenados. —Déjemelo a mí, señor— sacudió su katana con un movimiento, haciendo que la sangre restante manchara el suelo, después la enfundó y sonrió extrañamente. —Le aseguro que los demonios Tora no volverán a darle más problemas. — Irasue observó con más atención al soldado canino, el brillo en sus ojos se había vuelto siniestro. Tuvo un mal presentimiento, pero no supo cómo interpretar su significado en ese momento.

:*=*=*=*=*=*=*:

Sesshomaru escuchó atentamente, sacando sus propias conclusiones cuando su madre finalizó el relato. —Me imagino que mi padre se encargó de amedrentar a los tigres blancos— dijo de inmediato. —Seguramente el acuerdo fue que continuaran protegiendo la frontera a cambio de permitirles seguir viviendo en el territorio. — Irasue se mantuvo impasible, asintiendo despacio. —No sabría decirte cómo fue aquel convenio, sólo sé que InuTaisho se llevó a todos los vasallos de Kurotsume de regreso a los bosques montañosos, después del periodo de cortejo. Y fuera cual fuera el arreglo, estoy segura de que hubo una amenaza de muerte para todos ellos. — El joven Lord se quedó pensativo. La única manera de saber si los tigres blancos tenían planes de rebelión, sería mandándolos a espiar. Pero su madre tenía razón, ya había pasado un mes desde la muerte de InuTaisho y no ha habido noticias de los felinos. Todas las demás casas nobles ya habían mandado a sus respectivos mensajeros con el correspondiente pésame, o con la confirmación de respeto y lealtad para el nuevo gobernante. Quizás ellos sólo estaban esperando el momento oportuno. Pero Sesshomaru no estaba dispuesto a permitir que la casa ToraYoukai diera el primer paso. Sería él quién pondría las cartas sobre la mesa. Ahora que ya tenía controlados los problemas principales del Oeste, no permitiría que los felinos se convirtieran en otro más. —Voy a mandar un comunicado a los demonios Tora— se puso de pie. —No voy a confiarme, y si hay algo que quieran reclamarle a la casa InuYoukai, ahora que ya no le deben lealtad a mi padre, éste es el momento para hacerlo. — La demonesa asintió. —Como desees hijo, ahora eres el señor de Occidente y no debes permitir que se dude de tu poder— dejó a un lado el pergamino y se levantó también. —Las decisiones que tomes de ahora en adelante, deben ser sólo para corregir lo que tu padre dejó mal, y mejorar lo que hizo bien— concluyó. Su vástago hizo una ligera inclinación con el rostro y luego se alejó en busca del escribano. … Esa misma noche. Una sirvienta peinaba despacio el largo cabello plateado de Irasue, quien estaba sentada en un pequeño taburete, mirando distraídamente el cielo nocturno por la ventana de su recámara. Había estado ocupada toda la tarde redactando, junto con el escribano, las respuestas correspondientes a los acuerdos solicitados por Lord Ryujiro. Cuando por fin terminaron el papeleo, y antes de retirarse, la vieja comadreja le platicó acerca del comunicado que elaboró para su hijo. Estaba dirigido a los líderes de la casa ToraYoukai, solicitando una reunión para aclarar el estatus de los tigres blancos respecto al nuevo mandato de Sesshomaru. El escribano reconoció que el joven Lord se expresó de la forma más correcta y diplomática que podía, dado que su intención era llevar éste asunto por la vía pacífica. Así que la misiva fue enviada de inmediato, y ahora sólo era cuestión de tiempo para saber que estaba pasando con los demonios Tora. La demonesa no había querido tocar el tema de los tigres por el momento, pero las circunstancias la obligaron a traer de vuelta aquellos recuerdos. Su heredero debía estar al tanto de la situación, aunque eso implicase ahondar en la parte más oscura de dicha anécdota. Tarde o temprano, él lo sabría, y ella tendría que remembrar el dolor que por tanto tiempo había guardado. Un suspiro de nostalgia escapó sin poder evitarlo. Con un ademán despidió a la sirvienta, quien se retiró luego de hacer una reverencia. El silencio reinó en la habitación y la Inugami se sumergió en sus pensamientos. —Los demonios Tora… ellos sólo deseaban ser reconocidos— murmuró para sí misma, poniéndose de pie y caminando hacia la ventana. —Quizás ahora las cosas puedan ser diferentes con Sesshomaru al mando del territorio… después de todo, ellos sólo fueron peones en el juego de InuTaisho. — Su mano tocó el medallón que pendía de su cuello. Acarició la joya con lentitud y una sensación dolorosa se retorció en su pecho. La piedra Meido era sumamente valiosa para ella, no sólo por el poder que albergaba, sino por todo lo que significó en su pasado. Levantó el collar y observó el resplandor violáceo que desprendía la gema. Sus recuerdos fluyeron intempestivamente.

:*=*=*=*=*=*=*:

Después de la ejecución de Kurotsume, los demás tigres fueron encerrados y puestos bajo vigilancia en lo que esperaban su castigo. El Lord ordenó que las puertas del palacio se mantuvieran cerradas por lo que restaba del día y les indicó a los demás candidatos que volviesen a sus habitaciones. También prohibió el libre paso de los sirvientes que los atendían, dejándolos fuera de las murallas, bajo la vigilancia de los soldados. No es que desconfiara, pero sería lo mejor por ahora. El pretendiente de la casa Shinigami debía tener su oportunidad de cortejar a Irasue, y eso se llevaría a cabo mañana. Por hoy, todos se tomarían un respiro y analizarían lo sucedido. Ambos gobernantes se retiraron al salón principal junto con el capitán de guardia y los integrantes más cercanos de su corte, para debatir las medidas que tomarían. La joven demonesa permanecía en su habitación ahora, meditando los acontecimientos. El youkai Tora había cometido una falta muy grave, y su decapitación dejó en claro que el señor del Oeste no se andaba con juegos en esos temas. Su gobierno jamás debía ser desafiado ni puesto en duda. Pero… ¿Qué tanta verdad había en las acusaciones del tigre blanco? Sus palabras fueron muy serias, y la heredera se preguntó si su noble familia no ocultaba malas prácticas en contra de la casa ToraYoukai. Lamentablemente, no estaba segura si debía indagar sobre ello, porque tal vez se encontraría con un muro por respuesta. Sus padres eran cariñosos y protectores, su mandato era justo con todos los youkais del Oeste hasta donde ella sabía. Pero, a pesar de todo eso, tuvo la sensación de que su cuarto pretendiente no mintió. Liberó un suspiro de resignación, no había nada que hacer por el momento. … Más tarde. Irasue se entretuvo el resto del día preparando la vestimenta que usaría mañana. El youkai de cabello lila recibió el último turno en el cortejo debido a que ella tenía la sensación de estar dejando lo mejor para el final. Después de su encuentro casual en los jardines, su curiosidad por el muchacho de vestimenta oscura se había incrementado al enterarse de que era un Shinigami. Pocas veces se podía tener la oportunidad de tratar con éste tipo de demonios. Normalmente, los Shinigamis se mantenían en sus dominios y no era muy común que anduviesen por allí conviviendo con otras especies. Al menos así eran los pocos que se conocían en esas tierras. Pero teniendo en cuenta que Narashinki provenía del continente, no podía saber cómo era su personalidad hasta tratarlo directamente. Y existía otro detalle curioso y extraño acerca de él. Recientemente había estado escuchando los chismes que corrían entre los sirvientes del palacio. Ellos creían que la familia real no se daba cuenta de sus habladurías, pero estaban en un error. Varias veces la joven Inugami se entretuvo escuchando sus pláticas, escondida en alguna esquina o haciéndose la distraída en los jardines. Era divertido y a veces necesario. Una familia con poder como la de la casa InuYoukai, debía estar al tanto de lo que se mencionaba acerca de ellos. Sin embargo, esta vez, la comidilla había sido el quinto pretendiente. Los rumores decían que abandonaba temprano sus habitaciones para salir a los alrededores y pasear por el bosque durante largo rato, evitando la convivencia con los demás. Los pocos soldados y siervos que habían llegado con él y con su padre, se mantenían acampando en la parte más alejada de la periferia, apartándose incluso de los otros sirvientes. Esto de por si era raro, pero pasable y quizás de poca importancia para los demás. Lo que realmente inquietaba a la servidumbre de palacio, era ver que el Shinigami se mantenía muy reservado, observando con curiosidad todo a su alrededor, una y otra vez. Pero sin decir palabra alguna, sin interactuar con nadie y siempre desplegando aquella extraña aura de energía que poseía. Probablemente era eso. Su presencia inquietaba a las criaturas supersticiosas y era inevitable que le temieran por lo que era. Y aunque no existía un motivo para su miedo, casi siempre se alejaban de inmediato del lugar por donde anduviese paseando. Irasue no pudo evitar que su curiosidad aumentara al enterarse de estas cosas, Narashinki era un misterio que deseaba investigar. Y la verdad, no había nada mejor que hacer, su tranquila vida aristocrática cambiaría abruptamente después de casarse, así que debía aprovechar los últimos momentos de libertad. … Al día siguiente. Jornada final del cortejo. Las actividades del palacio habían vuelto a la normalidad. Pero los padres de Irasue permanecían serios, pues todavía estaban decidiendo que harían después de sufrir semejante atentado. Ahora desayunaban en silencio, pero no por ello, dejaban de preocuparse por su hija. —¿Cómo te sientes Irasue? — preguntó la madre. —Estoy bien, no se preocupen, esto sólo fue un susto, y mi mayor temor era que dañaran a mi padre— contestó ella, mirando a su progenitor. —Era de esperarse, en algún momento volvería a suceder, pues un líder nunca podrá tener contentos a todos sus seguidores, y siempre habrá alguno insatisfecho que desee atentar contra él— dijo el Lord con serenidad. La heredera asintió y después se quedó en silencio, bajando la mirada. —¿Sucede algo?, ¿Qué es lo que te inquieta? — quiso saber la demonesa mayor. La joven los miró fijamente antes de preguntar. —Padre, madre… ¿Es verdad que los miembros de la casa ToraYoukai viven en un lugar agreste, y que siempre han sido relegados por nuestra familia? — Ambos Inugamis se voltearon a ver, para luego devolverle un gesto condescendiente. Era de esperarse que luego de oír las razones de Kurotsume, su hija dudara de lo que creía como cierto hasta ahora. —Escucha Irasue— comenzó a explicar el Lord. —Lo que sucedió en el pasado, es decir, las rivalidades entre los Tora y los Inugami, es algo que no podemos cambiar. No fui yo quien obligó a los felinos a vivir en la frontera, por el contrario, nuestros antepasados les asignaron ese sitio para que pudieran permanecer en el territorio Occidental— hizo una pausa y bebió un poco de té. —Querida, lo que tu padre dice es cierto— continuó la señora del Oeste. —Realmente no conoces toda la historia y tal vez puedas pensar que nuestra noble casa es la mala del cuento, pero en el pasado, nuestros predecesores quisieron exterminar a los demonios Tora debido a que ellos no deseaban compartir estas tierras con nadie. Es verdad, llegaron antes, pero eso no justificaba que no pudiésemos convivir todos. Nuestra especie no era la única que buscaba un nuevo hogar, había muchas más, y los felinos fueron muy envidiosos en ese aspecto. — La joven demonesa escuchaba atentamente. Quería creer en sus padres, pero los rumores que se pregonaban entre los demás habitantes del Oeste, llevaban demasiados siglos existiendo como para pensar que fueran falsos. Y todos decían siempre lo mismo: Los Inugamis eran los malos del cuento. —Hija, sólo te diré una cosa— de nuevo habló el padre. —Las guerras entre youkais por los territorios y los recursos siempre han existido, y seguirán en el futuro. La casa InuYoukai está en la cima porque se lo ha ganado, y los tigres blancos no perdonan eso. Además, nada garantiza que, si les damos nuestra plena confianza, no nos apuñalarán por la espalda. Basta ver el error que cometí con Kurotsume— finalizó con un gesto serio. Irasue se puso de pie y se inclinó en señal de respeto. —Entiendo perfectamente, no volveré a preguntar por dicho tema— levantó el rostro y se despidió. —Ahora, con su permiso, iré a prepararme para el cortejo de mi último pretendiente. — Ambos progenitores asintieron, siguiéndola con la mirada hasta que salió del comedor.

***

Continuará… Dado que el capítulo quedó muy largo, tuve que dividirlo, así que esta parte se queda aquí, en el recuerdo de Irasue. La próxima semana publicaré lo que sigue, ya que todavía estoy haciendo correcciones.
1 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)